[Aventura T-3] Desencadenados.
#11
Inventario




Todo iba de puta madre.

Desde lo alto del tejado, tenía todo bajo control. Mi sombra se deslizaba sin ruido, los focos estaban apagados, Berry camuflada como un perfecto seto y Atlas… bueno, Atlas debía de estar ya cerca de su objetivo. El aire estaba tenso, sí, pero a favor. Íbamos por delante. Por una vez, todo parecía salir bien.

Hasta que no.

Un crujido. Apenas un suspiro de madera. Pero suficiente.

El tejado gimió bajo mis pies como si la mansión entera me hubiera señalado con el dedo. Me congelé. Y entonces, lo escuché. Justo detrás de mí.

—Te dije que un pajarraco había anidado en el techo.

Me giré en seco, ya con la espalda erguida, la katana cargada de intención en la cadera y la mirada fija en él. Era un crío. Pelo verde, manchas negras por la piel y un cuerpo que gritaba hambre, pero el aura que soltaba… joder, eso no era de un puto niño. Era esa mierda que te mete frío en los huesos. Como estar frente a Muzán.

Y entonces ella habló.

La vi moverse antes de entender lo que decía. Cabello blanco. Tatuajes como ramas muertas. Una belleza podrida desde dentro. Su voz vibraba como un cristal a punto de romperse.

—¡Ya están aquiiiiii! ¡TODOS PREPARAOS PARA JUGAAAAAAR!

Salió disparada tejado abajo como una araña en celo. Al tocar el suelo, se lanzó hacia la entrada gritando como si acabara de soltar un demonio de su jaula. En ese instante, los focos estallaron en luz. Todo se bañó en blanco. El jardín, los esclavos, el porche. Y Berry…

Berry quedó expuesta, como una silueta atrapada en una pesadilla fluorescente. Iba a tardar en perdonarme a mí mismo haberla cagado así... 

La peliblanca sonrió como una bestia que huele presa.

—¡Vigilad el perímetro! ¡Esa zorrita… ES MÍA!

Por mí parte tenía que encarar al que seguía ahí arriba conmigo.

Él no se movía. Solo me miraba. Tranquilo. Como si me esperase.

No iba a esperar una mierda.

Las alas estallaron con violencia detrás de mí, lanzándome al frente como una bala en llamas. El aire me azotaba la cara, y su figura crecía en mi campo de visión. Fui directo a él con la diestra cargada, el puño cargado como si fuera a romperle la mandíbula.

Pero no.

Justo cuando estuve a su altura, hundí el cuerpo hacia él, esquivando su defensa y cerré el agarre a la altura de su pecho. Mi brazo izquierdo se enroscó bajo su axila derecha, cruzando su torso con fuerza. El derecho se ancló firme, como una garra viva. Su cuerpo quedó atrapado. Sus brazos elevados por el impulso, bloqueados, sin posibilidad de bajar la mano para buscar ningún arma.

Mi cuello quedó encajado justo bajo su axila izquierda. Peligroso, sí. Pero me bastaba un suspiro para acabar con él si intentaba algo raro. En ese punto, ya lo tenía sujeto.

Y no le di ni medio segundo para pensar.

Las llamas rugieron en mi espalda y alzamos el vuelo de golpe, elevándome un poco en diagonal hacia el sentido contrario de donde se encontraba Berry, con él como si arrastrara un saco de huesos. El tejado se encogía abajo, el aire nos envolvía en un torbellino de tensión pura. Lo sentía forcejear. Y una vez estuve a doce metros de altura lo lance con todas mis fuerzas hacia afuera del tejado a la parte contraría de donde estaba Berry, con la intención de que cayese en el suelo y no en el tejado.

—¡A volar, hijo de puta! —gruñí entre dientes después de lanzarlo contra el suelo con todas mis fuerzas 

Su cuerpo surcó el cielo como un saco de plomo hasta estrellarse contra el suelo unos metros más allá de la mansión, con un impacto seco que hizo levantarse una humareda. La explosión de piedras, ramas y polvo al caer fue música para mis oídos.

