[Presente Absoluto-AventuraT4] Tesoro Cretácico
#1
10:00am. Día 46 de verano, año 16.
Little Garden, Corriente Rakusei, Grand Line.

OST


Little Garden, esa isla que es denominada así por ser considerada un "pequeño" jardín, donde las plantas crecen frondosas, grandes y coloridas, en el clima húmedo y caluroso, de tipo ecuatorial, y que, albergaba formas de vida que habían sido extinguidas del resto del mundo y solo podías encontrarlas en aquel lugar. Dos grandes montañas blancas llenas de huecos habían establecido un modelado kárstico lleno de recovecos y cavernas que estaban todas interconectadas y que formaban un intrincado laberinto de túneles y pasillos, de los que, en los últimos tiempos, salían ruidos y sonidos antinaturales y poco habituales en un lugar tan salvaje y virgen como era aquella isla remota del Grand Line.

En aquella curiosa isla podías encontrar especies tan extrañas como lagartos gigantes de cuello largo que se alimentaban de la hojarasca inalcanzable de los árboles tropicales que llegaban a cotas de veinticinco o treinta metros de altura y sus consecuentes depredadores; enormes reptiles de dientes y garras afiladas capaces de descuartizar a aquellas moles vegetarianas. Sin duda, imperaba la ley del más fuerte, la naturaleza se encargaba de destrozar y hacer desaparecer a todo aquel que no tuviese el coraje, la fuerza y la astucia para adentrarse en ese lugar y esquivar o eliminar las amenazas contra uno mismo. El poder lo es todo en el mundo salvaje y natural, anclado en una época remota, quizá de hace millones de años, donde el poder lo es todo. La humedad y el calor sofocante, hacían que todo se pudriese rápido y volviese a la tierra, formando un ciclo natural rápido e implacable. En un lugar tan hostil como ese, hasta de los mosquitos y otros insectos tiene uno que cuidarse, puesto que podrían albergar enfermedades desconocidas y mortales. Y, aún así, pese a todos estos peligros, el lugar era indudablemente hermoso, colorido y reluciente, como si la naturaleza se estuviese poniendo a prueba a si misma con las plantas y animales más grandes, más poderosos y más coloridos que pudiesen imaginar. La ausencia de gente perteneciente a las especies inteligentes y hablantes, había conseguido que aquel hermoso paraje natural creciese y se preservase salvaje, fuerte y fragante, llenando los sentidos con colores, sonidos, olores y texturas que no se encontraban en ninguna otra parte del mundo.

No era muy habitual que por ahí hubiese gente, de cualquiera de las razas hablantes, puesto que todos ellos solían sucumbir ante el poder arrollador y devastador de la naturaleza más salvaje, por lo que, muchas de las criaturas que allí habitaban, observaban con mucha curiosidad al joven pirata de la raza de los buccaneer que se encontraba en aquella isla anclada en el Cretácico. Los hervíboros le miraban con desconfianza, preguntándose si sería alguna nueva amenaza y que nivel de peligro podría entrañar para ellos y los suyos. Por su parte, los carnívoros, observaban al pirata con una mezcla de deseo y desconfianza, dudando si sería una buena cena, o quizá ellos se convertirían en la merienda de aquel extraño ser bípedo. Al parecer, el joven se estaba adentrando en el bosque, varios kilómetros alejado de la costa, cerca de la base de aquellas extrañas montañas blancas llenas de cavidades. Por lo general, los grandes reptiles evitaban esa zona, por algún motivo desconocido, pero en la hondonada en la que estaba adentrando ahora el joven pirata, había un esqueleto humano, de un humano grande, quizá de unos 5 metros de altura, y estaba como si hubiese muerto descansando con la espalda apoyada en una gran roca. No había ni rastro de carne en aquellos huesos, ¿quién sabe cuanto llevaría allí aquel sujeto muerto? Y, por lo que se podía observar, tenía un sombrero de capitán de barco, que ya estaba descolorido y raído, medio ladeado en el cráneo desnudo del finado. Tenía una de las manos apoyada en el vientre, y la otra tenía los dedos cerrados entorno a la empuñadura de un sable, cuya hoja estaba quebrada a un pie, más o menos de la guarda del mismo. Tenía una de las piernas fracturadas y la otra con el tobillo en una posición extraña. ¿Qué podría haberle ocurrido a aquel aventurero?

