Su aparición fue estelar, sin pedir permiso ante ninguno de los transeúntes que paseaba por la feria, observando las manualidades que varios artistas de lo simple ofrecían, intentando ganarse algunas monedas de manera honrada.
El destello lumínico sorprendió a varios, muchos asustándose por lo repentino del momento, temiendo lo desconocido y asociándolo al mito de las frutas del diablo. Sin embargo, Shin no hizo lo que hizo para dejarse llevar por el qué dirán, si se alejó lo máximo posible de Kuroshiro, fue con la intención de ganarse algo de tiempo y elegir un regalo acorde a la importancia de la velada. Bajo su lógica retorcida, ¿cómo permitir que una mujer del calibre de Nyra se vaya de una cita sin su debido presente? Sería terrible, su reputación de donjuán se vería sumamente comprometida, y no podía permitirlo.
Así fue como inició el pequeño paseo a contrarreloj entre varios de los puestos, acompañado de su fiel bolsita y la distintiva prenda azulada que le compró a Glinda. Observó a un vendedor de flores y entonces recordó una de las primeras cosas que le dijo a la marine antes de llegar al comercio de LinLin, pero justo cuando se decidió por esa opción, su mirada cerúlea se cruzó con algo... más interesante.
Recortó los pasos hacia el lugar en cuestión, a medida que se acercaba el tintineo de los metales ganaba espacio en lo que escuchaba, y los comentarios referentes a la buena calidad de la textura se iban ganando el interés del siempre exigente Hasegawa. El puesto vendía collares, pulseras y amuletos, todo artesanal, con un hombre rozando la tercera edad, dueño de una sonrisa de lo más afable. Shin permaneció en silencio, hasta que su atención fue totalmente captada por uno de los accesorios expuestos, sujetándolo entre los dedos. Se reflejaba perfectamente en sus iris, combinándose con el color de las mismas.
Pero no se podía decir lo mismo del gesto del marine. El relucir del metal no captaba ninguna sonrisa de orgullo.
•••
—No dijiste nada.
Su voz, un eco en el tiempo. Cada día la recordaba con menos detalle, un poco más apagada, como si el paso de los años quisiera silenciarla, y sin embargo, ahí estaba. Otra vez llenando todos sus sentidos. —¿Tienes idea de lo que es esto, Shin? —entre los dedos de Himari había una pulsera, simple y a su vez, hermosa. Le hubiese encantado decir que era otro de sus regalos, desafortunadamente no era el caso.
Habían sido asignados a una zona puntual, donde un barco descargó lo que transportaba, y ellos tenían la orden de no permitirle el paso a nadie. El asunto es que descubrieron esclavos allí, evidente por los collares que mantenían sus impulsos acorralados, y uno de ellos le tendió a Hasegawa la joya que Himari le estaba mostrando. Sus ojos le mostraban súplica, sólo guardando un pequeño atisbo de luz en la pulsera que prácticamente obligó a sostener a Shin, sin embargo...
Lo ignoró por completo.
—Claro que no, no tienes ni idea, ¿cómo fui tan tonta...? —reprocha, ante un Shin que no encuentra palabras para contestarle. El mar en el fondo lucía calmo, sin embargo el viento silbaba con fuerza, acompañando la frustración de su pareja.
—No es nuestro trabajo, Himari. Si nos lo ordenan... —pero no llegó a terminar su punto.
—¿Si nos lo ordenan qué? ¿Tenemos que seguir cualquier tipo de orden incluso si es claramente injusta? —aferrada a la joya, atrapada en su puño, parece titubear antes de seguir hablando. Shin aprovecha ese instante, confrontándola.
—No dije eso. Pero el mundo no va a cambiar porque te pongas delante de una bala pensando que vas a frenarla sin consecuencias. Piénsalo, ¿te crees con el poder suficiente para vencer una batalla contra nuestros superiores? —un paso hacia delante. Ella retrocede. —No quiero perderte por un error estúpido. —otro paso, pero vuelve a alejarse. —¡Himari! Di algo... —aprieta los dientes, no encuentra la forma de hacerle entender su punto —Si tengo que elegir entre hacer lo correcto, o mantenerte a salvo, por mí el mundo puede acabarse. —el silencio se mantiene durante algunos segundos más. La chica frente a él lo observa, en su expresión no hay ira, ni enojo, mucho menos tristeza.
