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{Presente Absoluto} La promesa de volver a vernos
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16-10-2023, 01:43 PM
⸺ Unas horas antes...
En mitad de la noche anterior, su Den Den Mushi resonó, interrumpiendo su descanso. Cuando descolgó la caracola, escuchó al otro lado una voz que le sonaba levemente... Sí, la conocía, ya la había escuchado antes. "La revolución te llama", sus ojos se abrieron como platos. Habían pasado muchos años pero esa voz... No la olvidaría nunca. "Derya Tyhr, tenemos grandes planes para ti, la Isla Gyojin te necesita." La conversación no fue mucho más larga, no se podían dar grandes detalles por un Den Den Mushi, por muy secreta que fuera la conexión. "¿Por qué yo? ¿Por qué ahora?". Esa noche Derya no pegó ojo. Sentía que su corazón se dividía en dos. Por un lado, su isla natal, su raza, su ideología, el hombre que le salvó la vida... todo eso la reclamaba, ¿qué clase de persona sería ella si lo rechazaba? Le debía todo a ese gyojin. Pero por otro lado, al fin había encontrado un grupo de personas al que llamar familia, incluso había empezado a sentir cosas más profundas por uno de ellos, se lo estaba pasando en grande y... tenía que abandonar toda esa vida de repente, pues pedían una respuesta rápida. Al par de horas volvieron a llamarla pidiendo un sí o un no. Y dijo que sí. No podía negarse, al final eso era ser revolucionaria... anteponer la causa a tus intereses personales. Eso sí, se hartó de llorar y a la mañana siguiente amaneció con todos los ojos y la nariz roja, aunque bueno, tampoco se notaba mucho gracias a su color de piel salmón.
⸺ Día 71 de Primavera, año 11, 11:00 am
Se encontraba manejando el timón, extrañamente silenciosa y seria para tratarse de Derya. Suspiraba cada dos por tres y parecía hacer pucheros y todo. Se le daba fatal ocultar la tristeza. Sobre todo cuando todos estaban tan emocionados por los nuevos wanted y el nuevo periódico en general, odiaba estropear ese buen ambiente. Pero tenía que dar la noticia pronto, cuanto más lo retrasara peor sería. Además le habían dado órdenes de no retrasar mucho su llegada a la isla. Respiró hondo, intentando calmar su mente y abandonó el timón por un momento, caminando hasta el centro de la cubierta del barco. — Chicos, tengo que deciros una cosa, venid todos por favor. — Llamó a sus compañeros, elevando la voz lo suficiente como para que todos pudieran oírla y que le hicieran caso. Por su lenguaje corporal era fácil ver que estaba nerviosa, y por su tono al hablar estaba claro que muy contenta no se encontraba. Esperó hasta que todos estuvieran cerca para seguir. — Esto no es fácil de contar, así que seré rápida... — Respiró hondo. — Me tengo que ir. — Era mejor soltar la bomba rápido, ahora podía dedicarse a explicarlo mejor. — Me han llamado de la revolución, no me han contado mucho ni creo que pueda decir mucho tampoco, pero tiene que ver con Isla Gyojin, con mi isla. — La voz se le iba quebrando paulatinamente según se explicaba. — Y no he podido decir que no, es mi gente y... ojalá no fuera así, ojalá me hubieran llamado antes de conoceros, desde luego sería mucho más fácil. — Una lagrimita silenciosa le recorrió la mejilla derecha mientras hablaba, mirando al suelo debido al nerviosismo. Sentía como si estuviera fallando a sus compañeros, como si les estuviera abandonando. — Lo siento mucho... — Otra lágrima más. A Derya no se le daba muy bien contener los sentimientos, ni la tristeza ni la alegría, siempre era como un libro abierto. Y ahora sentía tanta pena que podía notar como su corazón se hacía pequeñito en su pecho. En sus manos se encontraban los carteles de se busca de todos sus compañeros. Los guardaría como un tesoro.
16-10-2023, 04:06 PM
Aquella noche, Don Bambú no durmió muy bien. Al principio, claro, porque la verdad es que al no dormir bien, decidió no dormir sin más y quedarse hasta tarde leyendo. La luz de las velas que había cogido de la bodega del barco iluminaba de forma tenue el libro que Derya le había regalado. "Skypiea: mito o realidad". Su autor M.B. Noland, defendía la veracidad de la leyenda de la isla flotante. Por lo que Don Bambú tenía entendido, multitud de autores desestimaban la teoría, ya que no había pruebas concluyentes en las que fundamentarse para afirmar su existencia. Noland no debió de publicar su libro inmediatamente, porque conforme las páginas avanzaban, iba sacando a colación los contraargumentos que los teóricos y exploradores esgrimían para atacar la existencia de la isla. Su estilo era burdo y no muy elocuente, pero iba de frente contra todos los contraargumentos que le arrojaban en un estilo muy similar a cómo Don Bambú afrontaba los combates físicos. Hubo un fragmento que le llamó la atención en aquella sesión de lectura. Noland habló de que poseía una evidencia de la isla en el cielo. Una concha que de entre un cielo de nubes tormentosas se precipitó directa a su cabeza. Noland afirmaba que era imposible que la concha hubiese salido del mar por la altura desde la que cayó y que debía de tener algún tipo de utilidad, pero que se rompió al caer.
