[Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar
#21
Cámara del Tesoro
 


 
Últimamente tienen suerte, cazadores. De no haber puesto bien el código de las válvulas a la primera, la habitación se habría inundado y es probable que hubieran muerto ahogados, particularmente aquellos con los pulmones débiles (malditos cigarros). Pero no es así, el resultado de sus acciones ha sido el drenado del agua salvándoles de morir ahogados, ahora definitivamente si:
 
¡Enhorabuena!
 
Se encuentra ante la sala final, si hubiera alguien protegiendo el barco aun vivo escucharían entrar la música del final boss y tendrían que prepararse para una batalla épica. Pero no es así, lo siento, esta es una aventura de exploración y, para su suerte (buena o mala), seguirá siendo así hasta el final. Si que sienten, sin embargo, como el ir y venir de las calmadas olas del mar empiezan a mecer el barco suavemente de un lado a otro, como si quisieran incitar a algo más. Es casi como si les comunicaran que están muy cerca de lograr lo inconcebible, lo que nadie más ha logrado hasta el momento, ¿tendrán el valor de terminar este último tramo y tener la posibilidad de convertir el mito en leyenda?
 
La cámara del tesoro, la cual es la mitad faltante de la bodega de la cual Charel se dio cuenta con su buen ojo avizor, y cuenta con las mismas dimensiones que dicha bodega de la cual vienen ustedes, está sumida en una quietud casi opresiva. Antes de entrar a la Cámara del Tesoro, nuevamente es Charel quien toma la iniciativa de revisar las cajas que flotaban alrededor en la bodega encontrando en estas un antídoto. Seguramente no les haga falta, pues no han activado ninguna de las trampas que les aguardaba en la bodega, ya sea gracias a su cautela o falta de atención, pero igualmente será bueno que la lleve consigo hasta el final de la aventura, nunca está de más un poco de precaución.
 
La oscuridad es profunda aquí en la Cámara del Tesoro, exceptuando las ranuras de luz que se filtran desde arriba entre las maderas viejas o roídas del barco, iluminando las capas de polvo que cubren las estanterías. El aire es más denso, como si el tiempo se hubiera detenido por completo en este lugar. Los únicos sonidos son los susurros de la madera del barco que se queja crujiendo, los murmullos del viento que entran por las pequeñas aberturas, y el sonido distante de las olas que rompen suavemente contra las rocas cerca de la costa. Tranquilos, no se han alejado de la costa, el barco no ha partido de su posición inicial siendo movido por el subir de la marea, aunque eso hubiera sido interesante que pasara.
 
Los tres cazadores se encuentran ahora cerca de los cofres vacíos que han quedado olvidados en esta cámara, el sonido de las bisagras oxidadas al moverse recuerda los ecos de una época lejana, mientras el frío de las paredes de la cámara se transmite al tacto, creando una sensación de inquietante aislamiento. Cada paso es más pesado en este aire denso, y la atmósfera está impregnada de una sensación de misterio, como si el barco estuviera aguardando ser despojado de sus secretos.
 
Es innegable, han llegado al compartimento final, donde, al fondo, está un pequeño cofre el cual, a diferencia de los demás en la cámara, se encuentra intacto y cerrado. Seguro contiene el artefacto que los trajo hasta este punto, el Corazón del Mar aguarda por ustedes. El pedestal que lo sostiene está rodeado por grabados de runas que honestamente ni siquiera yo recuerdo o sé que es lo que ponen. El pedestal es de piedra negra, con líneas talladas que convergen en su centro. Arriba del pedestal, colgando en el techo como si de una lujosa lámpara se tratara, un cristal pulsante ilumina el cofre con un brillo dorado lo cual mantiene una luz tenue por toda la cámara.
 
En las esquinas de la sala, hay lámparas de aceite casi gastadas, suficientes para iluminar las runas si deciden encenderlas. Hay restos de huesos humanos regados por toda la cámara sin mostrar un patrón en particular y también hay varias armas oxidadas esparcidas por el suelo, prueba de que múltiples exploradores como ustedes han llegado hasta este punto, pero ninguno de ellos ha salido con vida.
 
Contenido Oculto


OFF

Contenido Oculto
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
#22
OST !NO VEAIS EL VIDEO¡


Observo.

La sala me recibe con un silencio que no me invita, me absorbe. Las tablas crujen bajo mis botas con la resignación de un barco que ya ha dicho todo lo que tenía que decir. Luz tenue, polvo suspendido, ecos de vidas rotas — demasiadas cosas me hablan al mismo tiempo, y yo, como siempre, solo escucho lo necesario.

Recorro las paredes con la mirada. Las runas, las lámparas consumidas, las armas oxidadas y los huesos desparramados me gritan un mensaje que no necesita traducción: aquí no se juega a la suerte, aquí se paga con vidas.

