[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 3 [TORRE]
#21
La respuesta de Urususu no llegó a pillar del todo desprevenido al Marine, que había contemplado la posibilidad de que reaccionase así. En casos como los de los comerciantes, especialmente, era frecuente que mostrasen cierta reticencia a colaborar con la Justicia, por una inquietud, un miedo de que esto pudiese afectar a sus negocios. No podía culparle. Stroud permaneció impasible ante las palabras del babuino, si bien un conversador avispado hubiera podido percibir señales de exasperación en su siempre impasible rostro. Un ligero torcer en la comisura derecha del labio, una ligera vibración en el párpado izquierdo cuando el mink agitó el dedito delante de él en un movimiento de negación. El dedito. Jamás fallaba. Urususu era exactamente el tipo de persona, tal vez el único, que lograba poner de los nervios al joven Marine. De esos pocos elegidos con el excepcional talento de subir la tensión arterial del contramaestre Redgrave con tan solo unas palabras, una de esas encarnaciones del caos que parecían creadas con el propósito exclusivo de exasperar al personal. El colmo fue cuando pareció estar al borde de babear ante las féminas presentes. Un observador avezado habría podido percibir cómo los engranajes del cerebro de Stroud trabajaban a toda máquina para bajar el pulso y no exasperarse más de la cuenta.

"Disculpe, caballero, pero no tengo interés ninguno en cerrarle el chiringuito. Ni a usted ni a su acompañante," puntualizó, echando una mirada al inquietante Pawurs. Era consciente de que no estaba en posición de nada de eso, y mucho menos con el lamentable aspecto que presentaba tras la pelea de minutos atrás, cubierto de sangre y polvo, y con su abrigo hecho jirones. Estaba lejos de ser intimidamente, y más para un tipo como Urususu, y lo sabía. "Entiendo que están aquí para hacer sus cosas, y la Justicia no tiene problemas con un negocio legítimo como el suyo. Pero, como comprenderá, la situación que se ha vivido aquí ha sido más que anómala, lo cual requiere una investigación. ¿Puedo convencerle de que me eche un cable entre venta y venta?," inquirió. Llevaba más bien poco dinero encima, pero sabía que aquel era, al menos, el único lenguaje que hablaría alguien como Urususu. Suspirando, rebuscó en el bolsillo interior de su maltratado abrigo de Marine y extrajo un puñadito de de billetes. Con cuidado, meticulosa y pausadamente, los unió todos en un fajo ordenadito de grosor uniforme, al tiempo que los contaba, y dejó que el mink lo viese. Un vistazo rápido sería suficiente, sobre todo para un comerciante tan experimentado como Urususu, para saber que contenía unos 40.000 berries.

Habiéndolo mostrado brevemente, volvió a guardar el fajo, poniéndolo a salvo mientras esperaba una respuesta del imprevisible babuino. Si el mink venía a hacer negocios, Stroud le ofrecería negocios; los berries eran el idioma común, una lengua que todo el mundo entendía, al fin y al cabo. Su única preocupación era, sin embargo, que aquello le pareciese insultantemente poco y acabase por resultar contraproducente. Por otro lado, el sueldo de un contramaestre tampoco era para tirar cohetes, así que bien valía el intento. Echó un rápido vistazo a su alrededor, siguiendo su constante instinto de mantener un control claro del espacio que lo rodeaba, de las distancias. Entornando los ojos, contempló con algo más de detalle las caras de algunos de los presentes, que se aseguraría de recordar. Algunas no serían complicadas, como la del pelirrojo o la peculiar mujer de las cicatrices. Otros, sin embargo, hacían evidente su deseo por pasar desapercibidos, como el birkaniano que había hablado con Kibai. Convenía no perder de vista a ninguno de ellos.

A su alrededor, los presentes parecían continuar arremolinándose, en sus distintas interacciones, en torno a los distintos elementos que conformaban esa suerte de maquiavélica grada de teatro que se encontraba sobre la torre. Los sillones, la comida, la carpa. Algunos parecían más interesados en saquear el lugar que otra cosa, pero, de nuevo, no podía culparlos. Su cerebro continuaba trabajando, de fondo, en intentar unir todos los cabos, todas las piezas de aquel endiablado puzle. Y estaba cerca de lograrlo, pero había cosas que se le escapaban, o que simplemente no podían ser. ¿No tenía constancia el Gobierno Mundial de una encerrona como aquella en la misma entrada al Grand Line, y justo en la precisa ocasión en que por fin abrían el paso desde el South Blue? ¿Quiénes habían sido los espectadores del sanguinario espectáculo, y de dónde habían sacado los medios para algo como aquello? Si el cubículo en que habían peleado, como sospechaba, era de origen antrópico, había incluso usuarios de frutas bastante poderosos de por medio. Era imprescindible que llegase al fondo de aquel asunto, y no solo por él, sino por quienes viniesen detrás y por el bien de la Justicia.

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#22
Listo, gente, no hay oferta para Kiyoshi. Parece que por decir tonto ya discriminan en este lugar, por lo que la sensibilidad está más allá de ocho mil como diría Vegeta. Hablando en serio, poco y nada le importa esta reacción al médico, pues en ningún momento estuvo interesado en alguno de los servicios por el simple motivo de que no tiene dinero. Recordemos que toda esta decisión de convertirse en pirata empezó porque se quedó sin dinero para regresarse a casa y en el tiempo que quedó varado en Isla Karate, se le apareció cada loco con la idea de viajar por los diferentes mares del muro que terminaron convenciéndolo. Mucho viaje y todo, pero sigue pobre. Quien sea que diga que los médicos son todos millonarios, está errado. Kiyoshi es el vivo ejemplo.