Una concha... La idea que estruendosamente sacudía la cabeza del panda fue aplacada por un inoportuno bostezo. Eran casi las cinco de la mañana y no había dormido casi nada. Decidió cerrar el libro, apagar la vela y tumbarse un rato. La idea de la concha surcó de nuevo su cabeza, pero rápidamente se desvaneció en el cauce de un río onírico. Las ocho de la mañana llegaron y el panda no pudo dormir más. Tenía ojeras, pero no se le notaban con su pelaje animal. Lo que sí que se le notaba era la cara de cansancio que traía, de tal forma que cuando salió a cubierta se tropezó con hasta tres personas en su camino. Se disculpó personalmente con todas y cada una de ellas, pero la última ni le contestó. Probablemente porque era una escoba. Panda se sentó en cubierta y desayunó unas cuantas manzanas de un barril cercano mientras trataba de asentarse en la realidad. El tiempo transcurrió sin que Don Bambú se diera cuenta, de modo que cuando Derya les llamó para hablar de algo, ya habían dado las 11 de la mañana. El panda se había tirado casi tres horas mirando al horizonte en silencio, medio dormido. Decidió que había sido suficiente tiempo perdido y se despejó echándose grandes cantidades de agua en la cara. El sistema funcionó, porque en cuanto se acercó a Derya para ver qué quería notó al instante que algo no iba del todo bien. —¿Estás bien? —Preguntó el panda, y su pregunta obtuvo respuesta casi al momento. Derya decía que tenía que irse. Algo en el pecho del panda se hundió al escuchar aquellas palabras. No se imaginaba tener que separarse tan pronto de la que había llegado a ser su amiga. Probablemente Derya era la persona con la que más conectaba en aquel grupo, y verla marchar sería muy duro para él. "Pero el deber es el deber", se dijo el panda, y por primera vez en mucho tiempo se recordó a su padre y odió un poco la Revolución. —No lo sientas, Derya. —Panda forzó una sonrisa. Estaba haciendo lo posible por evitar lagrimear, aunque sus ojos estaban enrojecidos ya. —Tienes tu den den mushi. Hablaremos cada poco tiempo y te visitaremos algún día en esa isla. —Bajó la cabeza y apretó tanto los dientes como los puños. —Te echaremos de menos, ¿s-abes? —Confesó, y entonces empezó a llorar y a respirar con dificultad, porque intentaba mantener la compostura. No se atrevió a levantar la cabeza, aunque probablemente todos pudieran verlo con claridad, porque Don Bambú era enorme. No supo qué más decir. Tampoco tenía claro si había algo que pudiera decir al respecto.
16-10-2023, 05:33 PM
Después de un día duro, uno dormía mejor. Kovashi se afianzó un pequeño hueco en cubierta, al aire libre, donde tenía su mochila, su caña de pescar, cuatro o cinco botellas de ron a medio beber y sus inseparables katanas que le acompañaban allá donde fuera. Fue una noche de pensar en la revolución, en Finn y en sus compañeros, más concretamente en Derya. Jugaba antes de dormir con las katanas de madera que la gyojin le entregó antes de ascender por los Cabos Gemelos. No se lo había dicho a nadie, pero por culpa de la batalla contra el capitán pirata el objeto se rompió y ahora la obra de arte estaba dividida en dos, por eso jugaba con una katana en cada mano. No se lo quiso decir a su compañera por un más que posible enfado de la gyojin, así que se tiró toda la noche creando algo. Derya suponía mucho para el peliblanco, aunque no lo manifestara demasiado, ella le procesaba un amor puro, sin paliativos, un amor más allá de lo que es tener una relación, ¿amistad? si desde luego que lo era, pero con tintes claramente emocionales más ligados a la pareja. Trabajando como pocas veces en su vida, comenzó a tallar un tronco que pescó en una de sus horas muertas. Roble de océano, como él solía llamarlo, solían estar podridos o demasiado blandos, los que seguían recios eran dignos de considerarse "robles de océano". Con uno de esos y Shuisui en mano, cortó con mira de francotirador hasta que lo terminó, allá por las cuatro de la mañana.
