[Presente Relativo] La chispa que enciende la llama.
#1
  
17:37 del día 2 de Invierno. Año 14
Manglar 13.
  

El frío del invierno empezaba a calar hondo en el húmedo ambiente del curioso ecosistema que había en la, aún más curiosa, formación insular que eran las raíces de tan peculiar árbol y que había sido escenario para un encuentro que cambiaría de forma radical el curso de mi vida, en cuestión de unos días pasé de ser un mink solitario, atormentado por un pasado nefasto que me pesaba en el alma a tener un grupo que me aceptaba, una serie de individuos que podía considerar cercanos por primera vez en años, y pensaba pelear a muerte por proteger lo que no pude en el pasado, defender a los míos era lo que quería hacer, era lo que iba a hacer.

Ya había pasado algo más de una semana desde que Zorak había despertado y se me había aceptado como parte de la milicia revolucionaria conocida como Kuro no Bogyu, estaba contento, evidentemente, pero sentía que con esta oportunidad también venía una gran responsabilidad, me habían elegido para unirme a sus filas y tenía que estar a la altura de esas expectativas, no podía dormirme en los laureles y quedarme atrás, debía adelantarles a todos y convertirme a la vez en el escudo que los protegería del futuro que nos esperaba y en la lanza que se abriría camino entre la oscuridad de lo desconocido para crear un camino que mis nuevos camaradas pudieran transitar tranquilos, debía hacerme más fuerte, obviamente tardaría en estar, siquiera, a su altura, pero confiaba en que si no dejaba de entrenar a diario acabaría llegando al mismo escalón que mis compañeros. Por todo esto y con la idea de dejarme guiar por alguien que supiera a ciencia cierta que iba a ayudarme acudí a Zorak, no sabía hasta que punto podría ayudarme de la manera en la que lo necesitaba, aún estaba algo tocado y magullado por mi incompetencia a la hora de buscar a Kisuke durante nuestro primer día juntos, aunque solo con palabras me pudiera motivar lo que necesitaba era algo más que palabras de ánimo, ni yo tenía claro lo que quería o necesitaba de él, pero algo dentro de mi me calmaba diciéndome que, fuera lo que fuera lo que estaba buscando si alguien podía ayudarme era el Mariscal Zorak.

Me senté al lado del barco, el glorioso Saint Fermín, con la espalda dada al barco y con la punta de mi dedo índice de la mano derecha toqué con suavidad el marco de la ventana que daba a su camarote, — Mariscal. — dije de forma cortada y tímida, no quería importunar, tal vez estuviera descansando después de la comida, pero el asunto que quería tratar con él no podía esperar, no creo que le fuera a molestar mi determinación por crecer y hacerme más fuerte, mi deseo de convertirme en un verdadero activo útil en la causa social por la que luchaban mis camaradas. Volví a acercar mi dedo al marco de su ventana, esta vez con determinación lo llamé, — Mariscal Zorak, quisiera hablar con usted de algo que considero verdaderamente importante, oink. — tras acabar de hablar giré mi torso y mi cabeza, para poder mirar por la ventana y tener algo de visión del interior del camarote, para poder determinar con seguridad si mi superior estaba durmiendo, o descansando, o si por el contrario estaba despierto y atendiendo mi reclamo.
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#2
La recuperación estaba siendo lenta, pues me negaba en rotundo a descansar mientras seguía con mi intento de replicar esas píldoras del soldado que hacía Hylda, me encontraba en mi camarote como era habitual de pie frente mi escritorio el cual era un absoluto caos de papeles viejos y probetas, con varias clases diferentes de plantas esparcidas por encima de cualquier manera, en el mortero aún se podía ver restos de haber molido algo de rosas y una de las probetas tenía una pequeña llama bajo ella, haciendo que la mezcla burbujease mientras salía algo de humo de la misma, tan solo con el material que Kisuke me había proporcionado estaba avanzando a pasos agigantados en lo que a reducir los efectos secundarios se refería y eso era bueno, muy bueno de hecho, tanto que hoy estaba de muy buen humor, cosa extraña en alguien tan cerrado como lo era yo.

