[Presente Absoluto] Ozymandias
#21
Cuerpo, mente y espíritu. Bajo ese lema que me había llevado a la cima del mundo, me disponía a enseñarle a mi aguerrido oponente de lengua sibilina el que, probablemente, se trataba de mi ataque más poderoso en mi estado actual. Me había percatado mientras cortaba distancia con él en como anteponía su brazo sobre él, advirtiendo gracias a su Kenbunshoku cuál sería mi maniobra ofensiva. Y si bien podría cambiar mi estrategia y ataque ante esta respuesta, ¿qué clase de guerrero se achanta con el más mínimo contratiempo? De igual forma que al principio del combate, pudo comprobar el poder ofensivo y manejo con el garrote de Sohem, ahora era el turno de averiguar como se las gastaba a la hora de defenderse y, sobre todo, que era lo que tenía que ofrecer aquel brazo mecánico. A fin de cuentas, lo más hermoso y satisfactorio en la batalla, es ir descubriendo poco a poco a tu oponente... Que habilidades posee, como piensa, cuáles son sus fortalezas y debilidades... Era de esta forma como uno se alzaba verdaderamente con la victoria y, ante todo, como llegaba a recordar a cada uno de los grandes adversarios con los que se había medido. Y Sohem no sería la excepción.

Conforme alcé mi arma, envuelta en mi propio aura y en rayos negros que azotaban sin piedad los rincones más cercanos de la plaza, mi nivel más álgido del haki de observación me advirtió de lo que estaba por suceder y, aunque en parte era como arruinarle la experiencia a tu amigo, contándole el final de un libro que se estaba leyendo por primera vez, en mi caso, no pude hacer otra cosa sino sonreír. Al parecer, ese brazo hecho de metal, escondía en su interior una suerte de escudo, escudo que usó para protegerse de manera sobresaliente de mi devastador ataque, pagando el precio de verse fracturado a pedazos. Pero salir ileso e intacto de mi Línghún shān... Sólo lo más grandes guerreros podían contarlo, y me sobraban demasiados dedos para enumerarlos. Este combate estaba siendo indudablemente, sublime, ¡magnífico! No esperaba una defensa tan sólida por parte del hombre enmascarado y, sinceramente, me alegraba de sobremanera porque aquello significaba que el combate duraría aún más. No me equivocaba para nada cuando me decidí a aceptarme e ir con todo.

Todas las acciones que mi premonición me habían advertido sucedieron. Yo había defendido uno de sus mejores ataques - o al menos el mejor ataque que me había hecho en el momento - y el me había bloqueado de vuelta mi técnica más poderosa, aunque con el bonus añadido de que yo le había conseguido destrozar una parte de su brazo. No obstante, él tenía en su favor que yo me empezaba a encontrar cansado, no física ni mentalmente, sino espiritualmente. La edad, por toda la experiencia, momentos y sabiduría que te dotaba, era un regalo que atesorar pero, al mismo tiempo, era una maldición, una maldición por no ser capaz de vivir con la misma intensidad este tipo de combates. Debía economizar lo mejor que pudiera mi haki o mis reservas se acabarían más tarde que pronto.

Cambié el empuñe de mi arma, agarrando ahora con mi diestra el extremo libre de la vara - es decir, el extremo más cercano a la boquilla - y, con mi mano izquierda el centro de gravedad de esta, cubriendo del negro de mi haki de armadura tan solo mi arma y, por el otro lado, activando el nivel intermedio de mi haki de observación, a cinco metros de distancia, lo justo para percibir las acciones de mi oponente. Mientras tanto, entre una nueva oleada de calor, el hombre de la máscara volvió a hacer un comentario jocoso, y con cierto tono burlesco, invitándome a que volviera a intentarlo, ya que había salido completamente ileso de mi ataque. Flexioné mis dos piernas y posicioné  mi diestra a la altura de mi cadera y en un punto cercano a mi espalda. Cuando alguien te invitaba a desafiarlo, un verdadero guerrero lo aceptaba, sin pensárselo dos veces. Era como cuando, en mi juventud, pasaba el tiempo junto a personas de confianza haciendo actos, de dudosa moralidad, bajo la norma "no hay huevos". Vaya que si iba a volver a intentarlo.

Aflojé el agarre de mi mano izquierda, dejando un pequeño espacio entre la palma de mi mano y la superficie de la vara, extendiendo entonces mi brazo derecho hacia su casco en primer lugar, al mismo tiempo que giraba la muñeca de ese respectivo brazo para dotarle de rotación a mi arma, causando que unos pétalos de cerezo brotaran del propio arma. La cazoleta de mi arma impactó de lleno en su agujerada máscara, agrietándola hasta el punto de fracturarla, haciendo que sus pedazos cayeran al suelo, y revelando tan solo -  y en primera instancia - un cabello corto de color rosado pues, el extremo de Zuìzhōng Pànjué se estamparía de lleno en todo su rostro tras traspasar la primera barrera que sería su casco. Aunque con esas, me mantuve alerta, señal de que me mi cola trasera se arremolinaba y agitaba con jovialidad tras de mi, casi como si tuviera vida propia y quisiera también participar en la contienda. Tras el impacto, contraje mi brazo derecho, pero no para terminar el ataque pues, este, no había hecho más que empezar.

