Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto
#31
Las palabras “Breath Death” pronunciadas por Sohem resonaron en el aire con una solemnidad inquietante, y en ese preciso instante Moja supo que algo había cambiado de forma irreversible. No fue un aumento de la tensión, porque esta ya se encontraba al límite, tan densa que parecía poder cortarse con un cuchillo, sino una alteración más profunda, más visceral. Aquello no era una simple amenaza ni una provocación verbal: era el inicio de una técnica. Una de esas de las que se hablaba en susurros, asociadas al nombre del temido Sohem Burnedead.

El cambio fue inmediato y brutal. Moja sintió cómo el aire a su alrededor se volvía pesado, espeso, como si de repente intentara respirar a través de un líquido ardiente. Un calor sofocante le invadió el pecho, extendiéndose por sus pulmones con una violencia silenciosa, mientras cada intento de inhalar se volvía inútil. El oxígeno parecía haber desaparecido, o peor aún, haber sido arrebatado por una fuerza invisible que no dejaba rastro alguno más allá de la asfixia creciente.

Aunque estaba en posición de prevención, con el cuerpo tenso y los sentidos alerta, Moja no estaba preparado para algo así. No había impacto, no había golpe físico que pudiera esquivar o bloquear; solo la sensación abrumadora de que su propio cuerpo lo estaba traicionando. El corazón comenzó a latir con fuerza descontrolada, y un zumbido sordo le llenó los oídos mientras el mundo parecía estrecharse alrededor de su visión.

Sus piernas cedieron durante un instante, y una de sus rodillas golpeó la arena húmeda de la playa. El dolor fue apenas perceptible comparado con la necesidad desesperada de aire. Instintivamente llevó una mano al pecho, intentando obligar a sus pulmones a funcionar, a recordar cómo respirar. Cada segundo se alargaba como una eternidad.

Pero Moja no cayó.

Apretó los dientes con fuerza, notando cómo los músculos del cuello y los hombros se tensaban hasta el límite, y realizó un esfuerzo que rozaba lo sobrehumano para incorporarse de nuevo. Su entrenamiento, su disciplina y su férrea voluntad se entrelazaron en aquel momento crítico, impidiéndole rendirse. No era solo orgullo lo que lo mantenía en pie, sino la convicción de que debía resistir, aunque fuera un poco más.

Intentó hablar, girando levemente la cabeza hacia Stroud y Kibai, con la intención de advertirles o al menos hacerles saber lo que estaba ocurriendo. Sus labios se movieron, su garganta intentó forzar un sonido… pero no salió nada. Sin aire en los pulmones, las cuerdas vocales eran inútiles. El silencio fue su única respuesta, un silencio desesperante que aumentaba la sensación de vulnerabilidad.

El miedo quiso abrirse paso en su interior, frío y paralizante, pero Moja lo contuvo con una determinación casi salvaje. En lugar de rendirse a la angustia, levantó lentamente el brazo, sintiendo cómo le temblaban los músculos, y alzó el pulgar hacia sus compañeros. El gesto era simple, casi insignificante, pero cargado de significado.

*Estoy bien.*
*Aguantaré.*

Aunque su visión comenzaba a nublarse por los bordes y el calor seguía oprimiendo su pecho, Moja mantuvo el pulgar en alto unos segundos más de los necesarios, como si ese pequeño acto de voluntad fuera un ancla que lo mantenía consciente. No sabía cuánto tiempo podría resistir aquella técnica infernal, pero tenía claro algo: no caería sin luchar, y no dejaría que el miedo definiera su lugar en aquel enfrentamiento.



OFFROL
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
#32
Cita:
«Mas no todos los hombres ansían sosiego ni paz; algunos nacen con el bramido de la tormenta en las venas, heraldos inquietos de violencia y de sangre, incapaces de caminar senda distinta.»


El cerebro de Stroud no era propenso a dar las cosas por perdidas. La situación era crítica, y no hacía sino empeorar. Tal y como había previsto, Sohem era esencialmente un factor aleatorio, que, de hecho, chocaba frontalmente con su manera meticulosa de ser. Era, en cierto modo, su antítesis: un elemento con el que no había contado, con el que, es más, era imposible contar, y con plena capacidad para echar por tierra no solo sus planes, sino los de cualquiera de los allí presentes. La sensación de descontrol, algo con lo que Stroud no estaba familiarizado, era absoluta, mayor incluso que durante lo acontecido durante los Cabos Gemelos; allí, al menos, habían tenido un objetivo claro, común y, hasta cierto punto, asequible. Con el Señor de la Moneda, todo boceto de plan había saltado por los aires.

Fue consciente de que su mente estaba entrando en modo de emergencia, empezando a seguir el tipo de razonamientos que había aprendido a desgranar en el momento en que se producía una catástrofe, una situación de peligro en que era importante comenzar a pensar en priorizar vidas, y, sobre todo, en cuáles. Le costaba quitarse de encima la impresión de que el Mar Cruel los tenía a todos bajo control. Frente a él se hallaba Rackham Uker. ¿Qué pasaba, los demás Olvidados se negaban a bajar? ¿Realmente iban a quedarse ahí, a bordo del Last Whisper, escondidos como ratas, mientras su capitán daba la cara por ellos, ya no solo ante los Marines, sino ante el mismo Sohem? El joven Redgrave siempre había tenido a los piratas por criaturas despreciables, en ocasiones en los márgenes de las mismas cualidades que nos hacen humanos, pero aquello incluso logró sorprenderle. Las reacciones humanas frente al peligro siempre revelaban cosas de lo más interesantes, y no siempre para bien. Stroud, sin embargo, no era ningún cínico, era consciente de que también llegaban a revelar lo mejor, y hubiese esperado algo más hasta de aquella gente.

Entretanto, el pelirrojo Owen empezaba a perder la cabeza, como parecía ser costumbre en él a la que la ocasión lo requiriese. Toda situación era digna de un toque de histeria por parte del muchacho, que había empezado a reírse a carcajadas, aparentemente al empezar a descubrir qué estaba ocurriendo allí realmente. Algo en el interior de Stroud estuvo cerca de sentirse un poco mal: igual sí que era un pelín lento. Cuando, repentinamente, cambió de tono a uno más enfurecido y preguntó si la Marina se había aliado con los Cazarrecompensas, el joven Redgrave se limitó a simplemente asentir con la cabeza. No supo de dónde había sacado el término de Justicia Absoluta; ¿cómo podía estar un piratilla como aquel familiarizado con aquel concepto? No sonaba nada mal, debió admitir para sí, pero él prefería el matiz de la Justicia Implacable, la que no se paraba ante nada ni nadie, la que no temía mancharse las manos. A modo de única respuesta, esbozó una sonrisa casi imperceptible cuando el muchacho le recriminó aquello. Explicárselo, o ponerse a razonar con él, hubiera sido en vano, como razonar con una gaviota. No aceptaría lecciones de un piratilla del tres al cuarto, considerando, además, que el nombre de la Justicia ni siquiera merecía salir de aquella boca convulsa, indocumentada e histérica. Una vez más, Owen no hallaría en él reacción alguna cuando lo llamó por su nombre, intentando provocarle en vano. Le había guardado, si no simpatía, cierto aprecio tras lo ocurrido en la travesía por los Cabos Gemelos, pero este empezaba a desvanecerse rápidamente; había un límite para la paciencia que podía dispensarle. Fue consciente entonces de que, de fondo, su cerebro había estado barajando cómo lidiar con él. Un proceso que, por otro lado, empezaba a aproximarse a una conclusión.

