Gideon De Villiers
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
65
100
103
21
21
103
48
28
10
0
07-11-2023, 10:52 PM
(Hace 1 año)
Como cada mañana Gideon se había despertado a las 7 de la mañana para poder atender a los animales del refugio. Había desayunado algo rápido, se había fumado el primer cigarrillo del día y había salido de casa hacia el recinto.
Recogió todos los cuencos en las que colocaba la comida par los animales y los limpió en la pila que más cerca le quedaba. Un par de perros le perseguían mientras hacía su trabajo. Sus padres le habían hecho hincapié en que no les cogiera cariño a ninguno de los animales que allí convivían y mucho menos darles nombre. Ya era tarde. A los pocos días de la llegada de cada animal Gideon les tenía asignado un nombre y su hermana pequeña, Gwen, ya se había encariñado totalmente. Ese era el problema de ser tan empáticos, pero sin duda lo peor venía cuando los animales decidían marcharse. Su hermana lloraba desconsoladamente y a Gideon le tocaba hacer de tripas corazón.
Una vez rellenó los comederos y barrió un poco el establo, se sentó a ver el amanecer en el patio. Los perros, a los Gwen había llamado Cici y Jojo se sentaron junto a él y Cici apoyó la cabeza sobre su muslo. Gideon le acariciaba mientras veía como el sol subía poco a poco y escuchaba al resto de animales moverse tras él. Poco a poco todo cobraba vida. Le encantaba poder disfrutar de esos momentos en el que el mundo parecía quieto aun cuando todo seguía en movimiento.
Sintió acción en su pecho, Omi se había despertado. Omi era el hurón que había llegado hacía unos 4 meses al refugio, desde el primer día se había pegado a Gideon como una lapa. Así que, después de un par de semanas de discusiones con sus padres, lo había adoptado. Omi vivía con él y casi siempre lo llevaba en su chaqueta, su madre le había cosido en su abrigo un bolsillo lo suficientemente grande como para que pudiera estar cómodo.
— Vaya, vaya, hoy estabas dormilón, eh. — saludó a la pequeña cabeza que sobresalía de su abrigo. Lo acarició un poco y el hurón husmeó el exterior para después volver a acomodarse en su bolsillo.
Su hermana no tardaría en despertarse, así que decidió volver a casa. Le prepararía el desayuno, ya que sus padres se habían marchado a la ciudad para hacer unos recados. Hoy estarían ellos dos solos casi todo el día.
En cuanto llegó a la casa Gwen le recibió con un abrazo.
— ¿Has sacado ya a Cici y a Jojo a pasear? —preguntó con toda la energía que no tenía Gideon.
— Buenos días, a ti también —le dio una palmadita en la cabeza y fue hacia la cocina para prepararle un sandwich—. No, te estaba esperando como siempre.
Su hermana rió y se sentó en la pequeña mesa de la cocina. Gideon no tardó demasiado en prepararle la comida y esperó apoyado en la ventana a que Gwen se lo comiera, mientras se fumaba otro cigarrillo.
— Hoy te toca cepillar a los dos caballos, darle un baño al zorro y mirar si alguno necesita algo en especial. Cuando termines le damos el paseo a Cici y Jojo — Gideon parpadeó de manera excesiva en ese momento. Llevaba ya un par de meses con ese problema. Su madre estaba empeñada en que era culpa de los den den mushis. Todo era culpa suya.
— Vale, a sus órdenes mi capitán —rió Gwen.
Gwen acababa de terminar con las tareas que le había dado esa misma mañana y habían hecho un descanso para comer, después sacarían a los perros a pasear.
Gideon no era el mejor cocinero, pero cualquiera sabía recalentar la comida que le habían dejado sus padres. Así que eso hizo y ambos comieron en silencio hasta que escucharon aullidos y gemidos que provenían del refugio. A Gwen se le abrieron los ojos como platos y soltó inmediatamente la cuchara con la que había estado comiendo. Gideon se levantó rápidamente de la silla y miró por la ventana, no era capaz de ver demasiado, pues varios árboles no le dejaban demasiado visión. Lo que sí vio fue una tela ondeando en el aire. Alguien había colocado una bandera, anunciando su llegada. No era un alguien cualquiera, eran piratas. Gideon se giró y encontró a su hermana pequeña justo detrás. Omi se había asomado a través de su abrigo y gimoteaba al escuchar los ruidos.
— Gwen no te despegues de mi.