Volví a extender dicho brazo añadiendo rotación a mi arma pero con la salvedad de que, usando el espacio libre que había dejado con mi siniestra, apoyé con delicadeza parte de la palma de mi mano sobre la vara en movimiento, haciendo que esta cambiara abruptamente de dirección, golpeando en un punto a 2,5 metros del eje que formaba inicialmente la vara. Volví a contraer el brazo, repitiendo el mismo proceso, varias veces, realizando sucesivos estoques que impregnaban todo el área de acción - consistente en un cono que emergía desde mi mano derecha - de mi ataque de pétalos de cerezo, tales como si estuviera anunciando la llegada de la primavera, recordándome al momento en el que mi amada y yo nos juramos amor eterno en uno de nuestros viajes a la Capital de las Flores, en Wanokuni.

Solo cuando terminé de atosigar a mi adversario con la cazoleta, pude observar de buena manera su rostro, de facciones bien marcadas gracias a su prominente y fuerte mandíbula, pasándome a llamar la atención, no sólo sus ojos ambarinos, sino la cicatriz que recorría horizontalmente su cara.- Torarara, ¿qué tal ahora-kozo? - Respondí, ante su anterior comentario, quedándome en guardia y con una postura similar con la que había iniciado mi ofensiva. Nos seguían separando 5 metros, pero sabía que, quitando el calor que desprendía, le convenía reducir nuestra separación para pelear a corto alcance. ¿Qué más sorpresas tienes para mi, Sohem?

Contenido Oculto


INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13617 - 260 = 13357
Energia: 6296 - 1214 = 5082
Espiritu: 312 - 12 = 300
#22
Ante mi provocación, el anciano felino decidió que era el momento de volver a poner a prueba mi temple, mis defensas y mis habilidades. No atacaba por atacar, si no que parecía estar mermando mis distintas capacidades. El golpe anterior había ido a por mi cabeza y había tenido que sacrificar mi escudo en el proceso para poder salir ileso de ese daño, pero si el viejo no empezaba a cansarse pronto, iba a tener complicaciones serias con esas cantidades tan ingentes y masivas de daño. Claro que podía permitirme perder un escudo, pero no podía sacrificar a Emperor. Perder una pieza como ese brazo no sólo era caro, era un proceso costoso y complicado y tanto las horas de trabajo de mis compañeros como los raros materiales usados en él no eran fácilmente recuperables con nada.

En esta ocasión volvió a hacer danzar su extraña arma para prepararse para asestarme un ataque, a una velocidad de vértigo, y previendo un impacto directo en el rostro y a sabiendas de que mi cabeza era su objetivo, me curé en salud como instantes atrás cuando defendí los daños previos y apliqué mi Busoshoku no sólo en Geheimnis al completo para resistir el impacto, si no también en mi cabeza en su totalidad por si - de nuevo - volvía a sobrepasar mis primeras líneas de defensa. Quise alzar a Hellhound para tratar de imponerme sobre su acometida pero no moví el brazo tan rápido. Era realmente veloz, y sumado a su excelsa potencia de ataque hacían que si me descuidara podría encadenar un combo de golpes, uno detrás de otro, para someterme y cambiar las tornas del combate. Pero ¿qué tornas? Hasta el momento sólo había conseguido darle tres tristes golpes. Había inutilizado mi técnica maestra, Hells Bells, con bastante naturalidad, y parecía que mis oleadas de calor no le importaban en lo más mínimo, hasta asumiendo una de ellas. Me estaba limitando a atacar a un muro enorme e irrompible y a tratar de defenderme de sus acometidas con lo que podía, perdiendo recursos en el camino.
Creía que era yo el que estaba jugando con el tiempo de ese anciano, y era él quien estaba jugando con el mío. Jugando al desgaste.

Y así fue como comenzó a realizar múltiples estocadas con su arma impactando todas ellas contra mi yelmo agujereado recubierto con Busoshoku, pudiendo llegar a quebrarlo ante mi atónita mirada, abriendo los ojos de par en par y al mismo tiempo que recibía la luz completamente en el rostro una sintonía de golpes impactaban en él, obligándome a cerrarlos por un momento y sintiendo el dolor de aquel impacto en toda la cara.
Retrocedí un paso para cuando quiso terminar de golpearme, echando algo de humo en las zonas impactadas en la cara, mientras el abuelo me devolvía la puya preguntándome que qué tal ahora, divertido, sonriendo.

Al contrario que su expresión, yo estaba completamente enfadado, con el ceño fruncido, el labio superior algo levantado y los ojos entrecerrados, mirándole serio. Chasqueé la lengua mientras los últimos fragmentos de Geheimnis se caían al suelo. Si no hubiera usado mi Busoshoku en este ataque, probablemente podría haberme arrancado la cabeza — Ese casco... — dije, soltando a Hellhound que cayó al suelo con gran pesar y estruendoso sonido, quedando desarmado en ese instante — ...era un regalo de mi mejor amigo — mis ojos se clavaron en los de aquel tigre sin rayas, mirando hacia arriba para alcanzar su altura de ocho metros — Te vas a arrepentir de esto — dije mientras las tres líneas de color candente de Emperor desaparecían, fundiéndose hacia mi hombro, emitiendo un sonido peculiar y particular que desconocía que el brazo de por si pudiera hacer.