Sin embargo, en aquel instante ocurrió algo con que no hubiese contado: la extraña criatura que cargaba a la chica ciega, aparentemente bajo una rápida orden de Sohem, se posicionó entre él y el Last Whisper, junto al mismo Rackham Uker, y después, el pelirrojo de las narices la siguió. Se preguntó qué hacía allí aquella chica. ¿Secuestrada por los Olvidados, tal vez? ¿Eran tan ruines? Stroud permaneció en silencio un instante, contemplando con estupor la extraña tríada que se había formado a los pies del barco. ¿Situar a Gwendolyn allí era una treta para evitar confrontaciones directas? ¿La estaban usando de escudo? El joven Redgrave respiró hondo, sus ojos grises yendo de uno a otro, midiendo distancias. Torció el gesto con desprecio, tomando aire, y se dispuso a hablar al grupo: "Cu... ¡GAH!". Sus palabras, fueran las que fueran, se vieron cortadas de golpe en el instante en que el ambiente se tornó en el de un horno a máxima potencia, de la nada. ¿Sohem? No podría ser otro. Se llevó las manos a la garganta, intentando respirar, pero el aire simplemente quemaba. Quemaba en la superficie de su cara y, peor aún, quemaba cuando intentaba inhalar. Instintivamente, sus manos pasaron a cubrir su boca, como intentando evitar que aquel fuego abrasador entrase. Le pitaron los oídos por unos instantes. Se giró, buscando con la mirada al culpable, Sohem, justo a tiempo para ver cómo su brazo mecánico sacaba de su escondite al cazarrecompensas. Supo que no era momento para gilipolleces. En un ejercicio (complicado, por otra parte) por no entrar en pánico, su cerebro intentó razonar: si los hubiera querido muertos, ese seguramente no hubiese sido su primer movimiento. ¿Sería mejor alejarse, intentar salir del rango de aquello? Contempló la posibilidad por un segundo cuando, repentinamente, una nueva invitada se sumó al pintoresco bodegón. La mujer de las cicatrices, en su lamentable estado, se había desplomado, más que caído, desde lo alto del pasamanos del navío, aterrizando sobre la arena con un golpe seco y sonoro bastante espantoso al oído, aparentemente siquiera sin la capacidad de mirarlo a los ojos. A Stroud le costaba comprender, de forma genuina, qué podía haber detrás de semejante gilipollez. ¿Se había caído? ¿O era tan legítimamente corta como para beber hasta encontrarse en aquel estado y luego disponerse a ofrecer una última resistencia que, en busca del summum de lo heroico, trastabillaba y caía en la oquedad esperpéntica de la tragicomedia, partiéndose las piernas por el camino? De no ser por el repentino y asfixiante calor, el Marine hubiera estado más cerca de lo que le hubiese gustado admitir de soltar una honesta carcajada cuando la vio tambalearse de aquella manera. ¿En esa fantochada con ínfulas habían quedado los grandes sueños de la Era Pirata?

En cualquier caso, no tardó en devolver su atención a Sohem, la fuente del peligro, con quien Fyodor parecía haber empezado a hablar. Ignoró la provocación que el Mar Cruel le había dedicado. Stroud no fue capaz de determinar qué decía el Lunarian, pero sí que notó cómo su máscara se movía ante los ¿ojos? de Sohem. ¿Él sí era capaz de hablar? Al mismo tiempo, Moja, el mink, hizo un gesto que pudo ver, asintiendo con la cabeza para indicar que lo había captado. Tomó en aquel instante la decisión: no se iba a mover de aquel lugar. Tal vez, en efecto, fuese posible librarse de aquel espantoso aire caliente si uno se alejaba lo suficiente, pero no merecía la pena. No merecía la pena la imagen de una Justicia huyendo ante las bravuconadas de un cazarrecompensas, o un banquero, o lo que fuese aquel tipo. La Justicia permanecería inalterable, inamovible. Al menos en lo que de él dependiese. Hizo un gesto con ambas manos hacia sus compañeros de división, dirigiendo con lentitud las palmas de ambas manos hacia el suelo en un gesto oscilante: "Calma," pareció ordenar. Conteniendo la respiración, y volviendo a dirigir su atención hacia los piratas frente al Last Whisper, cruzó sus brazos, tragando saliva con dificultad. Sus ojos grises, clavados en el grupo de Uker. Su ademán, erguido, inmóvil. Su abrigo blanco, casi petrificado, a excepción de las pequeñas ondulaciones que el aire caliente provocaba en la tela.

Nada de aquello había terminado. Las piezas estaban empezando a ser colocadas sobre el tablero, y cada pieza jugaría su papel.



Información
#33
La situación no para de cambiar continuamente, conforme los presentes van saliendo, las piezas van encajando, Sohem demuestra ser realmente una pieza ajena al rompecabezas que se estaba formando en aquella playa. Tanto el cazador lunarian como los marines se presentan, sin embargo parece ser que son muchos detalles y mucha información que procesar, realmente el propio Bertram tendría problemas para procesar toda la información que se estaba desvelando en el momento. El arquero se mantiene en la misma posición, junto al lunarian cuando el hombre que si quiere puede acabar con toda vida en ese lugar y salir caminando como si no hubiera pasado nada, con los criminales en el barco para entregarlos y dejando al resto a ser devorados por las criaturas de la isla. El arquero lo dejó claro antes, sabe que no es quien para indagar en lo que anda haciendo Sohem en la isla, para poder siquiera plantearse el cuestionarle debería llegar a la auténtica cima de la marina y aún así sin una razón de peso para desconfiar de la presencia de alguien en una isla cuestionarle no sería más que una pérdida de tiempo pues podría hacer exactamente lo que ha hecho, dejar claro que lo que haga en la isla es cosa suya.

Entre la gente que sigue escondida, los piratas en el barco, las provocaciones y demás Sohem simplemente dice dos palabras, dos simples palabras que preceden a un caos generalizado pues instantáneamente el ambiente se vuelve pesado, la temperatura parece haber subido repentinamente de forma que el arquero se nota pesado, como si le hubieran robado las fuerzas, recordando como cuando se enfrentó al maldito Sakana ya le pasó algo similar pero por otro motivo. El joven arquero iba a decir algo, dejar claro que realmente no tiene ni tenía intención de inmiscuirse en sus asuntos, pero antes siquiera de intentarlo nota algo que recuerda de hace tiempo, de su primer encuentro con un marine en un entrenamiento donde el hijo del alcalde de la ciudad le agarró el cuello haciendo que le faltara el aire y apenas pudiera contener mantenerse consciente al no poder respirar, siendo que ahora tiene la misma sensación solo que sin necesidad de que le estén agarrando del cuello, pero seguramente sea debido a esa inmensa presión calorífica que nota el arquero, y seguramente no sería el único afectado por ello, siendo casi seguramente obra del hombre que tienen al frente y que parece darle poca por no decir nula importancia a la presencia de la marina yendo a por piratas o a lo que estuviera pasando de antemano.