Al día siguiente estuvo buscando a su compañera. Caminaba, con las manos tras su espalda en busca de Derya. Iba abriendo puertas, encontrando habitaciones vacías e incluso a dos señoras montándose una tijera, ese barco era toda una fantasía. Subió a cubierta con la ilusión de un niño, intentando sorprender al único ser vivo que merecía ver esa parte de Kovashi. Cuando la encontró Panda ya estaba reunida con ella. "Me tengo que ir" escuchó. "Lo siento mucho". — ¿Derya? — Susurró, sorprendido. El regalo que había estado preparando con tanto esmero cayó al suelo. Era un muñeco de la propia gyojin, mal tallado, no se parecía en nada, pero se podía apreciar su típica coleta hacia delante, sus dientes de sierra tan característicos y una cola grande y bonita. La figura sonreía, como siempre hacía ella. Era una mala escultura, Kovashi no sabía nada de aquel arte, pero su inspiración se apropió de su nulo talento, llevándole a su creación. Entonces Panda empezó a llorar, la estaba despidiendo, aceptando que tenía que irse. Kovashi no sabía qué decir. - ¿Se va? - Pensó. - ¿Y yo? ¿dónde quedo yo? ¿no le importo? - Odiaba ser así, odiaba poner siempre a las situaciones su nombre por delante, todo lo contrario de lo que estaba haciendo su compañero mink, que aceptó la despedida entre lágrimas, pero lo aceptó, como un hombre de bien. Kovashi quería alzar la voz, impedir que se fuera, que permaneciera más tiempo con él, con ellos. - Por qué siempre eres así - Bajó la cabeza, con la desilusión como bandera. Pero después levantó el rostro, mostrando una falsa sonrisa. — Sí, mantendremos contacto. Hoy en día es posible. — Fue lo que dijo, mirando a sus ojos de animal marino, con los suyos, de humano roto.
17-10-2023, 06:15 PM
En aquel nuevo barco que habían obtenido, Enma logró hacerse un pequeño hueco entre los barriles de lo que parecía una antigua bodega. Como veis, continuaba siendo el mismo chico de siempre, aquel niño del barril. Estaban completamente vacíos, sucios y rodeados de telarañas, pero había suficiente espacio para que una persona de tamaño medio como él se pudiera acostar y descansar sin ningún tipo de barullo. El caos en el que se había visto inserto había sido demasiado para lo que su cuerpo podía aguantar, por lo que un breve reposo era algo que necesitaba. Inmerso en esa tranquilidad y nueva cotidianidad, aprovechó para leer unos libros que parecían haberse utilizado como soporte para aumentar la altura de los barriles. Algunos de ellos eran sobre medicina, por lo que los cogió para leer algunas líneas y ver qué podía aprender de ellos. Abre uno de los libros. - Para curar una pierna rota... hay que restringir el movimiento... - Leía. - Puede utilizarse yeso... para inmovilizar... - Pasó la página. - La pierna... - Suspiró. - ¿Valdrá... hollín? - Se preguntaba mientras continuaba leyendo, aunque con cierto escepticismo. La verdad es que no había demasiados remedios y las manchas de vino eran demasiado grandes como para poder continuar leyendo. Devolvió el libro a su lugar y comenzó a recolocar el hollín de la pierna, poniendo alguna que otra tirita para, según él, 'evitar que entrase algún tipo de infección'. - Al final.... esto me ha venido bien... - Susurraba mientras colocaba cada una de las tiritas. - Así tendré que estar tumbado mucho tiempo... - Recogió los restos de las tiritas anteriores y las colocó encima de uno de los barriles que le rodeaban.
Aunque llegados a este punto, lo que estaba haciendo era más teatro que otra cosa, pues las heridas habían cicatrizado lo suficiente como para no sentir un dolor tan extremo o tener que descansar durante horas sin realizar ningún tipo de movimiento. Era simplemente una excusa. Una excusa para no tener que entablar una conversación con nadie, para no tener que mostrar su estado de ánimo y para intentar suprimir los pensamientos negativos y derrotistas que lo inundaban cada día. Parecía que los sucesos que había vivido lo habían convertido en alguien más fuerte, más sociable e incluso con más carácter, pero cada vez que piensa en ello... todo se viene abajo, todo se derrumba. Al final, era un adolescente que se había visto envuelto en una situación que lo superó, pero rodeado de personas -que ahora eran su familia- que supieron y pudieron salir airosas. Y con muchas mejores recompensas. El único mal parado... había sido Enma. Y esto había reabierto heridas que ya estaban cerradas, había alimentado traumas ya 'desnutridos' y, desde luego, había cerrado todavía más el carácter del pelirrojo. Pero, aunque ahora no fuese capaz de verlo, esta experiencia lo hará mucho más fuerte, tanto física como psicológicamente. Sólo necesitaba... tiempo. Tiempo y reflexión.
