[Pr Rel - Av. T3] - Cassius
#1
Dia 38 de Invierno, Año 16.
Corriente Rakusei, Little Garden,
Volcán de la Hora, 12:10 P.M.
 


 
El sol del mediodía cae sobre Little Garden sin darle tregua a nada ni a nadie. El aire es una masa densa que se pega a la piel y hace que respirar sea un trabajo constante debido al calor que emana del volcán. No hay viento. Solo calor subiendo desde la corteza terrestre y bajando desde el cielo, atrapando todo en el medio. El sudor empapa la camisa de Eros hasta que la tela se adhiere a su espalda y pecho, incómoda y pesada. Los mosquitos zumban en nubes alrededor de su cabeza, aterrizando en cualquier pedazo de piel expuesta para morder. El volcán está ahí adelante, negro contra el cielo, escupiendo humo gris de forma constante. Eros camina porque quedarse quieto sería peor. Lleva varios días en esta isla y ya tiene múltiples picaduras en los brazos, rasguños por las piernas, y ese cansancio que viene de dormir mal al no encontrar un buen colchón donde descansar. Pero sigue adelante de todas formas, porque la curiosidad siempre gana sobre el sentido común hasta que es demasiado tarde. La ladera del volcán es peor. Las rocas aquí irradian calor como si todavía estuvieran ardiendo por dentro. El aire huele a azufre, ese olor que te hace toser si respiras muy profundo. La cueva aparece sin aviso previo, un agujero de veinte metros de alto por diez de ancho cortado en la roca. Eros se encuentra detrás de una formación de rocas apiladas de unos tres metros de altura muy cerca de la cueva. Tiene que agacharse un poco pero desde aquí puede ver la entrada de la cueva sin estar directamente frente a ella. La piedra está caliente cuando la toca, áspera, con bordes que cortan si no tienes cuidado. Los sonidos se cortan de golpe. Los insectos se callan. Los pájaros dejan de hacer ruido. Todo se queda en silencio de una forma que hace que los oídos empiecen a zumbar. Y entonces viene el chillido desde adentro de la cueva, agudo y desesperado. El tipo de sonido que hace un animal cuando sabe que se va a morir.
 
Un velociraptor sale disparado de la oscuridad. Sus garras rasgan el suelo rocoso mientras corre, dejando marcas profundas. Mide dos metros hasta la cadera, todo músculo y velocidad, pero ahora no hay nada de cazador en él. Solo pánico. Tiene espuma en las mandíbulas. Los ojos amarillos están tan abiertos que casi no tienen color alrededor de las pupilas negras. Está corriendo porque algo viene detrás. El suelo tiembla. Eros lo siente subir por sus piernas. Boom. Boom. Boom. Pasos. Pero del tipo que hacen que las piedras salten del suelo. Algo enorme se está moviendo dentro de esa cueva a una velocidad imposible para su tamaño, y el sonido se acerca rápido. Lo que sale de la oscuridad mide quince metros. Cada centímetro de esos quince metros es puro músculo y hueso diseñado para matar. Un gigante con cara de adolescente perturbado corre y el suelo cruje bajo su peso con cada paso. Sus piernas son del grosor de troncos, impulsándolo hacia adelante en zancadas de cuatro o cinco metros. La piel grisácea está marcada con tatuajes en espiral por todo el torso. Sus ojos son como dos rubies, rojos brillantes, sin nada humano en ellos. Solo hambre. El cabello verde está sucio, apelmazado con mugre y lo que parece ser sangre seca. La sonrisa en su cara es demasiado grande, estirando los labios hasta mostrar dientes del tamaño de cuchillos. Está riendo, un sonido grave que sale de su pecho y resuena en el aire caliente. La maza en su mano derecha es del tamaño de un árbol, midiendo diez metros de punta a punta. La cabeza de metal negro tiene púas irregulares, cada una manchada con sangre vieja que nunca se limpió. Cadenas gruesas cuelgan del mango, tintineando con cada movimiento. El arma debe pesar toneladas, pero él la balancea como si no pesara nada.
 