Un golpe sonó contra la ventana y la voz de Comi se coló por la misma, parecía preocupado por algo cosa que quedo clara cuando expreso su deseo de hablar conmigo sobre algo importante, así que apague el fogón que estaba calentando la probeta y lleve la misma a la pequeña nevera para que la muestra se enfriase, me quite los guantes y la mascarilla, lanzándolos sobre la mesa y girando la cabeza para hacer crujir el cuello mientras caminaba hacia la ventana, la abrí para encontrarme la gigantesca cara del mestizo. Su expresión junto al tono de voz y sus palabras me hacían ver, aun con un solo ojo, que por lo menos para el sí era algo importante, fuese lo que fuese le ayudaría en lo que necesitase y no solo por querer sentirme útil de cualquier forma posible, Comi era un miembro más de los toros negros y esa era razón suficiente como para hacer cualquier cosa por él.

"Dime novato, de que se trata?"

Dije con aire despreocupado mientras me apoyaba en la ventana y llevaba un cigarrillo a mi boca, dándole una calada profunda y dejando salir el humo por las branquias del cuello, que podía necesitar el novato no podía llegar a saberlo, quizás alguna de las toneladas de comida que se metía entre pecho y espalda al día le hubiera sentado mal, pero si esperaba una dosis de medicina para alguien tan grande tendría que decirle que tocaría joderse, pues darle una dosis así significaría acabar con todas las reservas de una sola vez.
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#3
Por el ajetreo que se escuchó tras de mi llamada supuse que, efectivamente, había llegado en un momento poco propicio, pero aún así el mariscal tenía tiempo para alguien que era poco más que un soldado raso, había entrado en las filas del ejército pero no tenía nada más que las palabras de Zorak para sentirme parte de ellos. Por suerte eso no parecía ser un impedimento para que se me dedicase algo de tiempo, mi superior abrió la ventana y comenzó a fumar mientras me preguntaba qué era lo que qué necesitaba de él, su respuesta vino de una forma tan serena que incluso me hizo enfadarme un poco conmigo mismo, ¿Por qué estaba tan nervioso? No iba a pedir nada descabellado, no iba a proponer un plan horrible, no iban, en definitiva, a hacer nada que fuera a ganarse el descontento de alguno de los miembros de mi nueva familia, o al menos eso creía yo en lo más profundo de mi, sin embargo muchas veces el peor enemigo de uno es, efectivamente, uno mismo. Como las tácticas que Shupo enseñaba a los alumnos de alturas más estandarizadas, utilizar la fuerza del oponente en su contra para ganar a cualquier enemigo que fuera necesario, yo nunca llegué a aprender ese tipo de movimientos porque, bueno, con mi tamaño no había muchos minks con los que practicar, y siendo totalmente honesto, dudaba que en algún momento encontrase a alguien de mi tamaño con quien ponerlas en práctica. Volviendo al presente, — Quería pedirle un favoink. — tenía que organizar mis palabras para decirlo de una manera que fuera a entenderse algo que ni yo mismo sabía bien cómo quería, o qué. — He vivido mucho tiempo solo, entrenandome contra la naturaleza, y aunque mi tamaño es una ventaja evidente, también es una de mis debilidades. Quiero convertirme en un activo verdaderamente valioso para la causa que defendemos, pero sin una guía apropiada no sé cómo mejorar más. — me alejé un poco de la ventana para que pudiera verme de cuerpo completo e hinqué mis rodillas en cuanto calculé que podría verlo.

Con las rodillas en el suelo curvé mi espalda hasta que mi frente tocó el suelo, mi nariz se encogió y me provocó mi característico ronquido porcino acorde, y alcé sendos brazos para juntar las palmas por encima de mi cabeza, — ¡Ayúdeme a ser la mejor versión de mí mismo. Quiero convertirme en el escudo del pueblo, quiero tener la fuerza para poder proteger a todo el mundo de cualquier amenaza que se les presente, ayúdeme a ser el muro que proteja a este barco de cualquier peligro! — exclamé, esa era mi determinación, ser la infranqueable muralla que detuviera a cualquier enemigo y pudiera mantener seguros a mis camaradas y a cualquiera que necesitase protección de nuestro glorioso ejército revolucionario.
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#4
El grandioso mestizo volvía a comportarse como si me debiera algo, arrodillándose mientras pedía lo que ya se le había sido concedido sin que él tuviera idea siquiera de ello, desde la charla con Kisuke la otra noche ya había tomado la decisión de entrenar a Comi, pero que el chico viniese a mí buscando precisamente eso hizo que una sonrisa decorase mi rostro, no quise decirle nada para ver si nacía de el mismo y no me equivocaba, podía verlo en su mirada, ese fuego que yo mismo poseía antaño cuando realmente me plantee cambiar el mundo.