Desenvaine a Kurimuzon y me quedé a flotando en el aire con mis llamas encendidas, ardiendo como si ellas mismas quisieran pelear. 

Off
#12
Las cosas parecían marchar viento en popa, aunque ese ruido, algo en su interior le decía que llamitas estaba demasiado gordito como para intentar colarse sigilosamente a un lugar. Entonces, todo ocurrió, una locura se desató entre gritos, cantos y un musical extraño que la zorra apenas comprendía. ¿Por qué ahora todos cantaban tanto? Suspiró tomando una postura erguida al ver su excelente camuflaje roto mientras se sacudía el pelaje, su rostro mostró una sonrisa divertida ante las amenazas de esa chica hacía bastante tiempo que deseaba enfrentarse a una mujer y finalmente tenía la oportunidad. Estiró sus brazos hacia arriba, haciendo que sus pechos rebotasen un poco, moviendo las caderas con extremo cuidado, evidentemente para ella aquello era un sueño y disfrutaría cada segundo que pudiese para presumir su cuerpo tallado por los dioses. Dudaba que los esclavos tuvieran algo así a diario, por lo cual también movió un poco su trasero para que tuvieran un recuerdo inolvidable de aquella noche — ¿Tuya? Para eso deberías invitarme antes un café, bebé, pero no tengo problemas en hacerte mía aunque tienes demasiada ropa para mi gusto. — musitó antes de ponerse en guardia moviendo su cola de lado a lado, entonces cuando la tuvo a rango de sus piernas la primer patada viajó rápido directo al mentón y con una velocidad envidiable. La mink estaba bastante orgullosa de su cuerpo y no temía en presumirlo. — ¡Oigan ustedes! ¿Por qué no se unen a la zorra más hermosa? Puedo liberarlos si me prometen luchar a mi lado, una zorra necesita a sus hombres de confianza ¿Verdad? — guiñó su ojo a los pobres esclavos antes de volver a lanzar una segunda patada, esta vez al costado de su oponente, la sucesión apenas tardó unos segundos en concluirse.

Saltó con gracia hacia los arbustos, si analizaba la situación había hecho lo correcto, primero centrar el foco de atención en ella y luego amenazar con liberar a los esclavos para que la mujer no pudiera pensar en otra cosa más que detenerla. Comenzó a zigzagear entre los arbustos al caer, saliendo cada tanto de alguno para asomar la cabeza o alguna parte de su cuerpo y enfadar a la muchacha que había decidido jugar con ella, bromear siempre solía alterar a quienes buscaban un combate prolongado, a veces decían que ella solo huía pero en realidad buscaba el momento preciso para acertar un golpe certero. Lastimosamente, los otros dos no conocían de su plan y entre el ruido y el caos era probable que terminasen por alertar a toda la mansión de su presencia ahí. — ¡Pronto llegarán los refuerzos! Desde el bosque, vendrán y no podrás contenernos a todos... — expresó entre risas mientras seguía escapando, había caído en cuenta de que no sabían bien cuantos atacarían y a lo mejor la amenaza de que más continuarían llegando podría provocar que dividiesen sus fuerzas en lugar de enfocar todo el arsenal en ellos. ¿Había que intentarlo verdad? Después de todo, muy pocos podían desconfiar de alguien tan hermosa como ella, la mink más guapa de toda su tribu y seguramente del mundo.

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Akuma
#13
La situación estalló de un momento para otro, aprovechando el caos Atlas surgió del suelo y acabó con el grupo que vigilaba el perímetro en un abrir y cerrar de ojos mientras cantaba una extraña canción que provoco que los esclavos parasen de trabajar para poner atención no solo a las palabras del mink, si no a su alrededor, no lograban entender que hacían esas personas allí, alguno que otro se quedo embobado con las curvas de la mink que tenían cerca de ellos, pero lo que les llamo notablemente la atención fue una llama que ardía con la potencia de un sol sobre el tejado de la mansión del esclavista Muzán, un lunaria como ellos se alzaba ante uno de los monstruos que tanto temían y sin dudar arremetía contra el, alzándolo por los aires para después lanzarlo hacia el suelo como el que se deshace de un pañuelo usado, estos soltaron las herramientas mientras se quedaban embobados mirando al Lunaria en el cielo, casi como un símbolo de libertad y con la pequeña esperanza de que estuviera aquí para liberarlos a todos.