— Eso, consigue una fruta fuerte para ver si logras proteger a alguien la próxima vez. — Comenta en voz alta tras escuchar a Owen. Se nota que el pelinegro sigue molesto porque el pelirrojo no apareció nunca a hacer algo luego de todas las promesas que le hizo al llegar a Samba. De más está decir que no tratará ninguna de sus heridas porque el trato que hicieron era de lado y lado. Uno cumple y el otro también. Si no falla, el otro sigue el mismo camino. Aquí no anda nadie para trabajar gratis y regalar sus servicios.

Para peor, el tipo con vocabulario más peculiar que los ritos de Eros con los muertos no le da una respuesta muy satisfactoria, sino que se enfoca en lo filosófico, sentimental, etc… Básicamente, pudo decirle que no sea tonto y ya, que consuma alguna que esté a disposición en este momento por el improvisado mercado que se levantó ante ellos. Pero bien sabe Kiyoshi lo cabeza dura que es su compañero —aunque no aguanta ni un vasito roto—, por lo que duda que vaya a quedar tan conforme con esas palabras. Menos mal que tendrá que ser Pawurs el que lo aguante.

Viendo que ya no tiene interés en todo ese asunto donde el dinero que no posee es lo único importante, decide buscar en donde hacer lo que más le gusta: descansar. Sillas lujosas destacan bastante, pero más que por su apariencia, calidad y todo, a Kiyoshi simplemente le importa su función. Por mucho que haya sido arrastrado casi volando por el topo desde el lugar de la pelea hasta este sitio, el estrés al que ha sido sometido su cuerpo le está pasando la cuenta, así que el dolor de piernas ya le está afectando bastante.

En camino a una de las sillas, escucha lo que comenta Urususu respecto a lo que esconden dos tipos que están sentados en algo que no diré que es sospechoso, pero sí es sospechoso. Además es imposible no ponerle atención a lo que parece ser un primate por su forma de hablar —y hay que ponerle mucha atención para entenderle. Pero por su tono de voz no es tan difícil que capte tu atención. — ¿Será familiar de la chica de antes? — Pensando en Mahou. — No, si pienso que todos son familiares por parecerse, eso tiene una palabra negativa por la que pueden molestarme, pero no sé cuál es.

Lo que sí, tiene unas palabras que llegan a los oídos tanto de Fyodor como de Krysser mientras pasa cerca de ellos camino a su silla. — Lo que sea que tengan ahí, manténganlo limpio. Este lugar está bastante sucio debido a todo el polvo que levantaron los derrumbes. — En efecto, no le importa qué tendrán ahí abajo. No es un hombre extremadamente curioso ni nada por el estilo. Solo dice eso y pasa de largo.

Procede a sentarse en una de las sillas mientras sostiene su rifle apuntando hacia abajo y apoyando en el piso, siempre con las manos cerca del gatillo. Hay mucha gente presente y por mucho que todos parezcan dispersos cada uno en lo que respecta a sus intereses, no puede confiarse.

Lo otro importante es que muy cerca suyo hay más sillas, así que le hace señas con la mano libre a Eros para que le ponga atención. — Oye, ven a sentarte un rato. No sabemos cuándo deberemos correr de nuevo, así que recupera energías. — Para cargarlo de nuevo, cabe destacar. Ya lo ha elegido como el tipo que lo ayudará a salir de aquí. No es tan iluso como para confiar en Owen ahora que está con Gwen. Ya le dejó muy claro ese día de compartir bebidas sobre todo lo que piensa de ella, así que mejor dejarlo tranquilo por ahora. Menos molestoso estará después.

— Han ignorado las preguntas de ese muchacho rubio sobre lo que sucedió. — Lo que es raro, y se lo comenta a su nuevo amiguito el hombre topo.

Sus ojos, aunque parezca no, intentan desviarse hacia donde deberían ir Pawurs y el tipo moreno alto donde se supone, o eso cree él, que efectuarán un procedimiento médico. ¿Le dejarán ir a ver de cerca cuando empiecen? De todas formas, prefiere descansar por ahora. Pobrecito, está cansadito.

OFF ROL
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Hablo | Pienso
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#23
Apretó los labios al escuchar la respuesta, no es la solución, no existe guía para esta travesía. Un suspiro salió, uno corto que terminó curvando sus labios en una mueca de decepción. — Un hombre que hacía lo contrario... que pena que no recuerdes su nombre — se preguntó cómo es, hizo un ademán de consultar más, cuando la primera advertencia llegó. La recomendación es no topárselo, como si fuesen la luna y el sol, se preguntó cuánto tiempo podrá esconderse con el resto de las estrellas — Una máscara, entiendo, gracias… — no por tanto, porque en realidad, no le ha ayudado lo suficiente.

Las palabras de Owen la hicieron voltear, se rió con suavidad por su presentación, la costumbre de su energía solo hizo que apretara su mano una vez más, en una muestra de apoyo, incluso si le dicen cosas que no son del todo agradable ¡Pero qué más da!

—¿La fruta más poderosa? — la sorpresa adornó su rostro, tanto como para llevar su mano libre a sus labios tapándolos para no decir mucho más ¿Qué tan importante será esta persona? — S-Si es tan poderosa… ¡¿Cree que podría ayudarme a ver una vez más?! E-Estoy buscando alguna forma de ver de nuevo, debe haber alguna manera ¿No?

