Pueblo de Nibani
Día 30 de Primavera
Año 14
Hace un tiempo atrás, Dharma había dirigido sus pasos a un poblado especial, un lugar donde la tranquilidad y la sorpresa podían congeniar, donde lo pacífico y lo salvaje solían ser casi del día a día. El poblado de Nibani en el Reino de Torino, era famoso por tener bastos conocimientos sobre medicina, cosa que le llamaba la atención al buen espadachín, en una de sus expediciones en solitario y tras haberse alejado de una tripulación con la cual había pasado unos meses, decidió emprender el viaje a este lugar. Sin mucha esperanza, mas que la curiosidad de entender y comprender más sobre el mundo de la medicina y sus diferentes versiones. Así pues este hombre de gran altura y porte amenazante es que andaba entre los caminos empedrados de este lugar que en apariencia, parecía un lugar abandonado por el tiempo, pero el espadachín sabia que podía encontrar conocimientos realmente útiles en este lugar.
| Hmm lo mas fastidioso de venir a una Isla nueva es encontrar un buen lugar para comer. | Sentenciaba vociferando con su habitual tono de voz, mientras se encontraba detenido en las afueras del poblado, recargado en una especie de barda que ocultaba un poco más de la mitad de su cuerpo, pues debido a su altura dicha barda no era suficiente para que lo cubriera. Con una mochila a la espalda de color negro, su par de espadas apenas notorias pegadas en una sujeción de cuero que se mantenían visibles pero a la vez un tanto ocultas debido a esto mismo, era normal que una persona anduviera armado en este mundo. | Donde estará esa enana, según sé iba a estar aquí justo este día y creo que llegue temprano jahjah...| Dharma esperaba encontrarse con una vieja amiga, no por que ella fuese vieja, sino por que realmente la conocía de unos años atrás, aunque aquella amistad era más bien el resultado de un conjunto de eventos en los que no tuvo de otra que ayudar a esta señorita, si lo puede decir de alguna forma. No habían perdido el contacto por medio de los Den Den Mushi que el espadachín había obsequiado a su pequeña e infantil "amiga" si bien para el era una conocida y no habían compartido demasiado tiempo juntos, las cosas que habían sobrellevado y las que él tuvo que ayudarle a llevar ese tiempo, fueron bastante serias a la medida de la situación.
Pero habían quedado de verse un tiempo después, había pasado un par de años desde la ultima vez que se vieron y a aunque no se veían a menudo por que pues Dharma era un pirata y antes de eso estuvo oculto en las montañas siendo o intentando ser un tipo de monje, buscando su camino ninja y todas esas cosas que pasan por la mente de los grandes guerreros, al final el destino los volvía a reunir, pues el había quedado de visitar esta peculiar isla en este preciso día y mes. Una de las pocas veces que podía cumplir con una fecha exacta, no muy dado a ser puntual, pero a veces se sorprendía hasta el mismo. Al final había desarrollado un tipo de cariño por esta mujer, si bien era más como una prima o una hermana o una amiga, aun no entendía bien que podía significar conocerla y tampoco era algo que realmente le importara, pues este mundo tan caótico podía arrebatar lo que quisiera en un instante, por eso sus apegos estaban demasiado trabajados a no sentir realmente emociones por alguien que no fuera lo suficientemente fuerte para subsistir por si solo, como en el futuro, sabia que algún día tendría una tripulación que si bien tuvieran que compartir la seguridad de si mismos, cada uno debia ser lo suficientemente fuerte para sobrevivir por si solo, pero estos pensamientos aun eran de un Dharma joven, que no toleraba los errores pues ya había visto bastante muerte a causa de ello.
Así pues se mantenía atento a sus alrededores esperando vislumbrar aquellos cabellos dorados, que siempre andaban alborotados, como si se tratara de un loro parlanchín, por su parte el oriundo de Wano portaba sus ropas habituales en este tipo de visitas, para evitarse sorpresas y tener la comodidad necesaria, una camiseta negra ceñida al cuerpo y sus pantalones anchos y cómodos de color gris con un calzado de color negro, su cabellera siempre llevando el mismo estilo simple y ligeramente desordenado que sin duda alguna lo hacían parecer alguien relajado y tranquilo, al menos de primera apariencia, aunque claro faltaba notar su altura y su cuerpo tan trabajo y formado que era una oda hacia la estética física del ser humano, pero esos detalles pasaban a segundo termino, para alguien acostumbrado a estar con la muerte y verse a si mismo manchado de sangre una y otra vez.
