[EVENTO FIN BETA] Control de Acceso; Parte 2 (Grupo 4)
#31
La furia fraguaba los pensamientos más deliciosos de la conciencia de un guerrero. La batalla, la guerra, la sangre y el sufrimiento eran el motivo de la vida de los primordiales, los Oni. Nosotros, su evolución, los Grandes Onis no sólo estábamos destinados a la guerra, si no que estábamos destinados a la destrucción absoluta y aplastante de todos nuestros enemigos. Aplastar aquellos insectos no era algo que pudiera hacer, era algo que debía hacer. Mi código moral de guerrero, de criatura superior y de bestia natural, me obligaba a imponer mi superioridad física. Y este grupito de patéticos enclenques no eran siquiera una fuerza suficiente ni aunque colaborasen todos juntos. Un grupo variopinto, desorganizado y inconexo. Un semioni ahogándose en el mar, un oso, un hombre cuervo, una mujer salmón y un hombre jirafa. Bestias, animales, supuestos depredadores jugando a predar a un apex... el mundo había perdido la razón y el rumbo. Negué con la cabeza ligeramente mientras mi corazón no paraba de latir al ritmo de la destrucción, y mi respiración se volvía cada vez más como la de un animal herido. Pero al igual que no había honor en la derrota, no había victoria en esquivar la ofensiva del rival. Si él era más fuerte que tú, no podías vencer por esquivar su fuerza. El mundo no funcionaba así. Sólo los fuertes, quienes son capaces de asumir la fuerza de otros y seguir en pie, eran los dignos de seguir caminando. Y yo era el rey de las bestias.

El hombre jirafa encajó bien el golpe en la cara, un adversario que me hizo arquear ambas cejas con gran asombro — ¿Podría ser...? — dudé por un segundo — ¡Sigue en pie! — me sorprendí, al ver que mi impacto había sido asimilado y soportado con entereza — ¿Un humano puede soportar mi poder? — me preguntaba retóricamente viendo aquella enorme figura aguantando el impacto de mi gigantesco puño... No, no podía ser cierto. ¿Habría encontrado el muro contra el que cargar con todo, sin miedo a perder la oportunidad de disfrutar plenamente una batalla?. No tenía tiempo para pensarlo, pues el guerrero jirafil se lanzó contra mi sin miedo ni dudas ¡eso era lo que quería!. Sonreí mientras el tiempo pasaba a cámara lenta para mi. Él se acercaba dispuesto a preparar un golpe hacia mi vientre... el resto... me daba igual lo que estuviera haciendo el resto. Cargué mi puño desde la parte alta del hombro y para cuando el efecto de cámara lenta abandonó mi subconsciente, comencé a propinar una serie de puñetazos rápidos y encadenados uno detrás de otro en dirección al hombre jirafa, chocando el primer impacto contra la palma de su mano y repartiendo el resto por el resto de su superficie, sin miedo a contener mi poder. Sin miedo a matarlo y arrepentirme. Con la esperanza de que aguantase esto... mi ataque más poderoso.
— ¡ ¡ S T A R   P L A T I N U M ! ! —
El bramido mientras mis brazos se movían a toda velocidad, generando la ilusión de haber varios de estos golpeando a un único objetivo... el sonido de los puños chocando, de los golpes encajandose, de los cuerpos de dos artistas marciales compartiendo la sabiduría y la trayectoria de su arte mortal de combate. El sonido de todo mi poder abriéndose paso en un oponente aparentemente digno buscando quebrar sus huesos y su espíritu... Una pena haber perdido las cadenas de los brazos que le daban un brillo plateado a mi aluvión de ataques y brindaba sentido al nombre que decidí brindarle a mi demostración máxima de fuerza... — ¡UGA UGA UGA UGA UGA UGA UGA UGA UGA UGA! — gritaba poseído por la furia con cada golpe que lanzaba, como una ecolalia infundida que pareciera no terminar jamás.

Para cuando finalicé, golpeé con los dos puños sobre la plataforma sonriendo — Yo soy Karak, baluarte de la destrucción, protector de Colishea, Big Red, El Quiebratempestades... — le dije al tío jirafa — Dime tu nombre antes de que acabe contigo, bestia — le exigí al usuario de akuma no mi, esperando que tuviera al menos el honor de concederme saber el nombre del hombre que revivió un poco la llama de la batalla de mi corazón, antes de desplomarse muerto por el daño que había recibido con mi Star Platinum... El resto caerían después, pero la emoción no sería la misma.





