[Presente Absoluto] Ozymandias
#1
20 de Verano, Año 17
12:25
Rainbase
Vengo de aquí

La ciudad de los sueños.
Ese era el nombre que muchas personas le daban a este lugar, Rainbase.
Una ciudad relativamente alegre y concurrida, con ciudadanos de todas las edades y vida tanto nocturna como diurna, aunque muy diferente una de la otra.
Tras mi estancia en el Ranara Club volví al barco para abastecerme de dinero y desprenderme de mi capa, así como para ver a Lustig y descansar un par de días. Después caminé por el desierto y por Alubarna, observando las edificaciones y la cultura de esta gente, aprendiendo más cosas sobre la inmensidad del mar azul. Había tenido tanta prisa por apoderarme del Distrito de las Finanzas del Bajo Mundo, que había perdido de vista el disfrute del viaje. Más de una vez miré el Den Den Mushi pensando en llamar a Viktor para saber cómo iban las cosas, pero entendí que si él tampoco llamaba, era porque estaba lo suficientemente ocupado como para no hacerlo. De Shoto ni me preocupé, probablemente no sabría ni en qué día estaba y llevaría semanas sin salir de alguna habitación llena de alambiques y mierdas de esas que le gustaban a él.
Sonreí con nostalgia recordándolos. Estaba harto de ellos y necesitaba viajar, pero también los echaba de menos. Eran mis compañeros.

Y ahora, estaba en Rainbase. Caminé por sus calles durante varias horas, tranquilo, sólo cubierto por mi casco y con mi uniforme verde grisaceo habitual, con Hellhound a la espalda y Emperor ronroneando levemente mientras soltaba alguna voluta de humo puntual. Llegué a la plaza central de la ciudad, la plaza mayor, parándome a observar el lugar. Era un terreno distribuido como un cuadrado y muy amplio, por lo menos de cien metros por lado. Cada uno de estos estaba delimitado por veinte arcos paralelos de roca arenisca y arcillosa, una piedra franca de color hueso, y entre un arco y otro, en la columna que creaban, había un grabado del rostro de una persona ilustre junto con su nombre y por lo que estaba ahí. Había pintores, escritores, científicos, maestros, guerreros, reyes... era un homenaje a su historia y a sus gentes.

La zona por la que yo había accedido desembocaba en una calle principal, como los lados a mi derecha y a mi izquierda, y frente a mi sobre los veinte arcos de ese lado se alzaba una imponente fachada de un edificio más importante, con motivos románticos y religiosos de la cultura y las gentes de aquí, culminando en una cúpula adornada de jade y piedras preciosas, por lo menos alcanzando otros cien o doscientos metros de alto. Era colosal. La gente caminaba por la plaza cruzando de una calle a la otra, exponiéndose al sol que había reinando literalmente encima de aquel lugar, proyectando las sombras de todos hacia el lado al que se dirigían caminando, en un espectáculo de luces digno de ver, un fenómeno de la naturaleza. No había ni una sola nube en el cielo, y el graznar de algunos pájaros que pasaban por la zona era lo único que se diferenciaba del ruido propio de la aglomeración de gente.

Me paré en el centro exacto de la plaza. No había absolutamente nada excepto personas en este sitio y ninguna parecía excepcionalmente sorprendida por mi implante ciborg, excepto los niños pequeños. Giré sobre mi mismo para apreciarla y poder contemplarla en su totalidad. Era una estructura magnífica digna de poder contemplarla al menos una vez... Viktor y Shoto tendrían que ver esto.





Resumen

Inventario
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#D86700
#2
20 Verano, Año 17
12:25pm
Rainbase
Vengo de AQUÍ

Un silencio prolongado se había cernido sobre su propia mente. Después de aquella visita al casino, había tomado el mismo rumbo que su Jefe hasta el barco que hacía algunas semanas había reparado. Pudo haber usado su ventaja de carpintero como excusa, pero prefirió ser sincero desde el inicio; quería llegar a lo más alto a base de esfuerzo y sin freno. Le quedaba un largo camino por delante, apenas acababa de aprender un Haki que todavía tenía que manejar mejor y, según recordaba, había mencionado otros tipos más de Haki. ¿Serían como los de observación? ¿Qué tanta dificultad tendría aprender cualquiera de ellos? Sabía que, en comparación, todavía le quedaba un largo camino por delante. Era orgulloso, su supervivencia se había dado en base a eso, formando la persona que era hoy. 

Perdió la cuenta del tiempo que había transcurrido, él mismo trató de volver a hacer uso del Haki en la privacidad, desde el interior de su camarote. Ver desde el interior cómo los soldados de Sohem iban y venían, poder ver a través de esas puertas los colores de aquellas cosas a las que él mismo bautizó como “auras”. Colores distintos, formas distintas y, por supuesto, la más distinguible la de Sohem, con quien no había tenido demasiada conversación. Sus ojos revisaron el Den-Den Mushi, aquel caracolito que ahora mismo tenía aparentemente la misma mirada que él. Una vez más su mente viajó a aquella mirada que comenzaba a extrañar cada vez más, esos ojos azules y aquel cabello rubio tan fascinante como único. 

