20-07-2025, 07:23 PM
El tiempo es esa rueda que gira sin parar, inexorablemente, para toda criatura viviente. Era irónico que Kisuke Kageyama, el recientemente proclamado como nuevo Gran Líder del Ejército Revolucionario, tuviese en su mente la meta de liberar al mundo del yugo del Gobierno Mundial, cuando todas las cosas existentes en el universo estaban sujetas al despiadado e inalterable paso del tiempo. Por eso, antes de que se diese cuenta, con todo lo que estuvo haciendo durante aquel tiempo, habían transcurrido muchos meses, y, aún así, el tiempo pasado durante su estancia en la isla Gyojin no fue en vano.
Poco después de su reunión con los mandos del Ejército Revolucinario, entre los que estaba el afamado Gol D Ick, se reunieron tanto Panda como el antiguo pescador con el pirata Garnet Matlock, para que este les enseñase un nivel superior del kenbunshoku haki, con el que sus habilidades de combate se incrementarían notablemente. Fue una experiencia curiosa para Kisuke compartida con su amigo Panda, en el que el estrambótico pirata les instruyo muy a su manera en el fino arte de la percepción extrasensorial que ofrecía el haki de visión, siendo que, además, este tipo de habilidades más abstractas eran algo que le costaba siempre, pero al final pudo obtener ese nivel de habilidad con ese haki, lo que le hizo volcarse aún más en su entrenamiento particular para conseguir dominar su fruta.
Su akuma no mi, la susu susu no mi, la logia del hollín. Aquella habilidad había sido muy costosa de dominar para el antiguo pescador, y estuvo varias semanas centrado única y exclusivamente en dominar aquella habilidad, cuando podía entrenar, ya que sus nuevas obligaciones como Gran Líder del Ejército Revolucionario pasaban, entre otras muchas cosas, en montañas de papeleo que tenía que revisar a diario, como informaciones del West Blue, del que le habían hecho cargo, ordenar misiones a los comandos establecidos en aquel mar, y, algo que le había agarrado bastante el gusto, en adiestrar a nuevos reclutas, especialmente en aquellos que estaban interesados en dominar el arte de la espada, teniendo en cuenta las habilidades de Kisuke. Las tareas ejecutivas que tenía que llevar a cabo eran un tanto complicadas para Kisuke, al fin y al cabo, él era un hombre de acción directa, más que de estar en un despacho leyendo papeles y trazando planes para las misiones que tenía que encomendar a sus subordinados del West Blue. Además tuvo que aprender a escribir crípticamente por si interceptaban las órdenes, lo cual fue complicado para alguien que tiende a ser directo y honesto como Kisuke. Sin duda, aquella parte de su nuevo rango era algo que detestaba profundamente, pero no tenía más remedio que hacerlo para no poner en riesgo las misiones. Por otro lado, el entrenar a novatos, le permitió descubrir a jóvenes promesas y gente que podía aportar mucho a la causa, al menos en combate. Lo único malo, a pesar de que era un maestro paciente y comprensivo, era también inflexible y no permitía que sus alumnos pensasen que tenían más nivel del que realmente tenían, por lo que, aunque no se empleaba al cien por cien nunca cuando practicaba con ellos, no permitía que le llegasen a tocar, al menos no sin derrochar esfuerzo e ingenio para lograrlo. Un par de veces permitió que llegasen a contactarle en el hombro y en la pierna, como premio a su esfuerzo. Aún así siempre les decía lo mismo:
-Debéis superar vuestros límites, aquí y ahora.
Todo eso con un único objetivo, que no se conformasen con su nivel, que no dejasen de entrenar nunca, de mejorar y pulir sus habilidades. También les hacía mucho hincapié en que no solo tenían que entrenar con la espada, también debían fortalecer su mente y su espíritu, y les hacía ejercicios de concentración y les ponía a leer libros sobre combates y el arte de la espada para mantener sus cerebros tan activos como sus cuerpos. Realmente, esta parte de su nuevo cargo le gustaba y se sentía feliz ayudando a los jóvenes y a los novatos.