Pero Gyu no estaba ni mucho menos derrotado, consiguió agarrarse al borde del tejado y bajar hacia el suelo, quedándose estático mientras miraba al lunaria, ahí arriba no podría atraparle y por lo que había dicho Muzán sabía como hacerle bajar de ahí, se encamino corriendo para dar la vuelta a la casa y llegó al porche justo para ver como Atlas desaparecía en el suelo y su hermana presa de la locura y las ansias de pelear no se había dado cuenta de ese pequeño detalle, de todas maneras tenía que moverse hacia donde estaba moviéndose Aki, pues por las palabras de su jefe sabía que el Lunaria no se quedaría de brazos cruzados al ver peligrar a los de su raza.

Cambiando de escena, Berry veía como Aki se acercaba a ella con algo de excitación por la inminente pelea entre las dos mujeres, instando a la peliblanca a tomar un café antes de denominarla como suya, colocándose en guardia y lanzando una patada al mentón de Aki, la cual con una sonrisa aún mas pronunciada esquivó agachándose y haciendo que la patada pasase de largo sobre su cabeza para luego soltarle un buen puñetazo a Berry en la boca del estomago, quedando a medio metro de esta dejando que pudiera escuchar su respiración excitada, para después esquivar su segunda patada y dejar que se aleje mientras reía como una desquiciada.

Pero lo que nadie pudo prever es que Atlas, quizás por el poco uso que había dado a su fruta hasta entonces cayó mas profundo de lo que esperaba, traspasando el suelo hasta llegar a una habitación fría y poco iluminada, de unos treinta por cuarenta metros, en ella se podían ver tres puertas hechas con barrotes de hierro, en las que quedaban a su izquierda y derecha, dos grupos de cincuenta lunaria en cada celda lo miraban extrañados y con miedo, pensando que podría ser otro de los captores y en la celda que quedaba frente a el, la que parecía vacía, se encontraba lo que parecía un hombre encadenado a la pared de pies y manos con claros indicios de haber sido golpeado una y otra vez, día tras día y del que solo podía llegar a distinguir en su rostro una mascara que asemejaba el pico de un cuervo.

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Bélico
#14
Inventario



Lo lancé con todo el peso del fuego, girando en el aire como si la rabia tuviera forma y nombre. Su cuerpo voló hacia el tejado, y por un instante, juraría que lo tenía.

Pero no.

El muy bastardo no se estrelló. En el último momento, vi sus dedos aferrarse con fuerza a la cornisa, uñas clavadas como garras, músculos tensos. Se impulsó y se dejó caer al suelo con una agilidad que no pegaba con ese cuerpo flaco.

—Hijo de puta... 

Cayó de pie. Silencioso. Con los ojos fijos en otro sitio.

Y entonces lo entendí.

Lo vi moverse. Giró la esquina de la casa, bordeando el muro en dirección al porche. No venía a por mí. No quería más fuego. Quería algo peor.

Iba hacia Berry.

Corría como una sombra viva, cruzando el terreno con los ojos puestos en mi compañera. Y cerca de ellos... Los esclavos, mi gente. Mi fuego.

—¿Je… vas a correr, fulana?

La rabia no fue un estallido.
Fue un disparo.
Y salí disparado.

Las llamas estallaron de mi espalda con violencia, dejando un rebufo ardiente al pasar cerca del tejado. El aire se encendió a mi paso, y recorrí los veinticinco metros que nos separaban en segundos, trazando un arco de luz incandescente por el flanco de la mansión.

Mis alas se replegaron justo antes de alcanzar su espalda.

No me escuchó llegar.