Entonces mi corazón sonó tan fuerte como uno de los golpes de Hellhound, bombeó mi pecho con una sacudida tan violenta que me hizo temblar y un hilo de sangre brotó de la comisura de mis labios mientras mantenía mis ojos fijos en él — EIGHT... — el vapor comenzaba a salir de mi cuerpo como quien sale de una sauna, mis ojos relampagearon con un brillo abrasador y candente y mis venas empezaron a tornarse más visibles y brillantes...

— GATES —

Y ahí, en un sólo instante, una explosión de mi propia aura junto con el vapor ambiente se materializaron combinándose a mi alrededor tomando la apariencia de la cabeza de un dragón chino, de color rosa pastel, que rugía mostrándome a mi oculto en sus fauces. Mi pelo se erizó por completo danzando como unas llamas, mi camiseta explotó en mil jirones y mi piel se volvió negruzca y se agrietó conforme el brillo de las venas se multiplicó redoblándose. Dos llamas surgieron de mis globos oculares, cegándome por completo, y una espiral se formó paralela a cada uno de mis dos hombros. Separé mis piernas más allá de la distancia de mis caderas, flexionando las rodillas y abriendo los brazos de par en par, uno a cada lado, mientras inclinaba mi torso hacia delante.
Al dar la pisada para abrir mi postura, el contacto de mi pie con el suelo dejó una huella ardiente en este, y abriendo la boca emitiendo un sonido desde lo más profundo de mi garganta, seca y quemándose, una bocanada de humo negro salió de la misma. Esta era mi técnica más fuerte, una que hacía que cambiase mi forma de pelear por completo. Pero nadie rompía mi casco.

Entonces desaparecí a los ojos del tigre y, guiándome únicamente por mi Kenbunshoku me planté, de un salto diagonal y ascendente, en el lateral izquierdo de su cabeza, posicionado para encararlo y cargando mis dos puños hacia atrás, llevando las escápulas una junto a la otra e hinchando mi pecho. Y con voz ronca y rota, grité:
— ¡ C R U N C H   P U N C H ! — y emití un doble puñetazo a la sien del anciano a toda potencia, implicando tanto mi propia capacidad como el uso del pistón de Emperor para maximizar el daño a aquel guerrero que buscaba una tumba memorable. El impacto se dio con tanta violencia que dejó la marca humeando y candente del impacto, y gracias a la superficie tan grande del rostro del tigre que pudo ser con ambas 'manos', dejando claro que ahora sí iba a tomarme en serio las cosas.
Desaparecí de nuevo de la vista de aquel tipo para reaparecer un metro por detrás de él, en la misma postura previa al salto esperando por su reacción para poder seguir golpeándole. Volví a abrir la boca emitiendo aquella humareda mientras el crujir de mi piel activava el tick tack de la urgencia en mi. O para él.





Resumen

Inventario

Bélico
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[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 14276 - 2754 = 11522
Energia: 5464 - 2229 = 3235
Espiritu: 3286 - 290 = 2996
#23
Tal y como me temía, mi adversario había sido lo suficientemente diestro e inteligente como para cubrir con Busoshoku el punto de impacto, pero no fue suficiente. La actitud burlesca y jocosa de mi oponente se esfumó en un instante al ver cómo su casco era destruido a pedazos gracias a mi reiterada estocada primaveral. En su lugar, en el interior de Sohem tan sólo anidaban sus emociones más primitivas, emociones que no hacían falta sentir con mi Kenbunshoku, al ser fácilmente apreciable tanto en su rostro como en su lenguaje. Con enojo, frustración e ira, reprochó que aquel casco se trataba de uno que le había regalado su compañero más leal, su mejor amigo. No podía no entender su dolor pues, si alguien destrozara el colgante que me regaló mi amada, o un objeto de valor que me recordara a mí apreciado hijo, o a Bjorn, probablemente sentiría una furia desmedida. Nuestros seres queridos son lo que más nos atan a este mundo. Y yo le había arrebatado una parte de uno de ellos. Y si bien, no comprendí bajo que motivo dejó caer su kanabo, el que parecía ser su mayor fuente de poder y daño más allá de su Akuma no Mi, mi haki me decía que aún no había tirado la toalla. O mejor dicho, esto no había hecho más que empezar.


Al pronunciar el nombre de lo que debía ser una nueva técnica, de su cuerpo comenzó a emanar diversas columnas de vapor, como si estuviera hirviendo por dentro. En sus ojos, como dos destellos, parecía concentrarse en ellos el mismísimo sol, brillando y relampagueando con intensidad al mismo tiempo que lo hacía cada una de las venas de su cuerpo. Pero, lo que me dejó verdaderamente atónito, fue lo siguiente. Desde tiempos inmemoriales, había leído desde diversas culturas, una leyenda, un mito en concreto que siempre captó mi atención. Una leyenda que databa sobre la eterna y encendida rivalidad entre la figura del dragón y la del tigre. Cuando mis ancianos ojos fueron testigos de cómo, toda la aura que rodeaba a Sohem, se transformaba por momentos en la cabeza de un dragón rosado lo supe al instante. Siendo mi figura representada claramente en la de un tigre tenía claro que este encuentro, esta batalla… Estaba destinada desde el principio de los tiempos.

Junto a ese dragón, su camiseta estalló hasta dejar si torso al descubierto, pudiendo ver con mayor claridad como toda su piel se volvió negruzca, como el carbón, haciendo que destacaran aún más sus brillantes e incandescentes venas. Tanto su pelo como sus ojos parecían convertirse en llamas, que quemaban con tan solo mirarlas, de forma metafórica, por supuesto.