El velociraptor corre quince metros, tal vez dieciséis, para salir de la sombra de la cueva en un último sprint desesperado por salvar su vida. La sombra del gigante lo alcanza a tan solo 1 metro delante de la entrada de la cueva. La criatura intenta girar pero la maza ya está cayendo. El impacto es un crujido húmedo y horrible. Las púas atraviesan carne y hueso sin resistencia. El cuerpo del velociraptor explota bajo la fuerza del golpe. Pedazos de músculo vuelan en todas direcciones. Huesos se astillan en fragmentos blancos. Vísceras se desparraman por el suelo, algunas todavía moviéndose. Sangre salpica las rocas negras, roja brillante que empieza a coagularse inmediatamente bajo el sol. Lo que queda no es un cuerpo. Es solo carne destrozada, irreconocible, mezclándose con el polvo volcánico en un barro carmesí. Pedazos de escamas verdes están esparcidos por todas partes. Un ojo amarillo mira al cielo desde un charco de sangre, todavía abierto. El gigante se detiene. Respira pesado, mirando lo que hizo con esa sonrisa todavía en su cara. Levanta la maza despacio, examinando los pedazos de carne que cuelgan de las púas. Las cadenas tintinean. Hace un sonido en su garganta, algo entre gruñido y risa. Está satisfecho. Disfrutó la muerte de aquel animal, su mirada de pánico al final de su existencia.
 
El gigante arrastra la maza por el suelo, dejando un rastro de sangre y vísceras mientras se gira lentamente. Sus ojos rojos barren el paisaje, buscando. La sonrisa nunca se va de su cara. Eros está a quince metros, agachado detrás de una roca que de repente se siente muy pequeña. El olor a sangre llega hasta él, metálico y dulzón, mezclándose con el azufre del volcán. El gigante sigue ahí parado entre los restos del velociraptor, jugando con el ojo amarillo – que quedo intacto tras el impacto de la maza – con su mano izquierda mientras que de su boca emerge una risa de psicópata endemoniado.
 
“GYOOOO HOHO HOHO HO”
 

 
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#2
Hambre. Calor. Cansancio. Estrés. Frustración. Violencia


Ya había perdido la cuenta de los días que llevaban en esa isla pues, desde el naufragio del Crimson Stage todo había ido de mal en peor para sus nuevos tripulantes. El carpintero había tenido que montarse al hombro la responsabilidad de liderar la banda de inadaptados y, aunque él se considerase quizás débil de carácter en muchos aspectos, cierto era que en esa situación solo podía seguir hacia adelante porque un paso en falso, o verse rezagado ante la misma vorágine de violencia que reinaba en la Grand Line iba a representar el fin de aquellos que él había decidido proteger así le costase la propia vida.

Conseguir comida, conseguir recursos, buscar la manera de salir de la isla. Las prioridades eran claras, y él aunque no era un hábil explorador como Varo ni tenía el conocimiento técnico de Kiyoshi para resolver las situaciones con inteligencia tenía el aguante, y la disciplina para reconocer que pese al calor exacerbado que recorría el interior de su cuerpo con cada paso, con cada latido, él debía hacerse responsable de ponerle el pecho a la situación pues es todo lo que Eros era: Un guerrero, una bestia, aquel que abriría un camino con los puños.

¿Qué podía esperarle por el volcán de las horas? Los Piratas de la Sepultura habían apostado un campamento provisional no muy lejos de ahí, pero las labores de reconocimiento del terreno eran necesarias visto lo visto para poder hallar seguridad en la isla prehistórica.

Quizás fue su falta de reflejos, o quizás las condiciones, pero tardó en notar la situación que se desenvolvía en la distancia de esa cueva hasta que ya fue lo suficientemente tarde para reaccionar. ¿Hubiese saltado a defender a ese dinosaurio carnívoro de manos del gigante? Contra todo pronostico, sí, pues la naturaleza protectora de Eros no discriminaba raza, credo o bandos en muchos casos. Pero era demasiado tarde, la brutalidad que el gigante ejercía, su tamaño, su anatomía claramente diseñada para sobrevivir en las condiciones de la isla... Todos los factores causaron que una expresión innegable se dibujase en el rostro del capitán: Una sonrisa de lado a lado.

Miró a los alrededores mientras rompía la tela de su camiseta para exponer su torso desnudo. Quizás a veinte metros de la cueva ya se podía empezar a notar como el verdor de la vegetación iba en aumento, la jungla despues de todo rodeaba el volcán de la hora en el centro de la isla y cómo tal el funebrero vio una oportunidad. El capitán golpeó la piedra frente a él, midiendo su fuerza para que tan solo un pedrusco pequeño cayese, del tamaño de su puño. Lo sostuvo en la diestra, y en completo silencio el pirata lanzó la piedra aun cubierto detrás del amparo de la piedra que, afortunadamente, era casi metro y medio más alta que él.