OST

"El escudo del pueblo, ¿eh? No suena nada mal novato"

Como pude, ya que mi cuerpo aún no estaba recuperado del todo, subí a la ventana y desde ella salte a cubierta mientras miraba la cara del gigantesco cerdo.

"El otro día me reuní con el capitán Kageyama y hablemos precisamente de esto, no soy una persona que se ande con rodeos, Comi. Eres débil, extremadamente débil." Mi paso se acercaba a la barandilla del barco. "No quise decirte nada para ponerte a prueba, de nada sirve enseñarle algo a alguien cuando no está realmente dispuesto a ponerlo en práctica."

Caminaba lentamente agarrado a la barandilla mientras seguía fumando mi cigarro, encaminándome hacia la rampa que unía el barco con la isla formada por raíces y bajaba por la misma lentamente debido a mi condición, estaba claro que aún no estaba para estos trotes, pero mi cargo venía con una gran responsabilidad y pensaba cumplirla, por fin llegue a suelo firme, aunque pegajoso.

"Te lo advierto no voy a ser un maestro blando, no voy a serlo porque el día de mañana cuando te encuentres solo allí fuera rodeado de enemigos ellos no lo serán contigo."

Había llegado a unos diez metros del gran mink, en circunstancias normales podría sencillamente pelear con él para medir su nivel, ya que no soy capaz de utilizar el haki de observación como mis otros dos compañeros, aunque a diferencia de ellos yo conocía el estilo del ryosuken y entre sus técnicas había una que podría llamar la atención de Comi y permitirme saber hasta qué punto llegaba la fuerza de gigantesco mestizo.

"Levanta y golpéame con todas tus fuerzas, quiero ver de que eres capaz. No te preocupes por mi estado, no creo que llegues a hacerme daño siquiera."

La última frase vino acompañada de una media sonrisa, buscaba tocarle las narices, que se enfadase y golpease con todo lo que tenía, así que con la guardia baja y mirando hacia el mink comencé a hacer nacer diez hilos que el mink no era capaz de ver, rodeando mi torso y cara, mientras procedía a endurecer mi cuerpo, imaginando que mi carne se volvía escamas, adquiriendo la dureza de un dragón.

Datos de interés
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#5
Me reconfortaron las palabras de Zorak al escuchar mi determinación de ser el escudo del pueblo. Por un momento, sentí que mi propósito tenía valor, que alguien lo reconocía, sin embargo esa sensación de calidez que me hizo sentir se desvaneció en cuanto añadió que aún era débil. Su juicio fue como un cubo de agua helada, pero era justo y tenía razón, era débil, durante toda mi vida la fuerza que había tenido me había bastado para sobrevivir, para abrirme paso entre las dificultades como un jabalí entre la maleza. Pero eso ya no bastaba, no si quería convertirme en algo más que un superviviente, no si de verdad pretendía erguirme como un escudo para el desvalido frente a los poderosos y los opresores, no si quería ser útil, no si quería proteger. Y si de verdad quería ser el escudo del pueblo, tenía que abandonar la idea cómoda de la fuerza que conocía y abrazar el fuego del entrenamiento, el fuego de Zorak.

