24-10-2023, 11:58 PM (Última modificación: 25-10-2023, 12:00 AM por Daisen Rengoku.)
Unos fuertes y potentes ronquidos retumbaban en aquel barco, impidiendo el descanso de cualquier otro ser allí. Se podía escuchar algún que otro grito, increpando a aquella mole que se callara y dejara descansar a los demás, pero la mole que roncaba profundamente era yo, Daisen Rengoku, y no lo escuchaba bajo ningún tipo de concepto. Y aunque los escuchara, tampoco podía hacer nada. ¿Que podía hacer un tipo como yo para no roncar? Pues no dormir, pero eso ni se lo planteaba. Algo se le ocurriría para compensar, pero de momento, dormía profundamente en la quietud de la noche.
A la mañana siguiente, me desperté totalmente renovado y lleno de energía. Me incorporé lentamente hasta poder moverme y apoyar mi espalda en la pared de aquella bodega en el barco. Parpadeé un par de veces para poder enfocar con claridad y bostecé emitiendo un leve rugido que seguramente escucharían arriba. -Buenos días, mundo. Gracias por regalarme este magnífico día.- Dije, como todos los días desde que empecé mi camino. Me rasqué enérgicamente la panza como si fuera un perro rascándome la oreja, y acto seguido, me atusé un poco la barba. Me sentía un poco incómodo por el simple hecho de que llevaba un par de días sin bañarme. Y es que era normal, la última vez que me duche con agua del barco, casi les dejo sin provisiones de agua, y claro, entendía la consecuencia de no dejarme bañar.
Notaba cierta crispación con los del barco, pues parecían estar incómodos con mi presencia. Aquel barco mercantil, me acogieron simplemente por el hecho de mi altura y dimensiones, pensando que si algún pirata atacaba, yo iba defenderles, pero nada más lejos de la realidad. Seguramente si viniera un grupo de piratas, iba a tratar de hablar con ellos, hacerles entrar en razón y que siguieran su propio camino, y ya si insistían en atacar, en ese caso, les iba a dar hasta en el cielo de la boca. Pero claro, en ese trayecto, no hubo ningún problema, por lo que se rumoreaba que me iban a dejar en la primera isla que pudieran. Yo, estaría encantado. Les agradecía el haberme acogido, y si mi destino era separarme de ellos, lo aceptaría con ganas y amor.
Me levanté tan calmadamente como pude. Estaba seguro que con mi peso si hacía movimientos bruscos, podría mover aquel barco con cierta facilidad, por lo que intentaba minimizar los movimientos. Agarré mi túnica blanca y salí a la cubierta, y tras dedicarles a todos una de las más amables sonrisas y les dediqué unas palabras. -Muy buenos días tengan, mis amigos. ¿Cómo han descansado? ¡Yo genial!- Dije con mi tono grave de voz, mientras me ponía la túnica por encima de los hombros, sin meter los brazos. -¿En que puedo ayudaros este magnífico día, mis amigos? ¿Necesitais que haga algo?- Continué, mirando a todos, haciendo un barrido de izquierda a derecha. Una de la tripulación, que era la que parecía estar en un estado alto de ira, se dirigió a mí. -¡Necesitamos que te marches! No puedes estar más aquí. ¡Comes mucho mas que los demás, bebes mucho más que los demás y no nos dejas dormir con tus ronquidos!- Arqueé las cejas con sorpresa. -¡Pero vosotros me dejasteis que me uniera!- Gruñí levemente, ligeramente dolido porque no me quisieran allí, mientras agachaba la cabeza. Luego me crucé los brazos y le volví a mirar, esta vez con una amplia sonrisa. -Muchas gracias por ayudarme. Necesitaba salir del East Blue y me acogisteis. Como compensación, me bajaré en la siguiente isla que sea, y no probaré bocado ni beberé hasta que lleguemos. Eso si, no creo que pueda hacer nada con los ronquidos... ¡WUAYAYAYAYAYAYA!- Hice una leve reverencia, pidiendo perdón, y me senté en el suelo, apoyándome en el mástil principal. -Estaré aquí, si necesitáis algo, pedid. Estaré dispuesto a ayudar.-
Pasaron dos días en los que no comí ni bebí nada. No sabéis lo duro que es estar haciendo ayuno de agua y comida. Mi barriga gruñía incluso más alto que mis ronquidos, y mi boca estaba más seca que la arena. Sin embargo, no me moví del mástil, cumpliendo mi promesa. Llegamos a una isla, la cual me dijeron el nombre, pero tenía tanta hambre y sed, que solo estaba pensando en el barril de agua que me iba a beber nada mas encontrar una taberna o algo parecido. Salí del barco, y me dí la vuelta para dirigirme a todos los que fueron mis compañeros. -¡MUCHAS GRACIAS POR TODO! ¡He aprendido mucho de todos ustedes! Espero que podáis encontrar lo que sea que buscáis. ¡Yo seguiré buscando el bien en el mundo! ¡CUIDAOS!- Y dicho aquello, me di la vuelta y comencé a andar hacia donde sea que me dieran agua y pan. Aunque de momento, con el agua iba bien servido.