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#32
Estaba mucho más recuperado del mareo, no obstante, todavía no me encontraba recuperado al completo de ese efecto. Aun con esas, había logrado llegar a pocos metros de la plataforma, donde me había detenido para observar el panorama antes de lanzarme, aprovechando que nadie parecía contar con mi presencia. En mi pequeño análisis pude ver que si bien era cierto que aquel gigante no había podido someterlos, estaba lejos todavía de caer. Una especie de humano-jirafa captaba toda su atención, debería tratarse del tipo misterioso con el que a duras penas pude intercambiar palabras. Esto provocó una sonrisa dibujándose en mi rostro, emocionado por todavía poder darle guerra a semejante enemigo, el gran gigante rojo. Sin duda mis instintos más primitivos por la sangre Oni estaban a flor de piel.
 
No obstante, no terminaba de entender cómo este combate con tan formidable rival estaba siendo tan extraño. La gyojin y Yojimbo estaban en pleno combate entre ellos. Llegando a la plataforma había visto como la gyojin atacó a Yojimbo, y posteriormente este le respondió con una patada directa en el vientre. Debía actuar de prisa, antes de que estos dos continuasen su peculiar duelo. El oso estaba más alejado, sosteniendo una lanza al tiempo que le gritaba algo a estos dos.
- ¡¡Star platinum!!– Gritó aquella mala bestia atacando al tipo grande, el único que parecía estar enfrentando el verdadero peligro.

Dirigí mi mirada nuevamente hacia él, observando como su ataque podía definirse como una oleada de puñetazos. A dichos golpes les acompañaba un grito propio de gorilas, mostrando que estaba muy en sintonía con su transformación.

Estaba claramente distraído, era el momento. Poniendo un pie en la plataforma agaché mi cuerpo desenvainando mis katanas, nadie contaba conmigo, y pese al daño que eso hacía a mi orgullo en esos momentos, era una ventaja que no debía desaprovechar. Deseaba gritarles mi regreso, gritar a los que estaba peleando, pero la oportunidad de atacar a semejante bestia con la guardia baja no podía dejarla escapar.

Comencé a correr agachado, con la cabeza más adelantada que el resto del cuerpo, procurando no solo ganar más velocidad, si no ser más sigiloso y menos llamativo para el resto de personas que allí estaban. El gorila golpeó con los dos puños sobre la plataforma, hablando con aquella jirafa, anunciando su nombre. A medida que habló me coloqué a su espalda, que estaba bastante cerca del borde de la plataforma, situándome yo a cuatro metros de esta.

Esperaba que al menos el hombre jirafa sí lograse verme y captase su atención un poco más. Pillarle con la guardia baja aseguraría un gran daño, que en el mejor de los casos menguaría mucho sus fuerzas.

Calculaba a simple vista que debía encontrarme a unos cinco metros del gigante, por lo que si esta técnica salía bien podría producirle daños en todo su cuerpo, especialmente allí donde apunte. Colocando mis brazos cruzados frente a mí, los extendí hacia la parte de atrás de mi cabeza todo lo que pude en apenas unas milésimas de segundo. Inmediatamente salté cuatro metros hacia el  hueco poplíteo de la pierna derecha del gran simio al mismo tiempo que realicé dos tajos descendientes en forma de “X”. Mi ataque podría resultar letal golpeando directamente, pero además tenía la esperanza de que aquellas ondas cortantes dañasen también sus pantorrillas y gemelos de ser posible. Así mismo tuve cuidado de no golpear con estas al semijirafa quitándolo de mi visión con la pierna del tal Karak, sirviendo estas de escudo para él.

Nada más lanzar este ataque pretendía retroceder lo suficiente hasta estar a algo menos de un metro del límite de la plataforma, si centraba su atención en mí, el resto podía aprovechar para golpearle con la guardia baja. Sin embargo, debía solucionar también el conflicto que tenían entre ellos para que se centrasen también en Karak, yo sólo no podría con él, y el semijirafa parecía que se había llevado toda la carga del combate.
-        ¡Vuestro ego acabará siendo vuestra tumba! – Les grité para que espabilasen. – Capitán Yojimbo, gyojin, oso, ¡Podéis mataros más tarde si queréis, pero en estos momentos la prioridad es Karak! ¡Centráos! – Grité para después lanzarle al gigante rojo una sonrisa desafiante mientras terminaba de limpiarme la sangre de la boca que todavía tenía. -  Al fin y al cabo estamos ante el baluarte de la destrucción ¿No es así grandullón?
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Es posible que mis palabras sentenciasen mi vida, pero estaba deseando devolverle la humillación que me había hecho sentir antes. Sin embargo, necesitaría de la ayuda de los demás.

