[Salto temporal] El nuevo dueño del infierno
#1
Capítulo 1
— Sabor a derrota —

Chasqueé la lengua con una mueca amarga y más intensidad que de normal. Había algo que no andaba bien. Una molestia general que me rondaba e insistía en amargarme el momento. Un malestar... o una incipiente necesidad de... no sabría explicarlo. Estaba ahí, lo sentía, lo notaba. Sabía que de alguna forma se había quedado atrapado dentro de mi y no estaba siendo capaz de encontrar la forma y la manera de poder librarme de aquello. Había perdido la noción del tiempo al intentar calcular cuantas horas habían pasado mientras trataba de quitármelo de encima. No... ahora amenazaba con formar parte de mi, no importaba cuánto tratase de erradicarlo. Chasqueé la lengua de nuevo — Oe oe... me cagüen la puta — dije, mientras apoyaba la mano en el yelmo que descansaba sobre la mesa de mi escritorio. Lustig me miró alzando ambas orejas y con la lengua fuera, con ese aire de completo y absoluto subnormal que tenía y que - honestamente - tanta gracia me hacía. Qué tonto era — Estoy hasta los huevos ya — dije mirándole, y me senté en la silla frente al escritorio llevándome la mano a la boca.

Ni Viktor, ni Shoto, ni Lustig eran conocedores de aquel sentimiento y sensación de este momento. No sabía si en algún momento hubieran sentido algo parecido y deseaba que no fuera el caso. Esta impotencia era algo que no le deseaba ni a mi mejor enemigo. Ah... Triana Tempesta. Seguro que ella no se veía derrotada por tales tribulaciones. Volví a chasquear la lengua mientras mi lengua trataba de encontrar la respuesta a mis dolencias, la solución a mis problemas y la liberación de mi frustración. Pero parecía que cualquiera de mis esfuerzos sería en vano. Aparté el plato de comida que adornaba mi escritorio, los restos de ese muslo de pato, o faisán, o fuera lo que fuese ese ave y el pobre acompañamiento de patatas hervidas. No quería observarlo. No podía evitar sentirme derrotado, débil e inútil. De nada me servía la victoria de haría un par de días contra la división de Joe, si es que podíamos llamar victoria a ese entrenamiento. De nada me servía el trato con el Vicealmirante Ruina Nazi, o como se llamase. Todos esos logros eran insignificantes al lado de esta sensación de impotencia — ¡Joder! — dije, golpeando la mesa con mi única mano y poniéndome de pie, volviendo a llevar la mano a mi boca para arrancarme de un mordisco el guante que protegía mi mano, tirando del dedo índice del cuero y sacándolo de la mano que cubría, escupiéndolo con fuerza y malos modales sobre la mesa. Si padre me viese hacer esto...
Pero peor sería que me viese, a secas, o que me viese atribulado por tal minucia, o tal exabrupto que él sin duda consideraría algo menor. Tenía que superarlo. Tenía que conseguir discernir la forma de vulnerar ese punto débil y librarme de ese yugo. Tenía que hacerme más fuerte.

Llevé el índice y el pulgar al interior de mi boca, entre el paladar y la lengua y me topé, al fondo, con uno de los molares de mi mandíbula. Gracias a mi lengua sabía donde estaba y era el momento de acabar con aquello. Lustig se levantó, aún con esa cara de idiota, empezando a mover la cola — ¡Edmtoid madta logüefosh! — grité con la mano dentro de la boca, agarrando aquel pedazo de tendón atorado entre los molares de la parte superior izquierda de mi mandíbula. Ese pedazo de carne que se había quedado alojado entre mis dientes y que me había impedido incluso disfrutar de la comida que - aunque no fuera excelente - habían preparado Viktor o Shoto... no sabía cual, para poder mantenernos bien nutridos y dispuestos. Esa porción de... cartílago, tendón, piel... lo que fuera, ahora estaba entre mis manos. Estaba preso del agarre de las yemas de mis dedos. Era mi oportunidad, era mi momento. Había bajado la guardia y ahora era el momento idóneo para acabar con él. Como con cualquier enemigo. No importaba las veces que me presionasen o que tratasen de hundirme. Yo sobreviviría. Yo no muero. Me impondría a ellos como a este pedazo de carne y lo arrancaría con mis propias manos de donde quisiera aferrarse.
Separé las piernas a la altura de las caderas, semiflexioné las rodillas e incliné levemente mi torso. Sostenía a aquel hijo de puta con la mayor fuerza que era capaz de ejercer, pero si fuera posible que los músculos de mi mandíbula estuvieran apretando las raíces de mis dientes y juntándolas, eso es lo que estaba pasando. No entendía cómo podía aferrarse tanto a una causa perdida. ¡Yo era el vencedor! ¡Daba igual lo que se resistiera! ¡Ese pedazo de basura tenía los días... ¡¡los segundos!! contados!. Estiré con fuerza, la carne comenzó a resbalarse de la presión de mis yemas por la combinación de su propia grasa y la saliva de mi boca... pero no estaba todo perdido. Empezando a elevar mi haki en la estancia, de forma que Lustig retrocedió un par de pasos y emitió un ligero y breve gimoteo, mi presencia se negaba a verse doblegada por aquel pútrido e infecto contrincante. Mis uñas se juntaron en el último momento, cuando iba a terminar de librarse de mi agarre, e hicieron una pinza colosal sobre aquel fenómeno y molesto inquilino no deseado. Mi haki aumentaba, los vidrios de la estancia empezaron a temblar, mi temperatura corporal estaba a punto de dispararse y Lustig... sabía que esto era algo malo. Arrinconado en el fondo de la habitación me miraba con terror, con el mismo terror que tenía en su rocambolesco y estúpido rostro cuando lo conocí, acorralado y vapuleado por otros de su especie. Tenía que controlar mi temperatura y lo sabía, o Lustig sería el siguiente trozo de carne que se le quedaría en los dientes a alguien.