Habiendo dejado varado el bote en la costa, caminé con el agua de la orilla por los tobillos de las botas arrastrando el bote al interior de la playa para que no se lo llevase la corriente, sintiendo el malestar de la fuerza del mar levemente. El pulpo parecía haber entendido mi orden de silencio, pues pese a haber tenido que soltarle la boca para poder remar siguió sin decir nada, como si siguiera apretando mi mano en su boca. Era un gesto inteligente por su parte, desde luego, pues yo no empleaba faroles cuando advertía de las situaciones y las consecuencias... seguramente pudiera seguir caminando sin uno o dos tentáculos, y la recompensa me la iban a pagar igualmente estuviera vivo, muerto, o en trozos. Así que de él dependía el resultado. Seguía estando atado e inmovilizado y el excedente de la soga que lo aferraba me permitía poder tirar de él y arrastrarlo en lugar de tener que cargarlo al hombro, algo que preferí debido al ligero malestar que seguía sintiendo en el hombro derecho. Con el izquierdo libre podía valerme mínimamente en un enfrentamiento contra alguien, pero prefería tener los dos libres de cargas y presiones por si acaso las cosas se torcían o se ponían algo complicadas más adelante.
Así pues, agarré la soga que Mesié Papagondi tenía atada en su cuerpo y lo saqué del bote sin sutilezas depositándolo sobre la arena con brusquedad — Bien gyojin — le dije al soltarlo, tanteando el resto de la cuerda que sobraba para irla recogiendo — Vamos a buscar un pueblo y a cobrar tus catorce millones — añadí, dando una vuelta a la soga en mi mano derecha para asegurar el agarre y poder tirar de ella con facilidad, y me agaché de cuclillas para poder estar más cerca de su rostro caricaturesco — Me gustaría entregarte vivo porque no quiero hacer un esfuerzo y gastar energía de forma innecesaria en matarte, pero si gritas, intentas escapar, me molestas o no me obedeces, te parto el cuello y entrego tu cadáver — dije con calma, le di dos palmaditas en la mejilla con la mano libre y me incorporé haciendo un ruido de exhalación. Quería comer algo caliente, dormir en una cama decente, y ubicarme durante un par de días en algún lugar apartado y tranquilo.
Comencé a tirar de la cuerda del pulpo arrastrando su cuerpo por la orilla camino al interior de la isla, donde la fina arena de la costa de la playa se iba convirtiendo poco a poco en arena caliza y pequeñas piedras y rocas de un clima desértico y árido en un proceso que pudo durar fácilmente un par de horas, hasta que el sol comenzaba a resplandecer con una intensidad que se debía considerar quizá guarecerse a una sombra... pero yo no tenía ningún calor, ni sudaba siquiera una sola gota, y caminaba tirando de la cuerda con homogeneidad y constancia simplemente dejando que el peso de mi avance hiciera el trabajo de arrastre, mientras miraba al astro rey tras los agujeros de mi máscara y oteaba el horizonte cercano. Allí, en la lejanía, una enorme figura de más de diez metros caminaba por el desértico páramo, aparentemente con un rumbo predefinido. Seguramente fuera hacia algún pueblo o punto con un mínimo de interés social, o tal vez pudiera darme las indicaciones necesarias para que lo consiguiera yo por mi cuenta.