No hay válvulas esta vez. No hay mecanismos que pidan un orden lógico ni trampas tan evidentes como para ganarle con astucia. Solo un cofre intacto, perfecto en su arrogancia, posado como una promesa venenosa sobre un pedestal de piedra negra. Iluminado como si el mismísimo oro del mar quisiera tentarnos. Pero yo ya aprendí que el brillo no significa nada si uno termina sin manos para tocarlo.

Miro a Bigotes. Miro a Rosita. Están ahí, cerca. Demasiado cerca. No estoy tan ansioso por morir, nadie seguirá los pasos de los que vinieron antes en mi historia.

No pienso arriesgarlos por un mito más. El Corazón del Mar... qué nombre tan bonito para algo que ha dejado más esqueletos que leyendas. No valen mis amigos el precio de una historia.

Llevo mi mano al Long-Range Choice. El frío del metal me ancla. Abro el compartimento de munición con un giro seco del pulgar y deslizo la bala marcada con el carmesí de mis ojos —explosiva, precisa, hecha para cerrar capítulos con fuego y esquirlas.

No hay ceremonia, no hay discurso. Sólo lo justo. Y entonces apunto.

— No se puede hacer nada, si vas a esconder algo tras un espectáculo de muerte, asegúrate de que valga la pena — Primero pienso, luego disparo.

El sonido retumba como un rugido final. El cofre recibe el impacto con una violencia limpia, y el estallido lo envuelve en llamas y astillas que mueren antes de alcanzar nada más. Al tiempo que apoyo el rifle sobre el hombro izquierdo y comienzo a encenderme un cigarro.

Sea lo que sea que contenía, ya no importa. Mis amigos están a salvo y yo también. Eso, aunque no lo parezca, aunque no lo entiendan, ya es un tesoro suficiente.

BELICO
#23
Charel gira las válvulas una a una marcando los símbolos en el orden indicado por la canción. El nivel de agua baja y nos da paso hasta la última sala, la “Cámara del Tesoro”. Todo se ve todavía más oscuro y un aire estancado se abre paso hasta nosotros. Cruzamos el umbral. Cuando la vista se me acostumbra nuevamente, lo veo: Un cofre pequeñito e impoluto, brillante y que parece guardar el secreto de su capitán.

Doy un par de pasos hacia el cofre y reparo en los esqueletos que hay repartidos por el suelo. Me paro y acerco mi mano al mango de Rimera. Los restos humanos me devuelven la idea que me cruzó por la mente en el camarote “Si todos los que han llegado aquí han muerto… ¿quien se encarga de reiniciar los acertijos?”

No tengo tiempo de pensar nada más. Noto un movimiento a mi espalda y una sensación de peligro me recorre el cuello, cruza mis hombros y hace que apriete el puño en torno a Rimera. Solo alcanzo por el rabillo del ojo a Casca con el rifle en alto.

…clic…

Un estruendo sacude la cámara como el rugido de un alma en pena. Por un instante la sala queda iluminada con el brillo de una bala explosiva, a la que le sigue una lluvia de astillas y metal retorcido. Con la tensión anterior todavía anclada en los músculos, siento como la onda expansiva me golpea el pecho y me muevo instintivamente para ponerme delante de Casca y Charel. Desde este posición “privilegiada” solo puedo observar, boquiabierto, cómo el cofre salta en pedazos.

Durante unos segundos, el tiempo parece deternerse. Las monedas y demás artilugios y joyas que alguna vez estuvieron encerradas en el interior del cofre giran el aire, capturando la tenue luz de la sala y reflejándola en destellos dorados, zafiro y rubí. Los mismos esqueletos que nos acompañan parecen compartir mi expresión de asombro, juntos vemos como la causa de su muerte se esparce por toda la habitación y cae con un titineo metálico sobre la madera húmeda. Trozos de la tapa y fragmentos de runas carbonizadas llueven justo después, como la última evidencia de lo que alguna vez había sido el Corazón del Mar.

Pestañeo. Miro a Charel… luego a Casca. Charel tiene el pelo encrespado por el choque del aire y una mirada atonita. Casca se está encendiendo un cigarro casi con tranquilidad mientras murmulla algo, el pitido de fondo en mis oidos solo me deja intuir el final de la frase: …no se podía hacer nada. 

"…uno de los tesoros más grandes que podíamos encontrar en Ilisia destruido en una explosión…” La explosión me trae recuerdos de un par de meses atrás, de la taberna “el Vigilante” y el incendio que llevó a su destrucción… “no podía ser…”

Pestañeo nuevamente.

Silencio.

