Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto
#51
Aclaración


—Crunch Punch

¡¡CRUSH!!

Los ojos de Jin se abrieron de par en par. Desde dentro del barco. Reconoció el sonido, lo había escuchado muchas veces, visto otras miles en su línea de trabajo. Quizás no podría importarle menos, quizás no podría suponerle importancia, no al menos si sus recuerdos no hubieran aflorado de vuelta, de nuevo, tras el encuentro inesperado, la locura inesperada de lo sucedido.

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“Gwenny”

El nombre le vino a la cabeza, ahora sí, saliendo de su estado de infiltración. De hecho al elevarse casi se resbaló, sosteniéndose con su mano derecha para no darse de bruces contra el suelo de madera, y asomar la cabeza por la proa, ahora sus manos temblando. Y allí estaba, ahora claro, firme. Lo primero que pudo ver fue el propio brazo de Sohem, manchado de sangre. Lo siguiente, el cuerpo de un hombre alado que no reconocía en lo absoluto, con un enorme agujero en el pecho. Sangre, partes internas del propio cuerpo haciendo un recorrido. ¿Dónde estaba Gwenny? Sus ojos siguieron explorando, ahora sin plantearse del todo la presencia de los Marines, a quienes en un inicio irónicamente se ocultaba. Owen estaba allí, pero lo veía temblar como una hoja, como un maldito y condenado cobarde. ¿Y se atrevía a acercarse y prometer protegerla siendo un maldito cagado? No, de eso nada. No en su presencia. No cuando ese pequeño ángel tenía un silencioso secreto detrás.

No dudó, saltó de la Proa, pero no se mostró hostil. Viendo la situación, conociendo el peligro que suponía el propio Sohem, lo mejor era mostrarse calmado, incluso cuando la situación no estaba siendo lo más favorable. Trató de mantener la cabeza fría, sin saber si la muchacha siquiera lo recordaría. Elevó sus dos manos, acercándose tanto al capitán del Barco como a la pareja y el propio Sohem y, obviamente, también a quien se encontraba en el estado de la droga. No quiso decir nada, la amenaza en las palabras de Sohem había sido clara, solo lo observó, tratando de mantener la misma falta de expresividad de siempre.

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—Veo que conoce a la señorita Gwendolyn.

¿Sería ignorado o quizás lo dejaría avanzar? Deseaba que fuera lo segundo, dando a entender que no planeaba armarse, incluso cuando su katana todavía reposaba en su cinturón, dentro de su propia vaina. Se acercó con cautela, en el momento que escuchaba del propio Uker hacia Owen. Eso lo hizo relajarse un poco, no había motivos, pensando en frío, de que no lo relacionaran, como mínimo, con la tripulación de Uker en ese momento y Sohem no parecía mostrarse hostil ante ellos. No había visto lo que había ocurrido, mas sí había logrado escuchar, con su afilado oído, las palabras que se habían dado fuera del barco. Pudo suponer, ahora más calmado, que la acción de Sohem habría sido fruto de un arrebato de furia. Después de todo, no era un secreto el comportamiento que solía tener Sohem. Terminó de descender las manos del todo, ahora sí, acercándose al grupo del todo, prestando especial atención a Gwendolyn. Elevó una de sus manos, buscando tomar la de aquella muchacha, solo para recordar en un pequeño flashback el último encuentro, lo que había hecho. Su mano se quedó a medio camino, suspirando, cerrando los ojos y, por primera vez en los muchos presentes que pudieran quedar allí, descendió la cabeza. Gesto que ella claramente no podría ver.

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—¿Se encuentra bien, señorita?

Su tono de voz se vio calmado, a medida que ascendía la mirada, sus ojos más dilatados, con aire calmado. Su mano terminando de descender y, esta vez, observándola directamente. —Escuche… — apretó sus labios, algo inseguro. No, no lo haría en público, no delante de personas que ni le caían bien y no tenían que ver con lo que había ocurrido entre Owen, Gwendolyn y él. Además, no parecía recordarlo, y no quería ser el que se lo recordara, prefería que eso viniera de la propia chica. ¿O lo mejor era quizás fingir que no se conocían? Sí, no quería que supiera el tipo de hombre en el que se había convirtió después de todo, igual que pasaba con cierta persona. —Todo está bien, ¿de acuerdo? Está usted a salvo. — No prestó atención a Owen, fingió de hecho no verlo por varios asuntos y negocios que volaban entre ellos. Lo que sí hizo fue volverse hacia Sohem, ahora más calmado, relajado, sin sentirse amenazado ni en estado de alerta como cuando bajó del barco.

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—Le debo un favor, señor Sohem. Y créame, no olvido nunca mis deudas.

Hizo una pausa, ahora tomando más distancias de Gwendolyn, buscando su ya característica cajita de metal que se encontraba en su bolsillo, retirando de allí uno de sus cigarrillos. —Debo admitir que me sorprende que un cazador como usted esté por aquí con la señorita Gwendolyn y su… — ¿futuro esposo? Ah, qué complicado a veces dar nombres así. —… acompañante. — Ahora sí, se atrevió a mirar a Owen, con las cejas un poco más fruncidas y ligeramente molesto. Cerró los ojos, volviendo a mantener la calma, elevando su cigarrillo hasta sus labios, encendiendo el cilindro tranquilamente, solo para observar a Uker, con el agarre de Maki, aunque solo se dirigió al varón dado el estado de la mujer.

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—Y tú. También a ti te debo una, Uker.

Porque, incluso si no lo aguantaba, incluso si no le agradaba ese hombre, incluso si tenía cosas pendientes, debía admitir que tenía pelotas, que tenía la valentía y, además, todavía le debía un favor por ayudar a su propia tripulación, y dar la cara cuando ni siquiera él mismo lo había hecho.

OFF
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#52
Todo se fue de madre en cuestión de un instante. La tensión que se había ido construyendo a lo largo de los últimos minutos, bloque a bloque, y que había hecho que el agradable aire salino de aquel lugar se volviese irrespirable, acabó por estallar. Como siempre, no fue necesaria más que una acción errónea, un mal cálculo, un movimiento inoportuno. La actuación de Sohem fue rápida, demasiado como para que cualquiera de ellos hubiese podido reaccionar, empezando por el propio Lunarian.

A la imprudencia de Fyodor que, qué duda cabía, había hecho gala de una velocidad de vértigo (y ese había sido precisamente el problema, o parte de él), siguió el aún más inmediato sonido de un pistón, que pareció accionarse con contundencia dentro del propio brazo de Sohem, justo antes de que algo saliese disparado contra el alado enmascarado. Algunos goterones de sangre, que cayeron a presión desde el agujero en el pecho de Fyodor, salpicaron la arena con violencia, humedeciendo los granos a su alrededor y produciendo pequeños cráteres húmedos en la misma, encharcados de rojo. Stroud permanecía cruzado de brazos, en silencio, contemplando el seco movimiento de la cadena. Serio, muy serio, pero no tan impertérrito como siempre.