Debe existir una forma en la cual pueda conocer el paisaje y las estrellas, ya ha decidido que lo buscará sin importar lo que ocurra. — ¿C-Crees que puedas hacer algo así? Con la fruta más poderosa...  — Tiró unos segundos a Owen, como si quisiera insistir en que la ayude a seguirlo ¿Pero para qué? Si parece estar ocupado en otra cosa. Un suspiro largo simplemente la llevó a resignarse — Bueno, al menos… estamos a salvo… — se encogió de hombros con suavidad, escuchando como uno de los marine parece hablar con aquella gente que quiere hacer negocio con las frutas.

—Deberíamos volver al barco de Cabaret, no escucho al resto por aquí. Aunque oí al doc y creo que a Eros — se volteó a donde está Owen y sonrió con suavidad — Si tienes algo más que hacer te acompaño… pero luego ¿Me ayudarías a llegar a… a donde estén los demás? Luego de eso no te molestaré más.

Podría irse con alguien más, pero quiso pasar los últimos minutos con él, antes de separarse otra vez.

—Espero que todos estén bien…

Y si no, no lo quiero ver.

La ceguera a veces parece una bendición a medias.

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#24
Maki había llegado a la colina, la torre al lado como una gran espada rasgaba los cielos y sintió temor en su corazón… llego cuando habían dos otros civiles… se mantuvo en silencio, actuaban sospechosos y sus palabras no le colaban nada bueno, era buena descubriendo las mentiras, fue cuando llagaron todos los demás, estuvo a punto de interrogarlos, que hacían ahí el par e incluso si no los hubiera visto a la distancia les habría culpado… entonces sonó su den den mushi… su mente se desvió completamente a su caracol… lo saco desesperada, inclusive su forma hibrida sed desvaneció mientras lo tomo entre sus manos como si fuera la joya más preciosa de todo le mundo… Uker… era Uker… — Mi Am… Capitán… Uker… eres tú? De verdad eres tu?... estas… vivo…— El alivio era tal que cayo de rodillas, como si el peso de una montaña cayera sobre sus hombros, como si después de cruzar el desierto le dieran un baldazo de agua fría, sus músculos se volvieron débiles, su sonrisa cayo al suelo y sus ojos se volvieron cristalinos… era débil, la más débil de todo este grupo… y ahora lo sabía… agacho la cabeza, las lágrimas rodaron por sus mejillas y el sentimiento de abandono que sentía hasta hace unos momentos ahora se desvanecía poco a poco. —… U… Uker… me alegro que estes bien… estoy con… Owen, Kiyoshi y muchas personas… ¡¡Donde estas!! Necesito… necesito…— Tragó saliva, la más amarga que hubiera sentido correr por su garganta y se limpió las lágrimas con el dorso de la palma. —… Ire… iré al fin del mundo si es necesario… tu… TU ESPERAME!!!— Escucho lo que tenia que decirle y se alzó… como una bestia diferente, no la mutante escamosa, sino como Maki… renovada, especialmente fuerte y decidida… miro al otro lado y podía ver el camino de vuelta a la plataforma donde habían derrotado al rinoceronte, y seguro al otro lado estaba su amor. Uker… su dios. 

Los dos comerciantes entonces comenzaron a hablar con todos, ella no le presto más atención de lo necesario, solo se dio cuenta y quiso ser algo de ayuda para su “amigo” El cuervo… pero estaba con Alana, ella si era capaz de hacer lo que quisiera… quiso entonces acercarse a Owen… cielos, parecía hecho mierda… quiso acercarse, pero estaba con un grupo nuevo… no quiso molestarlo. Quizás había sufrido mucho… pensó entonces en ayudarle, pero ella no sabía nada de primeros auxilios. Era un desastre de echo. Quiso ir a abrazarlo, a cuidarlo, a sanarlo… el botiquín… tenía uno que Bubblegum le había dado. ¿Lo aceptaría? Seguramente no.

Entonces fue que se volteo… cuando escucho que uno de los comerciantes se percató de algo importante… algo escondido. Lo sabía… el otro cuervo feo escondía algo. Entonces uno de ellos se fijo en ella… Entonces Maki desvió su mirada a él… devolviéndosela… parecía que tenían poder, frutas, quizás… quizás podía sacarle algo de provecho a estos comerciantes, pero antes… —Hey!!… Tu… es cierto lo que dice el Mink?... que ocultas?... eres tú el causante de… Espera… que tienes ahí?. Y tú Tigre… eres su aliado?. VAMOS… ¡¡Que esconden!! O es que este mono esta loco?— Maki acaricio su espada enfundada en su guitarra con la derecha y su Tanto a su espalda… había gente pilla en este mundo y ella no confiaba en nadie. Era especialmente buena describiendo a los mentirosos y no le gustaba que le mintieran. Sobre todo, cuando se trata de ladrones.

Entonces sintió la lengua del mono casi en su cuerpo. Era algo lascivo… Maki sin sacar la vista de aquel dúo que estaba de manera tan extraña, prácticamente parecía que Jugaban a las cartas en medio de un tifón. De reojo hablo con el dorado y atractivo monete, aunque era blanco como la plata. Ella no era una furra, pero algo en él parecía hacerle notar, como si llevara un talante superior a lo normal. Casi la única persona que llevaba ese desplante era su amado Uker. —Y tú qué quieres de mí? Pensé que eras tu quien recibía ofertas o tienes una para mí?.— Dijo con una voz dulce, melosa, como miel recién sacada de las peligrosas lanzas de abejas salvajes. estaba a punto de irse… pero volvió su vista al alado que se mantenía sobre aquel bulto nuevamente. Será algo que olvidaron los que estaban detrás de toda esta trampa mortal?... mierda… tenia que volver al Last Whisper.