La katana ya estaba desenvainada, el filo iluminado por el fuego que brotaba de mis brazos, de mi espalda, de mi alma entera. Gyu no lo supo hasta que fue tarde.

—¡¡ᚠᚱᛖᛚᛋᛁᛋᚲᛖᚱ!!

El corte fue limpio.

Una línea trazada con precisión. Un tajo inclinado que cruzó su cuello desde la base, por la nuca, hasta la mandíbula.
Mi cuerpo pasó de largo tras él, ya habiéndolo atravesado. Ese golpe debería haberlo dejado medio inconsciente. 

Me detuve tres pasos después, sin girarme todavía. Justo delante de la puerta de la mansión. 

Y el silencio se quebró en el aire.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1356 + 0 = 1356
Energia: 1209 - 112 = 1097
Espiritu: 213 + 0 = 213
#15
La chica era rápida, había logrado evadir sus golpes pese a parecer desquiciada, no tenía nada que envidiarle a su oponente. El golpe no tuvo efecto en ella, aunque al notarlo decidió fingir, su astucia le hizo llevarse una garra al lugar del impacto y morderse el labio como acto reflejo. Las caricias le agradaban y eso había sentido, pero en pleno retroceso el gesto natural contribuyó incluso más a su actuación, hincó una rodilla al suelo y jadeó como si realmente le hubieran quitado todo el aire de un golpe. — Tsk.. eso dolió, no sabía que me encontraría a alguien tan fuerte... — masculló mirando al suelo, pero manteniendo el olfato alerta de la posición de esa humana. Berry tenía claro que siguiendo ese papel no lograría nada, su oponente no era lo bastante fuerte para dañarla pero ella no era lo suficientemente veloz para golpearle en ese estado. La pelea podría extenderse toda la noche y si deseaba sacar ventaja debía hacerlo de cualquier manera, alzo la mirada una vez la mujer entró en el rango que buscaba.

— Me rindo, no puedo vencerte en estos momentos... — sonrió levantando sus brazos y colocando su mejor sonrisa, todo parecía perdido y entonces algo cayó del cielo, por el sonido supuso que era llamitas. ¡El muy tonto se había caído del cielo! A lo mejor no sabía aterrizar, aunque eso podía darle la chance que tanto había esperado. La mink pareció desaparecer en un parpadeo, la humana a lo mejor pudo ver las párticulas de electricidad a su alrededor cuando la primer patada chocó contra su pierna, un latigazo negro se incrustó contra la entrepierna y entonces un grito. — ¡Brouette! — la voz de la zorra fue poderosa, al igual que el último golpe que buscó la columna a la altura de la cintura, en un giro sobre el suelo que se sintió como un destello en el firmamento dado la velocidad con la cual recorrió la distancia entre ambas mujeres.

La mink entonces retrocedió unos metros, la electricidad acariciaba su cabello azabache mientras miraba desde arriba a su oponente. — No sé si a los humanos les guste tanto la electricidad, pero no tengo problemas en darte alguna descarga... — alzó su garra derecha la cual resplandecía por la energía, la zorra parecía más dispuesta que nunca en acabar con su presa y por unos segundos Berry parecía otra persona. Claro, hasta que decidió dedicarle un besito a su oponente, tratando de que siguiese centrada en ella y no interfiriese en la lucha que Kelo estaba teniendo.


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Técnicas

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Akuma
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1778 + 0 = 1778
Energia: 1494 - 292 = 1202
Espiritu: 159 + 0 = 159
#16
La tierra se abrió en un vendaval de polvo y cascotes cuando el Mink cayó más hondo de lo previsto, como si la propia mansión hubiese decidido tragarlo para esconderlo allí donde el aire era húmedo y olía a óxido. No hubo tiempo de frenar la embestida impulsiva con su fruta, provocando que  su cuerpo atravesara vigas, tablones y un suelo de piedra poco sólida antes de aterrizar sobre los muslos flexionados, golpeando con sus puños para amortiguar y evitar que la fuerza del impacto llegara a las vértebras.