No hacía mucho que se había reencontrado además con quienes no esperaba en la propia Arabasta, apenas un día antes. No llamaría eso algo emotivo, pero sí una sorpresa. ¿Había hecho bien al hablar con ellos? No es que les tuviera verdadera desconfianza, estaba calmado, y al menos había pasado un rato agradable en la ciudad de Alubarna, donde había preferido descansar esa noche y aprovechar para encontrar ese alivio sexual fuera del barco de Sohem. Por ese día se decidió en dar otra vuelta, esta vez en otra parte de la isla. Una vez más, arrepentido por el horario, el calor abrasador. Lo peor era que, pese a la petición de su nuevo jefe, todavía se le dificultaba seriamente tutearlo, ya acostumbrado a hablar con respeto. Poco a poco lo iría haciendo mejor, debía tratar de quitarse esa costumbre. Tampoco es que hablara con demasiada confianza con mucha más gente. 

Su cigarrillo lo acompañaba, una vez más, habiéndose cansado de tener que aprovechar la corbata e incluso su abrigo de traje, viéndose obligado a solo usar su chaleco. Para colmo, tuvo que volver a desabrocharse algunos botones de su camisa, sintiendo el abrasador calor del entorno del que todavía no conseguía habituarse, del mismo modo que todavía no lograba habituarse en ver aquellas ciudades, las edificaciones que para él resultaban novedades dignas de recordar, omitiendo el clima, por supuestísimo. 


No se percató hasta entonces de que estaba llegando al centro de la plaza, donde todavía había algunas personas y lo pudo ver claramente, la figura característica de Sohem allí mismo. No se cuestionó su presencia, asumía que era un hombre ocupado, pero no esperaba reunirse de nuevo después del reencuentro con algunos miembros de la Sepultura. No dudó en acercarse, cigarrillo entre sus labios.

—¿Te pillo en mal momento?

Trató de dejar las formalidades, como tantas otras veces había intentado. Probablemente todavía existirían dificultades, mas ahora lo iba a intentar con un poco más de ímpetu. —No esperaba encontrarte por aquí, Jefe. ¿Negocios? — La pregunta se quedó en el aire, sentándose a su lado. Elevó su mano, sacudiéndola frente a su rostro en un nuevo intento de calmar el calor que lo mataba por dentro. Dejó caer la ceniza, perdiéndose por el suelo. El cigarrillo ya amenazaba con terminarse.

 
—Espero no le-... no te importe que te haga un poco de compañía.

Tenía en mente quizás invitarlo a algunas copas, no le venía mal tampoco él un poco de compañía. ¿Todavía tendría en mente la idea de irse solo? No iba a dejarlo atrás. No es que hubieran ganado tanta confianza entre ellos más allá del aprendizaje, pero iba en serio con querer ir más allá de allí, seguir adelante, mejorar. Le quedaba un largo camino por delante. Llegó un punto en que se dio cuenta de que, incluso, estaba cayéndole bien pese a sus modales. Tendría que acostumbrarse teniendo en cuenta que no sabía qué o quién le esperaba allí fuera.

Cajita de Tabaco
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#3
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-Va a ser jodido cuando me quite el yeso. Tengo entendido que tengo que hacer como entrenamientos para recuperar la mobilidad y así.-

La presencia del pelirrojo junto con su compañera en Rainbase era, cuanto menos, pasar el tiempo en aquel clima caluroso del cual el chico empezaba a acostumbrarse. El sudor de su cuerpo, hace tiempo, había cambiado; Ya no era una sensación húmeda, molesta y olorosa en cuanto se propagaba, sino, todo lo contrario. A su vez, también resultaba ser espesa, aceitosa, pasarle la mano por el mismo hacía que este se arrastrase un poquito y apelotonase, engordando su forma hasta ceder por la gravedad muy poco después, tal cual ocurre con el aceite. La fractura provocada por el sujeto del yelmo blanco era un recordatorio de cómo había pasado el tiempo, varias semanas, desde aquello, pero había ganado un poquito de destreza con su brazo derecha del cual prácticamente nunca había utilizado para mucho más que escribir. El mundo de los zurdos, ciertamente, suele ser hostil -Los bollitos con carne que venden por aquí están de locos, ¿A que sí?- preguntaba el chico que, con su compañera de velo blanco al lado, habían decidido aproximarse a uno de los lugares más pintorescos de todo Arabasta: Rainbase.

La plaza principal que se encontraba tanto transitada como fuertemente ornamentada, pudiendo apreciarse esto a la distancia, permitía la observación de ese pintoresco lugar que, invadido por el sol atronador, hacía que, a la distancia prudencial, se provocase cierta distorsión de plena refracción admosférica, aunque a la distancia de diez metros pudiese identificarse dos siluetas que el chico reconocía muy, muy bien -...esos...son...- el chico empezó a empequeceñer la vista, frunciendo el ceño. Alto, de cigarro y aspecto oscuro, demasiado para los tonos amarronados típicos de los ciudadanos. Un poco más abajo, de ropas verdosas y ese casco tan inevitablemente propio de él.