Noté cómo cedió levemente. Mis ojos se abrieron de par en par y mis fuerzas se redoblaron para sacarlo definitivamente de su improvisada prisión blanca. Ladeé la cabeza al sentido contrario del tirón de mi mano y finalmente, con un súbito sonido de latigazo, el pedazo de carne atorado en mis dientes se liberó. El tiempo parecía pasar más despacio, más calmado, más tranquilo... Sentí como mis dientes volvían a su posición habitual, tragué la saliva acumulada en un sonoro bolo alimenticio y abrí aun más los ojos mientras observaba, oscilante y ondulante, el pedazo de carne entre mis dedos. La temperatura de mi cuerpo descendió de golpe, al mismo tiempo que se desplomaba mi haki y mi presencia volvía a ser la habitual. Di un paso hacia atrás, trastabillando pero manteniendo la compostura — ¡Sí! — grité con poderío, triunfal, alzando la mano por encima de mi cabeza, mostrando - a nadie en particular - mi trofeo. El símbolo de mi victoria. La demostración de que mi fuerza no conocía rival ni obstáculo.
Lo observé y fruncí el ceño. ¿Cómo algo tan pequeño me había frustrado tanto?. Creía que iba a escapar de mi, pero no. Lo miré con superioridad y orgullo — Esta vez no, mariquita... — dije en un tono bajo y grave, con la voz ronca. Entonces bajé la mirada y encontré a Lustig caminando hacia mi, ahora si con la misma cara de tonto que me gustaba, tratando de recomponerse al notar que el peligro desaparecía. Lo miré fijamente avanzar hacia mi, y miré el pedazo de carne. Sentí un zumbido en el cráneo, una especie de interferencia... vi a Chloe tendida en el suelo con lágrimas en los ojos y el brillo de estos comenzando a apagarse. Otra interferencia y volví al presente. Miré a Lustig, estaba babeando, sentándose frente a mi. Volví a mirar el pedazo de carne y se lo lancé. Lo atrapó al vuelo y se lo tragó de un bocado — Triste final para un rival — musité mirándole, y me limpié con la manga las babas que habían caído por la comisura de mis labios — Aunque supongo que sólo los indignos acaban en tu estómago — maticé mientras acariciaba la cabeza de Lustig y me sentaba de nuevo  en la mesa, volviendo a acercar el plato frente a mi y disponiéndome a terminar la comida.

Nuestra partida de Marineford con aquel contrato y pacto verbal y el respaldo de la institución de los Marines en mis próximos pasos era una victoria que ningún amargor iba a estropear. No sería hoy, no sería mañana, pero acabaría dando el paso y si los Marines cumplían su palabra mi sueño de montar un imperio por fin podría ver su comienzo real. Tomé otro pedazo de carne y lo mordí. Viktor y Chloe habían sido los cimientos de esto, pasando Chloe a ser la grava sobre la que sustentar la construcción. Los sacrificios que servían para pisar encima y establecer el futuro. Viktor se había convertido en las vigas y muros de carga sobre los que erigir las paredes y pisos de mi sueño. Era la parte confiable y segura de mi proyecto. Shoto eran las tuberías, los nervios, o como quisiese verse. Era lo que nadie veía pero que permitía que lo que ya había, funcionase mejor. Y con eso me bastaba para poder empezar. Habíamos tardado algún tiempo, habíamos tenido muchas pérdidas, pero habíamos salido hacia delante y estábamos ahora en la línea de salida de la carrera para la que nos habíamos estado preparando. Tragué la comida de mi boca y agarré el vaso de agua que había junto a mi plato, dando un largo trago al líquido transparente. Ahora estábamos en el momento perfecto y lo que habíamos perdido no era nada en comparación a lo que íbamos a conseguir. Chasqueé la lengua de nuevo... ¿tenía algo entre los dientes?