Todas estas tareas, apenas le dejaban tiempo al pobre Kisuke para estar tranquilo, estudiando sobre navegación o climatología, conectar más con sus katanas o simplemente pasear por el Reino Ryuugu, con sus amigos. Por eso mismo, no pudo notar como Zorak se iba alejando de los Toros Negros, poco a poco, hasta que él y Comi desaparecieron un día sin más. De primeras Kisuke no le dio más importancia, pues no era raro que su viejo amigo se fuese cuando necesitaba soledad, así que no se preocupó en exceso, hasta que, dos semanas después, le llegaron noticias de que ambos compañeros habían caído en acto de servicio. No le dieron más detalles al respecto, pero era algo que le mantuvo deprimido y triste durante muchos meses, en los que se centraba en sus labores ejecutivas y de adiestramiento de los nuevos reclutas.
Pero no todo eran malas noticias, la fama y la posición que tenían ahora los Toros Negros, había permitido que creciesen a nivel económico, con donaciones de gente que quería apoyar a la causa pero no tenían ni la fuerza, ni las habilidades para alistarse, como de los botines que requisaban a las bandas piratas o esclavistas de poca monta, que trataban de hacer fechorías y eran detenidos por el antiguo pescador. No obstante, no había tenido ningún combate de nivel reseñable en aquel tiempo, todos aquellos que habían encontrado fin a su viaje por culpa de Kisuke Kageyama no eran gente excesivamente famosa o peligrosa. Normalmente eran pobres diablos que por fortuna o por desgracia, pensaban que podrían hacer allí lo mismo que en alguno de los Blues o en islas del paraíso.
Y, aún así, a pesar de la ausencia de rivales de nivel en ese tiempo, Kisuke sentía que estaba creciendo en poder, sus habilidades estaban más refinadas, dominaba mucho mejor los hakis, y, por fin, tenía un dominio completo sobre su akuma no mi. Por fin era capaz de desvanecerse por completo en hollín a voluntad, las creaciones que hacía con hollín eran más refinadas y realistas, pudiendo pasar más desapercibido, y la velocidad a la que podía moverse convertido en hollín también se había incrementado. Había descubierto que su habilidad era muy útil y conveniente, quizá no tanto a nivel bélico pero si para realizar las misiones que requiriese el Ejército Revolucionario.
Por otro lado, tras la pérdida de Zorak y Comi, el escuadrón tuvo dos nuevas incorporaciones. Un enorme gigante invidente, a ojos de Kisuke, bastante gracioso, llamado Beto Matashita, y un mink gato, del que Kisuke ya había oído hablar en muchas ocasiones por parte de Zorak, quien le creía muerto, y que reabrió la herida de la pérdida de su amigo y del enorme marrano; el mink era Oxxy Coon. Era una persona bastante peculiar, pero era un buen tipo y, rápidamente, cuando ya se estaba mascando que tendrían que moverse pronto de aquella isla, viendo el tamaño del Saint Fermín y de Beto, se hizo cargo de la situación y con los ahorros de los cuatro miembros de los Toros Negros, compró el mejor galeón que estaba disponible, con sus habilidades para negociar, pudiendo dejar el resto del importe en el cofre de su nuevo barco, como fondo común para los Toros Negros. El barco fue bautizado como el "Grand Prix" con el que pretendían dar un revolcón al sistema y derrocar al Gobierno Mundial.
Un día, Kisuke recibió un informe preocupante de una pequeña isla del Nuevo Mundo, la isla Mogaro. Al parecer, el rey de aquella isla estaba abusando de manera excesivamente tiránica de la parte más desfavorecida de la población de su reino, incrementando brutalmente la presión fiscal, con la excusa del pago del Tributo Celestial. Ahí había cosas que no encajaban, más allá de que no era raro que los reyes oprimiesen con sus "impuestos por el bien de todos", si no porque hasta lo que él sabía por el informe económico de aquella isla, al menos el 65% de la población no podría hacer frente a un impuesto tan alto, y los que podían, muchos quedarían en el umbral de la pobreza y apenas tendrían lo justito para sobrevivir, a pesar de ser un reino que, aunque pequeño, tenía multitud de recursos, como ganadería, agricultura, minería y pesca. Aquella economía de subsistencia sin una industria realmente potente, hacía que el incremento abusivo de los impuestos fuese inasumible para la mayoría de la población. Aquello constituía un abuso de poder, y era una isla del Nuevo Mundo, que Kisuke estaba deseando navegar y explorar, por lo que dispuso todo lo que había aprendido en cuanto a burocracia en aquellos meses para solicitar que los Toros Negros se encargasen de liberar aquella isla del yugo del Gobierno Mundial y la tiránica monarquía que le rendía pleitesía a los tenryuubito.