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#25
— ¡CALLA, DÉJAME HABLAR! ... Primero de todo, chaval, no me gusta la gente pelirroja. Si algo me ha enseñado la vida es que son mala gente. Son el mismísimo puto demonio. Te recomiendo teñirte el pelo —

[Imagen: IckOsZ1.png]
-¡PERO MI PELO ORIGINAL ES-¿Qué tiene que sea pelirrojo, tío!?-

En primera instancia Owen no lo había comprendido, y menos aún iba a admitir que el tono original de sus cabellos era de un blanco platino sumamente característico, incluso, con reflejos algo celestes; Pero el famoso y encorvado Pawurs, en cambio, se refería a esa supuesta "maldición" que acarrea a la gente pelirroja o de cabellos naranjas. ¿Infundada? No lo sabía, ¿Racista? Bueno, el muchacho a veces podía pecar de ello sin querer.

Parecía que justo detrás de las interacciones que los presentes estaban teniendo con los nuevos individuos de aspecto estrafalario se estaba gestando un conflicto en el que oscilaba la disputa de algún tipo de objeto de gran valor; Probablemente el Owen de hacía como mucho un año no hubiese dudado en batallar por el mismo, pero los conflictos, ahora, habían escalado a algo tan introspectivo y de autorrealización que la riqueza y la resolución económica, sabía, que llegaría por si sola. Parecía que la pareja, tanto Gwen como el muchacho, tenían una idea similar: La búsqueda absoluta de información. Ella parecía querer tener una mentoría con su explosiva y complicada de manipular fruta, mientras que, el muchacho, ansiaba poder. Un poder que le permitiese llegar hasta el final de un cambio mundial en el que acompañaría a su mujer favorita a lograr, y proteger -Espera, ¿Una máscara...- recordó lo que el viejo y relajado hombre mayor había comentado no a él, sino, a la muchachita que aferraba con su mano con intensidad -...y que hace lo contrario?- le resultó completamente inevitable no grabar ese dato en su cabeza, como si fuese relevante recordarle, e incluso, seguir la recomendación: evitarle a toda costa -Joder...necesito...hacer algo.- y solamente de saber que alguien incluso más poderoso que la propia Gwen pudiese existir, ciertamente, le provocó un estado mayor de frustración.

— S-Si es tan poderosa… ¡¿Cree que podría ayudarme a ver una vez más?! E-Estoy buscando alguna forma de ver de nuevo, debe haber alguna manera ¿No?

[Imagen: bb5ca9a881586359226c5fe58b418d2d.jpg]
-Sí.-

Owen, reacciona. Está hablando de una fruta para que le devuelvan la vista a tu futura esposa ciega.

[Imagen: 1bdd9b18ef227e3a19a1636b065143df.jpg]
-¡SI! ¡EXACTAMENTE! ¡ESO!-

Owen se sacudió ante las palabras de la mujer que más quería casi de forma espontánea, entendiendo que algo así podría existir tranquilamente en un mundo tan fantástico y sorprendente como el que parecía ser este -¿¡Existe un poder así!?- la expresión intensa del pelirrojo, muy probablemente, seguiría generando chirridos en Pawurs debido a la explosividad de su ser (Incluso, en aquel estado convulso y maltrecho en el que se encontraba). Sin embargo, el anciano había sido claro: "Si quieres una fruta, mi primo vende. No es cuestión de tener la fruta más poderosa, sino, aprender a dominarla." -¡EY, SEBOLLA!- El muchacho pecaba de estridente, pero las hormonas lo tenían demasiado conflictuado en aquel instante y no dudó ni un segundo en, mientras Pawurs parecía estar mucho más ocupado en realizar su oficio -¿¡Cómo consigo una fruta guapa!?- no soltaba para nada a Gwen en ningún segundo: Ella era siempre el cable a tierra que, al menos en este casi, evitaría que se desmaye en un temblor en las piernas tan intenso como capaz de derribarle al suelo -...no tengo...- observaba todas y cada una de las que ofrecía, con una actitud tan sobrada como socarrona, viendo lo lejos que estaba, siquiera de comprar -...ni para la más barata de todas.- pero eso, para nada desalentaba esa mirada llena de intensidad y ceño fruncido del pelirrojo. Parecía no ser el único interesado en información del macaco guapetón y fiestero; Cuando Owen quiso percatarse, a su lado se encontraba exactamente el mismo agente de la Marina con el que había compartido batalla, ese joven rubio que parecía tener un cargo gerárgico relativamente elevado para su edad -...- y mientras prestaba atención a su "búsqueda de información" (Mediante un pequeño soborno) le resultó incapaz, ahora, con verdadera calma y control de la situación, de poder prestar atención a sus facciones. Limpió sus heridas con el antebrazo mientras escuchaba, atento, al Marine.

[Imagen: e46a366eeb59f962a8c2c97759668769.jpg]
-...de dónde me suena este tipo?-

Porque lo había pensado con anterioridad, pero había sido un desliz. Ahora no solamente estaban uno del lado del otro, sino, que la obsesión que el muchacho había tenido en una primera instancia estaba saldada en un primer lugar. No era una, sino, ya, tres interacciones que tenía de simple observación. No debía distraerse, no por ahora -Hombre Sebolla,- quiso continuar, necesitaba saber cualquier pista para que, si no tenía dinero para comprar una fruta, qué hacer para conseguir una. Todavía no sabía el nombre del hombre-mono, así que el apodo ya le había quedado grabado -¿Dónde se consiguen estas cosas? ¿Hay algún mercado donde venda las mejores de las mejores?- y Owen, como mercader (y traficante) que había sido a lo largo de la mayoría de su vida, ciertamente, se encontraba profundamente interesado en descubrir el posible lugar donde pudiese encontrar -¿Acaso...- y su mirada, de forma decidida, le resultó inevitable no desviarse hacia Pawurs, buscando hablar en la suficiente voz alta para que este, mientras parecía estar trabajando en "quitar la fruta" de lo que parecía ser un gran y moreno hombre alado -...existen otros objetos o poderes igual de fuertes que las frutas?- porque no sabía quién podía tener el secreto o la respuesta, pero vaya a saber cuándo el chico volvería a tener una oportunidad así.

