Comilón McBacon
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
165
130
33
33
150
143
55
113
84
0
Parece que mis palabras sacudieron el corazón de mi superior, que imitó mi pose en cuanto mi juramento acabase de ser recitado, sin embargo algo le pasaba, por el gesto en su cara estaba claro que había dicho algo que no le había gustado o con lo que no estaba de acuerdo, y finalmente lo dijo, después de decir ese “pero” sabía qué venía, realmente podía imaginar que la vida de un soldado era dura, más de lo que podía imaginar, estaba seguro, sin embargo lo que no podía imaginar era lo maltratado que el cuerpo de Zorak estaba a raíz de esto, tenía un sin fin de cicatrices recorriendo todo su torso, a eso se expone un soldado, la impresión me hizo roncar con la nariz instintivamente, asombrado por la resiliencia de mi mariscal, claramente su vida no había sido fácil ni un camino de rosas, las palabras se agolparon en mi boca buscando compadecerme, pero estaba seguro de que no servirían de nada; lo hecho, hecho está, y no tiene sentido mostrar mis condolencias hacia un dolor pasado que le fue infligido siendo ya un soldado de la gloriosa revolución, lo único que me salió fue asentir con la cabeza. Se notaba el cambio tan drástico de la situación en la mirada del pelirrojo, ahora era seria y fría y dijo algo que caló bien dentro de mi, ahora el mundo entero era mi enemigo, y ese enemigo no se detiene ante nada ni nadie hasta acabar con sus presas, sea yo o mis camaradas. La expresión en mi cara cambió, relajé los brazos y mi sonrisa se desvaneció poco a poco, — Acabar con nuestros compañeros. — repetí en voz baja, un recordatorio para mí mismo.
Volví en mí después de ese lapsus mental y vi a Zorak acercarse a una pared ruinosa para mostrarme la técnica insignia del Ryusoken, el estilo de combate de la revolución, y por cómo continuó el discurso de Zorak las bases de este arte marcial eran “si te atacan no dejes que te acierten, si proteges a alguien no lo dejes morir, y cuando ataques…” el mestizo hizo una pausa antes de seguir, hizo un gesto raro con sus manos, acabando con esos principios marciales que había dejado a medias “... mata”, y destrozó la pared con una facilidad pasmosa, tras eso se giró hacia mí y me mostró esa peculiar forma que sus dedos habían adoptado, asegurándome que solo me enseñará esa técnica cuando lo haya comprendido, — No sé, por muy bien que lo digas sigue siendo arrebatarle a alguien la vida, oink. — Comencé, — Quiero decir, la vida es lo más preciado que alguien tiene, le permite a la gente expresar al máximo su libertad, ¿No seríamos justamente contra lo que luchamos si nos dedicamos a privar a la gente de su bien más preciado? Lo siento, pero no puedo mancharme las manos, sé que hay otras formas de hacerlo, sé que se puede tener piedad, que se puede perdonar. — acabé por decir, estaba bastante convencido de que a Zorak no le gustaría lo que acababa de decirle, pero tenía que mostrarme firme, Shupo, no, toda mi aldea vivía dentro de mí ahora, y no éramos la clase de minks que mataba.
Zorak
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
280
170
126
68
300
240
110
200
104
200
Las palabras de Comi tenían sentido sin duda alguna, sobre todo para el Zorak joven que fui antes de ver la crueldad del mundo, incluso Kisuke lo veía de una forma parecida hasta que llego el incidente de Akarui y se vio obligado a matar a los agentes del chiper pol para salvarme la vida, casi sin ser consciente mi boca reprodujo las mismas palabras que le dije a Kisuke en nuestra llegada a Báltigo.
"De momento yo me ensuciaré las manos hasta que lo comprendas."
Claramente el mink no estaba preparado para lo que supone arrebatar una vida, era por eso que debía entrenarle de la mejor forma posible hasta que se viera obligado a tomar esa decisión, mi trabajo era prepararlo para cuando llegase ese momento poder sobrevivir a él arrebatando una vida por la suya o la de otro compañero.
"Entiendo tu punto de vista, yo mismo lo tenía cuando era joven Comi."
Volví hacia donde había dejado la camisa y comencé a colocármela tras agarrarla del suelo y darle un par de suaves golpes para quitar el polvo, incluso a Panda se le dificultaba el tener esa determinación de arrebatar lo más preciado de otra persona, igual que cuando nos enfrentemos a Nokia, no podía exigirle a alguien que acababa de entrar en el cuerpo una responsabilidad como esa.
