[EVENTO LOCAL - DIVISIÓN 9] - El faro blanco de Mystoria
#81
El esfuerzo había sobrehumano pero parecía que empezaba a dar sus frutos. Tras volar al máximo de mi velocidad transformado completamente en arena, pude arrastrar la tormenta por la zona para intentar contener las llamas. Todo resultaba un poco caótico pero era lo único que podía hacer... y parecía que estaba funcionando. Podía ver cómo a mi alrededor el fuego retrocedía cada vez más, apagándose en parte e impidiendo que pudiese expandirse al llenar todo de arena. Estaba ganando el pulso. En esos momentos necesitaba parar para respirar pero no podía, así que me limité simplemente a dejar la mente en blanco y actuar por instinto, evitaba pensar en el cansancio que estaba arrastrando.

Una vez pude notar cómo el problema del fuego estaba controlado, dejé de emitir arena a mi alrededor para poder reunirme con mis compañeros sin dañarlos. Simplemente volé como una masa arenosa hacia su posición y, una vez estuve cerca, me dejé caer estrellándome contra el suelo, levantando una polvareda por mi choque. Las partículas de arena pronto comenzaron a arremolinarse dándole forma a mi cuerpo poco a poco, me encontraba con las rodillas y las palmas de las manos apoyadas en el terreno arcilloso. Mi respiración era demasiado rápida, intentaba bajar mis pulsaciones para poder hablar — .... ... ... Karl .... ¿puedo pedirte algo? — Con tanto desgaste acumulado, mi energía brillaba por su ausencia — ¿Puedes llevarme volando? ... creo... que debemos volver con Joe — No sabía si fue fruto de mi imaginación o si había sido real, pero creía haber oído el rugido de su forma monstruosa mientras estábamos metidos en faena. Y aunque mi mente se lo hubiese imaginado, tampoco teníamos mucho que hacer por esa zona.

Tras ello apoyé la suela de mi pie derecho sobre el terreno y, ayudado por mi diestra haciendo fuerza contra mi rodilla, me volví a poner en pie haciendo respiraciones profundas. Karl accedió a llevarnos debido a su tamaño y a que era inagotable, así que por el viaje intentaba descansar. Yo no estaba para muchos trotes y volando sobre mi compañera podríamos llegar mucho más rápido.

Cada vez iba quedando menos distancia para volver al lugar en el que nos dividimos y, una vez ya teníamos visión directa, pude ver cómo el rugido de Joe no había sido producto de mi imaginación. Él se encontraba haciendo uso de sus poderes zoan y en frente parecía tener a una especie de dragón con muy mala pinta. — No sé cuánto tiempo más podré mantenerme en pie, pero aún me quedan un par de balas ¿me seguís? — Alerté a mis compañeros, pese a que la mitad visible de mi cara mostrase signos evidentes de cansancio. Una vez Karl volaba a una distancia asumible, me dejé caer en caída libre hacia el improvisado campo de batalla, por la espalda del dragón.


DRAGÓN MOLÓN
A pesar de las circunstancias y estar hecho unos zorros, a veces durante el combate no quedaba otra que morder el bucal con más fuerza y seguir apretando. Y eso me tocaba hacer. En el aire recordé el momento en el que el almirante Gukuro detuvo el navío del yonko utilizando un poder similar al mío, sirviéndome como inspiración. Era de buena educación saludar al llegar a un lugar, así que estando a treinta metros por la espalda del dragón y a veinte de altura sobre él, extendí mi brazo derecho apuntando al lagarto ígneo y, con el puño cerrado, mis dedos pulgar y meñique abiertos, y mi brazo izquierdo agarrando mi antebrazo derecho, saludé al estilo surfero — Cowabunga — Al mismo tiempo que me estabilicé en el aire transformando mi tren inferior en arena, con las pocas fuerzas que me quedaban disparé una corriente de mi elemento a la espalda del animal, como si mi extremidad diestra fuese un cañón improvisado de arena cuya fuerza hacía ondear mi capa en el aire. Sabía que ese golpe le iba a picar y, quizás con suerte, podría mantener al bicho retenido mientras mis compañeros actuaban, mi waki me alertaba de que ese dragón no era como el paria del que me tuve que deshacer por la noche. — Hemos vuelto, se reporta el escuadrón de bomberos