Capítulo 2
— Caza sin ecos —

El acceso al Nuevo Mundo estaba controlado por dos facciones completamente opuestas. Los Marines controlaban la parte navegable, y la parte terrestre, con el acceso por Marineford y por la Red Line. Pero aunque tuviesen acceso por ahí, esa tierra no era suya, y parecía que lo sabían bien pues lo evitaban al máximo, y nadie de la calaña de una banda de cazadores de recompensas iba a poder penetrar aquellos dominios impunemente ni con la alegría que me hubiese gustado. De igual forma, ¿que podía hacer pasando por ahí? ¿saludar a la familia? ¿condenar a mis compañeros a ser los nuevos esclavos de mis hermanos y abogarme a una vida y un futuro, de nuevo, en pos de los intereses de mi padre y su apellido?. Habría que ser un completo imbécil para volver a poner un sólo pie en esa roca roja enorme. Y ni por todo el oro del mundo lo haría.
Por otro lado, los Revolucionarios se encargaban de mantener ocupada y bajo vigilancia la parte subterránea: La isla Gyojin. El paso tradicional que usaban los piratas y maleantes. Era una especie de prueba de fuego para determinar quienes estaban aptos o no para acceder al Nuevo Mundo. Si eras capaz de cruzar con tu barco, la habilidad de tu navegante y tu tripulación, el fondo del océano para adentrarte en las profundidades del más negro de los abismos y llegar con éxito a la isla de nacimiento de los Gyojin, estabas preparado para 'entrar' al Nuevo Mundo. Y ese entrar está entrecomillas porque una cosa es acceder a algo, y otra poder permanecer mucho en él, o prosperar, o conseguir cualquier cosa. Y si no eras capaz de cruzar estas profundidades y colapsabas a la presión del agua y al peso de tu ineptitud, significaba que el Nuevo Mundo no era para ti y te iba a devorar tarde o temprano. Así que qué más da que te devorase el océano por él.

Esto para nosotros era en parte bueno, y en parte malo. En parte malo porque no podríamos superar - que sin duda lo haríamos - esa prueba pasada por agua a bordo de nuestro nuevo y majestuoso navío. Y también porque nos privaríamos de exterminar y cazar a todos los que llegasen a las costas del Reino Ryugu maltrechos y malheridos y hacernos con sus riquezas y sus cabezas. Una oportunidad de comercio bastante desaprovechada, si se me preguntaba a mi mi opinión.
La parte buena es que podíamos cruzar al Nuevo Mundo navegando desde Marineford y establecernos en un lugar en el que, los que saliesen a duras penas de la Isla Gyojin o llegasen allí en no sus mejores condiciones, se dedicasen a alimentarnos indirectamente sucumbiendo ante el poder de nuestro acero. Y eso era exactamente lo que íbamos a hacer.

El Kaiser Panzer era un navío que destacaba en dos cosas: Velocidad y defensa. Pero eso no hacía que su ataque quedase en mal lugar o fuera desdeñable, ni mucho menos. Aunque realmente el verdadero potencial bélico del barco estuviera en mis manos y en las de Viktor, era un barco que se podía defender perfectamente para acabar con las presas que codiciásemos y tuviésemos en la mira en ese momento. Pero eso quitaba cierta parte de la emoción al arte de la caza en si. El placer de llegar a un sitio desconocido, sentir a alguien, seguir un rastro, poner cara a esas huellas, romper sus esperanzas y su futuro, aplastar sus oportunidades y arrastrar sus cuerpos hasta un cuartel cercano. Cobrar la recompensa y repetir el proceso en otro lugar. Podría parecer monótono, pero nunca lo era, porque nunca te encontrabas a la misma presa. Algunos se daban por vencidos al momento, eran los más inteligentes y los más aburridos. Otros trataban de negociar, como si todo lo que tuvieran no fuera a ser nuestro si los matábamos. Algunos vendían a sus nakama, otros trataban de salir corriendo, y había unos pocos - no tan pocos como la lógica esperaría - que armados con el poder de disociar y una realidad paralela en sus mentes decidían enfrentarnos. No solían durar mucho. Yo elegía al más grande o al que tenía pinta de ser el que mandaba, en ocasiones a ambos, y Viktor se encargaba de los demás sin mucho esfuerzo. Podíamos ver formas de tratar de defenderse, formas de atacar, formas de esquivar y formas de morir diferentes, así que nunca era realmente aburrido o monótono teniendo eso presente.