Tras las palabras de Sohem todo el griterío, todas las discusiones cesan al instante, nadie es capaz de hablar por culpa de Sohem, bueno el único que parece poder hablar, o más bien que Sohem permite hablar al anular su habilidad sobre él, es Fyodor para que le cuente sobre lo sucedido en los cabos gemelos. A pesar de estar a su lado el arquero no nota diferencia alguna, lo cual solo demuestre el gran control y la gran habilidad de Sohem para poder manipular el ambiente con semejante precisión. El arquero no se encuentra en la mejor de las situaciones, sin hablar no puede atacar libremente, es una fuerza superior a sí mismo que le impide poder atacar sin anunciar su ataque en el proceso en voz alta. Por lo que dice Fyodor parece que todo lo que ocurrió en los cabos gemelos fue organizado por los tenryubitos con ayuda del gobierno mundial, lo que explicaría el hecho que en Samba el control de pasajes lo hacían los agentes y no los marines. Por si acaso el joven del arco se aleja unos 10 metros del lunarian en dirección al mar, en caso de que acabara iniciando una pelea contra Sohem es mejor estar lejos, además, la sensación de asfixia no es del agrado del contramaestre por lo que buscará salir de la zona de efecto de esa técnica lo más rápido que pueda. Además, para poder cubrir a sus compañeros en caso de que se desate una pelea caótica le conviene poder respirar y hablar para poder pelear en condiciones, además, buscaría mantener una visión amplia de la zona para preparar cualquier posible medida necesaria.

Off
#34
Pareciera que todos se habían quedado sin palabras... era una pena, todos podríamos haber tenido una buena conversación si se mantenía un orden en el diálogo y se evitaban los monólogos innecesarios. ¿Cómo iba a procesar y ordenar una conversación con - ¿Cuántos eran? - tanta gente y responder de forma ordenada? Me sentía atolondrado y taladrado con decenas de voces y estímulos y el momento de gloria de todo el mundo. Hacía que este sonido de gargantas cerrándose fuera el paraíso en lugar del cotorreo incesante de antes. Menudo dolor de cabeza.

El tío de las alas se recuperó cuando retiré el calor de su entorno y se dispuso a contarme lo que le estaba pidiendo, pareciendo así que le importaba el hombre felino que tenía agarrado con Emperor y que no se inmutaba. No sabía si estaba inconsciente, muerto, o se lo estaba haciendo porque estuviera cagado de miedo... pero ignorarme no era una buena estrategia.
El Lunarian dijo que hacía un par de meses cruzaron al Grand Line desde el South Blue, y que el Gobierno Mundial organizó unos juegos con ellos, incluyendo a unos Saint Chechenia o como se llamasen... ¿Y ya? ¿Esa era toda la información? Que habían salido de un Blue y que unos Tenryuubito los habían hecho participar en un juego. Chasqueé la lengua molesto. ¿Se estaba quedando conmigo? ¿estaba intentando ganar tiempo? Apreté la mano en el pecho del enorme tigre - en parte por furia, en parte para ver si respondía - y cuando iba a dejar que se asfixiase el lunarian también, siguió hablando.

Tuvo la osadía de declararme "antiguo" líder de Magna, intentando adularme diciendo que era el mejor gremio de cazadores, y que en mi posición actual de Señor de la Moneda debía saber de la importancia de los contactos. Arqueé una ceja, divertido. No esperaba este giro de los acontecimientos. Y entonces terminó diciendo que esos contactos - para mi - podían ser ellos, porque crecerían y me mantendrían informado de todo mientras me hacían ganar cientos de millones informándome de cosas que se suponía que ellos sabrían y yo no.

— ¡ ¡ ¡ WRYYYYYYY HA HA HA HA HA HA ! ! ! —


Reí a todo pulmón tras terminar de escuchar las palabras de aquel tipo, golpeándome en la rodilla con mi única mano, acompañando la carcajada, permitiéndome estar unos segundos así — ¡Eres divertido! — dije, recomponiéndome de la risa con la voz algo temblorosa — Es decir, se supone que vosotros sois el contacto que necesito y que vosotros me estáis haciendo un favor a mi — negué con la cabeza, terminando de reír por lo bajo un poco más — Me parece que no tienes ni idea de con quién estás hablando, charlatán — dije, sorbiendo por la nariz terminando de reír definitivamente — Precisamente por mi posición gozo de todos los contactos que necesito o que valen la pena. Puedo establecer contacto con cualquier otro Emperador del Inframundo, puedo entablar negocios con los mismos Yonko, o puedo hacer una llamada directa el Almirante de la Flota si un grupito de retrasados con uniforme me joden las vacaciones — maticé, sin mirar a ningún marine y manteniendo mi atención fija en Fyodor — Si quisiera información del puto Gobierno Mundial tendría hombres dentro diciéndome lo que necesito. No dos cazadores de medio pelo que usan marines para hacer emboscadas — y tras esas palabras, di un fuerte pisotón en el suelo para adelantarme un paso hacia el lunarian y lanzar un golpe con el dedo índice y el pulgar hacia su garganta, agarrándole con el impacto — Lo que tienes que hacer es dejar de ser 'el mosquito', y entonces os prestaré atención cuando vengas a pedirme un favor — finalicé, haciendo especial hincapié en la terminología de insecto que él había usado y en que cuando hablase conmigo, él no tenía favores que ofrecer, si no que pedir. Entonces tras terminar con esas palabras con un abrupto y poderoso movimiento lancé al tigre en la dirección a la espalda del Lunarian, contra una de las paredes del acantilado, usando el pistón de mi mano robótica para liberar más fuerza en el lanzamiento, y haciendo que este volase a toda velocidad contra el muro, estampándose a cincuenta metros de donde estábamos nosotros y clavándose un poco en la roca sólida. Seguido de ese movimiento, inmediatamente después, lancé al Lunarian tras él, que realizó el mismo vuelo e impactó justo al lado de su compañero, quedando ambos cazadores incrustados en el rocoso lateral del acantilado.

Me sacudí las manos mientras me erguía, girando sobre mi mismo y mirando a los cuatro Marines frente a mi. Aquel chico, el rubio que estaba de pie intentando parecer inmutable... un recuerdo de un hombre tortuga, un hombre serpiente y un hombre jirafa vino a mi mente de forma fugaz. De cierta manera me recordaba a él. Estúpidamente recto, orgulloso y terco. Cualquiera en su posición se habría quedado de rodillas en el suelo tratando por recuperar el aliento, pero estaba de pie. No estaba rogando, no estaba tratando de verme la cara de idiota negociando, y no estaba intentando hacer nada mezquino. Además que era de los pocos que no se había escondido y había comenzado dando la cara, como a mi me gustaba.
Su porte, su uniforme limpio y su complexión, de cierta forma me recordaban al idiota de Joe.
— El que no desaparezca de esta playa en dos minutos no saldrá de ella — dije refiriéndome a todos los Marines presentes, y entonces miré al rubio — Tú, el boyscout — dije refiriéndome a él — El palo que tienes metido por el culo me recuerda a un tío igual de estirado y amargado que lo que pareces — entonces desactivé el calor en el ambiente y dejé que todos pudieran respirar con tranquilidad — Se llama Joe Joestar. Intenta contactar con él en la próxima base de la Marina que encuentres y dile que Sohem le envía un caluroso saludo wryy ha ha ha... Seguramente os ayude más que un par de aficionados a cazadores — alcé la mano mientras comenzaba a caminar, apartándome de donde estaban los Marines y dirigiéndome hacia el barco, caminando y dándoles la espalda a los Marines, viendo que ahora cinco personas estaban frente al barco — ¡Un minuto señores — agité la mano para despedirme, mientras clavaba mi mirada en Dürr, ignorando a los demás. Parecía que le había afectado a él también un poco... Y si ya le costaba cargar conmigo, ahora no le iba a hacer ni puta gracia que me acercase. Pobre bicho.