El estrépito resonó en aquella estancia subterránea y el eco hizo temblar los candados. Atlas alzó la cabeza con el jadeo aún prendido a sus costillas y enmudeció; a derecha e izquierda, dos jaulas se alineaban contra muros rezumantes de humedad. Cincuenta Lunaria por lado, encadenados en fila, Huesos marcados bajo piel grisácea, alas prensadas con grilletes que horadaban plumas. Frente a él, una tercera celda: menos barrotes, más oscuridad. Allí, colgado de argollas clavadas en la piedra, un hombre de tórax dañado... La máscara de pico negro que cubría su rostro lo volvía inhumano, quizá para que el tormento resultara menos personal a sus captores.

El Mink tragó saliva. la atmósfera áspera le raspó la tráquea. Cerró los párpados un instante para domar el impulso sangriento que clamaba por estallar otra vez. Cuando los abrió, la rabia se había destilado en decisión lúcida. Sabía que Kelo luchaba sobre el tejado, que Berry bailaba con la locura allá entre los setos. Él, en cambio, acababa de entrar en el corazón del infierno.

-Calma, irmãos. Eu não sou carcereiro… Sou Atlas Gomes Lupus, e estas correntes vão cair. -su voz retumbó en portugueses graves, lenta y clara para que el miedo no llenara los huecos de la incertidumbre- Prometo, pela minha vida, que hoje ninguém dorme nas algemas.

Muchas cabezas se inclinaron, sin comprender el idioma pero entendiendo la intención; otras se aferraron a la desconfianza. Aun así, en aquellos ojos comenzó a prenderse un rescoldo. El Mink alzó el manojo de llaves que colgaba de su antebrazo gigante, trofeo arrebatado segundos antes de que el suelo le fallara. Había veinte, treinta formas metálicas retorciéndose en una argolla.

Caminó hasta la primera celda de la derecha. Los candados se resistieron apenas un segundo bajo sus dedos firmes; un chasquido bastó para abrir la verja. En cuanto el cerrojo giró, abrió la celda. y así fue repitiendo poco a poco con cada una

-Ayudadme, mis compañeros y yo estamos intentando liberar a todo el mundo. Yo soy Atlas, mis compañeros son una Mink llamada Berry y un Lunarian llamado Kelo. ¿Nos apoyariais?.

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Gastos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 772 + 0 = 772
Energia: 353 + 6 = 359
Espiritu: 54 + 0 = 54
#17
Kelo logró interceptar al chico de manchas en la piel, propinándole un buen corte y haciendo que su carrera frenase mientras se retorcía de dolor, Berry por su parte, tras una gran actuación logró que la chica bajase lo suficiente la guardia creyéndose vencedora, pero ganando a cambio tres golpes que la hicieron enfurecer, pero por alguna razón sus piernas no funcionaban como deberían y recordó esas pequeñas partículas eléctricas, las reconoció pues su antiguo compañero de rango Zaraki era capaz de usar ese extraño poder elemental, ambos hermanos se colocaron espalda contra espalda, encarando cada uno a su enemigo y sin mediar palabra giraron sobre si mismos cambiando el objetivo, el hermano menor se lanzó hacia la mink sacando de la parte interior de la camisa una daga con forma de pico de cuerpo y lanzó un corte hacia el brazo derecho de la mink, su lógica era simple, si su hermana no había podido dañarla con sus fuertes golpes, el único camino era el acero, aunque el no fuera muy diestro en ello. 

En el sótano, Atlas lograba calmar a los pobres esclavos que allí se encontraban atemorizados, este comenzó a liberar uno por uno a todos y les aseguraba que habían venido para rescatarlos a todos, el notarse desencadenados hizo que los cien lunaria rugieran haciendo temblar los cimientos de la mansión. Solo era un grito, pero tantas voces hacían que pareciera el rugido de una bestia mitológica, los lunaria al unísono juntaban sus voces creando un sonido parecido al del señor de los cielos, eran un dragón. Salieron como una estampida hacia las escaleras que llevaban al recibidor de la mansión y poco tardaron en escucharse los claros sonidos de la batalla dentro del recibidor, fue entonces cuando el hombre encadenado habló.