Buscaba que la piedra llamase la atención del gigante, tras lanzarlo aproximadamente en esa dirección. El capitán se calzó los guantes, reafirmó el botiquín médico que colgaba del morral de cuero a un lado de su cinturón de carpintería, y escaló la piedra para dar un salto que lo ubicaría a 30 metros del gigante aterrizando con la jungla a sus espaldas, el volcán y el gigante frente a sí y una mirada desafiante en sus ojos dorados.

No necesitó hablar, elevó la mirada hacia el gigante, extendió la diestra con sus dedos hizo un movimiento para que el gigante viniese a por él: Lo estaba desafiando un duelo.

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#3
Eros observa con resignación como el dinosaurio es inhumanamente despedazado frente a él. El shock de lo ocurrido es tal que no se da cuenta del paso del tiempo, 45 minutos han pasado desde la cruel muerte que sufrió el velociraptor. Sin embargo, Eros no tiene miedo, está por buscar realizar una de las mayores hazañas de la raza humana: derrotar a un gigante. Decide rasgarse la camisa y aventar una piedra en dirección a la que saltaría instantes después. La piedra voló por el aire en un arco limpio y golpeo el suelo con un chasquido seco que atrajo la atención de Cassius. El gigante dejó de jugar con los restos del velociraptor, su cabeza girada hacia el origen del sonido, sus ojos rojos escaneando el terreno hasta que se detienen exactamente donde Eros acaba de saltar. Treinta metros en línea recta separan al humano del gigante. Cassius, a un metro por delante de la entrada de la cueva donde vivían el resto de familiares con mayores niveles de agresividad, parecía hacer de guardián de la entrada de la que había salido, pero no era ni mucho menos el caso. El terreno era llano frente a ellos, extendiéndose en un cuadrado de 30 metros el cual solo era cortado por la línea de rocas de 3 metros de altura de las cuales Eros había saltado. Mas allá de dichas rocas – a 15 metros a la derecha de Cassius – el terreno se seguía extendiendo de forma llana indiscriminadamente hasta donde la vista alcanzaba, al igual que lo hacia el extremo izquierdo del gigante.
 
Cassius ve los dedos de Eros moviéndose en ese desafío silencioso, y algo en su pecho retumba antes de que la risa explote desde su garganta – “GYOOOO HOHO HOHO HO!” – la risa resuena por toda la ladera del volcán, rebotando en las rocas y perdiéndose en la vegetación. Cassius se golpea el pecho con la mano izquierda, todavía sosteniendo el ojo amarillo del velociraptor entre sus dedos masivos. Su sonrisa se hace más amplia, imposiblemente más grande, estirando su cara hasta que parece que la piel va a rasgarse –“¡SOY CASSIUS!” – grita, y su voz es como un trueno grave que hace vibrar el aire – “¡EL TERROR DE LOS INSECTOS!” – se yergue completamente, sus quince metros de altura proyectando una sombra que se extiende varios metros sobre el suelo caliente – “¿Qué haces en mi isla basura humana?” – continua golpeando su pecho con su mano izquierda buscando imitar el sonido de un tambor de guerra retumbando. Sus ojos rojos están fijos en Eros, brillando con esa mezcla de hambre y desprecio que no oculta nada – “Humano patético” – escupe Cassius – “Te atreves a desafiarme con esos gestos ridículos de tus ridículas manos” – se ríe otra vez, más corto esta vez, más cruel. Para Cassius el desafío de Eros es un chiste, uno mal contado y sin gracia, tan absurdo como intentar nadar en la lava del volcán que está a punto de erupcionar – “Ni siquiera voy a preguntarte tu nombre. No me importa saber cómo se llama el insecto que voy a aplastar.” – levanta el ojo amarillo del velociraptor frente a su cara, examinándolo por un segundo. Luego escupe. Un escupitajo denso y amarillento golpea el ojo, cubriéndolo de saliva espesa que gotea por los lados. Cassius lo sostiene así por un momento, dejando que el fluido viscoso empape completamente el órgano muerto, y lo lanza. El ojo vuela por el aire hacia Eros y, aunque no busca atacar, si no insultar, falla terriblemente pues la buena puntería no es algo que defina a este gigante. Sin embargo, es un mensaje claro de lo que piensa hacer con el resto del cuerpo de Eros cuando le despedace como al resto de sus víctimas.
 