— Oe — dije alzando el tono — Busco un pueblo — añadí sin rodeos ni contemplaciones — ¿Sabrías indicarme donde hay uno? — le pregunté abiertamente esperando poder obtener una respuesta afirmativa, breve, y lo suficientemente instructiva como para poder despedirme igual de rápido que había saludado y proseguir mi camino para entregar a este lastre. Claro que había de tener cuidado de no revelar su información, su identidad, ni su recompensa, pues podría verme metido en trifulcas de oportunistas que quisieran intentar arrebatarme la presa para cobrarla ellos mismos... sabía bien cómo funcionaba eso pues había sobrevivido varios años así.
Todo aquel que me conociera, sabría que en el mar era una brújula, pero fuera de él, era una simple pelusa que se deja llevar por la corriente. Andaba sin ningún tipo de rumbo, deseando encontrar algún lugar en el que beber agua fría, y comer algo que me llenara mi preciosa y enorme panza. Quien sabe, quizás después pudiera echarme una preciosa siesta que me dejara con la noción de la realidad cambiada. Pero de momento, eso eran simples ilusiones. ¿Dónde demonios podría encontrar un lugar donde cumplir todo aquello que deseaba? Por el momento, podría seguir caminando.
¿Que era lo que más me apetecía comer? Quizás un cerdo asado. ¡O sazonado! Un cerdo sazonado a la brasa podría ser lo mejor que pudiera encontrar. Al haber estado varios días sin comer, tenía bastante hambre. Quizás dos cerdos podrían bastarme. ¿Y cuantos barriles de agua? Un barril de agua podría equivaler a una persona normal un vasito de agua. Quizás pudiera beber como cinco o seis. ¿Estarían dispuestos a darme tantos barriles? El sitio por el que caminaba era casi desertico, quizás estuvieran en sequía. No sabría cuanto dinero tenía. De hecho, no sabía siquiera si tenía dinero.
Perdido en mis pensamientos, escuché a mi espalda una voz. Preguntaba por un pueblo. -Que curioso, yo también lo busco. ¡WAYAYAYAYAYAYAYA!- Dijo, sin darme aún la vuelta para ver quien me había hablado. -Quizás pudieramos...- No pude terminar la frase cuando vi a aquel tipo enmascarado arrastrando un cuerpo. Arqueé una ceja y me erguí levemente. Con mi zurda me peiné un poco mi barba. Anduve hasta ponerme a una distancia de cinco metros. Me agaché un poco y le sonreí, posándole el dedo índice de mi mano derecha en su hombro izquierdo, a modo amistoso.-Oye... ¿No crees que deberías tratarlo mejor?- Le dije.
Una de las cosas que más odiaba eran las injusticias, y aunque no supiera que había pasado, arrastrar a un tipo así por aquel sitio desertico, no era lo mejor que podía ver ahí. -Oh, venga, si quieres, lo cargo yo y lo llevo a donde sea, pero no le trates así.- Y tras decir aquello, me dispuse a coger al tipo que estaba en el saco, dispuesto a llevarlo a donde fuera que le dijera el enmascarado. ¿Quien sabe? Quizás era un tipo buscado por la ley.