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#82
El viento, que había estado soplando con fuerza alimentando las llamas, comenzó a calmarse. No sé si fue suerte o si el fuego simplemente estaba perdiendo su impulso, pero las ráfagas irregulares se volvieron menos frecuentes y menos intensas. Sin ese viento empujándolas, las llamas perdieron mucha de su velocidad de avance. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, las llamas comenzaron a retroceder. Sin viento que las empujara y sin combustible fácilmente accesible gracias a nuestro cortafuegos improvisado, el incendio perdió su fuerza. Las columnas de humo negro se volvieron más grises, más dispersas. El rugido constante de las llamas se redujo a crepitar ocasional. Me dejé caer sobre una roca cercana, respirando con dificultad. Karl y Apolo también se veían completamente agotados. Habíamos logrado salvar el faro a pesar de todo.
 
Fue entonces cuando lo recordé. Durante el trabajo contra el incendio, en algún momento entre el rugido de las llamas y el silbido del vapor, había escuchado algo más. Un rugido diferente, más animal, más amenazante. Había venido de la dirección donde habíamos dejado a Joe. Me incorporé rápidamente a pesar del agotamiento, mirando hacia la cordillera donde Joe se había quedado investigando. No habíamos visto ni oído de él en todo este tiempo. Joe no era alguien que diera señales de combate a menos que realmente lo necesitara. Si había estado peleando todo este tiempo sin pedir ayuda, significaba que estaba en una situación seria. Y no era el único que lo pensaba. Karl ya estaba movilizándose hacia nosotros en su forma de pájaro azul celestial y, sin necesidad de decir nada, sabia que era lo que tenia en mente, ir con Joe tan rápido como fuera posible. Activando el haki de observación en un radio de 50 metros, me agarre de una de sus piernas (la derecha) cuando paso a un lado mío y volamos en dirección a donde Joe había quedado.
 
Luego de surcar los cielos a toda velocidad gracias a la increíble transformación de Karl, pudimos ver a la distancia, desde las alturas (a 35 metros del suelo) como Joe estaba enfrascado en una brutal batalla contra lo que parecía ser un monstruo marino del cielo. Un tipo de ser mitológico alado que fácilmente podría ser descrito como la encarnación del fuego - ¿Por qué nos tiene que seguir el fuego y el calor allá a donde vayamos? – pensé con ironía. Pero no había tiempo para filosofar, Joe nos necesitaba y era momento de entrar en acción. No parecía buena idea acercarse a un ser que era la viva representación del fuego (o al menos que lo parecía al estar envuelto en aquellas llamas) por lo que solté la pierna de Karl estando aun a 35 metros de altura del suelo y estando aun alejado 25 metros a la derecha de aquel monstruo mientras veía como Joe empezaba a caer a causa de la gravedad junto con aquel monstruo alado y pasaba a utilizar el haki de observación medio en manteniendo el radio de 50 metros lo cual consideré prudencial.

 
Acumulando agua en mi brazo derecho (en el cual llevo guardada la piedra agua dentro de mi guante) y combinándolo con el veneno que secreto de mis púas, e imbuyendo esta amalgama de agua y veneno con el haki de armamento, lance desde mi posición en el aire (a 35 metros del suelo y a 25 metros a la derecha del monstruo) una hoja afilada de agua venenosa de 2 metros de largo apuntando al costado de nuestro rival alado. La gravedad empezó a atraerme al piso al instante siguiente de lanzar mi ataque por lo que ya solo había 30 metros entre el suelo y yo. La sensación de caer en picada no era algo que disfrutara particularmente por lo que empecé a patear el aire como si el mismo tuviera la culpa de que no tuviera alas a diferencia de aquel monstruo o mi compañera alada azul, Karl - ¿quizás solo los monstruos de fuego tienen derecho a volar? – quienes podían disfrutar del dominio de las aves al igual que yo disfrutaba el de los peces y los reyes marinos.
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#83



Al fin el fuego parecía controlado. No iba a llegar al faro.  El equipo de bomberos de la división, que era la división al completo menos Joe, habíamos conseguido nuestro objetivo. No obstante, Apolo estaba agotado, era normal, había desplegado un poder increíble, me pidió que le llevara y que debíamos volver con Joe. 

