[Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla
#11
La pregunta de Akira era natural, pero causó un inmediato choque de realidad en Juan, —Pompas... puedo hacer pompas ¿No todos pueden?— Era algo que siempre había dado por hecho. —Siempre pensé que era algo que podía hacer todo el mundo, pero ahora que lo mencionas, solo he visto a mi padre hacerlo. Es sencillo solo tienes que hacer *CRBBCRBBCRBB* mientras te colocas la concha como si fuese una pipa— Claramente ignoraba que era algo que podía hacer únicamente por sus cualidades de cangrejo. 

Mientras hablaban pudo vislumbrar el cuartel en la distancia, no era nada realmente especial, pero para él era impresionante a la vista, sin dudas un bastión de la justicia. Sintió mucha curiosidad por los oficios de sus compañeros —Akira, que es lo que hizo que quisieras ser navegante, que es lo que mas te gusta del mar?—  Juan era un gyojin y, por supuesto, compartía un amor muy profundo por el mar, era un lugar donde sentirse seguro, arropado.—Dev, ¿De verdad puedes curar a personas de nuestro tamaño? Es fascinante, seguro que tienes un pulso muy firme, estoy seguro de que necesitaremos mucho tus servicios jajajajaj— Dijo aquello último claramente de broma pero en el fondo estaba seguro de que sería así, enfrentarán muchos peligros en la Marina y él tiende a llevarse golpes en esas situaciones. —Por cierto yo soy manitas, desde chico ayudé en el taller de mis padres así que puedo reparar armas y crear utensilios sencillos, aunque en un futuro podría estudiar carpintería, tengo algunos fundamentos—

Faltaba poco para llegar al cuartel, las vistas de la isla y el pueblo eran, por decirlo de algún modo, nostálgicas, solo llevaba allí unos minutos, pero sentía como si la calma de la isla lo envolviera. La conversación volvió al tema de la comida, era un tema que a Juan le hacía mucha gracia —Las gambas... Primas segundas más bien, podría comerme alguna— Dijo mientras hacía un esfuerzo enorme por no reírse. Mientras más hablaba con ellos más cómodo se sentía, era un sentimiento familiar que no tenía desde que perdió a sus padres.

Akira mencionó su entrenamiento y despertó una duda en Juan, estaba convencido de que trabajarían juntos a partir de ahora, así que tenían que conocer sus estilos y habilidades para desenvolverse bien juntos en el futuro —Puedo ver que te gusta hacer sonreír a la gente solo por el recibimiento que nos has dado subido en los barriles jajajajaj, por cierto hablando del trabajo ¿Cuál es vuestro estilo de combate? Yo personalmente me enfoco en combates frontales a corta distancia,  resisto bien los ataques—

Al llegar a la puerta Juan se guardó la concha para hacer burbujas por miedo a que se la requisaran, tener que madrugar o hacer las tareas básicas de un grumete sin la posibilidad de relajarse con sus burbujas le aterraba.
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#12
El camino de baldosas anaranjadas serpenteaba bajo sus pies, un río de arcilla que los guiaba desde la anarquía del puerto hacia el orden prometido del cuartel. A los lados, el pueblo de Baquella era un tapiz de vida bulliciosa, sonidos y olores que Develio registraba sin emitir juicio. Las preguntas de Akira hacia Juan sobre las pompas, y la explicación cándidamente ajena del gyojin sobre sus propias habilidades biológicas únicas, fueron archivadas por Develio con el mismo interés clínico que dedicaría a la lectura de un tratado sobre fisiología exótica. Eran fascinantes en su simplicidad, en la forma en que revelaban la verdadera naturaleza de cada uno.

El semigigante continuó fumando su pipa, una presencia silenciosa que anclaba la conversación errática de sus compañeros. El humo con aroma a mango se arremolinaba a su alrededor, una barrera casi invisible contra el ruido innecesario, permitiéndole centrarse en la información pertinente. El reconocimiento de Raito de su rol como médico fue recibido con un leve asentimiento, imperceptible para cualquiera que no lo estuviera observando de cerca. Luego, la declaración de Akira: "Yo soy navegante". Útil, pensó Develio. Un navegante competente era la diferencia entre una misión exitosa y un desastre en alta mar. Y la confesión posterior de Juan: "soy manitas". Igualmente útil. La capacidad de reparar equipo y armas era esencial en un mundo donde el desgaste y la batalla eran constantes. Eran piezas de un engranaje. Médico. Navegante. Manitas. Un núcleo funcional estaba comenzando a tomar forma.

Las bromas sobre la comida y el parentesco con las gambas obtuvieron una respuesta no verbal por parte de Develio: la comisura de sus labios se curvó fugazmente alrededor de la boquilla de su pipa, formando aquella sonrisa ladeada, casi imperceptible. Era su equivalente a una risa compartida.

La pregunta de Juan, sin embargo, lo sacó de su observación pasiva. "¿De verdad puedes curar a personas de nuestro tamaño?". La pregunta no contenía malicia, sino un asombro genuino que el gigante había encontrado en muchos otros. Retiró la pipa, y la nube de humo que exhaló fue pensativa.