Decepción.
—¿Todo tiene que ver con el poder para ti...? —frunce el ceño, niega con la cabeza. Parece no querer creérselo. —Yo... soy hija de un esclavo. Formé parte de un pequeño grupo revolucionario hasta que mataron a un marine inocente que trató de ayudarme. Me juré a mí misma utilizar las normas del mundo para hacerlo un lugar más justo, y aquí estoy. —dos pasos hacia atrás, cada vez más lejos de Shin —No tuve una familia privilegiada, ni entrenamientos privados desde que nací. No soy ninguna prodigio, ni tampoco la marine más fuerte de mi generación, pero... al menos sé que soy libre, y que sólo yo puedo decidir cómo usar mi libertad. —finalmente le da la espalda, dispuesta a ayudar a esos esclavos. —Que el mundo no va a cambiar, ¿eh? —su sonrisa resignada es invisible para Hasegawa.
—Si necesitas permiso para hacer lo correcto, entonces ya decidiste no hacerlo.
Los ojos de Shin reflejaron su alejamiento, pero...
...antes de darse cuenta, corrió tras ella. Con todas sus fuerzas.
•••
El bullicio de la feria volvió de golpe, el vendedor lo observaba como quien no sabe si está ante un potencial cliente o un vil ladrón, al menos hasta que el albino decidió hablar por fin. —Usted es bastante bueno, caballero. Me la llevo. —alzó levemente la pulsera, y entonces volvió a sacar el dinero correspondiente para pagarle, con unos berries extra a modo de propina antes de alejarse del lugar.
Su nueva tarea era buscar a Kuroshiro, aunque con lo ruidosa que era todo se le hizo bastante más fácil, pues no sólo él llegó a escucharla, sino que también varias personas en los alrededores, y la mayoría observaba hacia el mismo punto. Sólo debía ser sigiloso, rápido (algo que sí se le daba demasiado bien) y entonces, de la absoluta nada, emerger entre la gente e interceptarla de frente, con su bolsa y el regalo guardado en uno de sus bolsillos, sin ser el momento de entregárselo todavía.
—¡Yō, pequeña Nyri! —era como si la tarde hubiese vuelto a empezar con aquel saludo —Tanto tiempo... ¿me extrañaste? —el tono cantarín y animado del albino parecía exponer que recuperó su estado de ánimo habitual, mostrando sonrisas que iban más hiladas al humor de siempre.
—La verdad, eres bastante lenta... ¿cómo pretendes ponerte a mi altura de esa forma? ¡Mira que no pienso cargar contigo hasta la cima! —la apuntó con el dedo índice de la mano que sostenía la bolsa, ambos siendo el núcleo de un momento bastante ruidoso y que muchos de los presentes atestiguaban con gestos divertidos. —Ya me pensaré que pedirte por haberte vencido, por ahora... —se dio la vuelta, apuntando con su brazo libre hacia el cielo.
—¡Nos vamos a la playa! —una energía desbordante, contagiosa. —Prometo ir a tu ritmo esta vez, Nyri. —el último pique previo a iniciar la marcha, tal y como prometió, caminando normal, sin trucos de por medio. ¿Le explicaría el motivo de la carrera? No, jamás, no iba a enterarse hasta quizás recibir el regalo propiamente dicho, en ese instante podría hacer conjeturas al respecto, lo seguro es que no saldría de los labios de Shin.
Cualquiera pensaría que era otro motivo por el cual presumir, al menos por ahora.
Detuve bruscamente el paso con un pequeño respingo y las orejas muy alzadas, sorprendida de encontrármelo de frente.
―Tanto tiempo… ¿me extrañaste?
Esa actitud despreocupada suya se me hizo tan divertida como anticlimática, por lo que no pude evitar dejar escapar una risita apenas oculta pronto por mis dedos. ¡Espera! ¡Se supone que yo debería estar molesta!
―¡Pues seguramente más que tú a mí sí ―exclamé cruzándome de brazos y girándome un poco para ponerme de lado y retirarle mi mirada, mostrándome algo más picada de lo que realmente estaba―, dada la forma que tuviste de irte!
Pero no contento con eso, ¡encima me llama lenta! ¡Como si fuera justo comparar a nadie con él en velocidad!