Aclaraciones

Información

Bélico
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 15303 + 0 = 15303
Energia: 6249 - 236 = 6013
Espiritu: 3282 + 0 = 3282
#35
Nada del discurso de Sohem le ha sido indiferente, ni las amenazas o sus palabras. Aunque se lo ha tomado con humor todo, es una risa extraña, esas que provocan escalofríos y te obligan a reacomodarte, como si algo se te hubiese subido por la espalda.

Aun así no dijo nada, permaneció en silencio, uno que se extiende no porque le cueste respirar, sino porque ¿Qué va a decir? La llegada de Owen la sorprendió, un resalto suave fue lo único que dio al sentir su mano y se preguntó si puede sentir que está más fría que él, como si su cuerpo se negara a sufrir como los demás. Es el instinto que está reaccionando por ella.

No supo a dónde va, pero ya no importa en realidad, simplemente se dejó acompañar a un sitio sin rumbo o meta. Un destino que han elegido para ellos, un hombre que no los conoce, pero al cual le debe una promesa ¡Una que con esto no puede cumplir! Sintió como el tiempo se agota, pero no lo suficiente como para angustiarse aun, pero… ¿Cuándo debería comenzar a preocuparse?

Finalmente la marina parece ser despachada, aunque tuvo dudas de la afirmación. No hubo tiempo para preguntas, tampoco oportunidades para alzar la voz, como si existiera un muro que nadie se atreverá a cruzar. Quizás por el peligro que presenta estar ahí, porque les han advertido y sin importar las señales han seguido adelante.

¿Pero pueden culparla por no querer verlas? Siempre ciega, simplemente las ignoró como si fuese natural para ella, porque así es en realidad. Lo malo es mejor desecharlo antes que siembre una discordia que luego no pueda arrancar. 

Una bocanada de aire fue lo que dio cuando finalmente pudo respirar, es una larga que llenó el ambiente. Se encontró con que no está sola — ¡Al fin puedo respirar! Ay Dios — lanzó el nombre del señor, llevándose su mano libre a su pecho, uno que arde aun por la falta de aire — Pensé que tendríamos que estar más tiempo así.

Se quedó unos segundos en silencio, hasta que volteó su cuerpo, como si quisiera ver. Aunque en realidad no hay nada que observar, una absoluta oscuridad que tiene a una persona que grita peligro con cada acción que da o palabra que suelta... Aun así movió su mano libre, en un gesto que le indicó que ahí está ¡Seguro los puede ver! Sabe exactamente en dónde están, pero eso no le impidió darle la bienvenida de regreso  — ¿Sohem, vendrás? Te estamos esperando — supuso, porque Durr sigue con ella y aunque al parecer ya no se mueve más — Tenemos que seguir buscando…

¿Los lagartos gordos? Recordó por un segundo el comentario de Maki y entonces lo recordó, porque Owen lo ha dicho antes ¡Y con tanta amenaza se le ha olvidado! Pero ahí está de nuevo el recuerdo, para preguntar sobre eso.

—¡¿Owen tu tripulación?! ¿Están bien? Maki, Rack y el otro — ese que existe por ahí, pero que en realidad no sabe nada de él. Tampoco ha preguntado, porque parece ser abrir una puerta para que el pelirrojo se vaya y es lo último que quiso en ese momento.

—¡M-MAKI, RACK ¡¿Están bien?! — usó una de sus manos para colocarla cerca de sus labios, como si eso fuese a expandir más su voz, aunque en realidad lo mejor sería usar el micrófono que trae consigo en el bolsillo —¿Dónde están?

Cerca suyo, al lado, así que los gritos están demás. Si tan solo pudiera ver no parecería toda la situación tan ridícula ¿No? — Owen tienes que ver como se encuentran — se volteó a él, diciendo eso, pero no lo soltó, simplemente apretó más su mano, en una contradicción que no pudo explicar. Porque de soltarlo no va a volver más ¡Si los lleva tanto buscando! — Quizás están heridos, ay no y el doctor está… en algún sitio. Además las cosas se hundieron en el barco, así que quedamos sin recursos para ayudarlos.

El resto está en un lugar de la isla, lejos de ellos, ocupados en otra cosa y con un asunto más simple de tratar, que un hombre famoso que los ha amenazado con matarlos.

No una vez, sino dos y quizás cuántas veces más vendrán.

—Me pregunto por qué todo el mundo actuó tan raro junto a Sohem. Como si fuese famoso o algo así, haha.

Algo así.

Seguro ni se lo imagina.

No prendió (?
[Imagen: Gwendolain.gif]
#36
Todos miraban al enmascarado blanco, desde antes, como si fuese un ente demoníaco, como si el solo símbolo de una máscara blanca con agujeros fuese lo suficiente como para darse media vuelta y correr; Owen había sido advertido de esto de parte del anciano Pawurs y, haciendo caso omiso a una advertencia tan clara como concisa, ahora, pagaba las consecuencias: Una sensación de opresión en el pecho tan gigantesca como si el simple hecho de respirar el aire fuese algo que encendiese el cuerpo por dentro. Cada vez que intentaba abrir la boca, en su inmensa habladuría -¡COF-COF! ¡AGH!- resultaba imposible, la garganta pedía clemencia solamente por el contacto de la quemazón, con un cuerpo resultando incapaz de termo regularse solo al estar empapadísimo en sudor. ¿Qué era lo curioso de todo esto? Que la temperatura de Gwen, en lo absoluto, se sentía igual a la de él, al contrario, parecía hasta estar tan temperada como cuando el frío les azotaba en Isla del Karate.

¿Gwen no sufría del calor? ¿Cómo?

[Imagen: fUUXtkz.png]
-¿Ella..puede tolerar esto?-

No le quitó la vista de encima a absolutamente nadie de los que tenía delante, junto con el barco de su tripulación detrás y con su mano derecha, estirada un poco hacia arriba, entre-lazada a la mano de la mujer que amaba. No podía creerlo, el sentimiento de impotencia era, incluso, superado solamente por estar viendo poderes que escapaban total y completamente a las dimensiones en las que él creía que que se movían y que podría alcanzar -No puede ser.- Para él, el calor era tan inmundo que ni su cuerpo sabía cómo poder regularlo, ¿Para ella? Cuando desviaba sus ojos tímidamente para verla, durante unos segundos, solo veía una mirada llena de tensión e incomodidad, al parecer, sufriendo simplemente los efectos asfixiantes del entorno. El corazón del muchacho comenzó a latir con una intensidad inusitada, nervioso, incrédulo de que la pared que él debería escalar para volverse lo suficientemente fuerte para protegerla era...realmente casi imposible.