El cual empezó a caminar mientras yo divagaba, con dificultad, pero cada vez con más soltura, abandonó su camarote y paseó por el barco hasta tocar el suelo, y una vez en él me advirtió de que no sería blando conmigo. — No me estaba esperando otra cosa de usted, señor, oink. — respondí con voz firme, con una mezcla de nervios y determinación, intentando que mi voz no temblara, aunque el corazón me palpitaba como si quisiera salir de mi pecho, tras un breve camino quedó delante de mi, ordenándome que me pusiera en pie y le atacase con todo lo que tenía, pues era muy probable que ni haciendo mi golpe más poderoso pudiera dañarlo de verdad. Sabía que estaba ante una oportunidad única, que ese momento era una puerta, una que yo mismo había pedido cruzar, pero cuyo peso no conocía hasta ahora, si Zorak había accedido a entrenarme no podía permitirme vacilar, tenía que entregarme por completo, aunque en ese momento estuviera a años luz de su nivel. Por eso, cuando me ordenó que me pusiera en pie y le atacase con todo lo que tuviera, no dudé, respiré hondo y obedecí su orden, me puse en pie. Mis manos temblaban al principio, pero al tocar el nudo de mi kimono y deshacerlo con lentitud, algo dentro de mí comenzó a calmarse.

Dejé que el aire fresco del mar rozara mi pelaje y relajé los hombros, cerré los ojos, inhalé por el hocico, provocando un ronquido nasal leve. Mientras soltaba el aire por la boca, abrí los ojos y me incliné hacia adelante. — Allá voy, Zorak. — puse todo mi cuerpo en movimiento. No era solo un golpe, era la manifestación física de todo lo que sentía: mi frustración, mi voluntad y mi esperanza. Flexioné las rodillas, basculé el peso de mi cuerpo y con un grito que brotó desde el centro de mi ser, lancé mi ataque. — ¡Oshidashi! — exclamé, haciendo que mi palma descendiera a toda velocidad hacia Zorak para impactar en todo su tren superior. Ese golpe era mi declaración final, mi forma de decirle que necesitaba ser más fuerte y confiaba en él para que me enseñase el camino, sabía que mi golpe no haría mucho, es posible incluso que no hiciera nada, pero me bastaba con que, a través de mi golpe, Zorak escuchase las súplicas de mi alma

Off
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#6
El mink apenas titubeó y descargo un potente golpe contra mi torso superior, la postura, la mirada, la actitud, se podía ver a leguas su hambre de superación, coincidía ahora con las palabras de Kisuke estaba claro que Comi tenía muchísimo potencial. Obviamente, se tendría que pulir, pero su fuerza bruta era digna de admirar para alguien que no ha tenido un guía en la lucha, le sonreí con el orgullo pintado en la cara mientras lo miraba al rostro con el ojo que me quedaba.

"Nada mal novato, buena postura y buena actitud. La fuerza podremos mejorarla, pero sacaremos a flote el potencial latente en ti. Pero antes..."

Dije mientras alzaba mi mano derecha, en la cual podía apreciarse un corte en la palma, producto del juramento hecho con Kisuke algunas noches atrás, pero quería conocer más al novato como bien me enseño Nilats sensei a mí, no todo en esta vida es la fuerza bruta así que le hice la misma pregunta que él me hizo a mí hace ya un par de años en Baltigo.

"Dime Comi... Cuál es tu motivo para luchar por el pueblo?"

Mi tono era serio, no jugaba con estos temas y realmente quería saber el motivo para que alguien que ha vivido solo sin contacto con la civilización lograba tener tal empatía por el resto, a fin de cuentas unirse a nuestra organización implicaba volverse un criminal automáticamente y más temprano que tarde un cartel de se busca llegaría con la cara de Comi, no dudaba de que el gigantesco mink tenía un corazón noble, pero quería asegurarme sobre las motivaciones del mismo. Replicando la actitud de mi maestro en el arte del Ryosuken, nada más acabar la pregunta seguí hablando, entendiendo ahora que el mismo Nilats lo había hecho para que yo no tuviera vergüenza de expresar mi motivo al conocer el suyo primero.

"Yo sueño con un mundo equitativo con todos, ¿sabes? Un mundo de ensueño donde la comida no escasee y ningún niño tenga que irse a dormir mientras llora por el hambre, un lugar donde la gente como tú o como yo, mestizos, no se nos juzgue por haber nacido de esta manera."

Mi voz con esas palabras se escuchaba extrañamente amable, considerando lo borde que puedo llegar a ser con la gente, pero hablar de mi sueño siempre se sentía de esta manera, me alegraba saber que los días de asesinar por venganza habían quedado atrás y ahora si tenía que hacerlo era en post de ese sueño.