- keehkekeke… ¡KEEHKEKEKE!! - La risa brota de mi pecho como las olas chocando contra el casco del barco. Primero baja y después más fuerte, hasta que rompe completamente el silencio, reverberando en las viejas paredes del barco y dentro de mi cabeza.

Charel me mira con una mezcla de incredulidad y exasperación, mientras que Casca simplemente me mira con una mirada que mezcla soslayo y aceptación, antes de exahalar el humo del cigarro, como si fuera una señal de que el asunto está completamente zanjado para él.

Me inclino y tomo una de las monedas. La noto templada y la observo girándola entre mis dedos. Tiene la imagen de un faro tallado en una de sus caras y la otra muestra la silueta de un tipo de rey marino que no logro reconocer. “¿Esto era todo? ¿Monedas? ¿Un botín así ameritaba haber matado y abandonado a tus compañeros? Esto no puede ser el Corazón del Mar…”

- No puedo creerlo… keehkekeke… ¡Este barco tiene que estar maldito! - Exclamo finalmente, enderezándome y sacudiendo la cabeza - Hemos pasado por trampas, puzzles, estructuras podridas y agua hasta las rodillas, ¡el tesoro debe ser algo más que unas monedas! ¡Debe haber algún fantasma o un klabautermann al menos!

Golpeo con el pie uno de los trozos de madera, que se desplaza sobre la madera mojada y ennegrecida. Miro a mi alrededor, observo las paredes que rechinan y crujen por la humedad, las lámpras viejas y los huesos de aquellos que, a diferencia nuestra, no lograron salir. Inspiro hondo y el aire denso del lugar llena mis pulmones. Olía a muerto... a historias olvidadas y promesas incumplidas.

- pero… seguimos vivos, hemos pasado un día entretenidos y supongo que trabajamos un poco mejor en equipo - continúo, dejando caer la moneda en uno de mis bolsillos a modo de recuerdo - ¡Y eso si que es un buen botín keehekekeke! - Concluyo, con la sonrisa aún en la cara. 
“No se si lo que hemos hecho era lo correcto, si el Corazón del Mar se ha destruido o si simplemente nunca había existido… pero ahora mismo, no importa. Una aventura más y no nos hemos convertido en los próximos esqueletos olvidados en la oscuridad”


Bélico
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1296 - 150 = 1146
Energia: 1125 + 0 = 1125
Espiritu: 168 + 0 = 168
#24
El agua me llega casi a las rodillas mientras hurgo entre los restos flotantes. Cajas podridas, madera que cruje con el más leve roce y sogas deshechas por la humedad. La mayoría están vacías, tan ligeras que apenas ofrecen resistencia al tacto. Pero una, casi sumergida bajo una viga caída, pesa más de lo esperable. 

Me agacho, forzando la tapa con cuidado. El pestillo cede con un sonido blando y dentro encuentro una botella de cristal, sellada aún, con un líquido de color esmeralda. Lo reconozco por la forma: un antídoto.
Lo saco y lo guardo con rapidez, puede ser útil en el futuro. El ambiente se siente denso, demasiado contenido, como si el propio barco esperara a que tomáramos una decisión mal calculada para dejarnos caer. Nunca está de más tener algo así a mano. Especialmente en un sitio que se ha tragado tantos huesos.

Nos movemos entonces hacia la segunda mitad de la bodega. Al pasar el umbral, siento un escalofrío recorrerme la espalda. El cambio de temperatura es apenas perceptible, pero el aire... el aire aquí es otro. No hay más agua en los tobillos, pero cada paso se vuelve más lento, como si atravesáramos el recuerdo de todos los que llegaron antes. Las paredes crujen. Las lámparas, apenas unas sombras vacías en las esquinas, parecen observar.

Y entonces lo vemos.

Un cofre, perfecto, plantado sobre un pedestal de piedra negra, rodeado de runas que parecen latir con un resplandor apagado. Doy unos pasos hacia él casi sin pensarlo. A Pralder parece sucederlo lo mismo, pero…

Me detengo. Mi instinto me grita que observe. Que no toque nada. Que algo aquí no cuadra.

Pero Casca es más rápido que mis pensamientos. Su figura se mueve con determinación, y cuando levanta el rifle y escucho a mi espalda el sonido del gatillo. Ya no hay marcha atrás.

-No se puede hacer nada, si vas a esconder algo tras un espectáculo de muerte, asegúrate de que valga la pena. - dice Casca

El disparo corta el aire como un grito ahogado. El proyectil impacta en el cofre, y la explosión que sigue es breve, pero contundente. Trozos de madera y metal vuelan, un destello dorado recorre el polvo del aire y el sonido del impacto resuena como el latido seco de un corazón que ya no quiere seguir latiendo.
Retrocedo un paso. El humo empieza a disiparse.