―¡Oye! ¡¿Y quién ha dicho que tengas que cargarme?! ―me indigné inclinándome hacia él, colocando nuevamente los brazos en jarra―. ¡No soy una de mis maletas! ¡Puedo subir yo solita, gracias!
¡Y encima quiere un premio por haberme vencido en una carrera! ¡Tendrá morro! Pero es innegable que su energía es contagiosa, y no puedo sino reír de nuevo ante la forma tan exagerada de anunciar nuestro destino. Aunque ¿quién soy yo para llamar exagerado a otro?
―¿Seguro que irás a mi ritmo y no te escaparás otra vez? ―sonreí alegremente, retomando la marcha. ¿Para qué seguir fingiendo que me molestaba? Total, ¡el movimiento de mi cola ya me estaría delatando si lo intentara!―. Pero olvídate de eso de pedir un premio por vencer en una especialidad que yo no tengo ―advertí con el reto en la mirada, girándome por un momento para quedar frente a él, empujándole con el índice en el torso, obligándome a dar un par de pasos hacia atrás antes de volver a girar y caminar de forma normal hacia el frente, con las manos enlazadas en la espalda―. Si se te ocurre hacerlo, ¡pienso pedir una compensación cada vez que haga de comer en el barco! Y si pretendes comer al menos tres veces al día, ya te aseguro yo que no te va a salir rentable.
La verdad, me gustaba estar en su compañía. ¡Era muy divertido! Y no solamente eso. Tenía cierto aire de misterio que me daban aún más ganas de las que ya tenía de conocerlo mejor.
―Por cierto, Shin, no me gusta que me dejen con la palabra en la boca. ¿A qué vino el comentario sobre Kael? ―inquirí mirándolo de reojo, analizando su reacción con una sonrisa ladina―. No me digas que ya te estás poniendo celoso~.
¿Había reformulado la frase con la que me acusó de estar enamorándome de él para aprovechar y devolvérsela? Por supuesto. ¿Era algo que yo me planteara en serio? En absoluto, la pregunta no era más que un juego… pero ocultaba cierta preocupación real. Shin ya era la segunda persona que me hacía un comentario similar, y realmente me dolería que alguien de nuestra tripulación pudiera pensar que tengo preferencias de algún tipo. ¡Yo quiero ser amiga de todos! Precisamente por eso es que quiero pasar tiempo a solas con todos ellos, como estoy haciendo hoy con Shin… ¡solo que nunca se me ocurrió que pudiera acabar en una cita!
Por esa razón, aquel no era un tema en el que hoy quisiera detenerme durante demasiado tiempo.
―Oye, tengo mucha curiosidad por preguntarte… ―aproveché también el momento―. Aparte del tema de liberar esclavos, ¿qué otros sueños tienes?
Su risa se vuelve sonora, aunque sin rozar lo exagerado. Eran un dúo de lo más ruidoso, compañeros poco recomendables de tener juntos si el deseo era disfrutar el silencio, pero... eso es lo que lo hacía todo más divertido, ¿ya se dijo que encarnaban la pesadilla de la División Setentaicinco? —¡Pues no fui yo quien estuvo gritando tu nombre dramáticamente! —devolvió el pique, aprovechando que ella se inclinó hacia él y haciendo lo propio, recortando las distancias y dándole un suave toque en la punta de la nariz.
En ese tipo de juegos se siente extremadamente cómodo, incluso con alguien tan molesta a nivel emocional como ella. Era demasiado... perceptiva, es el tipo de peligro que habitualmente evita, y alguien le dio la bendición de que no se la va a poder sacar de encima a no ser que lo reasignen a otra flota.
—Además, pareces ligerita. Seguro que podría cargarte, aunque claro, te quitaría todos los méritos de haber llegado a la cima. ¡Búuuu! —abuchea, con ambos pulgares hacia abajo y sacando la lengua, en un principio daba la sensación de haberla ignorado completamente, pero sí, recordaba muy bien lo de las maletas.
Tras girarse habiendo hecho el anuncio del nuevo destino, ella le hace una pregunta, y claro, Hasegawa no podía ofrecerle ningún tipo de seguridad. —¿Quién sabe? —con una sonrisa bastante pícara, siguió caminando, permitiéndole esta vez sí, hablar sin interrupciones, aunque se arrepiente automáticamente porque decide atreverse a negarle su justa recompensa. ¿Con qué cara? Eso provocó una indignación considerable, más cuando se adelanta, lo empuja con el dedo y comienza a caminar enfrente suyo, invirtiendo los papeles de hace un rato.