"Te refieres a Redsmoke Kelo? Déjame salir de aquí y te llevare donde tienen a Sigurd."

La voz ya era floja de por si, pero por suerte nuestro cánido amigo contaba con un sentido del oído que le permitía escuchar las palabras del hombre que parecía moribundo, la decisión era totalmente suya.

Volviendo al enfrentamiento entre los hermanos, Berry y Kelo, este ultimó se vio sobrepasado por la velocidad de la chica, tanto que a sus ojos por un momento desapareció, pero justo cuando lo hizo un disparo resonó en todo el lugar, venía de la espalda de Kelo, a unos buenos ciento veinte metros, la bala paso mientras hacia gemir al aire a apenas medio centímetro de la mejilla derecha de Kelo y impactó directamente en la frente de Aki, haciendo que fallase el golpe aunque no recibiese daño por ello. Desde su posición mas alejada los lunaria eran capaces de distinguir algo en la distancia desde donde había nacido el disparo, un fuego casi tan potente como el que habían visto en el lunaria que ahora tenían a pocos metros brillaba en la copa de un árbol fuera del terreno de la mansión, tal era el brillo junto al de los focos que todos en el patio si mirasen hacia esa dirección, podrían apreciar dos grandes alas abiertas, una de color negro y la otra claramente pintada, pero de color blanco.

OST

Me escondía fuera del recinto de la mansión, técnicamente no había roto la promesa que le hice a Kelo, pues no había entrado en la mansión, pensaba que podría confundirme con un enemigo así que le pedí al Tío Ragnar que pintase una de mis alas de color blanco, sabía que el cazurro de mi hermano lo entendería nada mas verlo, sabría que no tendría que preocuparse de un francotirador enemigo y por lo menos podría aliviarle algo la carga de pelear por nuestra familia, ese pensamiento se concentraba en mi mente cuando vi desde la mira de mi rifle como la chica miraba a mi hermano, afiancé el dedo en el gatillo con el pensamiento de que ya perdí a mi familia una vez y no volvería a hacerlo. Apreté el gatillo y el disparo llegó justo a la frente de la chica, desde esta distancia no sería capaz de causar daño, pero si podía molestar para que peleasen mas tranquilos, fue cuando se escucho un rugido que hizo temblar toda la zona, justo después de mi disparo, cuando abrí las alas y hice arder el fuego en mi espalda a máxima potencia.

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HIDE
#18
Inventario



El estruendo del disparo partió el aire como un trueno divino.

Durante un instante, todo se congeló.

Mis ojos, fijos en Aki, no alcanzaban a seguir sus pasos. Se desvaneció como un destello y lo siguiente fue un zumbido abrasador casi rozándome la mejilla: una bala. Sentí cómo cortaba el viento a escasos milímetros de mi cara y, tras ella, el cuerpo de Aki frenó en seco. No hubo sangre… pero tampoco golpe. Su ataque había fallado.

—...Vale.—pensé. No sabía que coño había sucedido pero no iba a esperar para averiguarlo.

Inspiré.

El fuego Lunarian brotó desde mi espalda con un rugido que hizo arder el viento. Mi piel se endureció. El mundo pareció encogerse.

Me incliné hacia delante.

Una nube de polvo estalló de la nada. Mi cuerpo crujió al transformarse. Mi camisa se rasgó como si no pudiera contener el poder que estaba a punto de liberar. Las motas de fuego flotaron a mi alrededor como luciérnagas de otro mundo.

Había vuelto a mi forma híbrida. Y esta vez no pensaba contenerme. Pensaba aprovechar es apertura en su defensa. Y me lancé. La tierra tembló bajo mis zancadas. Mi cuerpo atravesó el campo como una maldita tormenta de acero y llamas. El filo de Kurimuzon silbaba, hambriento.

Mi cuerpo giró en el aire con una voltereta brutal, como una peonza en llamas, y mi último impulso me llevó de largo. Pasé rozando a Aki y la dejé atrás. Mi objetivo no se me iba a escapar.

