[Pasado] - Descansar es entrenar
#11
El escuchar como Kenzo declaraba con determinación como su madre jamás moriría al no ser nunca olvidada por él hacía que la afirmación de Garnet cobrara aún más fuerza. Xas, Nekah, Bepso, Ariel, Sage, Gronn y Aurora siempre vivirían dentro del corazón, alma y mente del skypiean aunque no estuvieran en el mismo plano terrenal que el músico de los Alas Negras. Es algo que terminó de comprender cuando su Fallen Sound - el vínculo que unía a Garnet y al difunto lunarian -, fue destrozado a manos de Seandass. El pelirrojo no hizo otra cosa que sonreír ante el comentario de su pupilo.

Con todo el dolor liberado, y habiendo dejado claro que podían hablar sin problemas sobre aquella tragedia del pasado, después de contar que el psicópata de Finn usaba los poderes de una Akuma no Mi que le permitía generar una sustancia negruzca y pegajosa, Kenzo parecía seguir fascinado ante la existencia de un enemigo así. Seguramente, si se hubiera dado de bruces con él su reacción sería distinta, y aún más en aquella forma que le dotaba de esos perturbadores ojos y sonrisa. Completamente emocionado, soltó otra retahíla de preguntas, a cada cuál más complicada de responder, haciendo que Garnet llevara su vista al techo y soltará un suspiro, para después volver a mirar al chico y soltarle una sonrisa.- ¡Eres un manojo de dudas, colegui! ¿Es o no es? - Bromeó ante la curiosidad que tenía el adolescente, volviendo a situar su diestra sobre su mentón.- Pues conseguimos pararle peleando en equipo, eso dalo por contado. - Comentó de primeras, para seguidamente cruzarse de brazos.- El menda empezó tocando una canción para dar ánimos a mis coleguis y seguir dando arañazos transformado en tigre, Sasha arreaba garrotazos que eran capaces de mandar abajo un edificio de cuatro plantas, y Tobías le jodía desde la distancia con su gravedad y su puntería... - Cerró los ojos en ese momento.- Los demás que palmaron también hicieron lo suyo, eso está claro, como cuando Gronn le mordió el brazo antes de morir... - Volvió a abrir los ojos, mostrando absoluta seriedad.- Pero gracias a eso la palmó, sí... - Asintió con la cabeza.- Y el menda sabe que eres fuerte, sí, pero estando tu sólo contra Finn, te habría hecho picadillo, eso seguro. - Respondió sin tapujos. No dudaba que la fuerza que poseía Kenzo era asombrosa, quizás era incluso más fuerte que el Garnet, el Tobías y la Sasha de la isla Toko. Pero la maniobrabilidad que tenía la fruta del capitán pirata, estaba simplemente a otro nivel.- Yojimbo ya es otra cosa, el capi habría podido con él sin ningún problema. - Afirmó, tras lo cuál esbozó una sonrisa llena de determinación.- No por algo será el próximo rey de los piratas, ¿es o no es? - Volvió a asentir.- Y si algo me ha enseñado esa batalla, es que siempre hay que estar con un ojo en la nuca. Ese día, vinieron los marines a por nosotros y el puto Finn estaba disfrazado de uno de ellos. - Descruzó los brazos y posó su diestra sobre su propio cuello.- Es que hay que joderse, ¡hasta para eso son putos inútiles! - Exclamó, al recordar como tras derrotar a esa panda de marines, ese puto loco apareció llenándolo todo de brea.

Siguiendo con el frente amoroso de Kenzo, Garnet podía notar sin necesidad de su haki de observación como, compartir esos sentimientos con alguien y, además, ver como ese alguien se frustraba con aquella injusticia que no dejaba a dos enamorados permanecer juntos le hacía sentir acompañado en aquella batalla a largo plazo. En parte, envidiaba las mariposas y emociones que debía sentir el chico al hablar de su amada. Al final, las pocas experiencias amorosas que había tenido Garnet, por A o por B habían salido de la peor manera posible, hasta el punto de que se había convencido de que, quizás, el amor no estaba hecho para él. Aquella línea de pensamiento se vio interrumpida cuando Kenzo confesó, con timidez, que tenía al menos unas 20 cartas para enviarle, narrándole sus aventuras y vivencias, cartas que se habían perdido al hundirse el Tango de la Sultana nada más llegar a Sabaody.- ¿Huh? - En una pausa que se hizo eterna, el músico volvió a mirar perplejo al chico, ¿cómo que le había escrito cartas a su churri y no se las había enviado? Garnet se llevó su mano derecha a su cara, descendiéndola con brusquedad por cada facción de su rostro, mientras escuchaba al joven preguntar si debería habérselas enviado.- ¡Pues claro que sí, tolai! ¡Seguro que está preocupada y muriéndose por saber de ti! - Grito alterado, agarrando a Kenzo por sus hombros. Quizás estaba proyectando el hecho de que Ikirami le hiciera ghosting tras abandonar Momoiro hasta el punto de que Garnet no volvió a saber nada más de ella y diera por terminada la relación. Al pensar en esa posibilidad, el pelirrojo soltó a su hermanito con suavidad, y exhaló una bocanada de aire.- Perdona, colegui, se me ha ido la flapa. - Se cruzó de brazos, y miró con seriedad a Kenzo.- Si se la tendrías que haber enviado o no ya da igual, ¿es o no es? - Comentó.- Al modo de ver del menda tienes dos opciones. - Extendió los dedos índice y corazón de su mano izquierda.- O empiezas a escribir cartas con las nuevas aventuras que vayas a vivir ahora... - Recogió el dedo corazón.- O te esperas a volver a olerla cuando termines el viaje y contarle todo lo que has vivido, ¿es o no es? - Cerró el puño por completo.- Aunque también puedes escribirle solo para preguntarle y saber de ella... - Añadió, pensativo, para a continuación poner una cara de depravado total.- O puedes hincharte a madrearte con otras titis para estar preparado para cuando la vuelvas a oler y estar hecho un toro pueje pueje... - Y ahí empezaba el camino de la perversión de Garnet.
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#12
Observé a Garnet con una mezcla de curiosidad y admiración mientras relataba los detalles de la batalla contra Finn. Sus palabras pintaban una escena vibrante en mi mente: la melodía que tocó, el ímpetu renovado en sus compañeros, los golpes feroces que acabaron por inclinar la balanza a su favor. No era solo una victoria física, sino un triunfo del espíritu, de la unidad. La forma en la que hablaba, con ese brillo de convicción en los ojos, dejaba claro que la música no era solo sonido para él, sino un arma tan afilada como cualquier filo de espada. Cuando terminó su relato, su respuesta a mi inquietud llegó con una seguridad absoluta. Me miró y, sin dudar, afirmó que yo no habría podido vencer a Finn. Lo dijo con la certeza de alguien que había probado su propia fuerza contra la de su enemigo y conocía la diferencia abismal que existía entre ellos. Por un instante, una punzada de frustración recorrió mi pecho, pero en lugar de dejar que se convirtiera en desánimo, la transformé en fuego.