En definitiva, Ubbe, el joven pirata buccaneer, se encontraba en una hondonada en medio de una jungla tropical con vegetación y fauna desconocidas, de tiempos inmemoriales, ante los restos de un viejo cadáver. En el momento que entró en el claro y pudo ver el esqueleto del antiguo aventurero, la tierra tembló ante una lejana erupción volcánica, en otra parte de la isla, que hizo que el sombrero cayese de la cabeza del cadáver, revelando un rollo de pergamino que estaba oculto dentro del mismo. ¿Qué podría ser aquello? Comienza la aventura en el pequeño jardín.

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#2
Corriente Rakusei - Little Garden - 10:00 AM

Atributos Personaje


El calor de Little Garden era asfixiante, pero Ubbe llevaba días acostumbrándose a esa sensación pegajosa en la piel, además que las temperaturas no dolían afectarle demasiado. Tras separarse del Rubiales por suerte o por desgracia, se había adentrado entre la selva para seguir entrenando y explorando a su manera. No quería compañía en ese momento, necesitaba medir sus fuerzas frente a la mismísima isla.

La vegetación era densa, húmeda, y cada paso lo hundía más en un terreno que de por sí intimidaba hasta alguien tan grande como Ubbe. Al poco de internarse llegó a una hondonada, un claro extraño donde extrañamente había más silencio que en el resto de zonas donde ya había estado. Allí, apoyado contra una roca, descansaban los restos de un hombre enorme, de casi cinco metros. El esqueleto aún conservaba el sombrero de capitán, raído y ladeado sobre el cráneo, y la mano muerta sujetaba lo que quedaba de un sable. 

- Joder baby, te has quedado un poco móñec.

No había carne ni restos recientes, solo huesos marcados por el paso del tiempo. Se preguntó como habria muerto tal portento en un sitio asi, al fijarse en las roturas de algunos huesos, sintió esa emoción de batalla que a veces ler recorria la espalda, si eso lo habia hecho una bestia de las de la isla, querría encontrarla costase lo que costase. En ese instante, la tierra tembló con fuerza, un rugido lejano del volcán de la isla, y el sombrero de su muerto acompañante rodó hasta el suelo. Al caer, dejó al descubierto un pergamino escondido en su interior.
Ubbe lo miró un segundo en silencio, y luego avanzó para recogerlo. 

—Bueno, colega… ¿Qué llevas ahí? Parece que todavía tienes algo que contarme...

INFO
#3
OST


El recluta José Luis González estaba a cargo de la vigilancia de la gruta que usaban como base para ocultar el dinero que recibían de extraperlo por parte de los cazadores furtivos. Aunque el joven salido de la estepa Llacestana, en el lejano y pequeño reino de Ñapaes, no entendía por qué tenía que vigilar en una isla virgen y salvaje como aquella. No pensaba que nadie pudiese adentrarse en aquella jungla. De hecho, aunque de vez en cuando podían ver algún que otro barco en la costa, los tripulantes no solían adentrarse en aquella selva tropical plagada de reptiles y monstruos gigantescos. Pero su superior el sargento Saturnino Jiménez, que era su principal valedor en la marina y por el que había decidido enrolarse en el servicio, había dictaminado que se encargaría de aquella inentendible tarea, por lo que el pobre José Luis ahí estaba, situado en una cornisa en la montaña blanca oteando la selva y viendo de lejos las titánicas criaturas que poblaban aquella isla. El joven, de apenas veintidós primaveras, apenas había visto otra cosa que gallinas, vacas y cerdos en su pequeño pueblo que, debido a que estaba en las faldas de un cerro que curiosamente no tenía vegetación en la mitad superior del mismo, recibía el nombre de Calvarrasa. Sin lugar a dudas, en un sitio tan aislado y perdido, la imaginación no era algo que abundase. No obstante, sus cualidades físicas y sus agudos sentidos, le habían valido la recomendación en el cuartel de su isla natal por parte del sargento.

"Bueno, al menos, se gana bien en este trabajo y además nos sacamos un extra con lo que nos dan los cazadores... De todas maneras, ¿qué importan estos animales si se supone que nadie sabe de su existencia?"