-El tamaño es un desafío de escala, no de habilidad- su voz retumbó, tan profunda y serena como el propio océano. -Los órganos, los huesos, los músculos... todos obedecen a los mismos principios. Una arteria humana es un hilo fino. Una arteria de gigante, una cuerda. El principio para suturarla es el mismo, solo cambia el tamaño de la aguja.-

Miró sus propias manos, enormes y surcadas de viejas cicatrices. -Mi pulso...- continuó, su voz bajando a un murmullo introspectivo. -...es lento. Como el corazón de una ballena. Firme. Es una necesidad del oficio.- Su mirada se encontró con la de Juan. -Y sí. Me temo que necesitarás de mis servicios con frecuencia si tu enfoque es el combate frontal. Procura mantenerme ocupado arreglando a nuestros enemigos antes de encerrarlos, no a ti.- Era su forma de humor, seca y pragmática.

La siguiente pregunta de Juan, sobre su estilo de combate, le hizo hacer una pausa. ¿Cómo describir algo que no consideraba "estilo", sino simplemente... una aplicación necesaria de la anatomía?

-Con mis propias manos.- afirmó con una simplicidad desconcertante. -Diagnostico... y luego, trato la condición, si es alguien muy peligroso hay que anestesiar lo a golpes, hay veces en la que la anestesia acaba con el paciente si se resiste mucho...- Hizo una pausa, permitiendo que la ambigüedad se asentara. -Cada cuerpo tiene puntos de fallo. Articulaciones. Centros nerviosos. Puntos de equilibrio. Un ataque frontal contra mí es... ineficiente. Es como intentar derribar un muro empujándolo. Es más efectivo encontrar las grietas en sus cimientos y aplicar la presión justa en el lugar correcto.- Era una explicación críptica, la descripción de una forma de combatir que era más deconstrucción que destrucción.

Mientras hablaba, observó la revelación de Akira sobre su escaso tiempo en la Marina. No le sorprendió. La competencia no siempre era producto del tiempo, sino de la aptitud y la actitud. La filosofía de Akira sobre representar a la Marina era... noble. Develio no compartía ese idealismo. Él no representaba a la Marina. Él la utilizaba, como un doctor utiliza un hospital, como una herramienta para cumplir su verdadero propósito: sanar un mundo enfermo, a menudo cortando las partes infectadas.

Finalmente, llegaron a las puertas del cuartel. La bienvenida del sargento fue concisa, la entrega de estadísticas que su mente archivó de inmediato. El cuartel no era grande. Pero como había aprendido hacía mucho tiempo, el tamaño de un hospital no define la habilidad de sus médicos. Mientras Akira y Juan reaccionaban a la formalidad de su nuevo hogar, Develio solo tenía un pensamiento, una prioridad que eclipsaba todas las demás. Dio una última calada a su pipa y desechó el resto al suelo con un golpeteo en el dorso de su enorme.
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#13
El sargento que les esperaba en la entrada de la pequeña base del mar del sur pronto empezó con la palabrería típica de un rango superior en jerarquía. Un barrido rápido sobre las instalaciones y la distribución de las mismas, estadísticas veloces sobre los que habían sido destinados al cuartel, algo a lo que Akira se había adelantado a decirles con la velocidad de un rayo, y la toma de decisiones sobre lo que debían de hacer a continuación.

Y Akira volvía a ser el encargado de ello, esta vez de acercarlos a sus alojamientos. Por suerte, y aunque la base era pequeña, cada soldado tenía su propia habitación. No eran del mismo tamaño que la del comandante ni el teniente, pero si contaba con lo esencial: una cama, un armario, un escritorio y una ventana. Los baños sí que eran compartidos. Y seguramente y para sorpresa de Develio, como los alojamientos estaban en otro edificio separado de lo que eran las oficinas del cuartel, y ya habían recibido la notificación acerca de su estatura, su habitación era exactamente igual que las del resto, contando con mayor cantidad de metros cuadrados en proporción a su tamaño.

De camino a que dejaran su equipaje en sus respectivos cuartos, Akira regresó a la conversación que tenía con sus compañeros mientras observaba entre líneas aquel papel que le habían entregado, en el que habían anotados los nombres de sus compañeros, su número de identificación dentro de la Marina y el número de su habitáculo. Cada cual, con un nombre más extraño, y muchos de ellos sin apellidos, algo que le resultaba curioso pero que era bastante común en el universo en el que se encontraban.

—Pues verás amigo, lo de ser navegante casi que fue más idea de mi abuela, aunque no llego a recordar cómo fue exactamente… Siempre me ha gustado el mar. Desde pequeño siempre he sido el primero en esta isla en lanzarme al agua, me gusta bucear, nadar, y ojalá ser como tú, que seguramente podrás respirar debajo del agua. Tanto tiempo entre las olas tenía que servirme para algo más, y por eso decidí estudiar navegación. Me resulta interesante como funcionan las mareas y la capacidad que puedo llegar a tener de controlarlas. Bueno, no en el sentido literal de la palabra, sino con el timón de un barco. Quizá puedas enseñarme algo, después de todo tu has habrás vivido entre ellas muchos años, ¿no? —lo dio por hecho al tratarse de un gyojin, pero quizá no hubiera sido el caso y llevaba casi toda su vida fuera del agua. No lo podía saber, pero ahí lanzó la propuesta. Un navegante, un médico y un manitas. Eran tres oficios bastante útiles para cualquier grupo o división, si conseguían especializarse serían prácticamente invencibles.