Al instante en el que lanza el ojo, el reloj de la isla procede a recordar la hora con esa forma tan característica suya que tiene: haciendo erupción. El volcán, conocido por aquellos que se han aventurado a explorar la isla, ha sido bautizado como el volcán de la hora por su curiosa condición de erupcionar en punto cual reloj. Rios de lava empiezan a correr a los costados de Cassius y Eros aumentando los niveles de calor haciéndolos casi inaguantables y transformando el terreno en un cuadrilátero de 30 x 30 metros donde solo la selva a espaldas de Eros (y la cueva a espaldas de Cassius) podría darle escapatoria. Cassius vuelve a reír como un enfermo, pues siente que el volcán le ha dado luz verde de atacar a Eros – “GYOOOO HOHO HOHO HO!” – chilla a la vez que agarra la maza con ambas manos. Diez metros de metal negro y púas manchadas de sangre. Las cadenas tintinean mientras levanta el arma sobre su cabeza, sosteniéndola ahí arriba con los brazos completamente extendidos. Sus piernas se flexionan, los músculos del grosor de troncos tensándose bajo la piel grisácea. Recorre 4 metros corriendo y luego salta. El suelo donde estaba parado explota en una nube de polvo. Cassius vuela por el aire en un arco que devora veinte metros de distancia en un solo movimiento, su cuerpo masivo bloqueando el sol por un instante y proyectando una sombra móvil sobre el terreno. Aterriza a diez metros de Eros y conforme va cayendo al suelo al mismo tiempo lo hace su maza, sin pausa ni vacilación. El arma cae con toda la fuerza de quince metros de gigante más el peso de toneladas de metal concentradas en el punto donde se encuentra Eros. El aire silba alrededor de las púas mientras descienden, creando ese sonido agudo y terrible que precede al impacto. Cassius sonríe mientras la maza cae. Esa sonrisa demente que nunca abandonó su cara desde que salió de la cueva mientras continúa riendo como desquiciado.
 
“GYOOOO HOHO HOHO HO!”
 

 
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#4
El gigante parecía tener una opinión marcada sobre los humanos, pero Eros no se sentía insultado en particular pues entendía que el forastero en esa isla era él. Con la guardia en alto mantuvo su sonrisa desafiante entendiendo que su propuesta para un duelo había sido aceptada pese a las diferencias en las formas que ambos manejaban; uno era un salvaje, bruto y violento que buscaba adrenalina constantemente a través de combates, el otro era un gigante. — Sí quiero saber el tuyo, a mis rivales dignos siempre les dedico una elegía tras vencerlos. Tee he he heee —Aclaró riendo a todo pulmón, emocionado al fin y dispuesto a desquitar toda la frustración que sentía contra esa isla. El hundimiento del Crimson Stage, el hambre, el calor, odiaba todo lo que esa isla representaba. La quemaría hasta sus cimientos de ser necesario, pero antes, disfrutaría la adrenalina del baile frenético.

La explosión del volcán automáticamente bañó su cuerpo en sudor, el calor era abrumador pero su mirada estaba fija en el objetivo. De todas manera no sería suficiente para reaccionar ante el implacable avance del gigante, la danza de la muerte había comenzado y solo uno de ellos saldría con vida.

Sintió el impacto contra su cabeza. La sangre comenzó a brotar por su rostro, su sonrisa mostró ambas hileras de dientes manchados con el carmín de su sangre. Los ojos dorados del capitán eran los de una bestia frenética, pues la modesta timidez que esgrimía socialmente palidecía ante la flagelante necesidad de aquel hombre enloquecido por los combates que solo conocía el placer de la vida a través de herir, y ser herido.

— ¡Me toca! —Añadió volviéndose una criatura abismalmente pequeña aun para criterios humanos. Instantáneamente se volvió en su forma completa saltando dos metros para usar ambas garras tensando todos los músculos de hierro de su cuerpo para golpear la muñeca del gigante que sostenía el garrote con una de sus habilidades más letales, simples y efectivas en pos de desarmarlo. Por la frenética velocidad del pequeño animal, sabía que el enemigo no podría reaccionar ante su fuerza engañosa.

Cuando los dos golpes simultáneos y directos de las garras del topo, cual espadas, golpearon la muñeca del gigante por la cara interna del brazo, la maza voló cayendo en la lava que rodeaba el campo de batalla de los rivales. El mismo gigante fue lanzado hacia en este por la violencia del impacto, aunque sin verse derribado. Sin dudar el topo apenas hubo aterrizado saltó, siguiendo la inercia del gigante en movimiento por el impacto previo, hacia el torso del oponente expuesto para seguir su ofensiva feróz. — El nombre del hombre que va a matarte es Eros Focalor —Expresó a la par que daba un siguiente golpe aprovechando el aturdimiento que había generado en el gigante, el mismo fue directamente al esternón del mismo con su pata delantera derecha efectuando el golpe a la altura del pecho para caer nuevamente a los pies del gigante afirmando sus pata en el suelo.