El sargento había sido muy claro que necesitaba a gente en la que confiar y por eso le había llevado con él a ese lugar, donde, de manera secreta se reunían con cazadores furtivos que se hacían con especímenes raros de aquella isla a cambio de una suma de dinero para que no alertasen a nadie de sus andanzas. Dicho de esa manera, podría sonar algo turbio, pero José Luis era pragmático. Aquellos bichos no le importaban a nadie, porque nadie sabe de su existencia. Esperaba ser de utilidad en aquella misión y que le ascendiesen para ir a más lugares por todo el Grand Line. Siempre le había encantado la aventura y la exploración y estaba deseando recorrer todos los lugares posibles gracias a pertenecer a la Marina.

"Estoy seguro que hay multitud de lugares más increíbles aún que esta isla llena de bichos y hierbajos enormes..."

Quizá era por la expectativa de no encontrar a nadie, puesto que llevaba allí ya un par de meses allí con su superior y dos compañeros más, que alucinó bastante al ver una figura, grande, de forma humanoide en la lejanía, adentrándose en el claro que había a sus pies. Parecía que estaba mirando el esqueleto antiguo que había apoyado en una roca desde vete tu a saber cuanto tiempo, así que empezó a bajar lentamente sin perder de vista al tipo y con la mano en la empuñadura de su sable. No era especialmente un buen tirador, por lo que ni pensó en sacar su rifle reglamentario. Una vez al nivel de suelo, se escuchó el rugido del volcán y el suelo tembló durante unos instantes que se hicieron eternos con el tremor volcánico, así que se fue acercando sigilosamente en posición semiagachada, acercándose por detrás del enorme hombre que había aparecido en la hondonada, y, pudo observar que el sombrero del  esqueleto se había caído dejando entrever un ajado pergamino enrollado, cuando estaba a 20 metros de él, por lo que alzó la voz dirigiéndose al extraño con el tono más autoritario que pudo:

-¿Quién eres y qué haces aquí? Identifícate en nombre de la marina.

Se sintió bien, confiado y con ganas de mostrar todo lo que había aprendido. José Luis siempre había querido hacer algo así, porque los que ostentan el poder tienen que mostrarse seguros de si mismos, si no nadie les hará caso, así que eso hizo. ¿Qué haría el extraño hombre ahora?

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#4
Ubbe había cogido el pergamino y todavía lo llevaba en la mano cuando escuchó una voz detrás de él. Se giró lentamente, con calma, como quien no tiene ninguna prisa, y lo primero que vio fue un uniforme blanco. No necesitaba más para que la sangre le empezase a hervir. La palabra marina había sonado demasiado alto en un lugar donde no esperaba encontrar ni rastro de esos desgraciados.
El buccaneer con una mirada seria ladeó la cabeza, estudiando al muchacho que le gritaba. No era más que un crío, quizá con suerte pasaba de los veinte años. Un crío que pretendía plantarle cara a él, que rozaba los cuatro metros de altura, con los brazos marcados de cicatrices que hablaban de una vida entera a base de golpes y peleas. Sí que era cierto que Ubbe no era mucho mayor que él, pero aun así, su experiencia valía mucho más que la de ese perrito faldero. 

—¿La marina, eh? —Ubbe sonrió, pero no era una sonrisa amable—. Joder, macho… teníais que estar también en esta puta isla...

Guardó el pergamino despacio, sin apartar la vista del chaval, como si ni siquiera mereciese que lo ocultase de él. Caminó hacia el marine con pasos pesados, cada pisada hundiéndose en la tierra húmeda de la hondonada, dejando claro que no tenía ninguna prisa en cerrar la distancia.

—Escúchame bien, pollo con disfraz —gruñó, bajando la voz hasta que sonó como un trueno grave—. Yo no me identifico ante la Marina. No le debo nada a tus jefes, ni a sus banderas, ni a sus putas leyes.

Mientras avanzaba lentamente, sintió cómo la rabia le subía desde su más profundo ser. No era la primera vez que se cruzaba con esos uniformes. Recordó un puerto en otra isla del Paraíso: una taberna ardiendo, humo negro tapando el cielo, familias gritando por las calles. Los marines no movieron un dedo. Cerraron las salidas, obedeciendo “órdenes superiores”. Ubbe solo pudo sacar a dos críos de allí antes de que lo encañonaran. Aquella impotencia se le quedó clavada como una espina que nunca sanaba.
Y, aún más atrás en el tiempo, vino la imagen que todavía le dolía más: Kal. Los callejones de su infancia. La risa de su amigo enseñándole a pelear, a vivir la vida de verdad. Y luego el silencio, cuando los marines decidieron que los bajos fondos eran un estorbo y arrasaron todo a su paso. Todo bajo órdenes de algún ricachón al que le "molestaban" esos sintecho. Kal quedó allí, muerto entre humo y ceniza. Desde entonces, cada vez que Ubbe veía un uniforme blanco, lo único que sentía era una profunda rabia subir desde dentro de su ser, la misma promesa de devolver cada golpe que le arrebataron.