- Claro compañero, aerolíneas Karl está preparada. Sube que te llevo. 

A mí también me preocupaba Joe, a lo lejos se había escuchado un rugido y podría ser el transformado, era posible que estuviera bajo ataque. Mire a Fuguwu y le pregunte si quería montar él también, que se agarró a mi pierna derecha y me puse en marcha. Cuando nos acercamos pudimos ver dos bestias enormes, una la conocíamos, era Joe convertido, la otra era un gran dragón negro y de llamas abrasadores impresionantes. Pero no había tiempo que perder admirando su belleza y ferocidad, el dragón luchaba fieramente contra Joe y debíamos ayudarle.

Cuando estuvimos a una distancia prudencial, Apolo, bajo de mi lomo y aún agotado como estaba, tras avisarnos con la clase que solo él tiene, ataco al dragón por la espalda. Ahora me tocaba a mí. - Fuguwu, salta, ahora me toca a mi.


En cuanto saltó, busque el costado de ese gran animal, no me costó mucho hacerlo, era enorme y en cuanto lo tuve a tiro, con mi Waki de observación activado a maxima potencia sobre él y todo lo que me pudiera venir, pues no quería tampoco chocar con algún compañero, hice mi movimiento, aumente mi velocidad, prediciendo con mi Waki donde iba a estar el animal y cubriéndome completamente con mi Waki de armamento, menos en mis garras embestí a la bestia, atacándole por la izquierda y hacia donde deberian de estar sus costillas. 

- NADIE TOCA A JOEEEEEEEEEEEEEEE

Con el Waki podía sentir también que Joe estaba debilitado y también los ataques de mis compañeros y el movimiento que iba a hacer el animal. Joe debía de llevar ya un tiempo luchando con aquella bestia, impresionante. Ahora nos toca a nosotros terminar el trabajo Joe, no te preocupes. Venceremos. Tras mi ataque, me concentré en el enemigo, preparada para su siguiente movimiento. No parecía que acabar con él fuera a ser fácil. 

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#84
Mystoria se retorcía. Cuando el sol abrasador de la isla perdida brillaba en lo más alto del firmamento, la pelea se recrudecía más y más. El temible dragón obsidiana, el Obsidrake, que había atacado ferozmente y sin descanso a Joe, había golpeado a la serpiente de su espalda y había sucumbido a los duros puños del marine. Tras esto había cogido impulso y había vuelto a la ofensiva, terminando su combinación de golpes mientras el resto de la División llegaba a la escena, siendo el dragón ajeno a esto por su foco absoluto en Joe. Lamentablemente para el marine, que aun siendo totalmente resistente a los daños ínfimos de los golpes del dragón no era rival para su velocidad, intentó atacar a este durante su combinación de golpes. Mas para desgracia del vicealmirante, cuando su Shigan, su dedo bala, quiso impactar en el dragón negro, este había terminado sus golpes y podía ver con absoluta precisión su movimiento. Dando un potente movimiento hacia el frente con las alas, el Obsidrake se impulsó hacia atrás mientras Joe combinaba su movimiento con un potente patadón al cielo, donde antes se encontraba el lagarto de color carbón, lanzando una onda de corte que impactó contra un potente chorro de arena de Apolo, quien, ayudado por Karlglass había cogido altura para lanzar su poder de Logia a donde el dragón se hallaba desde su espalda. El Rankyaku, con algo de ventaja frente al poder de la arena logró penetrar el chorro elemental y desvanecerse ambos dada su potencia similar para dar paso a Karlglass quien venía transformada en su forma completa en picado a golpear al dragón sin tener en cuenta que el fiero animal había cambiado su posición unos metros atrás alejada del punto de impacto calculado tanto por ella como por Apolo… y Fuguwu. El tercero en discordia cuyo ataque fue más lento pero no impreciso pues impactó justo a los pies de Karlglass y si no fuera porque el alfa había zafado del ataque de Joe, habría impactado de lleno.