—Si no hay fuego… no somos nosotros —murmuro, medio para mí misma, medio para los dos idiotas que me acompañan. Mi voz suena casi como una carcajada seca—. Qué bonita tradición la nuestra, ¿eh? Desde la posada del Vigía que no terminamos una misión sin una explosión de por medio.

El recuerdo del fuego lamiendo los muros de aquella vieja taberna me hace apretar los dientes. El olor a madera quemada, la desesperación, el caos… y aun así, también fue uno de nuestros mejores días. Qué cosas.

Pero ahora no hay llamas, ni risas, ni taberneras malhumoradas. Solo esta sala, tan callada como un secreto que se niega a ser revelado.

Miro el lugar donde estuvo el cofre. Los restos de las runas humean en el suelo, y entre las astillas se esparcen monedas, piedras preciosas, pedazos de algo que quizás fue valioso o quizás solo era fachada. Nada que grite "Corazón del Mar". Nada que justifique la cantidad de cadáveres esparcidos por la habitación.

Pero algo sigue sin cuadrar.

Me acerco, despacio. Mi mirada va de las paredes al techo, del suelo al pedestal. Las runas, aunque dañadas, siguen presentes en partes del pedestal. Y esas marcas... son profundas. No decorativas. Más bien funcionales.

—Aquí hay algo más —susurro.

Me agacho a observar mejor. No toco nada todavía. Mis dedos apenas rozan el aire, delineando las formas de las inscripciones sin contacto. Busco patrones, irregularidades. Algún mecanismo oculto. No sería la primera vez que el verdadero tesoro está justo debajo del falso.

Observo las esquinas de la sala. Las lámparas de aceite están casi consumidas, pero aún podrían encenderse. Puede que haya algo que ver solo con la luz adecuada. O tal vez la clave está en el pedestal mismo. La forma en la que las líneas convergen en el centro no parece casual. Y esa piedra negra… es demasiado distinta al resto del entorno. Más antigua, más… viva.

De reojo, vigilo el suelo. Cualquier irregularidad, una placa suelta, una trampa dormida. Este lugar ha cobrado demasiadas vidas como para confiarme del todo. Casca lo voló todo por los aires, sí. Pero si algo hemos aprendido, es que los secretos importantes siempre sobreviven a las explosiones.

Y si este barco realmente está maldito, como Pralder asegura entre risas, entonces todavía queda una última historia por contar.

Y yo quiero ser quien la lea.
#25
Sálvense, si pueden.
 


 
Casca llevo a su mano a su fiel compañero, el Long-Range Choice, y disparo. El movimiento fue hábil, fluido, preciso, pero incluso así los otros cazadores fueron capaces de seguirlo y fueron testigos de aquel disparo que resonó por toda la sala. El cofre que yacía sobre el pedestal recibe el impacto de aquella bala la cual exploto causando daños en un radio de 5 metros destrozando por completo aquel cofre. Al instante siguiente, una nube de humo empezó a cubrir la cámara del tesoro donde se encontraban los tres cazadores. Parece ser que las acciones Casca habían activado un mecanismo dejado por el enfermo mental del excapitán del barco pirata.
 
Inevitablemente, el humo que recubre rápidamente toda la sala es aspirado por los tres cazadores quienes rápidamente pueden sentir como el humo que aspiraron empieza a distribuirse por todo el interior de su cuerpo, afectando la sensibilidad de sus piernas puesto que, claramente, el humo contenía un veneno, ¿o acaso creían que esas runas antiguas están solo por decoración?
 
Para su mala fortuna (todavía más mala quiero decir), al activarse esta trampa ha hecho que la frágil estructura que mantenía de erguido todo el peso del barco empiece a colapsar, cediendo a la gravedad. Por lo que, a pesar de los buenos cálculos de Casca para evitar el fuego amigo, estando los tres cazadores en plenas condiciones (menos el efecto del veneno, por supuesto), parece ser que este es el fin de su aventura y posiblemente de sus miserables vidas.
 
A pesar de todo el ambiente entre los tres cazadores es mucho mejor que el que se sentía al inicio de esta aventura. Pralder ríe y agarra parte del tesoro falso mientras que Charel le recuerda al grupo que esto de explotar cosas ya se esta convirtiendo en una tradición entre estos cazadores. Posiblemente a esta ultima le importe menos las consecuencias de los actos de Casca puesto que hace poco encontró un antídoto el cual seguro puede usar directamente en ella. Además, aquella explosión ha reventado varios barriles los cuales revelan un par de antídotos mas los cuales caen frente a donde se encuentran los tres cazadores. Al parecer el excapitán pirata estaba loco pero no era un completo estúpido.
 