-¡TORARARARARA ESO ES-KOZO! -

Vociferé, enseñando dos hileras afiladas de dientes, alabando el enorme espectáculo que estaba presenciando cuando, estando completa su transformación, pide sentir con mi Kenbunshoku un potente ataque directo hacia el lateral izquierdo de mi rostro. Y, en ese momento, Sohem desapareció por completo de mi campo de visión, dejando una huella incandescente en el suelo en su lugar.- ¿Cuándo es qué..? - Me pregunté a mi mismo, intentando cubrir tanto mi rostro con Busoshoku, al igual que intentaba anteponer mi arma ante el inminente ataque y, sin embargo, nada fue lo suficientemente rápido para la bala a la que estaba confrontando.

Como si una bala de cañón en llamas me hubiera impactado en mi perfil izquierdo de la cara, pide sentir de lleno el golpe de Sohem precedido por un grito ronco y roto, probablemente al sobreesfuerzo al que estaba siendo sometido. Y si bien el dolor no fue lo suficientemente como para mellar mi voluntad, sí que era cierto que aquel combo devastador era el más fuerte que me había conectado hasta el momento, produciéndome una quemadura mucho más grave de la que me proporcionó con su anterior oleada de calor. Maldito mocoso prepotente, ¡no estaba usando ni el 70% de su poder en ningún momento del combate!

Mis ojos, siendo consciente de que era imposible seguirle la pista visualmente, se centraron exclusivamente en mi arma, pudiendo cerciorarme de cómo la cazoleta no estaba rodeada de aquel espejismo esférico que inutilizaba las propiedades de mi pipa. Conforme Sohem se volvía a mover tras su embestida, me dispuse a golpear la cazoleta de la pipa contra el suelo, poniendo cada parte de mi en ese simple movimiento pero percibiendo, aún así, como él se había reposicionado con tiempo de margen. Era demasiado rápido, no lo suficientemente como para no sentirlo, pero sí como para no ser capaz de reaccionar acorde a sus movimientos. Ni siquiera era capaz de hacer manifestar mi haki con tiempo y, para más inri, se había colocado a un metro de mi, a mis espaldas, inhabilitándome por completo al no ser capaz de atacar o defenderme con propiedad debido al gran tamaño de mi arma y de mi cuerpo. Y por eso necesitaba a mi fiel arma, arma que, en el momento en el que golpeó el suelo, comenzó a emitir una suerte de humo magenta, que correspondía más bien a un gas nocivo que imposibilitaba su respiración allá por dónde pasara. Si bien el dial de fuego se había quedado vacío después de que se activara inútilmente, al dial de olor todavía le quedaba algo de sustancia en su interior. Cogí todo el aire que pude, inhalando tanto por mi nariz como por boca para poder aguantar la respiración el mayor tiempo posible.

Mi oponente tenía el moméntum, el ritmo del combate, pero no iba a cedérselo tan fácilmente. Utilizando mi cola, hice un barrido horizontal, de mi lado izquierdo hacia el derecho, buscando golpear con ella al hombre del pelo rosado llameante mientras que, mi arma, la coloqué en vertical, a mis espaldas, con la cazoleta mirando hacia abajo, mientras daba un paso hacia delante, de unos dos metros de largo, para ganar toda la distancia posible momento, en el cuál, usé toda la fuerza y torque de mi cadera para girar en sentido antihorario, cambiando la posición de mi arma hacia mi flanco derecho para aprovechar mi propia rotación para, a su vez, abanicar mi propia pipa hacia la posición en la que se encontraba Sohem, haciendo así otro barrido horizontal cubierto del veneno producido por el propio Zuìzhōng Pànjué, que se seguía propagando por el terreno. Si esta plaza de Rainbase llegaba a ser mi tumba, no pensaba irme sin haber peleado hasta el final.

Contenido Oculto


INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13357 - 8516 = 4841
Energia: 5082 + 110 = 5192
Espiritu: 300 - 12 = 288
#24


No había tenido la oportunidad de probar en un combate real mi técnica Eight Gates, así que se podría decir que esto era un testeo. Algo forzado y algo incómodo, pero un testeo a fin de cuentas. Obviamente no podía infravalorar a mi adversario y, el hecho de que estuviera ahora en esta forma carbonizándome era más que suficiente prueba de ello, pero haberme aventurado a ver 'cómo iban las cosas' con esta técnica, si que había sido algo descuidado por mi parte. Aunque el resultado estuviese siendo bueno.

Aunque la apariencia y la actitud denotasen otra cosa, podía seguir pensando con claridad perfectamente, siempre que fuera capaz de estar aguantando el dolor, y ciertamente en parte este mismo era el que me hacía expresarme o moverme de aquella forma tan grotesca, más animal, más salvaje. Por un momento y al estar privado de la visión pensé en cómo se tenía que sentir Gwendolyn moviéndose únicamente gracias a el kenbunshoku, y me di cuenta de cuan importante tendría que haber sido aquel aprendizaje para ella... pero no era momento de empezar a pensar en sentimentalismos. Ahora tenía que educar a un gato muy grande.