A pesar de no haber recibido aún el visto bueno para llevar a cabo aquella misión, Kisuke se pasó los siguientes días, cuando sus demás obligaciones se lo permitían, y de las que, siendo sinceros, estaba bastante harto ya, a preparar la navegación y el barco para afrontar aquella travesía hasta aquel lugar, por lo que pasó por una tienda especializada en aparejos e instrumentos de navegación donde se agenció un log pose de tres esferas, que es el más adecuado para viajar por el Nuevo Mundo, según había leído en uno de los libros que había devorado durante aquellos meses. También llevó sus katanas a un artesano para que las pusiese a punto, para que estuviesen en el estado más óptimo posible. Aunque se había acostumbrado a su nueva vida allí, necesitaba volver a viajar, a navegar, a combatir, a luchar por un mundo mejor.
Unos días después, les llegó la autorización, junto con un paquete que contenía un Eternal Pose hacia la isla Mogaro, aunque antes de llevar a cabo cualquier intervención hostil, deberían comprobar de primera mano que lo que decían los informes era cierto. Ciertamente, aquello representaba una oportunidad excelente para medir las capacidades de infiltración de un grupo en el que el tipo más pequeño era un hombretón de dos metros y cien kilos. Tendrían que poner en juego todas su habilidades para la infiltración y para pasar desapercibidos. Los informes decían que aquellos que no cumplían con el tributo eran desahuciados de sus casas y obligados a vivir en la inmundicia, hasta que eran detenidos a la espera de una resolución de ejecución, según las palabras del propio rey "para limpiar las calles de delincuentes". No sabía cuanta gente podría haber muerto ya por aquellas medidas pero era imprescindible que se diesen la mayor prisa posible para evitar el mayor número de víctimas que estuviese en su mano.
Por lo tanto, tres días después de recibir la notificación, puesto que tenían que ponerles el coating a su barco para emerger en el Nuevo Mundo, los Toros Negros zarparon de nuevo en una misión, liberar el Reino Mogaro. El ascenso no estuvo exento de imprevistos y sorpresas, pero las habilidades y conocimientos de Kisuke, y la disposición de sus compañeros a acatar las órdenes concisas y precisas del antiguo pescador, supusieron que todo eso quedase en meras anécdotas, como lo cerca que estuvieron de ser devorados por un enorme pez abisal, o el rodeo que tuvieron que dar para evitar una terrorífica corriente en remolino que casi les arrastra. Al final, emergieron en medio de una poderosa tormenta, que puso a prueba las habilidades del antiguo pescador. No obstante, a pesar de lo problemática que era aquella situación, Kisuke se sentía feliz, feliz de estar de nuevo navegando, de surcar el océano, y, por fin, estar en el Nuevo Mundo.
Según le habían comunicado en la carta de autorización en la que le hicieron entrega del Eternal Pose, tendrían una travesía de cerca de una semana tras emerger hasta llegar al lugar de destino, por lo que tendrían que lidiar con varias situaciones que pondrían a prueba las habilidades de Kisuke al timón del Grand Prix, como tormentas eléctricas inclementes, vientos despiadados, granizadas absurdamente enormes, o lluvias torrenciales que casi hacían parecer que seguían navegando por el fondo marino, de lo empapados que terminaban, lo cual sirvió a Kisuke para comprobar en sus carnes que el estar mojado le impedía utilizar su habilidad.
Al final, el día 40 de primavera del año 16, tras muchos meses desde su partida de Sabaody, tenían a la vista su siguiente objetivo en lontananza. El suave viento fresco primaveral agitaba las ropas del Gran Líder y este sonrió al sentir la brisa marina en la cara, despejándole y haciéndole sentir libre. La isla Mogaro, de la cual podían ver, su orografía montañosa y los bosques que cubrían una parte de la isla. Se pusieron rumbo al pueblo Bayo, que según lo que había averiguado Kisuke, se trataba de un pueblito situado en la costa occidental de la isla. Allí desembarcarían, haciéndose pasar por una expedición científica para esclarecer la veracidad de los informes. Kisuke tendría que disfrazarse, obviamente, puesto que su Wanted era lo suficientemente alto y su participación en el incidente de Sabaody, meses atrás, tan sonada que le sería difícil pasar desapercibido. Por lo que tras dar las indicaciones para atracar el barco, les dijo a sus compañeros:
-Esta es una importante misión para el Ejército Revolucionario. Fingiremos ser una expedición científica y veremos si los informes son veraces. Si lo son, pasaremos a la acción tras trazar un plan de ataque. Evitad enfrentamientos innecesarios y recordad que estamos aquí para liberar a los ciudadanos de una tiranía. Eso es todo.