Esos recuerdos siempre estarían ahí, haciéndole ver que bajo esos uniformes lo único que había era obediencia ciega y soberbia disfrazada de justicia.

Se detuvo a unos metros, lo suficiente para que su enorme tamaño fuese lo suficientemente intimidante para el muchacho. Ubbe bajó la cabeza un poco, observándole como quien decide si un animal sirve para comer o se tira a los perros.
—Os he visto dar caza a gente que no tenía nada. Os he visto quemar barrios enteros porque alguien os lo ordenó desde un sillón dorado. ¿Y vienes aquí, a mí, con tu supuesta autoridad, a pedirme que me identifique? —soltó una carcajada ronca—. Gahaha... Baby, lo único que tienes que saber es que soy justo lo que estabas rezando no encontrarte, y mira que hay bichos chungos por aquí, ¿eh? Qué mala suerte has tenido...

Su mirada se endureció todavía más, y durante un segundo no hubo rastro de la chulería, solo seriedad.

—No me gusta ver uniformes por aquí. Ni en esta isla, ni en ningún sitio. —Ubbe alzó el puño, señalando al marine con él, como si fuera un verdugo marcando a su próxima víctima—. Tienes dos opciones: correr y rezar para que seas más rápido que yo, o quedarte para que tu gente venga a recoger tus restos.
Su sonrisa se ensanchó, dejando claro que, eligiera lo que eligiera el muchacho, él se lo iba a pasar en grande. 
Ubbe arqueó una ceja, esperando, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante, preparado tanto para empezar a correr tras el Marine como para lanzar un golpe que lo callara de una vez.

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#5
OST


El joven recluta de la marina observó como aquel sujeto se giraba lentamente hacia él con una sonrisa peligrosa, tras recoger el rollo de pergamino que había aparecido en el sombrero del esqueleto, y guardándolo de manera deliberadamente lenta, como tratando de provocar al marine, en uno de sus bolsillos. Después de esto, el enorme hombre se puso a despotricar con fiereza en una actitud muy hostil contra la marina y contra el propio José Luis, que al fin y al cabo era un mandado, pero no iba a consentir que atacasen, ni aunque fuese de manera verbal, a la institución a la que pertenecía y que se encargaba de velar por los ciudadanos. Irónicamente, aquel tipo que parecía guardar un rencor enorme a la marina es el tipo de persona del que normalmente hay que proteger a los civiles, por lo que no tenía intención de achantarse ante sus bravatas, por mucho que fuese mucho más grande que él.

"Este tipo es peligroso... hay que detenerle..."

José Luis podía percibirlo. El odio, la agresividad, la seguridad en si mismo que tenía aquel sujeto. No cabía duda que era un enemigo de la marina, y les guardaba mucho rencor por la despectiva manera en la que hablaba de ellos. Estaba claro que la confrontación era inevitable, pero, eran gajes del oficio. Siempre te ibas a encontrar con macarras y delincuentes como aquel tipo. No tenía idea de que era lo que había ocurrido en la vida de ese hombre como para que guardase tanto rencor a la Marina, que es el órgano del Gobierno Mundial encargado de proteger las leyes que rigen la sociedad, pero eso era algo que tampoco le importaba lo más mínimo. Lo que realmente importaba es que ese hombre era un elemento subversivo y debía ser eliminado, o, por lo menos encarcelado.

-Con que, ¿esas tenemos? Pues quedas arrestado.