Su hermana le agarró de la manga y siguió sus pasos. Gideon aprovechó para quitar de encima de la mesa sus platos, no dejar rastro. Sus padres le habían dado indicaciones por si algo así ocurría, no era la primera vez. Lo dejó como pudo y corrió hasta el salón. Pateó con el suelo, junto al sofá, y este cedió. Su padre había construido una especie de habitación del pánico en la que poder refugiarse en caso de cualquier tipo de peligro. Ser Skypean no era tarea fácil.
Abrió rápidamente la habitación e hizo bajar a Gwen junto a Omi, unos segundos después ya estaba en la pequeña escalera intentando cerrar con todas sus fuerzas la compuerta. “Estaremos seguros” no dejaba de repetírselo, una y otra y otra vez. Abrazó con fuerza a su hermana, la cual acariciaba entre lágrimas a Omi. Ambos sabían lo que les esperaba en los establos. Destrucción, crueldad, injusticia…
Escucharon cómo los piratas entraban en su casa y revolvían absolutamente todo. Gideon sintió cómo su hermana temblaba y las lágrimas comenzaron a caer sin reparo por su rostro. Nunca había sentido tanta impotencia, pero no podía hacer absolutamente nada contra una banda de piratas entera. Lloró y lloró, agarrando a su hermana con fuerza, hasta que sus padres volvieron a casa esa noche. Gideon juró y perjuró que perseguiría a los piratas y haría su sueño realidad a costa de cobrarse sus recompensas.
Sin embargo, los siguientes meses no serían más que un bucle de tristeza y desesperación que le hacía soñar con las imágenes que unas horas más tarde vería en aquel establo que tantos buenos recuerdos le había otorgado.
Gideon De Villiers
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
65
100
103
21
21
103
48
28
10
0
Hace 6 meses
Su casa se encontraba en completo silencio, su hermana se había quedado dormida después de comer y su madre estaba trabajando en su próximo proyecto artístico, esta vez trabajaba con textiles y se había encerrado en su habitación para tener más concentración.
Gideon y su padre se habían quedado en el porche y observaban el Bosque Umbrío, todo lleno de árboles retorcidos, cómo le gustaba aquel lugar. Aunque a muchos les atemorizara pasear por él de noche, Gideon disfrutaba de los paseos nocturnos como nadie. Se atrevía incluso a visitar el cementerio y se fumaba un cigarrillo apoyado en uno de los mausoleos. Siempre le había causado curiosidad cómo un sitio que debía traer paz se había convertido en el lugar perfecto para las historias de terror que contaban los adolescentes de la ciudad. Gideon incluso había grabado alguna de sus películas caseras en el bosque y había usado de protagonista a Omi.
El pequeño hurón se encontraba en ese momento en su regazo, durmiendo hecho un ovillo. Gideon se entretenía acariciándolo, sentado en uno de los bancos junto a su padre, el cual tallaba un pequeño trozo de madera con una navaja. Su hoja brillaba al recibir los rayos del sol y le hizo volver a uno de sus pensamientos recurrentes.
Hacía seis meses, tras el incidente del refugio, Gideon se planteaba salir a la mar y perseguir a piratas. Convertirse en un cazarrecompensas. Así podría vengarse de esos malnacidos y, además, aprovechar las recompensas para financiar sus proyectos artísticos. Su sueño era crear obras que no sólo entretuvieran a sus espectadores, sino que quería contarles algo, hacerles sentir, conmover sus corazones. No sólo necesitaba dinero, también necesitaba experiencias, aventuras que poder contar. Material digno de mostrar al mundo.
Cada vez lo tenía más claro, dejaría su casa e iría en busca de su sueño, aunque la manera de llegar a él que iba a elegir pudiera matarle. Lo que no tenía tan claro era cómo se lo iba a tomar su familia, en especial Gwen que no era más que una niña.
— Papá —se atrevió a hablar, no se iría de inmediato, pero no estaba mal ir tanteando terreno. Sus ojos parpadearon en exceso y un impulso le hizo frotárselos como para librarse de aquel tic.
— Hm —su padre era un hombre de pocas palabras—. ¿Pasa algo?
Gideon le miró fijamente. El rostro de su padre había envejecido más en los últimos 6 meses que en los años posteriores. Habían tenido que reconstruir parte del refugio y enterrar a todos aquellos pobres animales había destrozado los corazones de la familia al completo. Unas grandes ojeras acompañadas de una sonrisa le devolvieron la mirada.