— Eso, consigue una fruta fuerte para ver si logras proteger a alguien la próxima vez. —

[Imagen: 23bcb035872427f15c6481581714e435.jpg]
-Tengo que quedar vivo para ayudarte con tu venganza, borrachín.-

Pese a que el muchacho jamás hubiese querido que este momento finalizase, el apretujar de la cálida mano de la muchacha a la que le dedicó un mundo entero, nuevamente y luego de tal momento crítico, parecía que tenía que volver a separarse -¿Molestarme?- le resultó completamente imposible no dedicarle una mirada llena de una ternura y una cantidad abrumadora de calambres que, por pura determinación, lo mantenían de pie con una sonrisa tan enternecedora como preocupada por demasiadas cosas:

Por que sobreviva hasta el final.

Y por lo débil que él era en el fondo.

-Necesito hacerme el hombre más fuerte de este mundo, sin pasar por encima de nada ni nadie, para que logres- y, aproximándola un poquitito más hacia él, con un pequeño tirón, ese tono tan brillante y disparado de energía que siempre parecía tener el pelirrojo, ahora, se mostraba sereno, tierno. Feliz, pero al mismo tiempo triste de haberla visto, aunque sea, un poquitito más otra vez -cambiar este mundo tan jodido, Gwen.- le resultó inevitable no acariciarle la mejilla con el pulgar, mientras apoyaba la mano sobre el mentón de lo que era, ante sus ojos, la mujer más hermosa que jamás había visto -No podré hacerlo siendo un humano normal, tengo que ser alguien especial. Necesito aguantar hasta entonces, y mientras tanto,- y, aproximándose con lentitud, besó su frente, con aquel flequillito algo desordenado que le decoraba -tienes que aguantar y volverte la mujer que cambie los corazones de este mundo como lo hiciste conmigo, ¿Si?- y, marcando el ritmo a la hora de caminar juntos, Owen no dudó en voltear a ver hacia todos los presentes -Maki, Kiyoshi, volvamos al Last Whisper. Me despediré de Gwenchi y...podremos seguir.- porque, desgraciadamente y pese a lo caótico de la situación, jamás hubiera querido que el entrelazamiento de sus manos se terminase, esperando que Eros, Kiyoshi...y el curioso Marine rubio, también -Espero que Jensen siga en una pieza.-.

Sin más dilación, el pelirrojo, junto a su mujer favorita, abandonarían aquella torre para, otra vez, separar sus caminos hasta que el capricho del destino (Como lo fue en este caso) los vuelva a unir.

Y esperemos, que la próxima vez, sea un poco más benevolente.

Me compre una cajita feliz:
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#26
Atributos Personaje


Luego de un tiempo de estar perdido entre mis pensamientos de debilidad, reaccione con un sobre salto. Apenas y habían pasado un par de minutos, pero para mi perspectiva fueron horas. Las frutas, aun acomodadas como enormes trofeos rebosantes de poder, yacían frente a mi llamándome.

~De todas maneras ni siquiera tengo la plata para comprar alguna~ pensé.

Ya un poco más en calma, procedí a analizar en frio la situación, al parecer la hostilidad de la chica que tanto me había perturbado en un inicio no había sido mas que una ilusión (probablemente debido al enorme golpe en la cabeza) puesto que la chica estaba inmutable y sin haber dicho nada desde que yo había llegado.

Aun así tome la decisión de retirarme, el ambiente seguía un poco tenso, más por ese cofre que tenía escondido el mink tigre. Por las palabras y la reacción del mono intuía que ese cofre contenía algo de gran valor y como por experiencia sabia, el dinero solo trae problemas.

Aprovechando que el resto de presentes parecían entretenidos con los extraños comerciantes repase el lugar con la vista, notando mas que nada las cajas de provisiones que se encontraban repartidas en la plataforma, sabia que eran de provisiones ya que el mono había tomado un poco de fruta de algunas de ellas.

~Al menos me llevare algo de provisiones para el camino, seguro Kelvin se alegra~ -Al parecer las cosas se han relajado un poco- Le comento a Kibai mientras empiezo a caminar en dirección a la caja más cercana.

Mientras camino hacia la caja, noto de reojo como el marino rubio que seguía tratando de apaciguar la situación, me dirigía una mirada algo afilada, no lo culpaba, gracias a mi personalidad y apariencia era normal parecer sospechoso, aunque normalmente pasaba desapercibido.

Seguí mi camino hasta estar frente a la caja para luego agacharme y sujetar la caja desde la base, y, utilizando la fuerza de mis piernas levante la caja apoyándola en mi pecho y sujetándola con los brazos.

-Ugh- jadee. ~Esto está más pesado de lo que pensé~ me doy media vuelta y regreso a donde estaba con Kibai pasando a un costado de el.

-Muchas gracias por ayudarme oficial, sin usted probablemente no habría sobrevivido haya abajo- Le menciono mientras observo desde el borde, la plataforma en la que batallamos. Después de pasar a su lado detengo mi paso por un momento y me giro sobre mí para verlo a mi espalda. 