El anciano tigre sin rayas decidió que aquel impacto no había sido suficiente y, mientras escuchaba el seco 'clanck' de su arma contra el suelo - de nuevo - sentí gracias a mi Kenbunshoku como su cola se aproximaba hacia mi para tratar de golpearme, por mi lado izquierdo. Mi respuesta al tener aun los brazos recubiertos con Busoshoku, fue inmediata, golpeando lateralmente con mi brazo de ese flanco como el que golpea al aire para apartar a un insecto, quitándome su cola de en medio y comenzando a desplazarme. Primero én diagonla tres metros por su flanco derecho, después un salto de dos metros hacia mi izquierda, girando ciento ochenta grados sobre mi mismo para acabar frente a él encarándole volviendo a quedar frente a su cara. Mi rostro gris ceniza con las marcas brillantes de mis venas y mis ojos emanando llamas iba a ser lo último que iba a ver este guerrero.
Asesté una suerte de tres puñetazos seguidos, alternando entre mis dos brazos y comenzando por mi Emperor potenciando cada golpe haciendo uso del pistón que poseía en el codo. Los tres directos a su rostro, impactando en la zona de su boca para que no perdiese de vista a quien iba a derrotarle. Buscando terminar de partir esos colmillos en la última cacería que le había prometido.
Los tres golpes encajaron con fuerza y furia dejando una estela de humo tras cada impacto, empezando Emperor a tornarse de un color rojizo dada a la alta temperatura del metal al estar en contacto con mi cuerpo... menos mal que Viktor y Shoto lo habían hecho resistente y de buen material, si no, es posible que este brazo hubiese acabado hecho añicos en otra situación. Y ya bastante era que me hubiese roto el escudo y el casco... ahora tendría que volver a Foodvalten para subsanar los inconvenientes de mi arsenal, y no me apetecía volver 'al trabajo' tan rápido. Apenas eran unos pocos meses fuera.

Tras el último de los tres golpes me desplacé hacia atrás y aterricé de frente al felino monstruoso, derrapando ligeramente con ambos pies dejando dos líneas quemadas en el suelo, y un rastro de humo a mi paso. De nuevo las rodillas semiflexionadas, el torso encorvado e inclinado y los brazos extendidos en paralelo uno a cada lado del cuerpo, clavando las esferas en llamas que eran ahora mis ojos, en él, en la silueta que estaba sintiendo con mi Kenbunshoku, sin la posibilidad de tomar aire y pensando que quizá la combustión estaba empezando a quemarme los pulmones, por lo cual tendría que terminar con esto rápido antes de ahogarme. Sólo estaba esperando a que ese viejo terco cayese al suelo, e iba a aguantar hasta que lo lograse.





Resumen

Inventario

Bélico
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11522 - 421 = 11101
Energia: 3235 - 373 = 2862
Espiritu: 2996 - 160 = 2836
#25
La humareda nociva de color magenta comenzó a acumularse a 20 metros a la redonda, privándonos a nosotros dos de cualquier indicio de respiración. Teniendo en cuenta la velocidad y capacidad ofensiva que había alcanzado mi honorable contendiente, estaba claro que esto no era lo suficiente como para frenarlo, pero ante esta situación, cualquier cosa que pudiera detener apenas el avance de un objeto imparable. Era sabido que el mero aleteo de una mariposa podría llegar a provocar un todopoderoso huracán y, del mismo modo, cualquier acto, por meramente sutil o insignificante que podía parecer, podía ser capaz de darle la vuelta a la tortilla en la batalla. Pero lo cierto es que llevaba ya mucho cansancio y daño acumulado durante todo el trascurso de la batalla, por no hablar de la quemadura que arrasaba en el lateral izquierdo de mi cara. Sinceramente, deseaba poder encontrarme en mejores condiciones y en mi plena juventud para poder tener una mayor duración tanto física como espiritual.

Esperaba que mi coletazo tampoco surtiera ningún efecto, pero también que un exceso de confianza le llevara a cometer algún error y que, en consecuencia pudiera aprovecharlo a mi favor. Como no podía esperar otra cosa de mi adversario, no fue así, deteniendo mi ofensiva trasera con un puñetazo incandescente que pude sentir gracias a mi Kenbunshoku que hizo que aquel ataque mío fuera en vano. Su siguiente movimiento, sintiendo su hostilidad, era golpearme en el rostro, concretamente en la zona de la boca. Ya había podido sentir de primera mano lo excelsamente veloz que era Sohem por lo que, tan pronto como pude sentir su acometida, aúne toda la fuerza espiritual que me quedaba para hacer un último uso de mi visión del futuro, al mismo tiempo que procedía a dar un pequeño brinco que me elevaba a escasos centímetros de mis pies.

Junto al brinco, por mi boca, comencé a exhalar aire a presión, aire que había acumulado en mis pulmones instantes antes de que el gas de mi pipa comenzara a esparcirse por el ambiente. Al mismo tiempo, previniendo su acelerada agilidad, comencé a cubrir mi rostro entero de Busoshoku Haki, a la par que lo desactivaba de mi propia arma, teniendo por seguro que ya no me haría ninguna falta. No obstante, tal y como creía, antes de que pudiera ni preparar mi haki de armamento ni desplazarme lo suficiente, el primer puñetazo que había sido capaz de ver impactó de lleno en mi mentón. El daño no era letal, ni mucho menos, pero si que era uno de los muchos golpes que había ido acumulando durante la batalla. Sin embargo, dentro de mi, pude sentir como algo se terminaba de encender. Mi lado más guerrero y más primitivo, aquel que me alertaba de que, si no caía él, el que iba a morir no iba a ser otro que un servidor, despertó, causando que mis pupilas de felino se contrayeran hasta quedar en dos rayas. Por el otro lado, la diversión de la batalla, el sentir que esta podía ser el lugar para mi perenne letargo que tanto tiempo había estado buscando, estalló, causando que mi corazón comenzará a latir al doble de velocidad, haciendo que mi sangre viajara más deprisa y dándome un chute como último recurso.