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-Sohem y Jin, ¿Qué cojones hacen ahí?-

Habló en un tono de voz solo perceptible por la mujer a su lado y por cualquiera que pulule por las cercanías. El pan de pita relleno de carne en su mano derecha liberaba un poco de su relleno, cayendo y rodando una pelotita marrón por unos centímetros, haciendo que un pájaro timidón fuese en su búsqueda casi de manera automática. El chico se detuvo en cuanto los vio de lado izquierdo y, debido a la cercanía de la páreja y pudiendo entender la intención, el muchacho quiso prestarles atención a la distancia -Gwen.- la mencionó, evidenciando su presencia no muy lejos en lo visual debido al enorme mamotreto que yacía en su brazo izquierdo -Practiquemos una cosa.- no le miraba, sus ojos se mantenían hacia adelante hasta que empezó a moverse hacia la izquierda vista en forma cenital, ubicándose delante de algunas columnas muy típicas de la zona.

Su atención se enfocó. A veces resultaba difícil hacerlo con normalidad, pero quería ver qué tanto podía repetirlo. Expandió su presencia en cuanto frunció el ceño y, con la columna opacándole toda la visión de la plaza, pudo observar todas y cada una de las auras que yacían a, aproximadamente, 100 metros a su alrededor en forma de cúpula. Nada más que el sol yacía en su superior y, quienes resaltaban con fuerza debido a diferenciarse en poder, eran aquellos dos en el centro de la plaza: Granate oscuro en degradé y humeante. Rosa chicle en degradado oscuro y humeante. Los destellos de colores volaban en todas las direcciones en forma de radar pero pudo repetirlo otra vez, "ver sin ver" -¿Puedes verlos?- porque lo habían practicado juntos en todos estos días, pero no habían tenido la oportunidad de volver a hacerlo hasta ahora -Somos un poco cotillas,- volteó a su derecha, buscando el rostro espectacular de su compañera, sonriéndole con simpatía y complicidad -pero nos viene de lujo ver qué tanto hemos avanzado hasta ahora, ¿No?- y, de la misma manera, ser capaces de sentir las emociones de desenfreno, apuro, stress, alegría y relajación de muchos de los transeúntes.

Defuse the Bomb:
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3641 + 0 = 3641
Energia: 3715 + 0 = 3715
Espiritu: 1288 - 73 = 1215
#4
—Seguro encontramos un doctor por ahí, no te preocupes mucho — intentó mantenerse con ánimos y esperanzas, porque aún existe una larga cosas de qué hacer y el brazo de Owen es claramente una de esas. No puede tenerla rota por siempre — Me gustaría poder ser de más ayuda — no dijo cómo, porque aun no aparece una idea clara en la mente, solo es un deseo sin nombre o idea, es un anhelo que se acerca a un sueño, pero el anterior fue ver ¡Y ahí está encontrándose con colores! Unos que la hicieron preguntar los primeros días, pero ya se los ha aprendido.

Y puede imaginarse cómo es un atardecer o los colores de un día de invierno, todo aparece, de manera abstracta, pero llena de sensaciones y tonos nuevos.

—¿Huh? — no escondió que no ha oído sobre los bollos, porque su mente no se ha detenido en ningún momento, por lo tanto la idea no permaneció, simplemente se deslizó con el resto. Mientras su mano apretó la comida que han conseguido de manera inconsciente — ¿Me lo repetirías?

Hizo un ademán de decir algo más, cuando las palabras de Owen la obligaron a buscar entre la multitud y avanzar más allá de ser necesario con ese poder especial que han aprendido. La mayoría habría entrecerrado los ojos, pero ella no, simplemente suspiró, intentando controlar una habilidad que sigue sin perfeccionarse del todo.

—Es verdad, son ellos —

Una sensación que ya conoce, un aura que pudo reconocer, no necesitó mucho más para confirmar que están ahí las otras dos personas con las que viajan — Claro que puedo hacerlo — asintió con suavidad, porque en realidad ella no lo ha dejado de usar o al menos lo ha intentado desde el momento que pudo realizarlo ¡Es algo nuevo! Como un juguete del cual no se puede despegar, una novedad que no es opcional, sino necesaria.

—¿No crees que les moleste? — no mostró miedo, sino una genuina preocupación de no invadir el espacio ajeno, aun así no insistió, simplemente se acomodó junto a Owen, esperando encontrar un sitio mejor para jugar a las escondidas ¡Unas inútiles si cuentan con que Jin y Sohem pueden hacer lo mismo! Ver más allá de lo que el ojo puede observar.

—Te apuesto que puedo ver mejor que tú — le golpeó con suavidad el hombro, sin la necesidad de palpar nada, como si fuese una persona normal, lo hizo con naturalidad. Porque ahora está ahí, mientras el resto se encuentra allá, envueltos en una oscuridad, pero no importa.

No está vacío.

Sino, medio lleno.


ପ(๑ˊᗜˋ๑)ଓ Hola ia llegué 
[Imagen: Gwendolain.gif]
#5
Arabasta ya no era un sitio de paso para la pareja de buccaneers. Llevaban demasiado tiempo por allí, bajo ese sol horroroso, respirando arena y acostumbrándose al calor. No habían estado de vacaciones precisamente; entrenamientos, golpes hasta que los nudillos sangraban, incluso habían llegado a enfrentarse entre ellos. 
Habían mejorado, eso estaba claro. Más duros. Más fuertes. Más preparados. Pero también más inquietos. Porque cuando haces algo grande y nadie lo cuenta, es como si el eco se quedara atrapado en tu propio pecho, y eso es lo que llevaban rato vociferando por las calles. 