— Llevo un tiempo sopesando una idea, probablemente te parezca una locura y me digas que ni se me ocurra hacer tal cosa —empezó a relatarle, haciendo una pausa para encenderse un cigarrillo. Omi se había despertado y se había colocado en su cuello, dejándole las manos libres para fumar—. He decidido que será cazarrecompensas. Por supuesto, no tengo en mente irme de inmediato, antes necesito prepararme para enfrentarme a piratas. Sé que suena imprudente, pero mi arte es muy costoso y los trabajos que ofrecen aquí no van conmigo…
Su padre dejó de tallar el trozo de madera y lo guardó junto con la navaja en uno de sus bolsillos. Se sacudió el serrín y las virutas de madera de sus pantalones.
— Nunca se me habría pasado por la cabeza que un día me vendrías con esa idea, sin embargo, entiendo que por lo que hemos pasado te haga ver ese trabajo como una buena opción —su padre se levantó del banco y le hizo una seña con la mano para indicarle que le siguiera—. Quiero enseñarte algo.
Gideon siguió a su padre hasta el interior de su casa, recorriendo los pasillos hasta llegar al despacho de su padre, al cual entraba en contadas ocasiones. Su padre solía trabajar allí con las puertas cerradas para poder concentrarse mejor. Gideon le vio acercarse a un cofre de un color rojizo desgastado y su padre lo abrió mostrando su contenido. Una katana.
— Esta katana ha ido pasando de generación en generación en nuestra familia. Yo decidí no utilizarla, sin embargo, tu abuelo me enseñó a empuñarla y practiqué lo básico —su padre la sostuvo frente a él—. Creo que no hay mejor arma que empuñar en tu aventura que esta.
A Gideon se le aguaron los ojos al escuchar aquellas palabras.
Gideon De Villiers
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
65
100
103
21
21
103
48
28
10
0
Hace 6 meses
Un par de días más tarde, Gideon le había comentado sus planes al resto de su familia y, aunque no habían estado tan receptivas como su padre, su madre y su hermana habían decidido apoyarle. Así que había decidido salir en un par de meses en busca de alguna recompensa por primera vez.
Por consiguiente, cada tarde entrenaba con su padre. No iba a enseñarle ningún tipo de técnicas ni ningún corte con las espadas que le ayudase a levantar ríos de lava o partir en mil pedazos una torre. Su padre sabía lo básico y cuando decían lo básico se referían literalmente a saber cómo empuñar la katana y dar un par de estocadas. Así que Gideon había estado investigando por su cuenta. En la ciudad había un par de chicos que eran espadachines y había observado alguna que otra pelea suya, nada real, sólo entrenamiento entre ellos.
Aquella tarde se había ido a una zona apartada detrás de su refugio y se había llevado consigo la katana, Blockbuster. Así la habían denominado sus antepasados. Esta había sido afilada por su padre al día siguiente de entregársela y los pocos rayos de sol que aún caían sobre la zona se reflejaban en ella. Gideon la empuño con una sola mano, era muy ligera. Flexionó un poco sus piernas y apuntó hacia delante con la espada. El viento le revolvió el cabello que se le colocó en toda la cara y se lo apartó con la mano que tenía libre. Tras esto intentó dar un corte al aire, como había estado viendo a los chicos de la ciudad. Fue en vano, no conseguía mantener la firmeza en su muñeca, parecía como si estuviera dando raquetazos. La katana no serviría de nada si su técnica no existía.
Recordó que uno de los chicos la utilizaba con ambas manos, así que eso hizo, colocó su mano izquierda en la empuñadura y se recolocó, visualizando a aquel chico. Apretó con fuerza la empuñadura y la colocó justo delante de su cara, podía ver con esa división el paisaje, cómo el sol se escondía poco a poco. Movió con rapidez sus brazos, dando espadas oblicuos y moviéndose adelante como si estuviese luchando con alguien invisible. Imitaba los movimientos que había memorizado de los chicos. Muchísimo mejor, pensó.
El agarre con sus dos manos le hacía mucho más fácil calcular la fuerza con la que mover a Blockbuster.
Estuvo dando espadazo tras espadazo hasta que su madre salió al porche para gritar su nombre, llamándole para cenar. Sentía el cuerpo totalmente fatigado, necesitaría mucho entrenamiento hasta para poder pelear con un crío que comenzaba su camino en el Dojo.
Sin embargo, esa noche se acostó en su cama junto a su hurón con una sonrisa.