Con todo esto, podía sentir como el aire a propulsión que salía de mi boca, salía expulsado con mayor fuerza y velocidad - haciendo que el gas magenta de mi pipa comenzara a disiparse - aunque no lo suficiente pues, cuando el segundo puñetazo de Sohem llegó, no me había separado aún lo suficiente de él, llegando a conectarme un zurdazo aunque dándome tiempo a envolver mi cara de mi armadura espiritual, amortiguando de esta manera un daño que, en otra ocasión, me habría dejado cerca de estar fuera de combate. Del mismo modo, mis ojos, capaces de cruzar el mismísimo puente del tiempo, me detallaban como, en un futuro cercano, entre toda esa nube de gas nocivo, el tercer puñetazo que restaba por asestarme me iba a dejar sin energía como para poder seguir combatiendo. Para mi fortuna, en ese momento, ya estaba fuera de su alcance, haciendo que el chorro de aire que soplaba me hiciera viajar hacia atrás, mientras el hombre del dragón rugiente terminaba de propinar su puñetazo. Pero no estaba haciendo para separarme y huir de mi oponente, pues un guerrero jamás huía de un combate, aunque le costara la vida.

Habiendo viajado cerca de dos metros de distancia, mientras Sohem comenzaba a caer en caída libre, clavé mi arma en el suelo de forma vertical y abrupta, apoyando en el suelo la parte de la superficie de la cazoleta, agrietando gravemente el suelo. En ese momento, sin dejar de soplar y aprovechando el punto fijo que tenía ahora, sin soltar mi agarre de mi pipa, di un veloz giro de 180 grados que, tras soltarme del arma, me mandó de vuelta hacia mi honorable rival. Mi arma se quedó anclada en la agrietada superficie, mientras yo me dirigía hacia Sohem, girando levemente mi cuerpo sobre mi mismo y contrayendo mi brazo derecho con todos los dedos de mi mano derecho unidos, formando una especie de daga gracias a mis afiladas uñas.  Una vez que lo tuve a tiro, a un metro, le ensarté con mis afiladas uñas en todo su cuerpo, dada al tamaño que tenía mi mano respecto a su cuerpo, causando que del impacto, incluso se viera visto retrocedido una considerable cantidad de metros. Sin embargo, en ese momento pude sentir como, el combate, había llegado a su final.

La quemadura que me afligía, me hizo mella, quitándome prácticamente el último ápice de fuerza que me quedaba para combatir, haciendo que mi cuerpo feral, cubierto de pelo, músculos y garras, se transformara hasta volver a su forma base. Una bocanada de sangre salió por mi boca, hasta empapar y teñir el suelo bajo mis pies del rojo vital. No tenía ningún sentido más prolongar un combate que ya sabía que no iba a poder seguir disfrutando pues, desde ese mismo momento, acababa de perder. El gas nocivo que hasta hace unos instantes cubría parte de la plaza, se había dispersado gracias a mi anterior soplido, permitiéndome de este modo hablar. - Torararara... Parece que esto ha llegado a su fin-kozo. - Declaré, débilmente, mientras extendía mis dos brazos hacia los lados, esperando a que me diera el golpe de gracia.- Sería un honor morir por tus propias manos, guerrero Sohem. - Terminé, dejando que acabara con el fino hilo de vida que me quedaba y me ataba a este mundo.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4841 - 4175 = 666
Energia: 5192 - 2158 = 3034
Espiritu: 288 - 162 = 126
#26
Pareciera que el anciano aun estando abrumado por mi velocidad, tenía un ligero margen de movimiento, suficiente como para poder escapar de la oleada de impactos que tenía destinadas para él, soplando con aquella impresionante capacidad pulmonar, dispersando el humo presente y alejándose de paso para ganar algo de distancia contra mi haciendo que mi último puñetazo pasase de largo frente a su cara. Se estaba resistiendo a morir, pero estaba prolongando lo inevitable.

Mientras descendía producto de la gravedad en contra de mi salto, el anciano que se había desplazado hacia atrás pivotaba sobre su propia arma para lanzarse de nuevo hacia mi, con una potencia y una velocidad que, aunque mi Kenmbunshoku me previera del impacto, no tenía capacidad física ni habilidad con el Busoshoku suficiente como para poder defenderme de aquello: Se había convertido en una lanza de cinco puntas, dispuesto a apuñalarme por doquier, y así sucedió.
Su pulgar me perforó el estómago mientras que las otras cuatro uñas rasgaban por igual mi hombro, mis costillas y mis cuádriceps.
Mis llameantes ojos se abrieron de par en par mientras escupía una bocanada de sangre tan caliente que se evaporaba en el aire nada más salir de mi humeando boca, y yo era desplazado hacia atrás con furia y fuerza un total de ocho metros, cayendo al suelo y revotando en este un par de veces hasta derrapar sobre mis propios pies, impidiendo que me derribase.