-Bueno, quizás ahora no, pero seguro que tras tu entrenamiento lo podría reventar. ¡Shajajajajajaja!- Admití, para acto seguido, soltar una carcajada resonante, la risa de alguien que no teme al reto, sino que lo abraza. Al fin y al cabo, si Garnet había logrado vencer a Finn, si había encontrado la manera de sobreponerse, entonces yo también lo haría. Porque él sería mi maestro, y si él pudo, yo también lo conseguiría al final del entrenamiento. Concluí mi declaración con un gesto decidido, levantando el pulgar de mi diestra en un símbolo de pura determinación.

-Por supuesto que Yojimbo podría haber vencido. ¡Es el mejor!- Afirmé con absoluta convicción, hinchando el pecho de orgullo. -Es el siguiente rey de los piratas, y yo voy a ir después de él. ¡Shajajajajaja!- Mi risa resonó con fuerza, llena de energía y certeza. No había duda en mi mente: Yojimbo era un titán en el mar, alguien destinado a marcar su nombre en la historia. Seguirlo no era solo una elección, era un destino que yo mismo había trazado. Y si él estaba en la cima, yo sería la siguiente gran tormenta que azotaría los océanos.

Después, me explicó que la victoria contra Finn no había sido el final de su lucha, porque antes de que pudieran celebrarlo, la Marina ya les pisaba los talones. Aprendió, a base de golpes y huidas, a tener ojos en la nuca, a esperar lo inesperado. Fruncí el ceño. Los marines siempre estaban en medio, como un enjambre de moscas molestas. ¿Cómo lo hacían? ¿Cómo podían moverse con tanta rapidez, con tanta precisión? Tenían que entrenarse de alguna forma para ser tan persistentes... Y entonces, una idea ridícula, completamente absurda, me golpeó la cabeza como un cañonazo de genialidad. -Malditos marines... ¿Qué les enseñarán en sus adiestramientos? ¡Oye! ¿No estaría guay ir a una clase para enterarnos? Podemos disfrazarnos con bigotes gigantescos y entrar como reclutas nuevos! ¡Shajajajajajajajajaja!- Mi risa se desbordó sin freno. Era una locura, un disparate, pero la sola imagen me hacía estallar de diversión.

Siguiendo con el tema de Hinata, alcé las cejas, sorprendido por la reacción de mi maestro cuando le dije que las cartas se perdieron y nunca las envié. Garnet realmente parecía tomarse en serio lo de las cartas. Apenas sentí cuando me zarandeó un poco los hombros, pero su entusiasmo era contagioso. Me hizo sonreír sin darme cuenta. Era raro que alguien insistiera tanto en algo así. La mayoría de las personas con las que me cruzaba en el mar desaparecían tan rápido como llegaban, pero él quería que le contara mis aventuras. Que le hiciera partícipe de mi viaje, aunque fuera a través de palabras en un papel. Me dio dos opciones: escribirle cartas contándole todo lo que vivía o esperar a verla en persona para hablarle de todo. Me llevé la mano al mentón, pensativo. La primera opción tenía su encanto. Podría escribir todo lo que pasaba por mi cabeza sin interrupciones, sin que nadie me dijera que hablaba demasiado o que me desviaba del tema. Además, si algo me pasaba, siempre quedaría constancia de mis hazañas.

Finalmente, tras un par de segundos de reflexión, asentí con decisión. -Creo que le voy a escribir cartas. De hecho, creo que voy a empezar ahora mismo.- Dicho aquello, me puse de pie de un salto. La idea me había entusiasmado tanto que no veía razón para esperar. -Bueno, Garnet, cuando tenga ganas de entrenar te buscaré. Seguramente sea mañana por la mañana… o por la tarde. No sé, estate disponible.- Y sin más preámbulos, caminé hasta el escritorio, cogí un papel y un lápiz y me senté. No me importaba si Garnet se iba o se quedaba, porque mi mente ya estaba en otra parte. Las palabras empezaban a fluir en mi cabeza, listas para convertirse en la primera de muchas cartas.
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Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
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