El animal, al ver que nuevos objetivos entraban al ruedo, rugió llamas por su boca mientras se lanzaba a toda velocidad a por Joe justo cuando Karlglass se frenaba y la cuchilla envenenada de Fuguwu llegaba al suelo. Con un gesto de su puño donde portaba la piedra hoja, golpeó al marine tortuga en el pecho, a la altura del corazón, impactando con la fuerza de un volcán y provocando un golpe seco que retumbó kilómetros a distancia. El impacto fue tal que Joe, presa de los daños acumulados durante la batalla no pudo soportar más y cayó desfallecido, saliendo despedido metros y metros hacia su espalda hasta comenzar a rodar ladera abajo ya en su forma humana hasta llegar a un lecho de rocas cercano al mar donde terminó tendido e inconsciente, a salvo del oleaje, pero no fuera de peligro por el dragón azabache, que seguía buscando pelea, enfocando directamente a Fuguwu, ya en el suelo, saliendo a por él buscando placarlo para tumbarlo al suelo.

Era la hora del dragón.

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#85
Si bien sabia que los ataques a distancia que había desarrollado durante estos últimos años no eran tan veloces como mis propios puños, la velocidad del ser alado me tomo por sorpresa. El haki de observación medio que seguía manteniendo activo en un radio de 50 metros me guiaba de cierta forma a saber hacia a donde se había dirigido nuestro rival. Sin embargo, sus movimientos eran tan rápidos que me era imposible seguirle con la vista. El ataque que había realizado había servido de nada mientras que, al mismo tiempo, la gravedad empezó a atraerme al piso por lo que ya solo había 30 metros entre el suelo y yo. La sensación de caer en picada no era algo que disfrutara particularmente por lo que, tras patear el aire con fuerza, utilice otra de las técnicas que había aprendido durante estos últimos dos años, era una de las técnicas más increíbles jamás creadas: el Geppo. Mi intención era saltar hacia nuestro enemigo pensando que se elevaría en el aire nuevamente, sin embargo, parecía que el vencer a nuestro líder (cosa que me indicaba el haki de observación igualmente al estar ellos a 39 metros en diagonal de mi posición en el aire) le había llevado a concluir que el resto de los refuerzos seriamos pan comido. Por supuesto no éramos tan fuertes como Joe (al menos yo aun no lo era) pero tampoco éramos unos debiluchos, éramos la División 09 de la Marina y lo demostraríamos aquí y ahora.
 
Entendía perfectamente la confusión de nuestro rival, lo normal es que yo me precipitara hasta el suelo al no tener alas ni ningún medio para volar. Sin embargo, luego de dar aquel primer salto en el aire con el cual gane unos segundos de tiempo en el aire y aproveche para girar en el aire 180 grados invirtiendo el suelo y el cielo (apuntando ahora mi cabeza hacia el suelo) manteniéndome a 25 metros en línea recta de donde se encontraban Joe y la encarnación del fuego alado (y a 30 metros aun del suelo) y, mientras mi haki de observación me decía que mi rival se dirigía directamente a donde debería caer si uno aceptara las leyes de la física, pegue aquel segundo salto milagroso que podía realizar gracias al Geppo. En esta ocasión, la velocidad del monstruo le fue traicionera pues mi maniobra me permitió ganar el tiempo necesario en el aire para que el monstruo llegara a la que hubiera sido mi posición en el suelo antes de que yo estuviera ahí. Recorrí 25 de aquellos 30 metros que me separaban del suelo hasta quedar directamente encima de mi rival alado de 5 metros de envergadura mientras preparaba mi ataque replegando mis brazos a la altura de mis hombros listos para ser disparados en un puñetazo dual, e imbuyendo ambos guantes en haki de armamento para maximizar el poder pues estaba seguro de que nuestro rival no nos daría segundas oportunidades. Al llegar a la altura de su cabeza libere dicho ataque el cual llevaba el máximo de mi poder actual, era un todo o nada, aquí y ahora superaría mis límites, por Karl, por Apolo, por Joe.
 
El ataque chocó con un sonoro impacto en el cráneo de mi rival quien cayó derribado en el suelo tras el impacto. En el instante siguiente mis pies tocaron el suelo y me separé corriendo a una distancia de 5 metros al frente de donde se encontraba aquel ser alado tumbado en el suelo, pero muy lejos aún de ser derrotado, mi atención fija en él al igual que mi haki de observación medio.
 