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#33
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Tras la ofensiva de Derya, Yojimbo respondió rápidamente, más de lo que ella se esperaba, y le propinó una patada en el abdomen mientras la gyojin caía en el aire sobre la plataforma. Aquello hizo que su aterrizaje perdiera toda elegancia posible. También dolió un poco. Tras esto, el pirata alado se quedó frente a ella y dijo una serie de palabras que para Derya sonaron a clara amenaza. — Estos piratas... ¿todos tienen sueños tan infantiles? — Mostró una sonrisa ladeada, su rostro denotaba confianza, determinación, no se iba a amedrentar ante nadie, nunca lo había hecho. Escuchó la voz de Khruner cerca suya, se había retirado estratégicamente para reponer fuerzas nuevas. Y de no ser porque la situación era tremendamente seria y tensa, se habría emocionado un poquito, acababa de llamarla capitana. — Tranquilo, Khruner, yo puedo con este tío. Capitana contra capitán. — Entonces adoptó una postura defensiva, preparada para volver a la carga en cualquier momento.

Sin embargo, los terribles ruidos que se escuchaban delante suya la frenaron. Se paró a mirar, aquel hombre jirafa estaba aguantando y devolviendo golpes en un uno contra uno contra aquel mono horroroso. Si seguía así, en cualquier momento lo podían matar... Igual ahora no era el momento para pelear entre ellos. Además, Derya empezaba a estar hasta el mismísimo de aquel gigantón. — Aunque igual... deberíamos matar a ese primero, o no nos va a dejar hacer una mierda. — Pero la cosa no quedó ahí, pues por fin, Legan había regresado a la plataforma, y de qué manera lo hizo. Atacó por su espalda, y además les gritó, llamando la atención de todos los presentes en la plataforma. Igual, si con suerte, Karak se centraba en él, el resto podrían aprovechar la oportunidad para atacarle también.

Derya miró fijamente a Yojimbo, y luego a Khruner. — ¡Vamos, a la vez! — Y la mujer salió corriendo rápidamente. Se lanzó al agua de cabeza por el lateral derecho para volver a hacer su estrategia clave. Se hundió en el agua y luego salió propulsada hacia la superficie, saltando diez metros en el aire, lo suficiente como para poder dirigir un ataque hacia su pecho descubierto. — ¡Hyakumaigawara seiken! ¡Muere de una vez! — Y le propinó un poderoso puñetazo, con todas las fuerzas que tenía, con la ira que desprendía después de aquel rifi rafe con Yojimbo. Aunque tampoco debería desperdiciar mucha energía, por si acaso después el pirata se ponía tontorrón.


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#34
Atributos Personaje


Existe una delgada línea entre lo ilógico y lo absurdo. Y la fuerza de este ser era absurda.
 
Ni siquiera mi mejor golpe, mi técnica más potente había podido impactar de manera plena. Cuando intenté expulsarlo de la plataforma para que sucumbiera al mar, el mono rojo lanzó una serie de golpes hacia mí y estos impactaron con la fuerza de una montaña cayendo sobre mi cuerpo sin ningún tipo de protección. De hecho, si no fuera por la fuerza de mi golpe, que debió ralentizar de cierta manera los puñetazos del Oni, seguramente no estaría vivo. Sentía mi respiración pesada, partes de mi cuerpo magulladas y doloridas que, empezaban a no responder como yo quería. El gran simio se dirigió a mí y exigió mi nombre mientras recitaba una serie de títulos. Quería saber quién le había dado pelea. Decidí mostrarle mi rostro sin transformar. Ya no me quedaban fuerzas para pelear mucho más tiempo y, si caía derrotado, sería dando la cara. Deshice mi transformación y volví a mi estado natural. Con el fragor de la batalla, mi pelo había quedado alborotado y dejaba ver claramente las protuberancias óseas de mis cuernos. Mi linaje estaba al descubierto. 
 
- Soy Taka. Medio Oni y medio humano. Y si vas a matarme... ¡QUE NO SEA DE ABURRIMIENTO! - exclamé furioso mientras miraba con toda mi rabia al Oni, harto de su palabrería.
 