-Mi nombre completo es Einarr Svart- Le mencione mirándole de reojo. –Seguramente nos volveremos a ver- dije para luego descender de la torre brincando entre las rocas y amortiguando parte de la caída con mis alas.  

Era casi seguro que nos volveríamos a ver y probablemente sería en bandos contrarios. Aun así y sin haber llegado a confiar plenamente en el, Kibai se había ganado mi respeto, ya que el poseía 2 cosas de las que yo carecía, fuerza y convicción. O al menos, por ahora.

Resumen


Aclaraciones
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#27
Al notar a ambos desconocidos maniobrando una gran cantidad de cadenas atadas a algo que él verdaderamente desconocía, decidió ignorarlo dejando pasar tanto al moreno alado visiblemente más que él como a las situaciones que podrían acontecer por su mera presencia ahí. Tímidamente Eros pensó en acercarse tanto a Gwen como a Owen, pensando en ignorar la situación que frente a él se decantaba. Una vez a los pies de la estructura notaría por los tronos que éste era el punto de operaciones donde quienes orquestaron la situación similar a unos juegos del hambre, posiblemente observaban la matanza y al notar que las riendas se dieron en su contra, lo más seguro es que hubiesen huido. El no sabía si habia algo de valor, pero si sabía que nada valía el exponerse por un par de berries cuando aun no sabía si el resto de la tripulación estaría bien.

Con calma, se mantuvo estoico hasta que escuchó al médico dirigiéndole unas palabras. No confiaba en él aun, claramente, pero su punto era válido pues no sabían cuanto tardarían en salir corriendo nuevamente. — Si... Supongo que tiene razón —Quizás por respeto se limpió las manos como el anterior había sugerido momentos atrás, tratando de sacarse la tierra de las uñas lo mejor que pudo, antes de dirigirse hasta uno de los tronos para tomar asiento y respirar.

Sentía las heridas de su cuerpo, lo cierto era que ese gyojin verdaderamente pegaba mucho más fuerte de lo que hubiese imaginado.

Pensó en su propia fuerza por un momento, haciendo una escala comparativa si se quería. Escuchó las palabras del experto en medicina que de hecho tenía su misma edad aunque aun no lo supiese, y rió tímidamente con un "Tehehee"

— Es que somos pequeños


Aclaró antes de levantar sus orbes ambarinos hasta él, aunque tratando de mantener su atención tanto en Gwen como en Owen. Consciente, desde su perspectiva, que se estaban exponiendo a un peligro innecesario en ese momento.

— Me refiero... Insignificantes ¿Por que le responderían al rubio? ¿Por qué nos prestarían atención más que por éste negocio extraño de las malditas frutas? Somos... nada para ellos —Pese que sonreía por mantener la cortesía. Estaba furioso, molesto. Ardía en su pecho una furia desmedida pues había sido subestimado. El bien entendía que solo había sobrevivido porque había sido subestimado. Lentamente las lagrimas caían por su rostro, pues ante todo algo ardía en su pecho.

Orgullo.

En silencio sollozó antes de limpiar sus lagrimas con su muñeca, golpeándose el rostro con fuertes puñetazos para dejar ir esa sensación de impotencia. Era su tic despues de todo, un viejo amigo en momentos de nerviosismo.

— Cuando ellos se vayan los seguiré, por supuesto es libre de hacer lo que guste pero... En cierta medida siento que no lo puedo dejar a su suerte. Por poco nos hemos librado de una muerte segura ¿No?

Trató de sonreír lo mejor que pudo, aunque le costaba.

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#28
Al ver que no podía hacer nada más en aquel lugar caótico, Moja tomó una decisión práctica. Permanecer allí rodeado de piratas, charlatanes sospechosos y un peligro latente no aportaba nada. La prioridad ahora era otra: asegurar el Royal Quiver y ayudar al contramaestre Bertram a preparar la embarcación para salir de ese infierno cuanto antes.
 
Aun así, mientras se alejaba del tumulto, un pensamiento insistente lo carcomía por dentro.
Las preguntas seguían sin respuesta.
¿Quién había orquestado todo aquello?
¿Quién tenía la capacidad y el interés de secuestrar a tantas personas, mezclando marines, piratas y civiles en un mismo punto?
 
*Si tan solo hubiera sido un poco más fuerte… más rápido… quizá habría alcanzado al culpable.*
 
Ese pensamiento le pesó como una losa, pero Moja no se permitió caer en la frustración. La determinación que lo caracterizaba era más fuerte que sus dudas.
 
*Habrá otra oportunidad. La tendré.*
 
A poca distancia, Stroud continuaba interrogando a algunos de los presentes, intentando extraer cualquier fragmento de información útil. Moja se acercó, deteniéndose a su lado con postura firme, aunque el cansancio le pesaba sutilmente en las piernas.
 
-Contramaestre Stroud, si no necesita más de mí aquí- dijo con voz baja y controlada, -volveré al barco. Ayudaré al contramaestre Bertram a ponerlo en condiciones.-
 
Moja no perdió tiempo. Inspiró hondo, relajó levemente sus hombros y comenzó a moverse. Su cuerpo, pese a las magulladuras y la fatiga, seguía respondiendo con precisión felina. Saltaba entre rocas derruidas, esquivaba grietas abiertas en la tierra y se impulsaba sobre plataformas inclinadas que habían quedado deformadas tras la caída de los muros.
 
Cada paso lo acercaba más al Royal Quiver.
Cada salto le recordaba que, pese a todo, seguía en pie.
Y cada metro recorrido avivaba en él la misma idea:
 
La próxima vez que esos responsables crucen mi camino… no se escaparán tan fácilmente.
 