 
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#86
Estaba preparado para golpear a ese dragón por la espalda con un golpe bajo que le pillase por sorpresa, sin embargo, el resultado no fue lo previsto. Con un movimiento ágil en el aire provocado por el golpe de sus alas, pudo moverse de forma rápida para esquivar un ataque que le venía de frente. Mi chorro de arena, propulsado con la poca energía que me quedaba, pasó de largo hasta colisionar con un ataque cortante que venía de Joe, su rankyaku. Ambos golpes se anularon deteniéndose entre ellos, provocando el eco del sonido del fracaso que volvía a retumbar.

Mi respiración se agitaba más y más, sucedida por los latidos de mi corazón que cada vez bombeaban de forma acelerada, provocado por el ritmo del esfuerzo de no detenerme pese a estar fatigado. No pude ver cuál fue el ataque de mis compañeros una vez salté de la espalda de Karl, pero empezaba a sentir náuseas y mi limitada visión se nublaba por momentos. Aún mantenía el brazo estirado después de mi ataque, notando como cada vez me pesaba más. Segundos después a ello, en mi campo de visión apareció Karl, que planeaba embestir al lagarto volador y también falló.

Con total desdén a la posibilidad de golpearme contra el suelo desde tan alto, puesto que mis propiedades logia ignoraban los golpes físicos, dejé de propulsarme con mi tren inferior en el aire y me dejé caer al suelo. Tenía la sensación de que tanto esfuerzo sin descanso podría llevarme a colapsar en cualquier momento y tampoco tenía balas en la recámara. Mientras caía, notando cómo el pelo se me arremolinaba junto a la capa de comodoro, pude ver cómo el dragón no perdió el tiempo y atacó a Joe de una forma tan severa, que el vicealmirante salió despedido del lugar. Parecía que estábamos realmente en problemas ante ese bicho, por lo que empecé a desvanecerme en partículas arenosas en medio de la caída libre, golpeando éstas contra el suelo una vez aterricé. No estaba en condiciones de pelear contra nada y sólo podía desaparecer de la vista de ese animal. La única opción que tenía era esperar a una apertura y asegurar un movimiento, no tenía nada más. En el fondo era triste estar al borde de ser derrotado por una isla.


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#87



No golpee a nada...habia fallado. Aquel dragon se movia rapido y eso que yo habia ido al tope de mi velocidad. Pero eso no era  lo peor, lo peor fue ver la situacion alrededor de nosotros. Joe. Joe estaba en el suelo derrotado. Un ataque de fuguwu casi conecta en mi. 

Volvi a mirar al suelo, lo veia todo a camara lenta.  Joe estaba ahi. Nononono. Estaba al borde de la muerte ¿Como podia ser? La imagen de mi hermano de armas, mi padre, mi jefe derrotado, no podia ser. Tenia que haberle PROTEGIDO. Pero nio, teniamos que atacar, intentamos atacar, el estaria bien, el era Joe. Joe Joestar. No podia ser derrotado. Otra vez no. Habiamos estado entrenando dos años ¿Para esto? ¿Estas eran nuestras capacidades? ¿Hasta aqui llegabamos en el nuevo mundo? ¿Derrotados por una bestia? ¿En serio? Crei sentir que seguia vivo ¿Pero por cuanto tiempo? Si le volvian a  herir...podiamos perderle, si no le trataban podiamos perderle...

El combate seguia mientras todo se desdibujaba en mi mente, desactive mis wakis, todo se emborronaba, habia perdido demasiado pero a el no. El era mi faro, literalmente, no el de esta puta mision sin sentido...si le perdia a el, perdia todo. Mis objetivos, mis ambiciones, el mundo, el mundo no podia perder a Joe Joestar, no aqui, no hoy, no en este lugar ni momento. 

¿ Y todo era culpa de una maldita lagartija que echaba fuego? 
¿Ese era nuestro limite? ¿ En serio? 
NO


Mis llamas se encendieron, mi mente se apago, solo habia furia en mi, no habia consciencia, de nuevo, perdia el control, hacia mucho que no perdia el control, intente no hacerlo, pero fije mi mirada en aquella bestia mientras esta se lanzaba hacia Fuwugu y Fuguwu intentaba evitarlo, vole a unos cinco metros de donde la batalla se libraba.