En ese momento, entre sus piernas, pude divisar al otro semioni que había sido arrojado de la plataforma. Estaba desenvainando sus armas y lanzando un corte proyectado hacia las piernas de Oni desde su punto ciego. Una verdadera suerte que no sea usuario y, quizás, nuestra baza ganadora. En cuanto lo vi atacarlo, me trasformé de nuevo y comencé a correr hacia las piernas del Oni, lanzándome con las piernas por delante y deslizándome por el suelo, para pasar entre ellas y coger su espalda también. Cuando estaba esprintando, vi por encima de mí a la Gyojin. No sabía donde se había metido este tiempo, pero, la batalla me había tenido absorto totalmente. Esta se preparaba en el aire para darle un terrible golpe que ya había visto, aquel con el que le derribó al llegar a la plataforma. Si tenía el mismo poder, lo lanzaría hacia atrás, cosa que ayudaría en mi plan. Cuando pasé por debajo, deslizando sobre mi cadera y espalda baja, escuché el grito de la Gyojin lanzando su ataque. Yo me levanté raudo y agarré el brazo derecho del gigante rojo con mis manos, acercándolo a mi hombro y proyectando con todas las fuerzas que me quedaban para sacarlo de la plataforma.
 
- Ippon... Oni Nage: ¡Gyaku Stand! - mis palabras resonaron con un tono ronco, mostrando mi falta de vitalidad por la pelea. Si esto funcionaba, quizá, y solo quizá, podamos salir de aquí... vivos, pensé justo antes de caer sobre el pecho al borde de la plataforma, prácticamente muerto del agotamiento.

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#35
Atributos Personaje


Apareció el oso en el último momento con la intención de unirse a la pelea y ahí supe que estaba jodido. Tenía la sensación de que podía enfrentarme contra cualquiera de esos dos, pero contra los dos al mismo tiempo no. Al menos no en esta situación. Apreté los puños, preparándome para elegir el objetivo de mi próximo impacto. La gyojin era fuerte y resistente, estábamos a un nivel parecido, pero el oso por lo que había visto no parecía tan fuerte. Aún así no debía fiarme.
La chica pez dijo que podía contra mí, un duelo de capitán contra capitana.

-No estés tan segura… -dije mientras se me escapaba una pequeña sonrisa, fruto de la emoción del combate que nos esperaba.

Entonces apareció Legan y nos gritó que nuestro ego sería nuestra tumba, y tenía razón en sus palabras, debíamos pelear contra el gran gorila rojo, que seguía apalizando sin piedad al chico jirafa. Aunque para ser sinceros yo sólo me estaba defendiendo… y atacando también. PERO ESO NO IMPORTANTE.

Legan lanzó su ataque, Derya me dijo de colaborar y se fue al mar para volver a ejecutar su estrategia. Yo desplegué mis alas y me mantuve alerta esperando la oportunidad para ir contra nuestro enemigo.

En cuanto el capitán Legan le dio aquel golpe, el chico de pelo negro no se esperó más y le pasó por las piernas. Yo emprendí el vuelo y entonces la gyojin tumbó al mono rojo de nuevo, al mismo tiempo que Legan le daba un terrible espadazo y el hombre jirafa lo agarraba del brazo y le hacía una llave digna de un maestro marcial. Yo ya estaba cerca, tenía en mis manos el golpe final.

-¡¡Tierra Dorada!! -grité con toda la energía que podía mientras le propinaba un fortísimo puñetazo entre sus dos ojos, con la esperanza de tirarlo al mar de una vez y para siempre.

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#36
El seguimiento del combate había dado un cambio drástico, demasiado diría no, pues ahora había empezado un segundo combate, Derya y el alado negro, el gorila y la jirafa. Jo me puse esta vez, dirigiéndome hacia mi capitana, si así es dije capitana, lo más seguro, si ahora mismo Kova me escuchase, me estaría mirando mal, o aún peor diciéndome alguna de sus palabras raras, pero nadie me había hecho un regalo como el que hizo ella, me había comprado fácilmente, pues sí, soy culpable de ser fácil de convencer.

El gorila estaba siendo atacado por la jirafa, pero fue entonces cuando el demonio reaccionó, más rápido que él, y le devolvió dichos golpes, que se podrían oír la potencia que tenía cada uno de ellos, pero me encantaba el coraje que estaba mostrando la jirafa, pues se cambió a humano. Para mostrarse tal y como era, ese hombre era un valiente.