Pero así es como pasaba las horas últimamente. Aprovechaba la llegada de la noche para dar alguna que otra vuelta por la cubierta, mientras el resto de personas estaban o durmiendo o, en el caso de Panda, leyendo. Pero en uno de estos paseos nocturnos, Enma se quedó completamente dormido, apoyado en el mástil del barco. La baba le goteaba hasta tal punto que no se había enterado de que Derya había estado navegando durante un par de horas, aunque fue precisamente ella quien lo despertó, indicándole, así como al resto del grupo, que se acercara al centro de la cubierta. Parecía que tenía algo que decirles. Lo cierto es que era una de las pocas veces que Enma iba a reunirse con sus compañeros y, aunque desconocía el motivo, todo aquello no tenía buena pinta. Y, tal y como había predicho, así fue. Derya los abandonaba por un supuesto cometido que tenía que cumplir. Un tema que tenía que ver con su lugar de origen, con la Isla Gyojin. Os podéis imaginar qué le puede hacer esto a un adolescente que había perdido a su familia dos veces, que venía de casi perder una pierna y que, después de tanto tiempo, por fin se sentía aliviado por haber encontrado una familia que permanecía. Pero, una vez más... ésta se rompía. - ¿Te... vas...? - Preguntó, completamente impactado y sin saber muy bien cómo reaccionar. Cual niño, o como Panda había hecho, su primer instinto fue llorar, pero sus glándulas lagrimares estaban completamente secas por las últimas horas. - Si es eso... lo que quieres... Te apoyaremos... - Murmuró, intentando mantener la compostura, mientras se acercaba a Derya. - Aunque... no me gusta la idea... - Continuó, mientras le ofrecía una tirita. Enma no tenía dotes artísticas, como mucho le podría haber hecho un dibujo de un cuervo. Pero las tiritas son un símbolo importante para él -por algún motivo- y era su manera de mostrar afecto. Para él, Derya era la capitana y la figura materna. Perderla... iba a ser un duro golpe. ¿Qué haría sin su apoyo? - ¿Volveremos... a vernos...? - Preguntó, mientras volvía a introducir las manos en los bolsillos. - Yo... no puedo nadar y... tu isla... - Señaló al mar.
Como no sabía cómo reaccionar, hablaba. Hablaba para extender ese momento, para permanecer más tiempo junto a ella, todos juntos. Como una familia. Hablaba para ignorar y ocultar el dolor. Estaba completamente destrozado, pero mostrárselo sería peor pues Derya había decidido irse. Y él, como familia, tenía que respetarlo por mucho que le doliese.
18-10-2023, 08:55 AM
Subimos al barco, el barco está bien, tampoco debería ir criticando, ya que era un regalo, estaba demasiado cansado y busque una esquinita, me estire, tal como lo hice, me quedé dormido, como un tronco. Fue cuando estaba soñando cuando empezó la función por llamarlo de alguna manera. Mi rostro era bello, andaba por las calles y las personas me iban aclamando, incluso algunas me pedían de salir, y otras me daban la libertad para hacer más cosas, ya sabéis tener relaciones más íntimas. Tenía una vida de ensueño, pues vivía en una mansión, entré y había un fuente grande donde los chorros salían por ambos lados, tenía más de cuatro habitaciones toda ellas distintas a las anteriores. Por lo visto había una mujer, mujer humana, ojo que hermosa era .... Una ola logró salpicar mi rostro en la zona donde yo dormía, provocando que yo me despertase, y así dándole fin a mi gran bonito sueño.
Abrí los ojos, mi mejilla derecha estaba empapada y no era del agua que me mojó en el sueño, era baba, mi baba. Con mi antebrazo derecho me limpié la cara, aproveche para estirar el cuerpo entero y rascarme desde la panza hasta mis partes más poderosas. Parecía que el sueño había surtido efecto en alguna parte de mi poderoso cuerpo, pues el mástil estaba preparado para el ataque. Alcance una zona de mi anatomía, más concretamente el pompis y ahí rasque con ganas. Bien rascadito, me levanté, recogí mi poncho y salí de la habitación rumbo a cubierta. El estómago me rugía, no sabría determinar si era hambre o es que me dolía de comer tanto pescado la noche anterior. Abrí el portón de madera que daba a la cubierta, con la que me di un golpe en la jeta, a veces me olvidaba de mis dimensiones. Fue el poderoso sol quién me daría los buenos días y la brisa me saludaba, con aquel olor a pescado. Claramente ese olor a mar confirmaba que lo que padecía no era dolor, si no más hambre. Fue entonces cuando vi la caña de pescar de Kova y vi que estaban reunidos. Fue ahí cuando el día cambio de repente. Escuché a Derya, se iba. ¿Era una broma? Aunque viendo las lágrimas de Panda, la reacción de Kova y el ofrecimiento de tirita de Enma, confirmo que eso era cierto. - ¡Pos si te vas, por mi mamá que me tiro al mar eh! - me acerque un par de pasos. - nusotros somos familia, la familia no se separa, me niego ante los ojos de Dios -
18-10-2023, 03:16 PM
Derya ya estaba lo suficientemente triste, pero cuando vio las reacciones de sus compañeros se rompió del todo. No era fácil para nadie, ojalá contara con más tiempo, tiempo para hacer una despedida en condiciones, una fiesta donde ahogar las penas antes de partir. Pero le habían exigido brevedad. No sabía que decir, sentía que todo lo que dijera se iba a quedar corto, así que les abrazó a todos, formando un gran abrazo grupal, el primero y el último. Todo su rostro estaba empapado de llorar como una loca, pero cuando los abrazó a todos, sonrió y pensó "no puedo dejar que lo último que recuerden de mi sea esta cara llena de lágrimas", así que se limpió con la mano y contuvo sus ganas. Ya seguiría cuando estuviese a solas.