Shoto solía esperar en el barco, con Lustig. Él aseguraba que estaba bien en su taller y con sus experimentos, pero una parte de mi se sentía mal porque estuviera siempre sólo y delegado a quedarse en el barco. A él parecía no importarle, y hasta parecía gustarle pasar desapercibido, pero yo tenía mis razones para pensar así. No porque me preocupase su diversión - aunque sí que era cierto que en el transcurso de todos estos meses que pasamos cazando en el Nuevo Mundo, llegué a apreciarlo más - si no porque me preocupaba que no pudiera defender el barco en nuestra ausencia. Había aprendido a disparar los cañones y estaba trabajando en sus propias armas, pero de ahí a poder defenderse él si alguien ponía los pies en cubierta, había un mundo. Por eso estaba - aunque no fuera la prioridad - tratando de encontrar a más gente. Un nuevo compañero. La idea anterior de cinco miembros era el cómputo total perfecto pero desgraciadamente la vida a veces tiene otros planes. Una muerta y otra desaparecida... parecía que espantábamos a las mujeres, pero en cierta parte lo prefería. Hubo un tiempo en el que dudé de la orientación sexual de mi primer compañero, pero después vi su heterosexualidad en cada interacción con ambas pelandruscas. Shoto parecía más interesado en querer follarse un alambique que un coño, así que no me preocupaba. Pero Viktor si, o lo hizo en su momento. Llegué a pensar que quizá quisiera confabular contra mi teniendo de apoyo a nuestra tercera miembro fundadora... pero no fue así. De hecho, toleró bastante bien su muerte, y eso terminó de ganar mi confianza para él. En ese momento supe que estaba de mi lado, y aunque las cosas podían cambiar y torcerse y podría tratar de intentar hacer algo en el futuro - para lo que estaría preparado - sabía que al menos el presente, el ahora, era de mi parte. Había encontrado en él un amigo, ciertamente, además de un valioso efectivo bélico y un gran soldado. Pero con él y conmigo no bastaba, así que la misión secundaria de mi misión secundaria era encontrar dos miembros más como máximo en el futuro. Me gustaría tener a alguien que se quedase con Shoto en el barco, alguien que usase armas a distancia con mayor efectividad que él disparando cañones y que frenase el avance de nuestros enemigos o acabase con ellos en la distancia. Alguien con una habilidad de tiro suficiente como para que pudiera ganar tiempo en lo que Viktor y yo volvíamos al barco si había problemas. Tampoco pedía mucho. Y para la quinta persona estaba pensando en alguien más versátil, capaz de infiltrarse, adaptarse y resolver conflictos por si solo si las cosas salían mal. Mi peliblanco amigo tenía capacidades para hacer estas cosas, pero lo prefería peleando conmigo... total, para una única persona en el mundo que puede pelear a mi lado, me gustaba tenerlo cerca. Por eso y teniendo en cuenta que conmigo y Viktor el frente estaba cubierto, con Shoto el cerebro, y con el otro miembro las distancias largas, quería alguien de utilidad. Una persona - o cosa, lo que fuera - que pudiera entrar y salir de un sitio sin ser visto... o que quien lo viera no lo contase. Alguien que no nos necesitase para poder ser de utilidad y que pudiera desaparecer sin que tuviésemos - o tuviesen mejor dicho, mis compañeros - que preocuparse por él. O qué demonios, si hacía bien su trabajo hasta yo me preocuparía por él de vez en cuanto.
El problema era que encontrar gente así - en resumen - apta, no era tan sencillo como a priori podría parecer. Nuestro grupo no se formaba por la amistad y los lazos y luego nos adaptábamos a ello. Nuestro grupo se formaba por la utilidad de cada uno, y después, el tiempo crearía los lazos y la confianza. Era la versión más inteligente y rentable de la historia y lo tenía más que comprobado. Y si los que entrasen no cumplían las expectativas y lo que se suponía que tuvieran que hacer, Lustig tendría comida de sobra para meses. Lo bueno de ser un carroñero es que la carne no tiene fecha de caducidad.

Capítulo 3 
— El frío de mi yunque —

Sabía que faltando uno de mis brazos no podía depender únicamente de mi fuerza bruta en el combate, y aunque la ambición de mi espíritu se manifestase como el Haoshoku y hasta ahora me había ayudado a superar distintas pequeñas adversidades, sabía que tenía que exprimir el potencial que había dentro de mi. Viktor me lo decía mucho, que podría ser mucho más poderoso si entrenase, pero ¿quién necesita entrar cuando su potencial ya lo hace mejor que el resto?.
Era cierto que necesitaba ser más fuerte para poder cumplir mi objetivo de ser el hombre más fuerte del mundo, y por lo tanto el más libre, pero, ¿si necesitaba entrenar significaba que mi tope natural ya estaba en su máximo? ¿Acaso no podía sacar más de mi mismo sin la necesidad de partirme el lomo entrenando? Entrenar no era para mi. Era inconstante y poco aplicado. La disciplina que se necesita para entrenar era algo que nunca me habían inculcado, y al haber obtenido todo siempre de forma natural y progresiva simplemente "dejando que las cosas pasasen" me costaba aun más centrarme en el hecho de que podría llegar a obtener resultados reales si me centraba en enfocarme en partes concretas de mi estilo de combate, de mi manejo del kanabo o del uso de mi akuma no mi, o de los mismos hakis.