Derya me dirijo la palabra diciéndome que ya se encarna ella del alado negro, y que eso era un tema entre capitanes, -perfecto-, pues no quedaba otra que ayudar al otro muchacho, pero cuando ya me preparaba para atacar, y ayudar al compañero jirafa, escuché una voz, cerré un poco los ojos, para lograr ver un poco más detallado, quién era la persona que estaba chillando, y me sorprendió, era el muchacho fue despedido por los aires, al principio del todo, venía a gran velocidad y venía decidido a ayudarnos, -ya era hora-, pues una ayuda extra siempre viene bien y más ahora que parecía que los daños, que le estaba causando los golpes del gorila al chico jirafa podrían dejarles en mal estado.

El chico despedido, salto desenvainando sus katanas, haciéndole un ataque entre el hueco de sus piernas, y por si fuera poco para la ayuda de esa técnica, Derya corrió hacia el agua, para volver a saltar con fuerza, y propinarle uno de sus fuertes puñetazos al gorila, el chico jirafa le cogió del brazo, para hacerle un estilo de llave, luego el chico alado, fue a gran velocidad y le pegó en todo a la cara para enviarle al agua, y fue ahí cuando pensé, -si, esta es la oportunidad de hacer mi nueva técnica-, pues mi cara se empezó a poner una cara feliz, felicidad por poder probar esa técnica, mis piernas se transformaron en muelles, y empecé a saltar, cada vez más alto, y cada vez cogiendo más impulso con los muelles, haciendo que la propulsión, llegase a una altura óptima, por cada salto que hacía la madera crujía, por mi peso y por la potencia que estaban cogiendo mis saltos, - ha llegado tu fin-, inicie mi último salto.

-BOTE BOTE KARAK-, una vez que mi salto llegó a lo más alto posible a unos 25 metros, comenzó mi caída en picado con mis dos pies, hacia Karak, ayudando así a la técnica marcial, que había hecho la jirafa, y a la técnica del de las alas negras, que le golpeó en la cara para hacerle también caer al mar, -Apartar!, es mi momento-, mis pies iban a toda velocidad hacia el estómago del gorila, para así enviarle a las profundidades.

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técnicas + akuma


daño+gasto
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#37
Banda Sonora
Estoy orgulloso de vosotros.

Aquel tipo... aquel monstruo... aquel infraser... se reveló ante mi anulando su transformación y retirando su cabello para poder ver dos cuernos limados. ¿Un semioni? ¡un monstruo que renegaba de su propia sangre! Mestizos acomplejados que no eran capaces de abrazar la grandeza que había en ellos bullente en su sangre. Mediosmierdas que se creían algo por contar con la bendición sanguínea de los dioses de la guerra ¡pero ellos eran la evolución hacia el lado débil evolutivo! ¡No podía perder ante alguien asi! Bufé echando aire por los orificios nasales mientras escuchaba su nombre... Taka. — Debo de estar haciéndome mayor... — dije con resignación — Te recordaré, Taka, como la escoria híbrida que soñó con derrotar a un dios — añadí, alzando mis dos puños, dispuesto a aplastarle con ellos — ¡Desaparece engendro! — grité con furia, y entonces noté un frío y agudo corte en la zona tras de mi, un desfile de acero rasgando carne y músculo, haciendo que aprovechando la curvatura que había adoptado por el ataque, me arquease aun más.

Entonces escuché las palabras del hombre jirafa, el engendro semioni, gritar con una voz desgarrada y agotada ¡no podía seguirme el ritmo! Pero si ataque fue certero y preciso, me dio la vuelta sobre mi mismo realizando una técnica marcial poderosa, nada que no pudiera superar yo, el gran Karak... pero esa escoria no peleaba sola.
Frente a mi, tres figuras se precipitaban desde distintos ángulos — ¡¿Pero qué...?! — dije, sin poder remediar mi asombro. Flotaba sobre el nivel del mar, fruto del combo de, ahora que lo veía, de regreso de su paseo marítimo, ¡dos semionis! ¡dos de ellos hacían falta para hacerme frente! Y ni con esas podrían lograr lo que sus compañeros estaban por conseguir.
La mujer pez, el hombre pollo y el hombre oso se precipitaron hacia mi. Gritaron: ¡Tierra Bote Hyakumaigawara bote dorada seiken! e impactaron sobre mi cuerpo, oso y pez en el pecho y vientre y el hombre alado en la cabeza, lanzándome hacia el mar de forma vertical descendente, haciéndome alzar las manos y extenderlas hacia el hombre jirafa, que yacía debilitado y derrotado en el suelo, tumbado — ¡Esto no terminó, "guerrero" Taka! — grité, agarrándolo con todas mis fuerzas mientras ya me sumergía en el agua por la cintura, arrastrándolo conmigo hacia el fondo del mar, llevando ambas manos juntas para sujetarlo y, dejando claro que si tenía que morir ahogado por una de estas hormigas, la arrastraría conmigo.