Gyu estaba de espaldas. No sabía lo que se le venía encima.

La katana brilló.

—SHISHI GEKI. —escupí el nombre de mi técnica como un presagio.

El primer corte fue limpio, certero, en su mentón. El impacto lo levantó del suelo medio metro, tambaleándose como un muñeco.

Y ahí, justo antes de que sus ojos se cerrasen, le solté un segundo tajo, esta vez en el cuello, sin adornos. Letal.

Aterricé con una voltereta lateral, la katana en guardia, cayendo al lado de Berry.

Los dos, hombro con hombro. Sus ojos centelleaban como fuego de pólvora.

Mi mirada, instintivamente, se alzó hacia el origen de aquel disparo. Y entonces lo vi.

A lo lejos, más allá de la verja de la mansión, en lo alto de un árbol alzado como un monolito de sombras y viento, brillaban dos alas. Una negra, como las brasas apagadas de nuestro pueblo; la otra, blanca, casi celestial. Y entre ellas, un fuego abrasador estallando en la espalda de un francotirador solitario: Djangus. Mi hermano. Mi sangre. Su promesa seguía intacta, no había entrado en la mansión, pero desde fuera nos protegía. Sonreí, entre la sorpresa y la furia. No sabía qué coño pasaba exactamente, pero lo entendí todo al instante. El muy cabrón estaba diciendo: “No estás solo, idiota.”

—¿Lista? —pregunté sin mirarla.

Ella sonrió, los colmillos asomando por el labio.

Y entonces, preparándome para luchar codo a codo junto a Berry dije:

—La lleváis clara si pensáis que vais a salir vivos de esta, trozos de mierda con hepatitis.

Aunque no me di cuenta del todo debido al disparo, un gran estruendo comenzaba a resonar proveniente del interior de la mansión... 


Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1356 + 0 = 1356
Energia: 1097 - 96 = 1001
Espiritu: 213 + 0 = 213
#19
La zorra se decepcionó bastante al ver el cambio de rivales, le estaba gustando luchar contra la chica y ahora debía encargarse de su hermano, suspiró al ver el pobre intento del chico para alcanzarla. No tuvo que esforzarse, su velocidad era más que suficiente para dejarle en el olvido fácilmente con un leve movimiento de cuerpo que seguramente al humano le pudo parecer un parpadeo. Nadie era rival para la diosa zorra del trueno cuando decidía pelear enserio, simplemente que ella no consideraba al muchacho alguien muy listo, estaba por realizar su siguiente movimiento cuando llamitas intervino, era claro que ambos estaban decepcionados del cambio de rival pero aquel disparo pareció darles la apertura perfecta para aplastar a uno de los dos como equipo. ¿Y qué mejor que deshacerse del más feo para jugar tranquilos con la hermosa muchachita? Sonrió al ver la apariencia de su compañero, no sabía que también era parte mink pero ahora comenzaba a caerle mejor tras haber arruinado los planes de la infiltración silenciosa. — ¿Lista? Creo que este chico no se ha dado cuenta que ya no juega... — bromeó saliendo a toda velocidad, un golpe seco, una buena patada realizada al cuerpo del muchacho derribado y tras eso la zorra sonrió levantando nuevamente la pierna. — ¡Levrette! — la guillotina cayó directo al cuello, la mink no se preocupó si aquello le había roto el cuello o directamente descabezado, ella tenía un objetivo en mente y era algo que nadie podía quitarle ahora. La electricidad pareció tomar más volumen a la par que la zorra se desplazaba cual cohete hacia Aki, era su preciado trofeo y pensaba darle un tratamiento exclusivo.