Tenía que pensar muy bien en que era lo que iba a hacer. Meterse en una refriega con un desconocido en aquella jungla salvaje y hostil no parecía la mejor de las ideas, y, menos aún teniendo en cuenta que ese tipo parecía bastante fuerte, al menos físicamente, pero recordó que, a fin de cuentas, no estaba solo en aquel lugar, tenía a más gente con él en aquel sitio, tanto al sargento Saturnino, como su segundo al mando, Richard Mendoza eran bastante fuertes, y no había que despreciar a su experto en comunicaciones, la recluta Charo López, que tenía un oído fínisimo y se enteraba de todo. Estaba seguro que con sus compañeros podrían detener o eliminar a aquella inesperada amenaza. No tenía muy claro de si sería capaz de retener a ese hombre, por lo que, antes de nada y para alertar a sus compañeros de que había problemas, puesto que no debían de andar muy lejos, sacó su rifle y disparó el hombre, más buscando hacer ruido que acertarle puesto que sus habilidades de tirador eran bastante limitadas, apuntando al centro de su pecho.

-Más vale que te rindas, escoria si no quieres acabar con tus huesos entre rejas, o muerto junto a tu amigo el flacucho ese de ahí atrás....

El tipo parecía que no estaba dispuesto a cooperar por lo que tras disparar, y, viendo que era un tipo grande, agresivo y, seguramente fuerte, desenvainó su sable y se puso en guardia dispuesto a demostrarle a aquel pandillero barriobajero como se las gastaban en su Ñapaes natal.

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#6
Atributos Personaje


Ubbe alzó una ceja cuando escuchó el chasquido metálico del arma al salir de la funda. La sonrisa se le borró por un instante, dejando ver una expresión más seria, casi sombría.
—Claro… el uniforme siempre viene con la misma copla: soberbia y acero barato
.
Tras esto, el marine disparó hacia el Buccaneer, el cual sin inmutarse seguía mirando al chaval.
La bala impactó en el pecho de Ubbe, pero cayó al suelo al instante sin dejar ninguna marca ni rastro, como si nada hubiera pasado. Ubbe ni siquiera se miró, solo clavó los ojos en el marine con una sonrisa ladeada.
—Mala idea, baby… muy mala idea.
El buccaneer flexionó las piernas y en un segundo salió disparado hacia él cerrando la distancia de golpe, cuál bestia corriendo hacia su presa. Lo primero que lanzó fue un cabezazo seco, directo a la cabeza del joven marine. Sin darle respiro, su puño izquierdo fue directo hacia el costado del marine, y sin dejarle respirar siquiera, su puño derecho cargado de rabia y furia cargó hacia atrás y con una potencia tremenda descargó su golpe maestro. 

—¡C’MON BABY!

El puño cayó como un trueno, un golpe demoledor destinado a enterrarlo contra la tierra misma, a dejarle claro que ni su uniforme ni su voz con intento de autoridad servían de nada contra un monstruo como él.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4085 + 0 = 4085
Energia: 2641 - 408 = 2233
Espiritu: 564 + 0 = 564
#7
OST


José Luis no daba crédito a sus ojos, había acertado de pleno, lo cual ya era bastante raro con su habilidad disparando, pero es que encima aquel enorme tipo no se había inmutado y la bala calló al suelo tras abollarse con el acerado pecho de aquel tipo, que lo miraba sombríamente. Un sudor frío empezó a recorrerle la espalda, y ni siquiera pudo ver moverse a aquel hombre que, en una rápida sucesión de movimientos, le dejó como si un camión le hubiese arrollado por encima.

"Tengo que aguantar... Mis compañeros seguro vendrán..."

Se encontraba mareado y tardó unos instantes en recomponerse. Aquel delincuente, porque no tenía ninguna duda de que eso es lo que era, pegaba realmente muy duro. Pero eso no le iba a echar para atrás a José Luis, por lo que sacó su sable, dispuesto a retenerlo al menos hasta que sus compañeros llegasen, por lo que, sin pensárselo, se lanzó a atacar a su adversario con su espada, girando la muñeca lanzó un tajo, buscando herir de la cadera izquierda al hombro derecho de aquel hombre. Tenía que darlo todo porque él no iba a darle tregua, y, si no lo hacía, el gigantón podría matar sin mucho esfuerzo. Tras atacar retrocedió tres metros.