Para su buena fortuna (si puede considerarse así), el pequeño cofre que ha reventado Casca con su disparo ha revelado también el verdadero tesoro el cual sin duda alguna contiene aquello por lo que se aventuraron inicialmente: El Corazón del Mar. Nuevamente, es Charel quien demuestra estar mas pendiente de los finos detalles que los otros dos, acercándose con precaución y cuidado hacia donde se encontraba el anterior cofre, descubre incrustado en el pedestal el verdadero cofre del tesoro el cual ahora puede guardar en sus posesiones. Además, el humo se disipa igual de rápido a como se hizo presente, por lo que también pueden abandonar el barco antes de que este colapso entero – con un poco de suerte, si es que les queda algo.
 
Si han prestado a la aventura, el camino es relativamente sencillo de recorrer para escapar. Tienen que cruzar las siguientes áreas:
-          Cámara del Tesoro: 30 metros de largo, 3 de ancho, 2 de altura.
-          Bodega: 30 metros de largo, 3 de ancho, 7 de altura.
-          Escalera que conecta la Bodega con el Camarote del Capitán: 15 metros.
-          Camarote del Capitán: 10 metros de largo, 3 de ancho, 5 de altura.
-          Cubierta Principal: 50 metros de largo y 3 de ancho.
 
En resumen, deben recorrer 85 metros para salir desde donde se encuentran hasta el Camarote del Capitán, parece ser que han avanzado demasiado en esta aventura, quizás más de lo que deberían haberse adentrado llevados por la curiosidad y la avaricia (¡oh la fama, el dinero, el poder!). O pueden optar por medidas más drásticas, igualmente el barco ya está colapsando por lo que ¿Qué más daños pueden causar? Ya Casca se encargó de “iniciar hostilidades” contra ambas paredes a los costados del barco las cuales fueron ambas impactadas dados los 5 metros de la onda expansiva del ataque contra los simples 3 metros de ancho de la cámara del tesoro.
 
Pero no olviden que están en una situación de vida o muerte, por lo que les aconsejo que no se contengan al menos que quieran terminar sepultados junto con La Sombra del Mar.
 
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OFF

Aclaraciones
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
#26
El pitido en mis oídos no se ha ido. Las piernas… las siento tan pesadas como si les hubieran encadenado rocas. El humo inunda la habitación con un olor extraño. Segundos después caigo en la cuenta: otra trampa con veneno.
Puedo sentirlo corriendo por mis venas, trepando como una serpiente traicionera. Mis rodillas flaquean, mi vista se emborrona y, por un segundo, tengo la sensación de que voy a caer, pero… “¿acabar así justo ahora? ¿en el final? Esto no puede ser”.

-¡Keehkekeke… parece que esto se nos escapa de las manos y se desmorona! - Exclamo, sacando el aire de mis pulmones como si librara de un demonio y consiguiendo algo de claridad mental.

Con un gruñido, contengo la respiración y clavo los pies en el suelo, deshago mentalmente el camino para escapar y no veo cómo voy a volver al camarote del capitán… “No voy a morir por un veneno ni por un barco moribundo que se cae a pedazos… y si ya se está derrumbando ¡el plan de usar la fuerza bruta vuelve a estar sobre la mesa!”

Miro a Charel, está rebuscando con dedos hábiles entre los restos del cofre, se guarda rápidamente algo que no alcanzo a ver y aprovecha para revisar el contenido del antídoto que había encontrado en la bodega. Después Casca, aún con el cigarro colgando entre los labios con total tranquilidad “keehkekeke ¿acaso un veneno quitará el otro?”

Las paredes crujen, la madera llora y todo el barco se queja bajo el peso de su propia historia viniendose abajo. No hay tiempo para consultar si les parece bien. Agarro a Rimera con fuerza. El mango se siente más firme, como si supiera lo que estoy a punto de hacer y ella estuviese de acuerdo.

A paso acelerado vuelvo a la sala anterior, la bodega… la madera húmeda, vieja y castigada por el salitre. “No parece tan difícil… solo necesito una dirección y fuerza”. Veo los rayos de sol entrando por las rendijas en uno de los laterales. “Ahí hay tierra y aire”

- ¡Casca, Charel! - grito sin mirar hacia donde - ¡Salgo por aquí, seguidme si queréis!

KRAAACK

El primer golpe abre una grieta iluminada por el sol. Astillas vuelan y la corriente de aire se intensifica, trayendo el olor a agua marina de nuevo a mi nariz afectada por el veneno. Otro golpe. Otro. Rimera canta con cada impacto.

- ¡Tesoros trampa, runas malditas y ningún fantasma! - rujo, levantando a Rimera sobre mi cabeza y descargándola con un tajo vertical.

¡KRA-KRAAAASH!