Alcé mi vista - o mejor dicho, mi rostro - con furia para enfocar hacia donde emitía mi Kenbunshoku y me encontré con la imagen arrodillada de aquel viejo, con los brazos extendidos. Su aura era visiblemente menor y estaba muy herido para poder continuar, así que parecía a todas luces que el combate había terminado para él, de modo que apoyando las manos en el suelo como un corredor olímpico di un último sprint para reducir esos ocho metros a la nada y me planté frente a mi enemigo dispuesto a impactar con un nuevo puñetazo en su rostro, y escuché las palabras que me petrificaron:
Aceptaba la derrota y se rendía, pidiendo la muerte.
Detuve el impacto de mi golpe y lo observé en aquel estado infernal, consumiéndome poco a poco — No... — dije con la voz rota y emitiendo humo por la comisura de los labios, bajando el puño y tomando aire profundamente sintiendo como el calor quemaba un poco más mis pulmones, exhalando y desactivando aquella forma dejando ir todo el calor de golpe mientras cerraba los ojos un breve segundo. Las llamas de mis ojos y el ondular violento de mi cabello fue lo primero en detenerse, seguido del brillo de las venas que se iba apagando lentamente, y después mi piel comenzó a escamarse haciendo que la parte quemada se desprendiese - como una muda de piel - danzando al viento aquellas cenizas de mi cuerpo, revelando un corte profuso en mi vientre, de al menos unos veinte centímetros, fruto de la punzada de la garra que anteriormente me había impactado. Llevé mi mano hacia la zona y comencé a cerrar mi herida quemando mi propia cicatriz — War scar — dije con calma, y empezó a burbujear y a chisporrotear la carne, haciendo que la sangre dejase de brotar, cerrando la herida y cortando la hemorragia de esta, librándome de un desangramiento progresivo más adelante.

— Cuando un guerrero sufre la compasión de su oponente está acabado — dije, abriendo los ojos y observando al anciano derrotado mientras el humo de mi nueva cicatriz en el abdomen se disipaba, fijándome en la enorme quemadura burbujeante en su rostro, los múltiples hematomas de los impactos que le había dado, la sangre manchando sus ropas, y su cabello suelto y desordenado — Seguro que sabes que eso duele más que cualquier golpe, viejo  — entonces extendí mi mano hacia delante y agarré el colgante de oro rosa que tenía en el pecho, abriéndolo y viendo una foto de una mujer bonita, pasando mis ojos de aquel retrato a los del anciano. Chasqueé la lengua al mirarle — Lo peor de morir de amor es que no pierdes la vida, ¿eh? — dije en un susurro, sonriendo amargamente y recordando a Sassy por un instante. Su sonrisa colocando aquellas flores, su silueta a contra luz en la ventana, la forma de sus labios cuando reía. Su ausencia. Conocía el pesar de aquel anciano.
— Hay tres maneras de hacer las cosas anciano: bien, mal y como yo las hago... — solté su colgante dejándolo abierto, manteniendo mis ojos en los suyos — ...despídete de ella — entonces empecé a caminar hacia su lateral izquierdo, pasando de largo encaminándome hacia los restos de Geheimnis y mi Hellhound sin mirar a aquel hombre y dándole la intimidad y la privacidad que sentía que merecía.

Mi ropa estaba destrozada y hecha jirones, mi máscara destruida, y mi brazo Emperor había sufrido serios daños: Había perdido una de las piezas que tenía incorporadas, el escudo, y había tenido que gastar las cargas de calor que tenía almacenadas en él. No estaba en las mejores condiciones para continuar peleando con nadie, así que lo óptimo sería ir a buscar a los muchachos y sacarlos de aquí. Arabasta ya no era una zona turística para nosotros, pues con este hombre ahora derrotado a mis espaldas, podrían haber venido más que no tardarían en tratar de seguirnos el rastro.
Cargué a Hellhound con mi mano sobre mi hombro, y me giré de nuevo para mirar a aquel tipo por última vez
— Sólo eres tan bueno como tu última victoria, y yo no necesito tomar tu vida para saber que te he ganado — dictaminando que no acabaría con él y asegurándolo de forma imperiosa, independientemente de su deseo de morir por mi mano — Buen viaje, anciano  — y di media vuelta y desaparecí poco a poco de la zona, caminando, abandonando aquella hermosa plaza en la que había tenido que volver a superar mis propios límites para darme cuenta de cuan lejos estaba aun del poder que ansiaba. Ese viejo... era el oponente más duro al que me había topado cara a cara, y mi estado no era el de un vencedor. Era el de un superviviente.





Resumen

Inventario

Bélico

Akatora

Locutores
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11101 - 3741 = 7360
Energia: 2862 - 695 = 2167
Espiritu: 2836 - 50 = 2786
#27
Completamente determinado a aceptar el final que ansiaba encontrar desde hace mucho tiempo, me preparé para recibir el que iba a ser el golpe que sentenciaría mi muerte. Y es que, la vida de un guerrero no se define por cómo vive, sino por como muere y, este viejo y retirado combatiente, estaba ardiendo en deseos de reencontrarse al fin con su difunta amada. Cuánto la echaba de menos. Lo único que podía hacer arrepentirme, era el hecho de esperar a volver a ver al niño de mis ojos, Shiraion y, por supuesto, a mi más leal amigo Bjorn. Pero si había algo que realmente era justo, era la muerte así que, progresivamente, acabaría viéndoles a todos ellos en el más allá.