El sol caía sobre Rainbase como si quisiera aplastar la ciudad entera, pero lo que realmente estaba calentando el ambiente no era el clima, era la voz grave que resonaba por una de las calles principales mientras dos figuras enormes avanzaban sin intención alguna de pasar desapercibidas. Sigurd y Ubbe avanzaban alzando la voz por las calles de Rainbase. 

- ¡Que no salimos, man! ¡Que no salimos en ningún lado, bro! - la voz de Ubbe retumbaba por la calle antes incluso de que pisaran la plaza. Llevaba el periódico abierto y arrugado al mismo tiempo, como si fuera una ofensa personal impresa en papel.
- ¡Ni una fucking línea! ¡Nothing! ¿Tú ves algo aquí? ¿Ves nuestros nombres? ¡Yo no veo una fucking shit, man! 
Iba andando enfadado, sin bajar el volumen ni un poco, la gente apartándose más por puro tamaño que por miedo real. El sol le daba igual. Lo que le quemaba ahora era el orgullo.
Chasqueó los dedos señalando el papel.
- El señor Pituta. O Piruta. O como coño se llame. ¿¿Vaya pedazo de motherfucker, dónde coño está lo que nos prometió?? 
Sacudió el periódico otra vez.
- Lo más crazy es que me han duplicado la recompensa, ¡¡pero no dicen ni por qué!! -
Soltó una risa seca, más frustrada que divertida.
- GAHAHAHA… -y negó con la cabeza- Nos cargamos a todo cristo en el sitio de la nieve para que ahora parezca que no pasó nada. Like a normal day. Me cago en todo, bro.
Doblaron la esquina.
La plaza se abrió ante ellos.
Ubbe seguía refunfuñando.
- Vamos a por él, volvemos a donde la nieve, ¡y lo killeamos! -
Y entonces lo vio.
El brillo. El brazo.
Se le fue la indignación del periódico en medio segundo.
Bajó el papel sin darse cuenta y se quedó mirando el metal en mitad de la plaza.
- Yoou… -murmuró.
Y sin cambiar el ritmo, empezó a caminar directo hacia el del casco blanco, abriéndose paso sin pedir permiso, como si aquello fuera lo más normal del mundo.
Se plantó delante, a unos 10m de él. 
Miró el brazo desde la distancia.
- Bro… ¿¿eso es lo que creo que es?? - 
- Tú, el del casco de ahí, ¿de dónde has sacado ese bicho? ¿¿Está fucking guapo, no??
Ubbe le pegó en el brazo a Sigurd mientras decía esas palabras, a la vez que señalaba el brazo mecánico de Sohem. 


INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
#6
Día 20 de verano, año 17
Outfit ---- Sigurd de Arabasta

¿Que nos está pasando?¿Estamos atrapados en las arenas del desierto? Lo que está claro es que llevamos demasiado tiempo aquí, buscando a alguien que no aparece. El hijo de puta de Musashi no se deja ver por ningún lado, y creo que ya es suficiente. Avanzaremos tan pronto como podamos, porque este lugar tan solo me da calor y dolor de huevos. No sé qué nos espera al salir de aquí, pero hemos de volver a la acción, retomar la matanza y el saqueo como forma de vida. Arabasta es una castaña como un pino de grande. Me apetece romper cosas.

Hace Sol. Demasiado Sol, como ya es costumbre. El cuerpo me suda a chorretones y tengo las telas empapadas. Es incómodo moverse así. Cargo con mi arsenal de martillos en el cinto y Yggdrasil reposa en mi hombro derecho, cogiéndola por el mango con senda mano. Por suerte, aunque no hay nubes en el cielo, la temperatura de hoy no es tan excesiva como la de siempre. El calor no te pega un directo en el cogote y te abrasa la piel. No por el momento. 
Nos hemos movido a Rainbase. Después de destrozar Katorea entre nosotros, pensamos que la mejor decisión era moverse a una ciudad mas grande, a ver qué tal. Si aquí no encontramos nada divertido, nos iremos al Veldofirlinr y nos piramos. Al menos aquí las calles son más amplias y están llenas de ornamentación, artesanía y una arquitectura única, llena de arcos majestuosos que cuentan historias propias de artistas del pasado. Sería una pena tirar todo esto abajo por un mal calentón, ¿no? JARUL JUL JUL JUL... Por el momento no hace falta, es bueno pillar algo de sombra de vez en cuando, aunque me toque agachar la cabeza a veces.
Ubbe lleva un periódico en la mano. Está frustrado y con razón. Los cabrones del Gobierno nos han censurado por completo. Hemos arrasado con media isla de Drum y nada, ni en una triste puta esquina sale nuestro nombre. -¿¡ME ESTAS JODIENDO!?- grito mientras avanzamos por las calles abarrotadas, apartando a la muchedumbre con nuestro paso arrollador. -¿¡EN NINGUNA PARTE!?- No me lo estoy creyendo. Es imposible que esto no haya sido intencional, porque nuestras recompensas si que han subido. Encima mi pana Buccaner tiene razón, el comemierda de Viruta nos prometió fama a cambio de matar a todos los hombres del puerto. -Te juro por los dioses antiguos y por los nuevos que nos vengaremos de él, hermano, te doy mi palabra de que me lo pienso comer vivo...-