Apretó las vainas de sus katanas, Onikiba y Sode no Shirayuki en su cadera izquierda y con la mirada resuelta terminó la maniobra de atraque, dispuesto a cumplir con su misión.
Poco después de su reunión con los mandos del Ejército Revolucinario, entre los que estaba el afamado Gol D Ick, se reunieron tanto Panda como el antiguo pescador con el pirata Garnet Matlock, para que este les enseñase un nivel superior del kenbunshoku haki, con el que sus habilidades de combate se incrementarían notablemente. Fue una experiencia curiosa para Kisuke compartida con su amigo Panda, en el que el estrambótico pirata les instruyo muy a su manera en el fino arte de la percepción extrasensorial que ofrecía el haki de visión, siendo que, además, este tipo de habilidades más abstractas eran algo que le costaba siempre, pero al final pudo obtener ese nivel de habilidad con ese haki, lo que le hizo volcarse aún más en su entrenamiento particular para conseguir dominar su fruta.
Su akuma no mi, la susu susu no mi, la logia del hollín. Aquella habilidad había sido muy costosa de dominar para el antiguo pescador, y estuvo varias semanas centrado única y exclusivamente en dominar aquella habilidad, cuando podía entrenar, ya que sus nuevas obligaciones como Gran Líder del Ejército Revolucionario pasaban, entre otras muchas cosas, en montañas de papeleo que tenía que revisar a diario, como informaciones del West Blue, del que le habían hecho cargo, ordenar misiones a los comandos establecidos en aquel mar, y, algo que le había agarrado bastante el gusto, en adiestrar a nuevos reclutas, especialmente en aquellos que estaban interesados en dominar el arte de la espada, teniendo en cuenta las habilidades de Kisuke. Las tareas ejecutivas que tenía que llevar a cabo eran un tanto complicadas para Kisuke, al fin y al cabo, él era un hombre de acción directa, más que de estar en un despacho leyendo papeles y trazando planes para las misiones que tenía que encomendar a sus subordinados del West Blue. Además tuvo que aprender a escribir crípticamente por si interceptaban las órdenes, lo cual fue complicado para alguien que tiende a ser directo y honesto como Kisuke. Sin duda, aquella parte de su nuevo rango era algo que detestaba profundamente, pero no tenía más remedio que hacerlo para no poner en riesgo las misiones. Por otro lado, el entrenar a novatos, le permitió descubrir a jóvenes promesas y gente que podía aportar mucho a la causa, al menos en combate. Lo único malo, a pesar de que era un maestro paciente y comprensivo, era también inflexible y no permitía que sus alumnos pensasen que tenían más nivel del que realmente tenían, por lo que, aunque no se empleaba al cien por cien nunca cuando practicaba con ellos, no permitía que le llegasen a tocar, al menos no sin derrochar esfuerzo e ingenio para lograrlo. Un par de veces permitió que llegasen a contactarle en el hombro y en la pierna, como premio a su esfuerzo. Aún así siempre les decía lo mismo:
-Debéis superar vuestros límites, aquí y ahora.
Todo eso con un único objetivo, que no se conformasen con su nivel, que no dejasen de entrenar nunca, de mejorar y pulir sus habilidades. También les hacía mucho hincapié en que no solo tenían que entrenar con la espada, también debían fortalecer su mente y su espíritu, y les hacía ejercicios de concentración y les ponía a leer libros sobre combates y el arte de la espada para mantener sus cerebros tan activos como sus cuerpos. Realmente, esta parte de su nuevo cargo le gustaba y se sentía feliz ayudando a los jóvenes y a los novatos.
Todas estas tareas, apenas le dejaban tiempo al pobre Kisuke para estar tranquilo, estudiando sobre navegación o climatología, conectar más con sus katanas o simplemente pasear por el Reino Ryuugu, con sus amigos. Por eso mismo, no pudo notar como Zorak se iba alejando de los Toros Negros, poco a poco, hasta que él y Comi desaparecieron un día sin más. De primeras Kisuke no le dio más importancia, pues no era raro que su viejo amigo se fuese cuando necesitaba soledad, así que no se preocupó en exceso, hasta que, dos semanas después, le llegaron noticias de que ambos compañeros habían caído en acto de servicio. No le dieron más detalles al respecto, pero era algo que le mantuvo deprimido y triste durante muchos meses, en los que se centraba en sus labores ejecutivas y de adiestramiento de los nuevos reclutas.