La madera cede, dejando un hueco por el que puedo pasar, pero más importante que eso: Luz, sal y viento entran en la bodega como una bendición. Cojo una buena bocanada de aire y el barco, casi como respuesta se sacude con violencia. Intento localizar entre la bruma interior a Charel y Casca pero no distingo nada entre el humo ¿Habrían salido ya y estaría esperando para nada? 

Off

Bélico
#27
De los tres jóvenes cazadores el único que reacciono al inminente colapso del barco fue el mas alto de ellos, el valiente semi-gigante Pralder con sus casi 7 metros de altura y 400 kg de peso se abalanzó con todo su poder contra la madera del barco agitando fuertemente a su fiel compañera Rimera. Aunque el primer hachazo no fue suficiente para abrir un hueco lo suficientemente grande para escapar antes de que colapsara la estructura, no fue necesario más que un segundo hachazo para lograr su cometido.
 
La adrenalina subía a millón y podían ver todo en cámara lenta a causa de este efecto. El barco seguía colapsando bajo su peso y el conjunto de sus acciones las cuales les había obligado a recurrir a su única alternativa: perforar a este otrora titan del mar.
 
Con desesperación los cazadores se buscaron los unos a los otros entre la nube de polvo y arena que había levantado el colapso del navío, encontrándose los tres sin problemas luego de que cediera el caos.
 
Sin duda alguna la fortuna les sonríe, pues han logrado lo que ningún otro aventurero había logrado jamás, han desenterrado el misterio de La Sombra del Mar y han escapado con vida para contarlo. En su posesión tienen un pequeño cofre del tesoro el cual guarda a aquel objeto llamado El Corazón del Mar, codiciado por marineros y aventureros desde tiempos inmemorables.
 
El Corazón del Mar es un misterioso y extraño artefacto en forma de concha marina el cual tiene forma espiralada y es de un blanco aperlado que seguramente brilló en todo su esplendor anteriormente, pero ahora, luce de forma desgastada en un tono opaco, casi al borde de empezar a pulverizarse, el cual va de la mano con el misterio que en este se ha guardado con codicia, hasta ahora. Una pequeña área en la punta de la concha se distingue sobre el resto la cual aprietan sin dudar pues necesitan confirmar sin mayor demora cual es este secreto que ha sido guardado durante todo este tiempo.
 
La calma y silencio que rodeaban la playa – una calma igual reflejada por el mar, el cual era apenas movido por pequeñas olas que lamían la arena con un suave susurro – se vieron abruptamente interrumpidas tras el activar el mecanismo que asomaba de la punta de aquel artefacto en forma de concha marina. Del final de la espiral la cual podría considerarse la boca del Corazón del Mar empezó a sonar una melodía suave de un piano el cual solo podía ser escuchado por los únicos presentes ya que la playa permanecía desierta incluso tras el escándalo que el colapso de La Sombra del Mar había provocado.
 


 
Al suave inicio del piano le siguieron otros instrumentos y el alegre cantar de muchas voces que al unísono coreaban “Yohoho yohoho, yohoho yohoho”. La canción prosiguió por poco más de 3 minutos, terminando de la misma forma en que comenzó, dejando a la playa y sus presentes acompañados por el suave sonido de las olas del mar. Mientras la canción sonaba, por desgracia, aquel objeto empezó a pulverizarse poco a poco con cada segundo que pasaba. En la orilla, La Sombra del Mar empezaba a ser tragada por las olas tras su espectacular derrumbe terminando así el ciclo de misterio y terror que se había cernido sobre los habitantes de la isla. En sus manos no quedo más que el polvo de aquel objeto que antaño había sido codiciado por muchos, pero espero que en sus corazones perdure la canción que hoy han escuchado.
 
Con el misterio resuelto y el recuerdo de aquella canción en sus mentes, Casca, Charlotte y Pralder marcharían de la playa orgullosos de haber desentrañado aquella leyenda y de haber salido con vida para contarlo, a pesar de que el tesoro no fuera lo que las leyendas contaban. Por algo son leyendas, supongo, ya dependerá de ustedes el como quieran afrontar este desenlace, pero espero que al menos uno de ustedes lo afronte con una sonrisa en la cara y una canción en su corazón.
 

 
OFF

Ataque de Pralder
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
#28
Las olas acarician la arena con calma tras el derrumbe del navío, y siento como si el mar entero hubiera soltado un suspiro de alivio. 
Me siento en la orilla, con las piernas aún temblando por el esfuerzo y el gas, pero con la cabeza clara. El Corazón del Mar ya no está. Solo queda el polvo resbalando entre los dedos de Charel, el eco de la canción todavía en el aire… y un silencio que, por primera vez en mucho tiempo, no siento vacío.