Era el turno de Develio, así que se limitó a escucharle. La manera que tenía de hablar acompañada del retumbar de sus cuerdas vocales transmitía una calma lejana. Por un lado, no quería tenerlo que ver trabajar, porque eso supondría que alguien se encontraba herido, pero por otro sentía una curiosidad enorme de ver como era capaz de curar a alguien tan pequeño como Akira teniendo en cuenta su tamaño. Había tantas cosas que todavía tenía por descubrir el joven marine de pelo rubio y salvaje, que no podía evitar sentir una creciente emoción en su interior que pronto canalizaría echando a correr o tensando todos sus músculos.

—Pues ya somos tres. Yo también me centro en el combate cuerpo a cuerpo, aunque está claro que no resistiría tantos golpes como vosotros. Dev, tú eres una muralla, y tu Juan Sebastián, tienes una cáscara bien dura… Intentaré resistir los golpes como seguramente lo hagáis vosotros, aunque soy más como un mono que da volteretas y hace movimientos algo extraños —expresó con una sonrisa. No quería sentirse atrás como humano, pero estaba claro que en lo que era aguantar golpes, se encontraba muy por detrás en capacidades si se comparaba con sus compañeros, y en cuestión de agilidad, que era lo que intentaba que fuera uno de sus puntos fuertes, dentro del agua el cangrejo le daría mil vueltas.

Una vez en sus aposentos, Akira les dio unos diez minutos para instalarse y regresar al pasillo, donde les estaría esperando de brazos cruzados y apoyado en la pared, para a continuación alegrarle la mañana al coloso y acercarlos a todos a que conocieran la enfermería—. Bien, pues ya hemos llegado. ¿Qué te parece grandullón? —le preguntó mientras le ponía su diminuta mano en el gemelo como muestra de compañerismo—. Quienes no entiendan de esto, por favor, no toquen nada, es muy fácil que las cosas se infecten… Eso sí, cuando os encontréis mal u os hayan hecho cualquier tipo de daño, este es el lugar al que tendréis que venir. Corriendo a ser posible, o bueno si no podéis correr que os acerque alguien… Pero aquí es el lugar. Como habéis podido ver, la sala de espera no es muy grande, no solemos sufrir muchos accidentes en esta isla. Ah, y allí es donde se nos trata de urgencia, enseguida iremos —contaban con un par de despachos donde pasar consulta y una zona de urgencias sanitarias con varias camillas, utensilios, bolsas de suero, neveras con vacunas y sangre donada y muchas otras cosas que Akira no sabía ni para que servían.
—Hablo —. ”Pienso”
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#14
A Juan le fascinó la respuesta de Develio sobre su "estilo" de combate, su devoción por la medicina era tal, que estaba visiblemente presente en todos los aspectos de su vida. Él siempre había visto los combates de una forma mucho más directa, encarar a tu enemigo, pegar más fuerte, ser más rápido, aguantar más... El mundo era grande no solo en tamaños o paisajes, había puntos de vista únicos para cada pequeño detalle.

El Sargento que esperaba en la puerta empezó con la palabrería típica, su tono era el de esperar de alguien de su rango. Lo único en lo que podía pensar durante el monólogo de su superior, era en como sonaría esa penetrante voz por la mañana al despertarse, o cuando le encuentre escaqueándose de sus tareas de limpieza, un panorama desolador en su cabeza. 

Una vez terminadas las indicaciones del sargento, Akira les mostró sus dormitorios. Era mucho más de lo que esperaba, después de bastante tiempo navegando para llegar a la isla compartiendo un zulo con varias personas más, esto era un paraíso de paz y espacio. No tenía mucho que guardar, solo las mudas del uniforme que le habían entregado al embarcar, ni siquiera se trajo sus preciados comics, esto era un nuevo comienzo para él, ya no necesitaba sus tomos porque por fin había llegado el momento de convertirse en el héroe, no necesitaría sentarse en su habitación a fantasear, se había determinado a convertir su vida en lo que siempre había soñado.

Escuchó con sincera curiosidad la respuesta de Akira sobre su amor por el mar y las mareas —Si te soy sincero no se tanto sobre las mareas, casi siempre que estoy en el agua me limito a explorar el fondo marino. A día de hoy si me considero un gran nadador, y poder respirar bajo el agua lo hace todo más fácil— El mundo estaba compuesto en mayor parte por agua pero imaginaba que la mayoría de sus acciones en la Marina serían en tierra firme, así que se preguntaba hasta que punto podría aprovechar esas ventajas mientras cumple con su deber.

Akira habló sobre su estilo de combate y Juan respondió —No todo es ser muy resistentes, ¿un mono que da volteretas? Jajaajaja, suena a algo que le va a dar más de un dolor de cabeza a los criminales—Juan aprovechó el tiempo de instalarse para procesar toda la información de la mañana. Nuevos amigos nuevos retos, futuras aventuras...  No podía esperar para empezar su vida como Marine.