Yo, el gran Karak, el baluarte de la destrucción... ¿derrotado por un grupo de patanes sin organización? ¿derribado por dos semionis? ¿vapuleado por una mujer? ¡Debía estar soñando! Era imposible que conociese la derrota ¡la muerte me evitaba! ¡yo era quien los enviaba a conocerla!. ¡Esto era imposible!
Las fuerzas de mi cuerpo empezaban a desaparecer lentamente, pero el agarre no aflojaba... mi determinación no se iba a consumir. Él se iba conmigo, o de lo contrario, mi raza estaría avergonzada de que alguien como yo hubiera perdido contra alguien como él. Un guerrero que, de sobrevivir, podría sacudir el mundo. Este vacío nos abrazaría a ambos en un eterno confín de presión y oscuridad, en una tumba del océano.

— Finn... — pensé, sonriendo — Siento dejarte todo a ti... — cerré los ojos y sonreí — Acaba con ellos, capitán — y mis pulmones comenzaron a denotar la presión y la falta de aire, pues una mole inmensa de diecisiete toneladas se precipitaba al fondo marino... dándole sepultura a aquel... guerrero.





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#38
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Por fin. Los ataques coordinados de todos hicieron su trabajo a la perfección. Se habían complementado de forma que Karak tenía que ceder, de un lado o del otro, pero acabaría cediendo sí o sí. Y eso fue lo que ocurrió. Parecía que ocurría a cámara lenta, viendo cómo su enorme cuerpo cedía hacia abajo, tan cerca del límite de la plataforma, que finalmente cayó al agua. La tabla de bakumetal se tambaleó tras abandonar el inmenso peso que ejercía el gran oni, mientras Derya caía de pie sobre esta.

Respiró hondo. Era un verdadero alivio haberse librado de aquel estorbo. Y pensar que por un momento pensó en rendirse ante él, viendo que tenía a Legan agarrado del cuello... menos mal que no fue tan tonta. Se giró, buscando a Khruner con la mirada. Aquel último golpe suyo había sido una bestialidad, era la primera vez que le veía hacer un movimiento así. — ¡Lo has hecho increíble, Khruner! ¡¡Lo hemos conseguido!! — Estaba emocionada, pero también se dio cuenta de lo cansada que estaba. Mientras se movía no había sido consciente de ello, solo cuando se paró y dejó de moverse fue cuando notó lo cargadas que estaban todas sus extremidades. Pero no era nada demasiado importante. Y entonces se dio cuenta... ¿no faltaba alguien? Derya no había intercambiado mucha palabra con él -ninguna, realmente-, pero sí, deberían ser cinco y solo veía a cuatro... De hecho, pensándolo, tenía bastante sentido que no estuviera, pues el demonio rojo antes de hundirse en el mar le dijo algo como que "esto no había terminado", pero con tantas cosas ocurriendo a la vez, Derya no se dio cuenta de su ausencia hasta ese momento.

Por un momento pensó en saltar al agua para intentar buscarle, había visto que era un usuario de fruta, así que si nadie hacía nada, acabaría muriendo en el mar. Pero entonces pensó más friamente... realmente no conocía de nada a esa persona. Y allí todavía quedaban sus compañeros. Kovashi, Don Bambú y Enma. Había estado tan centrada en su propia supervivencia y en la de Khruner que no tuvo tiempo de preocuparse por ellos hasta ahora. Esa era su prioridad, comprobar que todos estaban bien. — Khruner tú espera aquí, voy a ver si puedo encontrar a los demás. — Explicó la gyojin, con todas las intenciones de lanzarse al agua para ir a las demás plataformas, pero sin lanzarse todavía.


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#39
"No es como comienza, es como termina."

A veces las cosas no salen como planeas, a veces todo se cae y te toca rehacerte de cero. Cuando partí de mi hogar buscando vengar la muerte de mi madre, jamás pensé que terminaría en el fondo del mar junto a un Oni. Uno ser de la misma estirpe que mi propio y padre. Padre al que jamás conocí. 
 