- Keehkekeke… vaya final - Comento en voz baja tras unos segundos, más para mi que para el resto, con unas últimas bocanadas de veneno escapando de mis pulmones.

A mi lado, Casca y Charel guardan el mismo silencio. Parece que no hace falta decir nada. La canción ya lo ha dicho todo. No sé qué magia contenía ese artefacto, pero durante esos tres minutos he sentido una paz y camaradería que no recordaba desde hace mucho… o quizás nunca. Como si esa melodía nos envolviera a los tres, cerrando una historia que empezamos juntos casi por accidente tras aquel encuentro fortuito en “La Vieja Gloria”.

“Aunque habíamos trabajado juntos las últimas semanas, tenía la sensación de que no terminábamos de encajar y la coordinación entre nosotros era bastante escasa. Compañeros de trabajo por obligación más que amigos en un viaje… pero en este viaje, entre explosiones, trampas venenosas y fantasmas ausentes keehkekeke… algo ha cambiado y creo que para bien.

No ha sido el tesoro que nos llenará un poco los bolsillos. Es todo lo que ha venido con él.
Charel, resuelta y superviviente, con esa mente ágil y unos ojos que no dejan nada sin revisar, siempre buscando una pista, una salida, una ventaja. Casca, con un temple helado y su cigarro colgando, como si nada en este mundo pudiera alterarle porque ya ha visto o perdido demasiado… por mi parte… me he preocupado de más, he rimado una canción y he partido la pared cuando no había más camino keehkekeke… pero me he sentido parte de algo por lo que merece la pena seguir esforzándose.

El Corazón del Mar no ha sido oro ni gloria. Era esto: una canción en la costa, un momento compartido, la sensación de que algo más grande nos ha unido por un instante. Y aunque el artefacto ya no exista, la música se queda. No puedo sacarla de la cabeza. Ni quiero.”

Respiro hondo, dejo que el aire salado me limpie los pulmones y miro el horizonte.

- Keehkekeke… ¿quién quiere otra aventura?

Digo en voz alta, levantándome con esfuerzo. El cuerpo duele, sí, pero el corazón está más ligero que nunca.

Off
#29
El polvo del artefacto se me resbala entre los dedos, cálido aún tras la canción, como si guardara la memoria de esa voz coral que nos envolvió a los tres.

Por un instante, me quedo así, en cuclillas en la arena, con la concha deshecha entre las manos. El Corazón del Mar… no era oro, ni joyas, ni poder. Era música. Una despedida. Una promesa, quizás. Algo que nadie más que nosotros escuchó. Y eso… eso vale más de lo que esperaba encontrar en aquel barco maldito.

—Si no hay fuego, no somos nosotros… —murmuro, casi con una sonrisa, recordando cómo han volado las cosas gracias a Casca.

Miro a mis compañeros. Casca, como si acabara de despertarse de una siesta, su cigarro intacto pese al caos. Pralder, enorme, aun respirando con dificultad, pero con una expresión que nunca le había visto. Una mezcla de alivio, gratitud… y pertenencia.

Me pongo de pie despacio, limpiándome las manos en la ropa sin mucha elegancia. El gas sigue en mis pulmones, pero el antídoto está haciendo su parte. No me caí en el barco, y no me caeré ahora.

—No ha estado mal —digo, más para mí que para ellos—. Trampas venenosas, estructuras inestables, secretos ocultos. Bastante estándar, ¿no?

Me giro hacia el mar. El barco ya es un recuerdo flotando entre espuma y madera rota.

—Pero esa canción… —respiro hondo—. Esa canción no la olvidaré. Aunque lo intentara.
Y no lo haré.

Nos miro de nuevo. No sé qué nos deparará el futuro, ni cuál será nuestra próxima aventura, pero compartimos algo que nadie más podrá entender. Y eso basta.

—Vamos —añado, dando el primer paso hacia la vegetación—. Antes de que algún tonto decida venir a buscar el tesoro que ya no existe.

Y con el sol bajando en el horizonte, el mar en calma y la melodía aún en el pecho, me alejo con ellos. Sin mirar atrás.

Pero con una sonrisa.
#30
Todo tiembla. El mundo se parte en astillas que crujen bajo mis pies y cada tabla que se quiebra me recuerda que estamos a un latido del fondo del mar. No grito. No hace falta. Bigotes lo entiende. Lo ve. Lo siente. El muy bruto, con esa mole de músculos y bondad que es, levanta a Rimera y la deja caer con una furia que sacude incluso al aire. La madera resiste por un segundo. Solo un segundo. Luego cede. Rimera vuelve a caer, y esta vez… esta vez nos abre un camino. Un agujero hacia la vida.