"Que me dices Comi, ahora ya sabes el mío, quiero conocer el tuyo antes de enseñarte el arte del "Ryosuken"."
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#7
Golpear el pecho de mi mariscal se sintió como cuando de pequeño entrenaba golpeando los troncos de árboles caídos por órdenes de Shupo, el impacto resonó como si un mazo de hierro hubiera golpeado un pilar del mismo material, un sonido que rugía como el atronador repique de una campana gigantesca y que sacudió mi cuerpo por el nulo efecto que tuvo sobre el cuerpo del pelirrojo, que no solo aguantó mi golpe con toda la entereza que disponía, si no que se pudo permitir atravesar mi mirada con sus ojos, reflejando en la oscuridad de sus pupilas una llama inextinguible que ardía con pasión. Sonrió y comenzó a hablar, me elogió por mi postura y yo le devolví la sonrisa, — Tuve a un buen maestro para eso. — pensé, recordé las veces que entrené con Shupo, uno de los primeros minks de la aldea que me aceptó por mi interior, un mink panda rojo que era lo opuesto a mi de joven, pequeño y calmado, en ese entonces yo era enorme, – aunque ahora lo era más – y mucho más alocado, impulsivo, indisciplinado, en resumen. Pero él supo ver en mí el diamante en bruto que otros se resistían a ver, entrenándome para meter en mi mente el camino del puño abierto. Ahora mi maestro era otro, también de pelaje rojo, aunque no tan abundante como el primero.


Zorak alzó el brazo derecho hacia mi y me preguntó mi motivo para querer luchar por el pueblo, su tono era solemne, se notaba que esto era una especie de prueba de acceso, quería poner mi voluntad bajo comprobación. Mientras mi mente buscaba la forma de ordenar las palabras para transmitir mis ideales de la forma más fidedigna posible, pero Zorak se me adelantó, como si quisiera ayudarme a abrirme haciéndolo él primero — Eso es muy bonito, oink. — confesé al escucharlo, era verdaderamente una utopía, pero una idea por la que merecía la pena luchar con garras, dientes, y todo lo que estuviera a la disposición. — Yo… Hace años unos humanos asaltaron la aldea en la que yo crecí, prendieron fuego a las cabañas y no sé si mataron a todos los minks o si dejaron a alguno vivo para comerciar con ellos, solo sé que cuando amaneció el día siguiente la aldea era una mancha negra en medio del bosque y yo era el único que quedaba allí. — tragué saliva, era difícil contar la historia por más años que pasasen, — Soy el único superviviente de mi aldea, y tengo que vivir la mejor de las vidas, se lo debo a todos ellos. Cargo con la vida de todos y cada uno de ellos, sus voluntades son mías, y sé que todos ellos eran buenas personas, voy a luchar por los oprimidos porque no se me ocurre otra nada que fuera a hacerles más felices que evitar que lo que les pasó a ellos se vaya a repetir. Y por eso mi vida, la que tengo gracias a todos los que ya no están, está destinada a esa lucha contra la injusticia y la maldad. — no me di cuenta hasta que terminé de hablar de que igual me había excedido con mi respuesta, pero dando a Zorak una perspectiva de toda mi vida estaba seguro de que podría entender aún mejor mis motivaciones y lo que me daba la fuerza de seguir avanzando por un camino que era consciente de que me acabaría costando la vida, pero estaba dispuesto a sacrificarme por una causa que consideraba justa.
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#8
La historia de Comi me llegó al corazón, conocía bien el dolor de ser el único superviviente de la gente que te rodea, se notaba en su tono la dificultad que sufria el mink para hablar del tema y mi mirada cambio a una llena de comprensión hacia mi compañero y ahora discípulo, llegue a sentir algo de envidia por como el mink había llegado a la conclusión que a mí me llevo media vida de asesinatos y dejar un reguero de cadáveres de gente inocente detrás de mí. "Aun en la oscuridad yo quise ser la luz para otros, lo siento Oxxy me olvidé de nuestra promesa demasiado tiempo... Este hombre perdonó y sano, hizo lo que yo no pude, estando roto... Eres impresionante Comi." Pensé para mis adentros, el mink se había ganado mi respeto total al haber elegido ese camino desde el principio.