"Casi tienes toda la razón en que la vida es lo más preciado para una persona Comi, ¿sabes lo que es realmente lo más importante para una persona? La libertad. Y debes recordar siempre que nosotros somos los que peleamos para que algo tan básico como debería ser nacer y vivir libres sea mínimamente posible, soy consciente de que en el otro bando no todos son malas personas y eso no cambia el hecho de que estamos librando una guerra, déjame que te cuente algo."
Esto era algo que no le había contado siquiera a Kisuke, el que consideraba mi mano derecha y mejor amigo, pero con Comi notaba una conexión muy fuerte, quizás por la empatía que me producía el ser ambos mestizos.
"Yo mismo tengo un amigo que está enrolado en la marina, el tipo es un engreído que va de guaperas y es profundamente gilipollas, pero..."
Mi mirada se endulzó por un segundo, recordando a mi hermana junto a Apolo, la forma en la que se miraban y como la hacía reír.
"Ese hombre, Apolo Bahia, es el novio de mi hermana pequeña, o al menos lo era antes de que ella muriera. Sé de buena tinta que sería capaz de dar su vida por el pueblo de ser necesario, lo sé mejor que nadie, aun así... estamos en bandos distintos aunque busquemos lo mismo, somos el mismo tipo de perro con collar diferente, ¿así que donde dirías tú que radica la diferencia? En quien sujeta la correa de esos perros, nosotros luchamos por y para el pueblo hasta las últimas consecuencias, ellos pelean por los esclavistas de los tenryubitto, así que llegado el momento si Apolo y yo nos encontrásemos en el campo de batalla no nos quedaría otra opción que matarnos el uno al otro."
Me di la vuelta para esconder el rasero de lágrimas que comenzaban a nacer en mi ojo derecho, sabía bien que la cosa podría acabar así y aunque para mi gran parte de la culpa de la perdida de mi hermana reposaba en los hombros del rubio era consciente que de perpetrar un acto como tal no podría volver a mirar a la cara a mi hermana una vez nos reuniésemos en el más allá.
"Lo que trato de decirte Comi, es que no peleamos solo por nosotros mismos o por nuestros principios, somos parte de algo más, somos los dragones que surgieron ante la llamada desesperada del pueblo oprimido, así que cuando llegue el momento, si aún tienes dudas recuerda..."
Me volví a girar hacia Comi, aun con algunas gotas de lágrimas prisioneras en mi ojo.
"Un dragón no siente piedad por las ovejas."
Comilón McBacon
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
165
130
33
33
150
143
55
113
84
0
La resolución de Zorak, y la piedad y temple que demostraba al decirme que él se mancharía las manos por mi hasta que estuviera preparado me hicieron sentir un escalofrío, ¿Llegaría ese momento? ¿El momento en el que estaría preparado para tomar una vida y extinguirla?, ¿En un momento crítico podría? Eran incógnitas que me hacían estremecer, me encogía el alma tener que pensar siquiera en ello, y las palabras siguientes de Zorak cayeron como un ladrillo perfectamente medido en la pirámide de dudas que se estaba construyendo en mi corazón. — Yo… No creo que sea capaz, oink. — dije, entrecortado, mientras Zorak volvía a vestirse. — No sé cómo pasaste de tener mi punto de vista a tener el que tienes ahora, pero puedo ver que no ha sido un camino de rosas, pero yo quiero mantenerlo. Quiero ser alguien que pueda inspirar en los demás algo más que miedo, no quiero que un soldado marine me vea y tema por su vida, quiero que me vea y piense que mis actos se corresponden con mi lucha. — confesé, y era la verdad más visceral, poder convencer a tu enemigo de que, por diferentes que sean los medios, se quiere un final verdaderamente bueno para todos era la mayor demostración de la fuerza de los ideales que se podía hacer.
Sin embargo Zorak insistía en que no era el caso, poniendo un ejemplo personal, él y un tal Apolo Bahía, un soldado marine que había sido pareja de la hermana de Zorak, la cual ahora estaba muerta, — Siento escuchar lo de tu hermana. — espeté, tragando saliva por la dura declaración de mi mariscal, pero su historia y su filosofía seguían sin penetrar mi grueso y duro cráneo porcino, por más que intentase decir que era cuestión de matar o morir, no podía estar de acuerdo con eso. — Entiendo que somos parte de algo más grande que nosotros mismos ahora, pero creo que confunde la ira del pueblo oprimido con sus gritos de ayuda. La gente que sufre no quiere dejar de hacerlo por un asesinato de quien esté en el poder, quieren que la gente con poder no abuse de él. Lo siento, pero a las suplicas del pueblo no acudirá, por mi parte, un dragón vengativo. Yo seré el dragón de la clemencia y el perdón. — finalicé, con las rodillas en el suelo, esa era mi determinación, así debía saberlo mi mariscal, pues no aceptaría de él una orden de matar.
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