Aunque, a alguien tan loco como él, el "casi" fuese suficiente para intentarlo.

Todos parecían estar sufriendo lo mismo que Owen, con solo un vistazo ágil fue suficiente para detectar que el único que no parecía estar completamente arruinado era el enmascarado que le había dicho "pelirrojo-tomate" y que, de manera exhaustiva, comenzó a hablar con el enmascarado que mantenía a todos en un transe asfixiante y atronador, pero hubo un primer detalle que ya le disparó los sentidos, pudiendo escucharle con ligera dificultad debido a la molestia del ahogamiento -¡! ¿En...la portada de los diarios?- ¿Portada de los diarios? ¿Cazarrecompensas? "Sohem Burnedead", como se había referido anteriormente el enmascarado alado, ¿Quién era este tipo? Todo empeoró. A cada información que soltaba aquel sujeto, la expresión de incredulidad, asombro, sorpresa y tensión incrementada en un pelirrojo completamente desconectado de la realidad, ¿Tenryuubitos? ¿Qué significaba esa palabra? ¿Señor de la Moneda? ¿LÍDER del mejor gremio de cazarrecompensas? -¿Qué...quién...-

[Imagen: 79aa121cba2297691213ec4ee463756d.jpg]
-...quién coño es este tipo? ¿Cómo coño me estoy enterando ahora que es tan importante?-

Quería, inclusive, gritar una pregunta, y tuvo que taparse la boca simple y llanamente para evitar vomitar. Si Owen antes se sentía pequeño, ¿Ahora? Se sentía una pulga en comparación con el mundo; No solamente casi moría hacía meses en aquel cuadrilátero de roca junto con el Marine que tenía a varios metros delante, sino, que ahora, estaba tan estupefacto como frustrado: ¿Todo fue un espectáculo de gente poderosa? ¿La escala de fuerza estaba tan descolocada? Pero lo sorprendente fue...la reacción del enmascarado que, por culpa de aquella cosa blanca y agujereada en su rostro, solo pudo escucharse una risa socarrona intensa y algo mitigada producto de la reverberación de la misma -¿De qué...se ríe?- y, sin siquiera quitarle los ojos de encima, él se puso aún más aterrador de lo que ya lo había sido en una primera instancia.

El cerebro de Owen se estaba sintiendo aplastado, triturado a información, era tantísima y tan de golpe que no sabía cómo carajo iba a retener todo aquello que sonaba TAN importante: ¿"Yonko"? Otra palabra clave que no entendía su significado, ¿Emperador del Inframundo? -¿OTRO?- Exacto, OTRO emperador del Inframundo, ¿Cómo que otro? ¿Él era uno? Para más INRI, mostrando ese poderío tan abrumador, ahora, Sohem se había puesto aún más bravo que antes. Aquellos dos, tan distintos y no-uniformados, fueron lanzados por aquel brazo metálico hacia el acantilado de rocas que, desde la primera persona de Owen, se encontraba a la izquierda, a cincuenta metros de distancia y con una velocidad tan gigantesca -¡¡!!- que solo pudo voltear ante el inminente ¡CRASH! producto de sus cuerpos sobre el mismo, hundiéndose, dejando un cráter producto del impacto y provocando ese característico humo en espiral que se iba disipando, poco a poco, para verlos incapacitados -...esto es demasiado.- la mirada del pelirrojo estaba estupefacta, la diferencia de poder era abrumadora, y eso que el alado había demostrado tener una velocidad sin igual al haberse aparecido ante casi todos en un destello oscuro.

La fijación del enmascarado, ahora, iba directamente hacia el rubio del cual Owen ya conocía perfectamente. No solamente destacó que le recordaba a alguien, ¿Otro nombre más? ¿Joe Joestar? Si la frustración del muchacho era grande al ver la inmensa diferencia de poder entre alguien con fruta del diablo y él, ahora, se sentía hasta estúpido por la falta de conocimiento del mundo general, hasta que, finalmente, como quien entra en un congelador, el clima, de manera repentinamente, se volvió respirable otra vez -¡AAAAAAAAAAAH...AAAAAAAH!- gigantescas bocanadas de aire aparecieron en los pulmones del muchacho que, con sus ojos abiertos de par en par. Tosió, múltiples veces -...joder...- y llevó una de sus manos hacia la garganta, encorvado y agachado, liberando dejes de saliva producto de la sensación tan atosigante. Escuchó a su mujer favorita -¡! ¡GWEN! ¿¡ESTÁS BIEN!?- porque mencionó que, finalmente, podía respirar, casi recuperando la compostura instantáneamente al saber que ella estaba bien.

Le dedicó una mirada al capitán que había aparecido, finalmente, en defensa de su barco y tripulación -Parece que...le debemos una a este tío.- sonrió con desafío, sin perder su posición inicial al lado de Gwen y con Dürr, aquella montura tan extraña, que parecía también haber sufrido los eventos del calor tan sofocante. Owen todavía no se había percatado de quien estaba en aquel barco aún, él, aquel que había provocado que estuviese en exactamente esta situación en primer lugar, ¿Qué habría pasado si Onizuka Jin nunca hubiese aparecido? Él podría estar en Isla del Karate, con su amada, viviendo una vida de ensueño. ¿Ahora? Solo quedaba...continuar con una aventura no deseada, pero movilizante, mucho. Si Gwendolyn antes era especial, ahora, lo era más...sabiendo que ella podría ser capaz de resistir la fuerza de alguien tan avasallante como Sohem Burnedead. No soltó la mano de su mujer, al contrario, ella mencionaba cómo, finalmente, habían terminado con su búsqueda personal: Encontrar a su tripulación, Los Olvidados.

[Imagen: 5b1301ced79042801fb41c592e5b063d.jpg]
-¡MAKI! ¡ESTÁBAMOS BUSCANDO LAGARTOS RETRASADOS POR LA ISLA! ¿¡TE HABÍAS CONVERTIDO EN UNO ANTES!?-

Su grito fue fuerte, debido a que llevaban dos días enteros buscando a aquellos "lagartos gordos" y que le había involucrado con un sujeto no solamente con tan pocas pulgas, sino, tan excesivamente poderoso como lo era Sohem -¡Llevamos dos días sin encontrar ni uno solo, joder!- encima, Owen, le echaba la culpa a una Maki que parecía estar completamente ida de la realidad, una que se había caído del barco y cayó sobre la arena -Pero...la verdad es,- se calmó, repentinamente, alzando esa mirada encendida, con su ceño fruncido y ojos celeste brillante, clavados en los agujeros de esa máscara tan señalada -que le debo una muy grande a este tipo. Qué hubiera pasado con mi madre si...la marina capturaba a Uker y Maki...- ese pensamiento fugaz voló por su mente, uno para sus adentros, sin siquiera saber, aún, que Onizuka Jin se encontraba en aquel barco o, incluso, alguien más.