Sonidos de un disparo. Richard Mendoza se había criado entre ellos en el conflictivo barrio de las 2999 casetas, de el pequeño reino de Ñapaes, por lo que podría reconocerlo en cualquier lugar. Sin apenas inmutarse, miró a la cotilla de su compañera Charo que tenía el rostro ensombrecido, puesto que ella también lo había escuchado. No había sido muy lejos, quizá menos de 200 metros de donde estaban ellos haciendo guardia, pero si el criajo de José Luis había disparado era porque se había visto obligado a ello; lo que presagiaba problemas. Sin dudarlo, le dijo a su compañera:

-Oye plima... llama al Sargento Saturnino, e infórmale... no vaya a ser que un choro nos venga a robar la fragoneta con los malakatones...

Charo no era el lápiz más afilado del estuche, pero tampoco era estúpida, y entendió a la perfección lo que su compañero le había dicho. Por lo que mientras ella llamaba al jefe, Richard echó a correr hacia donde habían venido los disparos. Mientras se aproximaba, pudo escuchar golpes, que retumbaban excesivamente. Richard estaba seguro que no era cosa de José Luis, había entrenado con él y conocía sus habilidades, por lo que entendió rápidamente que estaba enfrentando a alguien muy fuerte. Cuando estaba a apenas treinta metros pudo ver la escena ya, había llegado al claro del cadáver sentado. Delante de él tenía un tipo enorme, muy musculoso y pudo ver como su compañero, desenvainaba su sable y le atacaba, para luego retroceder un par de pasos. Avanzó hasta quedarse a 10 metros del hombre grande, a su espalda y dijo:

¿Todo OK, Jose Luis? Madre mía, primo te han dejado la nariz para olerte la espalda... wahahahhahaha.... Y tú, morenito... ¿sabes lo que esta haciendo? ¿En serio crees que te vas a ir de aquí de una pieza después de haberle hecho eso a mi colega...?

Sin pensarlo sacó dos dagas, y se puso en posición de acecho dispuesto a saltar sobre aquel tipo y hundírselas en la tráquea si se pasaba de listo. Por su parte, José Luis sonrió aliviado, y notó que estaba sangrando profusamente por la nariz y le resultaba costoso respirar, sin duda estaba peor de lo que pensaba, pero ahora no estaba solo, así que reducirían a aquel tipo.

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#8
Ubbe notó el corte en su costado, un arañazo nada más, y al bajar la vista vio la mancha roja de la sangre asomar sobre la piel. En lugar de enfadarse, soltó una carcajada grave que retumbó en la hondonada.
—GAHAHA...¿Eso es todo, baby? ¿De verdad pensabas que con un tajo así ibas a pararme?

Ubbe ni pestañeó cuando vio llegar al segundo marine. Al contrario, su sonrisa se abrió de oreja a oreja mientras el sudor resbalaba por su frente, mezclándose con la sangre del muchacho que ya había probado su puño.
En tan solo un instante, Ubbe lanzó su mano izquierda hacia la cabeza de Jose Luis, golpeándolo con la mano abierta, al momento del golpe, Ubbe aprovechó para cerrar el puño, abrazando por completo la cabeza del joven Marine, empezando así a asfixiarle. 
 El recluta pataleaba, pero para el Buccaneer era como sujetar a un niño enfadado.
—¿Sabes lo que me molesta de los marines como tú? —gruñó, inclinándose lo justo para que José Luis lo escuchase aún dentro de su puño—. Que nunca se preguntan porque hacen lo que hacen. Solo aceptan órdenes sin pensar. 

Sin soltar a su presa, giró la cabeza hacia Richard, que ya se había puesto en guardia con las dagas listas. Sus ojos oscuros se clavaron en los del recién llegado, rebosando rabia y ansias de pelea.
—Así que has venido a salvarlo, ¿eh, baby? —Ubbe ladeó la cabeza, como estudiando al segundo marine. Instantáneamente, se lanzó de cabeza a por el segundo Marine, aun manteniendo agarrado por la cabeza a Jose Luis mientras este intentaba soltarse. En cuanto redujo lo suficiente la distancia entre ambos, le lanzó un puñetazo directo con su mano derecha a Richard. 

- ¡Vamos chaval, enséñame de que vale la Marina realmente!




INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4085 - 120 = 3965
Energia: 2233 + 0 = 2233
Espiritu: 564 + 0 = 564
#9
OST


Era esperable, aquel hombre era muy fuerte y, a pesar de haber conectado su ataque, apenas le había hecho un arañazo que se podría haber hecho cayendo en unas zarzas. No estaba al nivel, aún, por lo que dependía de sus compañeros para poder enchironar a aquel tipo. La llegada de Richard, de momento tampoco había cambiado mucho la situación, puesto que, con un diestro movimiento, el hombre le pegó un bofetón a José Luis, y le hizo un candado en el cuello, tratando de estrangularlo. También decía algo sobre que no eran más que muñecos o títeres que se limitaban a seguir órdenes, sin cuestionarse nada. Ese tipo no tenía ni idea de lo que decía.