Siento el golpe en el pecho antes de que suceda. No es físico, no todavía. Es esa sacudida que te dice: “Muévete o muere”. Corro. No sé si mis pies tocan suelo o si mis alas quieren reaccionar por instinto, pero las mantengo plegadas, aferradas a mi espalda. Me lanzo tras Bigotes, y por el rabillo del ojo veo a Rosita. No grita. Solo corre también. La maldita siempre es rápida.

Todo es polvo, astillas, aire denso y adrenalina. La estructura cae, ruge como un leviatán herido. El barco, ese gigante dormido, se desmorona en cámara lenta mientras cruzamos el umbral que Bigotes abrió con su terquedad semigigante.
Y entonces… silencio.

Solo polvo. Y tres siluetas que emergen tosiendo, cubiertas de madera, sal y algo que solo podría describir como historia. Nos encontramos entre miradas, entre jadeos. Seguimos vivos. Por alguna condenada razón, lo conseguimos.

Y ahí está. El cofre. No más grande que una sandía, con más misterio que un mapa sin tinta. Rosita lo abre. El Corazón del Mar. Un espiral blanco, pálido, como si el tiempo lo hubiera estado besando para robarle el brillo. Pero tiene algo. Algo en la punta. Lo apretamos. No sé quién lo hace, pero yo también lo haría. La curiosidad siempre ha sido más fuerte que el sentido común.

Y entonces lo escucho.

Primero un piano. Luego voces. Muchas. La canción es vieja, lo sé sin saber cómo. “Yohoho yohoho, yohoho yohoho…” La melodía es tan antigua como el viento, como las historias que se susurran entre piratas antes de dormir. No entiendo cómo, pero la siento mía. Como si ya la hubiera oído de niño, en la voz rota de algún borracho que hablaba de tesoros malditos y mares que cantaban.

El Corazón del Mar se deshace. Lo veo, grano a grano. El polvo cae entre nuestros dedos, como si nunca hubiera estado allí. No hay oro. No hay gloria. Solo canción. Solo ese eco imposible que ya no puedo sacar de mi cabeza.

Y el barco… La Sombra del Mar… se lo traga el océano. Como si supiera que su propósito ya terminó. Como si ese canto hubiera sido su epitafio.

No digo nada. No necesito hacerlo.

Solo camino con ellos, con Bigotes y Rosita, alejándonos de la playa. Dejando atrás la historia, pero llevándola dentro. ¿Un corazón de mar que canta antes de morir? Claro. Por eso son leyendas.

Y si me preguntan… sí, sonrío. Porque aunque mis bolsillos estén vacíos, mi corazón tararea. Y eso, eso vale más que cualquier tesoro.

"Supongo que no se puede hacer nada, espero que no se me haya mojado el tabaco", pienso, sacudiendo la cajetilla momentos atrás en mi bolsillo y prendiendo uno.

OFF


Nos alejamos de la playa en silencio. Las huellas que dejamos se borran pronto, tragadas por el vaivén lento de las olas que siguen lamiendo la arena, como si no quisieran que nos llevemos nada. Miro una última vez hacia atrás, hacia el sitio donde se deshizo el Corazón del Mar, donde la canción terminó… y donde, sin querer, empezamos a funcionar como tripulación.

Rosita camina unos pasos por delante, los brazos cruzados, como si pudiera atrapar en su pecho ese momento antes de que se disuelva en el viento. Bigotes se retrasa un poco, recogiendo a su modo el aire del lugar con sus carcajadas y su mirada nostálgica. Yo voy en medio, manos en los bolsillos, alas bien plegadas, y un vacío raro en el estómago. No hambre. Algo más complicado.

“Keehkekeke… vaya final”, dice Bigotes por detrás, y lo oigo sin girarme.

No le contesto. Pero en mi cabeza su frase se queda flotando, como la melodía que aún zumba en el fondo de mis pensamientos. La canción no se va. Tampoco quiero que lo haga.

No sé qué clase de magia encerraba esa concha, pero durante esos tres minutos… no pensé en mi madre, ni en Akauri, ni siquiera en Eleon. Solo pensé en ellos dos, en esta playa, en esa música. Y por primera vez en mucho tiempo, no me sentí a la defensiva.

Caminar así, con esa calma… se siente sucio. Como si no debiera. Pero lo hago. Porque lo merecemos.

"La próxima vez…" pienso en voz baja… "debería dar algo de dinero. Algo real. Porque si vamos a seguir en esto" —y parece que sí— "más me vale aprender a cuidar lo que me importa, antes de que desaparezca como ese maldito polvo blanco. Y poder invitarles a una ronda no estaría mal, no se puede hacer nada."

Keehkekeke… Bigotes pregunta si alguien quiere otra aventura.

No respondo. Pero no freno el paso.

Y eso ya dice demasiado.

2ºPost


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