Sin que él mismo fuese consciente, un gesto nada sutil se había dibujado en su labio superior, que se levantaba ligeramente, como con un pronunciado y mudo asco. Como de costumbre, resultaba complicado acertar a adivinar qué estaba pensando. Nada agradable, desde luego, pero tampoco era fácil determinar quién era el objeto de su repulsión, si es que era repulsión lo que sentía el joven Marine. ¿Era repulsión hacia Sohem y su flagrante exhibición de poder abrumador? ¿Era asco hacia aquellos piratas, a quienes el destino había parecido querer salvar de la Justicia por medio de la aparición del Mar Cruel, en una ventajosa carambola de las que el destino se reservaba para ciertos momentos? ¿O se trataba, acaso, de una profunda aversión a lo que había hecho el propio Fyodor, cuyas habilidades de combate no habían sido capaces de pagar el cheque que su ego había extendido? Fuera cual fuera el caso, sus ojos grises, fríos e inexpresivos, permanecieron sobre el Lunarian, mientras Sohem intentaba desatascar su propio puño de su cuerpo inerte, con su correspondiente flujo de astillas de hueso, sangre y coágulos, que caían generosamente y se iban amontonando sobre el suelo arenoso. Se había hecho un silencio repugnante bajo el sol de Little Garden.

Frente a ellos, el cuerpo de Krysser había sido lanzado con pesadez por el banquero. Stroud inclinó ligeramente la cabeza y alzó una ceja, observándolo por un instante, mientras inspiraba. ¿De verdad se hacía el muerto, o le había dado un soponcio? Ni siquiera la muerte de su compañero parecía ser suficiente para hacerlo reaccionar. ¿Merecía la pena recogerlo y sacarlo de allí, o se había, de alguna forma, resignado a que Sohem lo convirtiese, efectivamente, en una alfombra? El Mar Cruel se dirigió a ellos, aparentemente, indicándoles que su servicio había sterminado por hoy, al tiempo que sacaba una especie de bate, su extremo dirigido al suelo. Los ojos grises de Stroud permanecieron sobre Krysser por un instante, antes de devolver su atención a los de Sohem, si es que había tal cosa tras la siniestra máscara. Permaneció en silencio por un momento, meditabundo, y finalmente hizo un ademán con el mentón hacia el tigre. Sus labios fueron a formar una letra, pero, antes de que ningún sonido abandonase su boca, pareció cambiar de opinión, volviendo a cerrarla. No era algo que uno viese a menudo.

Contempló a los piratas, por llamarlos de alguna manera, por última vez. Su tez volvía a la imperturbabilidad habitual, impasible. Asintió con la cabeza, finalmente despegando sus ojos de Owen Yang y Rackham Uker. Era evidente que mil pensamientos cruzaban su mente a cada segundo, de los cuales pocos acababan por ser verbalizados, si acaso, en alguna ocasión. Lo cierto es que cualquiera que conociese a Stroud Redgrave sabía de sobra que se le aplicaba perfectamente aquello de hechos, no palabras; no porque le gustase que los hechos hablasen, sino porque estos gozaban de una voz de la que las palabras, simplemente, carecían. En esencia, las palabras estaban para dar órdenes, para dejar constancia de lo ocurrido y para pedir perdón. Jamás para convencer, prometer o justificarse. Sobreestimar el poder de lo dicho y, por ende, subestimar el de lo tácito, era uno de los pecados que se negaba a cometer.

"División, nos vamos," dijo, finalmente, haciendo un sutil ademán con su mano enguantada, antes de poner rumbo hacia el área de los acantilados por la que habían llegado, a través del bosque. "Volveremos a vernos." No se supo de quién de los presentes se despedía en particular.

Mientras echaba a caminar hacia la lejanía, extrajo de su abrigo un Den Den Mushi, con el que informaría de todo lo ocurrido a las oficinas de la Marina, y un pequeño ejemplar blanco.

Información
#53
El joven arquero estaba pendiente de lo que sucedería en el momento que toda la tensión que se fue acumulando en la playa terminara por estallar, lo cual ocurriría en el preciso momento en el que alguien tomara la decisión equivocada, siendo que cualquiera podría ser el desencadenante del desastre, desde los marines por insistir en perseguir a los piratas, los cazadores por pretender llevar la mano cantante frente a alguien que claramente puede, y lo ha demostrado con creces, acabar con todos los presentes sin esfuerzo alguno. Sohem trató de darle un aviso a los cazadores, pero Fyodor al parecer no estaba por la labor de hacer caso a la evidente diferencia de fuerza entre ambos y su ego y orgullo le hacen seguir provocando a Mar Cruel, una decisión poco acertada ya que lo lleva a un destino de lo más aciago. Los ojos rojos del marine no logran acompañar todo lo que ocurre, solo sabe que en el primer movimiento del dueño de los bancos esparcidos por todo el mundo, el lunarian que peleó junto a Bertram desapareció a una velocidad demasiado alta para que el marine pudiera siquiera ver algo, todo fue inmediato.

De la misma manera que el cazador desaparece se escucha un sonido que el arquero reconoce al instante, un pistón activando una especie de mecanismo a altísima velocidad, dicho sonido parece provenir del interior del brazo robótico de Sohem, y justamente tras ese sonido es que los presentes son capaces de ver el resultado de todo lo que ocurrió delante de sus ojos tan rápido que ni siquiera han podido verlo, y es que el lunarian acaba atravesado por el puño con su sangre cayendo a goterones hacia la arena, tiñendo la playa de rojo mientras vuelve a tirar la mano hacia sí mismo llevando el cuerpo del lunarian hacia sí mismo claramente molesto por lo que acaba de suceder. El arquero guarda su arco mientras observa la situación, sus ojos pasando por todos los presentes, incluido el otro cazador que parece haber perdido cualquier intención de moverse o siqueira reaccionar a lo que ocurre a su alrededor, ni siquiera la muerte atroz de su compañero y amigo. Por su parte, los piratas parecen seguir quietos sin moverse de su sitio, ahora todo lo que podría haber sido un enfrentamiento entre el orden y el caos acabó en una muerte grotesca y una advertencia clara a los marines, o se van o acaban igual que el cazador.