Para empezar sentía que sin un instructor al final cualquier entrenamiento autodidacta estaba abocado para alcanzar el fracaso más estrepitoso. Y nadie podía enseñarme a manejar mejor el kanabo - que sobraba decirlo, tampoco tenía mucho misterio - ni a usar mi akuma no mi. Sentía que con Ein Hauch las cosas eran sencillas: Golpear rápido y golpear fuerte. Y con mi akuma no mi en mi opinión ya me había devanado lo suficiente los sesos. No me limitaba sólo a emitir calor sin control, y había empezado a trabajar el concentrarlo en puntos, bloques, partes concretas, y darles después una utilidad particular en batalla. Claro que tenía margen de mejora pero siendo honestos, para poder practicar con mi akuma no mi tenía que encontrar páramos desérticos y desolados y alejarme lo suficiente como para no causar ningún tipo de daño a mis compañeros o a nuestro barco. Y eso no siempre se podía conseguir, ya que si con mis exabruptos de poder hería a alguien... algún civil o cualquiera que no fuera un criminal consagrado, nos estaría metiendo en más problemas. Así que practicaba lo poco que podía cuando nos encontrábamos con alguna presa, pues no quería seguir dañando el barco como hice con nuestro primer navío.

Ahí es donde entraba Viktor, quien se había ofrecido para ayudarme a entrenar los dos tipos de Haki que en teoría, cualquier ser humano podía entrenar. Yo solamente había entrenado el Busoshoku Haki y en su forma más básica en Skypiea, hacía ya algún tiempo atrás. Lo justo y necesario para poder tocar a los Logia y que mis ataques no pasasen de largo. Pero había más. Había fuerza y defensa en el siguiente escalón de habilidad de aquella fuerza espiritual y yo podía alcanzarlo si recibía la guía y la tutela necesaria. También estaba el gran desconocido, el Kenbunshoku Haki. La capacidad de ver sin ver, o mejor dicho, de sentir sin necesidad de ver. Una fuerza espiritual capaz de ignorar tus propios sentidos para centrarte en uno nuevo y etéreo con el que sentir tanto a tus oponentes como sus intenciones. O así me lo vendió el hombre lobo blanco.
Su entrenamiento consistía en algo muy sencillo: Que el haki floreciera combatiendo.
Cada vez que teníamos oportunidad, me sugería chocar nuestros aceros para que, en base a verle a él realizar lo que llamaba 'el endurecimiento' de sus katanas yo lo copiase para endurecer aun más a Ein Hauch. Visualmente era una puta mierda, porque mi arma ya era negra de por si, pero comencé tratando de volver negro mi puño y posteriormente pasar ese poder a mi arma para impactar más duramente. Y en unos cuantos entrenamientos fue posible.
Después vino la parte en la que tenía que aprender a imbuir todo mi cuerpo en esa negruzca energía, para tratar de mejorar mi defensa. Una defensa que se basaba en simplemente, apretar los músculos y endurecer la piel para hacer que los impactos fueran menos efectivos al chocar contra mi. Disminuía el corte de armas de filo, y el impacto de armas contundentes o partes del cuerpo. Según mi compañero, lo haría con todo, etéreo o físico. Me gustaba porque me hacía más duro de herir y más potente al golpear. Ojalá lo hubiera sabido usar cuando ese puto Yonko decidió jugar a desmontar sus juguetes conmigo.

Una vez dominado el Busoshoku, nos centramos en tratar de aprender el Kenbunshoku, algo que honestamente costó un poco más. Cerrar los ojos y empezar a sentir las intenciones del enemigo, por donde va a moverse, por donde vendrá ese ataque... eran cosas que me dejaban claro que no necesitaba mis ojos para pelear, solo mi instinto y mi espíritu. Y de tanto entrenar con los ojos cerrados y vendados, empecé a dejar de lado aquella agudeza visual que me venía dada por mis reflejos entrenados en la paranoia y la desconfianza durante muchos, muchos años de alerta constante.
Lo primero fue aprender a identificar presencias, algo que cuando conseguí por primera vez, me asombró de sobremanera. Podía "ver" donde estaba Viktor un aura intensa y gélida en lugar de su apariencia. Una silueta rellena de ese color pálido y frío, que emanaba a chorretones esa fuerza latente, al mismo tiempo que sentía la menor y modesta aura de Shoto con nosotros, o la insignificante aura de Lustig en la bodega. Sentía hasta las ratas del barco, hasta los peces del mar. Esta era la habilidad con la que Viktor se había guiado para rastrear personas cuando desembarcábamos en una isla... ¡y yo que creía que olfateaba el aire como los chuchos!. Pero las maravillas del Kenbunshoku no parecían terminar ahí, pues con algo más de entrenamiento con mi compañero fui capaz de empezar a prever su ataques e interponer mi arma en su camino, o moverme ligeramente para esquivarlos. Era como tener una especie de ojo espiritual que, aunque tuvieras los ojos abiertos, veía cosas que tú no podías ver. Cosas que iban a pasar justo en ese momento. Cosas que nadie más que el autor de esas propias 'cosas' podría saber. Era una herramienta precisa y complicada, pero sin ningún tipo de duda extremadamente útil e importante para la batalla. Ahora podría sentir quienes nos rodeaban, cómo de poderosos serían, cuales eran sus intenciones o emociones - porque si, también se podía sentir eso - y por donde iban a venir sus impactos.