Vamos avanzando con malos humos y maldiciones varias. Todo es una mierda cuando no reconocen tu trabajo. Pero realmente... ¿Qué más da? ¿Cuánto tiempo pueden seguir ignorando el Ragnarok? Me haré cargo de que sea muy poco. Quemaré cada puta ciudad que me encuentre si es necesario hasta que el nombre de Sigurd Hakkon sea sinónimo de terror absoluto. Es una promesa.
Las calles anchas se acaban rápido y alcanzamos una plaza de grandes dimensiones. Es cuadrada, inmensa de lado a lado y capaz de albergar a un ejercito de tipos tan grandes como nosotros. Se roba el protagonismo la colosal arquitectura que nos envuelve, más que lo masivo de nuestros tamaños. No hay nada que destacar a pie de calle, tan solo gente que cruza de un lado para otro en una marea interminable de hombrecillos de todas las razas y colores. Lo único que llama la atención es una ligera aglomeración de peña, sobre todo críos, atraídos por un tipo con un brazo de metal. Y hablando de críos... Como moscas a la mierda, Ubbe se abre paso mirando el armatoste, como una bola de demolición que no se detiene ni espera que la gente se aparte. Le sigo el paso, sin pasar desapercibidos ni por un segundo. El subterfugio no es nuestro estilo. A mí me pica la curiosidad, pero no es la primera vez que veo un cacharro mecánico similar. Musashi tenia algo parecido, una extremidad de acero. 
Aún así, este tipo tiene algo que me saca de quicio. Esa mascara... Una mascara que le cubre el rostro por completo y que no sé porqué, me suena de haber visto en alguna parte. Imaginaciones mias, supongo. El negrito de ojos claros peca de curioso mientras me da toquecitos en el hombro, acercándonos de más y llamando la atención de todo el mundo gracias a nuestro colosal tamaño y poderosa voz. Sin quitarle un ojo de encima al protagonista de la plaza, me mofo de él respondiendo a mi compañero. -Guapo no sé, pero quien cubre su rostro con una máscara es una sucia rata cobarde, eso te lo aseguro. ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- Me descojono mientras el eco de mis palabras retumba por cada rincón de la plaza. La gente empieza a mirarnos con un poco de miedo. Están aquellos que me reconocen y aquellos que ven a un monstruo de 7 metros de alto sostener un hacha gigante, buscando problemas con un tipo intimidante con un brazo mecánico. 
¡¡¡QUE COMIENCE EL RAGNAROK!!!

Invasión

En efecto, cajita feliz
#7
Pareciera que mi tiempo de ocio había llegado a su fin, pues más pronto que tarde aquel trío acabó por encontrarme sin mayores contratiempos. ¿Y cómo no iban a hacerlo? Si yo les había enseñado la forma de rastrear a los demás sin problemas... El primero en llegar fue Jin, quien pareció alegar que era una mera casualidad encontrarnos y preguntaba si me encontraba aquí por negocios, esperando que no me importase su compañía. Chasqueé la lengua — Oe oe... — dije girando sobre mi mismo para encararle, negando con la cabeza. Parecía que no me iba a librar de ellos así como así, y menos de este hombre, que a todas luces parecía estar decidido a seguirme a donde fuera. Lo miré desde los agujeros de mi yelmo y me cercioré de extender mi Kenbunshoku para mapear la zona y averiguar si los otros dos venían con él.

La expansión de mi Kenbunshoku estaba mejorando, y lejos de sentir a los ciudadanos promedios solamente, me percaté de que efectivamente, Owen y Gwendolyn estaban algunos metros más allá, medio ocultos en la multitud. No me giré a verles, suponía que si estaban a cierta distancia era por algo. O bien habían mandado a Jin a hablar conmigo, o bien preferían estar separados por otros motivos. Me parecía bien, no iba a forzarles a establecer un vínculo conmigo si ellos no querían.
— Sólo ocio — le dije al sudoroso hombre frente a mi — ¿Los niños vienen contigo o te han seguido? — pregunté, pero lejos de poder recibir una respuesta, giré mi rostro hacia el lugar del que provenían dos presencias.
Eran más fuertes que mis tres acompañantes, les superaban individualmente a cada uno.
Eran dos tipos enormes, uno de unos cuatro metros, de piel morena, pelo platino con gafas de sol y pinta de proxeneta barato, y otro detrás de él, de casi el doble de altura, pero vestido ridículamente como una bailarina exótica del desierto pero con martillos y un hacha acompañando la montaña de músculos que eran. Ambos se dirigían hacia nosotros - o hacia mi concretamente - sin importarles empujar a la gente con su avance. El primero de ellos, el más débil de los dos, parecía estar con unas intenciones curiosas y neutrales ante nuestra presencia, incluso impresionado por lo que parecía ser mi prótesis Emperor. El segundo venía con mal humor y una actitud claramente más hostil. Pero fueron sus palabras las que respaldaron las emociones que mi Kenbunshoku estaba sintiendo — Vete con ellos y llévatelos de aquí — le dije a Jin sin dejar de mirar a esos tipos acercarse a mi, chasqueando la lengua.