Bertram suspira y vuelve a colocar el arco sobre su hombro, empezando a caminar de regreso al desfiladero por el que vinieron tras las palabras de Sohem, no quiere quedarse a comprobar si serían capaces de sobrevivir, sabe de sobra que no pueden sobre todo después de ver como acaba con la vida del lunarian con semejante facilidad. Sus pasos son serenos, no tiene prisa, pero tampoco se detiene y mientras camina escucha las palabras de Stroud y dice

-Es hora de seguir camino señores, detenernos no nos hará bien, sir.-

Stroud ya estaría avisando de lo sucedido a la base marina, Bertram por su parte saca un pequeño cuaderno y un lápiz y empieza a hacer una lista con materiales, cálculos y demás para ver lo que necesita para su próxima creación.


Off
#54
Moja presenció la escena con una claridad que le resultó casi cruel. Sus ojos, entrenados para no apartarse incluso ante el peligro, siguieron el instante exacto en el que el cuerpo de Fyodor perdió toda tensión y cayó al suelo como un peso muerto, inerte, sin posibilidad de volver a levantarse. No hubo dramatismo innecesario ni gestos grandilocuentes; la muerte llegó de forma seca, definitiva, y esa sencillez fue lo que más le heló la sangre. Durante unos segundos, el mink permaneció inmóvil, con el pecho aún ardiendo por el esfuerzo previo, intentando asimilar que aquella figura con la que había compartido cubierta, turnos de vigilancia y silencios durante el viaje ya no formaba parte del mundo.

El pesar llegó de manera contenida, como todo en Moja. No hubo gritos ni rabia desbordada, solo un nudo pesado en el estómago y una sensación amarga de pérdida injusta. Había sido poco tiempo, sí, pero suficiente para que la convivencia en el Royal Quiver hubiera generado un vínculo mínimo, una familiaridad nacida del peligro compartido y del mar que no distingue entre aliados duraderos o pasajeros. Aquel final abrupto se grabó en su memoria como una advertencia más de lo que significaba realmente navegar por el Grand Line.

Poco después, las palabras de Stroud y Bertram rompieron el silencio tenso que se había instalado tras la caída. No hicieron falta explicaciones ni razonamientos largos; la orden implícita era clara, tan clara como inevitable. No era el momento de resistir ni de buscar justicia, sino de sobrevivir y preservar lo que aún quedaba en pie.

Moja no respondió. No lo necesitaba. Giró el cuerpo con un movimiento controlado, ajustó inconscientemente su postura y comenzó a alejarse del lugar siguiendo a sus compañeros. Cada paso lo sentía más pesado que el anterior, no por el cansancio físico, sino por la carga de lo ocurrido. No volvió la vista atrás. Sabía que hacerlo solo serviría para fijar aún más una imagen que ya estaba grabada a fuego en su mente.

Se marchó en silencio, con la determinación intacta y una nueva sombra acompañándolo, consciente de que aquel día había perdido algo más que a un compañero de viaje: había ganado una razón más para fortalecerse y no volver a sentirse tan impotente ante la violencia del mundo.

OFFROL
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
#55
Cuando el cuerpo del enorme lunarian cayó al suelo, por un momento mi mente viajó a varios años atrás, a otra corriente del Grand Line, a las islas Toko, en las que vi a otro como él caer. Al mismo que vi tiempo después caer en Skypiea, fruto de mi propio poder, y aquel a quien no volví a ver más. ¿Qué habría sido del lunarian que viajaba con Triana? Ese 'heredero' de Skypiea desaparecido... ¿acaso se había quedado en esa isla? Por un momento sentí la necesidad y la intención e buscarlo, de ir hasta Skypiea a encontrarme con él, pero ningún idiota se aventuraría a una isla en el cielo en solitario.

De nuevo los acontecimientos fueron todos simultáneos y caóticos. A mi espalda, mientras miraba a los Marines marchar, escuchaba varias voces. Una despedida, una vomitona, un halago y el ofrecimiento de seguir buscando los lagartos gordos. Suspiré. Ya se me habían quitado las ganas de lo que fuera. Querría llamar a las tropas y marcharnos de aquí para probar suerte en otros lugares de la isla, pero si la niña tenía el poder de atraer consigo a los animales - cosa que aun no estaba clara - no podía desaprovechar la oportunidad. Apreté los dedos entorno a la empuñadura de Hellhound. ¿Quién me mandaría a mi juntarme con nadie a estas alturas? Si hubiese tirado de haki desde un primer momento habría encontrado a esas criaturas y ahora estaría a saber donde.

Mis ojos descendieron hacia el tigre que yacía en el suelo aun sin moverse. No estaba inconsciente, ni dormido, ni muerto. Sólo en silencio. Acababa de observar cómo una de las personas que trabajaba con él moría y estaba impasible. Quizá si hubiese hablado en su momento podría haber salvado la vida de su compañero, pero ¿por qué optar por ser un cobarde y un mezquino y permanecer agazapado y escondido en la maleza? ¿Qué quería conseguir con eso? Vistas las intenciones del otro, quizá buscaban mi punto débil y un flanco que explotar para atacarme... parecían conocerme bien, y no simplemente como alguien que conoce mi fama, si no como alguien que estudia mi trayectoria. ¿Estarían planeando cazarme? ¿Esos dos?
Ya con los Marines fuera del terreno habiéndose marchado por la jungla como debían haber hecho todos hacía bastante, sorbí fuertemente por la nariz y di un paso hacia el mink felino atigrado — Oe — dije con gravedad en el tono y la intención caminando hacia él los pocos pasos que nos separaban — Yaces ante mi ya habiendo sido derrotado y te atreves a ignorar mi generoso consejo permaneciendo ante mi presencia — deslicé el pie sobre la arena de aquella playa, cuadrando mi postura y quedando en su flanco izquierdo. Permanecí ahí un total de diez segundos, mirándole fijamente esperando el más mínimo atisbo de intención de salvarse. Chasqueé la lengua pasado ese tiempo y miré mi arma — Tardé muchos años en conocer el verdadero nombre de Hellhound... pero sé desde bien pequeño que los perros y los gatos no se llevan muy bien... — me quedé observándolo de nuevo otros cinco segundos y me encogí de hombros — De acuerdo. Es tu decisión — entonces, flexionando ligeramente mis rodillas, alcé el kanabo por encima de mi cabeza sujetándolo con ambas manos, arqueé mi espalda un poco hacia atrás e hinché mi pecho respirando profundamente — Hell's Bells — y mientras curvaba mi cuerpo en sentido contrario, el pesado acero que portaba descendió directo hacia la cabeza de aquel tipo.