La batalla había llegado a su fin. Tras nuestra combinación, el gran demonio rojo cayó inevitablemente al agua y yo, desfallecido sobre el borde de la plataforma, solo sentía alivio y pesadez. Esta sensación se desvaneció instantáneamente cuando Karak, en un último aliento antes de hundirse, presa del efecto del mar sobre los usuarios de akuma no mi, decidió lanzar su mano hacia mí, amarrándome y ligando nuestros destinos. El demonio me arrastró hacia las profundidades. Los metros de agua sobre nuestras cabezas comenzaron a aumentar y miré hacia arriba, no vi a nadie venir en mi ayuda. Y siendo honestos, no lo esperaba. Podía sentir la satisfacción por acabar con mi vida en la cara del Oni, al que devolví por última vez una mirada y una sonrisa de emoción.
 
Lamento no haber podido cumplir lo que te prometí, mamá. Lamento no haber logrado que Sohem recordara mi nombre, o haber visto el crecimiento de los marines de la playa... pero no lamentaba esto. Nací guerrero y moriré guerrero, pensé, lanzando un último puñetazo hacia su mandíbula que, para ser justos con la verdad, ni siquiera sé si acertó en el objetivo, pues mi mente se iba disipando con la falta de oxígeno en mi cerebro. Poco a poco, fuimos adentrándonos el Oni y yo en las profundidades marinas, dirección, probablemente, el infierno, quizá donde verdaderamente pertenezcamos. 
 
No todas las historias terminan bien. Supongo que esa es la moraleja de esto.

Aclaraciones
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#40
Sentir como su carne era totalmente atravesada por mis espadas me hizo sentir una satisfacción que ansiaba desde hace mucho tiempo. El ritmo de mis latidos estaban cada vez más acelerados, hacía mucho que no liberaba esa parte de mí y quería más, quería sangre, quería ver brotar de su piel un río de sangre, quería que salpicase todo el suelo, mi rostro, empapar mis manos de su sangre, sentir sus ira descontrolada, escuchar sus gritos hasta el punto de romper mis tímpanos, que se revolcase en dolor mientras perdía la vida en mis manos, realmente estaba sediento de sangre y dolor ajeno, quería verlo muerto.
 
A mi ataque se sumó el tipo jirafa, quien se había lanzado para realizar una técnica marcial muy eficaz, tal que logró aprovechar la debilidad de sus piernas para lanzarlo hacia el mar. Desde luego era un hombre magnífico en combate, comentaría todo esto más adelante con él, de seguro también disfrutaría de este momento como yo, la hermandad del combate es superior a cualquier otra.
 
No obstante, el ataque no terminaba ahí, pues los otros tres que estaban más separados antes ahora parecían dispuestos a rematar ese ataque. Sinceramente dudaba que tal rival fuese derrotado en esos momentos, por lo que me lancé a correr hacia el centro de la plataforma con el fin de preparar mi defensa con las espadas cruzadas frente a mí. De seguro que ese gigante tendría preparado algo.
 
Desde dicho ángulo pude apreciar el ataque de estos tres, los cuales fueron también muy dignos y poderosos, realmente era posible derrotar ya al gigante rojo si conectaban todos nuestros ataques en conjunto. Era la oportunidad perfecta, y como tal, fue aprovechada.
 
El gigante rojo se precipitaba sin opciones hacia el fondo, pero para sorpresa de todos no pensaba caer solo. Extendió su mano para coger al hombre jirafa en un último instante dirigiéndose directamente hacia él, y en un abrir y cerrar de ojos se hundió en el mar con él.
 
Toda mi sed de sangre terminó de golpe al ver eso, quedándome paralizado unos segundos. Aquella mala bestia en el último de sus movimientos había alcanzado a Taka para llevárselo con él, justo cuando ya lo daba por derrotado. En tan solo un segundo todo había cambiado, la sensación de plena felicidad por la victoria se transformó en perplejidad, nunca se puede dar nada por hecho, y esta había sido una lección de vida.
 
No lo pensé más y corrí hacia el mismo borde, esperanzado de poder hacer algo. Sin embargo, no había nada, tan solo mar. Agua de mar agitada, algunas burbujas, y espumas. Mi primer instinto fue lanzarme a por él, rescatarlo, pero yo mismo sabía mejor que nadie las capacidades que tenía semejante bestia, liberarlo de sus manos era imposible sin una fuerza mayor que la suya.
 