No se adentró mucho en la enfermería, era algo torpe y no quería arriesgarse a romper o infectar los delicados instrumentos. Desde fuera le recordaba ligeramente al viejo taller, pero todo era más sensible, más delicado, no era algo hecho para él eso seguro. Mientras Akira les enseñaba las nuevas instalaciones una duda abordó la cabeza de Juan acerca de las donaciones de sangre, y sabía a quien podía preguntarle —Dev ¿los humanos y los gyojin pueden compartir sangre?— Desde fuera eran claramente muy distintos pero ¿Y en el interior? También se preguntaba como podrían encontrarle las venas y clavarle las agujas a través del caparazón, no preguntó esto para no agobiar a su nuevo compañero con preguntas innecesarias. 

—Hablo—
—Pienso—
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#15
El barrido de información del sargento fue conciso, datos que la mente de Develio absorbió y organizó sin esfuerzo mientras seguía a Akira Raito hacia sus nuevos alojamientos. El camino estuvo salpicado por el parloteo alegre de sus dos compañeros, una banda sonora de curiosidad y camaradería que Develio registraba con una calma distante. Las preguntas de Akira, las explicaciones de Juan... eran como leer un archivo vivo sobre las personalidades de su nueva unidad.

Su habitación fue una grata sorpresa. Más grande de lo habitual con tanto espacio como para poder sentirse cómodo sin tener que agazaparse o tener cuidado de no romper muebles. Un reconocimiento práctico a su existencia, algo que pocas veces le había sido concedido en otros buques o destinos. Depositó su petate en el suelo con un ruido sordo, también su mochila. El proceso de "instalarse" le llevaría menos de un par de minutos. Tenía pocos bienes materiales, ropas de cambio, capas, ropa interior, calcetines para las botas que no solía usar pero que tenía a disposición de su talla. Todo muy ordenado y planchado a la perfección.

Reunidos de nuevo, siguió a Akira hacia el destino que más le interesaba. La enfermería. Al entrar, el olor familiar a antiséptico y esterilidad fue como una bocanada de aire fresco para él. Mientras Akira presentaba el lugar, los ojos de Develio se movían con metódica lentitud, realizando un inventario visual, una evaluación profesional del espacio y sus recursos.

Su enorme mano se alzó, no para tocar, sino para señalar hacia el área de urgencias.

-La disposición es eficiente,- fue su primer veredicto, su voz un murmullo profundo que pareció hacer vibrar los frascos de cristal. -El acceso a los sueros y a las neveras es directo desde las camillas. Reduce el tiempo de respuesta en casos de shock. Bien pensado.

Se acercó a uno de los armarios de instrumental, agachándose para examinar su contenido.

-El instrumental es básico, menos mal que traje mis propias herramientas. Adecuado para el trauma común en una base pacífica. Será necesario solicitar equipo más especializado si prevemos enfrentamientos... más serios.- No era una crítica, sino la planificación anticipada de un profesional.

Fue entonces cuando la pregunta de Juan Sebastián llegó, cortando su análisis. La curiosidad del gyojin era una chispa de inteligencia que Develio apreciaba. Se irguió lentamente, girando su imponente figura hacia él.

-Excelente pregunta, Juan Sebastián,- dijo, su tono adquiriendo una nota casi académica. -La respuesta corta es sí. Sorprendentemente, podemos.

Hizo una pausa, asegurándose de tener toda la atención de sus compañeros.


-Durante mucho tiempo, se creyó que era imposible. Nuestras fisiologías son diferentes. Pero la ciencia en el Grand Line avanza. Descubrieron que, a pesar de las diferencias en la eficiencia del transporte de oxígeno, nuestros tipos de sangre básicos son compatibles en la mayoría de los casos. La sangre gyojin puede salvar una vida humana, y viceversa. Un puente biológico fascinante entre nuestras especies.


Una sombra de algo parecido al entusiasmo cruzó sus ojos.

-De hecho,- continuó, -la Marina ha estado realizando estudios experimentales. Hay teorías de que una transfusión de sangre gyojin a un humano podría aumentar temporalmente la capacidad de oxigenación de sus tejidos. Podría permitirles aguantar la respiración más tiempo, o tener más resistencia en combate. Aún son solo... estudios preliminares. Con muchos riesgos. Pero el potencial está ahí. Somos diferentes, pero no somos... incompatibles, además se buscaba...bueno esto era algo más secreto, pero que diantres, se estaba intentando paliar los efectos del mar en los poseedores de frutas del diablo....pero todo eso es teoría médica ya sabes...cosas que escapan a un nivel de medicina estandar.-
Su mirada se posó en el brazo con pinzas de Juan, una sonrisa casi imperceptible curvando sus labios.

-Y sobre tu otra pregunta, la que no hiciste. No, no intentaría pinchar tu caparazón. Tu vena yugular, en el cuello, está expuesta. O la arteria femoral, en la unión de tu pierna con el torso. En caso de necesidad, siempre hay un camino. Todo cuerpo, por muy blindado que esté, tiene sus puntos de acceso.-
Volvió su atención a la sala, su evaluación inicial completa.