Eran más fuertes que mis amigos, pero no me llegaban ni a la punta de los talones. ¿Y qué se suponía que era esto? ¿Una especie de intimidación? ¿Trataban de conseguir mi prótesis? ¿Eran dos ladrones con ínfulas?
Emperor crujió y emitió una bocanada de humo, vibrando como un motor como siempre hacía, y metí mi mano derecha en mi bolsillo con tranquilidad — Este bicho es Emperor, y me lo han hecho a medida — respondí mirando hacia el grandullón de las gafas — Y lo voy a usar para reventarte esa puta cabeza de subnormal que tienes si no te das la vuelta ahora mismo y te largas en silencio — añadí, mirando hacia el travestido musculitos, abriendo la mano de mi prótesis y mostrándola mejor, sin necesidad de adoptar una postura más preparada ni más complicada. No eran una amenaza para mi, pero estaba pendiente de que no intentasen nada contra los muchachos o Jin.
Si daban un solo paso hacia mi, iban a descubrir a qué sabía el suelo de esta plaza.





Resumen

Inventario

Bélico

Invasión
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#D86700
#8
Comenzaba a acostumbrarse a su chasqueo de lengua. En un inicio pensaba que solo era por molestia, mas ahora le daba una sensación de habitualidad, tomándolo como parte de su propia personalidad. No se sintió en alerta como en otras ocasiones, sin percatarse de la presencia de los jóvenes. Sus cejas se arquearon al escuchar las palabras de Sohem. ¿Con quién?

—¿Los niños...?

Activó el Kenbunshoku, ahora en estado de alerta, curioso por las palabras. ¿Se referiría a Owen y Gwendolyn? Sus ojos exploraron su alrededor, pudiendo ver claramente lo que reconoció como las auras de los dos. Dejó escapar un bufido con cierta desgana. Apenas hacía poco que se había reencontrado con Eros, y ahora parecía que incluso se encontraba con ellos hasta sin buscarlos. —No, no venían conmigo, supongo que me habrán seguido. — Elevó su mano, dejando escapar un suspiro largo y prolongado, hasta que, súbitamente, una sombra se posicionó frente al condenado sol que hasta entonces lo había estado molestando. Silenciosamente agradeció la presencia que cautivó la sombra, hasta que su cuello se tuvo que elevar más de lo que mentalmente creyó posible. Un tic apareció inconscientemente en su ceja derecha. Ese hombre era demasiado alto. ¿Qué medía? ¿Cuatro metros? ¿Cinco? Demasiado alto para mantener su cabeza en alto demasiado tiempo. 

Pudo ver las gafas de sol claramente, cubriendo sus ojos, el cabello rubio hacia arriba y una sonrisa que probablemente muchas personas encontrarían encantadora... Si no fuera por lo ruidoso y maleducado que estaba siendo con su nuevo jefe. Lo miró de reojo, esperando ver qué iba a hacer. ¿Se dejaría intimid-...? Ah mierda, sí, era obvio que sí. No era solo eso, el acompañante que lo seguía, con su cabello también rubio algo más largo también parecía más que con ganas de pelear, provocándolo todavía más. A diferencia del propio pelinegro, sabía que la paciencia de Sohem no era la misma. 

No solo era eso, había más, mucho más. Gracias a haber activado el Haki para reconocer a Owen y Gwendolyn, pudo percibir que los dos hombres frente a él, por las auras que irradiaban, eran bastante más fuertes que las de los tres que apenas acababan de aprenderlo. El del primero que fue descrito, el de gafas de sol, tenía un aura morada, terminando de forma negra y oscura, oscilaba a su alrededor como si fuera un rayo oscuro. 

Por el otro lado, el de cabello más largo con cicatrices en el pecho tenía a su alrededor algo que más bien parecía aire, viento, en un degradado oscuro, buscando acercarse al ocre, solo oscureciéndose más en tono verdoso, formando un marrón muy oscuro. Es más, la orden no tardó en llegar del hombre de aura rosada, el propio Sohem. Una orden que podría desobedecer, pero también sabía bien que no era buena idea. Dado que todavía tenía que demostrar su fidelidad, no dudó, dejando escapar un suspiro. 

—¿Estás seguro de que no nos necesitas aquí?

A quién quería engañar, claramente no. El aura del propio Sohem era muchísimo más poderosa que la de esos dos en comparación, aquella energía parecía mucho más intensa. .  —Ignora mis palabras. Solo llámame si nos necesitas. — Habló en plural. ¿Por qué? Obviamente porque conocía bien la impulsividad del pelirrojo. No pretendía alejarse demasiado, solo lo suficiente para no verse involucrado en lo que fuera a pasar allí. Eso sí, no se fue sin despedirse en absoluto de los nuevos integrantes. Los reconocía, o al menos los recordaba de haberlos visto en el periódico antes de partir al Grand Line, especialmente al rubio de cabello más largo. —No les recomiendo enfadar demasiado a mi jefe, señores. — Dejó caer, al fin, el cigarrillo en el suelo, expulsando el último halo de nicotina que quedaba en sus pulmones, pisándolo para apagarlo. Cobarde a alguien como Sohem... eso sí era tener pelotas. Su máscara no era decorativa, lo sabía bien, era su símbolo. —Buena suerte.