En ese momento comprendí que, hasta ese instante, había estado rindiendo a marchas forzadas por debajo del verdadero potencial que había latiendo dentro de mi. Si podía guiarme por este sentido espiritual, no necesitaba mis ojos. Si podía defenderme con este fuerte recubrimiento, no necesitaba esquivar nada. Si podía tumbarlos con mi ambición, no necesitaba moverme. Podía ser poderoso - mucho más poderoso - que de costumbre y sólo con unos cuantos entrenamientos con Viktor había sido posible, y según sus palabras: El haki seguiría mejorando en la batalla. Y yo no pensaba dejar de luchar nunca, así que ¿donde estaría mi verdadero límite en cuanto a estas capacidades?.
Estaba sin brazo, pero era mucho más fuerte que antes. Porque una nueva versión de mi se había forjado con estas dos nuevas e increíbles habilidades y el refinamiento de mi arte de combate, a martillazos sobre un yunque frio como el hielo.

Capítulo 4
— Hubo carne, habrá acero —


Entre los asaltos, los descansos, y los entrenamientos no pude evitar evidenciar una carencia importante que empezaba a, no molestarme, pues ya estaba muy acostumbrado a ello, pero si a repercutirme negativamente en cuanto al avance y progresión de mi mismo y mi propio potencial: La obviedad de la ausencia de mi brazo.
Era consciente que haber perdido el brazo me iba a condicionar para toda la vida, y que reemplazar un miembro no era tan sencillo como reemplazar un tripulante en el barco, pero por suerte sabía que contaba con la persona idónea para esto: Shoto Data. El chico tenía un talento especial para las máquinas, para la confección de cachivaches y para la creación de artilugios de todo tipo, y si alguien podía hacerme un brazo era él.
Sabía perfectamente que había obtenido una gran cantidad de un metal exquisito en Marineford como parte del pago de nuestra participación en la defensa de Sabaody, y sabía que, con sus habilidades y las de maestro de forja de Viktor ambos podían crear una prótesis como la que llevaba semanas imaginando.

Irrumpí en su lugar de trabajo con una idea bizarra mal dibujada en un papel - era difícil dibujar sin otra mano que agarrase el lienzo, y yo no era precisamente un gran artista - y un par de cosas claras en la cabeza — ¡Oe oe! — dije al entrar, sin darle oportunidad para responder ni replicar, continuando hablando conforme avanzaba hacia donde él estaba — Pon atención a esto — le ordené. Sabía que si empezaba a hacerme preguntas y a cuestionarme las ideas me iba a desconcentrar, por consiguiente a frustrar, y finalmente a enfadar, así que prefería que guardase silencio y ya se hiciera las preguntas él a si mismo más adelante, cuando estuviera afrontando el problema — Tengo una idea para que diseñes una prótesis para mi, así que escúchame y toma nota mental de todo — sentencié, dándole el dibujo y comenzando a explicar abruptamente lo que había ahí — Como ves es una idea a tres piezas, fundamentalmente enfocada en combinarse con mi habilidad. Quiero que uses el metal ese... el pacoletal ese que te ha dado la Marina si es que es tan fuerte como parece. Si tienes que forjar algo grande o complicado pídeselo a Vik, él sabe lo que hace con la fragua y seguro que puede ayudarte a ir más rápido — chasqueé la lengua — Al caso, en la parte superior quiero que insertes esto — dije, dándole mi preciado dial de calor que saqué de mi chaqueta — Este chisme almacena mi calor y quiero que siga sirviendo para eso pero con otro propósito — ahí le señalé un par de puntos del papel — ¿Lo pillas? Es cuestión de preparación — apunté y volvía a señalar al dial — No me importa si lo revientas y queda inservible, quiero que lo conviertas en eso, y lo quiero colocado exactamente ahí — ordené, asintiendo completamente seguro de que me estaba escuchando — Esto claro tiene que estar unido a mi carne de la forma que sea, no me importa que duela, pero tiene que haber una conexión para que funcione. Después, en la parte del medio va la potencia, en mi idea iría conectada con la parte inferior para darle utilidad amplificada a su función — sonreí tras el yelmo, la verdad es que la idea era cojonuda — Yyyyy la parte de abajo, la inferior, quiero que haga pinza como un demonio. Si puedes meterle las cosas que hay ahí apuntadas, donde el asterisco, cojonudo. Si no, que apriete fuerte — finalicé, y me desplacé sin darme la vuelta hacia la puerta de la habitación — Tómate el tiempo que necesites, no me importa esperar, pero lo quiero así tal cual está — le ordené aun sonriendo, llegando al marco de la puerta — Y si no puedes hacerlo tan bueno no serás ¿eh? — terminé, cerrando la puerta y marchándome.