Confiaba en su sentidos para reconocer la actividad sísmica del lugar y el rival era lo suficientemente oloroso para identificar su aroma con facilidad, debía aguantar el calor, endureciendo su cuerpo para preparar los embates climáticos y de su rival.
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Ataud
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2868 - 359 = 2509
Energia: 2019 - 277 = 1742
Espiritu: 645 + 0 = 645
#5
Luego de lo que se sintió como una eternidad a causa del calor asfixiante que emanaba, el volcán deja de rugir. La erupción se detiene tan abruptamente como comenzó, dejando los ríos de lava corriendo a los costados del cuadrilátero mientras el calor baja su intensidad gradualmente. Ya no es ese infierno insoportable que quemaba los pulmones, ahora es solo fuerte, constante, haciendo que el aire tiemble, pero sin ser asfixiante. Tras el ataque de Cassius el cuerpo de Eros se encoge instantáneamente, su sangre manchando sus dientes en esa sonrisa que no se borra a pesar de la adversidad. Cassius ve la transformación desde su posición a diez metros de distancia. Con incredulidad, sus ojos rojos ven como el humano de piel pálida desaparece y en su lugar queda un topo diminuto, abismalmente pequeño en comparación – ¿tan fuerte había sido su golpe que había alterado la composición física de aquel humano? – No entiende completamente qué acaba de pasar, pero sus instintos asesinos le gritan que a pesar de lo ilógico y ridículo de la situación el combate no ha terminado. El topo salta dos metros, sus garras extendidas como hojas de espada, moviéndose con una velocidad que Cassius no logra procesar. Las garras impactan en la maza de diez metros de longitud, justo en el punto que conecta la cabeza del arma con el resto del cuerpo. El sonido es un crack agudo y limpio. Diez metros de metal negro se revientan en dos pedazos bajo la fuerza engañosa de esa criatura diminuta, las cadenas desprendiéndose y tintineando salvajemente mientras los fragmentos vuelan hacia la lava. El metal negro gira en el aire, todavía manchado con sangre del velociraptor y sangre fresca de Eros, antes de sumergirse en el magma burbujeante con un siseo que augura su fin.
 
Cassius se queda perplejo, con las manos en posición de sostener la maza pero ahora solo agarra aire caliente. Sus ojos parpadean una vez antes de mover la cabeza hacia la lava donde ve las burbujas rojas consumiendo lo que queda de su arma. La perplejidad atraviesa su rostro por primera vez, reemplazando brevemente esa sonrisa demente con confusión pura. El topo, quien era más veloz de lo que Cassius era capaz de procesar, había saltado nueve metros hacia el Este en la misma dirección en la que voló la maza de Cassius, por lo que al Cassius girar la cabeza para ver su maza ser devorada por la lava, también pudo ver como una pequeña criatura terminaba de impactar el aire con su pierna. Estaba a doce metros de distancia en diagonal recta, a seis metros de la lava, luego de ejecutar esa patada que corto el aire vacío. No es la primera vez en su vida que se ve abrumado por tanta información que es incapaz de procesar. Múltiples preguntas llenan su cabeza con conjeturas que son inútiles de intentar razonar en este momento. Y eso lo llena de odio. Un rugido emerge de su garganta, grave y furioso, reverberando en el aire caliente. Sus dientes se aprietan hasta crujir, las venas en su cuello se marcan fuertemente. Cassius corre, cada paso haciendo temblar el suelo mientras devora los doce metros que lo separan del maldito bastardo que rompió su preciada maza. Sus brazos se levantan a ambos lados, los puños cerrándose con tanta fuerza que los nudillos se vuelven blancos, y los lanza hacia el centro buscando atrapar al topo entre ellos – “¡Me importa una mierda tu nombre!” – grita mientras sus puños vuelan – “¡MUERE!” – los puños chocan con un boom sordo y masivo que sacude el aire, aplastando todo lo que está en el medio. Sangre explota entre sus dedos, caliente y espesa, goteando por sus nudillos mientras mantiene sus puños unidos, apretándolos más y más fuerte. Cassius deja de triturar a Eros dejándolo caer al suelo, su respiración pesada y entrecortada, esa sonrisa demente regresando a su cara mientras ve en el suelo al humano que de alguna forma se había convertido en un topo.
 