O era un humano descomunalmente grande o era un gigante pequeño. Aquel monstruo calvo y grande medía más de diez metros tranquilamente, y se reía de una forma extraña y bizarra. No sólo era grande, si no también mayor. Tenía ropas holgadas, un collar de cuentas y una apariencia de monje bastante clásica. Pero joder, de verdad era descomunalmente grande frente a mis apenas metro setenta, y verlo ahí, parado frente a mi e inclinándose para equiparar su enorme cara a la mía era cuanto menos algo que tener en cuenta... posiblemente si quisiera podría arrancarme la cabeza de un mordisco. ¿Acaso esto era normal? ¿él sería un nativo de la isla? ¿habría un pueblo como él? ¿de casi gigantes? ¿esto era el Grand Line? De ser así, sin duda serían un pueblo candidato a las listas de Senjūmin Issō Taikai próximamente, pues no todos los días se encontraba uno un pueblo de semigigantes y la mano de obra que estos podían aportar como esclavos era incuestionablemente de más calidad y duración que la de cualquier pueblo, pero contando con la ventaja de no terminar de ser gigantes incontrolables y temibles.
Pero mis pensamientos de raíz y crianza desaparecieron al momento cuando ese tipo puso su dedo sobre mi hombro. Su dedo, que era como mi kanabo. Apoyó su dedo sobre mi. Sobre mi hombro. Miré la uña de su dedo y después su cara mientras le escuchaba preguntarme que si no creía que debería tratarlo mejor. No sabría decir si me sentí amenazado, intimidado, reprendido o directamente incómodo, pero ni su gesto ni aquellas palabras ayudaron a encauzar la relación por un camino agradable para ninguno de los dos — No me toques — le dije apartando el hombro hacia atrás quitando la presión de su enorme dedo gordo y gigante. Seguidamente se apartó encaminándose hacia el cuerpo atado y magullado del gyojin pulpo, diciéndome que él mismo se ofrecería a cargar con él... ¡quería arrebatarme esta presa!. Ahora lo tenía claro. Su actitud despreocupada, su postura inclinada hacia mi para demostrarme superioridad, su gesto de aviso, el haberme puesto un solo dedo encima para que pudiera apreciar la diferencia que había entre ambos, el hecho de ignorarme y dirigirse directamente hacia el gyojin para arrebatármelo... sin duda alguna estaba tratando de exponer una verdad irrefutable para él: Estas eran sus tierras, sus dominios, y yo no era más que un grano de arena en un desierto cuyas dunas se movían por los vendavales que él provocaba. Él era el depredador de esta zona y yo había entrado en su terreno.
Apreté los puños, tanto el libre como el que agarraba la soga, y repasé rápidamente mis opciones. La primera: podía dejarle coger a Papagondi y marcharse de allí, pero nada de eso me garantizaba que fuera a dejarme a mi tranquilo, y no sólo perdería una presa de catorce millones, si no que también demostraría que no soy capaz de defender lo mío y podría tratar de extorsionarme más adelante. La segunda: podía huir. Marcharme corriendo de aquel lugar y no mirar atrás, olvidarme del pulpo y su recompensa y centrarme en buscar un gremio, a algo o a alguien que me conectase para tener una mejor influencia y posición. La tercera: pedirle que se apartase y que no tocase al pulpo. Explicarle que era un criminal y que iba a entregarlo a la justicia. Pero él podía ser otro cazador y querer arrebatarme la presa ahora con conocimiento de causa. O quizá fuese la oportunidad para permitirle atacarme por sorpresa al bajar la guardia para tratar de ser amable. La cuarta: atacarle. Atacarle ahora de forma preventiva pero contundente para demostrar que iba a pelear por lo mío, que no podía mangonearme, y de paso acumular el primer daño para iniciar con algo de ventaja.