Antes de que pudieran responderle siquiera, inició la obediencia hacia su nuevo jefe, caminando hasta donde se encontraba la pareja, guiándose, una vez más, del Haki que todavía mantenía activo. Afortunadamente era bastante distintivo y fácil guiarse con algo así, útil si se puede decir de ese modo. No dudó en aligerar su paso, por las posiciones que tenían, claramente los habían estado espiando. Se posicionó calmadamente tras ellos, gracias a su ya elevada velocidad, superior a la de los dos muchachos. 

—Vosotros dos. Nos vamos de aquí.

Habló sin florituras, sus ojos fijos a los jóvenes con una mirada que no demandaba cuestión ni debate alguno, solo dándole mayor firmeza con su voz, profunda y autoritaria, característica como ninguna. —Órdenes de Sohem. — No se iba a alejar demasiado, tampoco pretendía abandonar a Sohem en ese momento, solo una distancia de seguridad que, en caso de querer los muchachos, les permitiría seguirlo hasta allí. —Y por cierto, es de mala educación escuchar conversaciones ajenas, jovencitos. — Lo mejor era hacer caso al líder del Banco, si al final desobedecían, las consecuencias ya no le recaerían a él, sabía que Sohem conocía la personalidad del menor también por lo que, al menos en ese aspecto, en caso de pasar cualquier cosa, ya no estaba en sus manos ni se le podría culpar por desobediencia.

Cajita de Tabaco
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#9
Cinco años. Cinco putos años siguiendo los pasos de este viejo de mierda más fuerte que su puta madre, siguiéndole como un perro sigue a su amo, aunque en mi caso nadie me lo ordenó. Fui yo quien decidió pegarse a Akatora como una garrapata, convencido de que tarde o temprano tendría la oportunidad de sobrepasarle, de derrotarle en combate, de demostrar que era el puto amo, pues este cabron era suficientemente fuerte para mis estándares, lo suficiente para saber que no me equivoqué en decidir seguirle. El resto ha sido una larga lista de islas cuyos nombres me valen tres hectáreas de verga, peleas que no valieron la pena y noches llenas de sexo, alcohol y descontrol que sí lo valieron. El alcohol que bebi durante todo el camino fue lo único que hizo llevadero el viaje, cada puerto tiene su veneno favorito y yo me encargué de probarlos todos. Las camas tampoco escasearon, noches desenfrenadas con hombres y mujeres, los que se dejaron, y los que tardaron más en dejarse, pero finalmente terminaron aceptando sin quejas. Cinco años durante los cuales mis hachas siempre se mantuvieron afiladas y listas para el siguiente combate, a pesar de los pusilánimes rivales que terminaron en el fondo del mar tras enfrentarme.
 
Arabasta fue diferente en el peor sentido. Dos meses. Dos puñeteros meses en esta isla de arena y calor que te abrasa los pulmones con cada bocanada. El desierto huele a nada, la gente pelea poco y el alcohol es mediocre. Las mujeres y los hombres son exóticos, pero tienen poco aguante, una noche es lo más que soportan antes de disolverse y convertirse en muñecos de trapo incapaces de pelear otro round en la cama. Akatora se empeñó en quedarse y yo me empeñé en seguirle, que para eso llevo cinco años haciéndolo, pero mi paciencia tiene un límite y ese límite se llama aburrimiento. Rainbase al menos tenía calles. Y donde hay calles hay tabernas, y donde hay tabernas hay alcohol, y donde hay alcohol hay idiotas que se creen más de lo que son y con eso me conformo de momento. Entramos a la plaza por el este. Yo iba con una playera de tirantes, como la mayoría de días, con mis pantalones de mezclilla azul marino ajustados a la cintura por un cinturón ancho de cuero del que colgaban las cuatro hachas cortas, dos a cada lado. Las dos hacas grandes descansaban cruzadas en la espalda en forma de X, y en la mano izquierda llevaba una botella de whisky a medio terminar, o a medio empezar, según como se mire. En las bolsas del pantalón podía sentir el peso de más bebida lista para cuando se me acabara el whisky. El viejo iba a mi lado cubierto con ese manto ridículo como si eso fuese a camuflar a un hombre de cuatro metros con bigotes de samurái. La plaza principal se abrió ante nosotros, grande, llena de gente, ornamentada hasta el exceso como todo en este país. Me detuve un segundo, le di un trago largo a la botella y dejé que el whisky me quemara la garganta de camino al estómago. Whiksy mediocre, como todo en Arabasta. Mis ojos recorrieron el centro de la plaza donde había un grupo de figuras que claramente no eran ciudadanos normales, pero lo que no había era ninguna taberna a la vista.
 