— ¡Claro que nos volveremos a ver! Estamos en el Grand Line, mi isla no queda tan lejos. — Ya, pero era un poco difícil acceder a ella desde la superficie si no eras un gyojin, aunque había maneras de hacerlo. — No te preocupes, cuando estéis cerca iré yo personalmente a buscaros. — Le dijo a Enma, que parecía preocupado por no saber nadar. Agarró la tirita que éste le había ofrecido y se la pegó en la nariz mientras esbozaba una enorme sonrisa, aquel gesto debería ser importante para él, pues trataba a sus tiritas de forma especial. Khruner hablaba en tono de broma, como siempre, y menos mal porque aliviaba un poco ese tono tan dramático que traía toda la conversación. Por otro lado, nunca se habría imaginado a Don Bambú llorando. Casi se rompe ella a llorar otra vez... pero tenía que retener las lágrimas, solo un poco más. — Te llamaré, os llamaré a todos y hablaremos durante hoooooras y pensaréis "¿la pesada esta no se calla nunca? ¿No tiene cosas que hacer?", ya veréis, vais a acabar hartos de mi voz. — Y se echó a reír. Y Kovashi... qué podía decirle a él. Notó el tono desanimado y roto de su voz y se quedó sin palabras. Había tanto que decir, pero era tan complicado encontrar la forma de hacerlo. Le dio un beso en la mejilla y aprovechó para abrazarle y acariciar un poco sus blancos cabellos. Abrazó con fuerza, sentía que el aire se le escapaba del pecho. — Te voy a echar mucho de menos. — Le susurró en el oído. Le costó separarse de él, pero tenía más cosas que decir. — He dejado el rumbo perfecto, no hará falta ni que toquéis el timón y pronto llegaréis a tierra. — Se echó la mochila a los hombros. Estaba lista para irse. — ¡Pero no penséis que os dejo sin más! En la isla a la que vais tengo una amiga, la llamé antes para avisar de que vais para allá. Se llama Nadja, una tía más bajita que yo, rubia, piel morena... es revolucionaria tambien, de hecho fue la que me ayudó a mi a unirme. Es... un poco especial, pero seguro que os cae bien. — Entonces se fijó en que había un trocito de madera en el suelo, a los pies de Kovashi. ¿Qué era? Se agachó para agarrarlo... Era muy artesanal, pero era ella, era Derya. De nuevo tuvo que esforzarse a fondo para no llorar. Abrazó su pequeña escultura. No era perfecta, igual que ella, un fiel retrato a sus ojos. Sonrió, con una sonrisa de oreja a oreja. La vida podía ser maravillosa, el simple hecho de haber compartido tiempo con unas personas tan buenas era ya un regalo para ella. — Nos volveremos a ver, es una promesa. No lo típico que se dice cuando alguien se va. ¡Os lo prometo! — Todo estaba dicho. Ya solo quedaba... Se acercó al borde del barco y agarrando la figura de madera con una mano y despidiéndose con la otra, les echó un último vistazo a todos. Quería guardar esa imagen en su cabeza antes de irse. Respiró hondo y entonces saltó. Saltó al agua, pero se quedó por la superficie para poder ver el barco mientras se alejaba, tomando un rumbo diferente. Se quedó mirando hasta que el navío desapareció del todo en el horizonte. Y entonces lloró, desahogándose por completo. Estaba en medio del mar, nadie la veía, nadie la oía... solo estaba ella con su corazón roto. Pero sanaría, porque al final no había muerto nadie, y una promesa era una promesa: la de volver a verse.
18-10-2023, 03:51 PM
(Última modificación: 18-10-2023, 04:09 PM por Max D. Bambú.)
Poco a poco los demás fueron llegando a escena, aunque el panda era incapaz de mirarlos porque tenía la visión borrosa y los ojos enrojecidos e hinchados de la llorera. Escuchó cómo Kovashi enmascaraba su dolor, a él se le daba mejor que al panda. Enma, siempre honesto, no se molestaba en ocultar que la idea no le gustaba nada y Khruner, por su parte, decidió que la única alternativa a Derya sería el suicidio, pero en broma (creo). El panda notó la fuerza de su compañera cuando inició un abrazo grupal, y Don Bambú se lo devolvió, puede que haciendo crujir la columna de más de uno de los presentes. A veces olvidaba lo fuerte que se estaba volviendo. Se rio cuando Derya mencionó lo pesada que iba a ser con las llamadas y se frotó los ojos para limpiarse, recobrando la vista poco a poco. Cuando pudo ver de nuevo, Derya estaba abrazando a Kovashi, de modo que aprovechó para irse a un barril cercano y echarse agua en la cara para despejarse. Les habló de una chica a que podrían reclutar, una tal Nadja. Debía de ser una revolucionaria experimentada si ya estaba en el Grand Line y había reclutado a la gyojin. "Es un poco especial", dijo. Bueno, pues como todos en aquel barco de jodidos dementes, para qué mentir. El barco tenía el rumbo marcado, no era necesario hacer nada más. Derya se subió al borde del barco y el panda le dedicó un último saludo con la mano. Un chapoteo.