Una mirada algo triste, agobiada, acomplejada, voló hacia su puño izquierdo. Él tenía un gesto en el que aseguraba, siempre, sus frustraciones: Mirarse la palma, abriendo y cerrando la mano. Había salido airoso, hace unos meses, de un evento al que parecía que la mayoría de los presentes se habían involucrado. Cuando quiso prestar atención, incluso, aquel gato-pantera-negro con el que había batallado se encontraba con ellos. Un sentimiento de molestia le atacó en cuanto vio la cabellera amarilla que ya tenía fuertemente memorizada -Sohem.- alzó la mirada, intentando llamarle -Todavía nos quedan cinco días para encontrar a los lagartos gordos.- necesitaba ser fuerte. Necesitaba que Gwen tuviese una oportunidad, pero, ¿Qué clase de oportunidad le daría?

¿Qué pasaría si Gwen consigue ser AÚN peor que el propio Sohem Burnedead?

[Imagen: df4ae0d7708963859f3beb0cdd05c270.jpg]
-...podrías enseñarme a mi también a ser tan fuerte como tú?-

No le miraba directamente. Se sentía en deuda con él. Que alguien tan destacable sea capaz de siquiera prestarles atención a él o a Gwen, ciertamente, le generó cierta sensación de orgullo. Podría haberlo reventado contra la pared por bocón una y otra vez y, todavía, no lo había hecho, aunque seguro que no le faltasen ganas -¿Cómo has...descubierto donde estaba el tipo tigre? ¿O cómo es que tu presencia me aterró tanto antes?- en su bolsillo, un pequeño pinchazito de aquella que había encontrado, se sintió en su barriga, un pequeño recordatorio que la misma aún seguía ahí -No podré proteger a Gwen...siendo tan débil. No sé qué coño es...un Yonko, un Ternurín,- Se equivocaba del nombre, no lo recordó bien -Tengo que pagarte que hayas salvado a mi tripulación y protegido a Gwen...enviando a Dürr al lado de Uker.- porque eso es lo que siempre hacía Owen Yang: Endeudarse hasta con el mismísimo demonio para intentar cambiar un mundo tan torcido como éste.

Me compre una cajita feliz
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
#37
Aún entre el caos y la falta de aire de todos, se encargó de mantener a Maki cerca de él. Se fijó en ese arma sobre la que había caído, la cual le había generado esas heridas que ahora sangraban. La retiró con cuidado, la dejó a su lado, sobre la arena, para no perderla. El calor era insoportable, su cuerpo comenzó a sudar de forma exagerada ante el ambiente, algo que no le había pasado ni enfrentados a Sakana.

Odiaba el calor, le recordaba al peor momento de su vida, el momento donde lo perdió todo, donde se le fue arrebatada cada cosa que hasta ese momento poseía. Estos idiotas habían querido volver a arrebatarle aquello que tanto había costado conseguir, tanto como para que aparezca un monstruo más peligroso y poderoso que todos ellos juntos. Quería maldecir a cada dios que pudiera existir, a cada persona que alguna vez haya conocido. No podía, no podía morir ahí, no iba a dejar que le quitaran todo y a todos de nuevo.

Aire, por fin, sus pulmones volvieron a recibir aire. Pudo respirar, toser, el ambiente caluroso comenzó a disiparse con rapidez, algo que, por alguna razón, agradeció más que el hecho de volver a respirar. Giró su rostro hacia la pareja de enamorados, estaban bien, al menos eso parecía, lo cual era un alivio para el capitán. Ahora sus ojos se fijaron en Maki. - ¿Estás bien? -. Aún estaba bajo los efectos de lo que sea que hubiera tomado, pero la pregunta iba más dirigida a los cortes que se había hecho al caer.

- Estamos… bien… -. Fue su respuesta a las palabras de Gwen, quien por obvias razones no podía saber que ellos se encontraban ahí. - Estamos aquí, no te preocupes -. Se acercó a ella, intentando recuperar el aliento, esperando hacerle entender por la cercanía de su voz que en verdad estaba a su lado. - Gracias por preocuparte por nosotros -. Lo siguiente fueron los gritos de Owen, seguidos de unas palabras confusas de la propia novia del pelirrojo. - ¿Acaso ustedes…? -. No podía saberlo con seguridad, pero le parecía claro que esos dos no estaban enterados de con quién estaban tratando.

Pero no pudo preguntarles, pues el mismísimo diablo del que hablaban se acercó a ellos, dejando una advertencia para todos en la playa. ¿Ellos debían seguirla también? Gwen y Owen no parecían asustados ante esas palabras, así que decidió copiarles. - Sohem -. Habló con seguridad mientras lo observaba, como si estuviera analizando la situación. No estaba tan loco como para comenzar una pelea con ese hombre, pero… ¿Qué es lo que haría ahora? No parece haber llegado a ayudarlos, Gwen y Owen no parecen conocerlo en verdad y él seguía siendo solo una persona preparada para la lucha. - Haki, eso es lo que usó -. Las palabras que salieron de su boca fueron una respuesta a las preguntas de Owen. ¿Cómo lo sabía el cocinero? - Un hombre, un viajero, apareció en mi isla natal cuando yo era muy joven aún. Decía estar en búsqueda de conocer cada arte marcial del mundo, que su viaje llevaba años ya, que en una isla del cielo había descubierto cosas asombrosas -. Incluso al hablar, sus ojos no dejaban de observar al hombre cuya presencia había sido suficiente para causar un alboroto. - Siempre pensé que eran cuentos, pero eso fue lo que usaste, ¿no es así? -.

Debía aprender, debía conocer eso para volverse así de fuerte.

Owen decía deberle una a Sohem, antes también mencionó estar buscando “lagartos retrasados”. Si llevaban dos días sin encontrar ni uno solo, eso significa que debían estar en esta isla desde mucho antes, ¿verdad? - Sohem -. Volvió a hablar, ahora hacia el hombre más famoso de esta playa, y de la isla entera muy seguramente. - Gracias por… eso… -. Refiriéndose claramente a cómo manejó la situación. - Dudo que cualquier cosa que tenga o que yo pueda hacer sea un pago suficiente para alguien como tú, aún así, puedo mostrarte uno de esos lagartos que buscan -.

¿Tenía un plan? Tal vez.

¿Iba a funcionar? Lo dudaba.

¿Probablemente iba a ser borrado de la existencia antes de poder siquiera decir una palabra más?

...

Sin duda.

OFF
[Imagen: nxACuAB.png]
#38
Maldita fuera la estúpida mujer que se le había escapado de entre las manos en el momento que le faltó el aire en los pulmones. Esa condenada loca solo haría que deber un favor extra. Ahora sí, no podía mantenerse oculto por más tiempo si la quería arrastrar de vuelta al barco. La Oni parecía estar a salvo en el interior, por ello la preocupación por ella prácticamente se desvaneció. La parte positiva era que, gracias a su oído ya afinado por haberlo entrenado en su juventud, podía escuchar con claridad la conversación que se estaba dando en el exterior. Se forzó a elevar la mirada, forzarse a caminar incluso cuando sentía que sus pulmones le ardían poco a poco, hasta que finalmente comenzó a toser. Ah mierda, ya ahora sí, de nada serviría esconderse, probablemente el que no lo hubiera visto ya lo acababa de escuchar, ignorante ante la idea de que el propio Sohem había detectado su aura, por supuesto. Cerró los ojos, respirando para retomar el aire, ahora sí, sin aquella presión tan ardiente. Elevó la mirada, mentalizándose una vez más. Podría vender a esos dos inútiles y estúpidos, olvidarlos, pero maldita fuera la fortuna de la aparición de alguien como Sohem. Si algo tenía Jin era que odiaba deber favores y, en ese momento, debía dos. Condenado fuera su maldito día.