-Este lugar... es bueno,- concluyó, con un firme asentimiento. -Es limpio. Está bien organizado. Con esto, puedo mantenerlos a ustedes dos en una sola pieza. Intenten no ponérmelo demasiado difícil ¡Tortortortortor!.-La última frase era una mezcla de advertencia y camaradería cuando soltó su risotada característica. Era su forma de decirles que estaba listo. Que el taller estaba preparado, y que ahora confiaba en que sus dos ruidosos e impulsivos amigos intentaran no convertirse en sus primeros pacientes. Estaba en su elemento en aquellas paredes llenas de alcohol, antiséptico y gasas.
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#16
Las caras de alegría de sus compañeros al ver sus dormitorios le sacaron una sonrisa genuina al joven de cabello puntiagudo. El barco en el que los vio llegar no parecía ser muy cómodo, de hecho, le sorprendió, ya que parecía un buque de batalla, no un crucero en el que los reclutas pudieran tener una serie de comodidades mínimas. Normalmente en las travesías largas se dividían en varios navíos, teniendo varios con soldados de guardia por si alguna amenaza se acercaba a su perímetro, pero permitiendo al resto un buen descanso. No iban a librar ninguna batalla, así que seguramente sería el barco que quedaba libre. Algo le quería sonar a Akira de que había movimientos por mar intentando cruzar al Grand Line, pero no le dio mucha importancia. Quizá ese sería el motivo de hacer un traslado en un buque de guerra.

—Que suerte compañero… Respirar bajo el agua… —por u n momento se perdió en sus pensamientos, soñando con cómo sería la posibilidad de bucear por tiempo ilimitado, sin preocuparse en absoluto por esa molesta presión en los pulmones. No se arrepentía de quien era ni de la raza a la que pertenecía, pero por gustos personales, le hubiera hecho la vida mucho más fácil—. ¿Si estáis mucho rato fuera del agua os resecáis? —volvió con rapidez, quizá era por su tipo de piel, ya que el cangrejo era una cáscara por fuera, pero solo de imaginarse tener que estar húmedo todo el tiempo le daba escalofríos. Quizá no era tan malo ser un mamífero.

Se rio con sus compañeros con a la anotación de que podría ser un dolor de cabeza a los criminales con sus volteretas—. Yo creo que daría más dolor de cabeza por lo que hablo —se volvió a reír.

Una vez en la enfermería, asintió ligeramente, con orgullo, mientras escuchaba lo que les decía su compañero Develio. La manera en la que lo había conocido le sugería que se trataba de un médico experimentado, y su barrido visual por la sala lo confirmó. Un rápido análisis de la disposición, el acceso a los recursos y los tiempos de respuesta mantenían a Akira con los ojos como platos y las orejas bien abiertas. Por otra parte, las preguntas de Juan eran cada cual más curiosa. Akira, que cargaba con tanta saturación mental por culpa del nervio contenido, se había detenido para seguir la conversación desde fuera. No quería preguntar por encima de Juan, ni quería interrumpir el conocimiento que estaba compartiendo Develio. Así que simplemente escuchó con atención. Quedándose especialmente con un dato que había acaparado toda su atención.

—Entonces… Dev… ¿Podría aguantar la respiración más tiempo si me haces una transfusión de la sangre de Juan Sebastián? —los miró a los dos, giraba la cabeza para fijar sus ojos de uno a otro con velocidad—. ¡Riesgo ninguno! ¿Juan me donas sangre? Dev, rápido, coge las bolsas esas de ahí, voy a por la máquina que hace no sé qué historia con el plasma —aunque bien le habían dicho que eran estudios preliminares y aun con mucho riesgo, tenía la convicción de que en un futuro aquello sería posible. Sabía que no podía adquirir esa habilidad de manera permanente, pero la posibilidad que existía de que se pudiera unas cuantas horas, incluso días, le emocionaba especialmente.

—Es broma chicos, aunque Dev, confío en que en un futuro serás capaz de lograrlo —era un humano pequeño si se comparaba con su compañero, una bolsa de sangre suya le serviría a Akira para más de un par de transfusiones. Elevó de nuevo la mirada al semigigante—. Y si él me donara sangre, ya flipas… —pensó mientras intentaba hacer un recuento de los muchos Akiras que equivaldrían a un Develio—. ¡La idea es que sí lo sea, así aprendes mucho más! —dijo con un tono bromista mientras cerraba un puño y lo chocaba con la palma de su otra mano, sugiriendo un gesto de estar preparado para el combate.

—¡Seguimos con el tour! —levantó el brazo a modo de guía esta vez, a medida que pasaban por los pasillos les comentaba la distribución de los despachos de los más altos cargos del cuartel. Señalaba las puertas y les hacía una breve descripción de la persona que encontrarían ahí dentro, pero sin abrir ninguna de esas puertas. La presentación oficial de los altos mandos se haría justo antes de la hora de la cena. Ahora estarían a sus cosas importantes, de personas importantes, con responsabilidades importantes.