Y se fue. Con su marcha, la gyojin había dejado un vacío en el corazón de aquella tripulación. El panda miraba al suelo, incapaz de hacer contacto visual con sus compañeros. Incapaz de decir nada que hiciese la situación mejor. Quiso llorar de nuevo, pero fue interrumpido por una bolsa llena de papel que le impactó en la cabeza. —Ay. —Dijo al reconocer el hecho de haber sido golpeado, pero la verdad es que no le había dolido. La bolsa, al caer al suelo, liberó sobre el barco numerosos periódicos tales como los que habían leído el día anterior. —Los piratas debían tener una suscripción o algo. —Se dijo a sí mismo mientras cogía uno. Se sentó en una caja de la cubierta y empezó a leer para distraerse del hecho de que su amiga se había ido. La noticia grande de la primera página trataba sobre el asesinato de uno de los cuatro emperadores del mar, Josh Dush. Los perpetradores habían sido dos Shichibukai, los que en la noticia anterior habían formado una alianza. El panda no supo muy bien qué pensar de aquella noticia. Pero sí que reconoció el potencial que tenía un solo Shichibukai. El doctor Utakata volvió a su mente y le hizo apretar el periódico más de la cuenta. La segunda noticia de la primera página le llamó más la atención, sin embargo. Hablaba de la erradicación de los piratas Sticky por parte del Doctor Utakata. Por otro lado, opuesta a esa noticia, salían Kovashi y aquel pirata que tenía tanto wanted, al cual recordaba haber visto de lado en las plataformas. De nuevo volvían a llamar Kovashi líder revolucionario, pero lo que más le llamó la atención es que según las noticias los revolucionarios y piratas se habían enfrentado a marines y cazadores. —Más mentiras. —Bufó el panda. La siguiente página hablaba de los Shogun Gari, y Panda reconoció al instante a Tobias Murray como uno de los amigos de Garnet, aunque no le habló en ningún momento. Las demás noticias no le parecieron tan interesantes, aunque eso no significaba que no fueran relevantes. All Hunt había ganado, desastres naturales por un lado, Sanxe por el otro, blablabla, lo de siempre. Entonces llegaron los cartes de Se Busca. Kovashi le dio la bienvenida con 113 millones, seguido muy de cerca por la cara del Panda sonriendo a cámara con un valor de 91,5 millones. —¿Estáis viendo esto? —Alertó Don Bambú. Derya valía 72 millones, aunque no se paró mucho en su página para no suspirar demasiado. Khruner 56,5 y Enma 35 millonazos, más del doble que el panda con su primera recompensa. —Te vas a buscar problemas, Enma, jejeje. —En aquel barco, contando la marcha de su amiga, había ahora mismo 296 millones de berries en personas. La recompensa más grande volvía a ser del 'Rey de los Piratas', que tenía 133 millones puestos en su nombre. Pasó un par de nombres que no le llamaron la atención y se encontró con Garnet y sus 50 mirándole a la cara. Pausó su lectura unos instantes y sonrió para sí mismo. No estaban pasando desapercibidos. Cuando más crecía sus recompensas, más miedo tenía el Gobierno de ellos. Los 296 del barco se convertirán rápidamente en una suma mucho mayor, solo necesitaban tiempo.
18-10-2023, 07:05 PM
Pronto fue Enma el que apareció, después Khruner. Estaban todos allí, despidiendo a la mujer gyojin. Kovashi les miró, uno por uno, descifrando en cada uno de sus comentarios y de sus rostros, pesar, como en el suyo mismo, aunque las palabras dijeran otra cosa. Derya comenzó con su entusiasmo, que no tardó en contagiar a los demás. - Se tiene que ir contenta, deja de amargarle la vida a todo el que te muestra algo de aprecio - Fue como un despertar, la actitud casi cómica de Khruner fue lo que le sacó de su letargo de pena. — Espero que tu amiga se deje mirar. — Indicó, haciendo referencia a que tuviera un cuerpo esbelto, como el de la gyojin. Era broma, pero no era broma, verás qué risa. Todos se unieron en un abrazo grupal que quedaría para el recuerdo. Decía que llamaría, que se pondría en contacto con llamadas eternas que no acabarían nunca, ¿de verdad la creían? es lo típico que se decía, el peli blanco lo sabía, sabía que ese día terminaría el contacto con la gyojin, que hoy era el último día que la podría ver. Esto era el Grand Line, Finn fue una gran demostración de que en cualquier esquina uno palidece ante las potenciales amenazas. Nuestro querido protagonista no podía dejar de darle vueltas, pero mostraba una sombreada sonrisa que se cortó cuando la mujer llegó hasta sus brazos, mezclándose en un abrazo. Un esperanzador "Te voy a echar de menos" que no terminó, pues el espadachín le sujetó el rostro con su diestra y la besó. Sintió aquel calor en Conomi, bajo una cueva submarina, cuando Kovashi aún no era portador de akuma.