-No puedes ser más ignorante, payo... ¿Acaso crees que estamos aquí por órdenes?

Era cierto que tenían un orden jerárquico y un sistema de órdenes, pero eso no implicaba que fuesen meros autómatas. Aquel pavo no tenía idea de lo que era la Marina realmente pero tampoco iba a perder el tiempo explicándole algo tan simple a un estúpido como aquel. Lo importante, y visto lo fácil que se había medio bajado a José Luis, necesitarían del jefe para leerle la cartilla a aquel tipo, por lo que tenían que entretenerle e ir dañándole aunque fuese poco a poco para darle tiempo al Sargento a llegar a escena. Por lo pronto tendría que liberar al novatillo del abrazo de oso de aquel tipo antes de que se pusiese morado.

-Vamoh, primo, algo podrá hacer...

A pesar de la difícil situación en la que se encontraba su compañero, Richard no se volvió loco. Dio un par de ligeros pasos hacia adelante, acortando la distancia lentamente a 7 metros. Había aprendido mucho durante sus años duros en el barrio que el que pierde los papeles, está abocado a la derrota; además confiaba en su joven compañero, pero José Luis no sabía mucho que podía hacer, por lo que a la desesperada, cuando el enorme tipo preguntaba si había venido a salvarlo, empuñando su sable, y, sujeto por el musculoso delincuente, lanzó hacia el suelo una estocada, clavándola en el pie del enorme tipo.

-Bien hecho, primo...

Richard al ver que el tipo se abalanzaba contra él, a pesar de haber recibido un ataque en el pie por parte de José Luis, el marine esquivo su embestida, y con sus puñales, atacó el brazo con el que sujetaba el cuello del joven recluta, buscando así liberar a su compañero del poderoso abrazo de aquel hombre, y conseguir retenerlo y mermando poco a poco las fuerzas de aquel tipo, hasta que llegase el jefe, esa era su prioridad en aquellos momentos.

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#10
Ubbe escuchó verborrear al marine de las dagas, pero no le hizo demasiado caso, él tenía en mente destruir a esas ratas de uniforme blanco, así que pocas cosas podrían sacarle esa idea de la cabeza. Antes de embestir a Richard e intentar golpearle, el marine que tenía agarrado con su mano, se ve que intentó hacerle algo clavándole una estocada en el pie. Ubbe ni notó siquiera dolor, pues toda esa vida llena de peleas y golpes habían hecho que la piel del bucanero fuera puro hierro. 

Como el marine había acortado un poco las distancias y Ubbe se había lanzado un poco sin pensar, no fue capaz de medir bien el golpe y el joven marine fue capaz de esquivarlo sin mucho problema. Puto insecto de mierda... Pensó Ubbe al darse cuenta del ridículo que acababa de hacer. El Buccaneer empezaba a mosquearse más de lo habitual, ya que solo con estar peleando con marines le enrabietaba más que muchas otras cosas. 
Richard, al poder esquivar el golpe, lanzó un ataque al brazo de Ubbe con el que sujetaba a Jose Luis. Ubbe no vio el ataque, pero sí que notó unas heridas brotarle en el brazo. Ubbe era rápido, pero quizá esta vez no lo suficiente. Aunque se le ocurrió rápidamente como solventarlo. 
- ¿Crees que estas heridas me harán algo, retaco? - Ubbe se giró ágilmente mientras decía esas palabras, giró con tanta agilidad que pudo agarrar de la cabeza a Richard mientras este estaba aún en el aire tras clavarle los puñales. 

- Hablad ahora putas ratas, que os oirá quien yo os diga, baby - GAHAHAHAHA - Mientras Ubbe reía y decia esas palabras, chocó los cuerpos de los marines el uno contra el otro dos veces, intentando hacerles el máximo daño posible mientras estos se ahogaban y pataleaban.  

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3965 - 296 = 3669
Energia: 2233 + 28 = 2261
Espiritu: 564 + 0 = 564


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