La siguiente parada era el campo de entrenamiento. Un gran patio de arena batida, igual de anaranjada que una pista de tenis, manteniendo ese color característico de los edificios de Baterilla. Había maniquís, redes, dianas, sacos, espalderas, varias barras de metal y un gran arsenal con armas blancas y de fuego. A todo eso lo rodeaba una pista de atletismo de varios carriles.
—Hablo —. ”Pienso”
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#17
Las primeras paradas que hicieron en el cuartel fueron increíblemente satisfactorias para Juan, un cuarto que parecía muy cómodo, con suficiente espacio para alguien grande y tosco como él y una enfermería que, luego del veredicto de Develio, sabía que estaba adecuadamente organizada y equipada. El gigante respondió con el temple al que ya tenía a Juan acostumbrado que, efectivamente, las transfusiones entre distintas razas de humanos eran posibles, por muy distintas que fuesen por fuera. Esto puso al gyojin de muy buen humor, podría parecer absurdo, pero esta afirmación de manos de un experto, sacó una pequeña espina que siempre había tenido clavada profundamente, siempre había sido distinto, realmente por su aspecto cualquiera podría pensar que era más una bestia que un humano. Ahora sabía con certeza que la única diferencia entre ellos estaba en el exterior.

Por otro lado pensó —¿Cómo sabe Dev en que estoy pensando? ¿puede leerme la mente? ¿Serán las gafas? Son gafas muy grandes, igual...¿Hola Dev puedes oírme? 1...2... Crustáceo llamando a gigante ¿Me recibe?— No parecía ser el caso, pero lo tendría presente, el mundo era en verdad inmenso. Un escalofrío recorrió su caparazón al pensar en agujas siendo clavadas en sus articulaciones, prefería evitarlo dentro de lo posible, después de todo esa dura coraza protegía una carne sensible y... ¿Jugosa?

La reflexión de Akira sobre su capacidad de respirar bajo el agua lo dejó pensando por un instante ¿Hay alguna manera de hacer que un humano pueda respirar bajo el agua?  El tenía branquias, eso era algo que no podía darle ¿O quizás si que podía? En ese momento la imagen del héroe de sus comics favoritos "M" vino a su mente —Si una persona puede tener un brazo robótico, por que no iba a poder tener branquias robóticas?— Descartó rápidamente esa idea que cruzó su mente, era algo que estaba fuera de sus capacidades, por muy posible que fuese, no serviría de nada si no podía plasmarlo en la realidad con sus manos, con su pinza. —¿Podría crear un equipo básico de buceo?— Se guardó esos pensamientos para si mismo, no quería dar falsas esperanzas de no ser posible, así que se decidió a intentar hacerlo en secreto en un futuro para darle una sorpresa. Estos pensamientos fueron opacados de golpe, Akira enloqueció en busca de la sangre mágica de este crustáceo —¿Un vampiro? Por todas las anémonas ¡Es un vampiro en busca de mi sangre!— Era claramente consciente de que se trataba de una broma, pero no pudo evitar seguir el rollo mientras simulaba una pose de combate con una cara burlona en su rostro

Los pisos superiores eran lo que esperaba, salas ordenadas con aspecto de estar usualmente frecuentadas por gente importante, haciendo cosas importantes en sus importantes despachos. Luego de ojear las importantes puertas de sus superiores por fin llegaron a uno de los lugares más esperados por Juan, el campo de entrenamiento, un lugar donde los marines podían forjar el cuerpo y las habilidades para proteger a los inocentes de las afiladas y letales garras del mal. Un campo perfectamente equipado para suplir todo tipo de necesidades según el estilo de cada uno, hasta ahora él había entrenado pegando cabezazos y golpes a las rocas en la costa o a troncos que llegaban atraídos por la marea. Estaba claro que no solo tenía nuevos e increíbles camaradas, ahora por fin tenía un lugar donde prepararse de verdad ante el peligro al que tarde o temprano acabaría encontrando.  

 —Hablo —
 —Pienso —
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#18
La enfermería, que para Develio era un santuario de orden y ciencia, se había convertido de repente en el escenario de la exuberancia casi maníaca de Akira Raito. Develio observó al joven rubio gesticular, su mente saltando de la posibilidad teórica a la aplicación inmediata con una falta de precaución que era, a su manera, fascinante. Vio el destello de pánico cómico en los ojos de Juan Sebastián, quien adoptó una pose defensiva de broma. Eran niños jugando con fuego, solo que el "fuego" era la compleja ciencia de la hematología inter-especies.

Develio permaneció en silencio, dejando que la excitación de Akira alcanzara su punto álgido. Cuando el joven mencionó ir a por las bolsas y la maquinaria, el gigante finalmente intervino. No se movió. No levantó la voz. Simplemente exhaló una larga, lenta nube de humo con olor a mango, que pareció enfriar el aire caliente de la habitación.

-Akira.-

Su voz fue un baritono profundo, tranquilo, pero con un filo de autoridad absoluta que cortó de raíz la energía caótica.

-Detente.-

Esperó un segundo a que sus palabras hicieran efecto.

-Lo que he descrito es un procedimiento experimental complejo, no tan simple como cambiar un filtro de agua. La compatibilidad de nuestros tipos de sangre es una base, nada más. Una transfusión directa y sin tratar de la sangre de Juan a la tuya... no te mataría. Pero no haría lo que tú crees. Sería como poner agua salada en un motor de agua dulce. Tu cuerpo la aceptaría, pero no sabría cómo usarla eficientemente, además de que abusar de ella podría dañar el filtro...o los propios conductos que la guían, tus venas y arterias...