— Ya estoy un poco más cerca, Omi —le susurró mientras acariciaba su pequeña cabeza.
Gideon De Villiers
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
65
100
103
21
21
103
48
28
10
0
Hace 4 meses
El día había llegado. Tenía todas sus cosas preparadas, tampoco llevaba demasiado, una bandolera donde llevar las pocas berries que había conseguido ahorrar, un par de carteles de se busca para empezar, una muda de ropa y poco más. La noche anterior había afilado su katana con la ayuda de su padre y en ese instante se encontraba envainando a Blockbuster en la funda que llevaba en su cadera. Miró su reflejo una vez más antes de salir de su habitación y alzó la cabeza con orgullo, aquel día comenzaba su historia. La aventura de su vida. Su pequeño hurón asomó la cabeza por las solapas de su chaqueta y empezó a escalar hasta su cuello.
— ¿Estás preparado chiquitín? —Gideon acarició el pequeño cuerpo del animal y le sonrió. Omi en respuesta emitió un par de sonidos y lamió la mejilla de Gideon. Estaba contento y Gideon también—. ¡Así me gusta!
Salieron de su habitación y no encontraron a nadie en casa, estaban todos fuera esperándole para despedirse. Gideon sabía que no iba a ser una despedida fácil, sin embargo, era el momento. Se había preparado durante dos meses para este día. Había estado entrenando con la espada y ejercitando su cuerpo lo máximo posible. Además, había estado informándose sobre las rutas por las que circulaban los piratas, qué piratas tendría que evitar en sus comienzos y cuáles eran un blanco fácil; también había estado aprendiendo a cocinar cosas muy simples con su madre y a tallar madera con su padre, pequeñas lecciones que quizás le servirían si se veía en problemas, aunque nada realmente que le sacara de una situación de vida o muerte. Para eso lo único que tendría era huir o dar su vida hasta el final rezando por sobrevivir.
Al cruzar el umbral de la puerta de la entrada de su casa pudo ver a su hermana pequeña con los ojos llorosos y a sus padres detrás de ella. También se habían reunido algunos de los animales que habían llegado hacía un par de semanas al refugio, ya casi restaurado. A Gideon se le llenó el pecho de mil emociones. Quería comenzar esa nueva etapa de su vida, pero dejar a los que le querían y una de sus pasiones atrás le inundaba de tristeza.
Se acercó a su hermana y la abrazó con fuerza, mientras Omi se zafaba del abrazo para ir hacia los hombros de su madre. Gideon estrujó todo lo que pudo a su hermana, sería el último abrazo que le daría hasta… ni siquiera sabía cuándo. Quizás Gwen tendría otro aspecto, quizás ni siquiera seguía en casa de sus padres para ese momento. Gideon intentó reprimir las ganas inmensas de llorar que sentía, tenía que ser fuerte por ella. Gwen lloraba desconsoladamente entre sus brazos y agarraba con fuerza su camiseta.
— Lo siento, te he mojado entero… —decía entre llantos.
— No pasa nada —acarició su espalda y se separó poco a poco de ella.
Su hermana sacó algo de su bolsillo y se lo entregó, Gideon miró su mano y en ella había una pinza del pelo de color negro
— Como ya no podré hacerte peinados… para que lleves algo mío —la sonrisa de su hermana era la más bonita que vería nunca.
Gideon la abrió y se la colocó en el flequillo.
— La llevaré siempre conmigo.
Se incorporó y vio cómo Omi correteaba hasta su pierna para subir y meterse en el bolsillo de su chaqueta. Sus padres le miraron con una sonrisa. Su padre no dijo nada, se limitó a abrazarle, Gideon sabía que lo hacía para no acabar entre lágrimas, lo prefería porque no sabía si sería capaz de aguantar las suyas. Su madre en cambio acunó su cara entre sus madres y le miró a directamente a los ojos.
— Vuelve a casa, cuándo tú veas necesario, pero vuelve —y le besuqueó la cara con fuerza. Gideon rió ante las cosquillas que esto le proporcionaba, pero en su pecho se había abierto una herida mayor que la que traía en su nariz. Otra promesa más que debía cumplir.
— Volveré —esas fueron las últimas palabras que le pronunció a su familia y se despidió con un movimiento rápido de mano. El tic del parpadeo se apoderó de él como nunca lo había hecho, parpadeó más que nunca y las lágrimas se derramaron por sus mejillas.