Pero no todo eran malas noticias, la fama y la posición que tenían ahora los Toros Negros, había permitido que creciesen a nivel económico, con donaciones de gente que quería apoyar a la causa pero no tenían ni la fuerza, ni las habilidades para alistarse, como de los botines que requisaban a las bandas piratas o esclavistas de poca monta, que trataban de hacer fechorías y eran detenidos por el antiguo pescador. No obstante, no había tenido ningún combate de nivel reseñable en aquel tiempo, todos aquellos que habían encontrado fin a su viaje por culpa de Kisuke Kageyama no eran gente excesivamente famosa o peligrosa. Normalmente eran pobres diablos que por fortuna o por desgracia, pensaban que podrían hacer allí lo mismo que en alguno de los Blues o en islas del paraíso.
Y, aún así, a pesar de la ausencia de rivales de nivel en ese tiempo, Kisuke sentía que estaba creciendo en poder, sus habilidades estaban más refinadas, dominaba mucho mejor los hakis, y, por fin, tenía un dominio completo sobre su akuma no mi. Por fin era capaz de desvanecerse por completo en hollín a voluntad, las creaciones que hacía con hollín eran más refinadas y realistas, pudiendo pasar más desapercibido, y la velocidad a la que podía moverse convertido en hollín también se había incrementado. Había descubierto que su habilidad era muy útil y conveniente, quizá no tanto a nivel bélico pero si para realizar las misiones que requiriese el Ejército Revolucionario.
Por otro lado, tras la pérdida de Zorak y Comi, el escuadrón tuvo dos nuevas incorporaciones. Un enorme gigante invidente, a ojos de Kisuke, bastante gracioso, llamado Beto Matashita, y un mink gato, del que Kisuke ya había oído hablar en muchas ocasiones por parte de Zorak, quien le creía muerto, y que reabrió la herida de la pérdida de su amigo y del enorme marrano; el mink era Oxxy Coon. Era una persona bastante peculiar, pero era un buen tipo y, rápidamente, cuando ya se estaba mascando que tendrían que moverse pronto de aquella isla, viendo el tamaño del Saint Fermín y de Beto, se hizo cargo de la situación y con los ahorros de los cuatro miembros de los Toros Negros, compró el mejor galeón que estaba disponible, con sus habilidades para negociar, pudiendo dejar el resto del importe en el cofre de su nuevo barco, como fondo común para los Toros Negros. El barco fue bautizado como el "Grand Prix" con el que pretendían dar un revolcón al sistema y derrocar al Gobierno Mundial.
Un día, Kisuke recibió un informe preocupante de una pequeña isla del Nuevo Mundo, la isla Mogaro. Al parecer, el rey de aquella isla estaba abusando de manera excesivamente tiránica de la parte más desfavorecida de la población de su reino, incrementando brutalmente la presión fiscal, con la excusa del pago del Tributo Celestial. Ahí había cosas que no encajaban, más allá de que no era raro que los reyes oprimiesen con sus "impuestos por el bien de todos", si no porque hasta lo que él sabía por el informe económico de aquella isla, al menos el 65% de la población no podría hacer frente a un impuesto tan alto, y los que podían, muchos quedarían en el umbral de la pobreza y apenas tendrían lo justito para sobrevivir, a pesar de ser un reino que, aunque pequeño, tenía multitud de recursos, como ganadería, agricultura, minería y pesca. Aquella economía de subsistencia sin una industria realmente potente, hacía que el incremento abusivo de los impuestos fuese inasumible para la mayoría de la población. Aquello constituía un abuso de poder, y era una isla del Nuevo Mundo, que Kisuke estaba deseando navegar y explorar, por lo que dispuso todo lo que había aprendido en cuanto a burocracia en aquellos meses para solicitar que los Toros Negros se encargasen de liberar aquella isla del yugo del Gobierno Mundial y la tiránica monarquía que le rendía pleitesía a los tenryuubito.
A pesar de no haber recibido aún el visto bueno para llevar a cabo aquella misión, Kisuke se pasó los siguientes días, cuando sus demás obligaciones se lo permitían, y de las que, siendo sinceros, estaba bastante harto ya, a preparar la navegación y el barco para afrontar aquella travesía hasta aquel lugar, por lo que pasó por una tienda especializada en aparejos e instrumentos de navegación donde se agenció un log pose de tres esferas, que es el más adecuado para viajar por el Nuevo Mundo, según había leído en uno de los libros que había devorado durante aquellos meses. También llevó sus katanas a un artesano para que las pusiese a punto, para que estuviesen en el estado más óptimo posible. Aunque se había acostumbrado a su nueva vida allí, necesitaba volver a viajar, a navegar, a combatir, a luchar por un mundo mejor.