La mirada de Develio se desplazó por un instante a Juan. Mientras explicaba la compatibilidad, sus ojos, que no se perdían detalle alguno, habían seguido el breve parpadeo de la mirada de Juan Sebastián hacia abajo, hacia la articulación blindada de su propia pinza. Vio el casi imperceptible tensar de un músculo bajo el caparazón, un gesto involuntario de protección subconsciente ante la idea de la aguja. No era telepatía, era simplemente leer el lenguaje corporal con la misma facilidad con la que leía un historial médico. Sabía exactamente lo que Juan estaba pensando, era un libro abierto aquel muchacho, además había visto esos gestos en miles de pacientes que pasaron por sus enormes manos, ¿Cuántos pinchazos, inyecciones, transfusiones, costuras, cortes, extracciones tuvo que hacer?, se perdió ensimismado en la cuenta.

Su mirada volvió a Akira, y la sombra de su característica sonrisa ladeada apareció.

-Para que tus células puedan 'aprender' a usar la mayor capacidad de oxígeno de su sangre, esta tendría que ser tratada primero. Habría que someterla a un proceso de centrifugado para separar los glóbulos rojos gyojin y luego 'engañarlos' con un agente catalizador específico, probablemente una enzima sintética. Este agente modificaría temporalmente su membrana celular para que tu sistema no la rechace tan agresivamente y, lo más importante, para que tus pulmones puedan realizar el intercambio gaseoso de forma correcta. Sin ese tratamiento... su sangre sería solo un líquido inerte en tus venas, esperando ser filtrado y expulsado.

Hizo una pausa, dándole a Akira tiempo para procesar la densa explicación.

-En resumen, se necesita un laboratorio, no solo una aguja y una bolsa. La ciencia aún está en una fase... muy temprana. Cualquier error en el proceso y tu sangre podría coagularse en todas tus venas. Confío en que entiendas que ese es un resultado... indeseable.

Observó el resto del tour con su habitual silencio, absorbiendo la distribución de los despachos como un mapa táctico, era importante no molestar a alguno de los oficiales con mal genio o entorpecer algún tipo de trabajo importante dando el cante o entrando en algún despacho. Cuando llegaron al campo de entrenamiento, la vista le trajo una sensación de inevitabilidad. El lugar era, esencialmente, una fábrica de sus futuros pacientes.

Escuchó a Akira describirse como un "mono que da volteretas" y asintió levemente.

-La agilidad es una estrategia de prevención. Minimiza el daño tisular al evitar el impacto directo. Una elección inteligente.-Su pipa, que había vuelto a sus labios, emitió una voluta de humo, no parecía apagarla en todo el trayecto y si lo había hecho la había rellenado algo más, además de encenderla de nuevo.

-Este lugar...- comenzó, su voz un murmullo profundo mientras observaba a los otros reclutas entrenar a lo lejos-...mantendrá esta enfermería operativa. Asegúrense de estirar. La mayoría de las lesiones que trataré aquí no vendrán del enemigo, sino de un calentamiento inadecuado.

Chocó su propio puño, del tamaño de un pequeño caldero enorme, contra la palma de su otra mano, imitando el gesto de Akira, pero con un sonido sordo y pesado. Era un gesto de acuerdo, una promesa silenciosa.

-Cuando el entrenamiento les falle, estaré listo para reconstruirlos.

No había amenaza en sus palabras, solo la inquebrantable y serena certeza del hombre cuyo trabajo comenzaba precisamente donde terminaba el de los demás. Estaba listo para el combate. Su campo de batalla, simplemente, era la consecuencia.
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#19
Las tonterías que hacía por intentar hacer reír al resto calaron en su compañero, quien también le siguió el juego adoptando una posición de combate burlona y atemorizando al resto de reclutas de que Akira era un vampiro. Quizá muchos de esos reclutas no habían conocido nada más allá de su casa o de su pequeño pueblo. Baterilla al fin y al cabo era una isla de sol y playa y a mucha gente de todo tipo le gustaba acercarse a veranear con sus barcos. Pero no podía dejar de lado la existencia de este tipo de perfiles que se acaban de mencionar. Muchos eran chavales jóvenes, y la gran mayoría seguramente había acabado en el cuerpo por tener un sueldo estable con el que poder ayudar a su familia. A fin de cuentas, el South Blue no era un mar tan tranquilo como el mar del este, por eso habían movilizado a tantos nuevos reclutas al mar del sur. Más vale prevenir que curar, y eso hacía nuestro gran amigo Develio.

El médico expuso la complejidad de aquel procedimiento de transfusión directa de sangre a pesar de la compatibilidad entre las especies haciendo una comparación con cambiar un filtro de agua, o poner agua salada en un motor de agua dulce. Por un momento, al joven marine le dio un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Dañar las venas, las arterias, que se le coagulase la sangre… No debía de precipitarse con estas cosas, y mucho menos si todavía se encontraban en fase experimental y desconocía tanto sobre el asunto.