Su piel era húmeda, sus labios estaban calientes, su lengua, áspera. Y siempre olía bien su pelo. Nada escapaba al olfato de Kovashi y menos un olor como el de Derya. Su mano derecha pasó instintivamente la nalga de la mujer, palpando la misma. Ambos cayeron en una risa leve. Solo ellos entenderían el chiste. Después se separó, subió sobre la madera y con unas últimas palabras repletas de simpatía, como siempre, saltó para perderse en el océano. Fue instintivo, el cuerpo de Kovashi se movió por inercia, realizando un salto improvisado que le dejó sobre la misma madera que Derya saltó. La imagen de su compañera de vida se iba perdiendo con la distancia. — Sobrevive, por favor. — Sentenció, con seriedad mirando el horizonte. Algo cayó en el regazo del espadachín, como en la llegada a los Cabos Gemelos, de igual forma. Era el periódico, como si tuviera un imán, parece que buscaba su contacto. La sonrisa se dibujó en el rostro de Kovashi al escuchar a Panda decir que los piratas tenían una subscripción. Bajó dando un salto y caminó varios pasos hasta colocarse con sus compañeros. — La portada impacta. — Carraspeó la voz, notando como tenía la garganta tomada antes de arrancar. La muerte de un yonko no era cualquier chorrada, eso podría sacudir el mundo y quién sabe si no lo había hecho ya. Lo más sorprendente era que la alianza entre Alice y Maddohtta había dado frutos muy rápido. Muchas piezas haciendo muchos movimientos. — Si el gobierno no lo acepta, habrá consecuencias graves, seguro. — Continuó leyendo el periódico y no dejó de sorprenderse. La derrota de los piratas Sticky llamó la atención en el mundo, aunque les quitaban completamente el mérito, si llegaría este de otra forma. Los wanted. Levantó el de Khruner, colocándolo cerca de la cara del oso, comparando. — Te han dado cincuenta y seis millones de wanted, por fin han visto el peligro en esa mirada aniñada de oso con carencias afectivas. — No pudo ocultar la sonrisa, paradojicamente no dejaba de sonreír, aunque aquello supusiera un antes y un después. Ni siquiera miró el suyo, no le importaba. Después vendría el de Panda y el de Enma, ahora todos eran revolucionarios buscados, muy por encima del peligro de antaño. Entre los carteles apareció Garnet. — ¡Jajajajajajajajaja! — No contuvo la risa. La carcajada explotó, soltando saliva sobre la aniñada cara de Enma, cubriéndola de babas. El sentimiento de orgullo le invadió, como cuando vió la cara de Khruner en el cartel. — Necesito contactar con la revolución. Necesitamos. — Comentó, mirando a sus camaradas, más aliviado y enérgico. — No podemos dejar que Derya nos pase por el costado, va siendo hora de implicarse más. — Sonaba con seridad, como si fuera ... Un jodido líder revolucionario.
20-10-2023, 11:31 AM
Durante la despedida, varios pensamientos inundaron la mente de Enma. - ¿Y si... algún día me... llaman a mí? ¿Y si yo también... tengo que dejar... mi vida... atrás por la revolución? ¿Realmente... quiero esto? - Fueron muchas las preguntas que el pelirrojo se hizo mientras Derya todavía permanecía frente a ellos. Escalofríos, como una especie de terror, recorrieron su cuerpo de arriba-abajo, reforzando todavía más su leve estado de ánimo y de humor, por poner en duda un objetivo que él creía que estaba muy afianzado en él: la revolución. Pero no era el momento de pensar en esto, no mientras ella se estaba despidiendo... No era fácil. El escenario tampoco era el más adecuado, aunque aquel abrazo grupal había sido un alivio para todos los presentes. A pesar de los ojos hinchados de Panda, de del tono jocoso de Khruner y de la falta de palabras de Kovashi, Derya había llenado a aquel grupo de una alegría inconmensurable y había mejorado los ánimos con todas y cada una de sus palabras. También con sus gestos, cogiendo la tirita de Enma y poniéndola en su rostro. – Pero se te va a caer... – Dijo el pelirrojo, mientras señalaba el mar. Pero daba igual. Lo que importan son los detalles y, al final, las tiritas se desgastan. – Vendrá a vernos... – Se quedó con esa frase y retrocedió unos pasos para dejar que tanto ella como Kovashi disfrutaran de su momento. No quería ser inoportuno, aunque su rostro estuviera diciendo “No entiendo cómo puede fijarse en alguien tan ególatra”. Aunque no pudo escuchar demasiado, le pareció entender que también habló sobre una supuesta amiga que les estaba esperando; una revolucionaria. ¿Cómo sería? Pero poco tiempo le dio a Enma para pensar y reflexionar sobre todo pues, en un par de segundos, el cuerpo de Derya se desvanecía entre la inmensidad del océano. – Adiós... – Murmuró, mientras contuvo sus ganas de lanzar un par de tiritas al mar. No era un funeral, y tampoco había que contaminar su casa. Había dejado un hueco difícil de llenar... Pero se volverían a ver.
