De aquí vengo.
24 Primavera, Año 17
El viajar en el mar es una diversión pero admito que debería ser mucho mayor si tuviese un navío con mejores condiciones. El viajar no es el típico juego de muñecas. Tengo que admitir que en solitario es todo un quilombo, la comida, la orientación, el sentido del viento. Como diantes hice para navegar lo suficiente y llegar aquí. Bueno es que mis habilidades como navegante son superiores a cualquier otra que este océano puede ofrecer. Lo único que no hice fue darme unas clases para reparar los barcos.
En este momento mientras voy con un viento que atrae a la entrada del río me doy cuenta de que esto no será una llegada tranquila. Mis remos en pleno bote y mis maletas igual. Todo recogido de la manera correcta. Las corrientes no parecían ser rápidas pero en cuanto el cauce del río me atrapó me las vi claramente difíciles. También es que existían otros barcos que venían saliendo de esas corrientes. Tiene sentido, que vengan de allí, pero yo estoy pasando en perpendicular. Esperaba encontrar algún pequeño muelle del cual aferrarme.
La cosa no fue así, mientras zurco las olas generadas por otros barcos me doy cuenta de que comienzo a tener goteras. —Esto es un problema, pero creo.— Cual tabla de surfear las olas me me hicieron pasar por corrientes rápidas y mi empujaban para voltearme. Lastima para el mar que aquí va un hombre hecho y derecho que con la misma se aferró a los costados de la misma Tumba aquella vela improvisada que me había impulsado aquellos largos ratos donde mi cuerpo descansaba. Era obvio que mis brazos estaban destruidos por tanto viaje y que las provisiones no me habían alcanzado del todo.
Bajé de peso. Ahora estoy bastante más delgado, pero tengo mucha más experiencia lidiando con la marea, con la presión, con el mar. Soy seguro de mi mismo y zurco a pesar de las fallas y sin dar oportunidad aprovechó el empuje para acercarme a la orilla. El agua en mis pies me da señales de que el viaje no será eterno. Puedo ver la orilla, pero verla no implica estar cerca.
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El viajar en el mar es una diversión pero admito que debería ser mucho mayor si tuviese un navío con mejores condiciones. El viajar no es el típico juego de muñecas. Tengo que admitir que en solitario es todo un quilombo, la comida, la orientación, el sentido del viento. Como diantes hice para navegar lo suficiente y llegar aquí. Bueno es que mis habilidades como navegante son superiores a cualquier otra que este océano puede ofrecer. Lo único que no hice fue darme unas clases para reparar los barcos.
En este momento mientras voy con un viento que atrae a la entrada del río me doy cuenta de que esto no será una llegada tranquila. Mis remos en pleno bote y mis maletas igual. Todo recogido de la manera correcta. Las corrientes no parecían ser rápidas pero en cuanto el cauce del río me atrapó me las vi claramente difíciles. También es que existían otros barcos que venían saliendo de esas corrientes. Tiene sentido, que vengan de allí, pero yo estoy pasando en perpendicular. Esperaba encontrar algún pequeño muelle del cual aferrarme.
La cosa no fue así, mientras zurco las olas generadas por otros barcos me doy cuenta de que comienzo a tener goteras. —Esto es un problema, pero creo.— Cual tabla de surfear las olas me me hicieron pasar por corrientes rápidas y mi empujaban para voltearme. Lastima para el mar que aquí va un hombre hecho y derecho que con la misma se aferró a los costados de la misma Tumba aquella vela improvisada que me había impulsado aquellos largos ratos donde mi cuerpo descansaba. Era obvio que mis brazos estaban destruidos por tanto viaje y que las provisiones no me habían alcanzado del todo.
Bajé de peso. Ahora estoy bastante más delgado, pero tengo mucha más experiencia lidiando con la marea, con la presión, con el mar. Soy seguro de mi mismo y zurco a pesar de las fallas y sin dar oportunidad aprovechó el empuje para acercarme a la orilla. El agua en mis pies me da señales de que el viaje no será eterno. Puedo ver la orilla, pero verla no implica estar cerca.