Una vez en el campo de entrenamiento escuchó las opiniones de sus compañeros y pudo notar sus caras de sorpresa al ver el amplio lugar—. Sin duda alguna. Si yo recibo un golpe sufriría más daño que vosotros, y el mundo hoy en día es demasiado grande y fuerte. Algún día llegaré a tener la fuerza y resistencia suficientes como para no necesitar dar tantas volteretas. Aunque… A quién quiero engañar… ¡Me resulta mucho más divertido! —dijo con una gran sonrisa que le iba de oreja a oreja mientras se centraba en aquel par. Juan estaba sorprendido y emocionado, al igual que Dev, aunque cada uno con sus particulares enfoques—. Y tanto que mantendrá la enfermería operativa… Aunque espero que no, al menos por mi parte —se llevó la mano a la nuca arqueando las cejas con conformidad.

De pronto, un sonido sordo y pesado, que casi hacía retumbar el aire, fue causado por el puño de Develio chocando contra la palma de su otra mano, el mismo gesto que Akira había hecho anteriormente—. Estaré listo… —pensó el chico. Aquellas palabras con esa energía y esa determinación le hicieron imitar el gesto, igual que había hecho con él anteriormente, y adoptar un rostro bastante confiado. Este tipo de personas tenían que navegar con él. Ninguno de los compañeros con los que había estado compartiendo comedor había conseguido emocionarle de esa manera. Tanto el gigante como el cangrejo eran dos personajes interesantes, que a pesar de las notables diferencias que tenían con Akira, habían logrado crear una simbiosis perfecta con él. Y esto podría reflejarse en futuras aventuras.

— ¡Me encanta esa motivación, muchachos! ¡Vamos a lograr grandes cosas! —esta vez, el resto de grumetes se le unieron al unísono con un grito de valentía. ¿Podrían ser la futura generación de la Marina? ¿Habría nuevos reclutas por el resto de los mares esperando también a llegar al Grand Line? Ya era momento de crecer dentro del cuerpo, y a pesar de la dejadez que había tenido estos últimos meses, ahora estaba dispuesto a avanzar. Aunque primero, al lugar al que iban a avanzar era al comedor. Ya era casi la hora de comer y no había mucho más que enseñarles del cuartel aparte de eso, y el resto de la isla, claro. Como bien se sabía, no era un cuartel muy grande, pero tenía lo necesario. Y eso, era de agradecer.
—Hablo —. ”Pienso”
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#20
Akira habló sobre conseguir fuerza y resistencia, el gyojin recordaba una noticia que vio hace unos años en el periódico  y dijo —El Vicealmirante Joe, "El Héroe de los Cabos Gemelos" es un humano igual que tu, al final la raza no significa tanto en las grandes ligas, y es allí a donde debemos aspirar. Pero tampoco deberíamos limitarnos a llevarnos golpes o nos llevaremos algún susto hehehe— No podía evitar pensar en su cicatriz en el abdomen al decir esto, su duro caparazón no sirvió de nada contra esos piratas del East Blue, tampoco les sirvió a sus padres, por eso necesitaba entrenar, por eso necesitaba ser más y más fuerte. 

Juan no podía evitar pensar en como de fuertes serían sus nuevos compañeros, y más aún como evolucionarán todos los presentes en los próximos meses, especialmente el trío que se veía más prometedor. Ante el análisis médico de Develio sobre el entrenamiento dijo —Yo no tengo problema con visitar la enfermería, rompiendo y reconstruyendo es como uno se hace más fuerte. Aunque los estiramientos no son mi fuertes, ni siquiera llego a tocarme toda la espalda jajajajaja. ¡Estoy deseando empezar!— Seguido de estas palabras se dispuso a repetir el gesto hecho por Akira y Dev pero, no tenía 2 manos para ello, por lo que lo hizo simulando un puño cerrado con su gran pinza.

A pesar de que Baterilla parecía una isla tranquila era consciente de que el South Blue era más peligroso que el East Blue donde se crio. Eso significaba que no debía bajar la guardia mientras estuviera de servicio. Ahora tenía compañeros en los que sabía que podría confiar, pero eso despertó en Juan un sentido de la responsabilidad, estaba seguro de que ellos no le fallarían, y eso significaba que él no podía fallarles, pase lo que pase. Si Akira era la brújula que les guiará, y Develio el botiquín que les curará, Juan debería ser su escudo, un escudo irrompible al que no le gusta madrugar.  

En Akira seguía viendo esa capacidad de liderazgo, ese don de agrupar a las personas incluso más retraídas, con sus palabras de ánimo logró que incluso los reclutas, que daban la sensación de estar allí porque no tenían otra cosa que hacer, se viesen como marines hechos y derechos antes de ir a una batalla. Juan, por supuesto, se unió al resto en los gritos. Causen más o menos impresión, todos eran marines, compañeros con los que iba a convivir durante mucho tiempo y ahora si que sentía que podrían moverse como uno solo.

La hora de comer llegó por fin, el comedor era muy grande, más que la carta al menos, la comida de hoy era... Cangrejo... Dirigió una cómica mirada traumatizada a Develio y Akira y decidió coger solo un cuenco de ensalada que debía ser el acompañamiento. Los tres se sentaron juntos a comer y durante los primeros segundos un silencio sepulcral inundó, no solo su mesa, si no todo el comedor, en este silencio Juan se dirigió a sus nuevos amigos y les dijo —Necesitamos un cocinero, no me gusta la comida del cuartel— Justo antes de empezar a llorar de la risa.
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
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