- CAE

Era una orden, no una peticion, mi poder se extendio, el poder de Sohem que no sabia como funcionaba estallo por todo el lugar. Cerre los ojos y cuando los volvi a abrir el dragon estaba en el suelo inconsciente. Habia intentado matar a mi amigo. ¿Debia de matarlo yo a el?  La furia seguia apoderandose de mi, mientras descendia triunfante sobre mi presa derrotada..pero era mas importante ahora saber donde y como estaban mis amigos.

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#88
El estallido de un volcán en solo cinco metros de altura y garras color diamante. Eso era el Obsidrake. Mas como toda criatura viviente, el dragón se regía por las normas del cuerpo que habitaba. Tras dejar fuera de combate a Joe, el animal colérico se lanzó directo a por su próxima víctima: el gyojin Fuguwu. Si bien el dragón no iba acertado con su ataque, nada de esto importó cuando se acercó lo suficiente a Fuguwu que, con un potente golpe combinado de su Karate dejó de espaldas en el suelo al dragón, intentando recuperarse del impacto. Sin embargo fue Karl, quien atónita ante la idea de perder otro camarada, estalló en furia oni y se lanzó a toda velocidad volando a por el dragón, tratando de interceptar su vuelo. Cuando apenas unos metros separaron el cuerpo del fénix de el del dragón, un enorme estallido de Haoshoku emergió de la artesana que, con ahora más dominio de su color del conquistador, había hecho mella en la voluntad del colérico alfa de la isla de Mystoria. Los ojos del animal palidecieron. Sus llamas externas se apagaron y su boca dejó de emanar fuego a la vez que sus alas, que se batían antes a toda potencia, ahora se frenaban y hacían caer al animal totalmente inconsciente en la misma pose que se encontraba derribado por el cocinero, a los pies de Fuguwu, soltando de su zarpa la piedra con forma de hoja verde que completaba la cuarta de las pruebas. Fuguwu que, por desgracia tampoco fue más agraciado que el dragón. La fuerte convicción por proteger a los suyos sumada a la inexperiencia para focalizar su poder hizo que el estallido de Karl afectara también a su compañero, haciendo que el Gyojin también desfalleciera con los ojos en blanco.

La batalla había finalizado y solo quedaba recoger a los heridos y decidir que hacer. Poco a poco el ambiente en Mystoria se disipaba y el calor ambiental se hacía mucho más llevadero. No tuvieron que pasar más que unos instantes para que cualquiera en la isla se percatara de que la verdadera incluencia calorífica era el temible Obsidrake que, ahora inconsciente, no emitía su característico calor mortal. Si bien el gyojin ya había apuntado una idea la mar de interesante con su teoría sobre la luz solar, Joe había encontrado piedras que cuadraban con la forma de la hendidura del faro, pudiendo ser cualquiera de las tres que portaba. La división podía asegurar el tiro o probar en cualquier orden las tres hasta ver si daban con la adecuada. Joe, que yacía inconsciente a escasos metros en línea recta hacia la costa, reposaba tranquilo e inconsciente, fuera de peligro. Apolo y Karl ahora estarían al mando en una misión que había pasado de rescate a una de auxilio. Solo una piedra separaba a la Marina de ser rescatados. Y podía estar en su poder. O no.

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#89
El dragón parecía incansable. Con una furia indómita y sin perder tiempo, mientras yo intentaba respirar tras haberme deshecho en partículas arenosas, se precipitó a golpear a Fuguwu que parecía un blanco fácil en el aire. Por suerte sabía que mi compañero siempre podía resolver los problemas por sí solos, acabando por sorprender al reptil volador con una ágil esquiva, propinándole un golpe de su arte marcial acuática. Aún así parecía que tampoco era suficiente para terminar el trabajo, ya que la bestia parecía que seguía incansable... hasta que sentí a Karl volar al máximo de su velocidad hacia su posición. Tras oír su grito y como si de un truco de magia se tratase, el dragón se durmió y cayó desplomado en el suelo, soltando una piedra que guardaba.