El tañido de una campana resonó en la costa entre los acantilados, que amplificaron su tono y lo transportaron hacia la jungla posterior, y hacia el inmenso mar - perdiéndose en este mezclado con el sonido de las olas - y ocultó por completo el crujir de huesos, sesos y demás. Mis brazos extendidos sujetando el extremo más fino de aquel metal, mis piernas dobladas como si estuviese haciendo una sentadilla y mi espalda encorvada hacia delante para dar el impulso necesario. Chasqueé la lengua de nuevo mientras me erguía, mirando con desagrado la cabeza hundida de aquel enorme felino, y sujetando a Hellhound sólo con mi mano real mientras este chorreaba algo de la sangre que acababa de beber. Era un desperdicio de vida innecesario. ¿Por qué simplemente no se arrodillaban, pedían perdón y se marchaban del sitio? O ni tan siquiera eso, ese boyscout de antes lo había entendido bien: Boca cerrada, actitud neutra, y obedecer las órdenes de alguien más poderoso que tu para sobrevivir. Era muy sencillo. ¿Por qué el pajarraco tenía que buscar mi espalda en lugar de desplazarse un par de metros hacia atrás? A no ser que fuera porque efectivamente quería atacarme, no conseguía entenderlo. ¿Por qué el tigre permanecía oculto y agazapado en la maleza? A no ser que fuera porque pretendía atacarme, no conseguía entenderlo. Negué con la cabeza y moví bruscamente a Hellhound a la derecha, para quitarle la sangre de encima salpicando así la playa, limpiándolo, y después colocándomelo en la espalda nuevamente.

— Esto es una puta guarrería — dije molesto, y llevé mi mano derecha - robótica - a agarrar de la chepa al tigre en el suelo. Tras eso giré sobre mi mismo y caminé hasta el lunarian, agarrándolo del cabello con la otra mano y comencé a caminar hacia el barco portando sendos cadáveres uno en cada mano. Mis pasos iban hacia el del mechón blanco, el primero en descender del navío y en dar la cara. Junto a él había una tipa vomitando que me causó una nauseabunda sensación nada más mirarla, produciendo en mi un rechazo mayúsculo y ganas de querer batearla fuera de esta cala. Dürr seguía con Guadalupe en la grupa y Rubén el pelirrojo a su lado, bastante en shock, lo que dejaba más que claro que era o un novato o un cobarde.
— Limpia esto — dije, lanzando ambos cadáveres a un metro de mi, uno encima de otro, frente a los pies de otro hombre presente, con un corte en la frente — Y sácales partido — entonces me sacudí las manos mirando al del mechón y a la del vómito, haciendo una mueca de desagrado con esta última que nadie pudo apreciar por mi casco, sin mediar palabra, y mi mirada pasó entonces al pelirrojo — Os queda sólo un día. Después de eso buscaré cómo reparar mi barco y me largaré de esta puta isla mentirosa — y chisté con la lengua dos veces mientras me giraba para que Dürr me siguiera - cosa que hizo - en dirección a reunirnos con mis tropas en la jungla — ¡Un día, Juan! — grité mientras caminaba hacia el interior de la vegetación por la que habíamos emergido antes.
Y yo que venía de vacaciones...





Aclaraciones

Información

Bélico
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 15303 + 0 = 15303
Energia: 5129 - 887 = 4242
Espiritu: 2770 + 0 = 2770
#56
—Me alegro que pudiéramos ayudarlos — sonrió con ligereza, volteándose a una voz que reconoció. No necesitó mucho para saber que es Rackam, por lo tanto no hizo nada más que suspirar con suavidad. Es un bufido suave, como si se sacara una pequeña preocupación de arriba, aun así queda el resto.

El tono de alguien que no pudo recordar le llamó la atención, no es un pasado lejano, porque ahí sonaba diferente, sino uno cercano que la ha hecho dormir antes de tiempo. Su sonrisa se torció con suavidad y su cuerpo se acercó más al de Owen, tanto como para chocar su hombro con el cuerpo del pelirrojo — Hola… — ese es todo el saludo, no hay mucho más, porque no es el momento para comentar nada, además ¡Es un secreto! Mas o menos.

—Todo está bien.

Es una actuación extraña y tensa, tanto que el tono no se suaviza. No es cantarina como antes, pero permaneció tranquila a pesar de todo lo anterior. Es tranquila, con ligeras chispas de que en cualquier momento algo va a pasar, algo que a nadie de los presentes le va a gustar. — No pensé que estarían todos ustedes — estrechó el gesto de su mano con Owen, no es una señal para algo, pero es la muestra de que la sorpresa le ha tomado con la guardia baja.

El espectáculo de Sohem no lo vio, simplemente lo escuchó acercarse y se volteó. No es necesario que su rostro se dirija a él, si no lo puede ver, pero es algo que a la gente le parece gustar, por lo tanto quedó frente a él, escuchando unas indicaciones que no comprendió del todo.

—E-Está bien — es la respuesta que dio ante su amenaza ¿O sería advertencia? Por su tono no supo qué ha sido, pero no le importó, tienen que ir con cuidado con él — Tenemos que apresurarnos, Owen — es un susurro suave lo que le dedicó a él, porque lo han prometido, por lo tanto ¿Si mienten tendrán un castigo? — Debe haber alguna manera, antes de que se vaya…

Tomó aire y su cuerpo se removió ligeramente, no por lo vivido, sino por lo que vendrá más adelante — ¡B-Bueno! Me alegro que estén bien chicos, pero le prometí algo a Sohem. Que le ayudaría en algo y creo que si no lo hago… tendré un problema, haha — es una risa nerviosa, que sería peor de ver todo el espectáculo — Cuídense ¿Está bien? Creí oír a alguien — Maki, pero no ha podido decir mucho en ese estado — Bueno, m-me saludan al resto ¿Está bien?

Se soltó de Owen e hizo un ademán de avanzar sin él.

—Sé que estabas buscando a tu tripulación, quizás deberías quedarte con ellos, aunque sea un rato. Yo iré… ya sabes, a terminar lo que prometí, con Sohem.

Porque si no lo hago, mis palabras perderán valor ¿No?

Y ahora más que nunca necesito que valgan algo.

Aclaración
[Imagen: Gwendolain.gif]
#57

—Veo que conoce a la señorita Gwendolyn.

[Imagen: rDHhb8w.png]
-Tiene que ser una putísima broma.-

Había estado completamente congelado por mantener sus ojos completamente firmes sobre aquella máscara blanca que ahora despertaba un instinto de peligro atroz, uno donde había que alejarse a toda costa. Conocía aquella voz y aquellas palabras a veinte kilómetros. El origen de todo. La razón por la que, literalmente, Owen estaba metido en este berenjenal y no en Isla del Karate disfrutando con el amor de su vida. Una búsqueda que parecía que nunca tendría fin, que sería tan cíclica como cualquier cosa en esta vida y que lo único que daría el final sería la mismísima muerte, una que el pelirrojo respiraba de frente producto de Sohem...y ahora, respiraba a su costado derecho, obligándole a voltear con esa expresión que aún estaba envuelta en el pánico no de lo que podrían hacerle a él, no, de lo que podrían hacerle a ella. Gwen, a su vez, no parecía asustada con nada de lo que estaba ocurriendo, evidentemente, ayudada por...su condición, claro está.