Lloró todo el camino hasta la posada a las afueras de la ciudad y esa noche repasó los rostros de sus seres queridos mentalmente para conseguir dormir, aunque su insomnio le permitió tan solo un par de horas de descanso.
Gideon De Villiers
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
65
100
103
21
21
103
48
28
10
0
Hace 3 meses
Era un día de esos, uno en el que Gideon sentía que no había nada por lo que seguir con vida. Las imágenes del refugio tras el paso de los piratas no abandonaban del todo su cabeza, día tras día se colaban en sus pensamientos y lo hundían un poco más. Llevaba un par de días donde la tristeza le inundaba, quedándose dormido después de llorar durante horas en la horrible cama de la posada. Esa mañana sin embargo ya no había nada en él y sabía que eso era aún peor. Así eran sus ciclos, días soportables, días donde la pena le devoraba y día donde simplemente había vacío. Vacío y rechazo. Un rechazo a sí mismo que le venía de las entrañas. En esos días no había manera de sacarle de la cama, de hacerle probar bocado o si quiera de interactuar con su pequeño hurón como hacía de costumbre.
Omi dormía junto a ella, acurrucado en su pecho y Gideon no sentía nada. Lo que le hacía sentirse aún peor. No sentir nada, era casi peor que sentir todo a la vez. Odiaba ese sentimiento y se odiaba a sí mismo.
Sentía ese vacío en su pecho, cómo si hubiese un agujero negro que se tragara cada aspecto de su ser y le dejara con una simple carcasa. No era más que un cuerpo obligado a vivir. Las lágrimas ya no corrían por sus ojos, el apetito se había ido por completo y sus respiraciones eran pesadas. Hacía un intento por sentir algo, aunque fuera mínimo, pero era casi imposible. Se repetía una y otra vez que era momentáneo, que no duraba para siempre, pero una pequeña voz se colaba para decir “eres patética”. Y ya ni siquiera dolía, lo había asimilado.
Gideon apretó las sábanas y miró de nuevo a Omi, el cual le olisqueaba. Podía sentir la preocupación del pequeño animal y, totalmente apático, lo acarició con delicadeza. Tenía que seguir aunque fuera un día más con vida, un día más e intentar mejorar. Omi parecía entender lo que estaba pasando y se acercó aún más a Gideon, rodeando su cuello, como si quisiera mimarle.
Gideon volvió a cerrar los ojos, quizás dormir le ayudaría. Una mentira que se haba repetido mil y una veces.
Gideon De Villiers
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
65
100
103
21
21
103
48
28
10
0
Hace 3 meses
Por fin había conseguido salir de aquel bucle, no es que se sintiese muchísimo mejor, pero había sido capaz de llegar hasta el baño. Se lavó la cara, mirándose en el espejo. A pesar de llevar tres días en la cama, no había sido capaz de conciliar el sueño, las ojeras le llegaban hasta el suelo y, definitivamente, necesitaba un café para mantenerse despierto.
Se maquilló los ojos rápidamente, se vistió con su habitual camisa y se enfundó las botas, mientras Omi le olisqueaba contento. Acercó su mano al pequeño hurón y este se subió en ella, siguiendo su camino hasta el cuello de Gideon. Por último cogió su katana y salió de la habitación mientras se encendía el primer cigarrillo del día.
Se dispuso a desayunar en la taberna más cercana y mientras se bebía el café fijó la vista en un cartel que tenían clavado en uno de los corchos. La recompensa era baja y la cara de aquel pirata no llamaba demasiado la atención. Se terminó su desayuno y se acercó al cartel, arrancándolo y llevándoselo consigo.
Se acercó a la barra de la taberna y el barman le saludó.
— ¿Cuánto por el desayuno? —dijo con tranquilidad— Además, podría decirme si sabe algo de este pirata, me gustaría tener unas palabras con él.
El hombre le respondió a sus preguntas. El pirata, Monty Kane, había llegado hacía pocos días a la ciudad y su barco, más bien una barcucha, estaba atracada en el puerto. Le había dicho también que solía estar borracho como una cuba en la entrada del puerto. No era prácticamente una amenaza, pero se había labrado nombre suficiente como para tener una pequeña recompensa. A Gideon le escaseaban las monedas y quizás deshacerse de escoria le subiría los ánimos.
Por lo tanto, fumándose otro cigarrillo, se dirigió hacia el puerto y allí, por supuesto encontró a Kane. Estaba tirado en el suelo, así que se acercó a él y este le habló.