Mi arena se arremolinó sobre el terreno, dando forma de nuevo a mi cuerpo y comencé a caminar hacia el lugar en el que se encontraba la acción. Miraba atónito a Karl, ¿había conseguido desarrollar ese extraño poder que me hizo caer una y otra vez, en cada una de nuestras misiones?. Me llevó a pensar en ello el hecho de ver a mi amigo gyojin perder la consciencia a la par que el dragón, como si de una caótica tormenta se llevase todo por delante. Por suerte para mí, por primera vez, me había salvado estar lejos del lugar.

Agotado, posé mi mano izquierda en el lateral de mi alada amiga — Ya está, Karl. Has ganado y seguro que están todos bien — En ese momento no me salía hacer un chiste tonto, o ser el cheerleader de la división. Era consciente de lo que suponía el peligro para ella, conocía que en el pasado esta división destacaba por haber perdido en batalla a muchos miembros. Mis palabras sonaban serenas para intentar calmar al fénix, ya que en esa ocasión no era Fuguwu quién podía hacerlo. Él era el mejor para mantener la calma. Seguí caminando hacia el dragón, mirándole fijamente sin guardarle ningún tipo de rencor ya que, al fin y al cabo, los invasores éramos nosotros y éste era su hogar. Yo me pondría igual si sintiese que mi hogar natal pudiese estar envuelto en peligro. Me agaché y cogí la piedra que soltó, era verde y tenía el dibujo de una hoja. Parecía que era la cuarta de las cinco que necesitábamos ya que seguía el patrón de todas y ese dibujo también estaba marcado en el mural. No paraba de pensar en todo lo que nos estaba ocurriendo desde que llegábamos a la isla, cada piedra estaba protegida por bestias o cosas que mi mente no comprendía, por lo que no sabía que podía pasar con ese faro. Guardé la piedra junto a la piedra lunar que seguía dentro de mi guante izquierdo y seguí caminando hasta llegar a Fuguwu. Sabía que él guardaba la piedra acuática del lago en el que aquellos dos enormes pájaros bailaban a mi ritmo, y me hice con ella también, guardándola junto a las otras dos.

Levanté el cuerpo inconsciente de mi amigo, llevando su brazo izquierdo por detrás de mi cabeza para poder subirlo a mis hombros como un saco — Será mejor que nos vayamos antes de que esta bestia despierte de nuevo, no estoy en condiciones de luchar, ¿me sigues? — Mi cara de cansancio era un poema, estaba hecho unos zorros. — Vamos a recoger a Joe — Dije tras convertir mis piernas en un chorro arenoso para propulsarme hacia Karl, llevando a Fuguwu — En realidad ha sido culpa mía, si hubiese acertado mi golpe contra el dragón, no habría pasado ésto — Hablaba mientras subía a Fuguwu sobre el lomo de Karl — Creo que será mejor que los lleves tú.

Tras ello volé junto a Karl hacia la posición a la que el dragón había enviado a Joe con su ataque, me costaba entender cómo un simple animal tenía el poder suficiente de haber sido capaz de provocar tales daños. Parecía que el Nuevo Mundo era más peligroso de lo que solía decir la gente. Inmerso en mis pensamientos, no me daba cuenta de que la temperatura ambiental era cada vez más agradable. Cuando alcanzamos al vicealmirante, le registré para ver si había sido capaz de encontrar algo en nuestra ausencia. Primero me hice con la piedra de fuego que había retirado del volcán, luego pude ver cómo llevaba encima tres piedras extrañas que eran iguales. — Tenemos ya por fin las... ¿siete piedras? ¿no eran cinco? — me eché el pelo hacia atrás por la mitad de mi cara que no estaba cubierta por mi máscara, intentando pensar si se nos estaba escapando algo. Repetí el mismo proceso que con Fuguwu y ayudé a Karl, levantando el cuerpo de Joe para que pudiese llevarlo. Ella era mucho más grande e incansable que yo. — Seguro que en cuanto duerman un poco y coman algo se recuperan, aunque no sé qué podemos cocinar entre nosotros, ¿sopa de arena? ¡uma delicia! Kakahaha — yo no tenía ni idea de cocinar y parecía que Karl tampoco, así que estábamos apañados. — Por cierto, ¿es cosa mía o cada vez hace menos calor? — Empezaba a darme cuenta del ambiente, sin saber muy bien qué estaba pasando