Owen era experto en fingir demencia siempre que tenía la oportunidad, pero esto...le superaba con creces. Un sentimiento feroz empezó a despertar en su interior, justo en el centro de su pecho y corazón, uno que involucraba una ansiedad que no era propia del stress, sino, de lo más natural y primigenio que todos tenemos. Observó a Onizuka Jin aproximarse al amor de su vida.

[Imagen: 3c4FTtE.png]
-No la toques.-

La mano masculina, marcada, podrida ante la mirada de los ojos celeste brillante volaban hacia la mujer que lo tenía total y completamente enamorado. Su reacción fue, literalmente, la de un acto reflejo, casi pudiendo reaccionar de la misma manera si cualquiera intentase tocarla en su guardia. El estado de alarma en el chico era tan bestial, tan animal, que sus niveles de cortisol, rotos, le obligaron a ¡PAF!, pegarle un manotazo de desvío a Jin antes de que, siquiera, tuviese ni el más mínimo contacto con su amada. Fue algo tan reactivo, tan animal, tan desatado, que la mirada y atención que fueron solo dos segundos hacia el intento de contacto físico entre Gwen y el mafioso, interrumpido, voló hacia la máscara y las palabras que salían de su boca, atrofiadas producto a la reverberación de los agujeros de la máscara.

Si la cosa había sido escalofriante antes, ahora...había sido peor.

Lo primero que ocurrió fue un espectáculo debido a la prepotencia e insolencia de un tipo que tiró más de lo que podría aguantar la soga, pero...aquel hombre-tigre que había permanecido total y completamente inerte todo este tiempo, ¿Qué pretendía? ¿Porqué no actuaba? Los marines abandonaron la escena con relativa rapidez, aunque le resultó inevitable al pelirrojo no dedicarle una mirada a aquel rubio que, impasible, parecía estar infinitamente más tranquilo que el emocional y loco Owen...¿Feliz por ellos de que les permitan huir? Probablemente. Sohem no parecía tener NINGUNA pleitesía, mucho menos con el mink que yacía atrapado en su mano: "Te atreves a ignorar mi generoso consejo permaneciendo ante mi presencia" -Huye.- instintivo. El pelirrojo observó la escena, le resultó inevitable, incluso si el tipo había estado queriendo atacar a su tripulación de manera traicionera y planificada. Sus cabellos se habían erizado, veía venir lo que estaba a punto de ocurrir -Huye.- los pensamientos se volvieron tenues y muy imperceptibles balbuceos, sin quitar ni un microsegundo la vista en el enmascarado. Sus ojos se desviaron hacia ese gran bate lleno de pinchos que cargaba. El tigre-humanoide ya no estaba atrapado, pero estaba a merced de aquel espectáculo morboso que estaba a punto de pasar. El chico era incapaz, totalmente incapaz de poder sacar la vista del asesinato que estaba a punto de acontecer delante de todos y cada uno de los presentes. No prestó atención a las palabras de su capitán, menos a las posteriores que podrían haber venido de Jin.

¿Owen tendría que dejar al amor de su vida en manos de este tipo?

¡CLAAAAAAANG!

[Imagen: 4c50b0346fb619e3eed760fd818334c4.jpg]

El sonido de una campana, una propia de una catedral, invadió la escena de forma tan escabrosa como total. La sangre de Owen se heló tanto que solo permaneció observando el cuerpo inerte del mink que, con su cabeza reventada producto de un impacto tan inminente como espectacular. Pudo sentir el cuerpo de su amada aproximándose al de él, sin ningún tipo de caso. Sus oídos pitaron, mientras que, a cámara lenta, el cadáver caía hasta desplomarse en una arena que levantó parte de sí misma hasta teñirse de un rojo oscuro, oxigenado, progresivamente desde el eje del tigre. No había reventado a uno, sino, a dos individuos que simplemente habían osado no seguir sus advertencias o sus palabras, ¿Y si Gwen lo hacía en algún momento? A él no le importaba en lo más mínimo lo que pudiese hacer con su persona...pero su amada, ella, la que cambiaría el destino del mundo cruel que el muchacho tuvo que vivir.

¿Acaso tendría que morir sin que siquiera ella haya podido explotar su máximo potencial?

— Esto es una puta guarrería —

[Imagen: i4ZGHAA.png]
-...qué...cojones...está haciendo?-

No demoró prácticamente nada en tomar los cadáveres de los que antes eran personas que luchaban por lo que creían, así estuviesen equivocadas. El sentido de alarma y alerta de Owen explotaba de mil amores, y más cuando, lentamente y con una confianza inusitada, Sohem se aproximó hacia el grupo que se había formado justo detrás del Last Whisper, el navío que fue testigo de dos asesinatos tan violentos como fugaces. Las piernas del pelirrojo le gritaban tomar a Gwen y huir, pero no podía. Se aferró al suelo como si su vida dependiese de ello, apretando la unión que todavía no soltó de su amada, viendo cómo le entregaba ambos cuerpos a Jin. La mirada del chico se puso infinitamente más impresionada que antes, haciendo que sus pupilas fuesen tan pequeñas como puntos -¿¡A Jin!?- no iba a pronunciar palabra, ya no podía delante de aquel tipo. ¿Porqué no entregárselo a Uker, incluso, a Maki? -Dónde cojones nos estamos metiendo.- esos orbes celeste brillante estaban asustados, de verdad, porque ya la alevosía de la situación le estaba provocando una sensación de disgusto gigantesca.

"Os queda un solo día", sentencia total de una persona que demostró que no iba a otorgarles ningún perdón y, así como asesinó a dos simple y llanamente por desafiarle o no seguirle sus directrices, Owen mantuvo su mirada desviada. No tenía miedo por él, tenía miedo por ella. Ella decidió soltarle mientras avanzaba un poco por sí misma, haciendo que sus ojos fuesen hacia la ruptura de la unión y empezasen a seguirla con la mirada.

—Sé que estabas buscando a tu tripulación, quizás deberías quedarte con ellos, aunque sea un rato. Yo iré… ya sabes, a terminar lo que prometí, con Sohem.

[Imagen: 587b8ca9274941ec212f26e3e49e9636.jpg]
-...-

Owen se mantuvo ligeramente en silencio. No correspondía la mirada a nadie. Tenía a su capitán al lado, a Jin a su derecha, a Maki ligeramente más lejos...pero sus ojos se ocultaron con la sombra de sus cabellos, apretando los dientes en un ceño que se fruncía entre una mezcla de desesperación, molestia y angustia.