— Eh tú, ¿qué miras? —más que hablar, balbuceaba entre hipidos—. ¿Quieres pelea?
Gideon no soltó ni una sola palabra, el tan solo mirarle con ese gorro y esas barbas de pirata le hizo recordar lo que más odiaba. Desenvainó su katana, aunque realmente no planeaba matarlo, no era algo que disfrutara en demasía. Y, para su sorpresa, Kane hizo lo mismo. Su espada estaba algo oxidada y doblada, pero la blandía con valor. Le duró poco, pues en un par de encuentros, Gideon consiguió deshacerse de ella, quedando tirada en el suelo. Se acercó a Kane y con un rápido movimiento del brazo le noqueó de un codazo en la nariz. Le dejó inconsciente en el suelo y le ató las manos en la espalda.
Sus ánimos no habían mejorado, pero saldría del cuartel de la marina con los bolsillos llenos y eso significaba estar un día más cerca de su sueño.
Gideon De Villiers
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
65
100
103
21
21
103
48
28
10
0
Hace 2 meses y medio
La idea de dejar lo de ser cazador de recompensas llevaba rondando su cabeza un par de días. Quizás volver a casa y cuidar del refugio junto a su hermana era para lo que servía. Quizás el camino del arte no era el suyo. Quizás estaba dejándose llevar demasiado por la ilusión de cumplir un sueño que no tenía futuro.
Llevaba 4 meses fuera de casa, noqueando piratas de poca monta de tanto en tanto y deprimido el resto del tiempo. Lo único que le hacía no volver era lo avergonzada que se sentiría al mirar a los ojos a su familia y aceptar que había desistido, que no iba a intentarlo. No podía hacerle eso a Gwen. No tenía derecho a romperle el corazón una vez más, porque sabía que su hermana, pese a echarle de menos como la que más, lo único que quería era ver de nuevo la felicidad en el rostro de Gideon. Tenía que volver con mil historias que contar, con un nombre, con una buena cantidad de obras de arte y sobre todo con una sonrisa en el rostro.
Así que una vez más, pensó en Gwen y sintió que ella también estaba pensando en él. Sabía que su hermana se iba a dormir cada noche pidiendo a los cielos que cuidaran de él. Gideon se quitó el pequeño pasador del pelo que su hermana le había dado el día en el que se había marchado. Algún día volvería a ver su cara, para ese entonces más madura, y haría que sonriese con sus historias.
El pensar en su hermana era le hacía sentir lo bastante fuerte como para continuar unas semanas más, pero necesitaba una motivación mayor. Cazar piratas ayudaba y llevar a Omi consigo también, pero necesitaba costearse el tabaco y conseguir un barco. Estaba bien ir de un lado a otro utilizando los barcos comerciales, pero Gideon necesitaba libertad, hacerse a la mar y luchar como era debido. No podía esperar a blandir su espada en condiciones y asestar el golpe definitivo a uno de esos grandes piratas de los que oía hablar en las tabernas. Quería hincarle el diente a una buena suma de berries, apuntarse una victoria.
Así que ese fue el objetivo que se fijó, necesitaba reunir lo suficiente como para comprar un barco y echarse a la mar. Lo que no sabía es lo que el futuro le depararía dos meses más tarde.
Gideon De Villiers
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
65
100
103
21
21
103
48
28
10
0
Hace meses
Echaba de menos cada día a su familia, al refugio… Cada noche se imaginaba cómo estarían sus padres y su hermana, cómo habían arreglado el refugio y cuántos animales estarían viviendo allí. Gideon volvería algún día y volvería para cuidar de ellos y compartir con el mundo su arte.
Algo que le daba miedo era volver y que algo hubiese pasado, otro ataque de los piratas. Sabía que sus padres contactarían con ella si algo pasaba, aún así era un miedo que no se iba de su pecho. Sabía que tenía que relajarse, confiar en que podrían protegerse y concentrarse en el camino que le quedaba por delante.
Esa noche Omi no se encontraba muy bien, su nariz estaba algo seca, eso podría indicar que tenía fiebre. Gideon había recogido un par de cosas en la ciudad para cuidarle, así que se encontraba pensando en todo eso con Omi dormido en su pecho. Su respiración era tranquila y parecía estar mejorando. Gideon no se perdonaría si algo le pasaba, así que con un nudo en el pecho le acariciaba. Sabía que mañana estaría mejor, pero los pensamientos y la angustia que sentía eran cegadores. Necesitaba encontrar una motivación mayor para seguir adelante.
|