 
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#6
Sus errores de percepción le habían costado caro al topo que sintió el martilleo de los puños impactando con violencia contra sí, su falta de reflejos le iba a costar caro en esa situación sintiendo la presión contra su craneo cómo si este fuese a estallar. En un instante la luz volvió a sus ojos, el mundo giraba más violentamente que aquella vez que había descendido de la Montaña Reversa, sabía bien lo que significaba cayendo sobre su rodilla derecha con ambas manos en el suelo. De su boca brotaban hilos de sangre, desorientado y aturdido podía sentir el dolor como una corriente eléctrica que recorría cada músculo de su cuerpo. Entonces sonrió, era para eso que vivía despues de todo, esa adrenalina lo hacía sentir verdaderamente vivo. — Argh... —Con un quejido se levantó del suelo con dificultad, y entonces las palabras de Kiyoshi resonaron en su cabeza como un recordatorio aciago.

"...asegúrate de no buscar la muerte. Si te veo ir derecho a un destino sin salida, yo mismo te castigaré."

Gruñó sonriendo en el momento que volvía a su forma completa para avanzar con rápida tracción de sus cuatro patas por debajo de la envergadura del gigante posicionándose exactamente a espaldas de éste un metro, procediendo automáticamente a arremeter con un salto de diez metros diagonales de alto hacia la espalda del gigante esgrimiendo sus garras cual navajas con dos rápidos zarpazos ascendentes a la par que impactaba con sus cuatro patas aterrizando sobre la espina dorsal del mismo que, por la posición diagonal del impulso del topo y la naturaleza del impacto, buscarían lanzar al gigante en dirección de la lava haciendo claras sus intenciones de aprovechar el terreno en contra del gigante así no fuese efectiva en ese momento. Necesitaba más fuerza.

Quería que corriese el mismo destino que su arma que ahora ardía al rojo vivo como un recuerdo de lo que alguna vez fue. El capitán de los piratas de la Sepultura no era un hueso fácil de roer, y se lo iba a demostrar al gigante sin importar los embates que tuviese que resistir. La gloria del combate lo impelía, no se trataba de resultados, sino de demostrarse a sí mismo donde estaba su techo.

Apenas su ataque coordinado impactó, el topo usó el mismo movimiento de su técnica como un punto de sostén contra la espalda del gigantesco enemigo aprovechando su peso actual (100 gramos) para impulsarse nuevamente con un salto a 20 metros de la posición inicial del gigante, aterrizando a 4 metros del otro extremo del campo de combate con la guardia en alto para esperar la embestida del enemigo.

Ataud
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2509 - 1249 = 1260
Energia: 1742 - 149 = 1593
Espiritu: 645 + 0 = 645
#7
Cassius abre sus puños y deja caer el cuerpo destrozado del topo. El humano golpea el suelo con un ruido sordo, su forma pequeña rebotando ligeramente antes de quedarse inmóvil por un segundo. El impacto del ataque ha dejado aturdido a Eros, su cabeza girando violentamente mientras hilos de sangre brotan de su boca y gotean al suelo. Sus manos tocan la tierra caliente, sosteniéndose apenas mientras el mundo da vueltas a su alrededor. Cassius observa desde arriba, satisfecho, esperando que el insecto finalmente se quede quieto y muera como debe – “Y así, gusano, llega tu fin.” – dice a un Eros que no llega a escuchar las palabras de Cassius dado su estado de confusión y desorientación. Pero Eros sonríe. Con un quejido se levanta del suelo, sus piernas temblando bajo su peso mientras se obliga a pararse. Y entonces su cuerpo se encoge otra vez, instantáneamente, regresando a esa forma de topo que Cassius no logra entender. La criatura diminuta corre, moviéndose tan rápido que Cassius apenas registra un borrón oscuro pasando entre sus piernas, deslizándose por debajo de su envergadura masiva. Algo impacta su espalda con fuerza brutal. El topo ha saltado, sus garras extendidas como navajas, y conecta dos zarpazos ascendentes que rasgan carne y músculo. Las cuatro patas del topo impactan contra la columna vertebral de Cassius justo después de los zarpazos. El dolor explota en la espalda del gigante. Una línea profunda de carne abierta aparece en su espalda, sangrando inmediatamente en cascadas rojas que manchan el suelo con más sangre. Cassius ruge – “AHHHRRG” – un sonido que sale desde lo más profundo de su pecho, grave y furioso. Sus dientes se aprietan hasta que siente que van a romperse. Las venas en su cuello explotan en relieve bajo su piel. Luego de tres segundos, gira violentamente buscando al maldito animal pero no lo encuentra donde debería estar. Levanta la cabeza y observa cómo, veinte metros hacia atrás, aterrizando a cuatro metros del otro extremo del campo de combate, el topo se encuentra en posición desafiante.
 