Día 30 de Primavera
Año 14
Hace un tiempo atrás, Dharma había dirigido sus pasos a un poblado especial, un lugar donde la tranquilidad y la sorpresa podían congeniar, donde lo pacífico y lo salvaje solían ser casi del día a día. El poblado de Nibani en el Reino de Torino, era famoso por tener bastos conocimientos sobre medicina, cosa que le llamaba la atención al buen espadachín, en una de sus expediciones en solitario y tras haberse alejado de una tripulación con la cual había pasado unos meses, decidió emprender el viaje a este lugar. Sin mucha esperanza, mas que la curiosidad de entender y comprender más sobre el mundo de la medicina y sus diferentes versiones. Así pues este hombre de gran altura y porte amenazante es que andaba entre los caminos empedrados de este lugar que en apariencia, parecía un lugar abandonado por el tiempo, pero el espadachín sabia que podía encontrar conocimientos realmente útiles en este lugar.
| Hmm lo mas fastidioso de venir a una Isla nueva es encontrar un buen lugar para comer. | Sentenciaba vociferando con su habitual tono de voz, mientras se encontraba detenido en las afueras del poblado, recargado en una especie de barda que ocultaba un poco más de la mitad de su cuerpo, pues debido a su altura dicha barda no era suficiente para que lo cubriera. Con una mochila a la espalda de color negro, su par de espadas apenas notorias pegadas en una sujeción de cuero que se mantenían visibles pero a la vez un tanto ocultas debido a esto mismo, era normal que una persona anduviera armado en este mundo. | Donde estará esa enana, según sé iba a estar aquí justo este día y creo que llegue temprano jahjah...| Dharma esperaba encontrarse con una vieja amiga, no por que ella fuese vieja, sino por que realmente la conocía de unos años atrás, aunque aquella amistad era más bien el resultado de un conjunto de eventos en los que no tuvo de otra que ayudar a esta señorita, si lo puede decir de alguna forma. No habían perdido el contacto por medio de los Den Den Mushi que el espadachín había obsequiado a su pequeña e infantil "amiga" si bien para el era una conocida y no habían compartido demasiado tiempo juntos, las cosas que habían sobrellevado y las que él tuvo que ayudarle a llevar ese tiempo, fueron bastante serias a la medida de la situación.
Pero habían quedado de verse un tiempo después, había pasado un par de años desde la ultima vez que se vieron y a aunque no se veían a menudo por que pues Dharma era un pirata y antes de eso estuvo oculto en las montañas siendo o intentando ser un tipo de monje, buscando su camino ninja y todas esas cosas que pasan por la mente de los grandes guerreros, al final el destino los volvía a reunir, pues el había quedado de visitar esta peculiar isla en este preciso día y mes. Una de las pocas veces que podía cumplir con una fecha exacta, no muy dado a ser puntual, pero a veces se sorprendía hasta el mismo. Al final había desarrollado un tipo de cariño por esta mujer, si bien era más como una prima o una hermana o una amiga, aun no entendía bien que podía significar conocerla y tampoco era algo que realmente le importara, pues este mundo tan caótico podía arrebatar lo que quisiera en un instante, por eso sus apegos estaban demasiado trabajados a no sentir realmente emociones por alguien que no fuera lo suficientemente fuerte para subsistir por si solo, como en el futuro, sabia que algún día tendría una tripulación que si bien tuvieran que compartir la seguridad de si mismos, cada uno debia ser lo suficientemente fuerte para sobrevivir por si solo, pero estos pensamientos aun eran de un Dharma joven, que no toleraba los errores pues ya había visto bastante muerte a causa de ello.
Así pues se mantenía atento a sus alrededores esperando vislumbrar aquellos cabellos dorados, que siempre andaban alborotados, como si se tratara de un loro parlanchín, por su parte el oriundo de Wano portaba sus ropas habituales en este tipo de visitas, para evitarse sorpresas y tener la comodidad necesaria, una camiseta negra ceñida al cuerpo y sus pantalones anchos y cómodos de color gris con un calzado de color negro, su cabellera siempre llevando el mismo estilo simple y ligeramente desordenado que sin duda alguna lo hacían parecer alguien relajado y tranquilo, al menos de primera apariencia, aunque claro faltaba notar su altura y su cuerpo tan trabajo y formado que era una oda hacia la estética física del ser humano, pero esos detalles pasaban a segundo termino, para alguien acostumbrado a estar con la muerte y verse a si mismo manchado de sangre una y otra vez.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