—Cuando dije que se me da bien todo lo que hago, no mentí. Algún día te cocinaré y comprobarás mis talentos. —sin tardar demasiado, se puso a su lado, ligeramente por delante, dirigiendo la marcha. Y claro, Kuroshiro no podía dejar en paz los temas de conversación más pesados, densos o aburridos, quejándose por haberse quedado con la palabra en la boca y rápidamente reinsertando temas previos. Lo descartaría inmediatamente, más cuando se trataban de los asuntos de su amigo —No podría ponerme celoso, Nyri. Aunque no lo creas sólo tuve una novia en toda mi vida. —se encoge de hombros, negando con la cabeza, y diciendo con absoluta ligereza algo que en realidad, escondía un peso descomunal.
—Y planeo mantenerlo así. —el gesto burlón la picaba, como si le hubiese dicho que no le interesa. Dominaba el arte de la redirección de atención, metiéndose quizás con su orgullo, o en su defecto, algo más externo para evitar el por qué de sus motivos. Además, considerando lo mujeriego que parecía esa información incluso podría ser sospechada como falsa.
—Pero entiendo tu preocupación. Eres bastante atractiva, divertida y luces como una buena persona, si fuese tú, también pensaría que los demás se ponen celosos por mí. —otra característica de Shin, decir las cosas que decide decir sin filtro, sabiendo quizás que son pensamientos que cualquiera se guardaría, pero al mismo tiempo demostrando una seguridad altísima, lo suficiente como para dar a entender que no le interesaba ser mal visto por otros.
Siguieron avanzando, y fue más adelante que las cosas se pusieron un poco más personales. Nunca lidió bien con esa pregunta, aunque la sonrisa no se le borra, ¿cómo confesar que en realidad no eligió ser marine? Lo criaron para ello, como el único destino de su vida, la única razón de su nacimiento. —Yo... —después de todo lo que recordó, la voz de Himari tan nítida, apareció una grieta clara. Suspiró, negando con la cabeza casi de inmediato.
—Vas a ser el mejor marine de la historia.
—Cargas con dos apellidos, hijo. La voluntad de dos familias.
—No puedes permitirte fracasar, Shin.
—Cuando naciste, te convertiste en nuestra esperanza.
—Con todo lo que te enseñaremos, serás el arma definitiva de los Hasegawa.
—Para cambiar el mundo, por supuesto.
Su sonrisa se reintegró, como si nunca hubiese desaparecido.
Siguieron caminando con aparente normalidad, pero esta vez no iba a dejarla del lado críptico de la película. —Creo que existen los piratas porque el sistema lo permite. Porque el poder y los beneficios se reparten entre unos pocos. —y lo sabía por el elitismo de su propio clan, o clanes, mejor dicho. Esa historia no se la contaría él, claro está —Y creo que los revolucionarios en una medida prudencial, tienen cierto grado de razón. Pero... —ese incisivo lo distanciaba de ser otro criminal —Las sociedades no funcionan si reina la anarquía, bajo una ley salvaje del más fuerte, eso en realidad es debilidad. —levanta el puño a la altura de su pecho a modo de quitar tensión con un gesto infantil —Los fuertes somos capaces de jugar con las reglas impuestas y redefinirlas para hacerlas más justas. Por eso me dispuse a ser el mejor marine de la historia, seré quien cambie al mundo dentro del sistema. —dijo mucho y poco a la vez, omitiendo los orígenes de sus ideales.
Aunque no existieron pausas, pensó cada palabra con sumo cuidado, y el discurso duró lo suficiente para que empezaran a escuchar el oleaje del mar, y por supuesto, apareciera la hermosa vista del faro.
La noche era preciosa, el cielo despejado estaba a rebosar de estrellas, la oscuridad absoluta del horizonte marino era iluminada por la guía ofrecida del faro, y como cereza del pastel, varias luciérnagas danzaban en la playa, perfectamente visibles desde el pequeño mirador. Una estructura de madera con vallas que llegaban al abdomen del marine, desde donde se podía apreciar absolutamente todo, unas vistas tan completas que incluso pasando varios minutos frente a ellas, se seguirían encontrando detalles.