“¡MALDITO BASTARDO!” – grita Cassius, su voz rajándose por la furia. Sus ojos rojos brillan con odio – “¡TE VOY A ARRANCAR LA PIEL A TIRAS!” – Cassius corre otra vez, sus pasos haciendo temblar el suelo del cuadrilátero. Veinte metros lo separan de Eros. Avanza diez corriendo y pega un salto en el aire buscando cubrir el resto de la distancia, su cuerpo viaja a 5 metros de distancia del suelo trazando una parábola descendente destinada a caer sobre Eros. Ya no tiene su maza, su preciada arma. Solo tiene su cuerpo y su odio, y eso va a tener que ser suficiente para despedazar a ese insecto que se atreve a herirlo, que se atreve a romper su maza, que se atreve a desafiarlo en su propia isla.
 

 
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#8
Aunque el topo era ciego el suelo, y su olfato, le proporcionaron la información que necesitaba para entender lo que estaba sucediendo. Una serie de temblores marcaron el avance de los pasos del gigante, finalmente Eros dejó de sentir esa embestida cargada de furia más podía seguir el movimiento del enemigo guiado por su olfato. ¿Diagonal, ascendente? Arriba. Las patas de Eros fueron rápidas así como su instinto, el mundo pareció moverse en cámara lenta en ese momento, aplicando un reposicionamiento hacia el este con un paso lateral de tres metros que lo alejaría del epicentro del impacto del gigante.

No obstante su maniobra no terminaría ahí, pues mientras el gigante caía Eros se impulsó hacia el firmamento con un salto de seis metros quedando un metro por encima del gigante. En un movimiento de intercepción aterrizó en la espalda del mismo aprovechando la inercia de la caída sin control del gigante que en un principio buscaba aplastarlo para lanzar dos poderosos golpes con sus puños contra la espina dorsal del gigante en el aire. Eros lo estaba disfrutando, pese al dolor, pese al odio que le profesaba su enemigo; el sentía haber encontrado un oponente digno.

Y, como era habitual para el topo, apenas el gigante hubo impactado contra el suelo saltó desde la espalda del mismo ésta vez otros 20 metros en un vuelo rasante por encima del campo de batalla hasta el punto previo de donde había saltado anteriormente en el este haciendo uso de sus especialidad: Golpear, y reposicionarse. Estaba listo para otra acometida por parte del gigante, ninguno de los dos tenía los reflejos suficientes para reaccionar a las maniobras del otro convirtiendo esto en una danza de desgaste que el capitán de los piratas de la Sepultura estaba dispuesto a ganar, con una sonrisa de lado a lado que denotaba lo vivo que se estaba sintiendo, completo, realizado por el fragor de la batalla.

Ataud
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1260 + 12 = 1272
Energia: 1593 + 14 = 1607
Espiritu: 645 + 0 = 645
#9
Cuarenta minutos han pasado desde que el volcán de la hora erupcionó y transformó el terreno en un cuadrilátero rodeado de lava. La lava que corre a los costados del campo de batalla ha empezado a solidificarse en la superficie, formando una costra negra y agrietada donde el magma todavía activo burbujea por debajo. El calor sigue siendo intenso, pero ya no es ese infierno insoportable de antes. Ocasionalmente la costra se rompe en algún punto y el magma líquido emerge brevemente antes de volver a cubrirse. Según el peso del individuo, pararse sobre esta costra sería un error fatal pues, debajo de esa apariencia sólida, todavía arde la muerte líquida.
 