¿Seguir su camino para cumplir su promesa de una vez? ¿Cómo podía pensar en algo a tan largo plazo cuando acabó de ver cómo, con un accionar que genere un disgusto, podía provocar que la cabeza de Gwen salga disparada hacia el cielo con el accionar de esa fuerza descomunal? Onizuka Jin era una amenaza gigantesca, sí, pero...la muchacha de cabellos negros, agraciada por su don (Porque ser ciega, en este caso, era un don gigantesco) ignoraba todo aquello que había acontecido y que Owen estaba guardando en el fondo de su corazón -Sí, debemos cumplir con él.- alzó la mirada, aterrada, atrapando su mano derecha con la izquierda, la cual temblaba de forma errática solamente por estar aceptando un pacto con el diablo.

Porque Owen sacrificaría todo, hasta sí mismo, por ella.

-Uker.- no le miró, mantuvo los ojos clavados en la nuca del enmascarado que movía a toda su compañía (Y él mismo), buscando llamar su atención -Dame un poco de tiempo, por favor.- sonaba...a urgencia, no existía ese tono chispeante y alegrón del pelirrojo, sino uno que mezclaba una desesperación y angustia extrañas -Denme un poco de tiempo.- ¿Indirecta? Evidentemente, porque "Denme" suena a algo conjunto y plural, también, refiriéndose al pacto que tenía con Jin Onizuka sin emitir ni una sola palabra al respecto o dar indicios de ese oscuro trato conjunto. Gracias a tener la frecuencia de los Den Den Mushi de ambos, podría volver a contactarlos -Gwen va a cambiar este mundo. Ella tiene el potencial para ser quien haga que, todo lo que sufrimos, no le pase a absolutamente nadie más.- y, mientras decía estas palabras, comenzó a avanzar lenta y progresivamente, dándoles la espalda a todos los presentes.

Hasta que se detuvo, abruptamente.

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-Aunque no sé si seguir este camino hará que lo cambie para bien.-

Y como quien se pone grilletes encima de otros grilletes, Owen caminó hacia adelante.

Porque si alguien tiene que morir a manos de Sohem Burnehead, será él.

Me compre una cajita feliz
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#58
La situación era de completo terror, la muerte del pajarraco le causo una pena tremenda en el corazón, aunque venían tras su amado y ella o quizás sobre Jon… no creía que vinieran detrás del Señor del bajo mundo, porque vamos nadie sería tan imbécil ni se mediría tan mal que resultaría en algo como esto. Habría que ser tarado. Para pensar en destronarlo, Maki pensaba todo esto en su lenta mente enferma por las drogas cuando escucho ahora el discurso de muerte del manco. Una fruta madura resonó por toda la isla, la cacofonía e la muerte y Maki agarro con fuerza las ropas de la manga de Uker… el miedo comenzaba a retroceder y la pena lo reemplazo… sintió su mirada sobre ella. y quiso ocultarse detrás de capitán de alguna forma… le resultaba tan malditamente repulsivo, prepotente y malcriado que Maki sintió amargura, una amargura tal que sintió días después que todo le sabia a vinagre y aceite rancio.

Algo le saco de su ensimismamiento. Jen… el maldito Yakuza se acerco a la niña ciega. Quiso atraparlo, impedírselo, era un maldito nefasto y cruel y si hubiera sabido que era a quien llevarían desde la Whisky a Garden. Habría preferido incendiar el barco completamente. Pero esta vez no era quien mandaba. Gracias a dios, vio Owen interponerse. No sabía que trato tenía con este imbécil, pero parecía conocer la verdad detrás del sombrío hombre de la Death Man Hand. Al volver la vista a la cruenta escena vio arrastrando a los dos cazadores hasta la orilla del desembarco y comenzaba a retirarse por donde vino. Parecía tener un trato con Owen y su amante. Que haría Uker… que haría Jin, que haría Owen. No quería que Owen se envolviera en tratos con ese soquete de Sohem.

—Rack… cariño… no dejes que el imbécil de Jen se haga con los cuerpos de estos… debemos… sepultarlos, merecen una tumba. Aunque sin nombre, la merecen. Todos la merecen…— Los ojos se le veían claramente perdidos en la jungla, creía que podría haber más cazadores al filo del linde, más pájaros sobre el cielo. Tenía pavor…  finalmente, cuando se marchó el desgraciado del bajo mundo, los marines y los cazadores se quedaron ahí inmóviles. Se acerco a sus cadáveres… y cayo sentada frente a ellos. rodeando sus piernas con los brazos… su mentón cayo sobre sus rodillas. Y una lagrima comenzó a rodar por su mejilla.

Pensó en la muerte… en el dolor, en que quizas la gente que amaba a estas personas les echarían de menos, ¿Les esperarían en casa? Por que tanta muerte, dolor… solo quería pasarlo bien, de echo había olvidado su cruzada. Su venganza en pos de ayudar a su capitán, su amado Uker, aquel que era el pilar de la tripulación, al menos de los que quedaban. Pensó en El Medico Enfermizo, en el La Muerte Roja, estarían bien?... probablemente. No dejaba de mirar los ojos muertos del felino… se limpio los ojos… sorbio el liquido de pena que corría por su garganta y nariz y se dispuso a hacer el trabajo que nadie querría hacer… ir a buscar una pala al Last Whisper. Sus pirando recogió sus armas, las guardo y subió a cubierta… en él camino cruzo la mirada con Jin… pero se suavizo un poco más… después de todo, era como era. Este mundo quizás necesitaba un poco de lo que él tenia, quizás ella estaba mal y debía ser malvada, dura, caótica.

Cuando volvió con la pala sobre su hombro, algo sicedia… que… Owen… se sentía mucho mejor, el efecto poco a poco de las drogas pasaba, podia pensar mejor, ver mejor y sin duda… observar mejor… —Oe oe oe… Owen… son hombres… no pidas permiso… este mundo esta dominado por el corazon… no permitas que la vida se te vaya por hacer lo que debes… haz lo que quieres. Cariño… vamos… ve con ella. cuídala, de todo mal…— Volteo la cara al Yakuza para volver a caminar hasta el pelirrojo que tanto tiempo atrás salvo de ser colgado por el capitán Ash… quizás Owen no lo recordaba pero ella siempre confió en él desde el principio… —VE… ve con ella don juan… sálvala de ella misma y ten cuidado con las sombras… con el mal y con el fuego, no te quemes…— Maki entonces termino de bajar del barco… La vista de ella se fue directo al par… Jin y Uker… —NO… Se atrevan… no es nuestra presa… no es nuestro botín… no es nuestro pecado…— Dijo mientras se echo la pala al hombro… su mirada era fuego, su voz verdadera… cruel y dispuesta a matar… se acerco al pajarraco… se agacho sobre el… se arrodillo y le quito esa mascara que llevaba… la dejo a un lado… era un ser horrendo, pero parecía en paz…  entonces le tomo en brazos y le llevó a un costado… casi al linde del bosque… le deposito con ternura, con un amor quizás inmerecido. No les conocía de nada. pero Maki era así.