Me decidí tan rápido como lo sopesé, y mientras el hombre enorme se inclinaba hacia el tentaatado gyojin recorrí la distancia que nos separaba para asestarle un puñetazo en la cabeza con todas las fuerzas que podía, pero sin revelar aun mi fruta, con la cautela habitual por si acaso, y sin usar el kanabo aun por las molestias del brazo. El golpe fue certero, encajé un puñetazo con mi mano zurda hacia su pómulo izquierdo y tiré con la otra mano de la cuerda que sujetaba al gyojin para lanzarlo a mis espaldas interponiéndolo entre el gigantón y yo mismo, soltando la soga tras esto para tener las dos manos libres. — ¡Quieto ahí! — grité furioso — No te atrevas a tocar lo que es mío — le advertí, abriendo y cerrando la mano después del golpe, flexionando ligeramente las rodillas para estar en una mejor posición y poder defenderme en caso de una réplica por su parte y una actitud hostil. Esperaba que lo entendiese y se marchase por donde había venido, pues un enfrentamiento ahora mismo sólo me desgastaría y no estaba en las mejores condiciones.
Atributos Personaje
Estadísticas de Sohem:
102 FUE
100 RES
122 DES
32 PRE
32 AGI
137 REF
37 INT
52 VOL
0 CH
100 CA
Vitalidad: 1843 / 1869
Energía: 1053 / 1994
Espirítu: 32 / 156
Nivel: 10
Info
No me gusta que me toquen o que toquen mis cosas. Te veo como una amenaza y te ataco.
Daño
Mi daño por puñetazo es de 102 (mi Fuerza).
Lo ejecuto a 32 de Agilidad. Deduzco que al tener 3 de Reflejos no puedes ni verlo, así que presupongo el impacto directo.
Supero tu umbral del dolor por más de cinco (65) con este daño, así que corto todas tus acciones.
18 FUE
23 RES
3 DES
3 PRE
3 AGI
3 REF
3 INT
13 VOL
0 CH
0 CA
Vitalidad: 273 / 257
Energía: 144 / 221
Espirítu: 13 / 39
Nivel: 1
Maldita sea, aquel tipo enano, tenía agallas. Y no solo agallas, sino que tenía muy pero que muy mal humor. -Oye... Que no quiero problemas, amigo.- Dije, en un tono amable y conciliador, aunque este tipo no tenía pinta de querer ser conciliador ni con nada, ni con nadie. Y vaya si no quiso serlo. Aquel tipo enmascarado, en un rápido movimiento que ni apenas pude ver, me propició un soberano puñetazo en el pómulo izquierdo, que me hizo girar la cabeza de manera casi exagerada, impidiendo así que agarrara al otro tipo que estaba de alguna manera preso.
Aquel tipo no era alguien con el que podía hablar, negociar o incluso llegar a algún tipo de acuerdo. Sólo se podía hablar un leguaje con él, y era el lenguaje de la violencia. Me llevé la mano izquierda a mi pómulo golpeado. -Oye... Te has pasado...- Decía mientras me erguía y lo miraba con cara de dolor. -Creo que vamos a tener que hablar con los puños, aunque tu ya me golpeaste... ¡WAYAYAYAYAYA!- Me puse en guardia también. No era la primera vez que me peleaba con alguien más pequeño que yo, y generalmente, ya con mi cuerpo y mi altura los dejaba intimidados, pero los que se atrevían a pelear conmigo, con un simple golpe salían despavoridos.
Iba a tratar de agarrarlo, como si de un ratón se tratara. Quizás si se sintiera como su preso, empatizaría con él y lo dejara libre. Tan rápido como pude, me abalancé sobre él con las manos hacia adelante para tratar de agarrarlo. Intentaría no hacerle daño, así quizás pudiera enseñarle algo. El mundo sería un lugar mejor simplemente teniendo gente empática viviendo aquí. Eso es lo que iba a enseñarle.
Resumen
Recibo el golpe y me abalanzo hacia tí para intentar agarrarte.
31-10-2023, 03:32 AM (Última modificación: 31-10-2023, 03:36 AM por Sohem.)