Caí de rodillas quedándome mirando el mar, aquel mar que tanto amaba y había sido testigo de las vidas que estaban por perderse en ese mismo instante. Una vez más una vida se escapaba delante de mis narices sin poder hacer absolutamente nada. Con Terence había sido un desafortunado momento aleatorio, pero con Taka había sido en pleno combate, y hasta hace muy poco yo mismo estaba a escasos metros de él. De no haberme movido quizá hubiese podido hacer algo, defenderle con mis espadas al menos, sabía que estaba agotado y lo único que hice fue pensar en mí mismo asegurando mi defensa. Una vez más, había vuelto a fallar.
 
No conocía a este hombre para nada, pero su muerte pesaba en mi pecho, podría estar con vida si tan solo hubiese sido un poco más fuerte, o si tan solo me hubiese preocupado de protegerle, o si tan solo le hubiese arrastrado unos metros hacia el centro de la plataforma. Eran muchas las opciones que tenía de salvarle, y no hice absolutamente nada, era mi culpa.
 
Me levanté con la mirada aún fija en el mar, esperando una señal de esperanza que me hiciese creer en su regreso, cuando seis cañonazos sonaron desde los barcos. Otra vez los cañones.
 
Giré mi cabeza rápido al mismo tiempo que me ponía en guardia, preparado para defenderme en caso de ser su objetivo. Sin embargo, esta vez tampoco lo era, de nuevo disparaba a la misma plataforma de antes, al cielo, donde esta vez pude ver una estela azulada sobrevolando los cielos. Pronto pude ver que se trataba de un ave humanoide, la cual había llegado a sobrevolar nuestra propia plataforma observándonos sin hacer nada. ¿Quién cojones sería?
-        Desde luego no es alguien de los del barco, estos están disparando hacia ella. – Pensé volviendo mi mirada al barco. – Y no hace más que observarnos, de ser un enemigo ya había atacado aprovechando el factor sorpresa.

De fondo escuchaba a la gyojin felicitando al oso, aunque no presté demasiada atención a sus palabras. Por ello mismo giré mi mirada hacia el resto de personas que allí había, quería contemplar sus primeras reacciones, como se encontraban, y si se habían percatado de aquel extraño ave que nos observaba.

Todos parecían cansados por el combate a simple vista, ellos habían intercambiado varios golpes mientras yo me encontraba incapacitado para el combate. Sin duda necesitaban un descanso, pero era muy probable que la situación no nos lo permitiese, aún había mucho que hacer.

Tras mirar de nuevo que el ave seguía allí carraspee para hablar cuando la gyojin anunció al oso que esperase allí mientras iba a buscar a los demás. Debía darme prisa en hablar si quería que se enterase, parecía alguien muy fuerte, y creo que era la que mejor se encontraba del resto.
-        Bueno… - Comencé a hablar dudoso. Lleno aún de culpa por no haber podido hacer nada para salvar a Taka. Aunque estuviese afectado, debía alzar el tono de mi voz si quería llamar al entendimiento y la colaboración efectiva. – Hemos superado este primer golpe, pero no podemos bajar la guardia.

Comencé a caminar al centro observando el barco fijamente. Quería estar pendiente si lanzaba un nuevo ataque con los cañones o si ocurría algún peligro.
-        Todos tenemos personas en otras plataformas que nos preocupan, y está el caso de los civiles que están secuestrando. Entiendo que vuestra prioridad son vuestros compañeros, pero creo que deberíamos mantenernos juntos y comunicarnos por los Den Den Mushi que tengamos, el peligro no ha terminado, no estamos en una zona segura, tan solo hemos sobrevivido al primer oponente… - Miré al mar nuevamente y suspiré. – Casi todos hemos sobrevivido…

Volví mi mirada al barco y retomé la palabra, debía resumir si no quería que volviese a suceder como la anterior vez que tomé la palabra.
-        No nos conocemos, y por lo que veo hay roces entre algunos de vosotros, pero estamos en terreno enemigo. Creo que lo primero es salvarnos a nosotros, a nuestros compañeros, y de ser posible a civiles. – Señalé entonces al barco que había lanzado los cañones anteriormente para que lo tuviesen localizado. – Cuando estaba en el mar, disparó en una ocasión, y ahora ha vuelto a disparar seis veces. – Señalé entonces hacia arriba observando al ave azul sobrevolar los cielos. – Acaba de situarse encima de nosotros, creo que los cañonazos iban dirigidos hacia él. Y por último, puede que en el resto de las plataformas haya enemigos formidables como Karak. ¿Por qué no os curáis los que podáis, recuperáis energías, y planteamos algo en conjunto mientras nos informamos de la situación por los Den Den Mushi? Puede que de la siguiente no salgamos vivos, mejor estar preparados.


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