En silencio, Shin observó de soslayo a Nyra, intentando apreciar el tipo de reacción que pondría ante lo que veía, para posteriormente deleitarse él también, apoyándose tras una inclinación en el borde superior de la madera, completamente relajado.
Las luces de las luciérnagas se reflejaban en sus ojos, brindando un leve momento de tranquilidad. Sin ruido. Sin voces que deseaba escuchar cerca. Ni tampoco las que prefería olvidar. Estaba claro que, de alguna manera inexplicable, había conectado con esa chica en ideales, en energía y en esa terquedad tan particular que solía caracterizarlo, aunque claro, ambos lo enfocaban de manera distinta, y en esa vorágine de sensaciones extrañas, picó la curiosidad, instante donde volvió a observarla de reojo, sus iris cerúleas conteniendo un brillo extraño, casi onírico, incluso cuando la iluminación era baja.
El silencio nocturno se llenaba por el silbar del viento, una brisa marina fresca que podía helar levemente la piel. El bullicio de la feria los había abandonado por completo, y al menos Hasegawa parecía no querer romper inmediatamente aquel pequeño instante, donde sus propios pensamientos parecían alborotarse sin factores externos más allá de lo que los llevó a... conocerse un poco mejor.
—¿Y tú, Nyri? ¿Por qué te hiciste marine? —se animó a cuestionar, a pesar de que siempre evitaba involucrarse demasiado con nuevas personas, intentando olvidarse del regalo que pretendía hacerle para "coronar la cita", preguntándose si realmente lo sintió por eso, o habían razones que todavía no terminó de procesar. Quizás la culpa era de Himari, y su absurdo talento para aparecer en los momentos menos indicados con las palabras adecuadas.
Ante su toque en mi nariz, mi risa vuelve a escapar con suavidad, dejando al fin de quedar contenida tras mencionar cómo estuve llamando la atención. ¡Es tan divertido poder bromear con alguien de esta manera! La verdad es que no podría alegrarme más de tenerlo como compañero de división. Aunque, por supuesto, ¡eso no iba a significar que fuera a dejar pasar ese abucheo!
―Sí que soy ligerita, ¡pero por eso mismo no quiero que me cargues! ―reprocho con falso pique, intentando tocarle la nariz un instante, tal y como él hizo, antes de que deje de sacar la lengua―. ¡No voy a consentir que nadie me quite el mérito de llegar hasta allí! Sobre todo, porque no es la única cima a la que voy a subir~.
Reí de nuevo con aquella última frase, sabiendo que no sabría a qué me refería, si es que siquiera le daba alguna importancia. Por supuesto, esa cima no es la del poder; hay millones de personas más fuertes de lo que yo jamás podría llegar a ser, incluido el propio Shin. No. Mi cima es una muy distinta.
Y, por supuesto, él también jugaría con el misterio sobre si echaría a correr nuevamente o no. Obviamente, la ignoré (incluso si se atrevía a volver a huir, ¡correría de nuevo tras de él!), y no tardó en mencionar nuevamente que todo se le daba bien. Casi estaba consiguiendo que me pusiera el reto personal de encontrar algo que se le diera mal (dibujar, cantar, hacer croché… ¡algo tenía que haber!), pero esa sería una conversación para otro momento.
―¿De verdad~? ―inquirí con el reto en la mirada, acelerando ligeramente para alcanzar el ritmo de sus pasos, buscando sus iris celestes con los míos aguamarina―. Pues entonces, te compensaré por tu victoria en la carrera el día que me cocines si preparas algo que esté a la altura de mi comida, ¡así que esperaré con ganas tu mejor plato!
Vale, sí, lo admito… ¡Ha conseguido causarme mucha curiosidad sobre qué será capaz de hacer en la cocina!
Pero ya no pude contener durante mucho más aquel pequeño comedero de coco, y me atreví a hacer aquella pregunta sobre los celos para tantear el terreno. Mi intención era una muy concreta y… no me esperé en absoluto que fuera a desembocar en una confesión tan directa.