— ¿No querías hacerme tuya? Creo que te has puesto tímida, pero te mostraré lo bien que mis piernas aprietan bomboncito... — susurró antes de impactar con una patada la pierna débil, aquella que ya había golpeado y suponía era la de apoyo, sin embargo, no se alejó aprovechando el ángulo ascendente de la patada se aferró con una tijera al cuello de la humana, apretando fuertemente y clavando sus garras como garfios ardientes en los brazos de la mujer. Fue un movimiento que pareció durar un segundo para ella pero seguramente había sido muy rápido, su velocidad al usar el electro era una locura y lo bueno es que siempre aumentaba. — Llamitas, creo que algo pasa adentro de la mansión, acabemos con esto rápido no me parece que se quiera dormir por las buenas. — advirtió la mink estrujando el cuello con sus muslos electrizados, su pelaje no dejaba de realizar descargas de electricidad a la par que sus hermosas piernas dotadas de musculatura tras arduos entrenamientos se volvían tan peligrosas como el gancho de una máquina, entrelazadas y cada vez con más fuerza. La intención era clara, reventarle el cuello como si fuese una sandía, ver su cabeza azul y tras asegurarse que no era un problema entrar a la mansión, los esclavos del jardín a lo mejor estaban viendo todo. — ¡Oigan ustedes! No se queden mirando y vengan a cobrar venganza contra esta chica, no se preocupen, de mis muslitos no se escapa... — bromeó aprovechando la superioridad numérica que en un momento habían logrado, no eran dos contra dos, ni dos contra uno, eran treinta y dos contra una sola chica. — Soy la mink más zorra que encontrarán, pueden decirme la zorra de su libertad, como un faro iluminaré su camino. Solo vean como esta preciosura brilla por mis descargas... — intentó inspirar con su característico toque de humor, tensando sus piernas para evitar cualquier movimiento brusco e incrustando sus garras incluso más profundo en la suave piel de su oponente.

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Belicosas

Karmas usados

Técnicas

Inventario

pasivas

Akuma
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1778 + 0 = 1778
Energia: 1202 - 303 = 899
Espiritu: 159 + 0 = 159
#20
El rugido unificado de los cien Lunaria retumbó por los tabiques como si un dragón primigenio husmease dentro de la piedra en busca de grietas. El aire se volvió denso, vibrante, cargado de polvo desprendido de las juntas. Entre aquel estrépito de alas encadenadas recién liberadas, la voz frágil que surgió de la celda frontal llegó a sus orejas con la nitidez de un silbido que corta la niebla.
Cita:—«¿Te refieres a Redsmoke Kelo? Déjame salir de aquí y te llevaré adonde tienen a Sigurd.»

Atlas se volvió despacio, sin dejar de sujetar al hombre maltrecho que ya había amarrado a su propio hombro con la banda de cuero que antes portaba el llavero. Acercó el hocico hasta casi rozar la máscara de pico, y, en un susurro ronco, respondió en su lengua:

-Calma, irmão. Tua liberdade agora é promessa gravada na pele. Woof.- la garra enorme introdujo una llave, giró; el hierro crujió y se abrió -Anda comigo, precisamos de cada sopro de coragem lá em cima.- La cerradura cedió, y los grilletes vencieron con un tintineo de derrota metálica. Tomando al hombre con cuidado. Atlas avanzó despacio, paso firme y pesado, con el hombre del pico apoyado en su flanco y el llavero tintineando como campanillas fúnebres. A cada zancada, retomaba el himno...

-¿Como es posible que os hayan encerrado a todos por aquí?, ¿Tan fuerte es ese tal muzan?, me soprende muchísimo, la verdad.... woof.- 

Y escuchó una detonación.
Un disparo preciso. Limpio. Se propagó como un latido, y luego... un rugido mayor. Como si el fuego respondiera al clamor.
El Mink sonrió.
—Kelo… você tem uma família linda, cara. —dijo con una voz áspera, orgullosa— Até os céus tão do nosso lado.
Comenzó a ascender. Lentamente. Paso a paso. Con el hombre en brazos, con los gritos de los Lunaria resonando por delante, y con una canción en la garganta que ya no era solo suya, sino la de todos los encadenados:

Resumen

Gastos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 772 + 0 = 772
Energia: 359 + 8 = 367
Espiritu: 54 + 0 = 54


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