Finalmente, dejando a la Oni atrás, asomó su cabeza por el lado frontal del barco. Su mirada, fría como el puro hielo, solo observaba la situación, ahora apreciando mejor todo lo ocurrido. Dos cazadores, no conocía a ninguno de ellos, claramente derrotados por la mera presencia de alguien tan imponente y fuerte como el propio Sohem. Por supuesto, el propio Sohem, sus monturas y el resto de los Marines, algunos que no había visto previamente, pero otros que sí. Aparentemente, como cobardes, habían preparado una emboscada. Sus ojos, afilados, solo observaban desde su posición, ahora con una mayor convicción. Fuera quien fuere el que los hubiera informado, tenía que ser un condenado topo. No era posible que estuvieran tan preparados sin un motivo ni razón. Tocaría averiguarlo como le fuera posible.

Descendió, al fin, del barco de un salto, posicionándose cerca de donde están Uker y Maki y, ahora también, Owen y Gwendolyn. Sus ojos ahora, desde el suelo, habiendo aterrizado, analizaron mejor la situación desde la posición. No había tenido, hasta el momento, ningún problema con los Marines. Posicionó su mano en el bolsillo, retirando una pequeña caja de metal, donde sus cigarrillos estaban perfectamente ordenados y alineados. El calor abrasador del lugar lo estaba agobiando, más después de la técnica del propio Sohem y, aún así, oh la ironía, no podía evitar inundar sus pulmones de nicotina. El clic se hizo audible, claro. No tenía voz ni voto para decir nada, era obvio, pero ahora tenía mayor seguridad. No había el mismo nivel de peligro que al inicio.

[Imagen: tYBpJip.jpg]

Debía admitirlo, Uker mínimamente tenía pelotas como para lanzarse ante un peligro semejante, era algo que debía admitir que era digno de aplaudir. Inhaló el humo de su tabaco, volviendo la mirada al ruidoso de Owen y a la joven Gwendolyn, abandonando la vista de los Marines. Si había un traidor, dudaba seriamente que ellos fueran a soltar prenda, probablemente lo podrían aprovechar. Solo se acercó al grupo de personas, enfocándose especialmente a la ciega a quien le ofreció la mano.

[Imagen: 8yNtC4w.png]

—¿Está usted bien, señorita Gwendolyn?

No sabía si lo reconocería por la voz, pero esta vez fue más suave que en su encuentro. Tampoco sabía si recordaría algo de lo ocurrido. Fingió no conocer a Owen, al menos no por las razones que él sabía. No, que ellos dos sabían. Solo le dedicó una mirada, recordando entonces, por suerte o desgracia, quizás desgracia al ser demasiado tarde, que quizás el olor del cigarro no sería algo que fuera del agrado de la muchacha, por lo que pronto retiró la mano que iba a ofrecerle, incluso si ella no fuera a ver el gesto, aunque probablemente sí se habría percatado de la cercanía que había buscado.

Entonces, sí, desvió la mirada hacia el Marine, el único que había dado la cara y que Owen parecía conocer (Stroud). Sus ojos se mantuvieron fijos en él, carraspeando ahora por la molestia que sentía entre la mezcla de la nicotina con la desagradable sensación de quemazón en los pulmones que había sentido, aunque ya no existía y fuera más producto de su propia mente.

[Imagen: z7lB9NV.jpg]
—Le aseguro, señor Marine, que nosotros no buscamos ningún conflicto ahora mismo.

Su voz, ahora sí, más grave y profunda ahora gritaba por un peligro solo por el timbre. No buscaba amenazarlo, solo dar una sensación más firme a sus palabras, tratando de verificar que no era falso. —Mucho menos después de un largo viaje. — No mencionaría la espera de su propia tripulación, quería dejarlo, por el momento en el aire. Pronto volvió la mirada hacia el grupo, ahora enfocándose en el propio Sohem, aquella máscara tan única que era tan característica.

[Imagen: 6Gj7XEb.jpg]
—Le debo un favor, señor Sohem. Y créame, no olvido nunca mis deudas.

Mantenía el timbre, aunque en esa ocasión dudaba seriamente que él se viera afectado. Alguien como él, una gran figura, un famoso en los mares por los que había pasado. Nadie pasaría desapercibido una figura semejante. —Debo admitir que me sorprende que un cazador como usted esté por aquí con la señorita Gwendolyn y su… — ¿futuro esposo? Ah, qué complicado a veces dar nombres así. —… acompañante. — Sí, era mejor así. Incluso si la situación había sido algo de lo más fortuito. Sus ojos volvieron a Owen, para luego mirar al propio Uker. —Y tú. También te debo una. — Ah, sí, algo más despectivo por lo poco que le agradaba ese hombre. Sin embargo, un favor era un favor y los dos… Bueno, contando a la que todavía estaba drogada, tres se habían tenido que tolerar, incluso con lo poco que se aguantaban. Por dios, cómo odiaba admitir algo así ante alguien como él. Sin embargo, si algo tenía, era sinceridad.


OFF
[Imagen: bTjgVIr.png]
#39
Rack le ayudo a levantarse a ver sus heridas, y la protegió, la trajo hacia si… se sentía un lastre, una estúpida pero se le calentó el corazón como mil soles en explosión y por ello no pudo soportar su vista, la ira de Maki solo aumentaba en su interior. No, no era ira, era impotencia, sus ideas desordenadas, dispersas, hechas pedazos no cuadraban ni cuajaban, se tropezaba con sus propias palabras y sus movimientos torpes solo le hacían cometer uno tras otro, errores estúpidos como caer de bruces, cortarse, en fin, ser una maldita carga para los olvidados y mas precisamente Rackham, se sentía una jodida piedra en el zapato, una mente quebrada que solo los retrasaría, respiro agitadamente y con alivio cuando el aire le volvió normal… sus armas cayeron y se enterraron en la arena, aquella hoja de los mil recuerdos rotos una vez mas cayeron al suelo, reflejándose entre los destellos del sol y el fulgor de la mascara del hombre que aparentemente les saco de una situación peliaguda. Se arrodillo, la arena se calo en sus piernas, en sus botas.

Aunque vomito parte de las pastillas que se había tomado, estas aun mantenían un efecto psicodélico sobre ella, un efecto narcótico potente, adormecedor y que provocaba que fuera una persona mucho mas dócil, una que al menos pudiera soportar al jodido Jin, una que solo un poco de tacto y palabras zalameras fueran suficiente para manipularla y hacer que hiciera lo que quisieran con ella.