Si Shoto conseguía hacer lo que le estaba pidiendo estaba seguro que, el entrenamiento de Viktor no iba a ser la única mejora sustancial que iba a tener de cara a cuando quisiésemos dar el paso. ¿Y cuando sería eso? Cuando yo estuviera completamente recuperado y preparado. No podíamos fallar porque no íbamos a tener más oportunidades. Y no iba a fallar.

Capítulo 5
— La verdad nos hará libres —


Sentía que llegaba el momento. Viktor había estado investigando los periódicos y había determinado la residencia de Nitobo Ilime, el magnate empresarial y miembro de los emperadores del bajo mundo que gobernaba el Red Natnas y era el encargado y responsable de la moneda acuñada por el Gobierno Mundial. Mi objetivo.
Ese hombre era quien manejaba todo el dinero del bajo mundo, y el que mayor influencia económica tenía en el mundo común. Él podía comprar lo que quisiera, hacer con ello lo que quisiera, y venderlo como quisiera, y nosotros estábamos a unos pocos días de la isla en la que residía. Tenía entendido que tenía guardaespaldas poderosos y capaces, muchos rumores... pero actualmente y tras el entrenamiento de mis hakis sentía que estaba perfectamente preparado para acabar con ese hijo de puta y todo lo que tuviera contratado para tratar de defenderse.

Pero antes de ese asalto, en esta noche particular, había algo que tenía que hacer.
Estaba terminando de revisar los cabestrantes y los aperos del barco para tenerlo todo listo para el día siguiente, y había quedado en cubierta con Viktor para tratar de cierto tema. Habíamos pasado dos años en el nuevo mundo, mas los tres años previos que habían transcurrido desde que habíamos pactado ser jefe y subordinado, contrato mediante. Ahora lo sentía un amigo y un compañero, y su lealtad hacía que valorase aun más esta interpretación personal, pues no sentía la necesidad de recordarle quién era el jefe. Él lo sabía, lo respetaba y actuaba en consecuencia.

Lamentablemente no podíamos avanzar sin tratar ciertos asuntos. Aun a día de hoy ¿qué importaban? No sabía si iba a cambiar algo, pero cuando llegásemos a Foodvalten y acabásemos con este tío, tendría que darle explicaciones de quién era, por qué hacía esto y cual era el plan real detrás de toda la maquinación de estos cinco años. Y para evitar un conflicto sobre el trono que podría acabar con los planes torciéndose, prefería decírselo ahora y quitarnos de encima la espera, la duda y por qué no decirlo, fortalecer los lazos que teníamos de cara a una mayor efectividad en la contienda. Fuera la que fuera su reacción y el devenir de los acontecimientos, sólo había dos opciones: O no cambiaba nada, o la conquista tendría que esperar porque en Magna seríamos uno menos esta noche. Y esperaba de corazón que fuera la primera, pues Viktor sería irremplazable a estas alturas. Esperaba que saliese bien fuera como fuese y que esto sirviera para terminar de darle la confianza y el mutuo respeto que sentía que merecía. Pensaba que estrecharía nuestra hermandad aun más.

Apareció en cubierta como le había pedido y se dirigió hacia el timón, donde yo le esperaba. Estaba sin el casco para poder ver mejor con esa baja luminosidad, y protegiendo mi celoso anonimato en el abrigo de la noche, sintiendo la brisa del mar acariciar mi rostro — Oe oe Vik... — saludé, chasqueando la lengua y mirándole aparecer — Seré directo. Tengo que hablar contigo de un tema particular, y tengo que hacerlo antes de que mañana lleguemos a Foodvalten y empecemos la mejor y más lucrativa masacre de nuestras vidas — me sinceré — Llevamos cinco años navegando juntos, hemos estado en el cielo en Skypiea y en el infierno en Sabaody. Hemos encontrado gente capaz, como Shoto, y hemos perdido... no, nos hemos librado de los incapaces. Y como sabes me gustaría ampliar nuestras filas un poco más... pero independientemente del número que seamos sólo confío en ti para esto — dije sinceramente, mirando sus ojos claros mientras permanecía con el antebrazo apoyado en el timón del barco, y pasé a mirar al horizonte — La mujer que vimos en la subasta de Sabaody, donde compramos la fruta de Shoto, es mi hermana mayor Verus. Soy el séptimo de nueve hermanos... al menos que yo sepa, y desconozco si habrá habido más después de mi. Provengo de un linaje importante, y hará unos veinte años aproximadamente corté los lazos con ellos, escapándome, porque no quería ser una herramienta más en las intrigas políticas de mi padre. Por eso oculto mi rostro y por eso uso este nombre, Sohem, que es falso — chasqueé la lengua al decirlo. Sentía mi acrónimo de Sohem como mi verdadero nombre, y llevaba usándolo casi el mismo tiempo que mi nombre verdadero. Pero la realidad es que era solo un apodo autoimpuesto. Volví a mirarle a los ojos — Soy miembro de la familia O'Heil. Mi verdadero nombre es Saint O'Heil Emerec Mars. Soy un Tenryuubito — sentencié y dejé que el silencio entre los dos hablase.