Se dio la vuelta, volviendo la vista al interior del barco e intentando no relacionarse con sus compañeros, que todavía estaban visiblemente afectados. Pero el destino, como antaño, quiso que esto no fuese así. Una serie de periódicos cayeron en el centro del barco, lo que en cierta manera obligó a que todos ellos interactuasen. Enma cogió uno y se subió a uno de los barriles de la cubierta. Estaba cerrado, así que no podía meterse dentro; si no, lo hubiera hecho. En la portada del periódico, la muerte de un yonko, debido a la alianza de una pirata y un Shichibukai. El mundo se estaba volviendo loco, pero que un Shichibukai le diera la espalda al gobierno era una buena señal. – Los piratas Sticky... han sido aniquilados... – Leía. – El respetado... Shichibukai Utakata... – El poder siempre se protegía a sí mismo. Por supuesto, la información que contenía era completamente sesgada. ¿Dónde estaban las muertes que había provocado el doctor Utakata? ¿Dónde está Bepso? Enma apretaba el periódico con fuerza, con cierta rabia, mientras continuaba leyendo sobre una supuesta batalla “entre piratas, revolucionarios y marines” en los Cabos Gemelos. - ¿Por qué no... cuentan la verdad...? ¿Que el gobierno... es cómplice? – Preguntaba, con el periódico en mano. Aunque la respuesta estaba clara. – Los Shogun Gari... Bepso... Quizá Kuraku... – Pensó para sí mismo, recordando a sus compañeros. – El Reino de Ryugu... Gyojin... ¿Derya? – Quizá podría tener algo que ver, lo que generó cierta preocupación en el pelirrojo. Pero ella era fuerte. No pasaba nada.
Y llegaron los wanted. Enma no se había enterado hasta que escuchó a Panda decir... – Te vas a buscar problemas, Enma, jeje – Desde luego, después de lo sucedido, no esperaba tener ninguna recompensa. Mucho menos después de no haber acabado con Glotz y no haber podido hacer nada más que ganar tiempo. En cierta manera, la noticia y comparativa con el resto de wanted generó en el joven una cierta sensación de tristeza y frustración. Pero no se quería centrar en ella. No podía seguir encerrado en esos pensamientos, así que optó por tomar otra vía... – Kovashi... tienes más recompensa... – Miró para él. – Quizá es mejor que te entreguemos... y compremos un barco... mejor... – Continuó. Era consciente de que, sin Derya, se creería el rey de la banda. Incluso se creía con la potestad de llenar de saliva el rostro de Enma. Sus palabras reafirmaban todo esto, expresando -o, mejor dicho, ordenando- que deberíamos contactar con revolución. – No te engañes... – Suspiró. – Contactaron con Derya... porque era la líder... a ti... todavía te queda mucho... – Tiró el periódico al suelo. – Yo... voto por Panda... – Saltó del barril. – Panda... presidente... – Continuó, mientras se acercaba al borde para contemplar el mar.
Chacho, que estaba pasando, notaba la alegría invadir mi cuerpo. Ese wanted que Kova me enseñó me embriagó por dentro. Tomé la imagen de mí cara y empecé a dar saltitos, que no eran saltitos, porque un tío que pesa más de trescientos kilos, no da saltitos, da saltotes. Dejé caer mi culo al suelo, haciendo retumbar el barco, mi cuerpo y el físico de los presentes. - Si mi mama viera esto se emocionaba - Lo puse cerca de mi cara, ver bien no era una de mis virtudes. - Andive si es que man sacao guapo - Me entró hambre al instante, algo natural, ponerme nervioso me daba gusa. Apoyándome con mi brazo derecho, logré alzarme de nuevo y empecé a buscar por cubierta. No le hice caso a Enma, ese chico siempre hablaba tan bajito que casi nunca le escuchaba salvo cuando lo tenía muy cerca.
- le podrías pedir al señol que te diera una voz mejor digo yo ehhh - Comenté mientras seguía buscando. Comencé a olfatear la madera, siguiendo un rastro que me llevó casi a saltar del barco. Lo que vieron mis ojos al asomar era una increíble montaña que estaba aún borrosa. Y un pequeño pescado colgando de una caña que habían dejado puesta. Agarré de un zarpazo la comida y me quedé mirando la montaña lejana. - Nenes ¿eso no será lo que creo no? Lo juro por mi papa que como eso sea tierra os invito a algo al llegar - Kova solía aceptar rápido mis apuestas por que solía fallar, pero esta vez algo me decía que estaba en lo cierto. ¿Podría ser? Preferí no anunciar mi oferta de porra, porque las hienas se me abalanzarían encima, lo mejores que pasara lo que tuviera que pasar sin que metiera mis zarpas. Mordía el pescadito que resultó ser una lubina bastante accesible, de dos bocados me sacié, aunque lo rematé con un tercero, engulléndolo todo. - Ahora que Derya no está, que el señol nos guíe, ¿sabéis como frenar el barco? yo podría intentar empujar hacia ... - ¿Que estaba diciendo? ¿empujar por donde? necesitaba canilzar mi estupidez, por que empezaba a sentir que no me tomaban en serio. Mucho mejor callar que hablar y cagarla. Con el único que sentía confianza como para soltar cosas asi era Kova y algo mi primo Panda. Bueno no era mi primo, pero me gustaba pensar que si. |
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