El viento del exterior empezó a sentirse más fuerte mientras el barco se hacía visible entre los restos de roca y polvo levantado. Moja aceleró aún más, decidido a llegar lo antes posible.

Offroll
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
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#29
La luz de la luna iluminó mi desfigurado rostro cuando me quite la calaverica mascara que lo ocultaba al mundo. Ya estaba acostumbrado a que mi rostro llamase la atención del resto, pero siempre me hacía gracia ver la reacción de las demás personas al ver lo que se escondía tras la mascara.

Con un gesto simple me metí las 5 pastillas del botiquín en la boca, masticandolas con esfuerzo y sin notar nada de sabor, aunque sin saber si lo estaba haciendo bien. Acto seguido y aún con la boca llena de pastillas, agarre con fuerza la jeringuilla y me la clave en el cuádriceps derecho, apretando el embolo de la misma e introduciendo con ello todo su contenido en mi cuerpo, notando casi al momento un chute de energía.

-Vale... No va mal. -Pensé mientras guardaba la jeringuilla vacía en un bolsillo de mi gabardina, agarrando un bote, del tamaño de un paquete de munición, con liquido transparente en su interior y con una etiqueta que ponía "Colirio" y que, gracias a mi memoria, recordé a la perfección como en el orfanato mi auténtica madre, no la alada de Mary Geoise, usaba algo parecido para curar los ojos de mis hermanos. -Imagino que ayudará en algo. - Razoné mientras desenroscaba el tapón y vaciaba sin mucho cuidado todo el contenido del bote en mis rojos y brillantes ojos, bañando mi rostro con aquel liquido y notando como se metía también en mi boca, aunque no conseguía sacarle ningún sabor. -Una cosa menos. Ahora a pensar como salimos de aquí, que ese mono ha puesto las cosas divertidas. -Concluí tras vaciar el bote por completo y escuchar como Urususu nos dejaba vendidos, secándome con la manga de mi gabardina mi mojado rostro antes de volver a ocultarlo con mi mascara mientras que, con la otra mano, guardaba el resto de cosas que no había usado de nuevo en el botiquín

Los segundos siguientes pasaron rápido, con el francotirador de 11M, Kiyoshi Maeda, recordándonos que mantuviésemos todo limpio antes de sentarse en uno de los tronos vacíos, atento al resto mientras mantenía un extraño rifle de francotirador apuntando al suelo pero listo para usarlo en caso de ser necesario.

-Esta guapo tu rifle. Se nota que lo cuidas y no quieres que se ensucie. -Le respondí, apreciando su arma y notando su obsesión por la limpieza con ello.

Poco después, tras las palabras del simiesco comerciante de aguda mirada, el bombón lleno de quemaduras volvió a fijarse en nosotros con una actitud y gestos que denotaban claramente que buscaba pelea.

- Bombón, me encanta que te acerques así, pero, como ya le he dicho al moreno larguirucho, la ventanilla de peleas está en otro lado, bombón. -Comencé, tratando de controlarme mientras  analizaba el cuerpo de la pirata a 5 metros de distancia, babeando con las quemaduras que lo recorrían y notando como ella tenía las manos preparadas para desenfundar sus armas, aunque Krysser calmó las cosas poco después pues parecía conocer al tal Uker del que había hablado antes la quemada. -Si quieres quemarte... otro día quedamos y te enseño lo que es el fuego de un verdadero lunarian. -Concluí, agitando suavemente las alas para dar más oxigeno a la llama de mi espalda y que se viese aún más imponente.

Los primos parecían venir de buen rollo, pero si empezábamos una pelea lo más seguro es que dejasen de ser tan amigables, por lo que lo mejor que podíamos hacer era largarnos de buenas y empezar la cacería otro día, pues el destino nos había puesto la miel en los labios durante esa noche y habíamos decidido rechazarla por ser tan buenos que parecíamos tontos.

-Tu y yo tenemos gustos parecidos, colega. - Una fugaz imagen del tontatta armero de Samba apareció en mi mente cuando me dirigí de esa amistosa forma a Urususu, tras ver cómo también se relamía con el quemado cuerpo de Maki y que teníamos gustos similares. - El tigreton y yo tambien somos hombres de negocios y ahora tenemos uno entre manos. Pero buscaremos la forma de ir a esa isla del cielo para volver a veros y llenaros los bolsillos de berries con nuevos negocios. Es una promesa, colega. -Concluí, dirigiéndome a los 2 primos tras levantarme del montón de cadenas, dejando con ello vía libre para que Krysser demostrase su fuerza y lo cargase como si de una mochila se tratará antes de proceder a abandonar ese extraño punto de reunión, agarrando un extremo de una de mis cadenas con una mano antes de salir disparado hacia el cielo a 5 metros de altura, con Sekator desenfundada y atento a todos por si alguien buscaba problemas y ayudando al mismo tiempo a Krysser con la carga

Pienso - Hablo
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 121 + 500 = 621
Energia: 823 + 72 = 895
Espiritu: 222 + 0 = 222
#30
Todavía no había terminado de acomodarme bien otra vez sobre el hombro de Dong tras quedarme observando a aquellos dos sospechosos que tan amigos parecían y que también habían llamado la atención de Dong, cuando escuché al anciano pegar ese berrido que seguramente se oyó hasta en aquellos barcos encallados. Yo solo pestañeé, tiesa como un palo, sintiendo cómo todo el caos de la torre se contraía en un único punto absurdo: esos seres y sus jodidos teatros. No sabía si estaba cansada, harta o ambas cosas a la vez, pero me salió una exhalación tan larga que me despeiné el flequillo.