Capítulo 6
— Rendir cuentas al diablo —


El crujir de las tablas de madera del Kaiser Panzer se mezclaba con los golpes de las olas del mar. Su avance era imparable, su forma de surcar las olas era imponente, y la dirección que el navío tomaba era el destino que había ansiado en cinco años: Foodvalten, la residencia de Nitolo Ilime.
No importaba la cantidad de soldados que tuviera, ni la calidad de los mismos. No me importaba las defensas que poseyese ni la capacidad ofensiva que pudiera emitir contra nosotros. Nada de eso tenía valor en la balanza del ahora para mi. Había pasado dos años soñando con este momento. Dos años obsesionado con terminar los preparativos perfectos para poder dar el paso con la mayor seguridad posible. Dos años completamente loco por perfeccionar todo al mejor de los niveles antes de poder avanzar. Porque el siguiente paso, no era un paso normal. Era el paso por excelencia. Era el gran salto.
Sin saberlo estaba siguiendo el mismo camino que mi genética me habría llevado a tomar: El poder, el control, el dinero y la ambición. Se podía decir que era un digno hijo de mi padre... pero pretendía ser más que él. Ningún Tenryuubito sería mi igual, si podía convertirme en el hombre más fuerte del mundo.

Lustig se chupaba sus propios testículos mientras yo me colocaba a mi mismo el guante en la mano izquierda - algo que había aprendido a hacer colocando el guante entre las rodillas, durante estos dos años - y me vestía con soltura pese a sólo tener una única mano. Los trabajos de Shoto en mi prótesis tendrían que esperar un poco más, y me había hablado del componente de recuperación de la cirugía, así que prefería descansar en mi nueva casa: Esa isla. Por lo tanto, el término de mi perfección aun tardaría un poco más en llegar. Pero no importaba.
Nada importaba realmente ante la oportunidad frente a nuestros ojos, y colocando la capa emplumada de color púrpura oscuro sobre mis hombros, abrí la puerta de mi camarote y salí dejando ahí a mi pulgoso acompañante, descansando. Prefería que Lustig tuviera la comodidad de mi camarote a los riesgos de la batalla que estaba por suceder, porque si, fuera mayor o menor su resistencia sería una batalla. Dudaba que se rindieran y nos dejasen hacer lo que quisiésemos, así que había que acabar con todos y cada uno de ellos para asegurarse el éxito más rotundo y aplastante posible. Y Lustig no podía estar ahí para ser una moneda de chantaje hacia mi.

Chasqueé la lengua mientras el sonido de mis pasos resonaba en mi propio avance hacia la cubierta — Oe oe — susurré mientras caminaba por el pasillo hasta llegar a la puerta que daba a mi destino, donde, al llegar y recibir el tímido abrazo del sol tras los orificios de mi yelmo, pude ver a Viktor y a Shoto esperándome — Caballeros — dije saludándoles caminando hacia su lado — Hoy vamos a terminar de dar el primer paso de nuestra empresa — sentencié y miré hacia la isla, frente a nosotros — Vamos a entrar ahí, vamos a matar a absolutamente todo el mundo que nos encontremos, y vamos a reclamar esta tierra, y este negocio como propios — apreté el puño y sonreí enormemente tras el yelmo — El infierno tiene un nuevo dueño, y soy yo — di dos pasos mas y apoyé la manos sobre el hombro de Viktor — Sin contenerse, amigo — le dije, dándole una instrucción sencilla, y pasando a mirar a Shoto — Sin correr riesgos inútiles, muchacho — le ordené, haciendo que priorizase su integridad y nos dejase el jaleo a nosotros.

Solté la mano del hombro del peliblanco y caminé hacia estribor, apoyando el pie en el pasamanos y la mano sobre la rodilla.
Foodvalten... el verdadero comienzo de mi historia. Y sin decir nada más, mientras la olas nos empujaban hacia sus costas... comencé a reír.

— ¡¡ WRYYY HA HA HA !! —




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