Cerré los ojos, de forma solemne, esperando a que el último brote de mi vida fuera segado por mi oponente cuando, acompañado de una respiración débil y una negación por su parte, abrí los ojos, consternado observando la figura del hombre de cabellos rosados en posición de asesorarme un puñetazo pero completamente detenido, como si no fuera capaz de terminar lo que había empezado. Fruncí el ceño, mientras miraba extrañado a Sohem, quién perdía todo ese halo rosado que parecía hacer hervir cada rincón de su ser, al igual que esas bolas incandescentes de fuego que salían desde distintas partes de su cuerpo como ocurría en sus ojos. Su piel negruzca se resquebrajó por completo, despegándose de él paulatinamente como si fuera una serpiente que acababa de mudar la piel.- Acaso… - Jadeé, mientras era testigo de cómo, tras desprenderse de su carbonizada exopiel, comenzaba a quemar la propia herida que le había asestado en el que fue mi último ataque, cauterizándola hasta el punto de detener aquella hemorragia. - ¿Te niegas a cumplir una simple petición como es acabar con la vida de este anciano vestigio-kozo..? - Pregunté, con una mezcla de curiosidad y molesta cuando, sus posteriores palabras me dieron a entender todo. No me estaba perdonando la vida, sino que me estaba maldiciendo a seguir viviendo con el pensamiento de que el oponente más formidable que había tenido desde los últimos tiempos se había apiadado de mi. Aún estando falto de fuerzas, apreté mis puños, dejándome llevar brevemente por la ira, la rabia y la frustración. Pero enseguida comprendí que era innecesario dejarse llevar por emociones tan banales, tan primitivas. Los débiles no escogían como morir y, de entre los únicos presentes en la plaza, estaba claro que yo había sido el más débil de los dos.

Mis músculos, agarrotados y entumecidos de toda la contienda, fueron incapaces de reaccionar al momento en el que Sohem agarró mi más valiosa posesión, siendo esta el colgante que me regaló Kichita en el momento en el que nos juramos amor eterno. Esperaba cualquier humillación por su parte, e incluso que me la arrebatara a costa de mi derrota. Pero lo que me pilló desprevenido fue una frase genuina, que salió desde lo más profundo de su corazón y como si él hubiera vivido una situación parecida a la mía: La pérdida de alguien a quién amaba más que a nadie.

-Dicen que la fé mueve montañas… - Dije, con mis cansados y vidriosos ojos. - Pero es el amor el que es capaz de mover hasta el propio universo. - Respondí, mientras una lágrima se desbordaba de mi ojo izquierdo, descendiendo por mi rostro, burbujeando por culpa de la quemadura que me afligía mi perfil izquierdo, hasta que se diluyó con la sangre que brotaba desde mi boca. Incluso después de su muerte, los seres a los que una vez amamos y seguimos amando, son capaces de ser nuestra fuerza.


Tras soltar mi colgante y dejar claro en su manera especial de obrar, mi formidable oponente prosiguió su camino, pasándome de largo y alejándose cada vez más y más de mi. Y aunque la humillación y la deshonra afloraban superficialmente en todo mi ser, en el fondo de mi corazón me sentía… Más rebosante, liberado y apasionado que nunca. Sentía que, después de tantos años, al fin había encontrado un motivo por el que hacerme más fuerza, un objetivo y una meta clara. Volver a encontrarme en un futuro con este guerrero y desafiarle a otra batalla de la que, en esa ocasión, yo me haría con la victoria. Con eso en mente, cogí y aspiré el aire del ambiente, de forma pausada y sosegada, mientras mi adversario seguía distanciándose de mi, para a continuación, comenzar a expulsarlo de forma paulatina e ininterrumpida, pudiendo sentir como el frescor de ese aire se transmitía por cada célula de mi cuerpo, haciendo que las propiedades de ese mismo aire aliviarán la gravedad de la quemadura que me estaba acercando, hasta hace unos segundos, a una muerte inminente.

Entonces, conforme la intensidad de mi quemadura disminuía, Sohem detuvo brevemente su caminata para, tras restregarle a este viejo carcamal una vez más su victoria, desearme un buen viaje. Esbocé una vivaz aún débil sonrisa. - Torarara… Un servidor te desea lo mismo. Ten por seguro que nos volveremos a encontrar en un futuro y que tendremos otra contienda emocionante de la que pienso declararme vencedor, Sohem. - Dije su nombre, por primera vez, yendo a coger tanto mi pipa gigante para, seguidamente, comenzar a caminar en dirección contraria a la de mi desenmascarado rival. Necesitaba encontrar ahora al cazurro de Burrich y, después de tanto tiempo, volver al Nuevo Mundo pues, si quería hacerme más fuerte, necesitaba volver al lugar en el que anidaban los verdaderos monstruos. - Kichita, mi amor, ¿serías capaz de perdonar a este viejo testarudo por hacerte esperar un poco más? - Pregunté al aire que danzaba a mi alrededor. Este no era mi final, ni mucho menos. Más bien sentía como acababa de renacer.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 666 + 0 = 666
Energia: 3034 - 188 = 2846
Espiritu: 126 + 17 = 143
#28
✓
Combate
completado



Valoracion Sohem

— Calidad del rol: 2

— Personaje: 2

— Estrategia: 2

— Rolear acorde a las guias: 1,9

— Total: 7,9


Sohem obtiene

— Puntos Mugiwara: 132 

— Reputación: 250 + 15 (karmas) = 265




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