El “¡CABRÓN, ESTO NO ME LO HABÍAS DICHO!” retumbó como un cañonazo. Juro que sentí a toda la torre tensarse bajo los pies de Dong (¡ni siquiera los míos propios!), supuse que algunos por la sorpresa, otros por ese instinto suyo de mantenerse tranquilo incluso cuando el mundo se está yendo a pique literal y metafóricamente. Yo me llevé la mano al pecho, porque después de la roca cayéndome encima y el derrumbe entero siguiéndonos, lo último que esperaba era que ahora, encima, hubiesen frutas del diablo de por medio. Frutas nuevas. Frutas en venta. Frutas para sacar y poner. Frutas. ¿Habría alguna con algún posible uso médico? Mi vista se fue, curiosa, hacia aquellas endiabladas—. Ay, por favor… —murmuré para mí, ya sin dirección.

Mientras el anciano ladraba a uno, aconsejaba a otro, insultaba a Owen (pobre chico, aunque algo gritón sí era, no podía contradecir al anciano), yo intentaba mantenerme alerta sin caerme del hombro de Dong. En algún momento perdí la cuenta de cuántas veces golpeó el bastón contra el suelo, pero cada vez que lo hacía, más notaba al gyojin mirarnos de reojo con la típica mezcla de irritación y teatralidad. ¿Había algún gyojin normal en toda aquella zona? ¿En qué extraño lugar habíamos acabado? Al menos no había intentado venderme un paraguas mágico o cualquier tontería de su compañero mico.

Y entonces pasó lo inevitable: se giró hacia Dong. Joder. No sabe pasar desapercibido. Es todo lo contrario a mí.

No sé si fue el tono, o la manera en que lo miró arriba y abajo como quien evalúa un mueble caro, o la tranquilidad con la que soltó aquello de “una siesta, un bocata y pa’lante”. Él, que llevaba todo el tiempo cargando peso, luchando, pegando saltos imposibles, esquivando derrumbes, volando… ahora estaba ahí, frente a aquel ser en el que parecía querer confiar pero la cuestión verdadera era: ¿debía? Intuí que lo haría, o más bien que no le quedaba más remedio que confiar.

Yo estaba agarrada a su cuello, pudiendo escuchar su respiración. Estaba a punto de someterse a una operación que casi nadie en el mundo hacía, a manos de un anciano que parecía tener la paciencia emocional de una piedra volcánica. Debía sentirse muy calmado sabiendo que después habría un bocata para comer. Cuando el chamán dio el bastonazo final y le dijo "¡Ven, sígueme!", quise decir algo, cualquier tontería a Dong: “¿estás seguro?”, “puedo revisar primero la camilla”, “esto huele fatal”, “si ese hombre me toca con esa mano que ha usado para señalar a todo el mundo, le meto una venda por la boca”… Algo.

Pero hiciera lo que hiciera Dong, yo avanzaría con él.

— ...Tranquilo —le susurré, inclinándome un poco hacia su mejilla—. No voy a dejar que te pase nada. Y si te pasa, no tardarás en estar mejor.

No sé si él lo escuchó del todo; pues las palabras del chamán eran más fuertes que las mías en aquel momento. El viejo hablaba de heridas bonitas, de dormirse “un poquito”, de despertarse como nuevo. Todo con esa naturalidad que solo tienen los que o son genios… o son completos desgraciados con suerte. Y cuando me nombró como a una mascota, parpadeé tan lento que sentí las pestañas pegarse entre sí por el polvo. ¿Mascota? ¿Yo?

La primera punzada de rabia me subió, pero no dije nada… aún. No porque me faltaran ganas, sino porque intuí que eso no era lo que Dong quería, y eso me bastó para quedarme en silencio… no por mucho tiempo—. ¡Mascota! ¡Límpiese las legañas, señor, que ya le va fallando la vista!

Tras las protestas correspondientes, bajé de un salto y me planté junto al borde como si fuese mi puesto natural. Y lo era. Porque si ese anciano pensaba que me iba a apartar solo porque tenía complejo de jefe tribal… iba listo.

Y entonces llegó el momento del pago. El chamán extendió la mano como quien pide limosna con un descaro digno de un rey. Yo ni esperé a ver si Dong buscaba monedas—. Toma, no alcanzo el precio a pagar pero… quizás juntos podamos pagar al carero este —solté yo, sin pensarlo. No llegaba a las quinientas mil berries, desconocía cuánto dinero tendría encima Dong pero berrie a berrie… quise pensar.

Tenía ya preparado mentalmente el plan completo: si ese hombre hacía un gesto raro, si Dong sufría más de la cuenta, si el procedimiento se volvía peligroso… yo iba a saltar, lo iba a sacar de la camilla, y nos largábamos. Me daba igual si tenía que montarlo en mi espalda o pedirle a un gyojin que me lo lanzara. Pero no pensaba dejar que un tratamiento chapucero le arruinara. Intuía, aún así, que Dong no estaría solo (además de conmigo), que antes o después recibiría ayuda pues aún recordaba cómo había contactado con sus compañeros. ¿Qué clase de personas serían? ¿Tan malhumorados como él y Maki tal vez?

— Oiga —llamé, ya molesta por dentro pero sin subir la voz—. No se confunda. Estoy aquí para asegurarme de que sale bien. Y si hace falta intervenir, intervengo yo. ¿Estamos? —no fue una amenaza. Fue una advertencia, muy educada para lo que merecía, si me preguntas.

Aunque fuese pequeña, aunque no fuese la más fuerte ni la más ruidosa, tenía muy claro cuál era mi trabajo. Cuidar. Y quedarse. Así que allí me quedé, a su lado, sin moverme ni un centímetro, lista para sacarle de allí si hacía falta.

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