Cassius continua su trayectoria en el aire la cual es evitada fácilmente por Eros quien decide no esperar a que el gigante caiga al suelo para aprovechar su velocidad y subirse a la espalda de su rival mientras viaja en el aire para luego propinarle dos golpes contra la columna vertebral del gigante, justo donde las garras ya abrieron una línea profunda de carne desgarrada. El impacto hace que la sangre explote otra vez, salpicando en todas direcciones mientras Cassius ruge de dolor en plena caída. Sin embargo, esto le ha dado a Cassius información importante de la posición de su rival. Información que resultaría catastrófica para el topo. El impacto contra el suelo es inevitable y ambos seres se ven precipitados ante el efecto de la gravedad. Cassius contaba con eso y ya había preparado su siguiente ataque. La cabeza del gigante se clava en la tierra volcánica con la fuerza de toneladas cayendo desde cinco metros de altura. El suelo se agrieta y el polvo explota en una nube gris que envuelve el cuerpo masivo. Pero Cassius no se detiene. En el mismo instante en que su cabeza impacta el suelo, usa el punto de contacto como pivote. Sus manos se juntan sobre su pecho. Sus piernas se cierran contra su cuerpo. Y empieza a girar. El cuerpo masivo de quince metros rota sobre su cabeza como un tornado de carne y músculo, ganando velocidad con cada revolución. Los tatuajes en espiral en su torso parecen moverse con el giro, creando un patrón hipnótico de líneas oscuras.
 
Eros, por su parte, salta utilizando al gigante de apoyo lo cual le da la información a Cassius que necesita, la ubicación de su rival y su movimiento. El tornado que ahora es Cassius avanza hacia Eros a una velocidad que no puede procesar, devorando la distancia entre ellos en segundos. El topo no tiene tiempo de reaccionar. El impacto da de lleno en todo su cuerpo. El cuerpo giratorio de Cassius golpea al topo con la fuerza combinada de toda su masa en rotación. Eros sale disparado 6 metros hacia el Este, su pequeño cuerpo volando por el aire y aterrizando en el borde del cuadrilátero donde para su fortuna la lava se ha solidificado y debido a su ligera complexión la capa sólida que se ha formado no se rompe bajo el peso del topo. El tornado de Cassius se detiene gradualmente, el gigante desacelerando su rotación hasta quedar plantado en el suelo, todavía usando su cabeza como base. Luego se impulsa con un movimiento explosivo de sus brazos levantándose completamente y quedando a 6 metros de distancia de su rival. En su rostro se puede observar esa sonrisa demente que nunca abandona su cara. Sus ojos rojos están fijos en el topo esperando a ver su siguiente jugada.
 
Aunque nunca lo vaya a confesar ni a aceptar, está disfrutando del combate.
 
“¡GYOOOO HOHO HOHO HO!”
 

 
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#10
El oponente era bueno, porque también era una bestia salvaje y podía entenderlo a la perfección. Eros recibió el impacto del torbellino de la muerte de lleno sin poder prever que había esquivado un impacto de lleno por poco, aunque no había suficiente pese a sus esfuerzos. Cayó sobre la lava sólida, estaba caliente más sus pies no se quemaron por fortuna pues bien sabía que terminaría corriendo el mismo resultado que la maza del gigante. El mismo reía alborotado por el combate, y el corazón de un guerrero sabe cuando encuentra un igual, cuando ríe pese a las diferencias porque lo estaba dando todo, porque la adrenalina de la guerra hervía por sus venas. El capitán de los piratas de la Sepultura lo respetaba, sin duda, pero más allá del respeto había una realidad: Solo uno podía salir vivo.

A lo largo de los cuarenta menos Eros no solo combatió con el residente del volcán, sino que se fue empapando en los detalles del ambiente. El olor del azufre, el movimiento sísmico bajo sus pies, la naturaleza caprichosa del volcán. Algo bien sabía, y es que todavía no había mostrado todos sus ases bajo la manga al gigante. Su vida pendía de un hilo, podía sentir que estaba pronto a su límite por las heridas que había recibido. El impacto de los golpes del gigante, contundentes y sublimes, habían causado gran daño interno asumió a medida que sangre seguía brotando de su boca más nunca dejó de sonreír porque ahora le mostraría todo su potencial.

Eros saltó diez metros en dirección al gigante, más no impactó pues era una finta aprovechando el trazo al ras del suelo de su trayectoria de salto para caer con ambas patas delanteras frente a su cabeza zambulléndose por primera vez desde que el combate había empezado bajo el suelo. Tenía un plan, solo necesitaba ganar tiempo y para ello avanzaría lo suficientemente profundo para eludir la visión del gigante más cuidándose del suelo piroclástico. Por su sentido aumentado del tacto, y su habilidad de movimiento fosorial podía nadar consciente de que la isla, el terreno, el volcán y la tierra alrededor de su cuerpo no era una trampa mortal, sino una oportunidad.

La tierra a su alrededor era fresca, la vegetación en la cercanía denotaba que el terreno era apto para la vida y por ende, el topo avanzaba...

Ataud


Contenido Oculto
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1272 - 665 = 607
Energia: 1607 - 6 = 1601
Espiritu: 645 + 0 = 645


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