Tras el impacto de mi puño, sorprendentemente para mi, el tipo gigante encajó el golpe sin tratar de esquivarlo siquiera, como si no le diera importancia a mi fuerza o no valiese lo suficiente para él como para molestarse en esquivarme. ¿Tan fuerte era? ¿de verdad no le había hecho nada de daño? Estaba sorprendido, pero por suerte mi rostro y mi expresión estaban ocultos bajo el anonimato de mi casco... Tenía que golpearle más fuerte. Tenía que ser más duro y contundente. Tendría que darle mi mejor golpe... a fin de cuentas me enfrentaba a un... qué cojones, lo que fuera. Una cosa enorme.
En ese instante el monstruo se irguió diciéndome que me había pasado. ¿Qué me había pasado? Es decir ¿que sí que lo había sentido? ¿Había sido un golpe lo suficientemente fuerte como para que considerase un daño a la altura? ¿o lo decía simplemente por haberle atacado? No podía precipitarme. Sólo tenía dos opciones: La primera era ir con todo, y podía terminar conmigo ganando, o perdiendo. Además, sería ganar en un instante, o descubrir que ni con mi mejor golpe podría hacerle nada. La segunda opción era tratar de seguir hiriéndole poco a poco y comprobar si mis golpes realmente no tenían efecto y los encajaba tranquilamente, o no podía seguirlos y le estaban haciendo mella poco a poco... Si. No había problema en defender lo que era mío, pero no podía revelar todas mis cartas ni luchar al máximo de mi capacidad y potencia si quería tener alguna posibilidad real.
Ahí el hombre enorme se lanzó con ambas manos por delante para tratar de flanquearme con ambas, dado su monstruoso tamaño, procurando - pareciera ser - agarrarme con ellas. No podía permitirme acabar en las manos de un gigante, podría triturarme los huesos o arrancarme la cabeza de un mordisco. Tenía que moverme... aunque no era lo mío. ¿Realmente no me veía venir? Yo no era precisamente alguien rápido, pero quizá él siendo tan grande... sólo podía probar para comprobarlo.
Me agaché aprovechando mis rodillas flexionadas y dejé que se aproximase para lanzarme como un resorte con el puño siniestro por delante que buscaba impactar en su boca del estómago, estirando el puño por completo al igual que mis piernas, tratando de ganar la máxima capacidad de penetración ante su gran cuerpo. No era para nada un experto luchando cuerpo a cuerpo, pero estos años manejando a Ein Hauch me había dotado de buena forma física y capacidades de fuerza realmente notables. Mi técnica marcial era pobre, o mejor dicho nula, pero los golpes aunque burdos y sin refinar debían ser potentes. Y tras el impacto en la boca del estómago, probé el estado de mi brazo derecho asestando otro golpe directo al mismo sitio. Dos impactos a plena potencia a su boca del estómago. ¿Tan potentes como para tumbar a un gigante? Dudaba que pudiera ignorar un golpe en dicha zona. Debería haber alguna reacción... o de lo contrario, tendría que aplicarme para tratar de sobrevivir o escapar con Papagondi.
Info
Trato de impactarte en la boca del estómago dejando que pasases por encima de mi tras agacharme previamente, y tras el primer golpe, lanzo otro igual.
Daño
Mi daño por puñetazo es de 102 (mi Fuerza). Esta vez son dos puñetazos.
Los ejecuto a 32 de Agilidad. Deduzco que al tener 3 de Reflejos no puedes ni verlo, así que presupongo el impacto directo.
Supero tu umbral del dolor por más de cinco (65) con este daño, así que corto todas tus acciones.
31-10-2023, 05:08 AM (Última modificación: 31-10-2023, 01:45 PM por Pandaman.)
Con toda la velocidad que me permitían mis piernas, me lanzé para agarrar al enmascarado, pero con esa velocidad tan pasmosa que parecía caracterizarle, se agachó, haciendo que pasara por encima suya y acto seguido, propiciarme dos potentes golpes en mi estómago, que me hizo contener la respiración durante un par de segundos. ¡Maldita sea! Aquel tipo le iba a dejar totalmente fuera de juego sin nisiquiera dejar que le tocara. Lleno de rabia y aún en el aire, incliné mi rodilla izquierda para intentar aunque fuera darle un pequeño rodillazo y tumbarlo.