"Siento mucho oír eso, "compañero"."

Era la primera vez que lo llamaba así, después de conocer sus motivaciones no volvería a llamarle novato, no cuando el logro algo que a mí me llevo tanto tiempo.

"Entiendo por lo que has pasado, por desgracia yo cargo con el mismo peso sobre mis hombros... Yo perdí a mi familia por culpa de la corrupción que había en mi isla natal, pero tome un camino diferente al tuyo. Maté y mutilé gente con tal de perseguir una venganza que cuando por fin encontré me dejo aún más vacío de lo que ya estaba."

Dije mientras me encaminaba hacia una de las cajas que habían junto al barco y la abría, buscando en su interior hasta que encontré lo que estaba buscando, algo que prepare la misma noche que decidí entrenar al gigantesco mink, lo agarre y volví caminando hacia Comi con un bulto de tela negra bastante grande agarrado por mi mano izquierda.

OST

"Esto es algo que se entrega a todos los del escuadrón cuando pasan su prueba y debo decir que la has pasado con creces."

Le extendí el bulto al gran mink, el cual al cogerlo podría ver lo que parecía un gran pañuelo negro lo suficientemente grande como para que el mink se lo colocase al cuello, en una de las puntas relucía un toro negro bordado con hilos de un color amarillo dorado, el símbolo que yo mismo portaba en mi camisa junto al corazón.

"Comilón Mcbacon, La noche se avecina, ahora empieza tu guardia. No terminará hasta el día de tu muerte. No poseerás tierras, no llevaras coronas, no alcanzaras la gloria. Vivirás y morirás en tu puesto. Serás la luz en la oscuridad de débil. Serás el Muro que los defienda de toda afrenta. Serás el fuego que arde contra el frío, la luz que trae el amanecer, los cuernos del toro que ensarta a sus oponentes, el escudo que defiende al pueblo."

Con estas palabras hacia oficial la entrada de Comi al escuadrón como uno más de los toros negros, ya no importaba el rango que tuviera, era uno más de nosotros y así sería hasta que la fría muerte separase nuestros caminos.
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#9
Tras mi discurso Zorak se compadeció de mí, diciendo que sentía lo que me había pasado y usando una palabra que, pudiendo parecer una nimiedad, significó para mi el comienzo de una nueva etapa, invadió mi cuerpo una agradable sensación de calor, similar a la de mi madre abrazándome cuando aún era solo un lechón. Zorak me llamó compañero por primera vez, y sabía que era algo real, su voz reflejaba la honestidad y sus ojos cambiaron mientras le narraba mi noche más oscura, sabía que era real lo que decía porque veía en él un reflejo de mi sufrimiento, no sabía qué le habría pasado a mi mariscal en su pasado, pero debió ser algo similar a lo que yo sufrí, y eso reforzó el lazo que nos unía, no como miembros de la misma milicia, si no como miembros de la misma familia, los Toros Negros. Antes de que pudiera imaginar lo que mi pelirrojo compañero había pasado me lo contó él mismo, al menos un resumen de su historia. Perdió a su familia y, movido por la ira puramente, dejó a su paso un rastro de cadáveres en su camino hasta encontrar su objetivo final, la venganza, pero vengarse no llenó el hueco que la pérdida había dejado en su alma, eso lo podía entender, — Yo… Tuve suerte y uno de los minks de la aldea me enseñó el camino de la disciplina marcial, me enseñó que la violencia no es una respuesta válida cuando la paz se puede obtener con diálogo, y que el conflicto siempre debe ser la última opción. Gracias a sus enseñanzas no perseguí la venganza, aunque muchas veces lo pensé, siempre recordaba lo que había perdido, a los que había perdido, ellos no querrían que me convirtiera en el monstruo que el mundo cree que soink. — confesé con sinceridad mientras Zorak me daba la espalda para ir a buscar algo.