Hizo lo mismo con el tigre… lo levanto… con algo de esfuerzo… lo llevo al lado de su compañero. Se arrodillo sobre el… y se apartó un poco más… empezó a cavar con gran fuerza, con ahincó… casi dos horas demoro, pero cuando estuvo hecho… metió a cada uno en su tumba… con todas sus cosas, el tigre, había cubierto su cara con su capa. No merecía lucir de esa forma al llegar al mas allá… saco dos monedas y las puso sobre la capa donde deberían ir sus ojos y a su costado puso todas sus cosas. Incluida sus garras su dinero… todo… absolutamente todo. Maki no permitiría que se llevasen nada… NADA… lo mismo hizo con el cuervo. La tierra les cubrió mientras tarareo una canción de esperanza, de renacimiento. Una canción de paz para su futura vida. Y cuando estuvo echo… se arrodillo frente a ambas tumbas y suspiro… al fin habían desembarcado en un nuevo mundo… uno peligroso. Se juraría a si mismo. Jamás… nunca más bajar la guardia. Sentía la mirada de Uker a su nuca… solo permitiría de él. Que le ayudase con una plegaria quizás.

Resumen
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#59
Los marines abandonaron la escena, Jin hizo acto de presencia tras todo el alboroto, soltando palabras dirigidas a Gwen y Sohem que el ruido blanco en la cabeza del cocinero no permitió escuchar. Maki lo agarraba, Jin ahora soltaba agradecimientos vacíos y lo único que podía ocupar la mente de Rackham era Sohem, junto a ese poder que creyó haber visto de él. Las palabras de Gwen tampoco llegaron a penetrar su mente, solo lo hizo el sonido de los pasos sobre la arena, las palabras de Sohem hacia aquel mink con el que había luchado en los Cabos Gemelos, unos segundos de tranquilidad.

Y de nuevo una tragedia.

Otra muerte más, ese tigre no era para nada débil y aún así él los acabó como simples perros. ¿Qué tan fuerte era? Necesitaba esa fuerza, debía ser como él. Si la tuviera podría ser inmortal, nadie lo molestaría, nadie se atrevería a hacer caso omiso a lo que él diga. Los cadáveres casi pasan a su lado, aterrizando frente a Jin, una situación a la que Uker no le dio importancia, no le dedicó ni una mirada.

Sohem se marchaba, y así parecían hacerlo también la pareja que había llegado en su “rescate”. Por fin pudo escuchar algo, a Owen y su petición, unas palabras que le parecieron ridículas. No era su padre, no habían compartido nada más que un barco y una tripulación que cada vez más desaparecía con el tiempo. - Llámame si necesitas ayuda, con lo que sea -. No hubo una mirada entre ellos, no hubo una respuesta a su petición de otorgarle más tiempo, solo un seguro de su tiempo juntos. - Ahí estaré -. Una promesa débil ante los horrores que existían en el mundo, tan débil como él mismo.

No hubo una despedida hacia el pelirrojo o hacia la ciega, no hacía falta y ellos no parecían tener tiempo que perder. Maki fue quien sí parecía tener que despedirse, quien incluso volvió a hablarle con una situación ridícula. - Me da igual, esos dos no me interesan en lo más mínimo -. No los conocía, habían intentado atacarlos, junto a unos marines. No merecían más que hundirse en el océano, perderse en lo más bajo del mundo, pero eso sería otorgarles algo de su tiempo.

Ya estaban solos, su cuerpo avanzó unos metros y simplemente se quedó parado. Escuchar a Maki cantar lo hizo apretar los puños, estaba comenzando a detestar algo, sin saber bien el que. Su brazo tembló por la fuerza que proporcionaba a su mano, empezó a respirar de forma pesada y todo su ser parecía rechazar lo que su mente quería dejar salir.

No podían siquiera seguir una simple orden, no podían siquiera mantenerse quietos cuando debían mantenerse quietos. Había sido él quien los trajo hasta este punto, había sido él quien los alzó hasta el Grand Line, había dejado todo por una tripulación que no deseaba y aún así todos deciden abandonarlos. Kiyoshi, Jensen, Owen, algunos con razones, otros sin ellas, ¿por qué le molestaba que no estén? No habían sido amigos, solo compartieron algo de tiempo juntos.

Tiempo. Le habían quitado tiempo solo para usarlo como transporte, para utilizar el barco que él consiguió como un hogar, para hacer lo que querían y traerle mala fama a él como si fuera el culpable. Tiempo que no tenía, tiempo que podría ocupar para buscar eso que tanto anhelaba, y que había tenido que malgastar en otros. Les había dicho que podrían cumplir sus sueños, siempre teniendo que dejar de lado los suyos.

No más, ya no. Basta de querer contentar a otros, basta de querer hacer felices a quienes están a su lado, no existía una familia para él, no había tenido una desde que su maestro murió, desde que sus padres terminaron enterrados en esa pila de escombros ardientes y su hermana terminó sepultada en una isla tan lejos de ese lugar como su capacidad de contrariar al cazador de la mascara blanca que había demostrado su poderío. Solo necesitaba ser fuerte, solo necesitaba alcanzar a esos monstruos que dominaban el mundo, solo así podría alcanzar lo que deseaba. La fuerza lo trae todo, su maestro no le había enseñado eso pero debió hacerlo.

- A la mierda con todo esto -

OFF
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#60
Podía sentirlo, ni siquiera hacía falta verlo, cómo la muchacha, Gwendolyn, se alejaba de él. No era extraño después de todo había creado por su cuenta un conflicto. Ni siquiera fue necesario el manotazo, y aún así no se lo reprochó a Owen. Solo lo observó, impasible, alejando su mano y dando un paso atrás, calmado y tranquilo. Solo observó al pelirrojo, con la misma impasibilidad de siempre, natural en él.

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—No se preocupe, no planeo tocarla igualmente.