Siguiendo con la inercia, caí en el suelo y me deslicé un par de metros hacia adelante. Me levanté de nuevo para ofrecerle pelea, girándome y encarándome hacia él. Parecía que era más fuerte de lo que parecía. ¿O es que simplemente estaba muerto de hambre y sed y por eso estaba más débil? Seguramente tenía que ser eso, porque sino, no se explicaba que aquel tipo tan pequeño le estuviera dando una paliza golpe a golpe.
De alguna manera, el no poder darle ni un solo golpe me sacaba de mis casillas, y aunque quisiera mantenerme calmado, cuando algo no me salía como yo quería, me frustraba de manera increíble, haciendo que me volviera un soberano cabezón. Lancé un pequeño gruñido, y cerrando los puños, alcé los brazos y los dejé caer con fuerza en el lugar donde estaba mi rival, deseando hundirlo en la arena. -¡Maldito seas tipo enmascarado! ¡Te voy a aprisionar entre mis manos o en la arena! ¡ARGH!- Grité con rabia mientras atacaba.
Resumen
Recibo los golpes que me das, intento darte un rodillazo mientras paso por encima tuya, me recompongo y te lanzo un golpe descendente con los dos puños para intentar hundirte en el suelo.
Datos sobre el ataque
Aunque te diera el golpe, tu resistencia es de 100, por lo que no te haría nada de daño, porque mi ataque sería de 18.
El tipo con tipo se encontró con el amigable gigante, no queriendo ser amistoso, para variar, me dejó tras él y comenzó a pegarle, pobrecito ¿por qué hay gente tan violenta?
Oye amigo por qué no habláis y... - no me estaban escuchando, parecía que el gran amigo quería darle un abrazo pero el sospechoso no se dejaba.
Supongo que esta es mi parada, no sé quién sería ese grandullón pero me estaba intentando salvar, se lo pagaría en algún momento... supongo, aún atado no podía explayarme como me gustaría, me hubiese levantado y parado la pelea pero mi próxima acción estaba clara... rodar.
Rodé y rodé y rodé y... rodé, me estaba empezando a marear pero estaba ya cerca del agua, seguí hasta llegar y me metí dentro, en mi salsa, por fin, bebí lo que pude y me decidí a nadar un poquito siguiendo el perímetro por la orilla hasta un lugar sin peleas malignas.
31-10-2023, 10:18 PM (Última modificación: 01-11-2023, 12:31 AM por Sohem.)
Tras ambos impactos de mis puños en su vientre, escuché el sordo quejido del aire abandonando sus pulmones con el impacto. ¡Estaban surtiendo efecto! Estaba golpeando de verdad su cuerpo y estaba causando daños significativos como para que lo estuviera sintiendo, pero ¿cómo era posible? ¿mi fruta tendría alguna propiedad que desconociera? ¿no era simplemente producir calor? ¿sería algún tipo de fruta de esas de animales que me había aumentado las capacidades físicas como la fuerza o la velocidad? Una como la de la serpiente del Contramaestre Joe... ¿Sería una especie de salamandra o algún bicho volcánico?. Fuera como fuera sonreía como un loco tras el casco, a tiempo de ver acercarse su rodilla hacia mi cara, lenta y torpemente.