Con las piedras a mi recaudo, manteniéndome alerta a mi alrededor junto a mi waki por si alguna sorpresa más nos esperaba y nuestros compañeros a cargo de Karl, volamos finalmente hacia el faro, el punto inicial en el que esta aventura de dos días había comenzado. Había sido una aventura más dura de lo que podríamos habernos imaginado en un inicio pero nos quedábamos con el hecho de tener muchas historias que poder contarle a la gente. Tras llegar a la edificación y subir hasta la habitación del mural y el pedestal, saqué las piedras que habíamos conseguido entre todos. — Si Joe tenía razón, con esto debería pasar algo — Comencé a colocarlas por el orden en que las habíamos conseguido, siguiendo el dibujo del mural y la forma del pedestal. No tenía ni idea de qué estaba haciendo pero en ese punto no era más que seguir el juego de un niño colocando fichas con formas geométricas en sus huecos. Primero coloqué la lunar, aquella protegida por las extrañas voces de la siniestra cueva que nos volvieron locos. Le siguió la piedra de fuego, la cual intentó marcar con sus llamas a Joe en el interior del volcán. Luego la acuática, conseguida por Fuguwu en el lago... sólo pensaba en lo bien que me habían caído esos pájaros, ojalá pudiese hacerme con ellos para seguir bailando, eran divertidos. A continuación fue la piedra hoja, obtenida gracias a que Karl consiguió desmayar al dragón, el verdadero peligro de la isla y, finalmente, sólo quedaba un hueco para tres piedras iguales — No tengo ni idea de qué tenemos que hacer ahora... así que la solución será dejarse llevar por el ritmo y rezar para que esto no explote ¡kakahaha! — a esas alturas no podía descartar la posibilidad de que el faro fuese una bomba, todo podría pasar en esta isla tan rara. Coloqué una de las piedras, esperé unos segundos y... nada. No reaccionó. — Al menos no ha explotado — La saqué y coloqué otra de las tres. Esperé y tampoco. — Pues a rezar para que la última funcione, no me apetece tener que volver ahí fuera — Finalmente probé suerte con la última. Pasados unos segundos, empecé a notar una vibración — ¿Por qué en este tipo de situaciones, la solución siempre es la tercera? — Parecía que por fin lo habíamos hecho bien y algo empezaba a funcionar. Sólo esperaba que por fin pudiésemos descansar, me iba a tirar durmiendo una semana por lo menos.


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#90
La fuerza del impacto vibro con fuerza por todos los huesos de mis brazos como si hubiera golpeado una montaña en lugar de carne y escamas. El gyojin karate combinado con el haki de armamento había conectado limpio contra el cráneo de la bestia alada, y la satisfacción de sentir cómo su cuerpo masivo se desplomaba hacia atrás era casi embriagadora. El dragón, que segundos antes parecía una fuerza de la naturaleza, mortal e imparable como aquel incendio que habíamos detenido, ahora yacía de espaldas en el suelo a mis pies, sus garras color arañando el aire mientras intentaba recuperar la orientación que mi golpe le había robado sin piedad. El haki de observación que mantenía activo en un radio de cincuenta metros me gritaba información constante sobre la posición de Karl quien estaba aproximándose desde el cielo a toda velocidad, su energía ardiendo como un segundo sol, mis puños aún cubiertos por el haki de armamento brillando con ese negro metálico que había tardado meses en dominar completamente. Sabía que el reptil no estaba acabado, las criaturas como esta no caían con un solo golpe sin importar cuán perfecto fuera el ataque, pero había conseguido lo que necesitaba: tiempo y posicionamiento. Mientras yo terminaba por golpear a nuestro rival Karl descendía en picada desde arriba, su forma de fénix ardiendo con llamas al igual que lo podía hacer el ser que tenía frente a mí, pero había algo diferente en su energía, algo que pulsaba y crecía como una tormenta a punto de desatarse. La conocía lo suficiente para reconocer esa determinación feroz, esa negativa absoluta a perder otro amigo después de ver a Joe caer. Cuando ya se encontraba a 5 metros de nosotros la presión comenzó a manifestarse. Era como si el peso de mil voluntades hubiese convergido en un solo punto, y ese punto era exactamente donde Karl se encontraba.
 
La oscuridad me tragó de golpe.
 

 
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