No ahora que le había hecho daño. No ahora que la recordaba de una forma distinta. Ni siquiera cuando vio en vivo y directo una nueva muerte se inmutó. Solo lo vio, aquel tigre que ni había prestado atención hasta ese momento y que claramente no parecía haberse movido en ningún momento. ¿Había estado escondido? No lo recordaba en lo absoluto ni le resultaba familiar. Fuera como fuere, era solo otro cuerpo más ahora, sin nada relevante. Sí era cierto que no esperó que los dos cuerpos fueran lanzados a sus pies. Los observó, como si solo se trataran de pequeños objetos, juguetes rotos quizás, y elevó la mirada con calma a Sohem. Una enorme sonrisa se dibujó en sus labios, de oreja a oreja, cargada de la confianza de la que siempre vivía.

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—No ponga en duda que lo haré, señor Sohem.

La experiencia en la limpieza de cadáveres ya era algo a lo que estaba habituado y, desde luego, no iba a permitir que nada se desaprovechara. —Como agradecimiento, déjeme ayudarlo. Escuché que necesita reparar su barco, y puedo hacerlo. — Porque, como bien había mencionado, él devolvía favores, y odiaba deberlos. Además, alguien tan poderoso y conocido no podía pasar por alto ante el yakuza. Su jefe estaría más que satisfecho. No prestó siquiera atención cuando aquella drogaditca tomó los cuerpos, no fue relevante. Pareció enterrarlo con todo y, realmente, no era algo que hubiera afectado negativamente. Por lo contrario, dejó demasiado claro dónde estaban. Era mejor así. También comprendió la indirecta de Owen. Eso sería algo que más adelante tendría en cuenta y, teniendo en cuenta el favor que parecía deberle, no podría pasarlo por alto. Un favor que devolvería más adelante, de un modo u otro, a él y a Gwendolyn… Si todo salía bien.

Escuchó los estúpidos e inútiles cánticos de aquella drogadicta que solo había retirado los cuerpos, como si solo con eso fuera a dejarlos a salvo. No se equivoquen, Jin respeta a los muertos, pero no a los que no se lo merecen, y dos cazadores que se habían hasta entonces ocultado, como bien claro había sido (ya que recordaba claramente que solo había dado la cara algún Marine), no era algo que sintiera honrado. Una trampa, o lo que fuera. Una lástima, no podría sacar de dónde habían conseguido la información bajo tortura.

Lo que sí hizo fue observar a Uker, quien incluso con su complicada relación había un favor que también le debía y, a diferencia de la drogadicta, sí usaba más la cabeza. Un interés nulo por esos cuerpos, no viéndose alterado. Ese muchacho tenía experiencia, una lástima que lo desperdiciara en personas que no podían aprovechar su potencial. —Uker. Ella sigue esperando verte. — Apenas lo murmuró, apartándose del grupo, volviendo al barco con calma. 

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—Te manda saludos. 

No dijo nada más. Sabía que lo comprendería, una muchacha de cabellera blanca y mechones negros. Solo entró al barco, recogiendo su baúl, donde había todavía espacio para cosas. El calor abrasador era insoportable, todavía cuberto por las heridas, pero esperó a que todo se vaciara. Más adelante se pondría en contacto como pudiera con Owen o con el propio Sohem. Ahora estaba solo y, previamente había hecho una llamada a su jefe desde su Den-Den Mushi. Era oscuro, sí, la noche se había alzado, pero las tumbas estaban perfectamente claras y visibles. El barco seguía atrás, pero el silencio era algo que al hombre se le daba especialmente bien.

Dos hombres aparecieron a la lejanía en el lugar que él mismo había mencionado a su jefe. Sabía que habían cosas de interés, y esos cuerpos los lanzaría luego al mar. No quería dejar rastros innecesarios. A diferencia de Maki, quien le tomó dos horas, ellos solo tomaron veinte minutos. Lo único que iluminaba con más firmeza era el cigarro entre sus labios a la vez que los hombres ahora, sudorosos, tomaban sus descansos. Revisó los cuerpos. Unos guantes en forma de garras captaron su atención. No era un tasador, pero como hombre de negocios dentro de una yakuza, sabía de sobra que eso podía ser valioso, más todavía en el mercado negro. Desde luego, Sohem sabía bien qué hacía, y a quién se lo entregaba. Dudaba que aquello solo fuera casualidad. No solo encontró eso (ya que era lo primero que llamaba la atención por el tigre y el tamaño del mismo), sino también más cosas. Berries, una cantidad que no se esperaba, además de botiquines de primeros auxilios, armas, entre otras muchas cosas.

—¿Qué quiere que hagamos con todo esto, señor Onizuka? — El yakuza observó a los dos hombres, quienes hablaron en voz baja para evitar sonidos innecesarios. Dio una nueva calada al cigarrillo, guardando unos segundos de silencio. Por fortuna aquellos hombres eran de fiar, luego les pagaría su jefe, o acordó hacerlo. Además, no parecían percatarse de la valía de las cosas exceptuando los berries. 

[Imagen: NBAOQdf.png]
—Excepto por dos botiquines, dejadlo todo en el baúl y nos vamos.

—Sí señor. — Él mismo también trabajó, tomando los guantes, el rifle, la brújula… Hasta había un aperitivo en buen estado. Todo lo que hubo lo guardó en su baúl, ya decidiría más tarde qué haría con él. —¿Y los cuerpos? — El hombre miró a los dos acompañantes, con el baúl sobre su hombro y los miró. —Sacadlos, dejadlo todo como estaba, yo los lanzaré al mar. — Tomó primero uno, ya que el baúl le impedía hacer el trabajo, lo dejó perderse en el mar y, luego, al otro, ambos cuerpos perdiéndose en lo más profundo, donde nunca nadie los encontraría, donde no existirían los rastros de ninguno de ellos excepto dos tumbas vacías que, a menos que excavaran, nadie se iba a percatar. Todo se puso perfectamente igual que Maki lo hizo. Los hombres se retiraron antes que él ya que, antes de salir de allí, tenía algo más importante que hacer. Tomó dos de los tres Botiquínes Grandes y un papel. Siempre estaba preparado, pero aún así, subió al barco, con el máximo sigilo posible y tomó una pluma del interior de la misma. Escribió una nota.

“Con esto saldo mi deuda y el favor que te debo, joven Rackham.
                                                                                     Jin.”

Lo dejó sobre los botiquines, entrando en silencio en los horarios nocturnos de aquella noche, para dejarlo en el interior de su dormitorio, donde posiblemente estuviera descansando, de modo que solo él pudiera verlo. A continuación, retomó su baúl y se fue. Con eso, no iba a deber nada a ese cocinero. Era lo mínimo. Si se reencontraban quizás lo recompensaría de una mejor forma, pero el tiempo no estaba a su favor. Se aseguró de que las dos tumbas estaban tal y como pidió, sin rastros extraños y, tras el visto bueno, los dos hombres y él partieron de la playa, desvaneciéndose de allí. Más adelante llamaría a Hyákinthos por sus negocios.


OFF
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