“¡AKATORA!” – bramé, sin bajar el volumen ni un pelo, haciendo que tres palomas alzaran el vuelo asustadas desde los arcos a 30 metros a mi derecha – “¡O encuentro algo decente que beber en los próximos cinco minutos o le parto la cara al primer pendejo muerto de hambre que se me cruce! ¡Grrr!” – gruñí – “¡Que alguien me venda alcohol o que salga a pelear, bola de maricones! ¡Grrr!” – dejé al viejo detrás fumando como siempre hacía de aquella extraña pipa y me adentré en la plaza sin reducir el paso, esquivando a los civiles que se apartaban solos en cuanto veían venir mis 5 metros de cicatrices y mal humor. Avancé desde el este hasta quedar a 10 metros a la izquierda de una persona incapaz de pasar desapercibida en todo el amplio mundo y un tipo que fumaba un cigarro que estaba seguro no me aguantaría un round ni cogiendo ni peleando. Frente a ellos, dos colosos plantados a 10 metros delante del enmascarado, mirándole como si estuvieran a punto de pedirle algo llamaron mi atención. Y a su izquierda, a unos 10 metros de Sohem, dos figuras considerablemente más pequeñas que intentaban pasar desapercibidas con el mismo éxito con el que el viejo intentaba pasar desapercibido con su manto no se escaparon de mi mirada – “¡Ey, putitos! ¡Grrr!” – rugí, señalando a los dos colosos con la botella – “¿Le estáis pidiendo dinero al dueño del banco Goldreich o quieren chuparle la verga?” – giré la cabeza hacia la derecha sin moverme del sitio y señalé con el mismo dedo a las dos figuras más pequeñas – “¡Y ustedes dos!” – y haciendo un movimiento con la mano abriéndola y cerrándola para indicarles que se acercaran agregue – “¡Si quieren espiar a alguien háganlo mejor, par de pendejos! ¡Grrr!” – y como si aquella frase hubiera activado algo en el chico del cigarro, le dijo algo a los grandulones que ignore por completo, dejo caer su cigarro al suelo y empezó a caminar rumbo a aquellos dos tontos diminutos.
 

 
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#10
El sendero… El mundo… Yo.. La fuerza.

Aquel desierto estaba lleno de monstruos, ninguno digno de heredar el poder que portaba, por ahora.

Mis sandalias susurran con timidez pérdidas entre el montón de sonidos que se amontonan en la urbe. Parece que quiere echarme, que quiere recordarme que yo soy del mundo y de sus caminos, no de la ciudad. No de un sitio, si no de todos. Mi cometido me impide la estancia, mi hogar es el mundo y yo vago por él como se espera de mi.

¿Y qué hago yo aquí? Se que existe alguien digno entre estas gentes, me lo susurra el viento, me lo pide, por eso he dejado de avanzar. Por eso llevo aquí parado tanto tiempo, en esta isla de calor y arena… Pero todavía no he sido capaz de encontrarle. Se esconde de la fuerza, pero la fuerza le busca, le espera, le quiere.

El camino del mundo me lleva a avanzar, hacia el norte, las calles y sus gentes me guían como si algo quisiera que yo y el poder lleguemos a algún lugar, siempre ha sido así, por eso estoy aquí, el cometido es más grande que la persona y yo soy un ser insignificante. Lo siento en el aire, el mundo está aguantando la respiración con tensión, los astros nos están mirando desde el cielo.

El camino me lleva hasta un arco de entrada a una plaza, los transeúntes salen de ella, pocos entran. Algo pasa. Mis sandalias me indican el camino mientras una bocanada de calor invade mis pulmones, al entrar en la plaza la escena se describe en mis iris.

A mi derecha mientras camino con sereno y tranquilo paso el escándalo se personifica. Un hombre alto y oscuro grita, acompañado por ¿ése era? Imposible, que hacía aquí alguien como él, un hombre tan importante, alguien tan fuerte… ¿Con quien tendría problemas alguien como Akatora?  Me fijo en los primeros, mientras avanzo, quedando a 15 metros a su espalda. Después mi foco se pierde.

- Mmm, ese tipo me suena - la frase se me escapa de la boca desbocada, muy baja, imperceptible entre el revuelo que se está produciendo. Aquel gran hombre, yo le conozco de algo.

El olor del azufre se mezcla con el calor de aquella plaza, la roca volcánica se convierte en adoquines, la vegetación moribunda en las pocas personas que quedamos… Aquella plaza es muy parecida al coliseo natural en el que nos enfrentamos, dónde le perdone la vida al “Heredero”. En silencio, observó la situación. Una vez más el camino decide y yo solo lo sigo.

Mi espada se libera de las vendas y su acero muerde el sol agarrada por mi diestra, mientras las vendas que cubren mi brazo izquierdo hasta el codo guardan mis secretos. En el pequeño macuto que amarro por debajo de mis ropajes descansan mi misión y la foto de quien me la entregó. La fruta del diablo Rikki Rikki no mi, el poder para convertirse en el hombre más fuerte del mundo y a su lado, la foto de mi maestro, aquel que me dejó como legado este camino, el mismo que dió un motivo a mi vida, y hoy…

Hoy cerraría el ciclo, por fin me había alcanzado. Si no eran capaz de derrotarme hoy, no haría falta seguir buscando, porque tras todas la batallas, eso indicaría que nunca encontraría al heredero de la fuerza, por que, el único capaz de doblegarla, sería yo. Por que eso implicaría que yo: Sería el heredero. 
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