Me aparté un paso al lateral y su golpe pasó de largo, cayendo el gigante al suelo y rodando para terminar encarándome. Estaba encantado con aquello — ¡Wryhahahaha! — reí separando los brazos a ambos lados, con las manos hacia el cielo, adoptando una postura en cruz — ¡Vamos gigante! — dije con un tono faltón, disfrutando de aquello. ¡Era invencible! — ¡Sígueme el ritmo! — finalicé, animándole a seguir, a tiempo que se lanzaba hacia mi tratando de hacer un golpe descendente con sus dos manos, procurando hacer una machada con ambos puños, de nuevo sin éxito. Era muy lento. Me aparté a un lateral dejando impactar sus puños en el pavimento haciendo que su cuerpo acabase en la posición de un cuadrúpedo y flanqueé hasta estar en su costado de un largo y rápido paso, propinando un rodillazo directo a sus costillas del lado derecho obligándole a encogerse y arrodillarse aún más, tras lo cual, sujetando su barba con la diestra le miré a los ojos antes de hablar, pudiendo ver él si prestaba atención, el color dorado de mis ojos tras los agujeros de mi protección — Te lo advertí — dije, y propiné un fuerte puñetazo con la siniestra directo a su rostro sin soltar su vello facial, preparándome para propinarle los que fueran necesarios hasta declararme vencedor absoluto de esta trifulca, sin prestar atención a mi alrededor, a nada ni a nadie. Sólo saboreando las mieles de la victoria de derrotar a un gigante con las manos desnudas. Definitivamente empezaba a pensar que haber sobrevivido a los Cabos Gemelos había sido algo más que pura suerte... empezaba a sentirme verdaderamente poderoso.
Info
Tras el doble impacto anterior, esquivo tu rodillazo, esquivo tu golpe con las manos (tu agilidad es 3 y la mía 32 y te golpeo dos veces. Una con la rodilla a las costillas para que bajes a mi nivel, y tras agarrarte la barba, un puñetazo a la cara. Después aguardo para seguirte golpeando si tratas de hacer algo. .
Daño
Mi daño por golpe es de 102 (mi Fuerza). Esta vez son dos, rodillazo y puñetazo. El rodillazo va con un poco menos de fuerza por la posición y la postura, así que dañará 100pv.
Los ejecuto a 32 de Agilidad. Deduzco que al tener 3 de Reflejos no puedes ni verlo, así que presupongo el impacto directo.
Supero tu umbral del dolor por más de cinco (65) con este daño, así que corto todas tus acciones.
Este turno te dañaría 202.
Como te quedan 178 significa que te quedarías a -24.
Según la Guía de combate avanzado si tu vida está en negativo, superando tu valor de voluntad (13) estás inconsciente hasta el próximo tema. Al no igualar o superar el valor de tu voluntad x2 (26) no te mato, pero quedas justo.
Deduzco que tendrías que rolear la inconsciencia.
Sinceramente, no podía llegar a entender como aquel tipo era tan sumamente rapido. ¿O es que yo era demasiado lento? O bueno, quizás era una mezcla de ambas cosas. De cualquier manera, el enmascarado no solo esquivó mi rodillazo, sino que además se permitió el lujo de reirse de mí con ganas. Era una risa rara, pero bueno, ¿Quien era yo para juzgar una risa rara cuando la mía era aún más extravagante? También me azuzó para seguir peleando, pero realmente no necesitaba ningunas palabras para tratar de hundirle el pecho.
Esquivó mi último ataque con facilidad, una vez más, nada nuevo en aquel páramo. Me propició un rodillazo en el costado que hizo que escupiera la poca saliva que tenía en la boca, aunque quizás para él era una cantidad bastante importante. Me agarró de la barba y me dijo que me advirtió. -¿De que me adv...?- No me dejó acabar la frase, pues me propició un potente puñetazo que hizo que perdiera la conciencia completamente. ¿Que carajo acababa de pasar? Simplemente quería agua, comida y dormir. Luego ayudar a un tipo, y finalmente acabé inconsciente en una especie de desierto o lo que quisiera que fuera eso.
La leyenda de Daisen Rengoku acababa de comenzar. No todas las leyendas empiezan con actos ultra heroicos o con alguna aventura trepidante. Algunos inicios eran patéticos, pero como dicen los perdedores, lo importante no es como empieza, sino como acaba. ¿Y como acabaría mi aventura? ¡WAYAYAYAYAYA! ¿Y como demonios iba a saberlo? ¡SI ESTO ACABA DE COMENZAR!
SEAN BIENVENIDOS A LA LEYENDA DEL INCREIBLE DAISEN RENGOKU.