Unos días después, les llegó la autorización, junto con un paquete que contenía un Eternal Pose hacia la isla Mogaro, aunque antes de llevar a cabo cualquier intervención hostil, deberían comprobar de primera mano que lo que decían los informes era cierto. Ciertamente, aquello representaba una oportunidad excelente para medir las capacidades de infiltración de un grupo en el que el tipo más pequeño era un hombretón de dos metros y cien kilos. Tendrían que poner en juego todas su habilidades para la infiltración y para pasar desapercibidos. Los informes decían que aquellos que no cumplían con el tributo eran desahuciados de sus casas y obligados a vivir en la inmundicia, hasta que eran detenidos a la espera de una resolución de ejecución, según las palabras del propio rey "para limpiar las calles de delincuentes". No sabía cuanta gente podría haber muerto ya por aquellas medidas pero era imprescindible que se diesen la mayor prisa posible para evitar el mayor número de víctimas que estuviese en su mano.
Por lo tanto, tres días después de recibir la notificación, puesto que tenían que ponerles el coating a su barco para emerger en el Nuevo Mundo, los Toros Negros zarparon de nuevo en una misión, liberar el Reino Mogaro. El ascenso no estuvo exento de imprevistos y sorpresas, pero las habilidades y conocimientos de Kisuke, y la disposición de sus compañeros a acatar las órdenes concisas y precisas del antiguo pescador, supusieron que todo eso quedase en meras anécdotas, como lo cerca que estuvieron de ser devorados por un enorme pez abisal, o el rodeo que tuvieron que dar para evitar una terrorífica corriente en remolino que casi les arrastra. Al final, emergieron en medio de una poderosa tormenta, que puso a prueba las habilidades del antiguo pescador. No obstante, a pesar de lo problemática que era aquella situación, Kisuke se sentía feliz, feliz de estar de nuevo navegando, de surcar el océano, y, por fin, estar en el Nuevo Mundo.
Según le habían comunicado en la carta de autorización en la que le hicieron entrega del Eternal Pose, tendrían una travesía de cerca de una semana tras emerger hasta llegar al lugar de destino, por lo que tendrían que lidiar con varias situaciones que pondrían a prueba las habilidades de Kisuke al timón del Grand Prix, como tormentas eléctricas inclementes, vientos despiadados, granizadas absurdamente enormes, o lluvias torrenciales que casi hacían parecer que seguían navegando por el fondo marino, de lo empapados que terminaban, lo cual sirvió a Kisuke para comprobar en sus carnes que el estar mojado le impedía utilizar su habilidad.
Al final, el día 40 de primavera del año 16, tras muchos meses desde su partida de Sabaody, tenían a la vista su siguiente objetivo en lontananza. El suave viento fresco primaveral agitaba las ropas del Gran Líder y este sonrió al sentir la brisa marina en la cara, despejándole y haciéndole sentir libre. La isla Mogaro, de la cual podían ver, su orografía montañosa y los bosques que cubrían una parte de la isla. Se pusieron rumbo al pueblo Bayo, que según lo que había averiguado Kisuke, se trataba de un pueblito situado en la costa occidental de la isla. Allí desembarcarían, haciéndose pasar por una expedición científica para esclarecer la veracidad de los informes. Kisuke tendría que disfrazarse, obviamente, puesto que su Wanted era lo suficientemente alto y su participación en el incidente de Sabaody, meses atrás, tan sonada que le sería difícil pasar desapercibido. Por lo que tras dar las indicaciones para atracar el barco, les dijo a sus compañeros:
-Esta es una importante misión para el Ejército Revolucionario. Fingiremos ser una expedición científica y veremos si los informes son veraces. Si lo son, pasaremos a la acción tras trazar un plan de ataque. Evitad enfrentamientos innecesarios y recordad que estamos aquí para liberar a los ciudadanos de una tiranía. Eso es todo.
Apretó las vainas de sus katanas, Onikiba y Sode no Shirayuki en su cadera izquierda y con la mirada resuelta terminó la maniobra de atraque, dispuesto a cumplir con su misión.
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