Sintió que mencionaban su nombre, el nombre que… era su, nombre?, o no… ella era Maki… Mai… no, si, maldición, no recordaba quien era. O era…. Si, era una Zen´in, Maki D. Zen´in, una de las fuerzas de la naturaleza, su padre le dijo que estaban destinados a ser enemigos de los dioses, aquella que estaba destinada a la grandeza… ja, solo por una jodida letra en su nombre?... estaba loco ese viejo de mierda. En su desvarió y mareo se sonrió un poco, con la boca abierta babeante, apenas consciente, ahogada, vapuleada y casi derrotada sin pelear se sentía de la mierda, su mente en lo profundo intentaba luchar… intentaba…. MALDICIÓN CONCENTRATRE… su nombre, ella… una niña ciega le llamaba, era la niña que acompañaba al pelirrojo… si la ¿Esposa?... ¿Novia? ¿Amante? Si, la esposa de Owen, Rackham le había dicho algo de que otra vez su nombre… —Si si… estoy… o medio estoy… no alces la… vo… brug… arrg… Maldi... cion...— Respondió al llamado de la muchacha invidente y la de su… amado?... para ella, él era su amor, pero al revés no se creía digna ni siquiera de traerle sus pantuflas, quiso disculparse, decir algo más, pero se tapó la boca una vez más, quiso volver a vomitar.

Solo alzo la vista para mirar a los malditos marines… no los odiaba… pero si no olvidaría esa estúpida cara de satisfacción que tenían. O tuvieron o que se distorsionaba en su visión psicotrópica. Juraba en su interior no olvidar esas caras, esos rostros de monstruos acechantes… esos… mierda juraría que había dos más, un pajarraco y un tigre… o eso recordaba entre sus alucinaciones.

Ella reconoció los gritos explosivos del cara de culo de Owen… quiso responderle, decirle que su culo era más gordo, que las escamas las tenia el en las patas por no bañarse y que el era mas retrasado por andar con la muerte de la mano, no de la muchacha sino del jodido Sohem. Quien lo podría cenicear en cualquier momento y solo para reírse del montón de cenizas que podría formar el chimpancé… quiso reírse, pero AY!!! Podría hacer lo mismo con ellos, con el barco y hasta con media isla si lo decidía.

He?... estaban en una jodida especie de entrenamiento? .... que tan tonto podía ser Owen… o ciego, si, era mas ciego que su amada, pero también era valiente sin duda. Finalmente, Maki se sentó y trato de comprender lo que todos hablaban, pero mariposas, muchas de fuego, ceniza y luz danzaron sobre sus ojos, siguiéndolas con maravilla, intento agarrarlas en el aire y nunca las alcanzo.

Que estaban locos… Maki alzo la vista, apretó los dientes… no centraba bien sus pensamientos, pero… maldición porque todos se relajaban… que no veían a este imbécil asesino aquí frente a ellos… no es que fueran unos compas que van por una cerveza… que no entendían que este tipo podría por capricho volarles la cabeza solo para saber quién chorreaba sangre más lejos. Maki a duras penas se aferro a las ropas de Uker, quería levantarse… no quería estar ahí… sin apartar la vista del enmascarado le susurro en el oído. -No… no hagas tratos con el cariño… … … vámonos… me quiero… ir…- Se aferro fuertemente a su hombro, pensando quizás que no le reconocía por sus quemaduras, aun creyendo en alguna parte de toda su locura que venia por ella de parte de los malditos que le arruinaron la vida. Suponía que eran también parte del bajo mundo.

Pero de quien se agarro no fue Uker, sino Jin... que imbecil.

Play me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
#40
La risa de Sohem invadió toda la playa mientras el antiguo cazarrecompensas se golpeaba su propia rodilla con la mano que tenía libre, ignorando al resto de presentes que, sin importar que fuesen marines o piratas, continuaban presas de la extraña habilidad del actual señor de la moneda.

La actitud y las palabras posteriores de Sohem dejaban claro que no le había convencido y que no iba a estar por la labor de dejarnos hacer nuestro trabajo.

Los siguientes insultos que vertió sobre mi no me afectaron en nada. Había tenido una vida lo suficientemente complicada como para que esa forma despectiva de tratarme fuese algo insignificante para mi. Ademas, por mucho que renegase de mis propios origines, sabía que la sangre de los lunarian más bendecidos de la historia corría por mis venas, lo que me daba una seguridad en mis propias aptitudes que no iban a flaquear por el desprecio de un tercero. Ante esa situación mi cuerpo reaccionó sólo, mostrando bajo mi mascara una pequeña sonrisa ante aquellas declaraciones que demostraban la ignorancia de Sohem pues, tanto Krysser como yo, estábamos devolviendo a esos marines el favor que nos habían hecho por sacarnos de los Cabos Gemelos y traernos después a Little Garden y habíamos decidido ayudarles pese a que sabíamos que no les necisitabamos para cazar.

Pero no tuve tiempo de profundizar en mis pensamientos, pues Sohem, nada más acusarnos de usar a la marina como gesto de debilidad, se lanzó hacía mi posición con su brazo libre preparado para golpearme, impulsándose con un fuerte pisotón que, debido a la fuerza del Señor de la Moneda, hizo temblar el terreno a su alrededor.

-Cok. -Fue lo único que salió de mis deformados labios mientras sentía como la temperatura de mi cuerpo ascendía, aumentando el bombeo de sangre en mi sistema circulatorio y notando como todos los músculos de mi cuerpo se activaban en un instante. Saliendo disparado del sitio gracias a la potencia de mis grandes alas negras, en un silencioso vuelo que me alejó del peligro, pero incapaz de disparar a Sohem ya que las balas explosivas dañarían a Krysser.

Por mucho que tratase de entenderlo no era capaz de saber el motivo por el que Sohem se había puesto de parte de unos piratas, rechazando con ello cientos de millones y el disfrutar de un buen espectáculo que no le suponía esfuerzo alguno por su parte. La actitud que había tenido con el pirata pelirrojo Owen había sido la misma que con el resto, por lo que no parecía que se llevaran especialmente bien.

-Siendo yo un cazador de medio pelo no creo que necesites usar trucos sucios como tener a mi amigo de escudo o usar habilidades raras. -Alcé mi voz sin miedo para descubrir mi presencia ante Sohem, detrás suya y a unos 25 metros de distancia. Podría haber huido, pero el señor de la moneda tenía a Krysser como rehén y no me perdonaría el dejarle atrás. Por lo que la única idea que se me había ocurrido era “desafiar” al ex-cazarrecompensas y que asumiese su derrota ante un cazador de medio pelo si seguía usando a Krysser de escudo o si usaba trucos como el que me había dejado sin aire y debilitado segundos antes. -¿En serio crees que necesitábamos a los marines para cazar? Solo les estamos devolviendo uno de muchos favores a unos amigos. Concluí, señalandoles con mi rifle y manteniendo a Sekator apuntando al suelo bajo mis pies, en una posición nada ofensiva pues sabía que eramos simples mosquitos a los que podía matar sin esfuerzo y no quería provocarle más de lo debido, pero atento por si tenía que usar de nuevo mi velocidad.



Pienso – Hablo

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1782 + 0 = 1782
Energia: 1691 - 155 = 1536
Espiritu: 315 + 0 = 315


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)