Después de rebuscar un rato en uno de los barriles volvió a mi con un trapo negro bastante grande, alcé una ceja y el suspense provocó que mi hocico roncase, mis ojos se volvieron vidriosos al ver lo que era, la prueba de que era realmente aceptado por mi nueva familia, un pañuelo negro que decoraría mi cuello con un bordado dorado que iría bajo mi barbilla una vez el pañuelo estuviera atado, con el nudo bajo mi nuca. — Muchas gracias, oink. — Después comenzó una especie de juramento recitado por Zorak, — Ahora empieza mi guardia. — comencé a ponerme en pie, erguido y con mi brazo derecho en forma de V acabando con el puño cerrado y apoyado a la altura de mi corazón:
 
— No terminará hasta el día de mi muerte. No buscaré poseer tierras, no querré llevar coronas y no buscaré la gloria. Viviré y moriré en mi puesto. Seré la luz en la oscuridad. Mi vida y mi honor son ahora parte de algo más grande que yo mismo, pues soy parte de los Toros Negros. — 
 
Retoqué el juramento mientras lo hacía para hacerlo mío, esperaba que Zorak no se molestase por lo que había hecho, pues los cambios no eran tan grandes y mi determinación era evidente.
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#10
El juramento del mink fue sencillamente glorioso, tanto que instintivamente imite su saludo militar llevando mi propio puño derecho sobre el corazón, pero había algo que no me acababa de gustar, sus palabras mientras rebuscaba su manto de toro negro, en específico "me enseñó que la violencia no es una respuesta válida cuando la paz se puede obtener con diálogo, y que el conflicto siempre debe ser la última opción." Podía llegar a comprender ese estilo de vida cuando uno es un civil, pero Comi ahora era algo más que un civil, era un soldado y un soldado que no está dispuesto a matar no suele durar mucho tiempo.

OST

"Comi, entiendo las enseñanzas que te fueron otorgadas y me gustaría decirte que podrías servir al ejército revolucionario siguiéndolas, pero..."

Sabía bien a lo que nos exponíamos los soldados de la rebelión, nuestro enemigo no era otro que el mundo entero, recordé entonces el incidente de Akarui, donde fuimos arrastrados a una trampa por el gobierno mundial y sus asesinos, quizás un ejemplo visual fuera más convincente de lo que podrían ser solo mis palabras, así que lentamente comencé a desabrochar la camisa y una vez que todos los botones estuvieron desabrochados, comencé a quitarme la camisa, mostrando un torso lleno de cicatrices, marcas de puñaladas en el costado derecho, producto del día en el que conocí a Maeve, cortes en mi pecho producto del incidente de Akarui, la cicatriz de quemadura que asomaba por mi cuello ahora se veía completa, enseñando un hombro totalmente quemado.

"Esto es a lo que se expone un soldado Comi."

Dije con la mirada seria en mi ojo derecho, el cual estaba al lado de mi más reciente cicatriz.

"Ojalá pudiera decirte que todo puede resolverse con el diálogo, pero debes ser consciente de que formando parte del ejército revolucionario el mundo entero es tu enemigo, ese enemigo no parara hasta acabar contigo, con nuestros compañeros, así que tienes que tener las agallas suficientes para mancharte las manos si es necesario."

Deje caer la camisa al suelo mientras me movía hacia una pared de piedra algo derruida que estaba a unos quince metros de donde me encontraba ahora, al dar la espalda al mink, este podría ver en mi espalda aún más cicatrices, sobre todo una bastante grande en forma de "V" que llegaba prácticamente desde un hombro a otro, bajando hasta la parte baja de la espalda.

"Esta es la técnica insignia del Ryosuken, el estilo de la revolución. Es algo básico, pero más complicado de lo que crees. Pero más que nada debes recordar estas tres cosas, si te atacan no dejes que te acierten, si proteges a alguien no lo dejes morir, y cuando ataques..."

Coloque los dedos de mi mano izquierda en posición de garra del dragón, juntándolos en tres falanges mientras una gran presencia salía de mi interior, casi como si quisiera remarcarle a fuego la última frase a Comi, tenía que entender que no estaba jugando a ser revolucionario, este modo de vida podría llevarle a la tumba si no era consciente del peligro.

"Mata."

Descargue el golpe contra la pared, haciendo que esta estallase en mil trozos que salieron volando en todas direcciones, girándome hacia el mink extendiendo mi mano hacia el aun con los dedos en forma de garras de dragón.

"Cuando lo comprendas de verdad, te enseñaré esta técnica."

Resumen
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