Lo observé sin girar demasiado el rostro, pero sin apartar un instante la mirada sobre él. Por un instante, volvieron a mí los recuerdos de aquella misma tarde, cuando insistió en que esto fuera una cita, y más tarde cuando intentó ligar con LinLin, como él la llamó. Para él, habría sido infinitamente más fácil dar cualquier otro tipo de respuesta. Habría sido infinitamente más fácil mentir volviendo a hablar de bodas o haciendo un comentario que volviera a hacerlo ver como un picaflor. Pero no. En su lugar dijo algo completamente distinto a las mentiras que había contado toda la tarde, y fue precisamente por eso que lo creí. Sonaba demasiado real... porque, a veces, una historia puede llegar a marcar tanto que uno simplemente necesita distraerse. ¿Quizás… era a eso a lo que le tenía miedo?
No pude evitar preguntarme cuántas personas sabrían aquello sobre él… y por qué había decidido contarme eso precisamente a mí. Por supuesto, no lo diría en voz alta. Inevitablemente, una pequeña semilla de culpa se había instalado en mi pecho por haberle hecho pensar en cosas que quizás habría preferido no recordar…
Un error que no tardaría en remediar… y él me abrió la puerta a hacerlo con sus nuevos elogios.
Mi sonrisa, que durante aquellos segundos había comenzado a cerrarse como una flor durante la noche, despertó de nuevo al tiempo que volvía a mirar al frente.
―¡Oye, que no soy tan egocéntrica! ―me quejé, aunque sin el menor atisbo de pique en esta ocasión―. La verdad es que estaba un poco preocupada por que pudiera haber causado accidentalmente algún tipo de malentendido o que alguien sintiera que estoy priorizando a unos por encima de otros. ¡Me alegra mucho que no sea el caso!
Con la paz interior que me había dado pronunciar aquellas palabras y lo cómoda que me estaba sintiendo a su lado, me atreví a preguntar más sobre él. Pensé que indagar sobre sus sueños harían aún más agradable aquella conversación, especialmente siendo él tan directo respecto a la mayoría de cosas que se le pasaban por la cabeza… pero, por primera vez, titubeó. Un suspiro y una breve negación.
Su sonrisa reapareció casi de inmediato, y la mía permaneció sola en el rostro conforme explicaba. Me encantaba escuchar de labios de alguien más una aspiración tan similar a la que tanto tiempo había guardado bajo llave en mi propio pecho. La influencia del poder en la existencia de los piratas. La razón y peligros que conlleva el bando de los revolucionarios. La estabilidad de una ley ya impuesta y respetada como puerta a un cambio real a largo plazo.
Resultaba… liberador. Tanto como el rumor de las olas que ya se escuchaban desde la playa.
Ya lejos de las luces del mercadillo, las estrellas parecían brillar mucho más, adornando la noche al paso de la luz del faro en un bonito baile. Algunas parecían incluso haber caído cerca, simulando ser luciérnagas sobrevolando la suave arena que se veía recorriendo la isla a los pies del mirador.
Las turquesas de mis iris observaban todo con calma curiosidad, queriendo grabar para siempre aquella imagen, la sensación del viento agitando suavemente el cabello, el aroma a sal sobre la piel que a ratos se mezclaba con el característico perfume que siempre lo acompañaba…
―Esto es precioso… ―suspiré, sólo audible para él, apoyando los brazos sobre la madera, cerca de mi cuerpo, inclinándome ligeramente hacia delante dejando caer las manos enlazadas hacia la playa―. Gracias por traerme aquí, Shin.
El silencio se instaló agradablemente entre los dos, creando una pequeña burbuja que pareciera conformar nuestro propio mundo al margen del de nuestro alrededor.
―¿Y tú, Nyri? ―Cuando Shin habló, no rompió la magia. Muy al contrario, cuando mis iris buscaron los suyos, cayeron atrapados en su propio mar―. ¿Por qué te hiciste marine?
Mis labios se curvaron ligeramente en una sonrisa sutil.
―Porque aunque hay algún pirata bueno, otros parecen reunir todos los males. Porque si ellos vencieran a la Marina, reinaría el caos y la violencia por el poder en todas las islas. ―Cuando hablé, lo hice con tanta suavidad que, si no pudiera escucharme perfectamente por estar a mi lado, la brisa bien podría haber robado mis palabras―. Porque los revolucionarios tienen buenos ideales que, con su método, sólo podrían implementarse tras la sangre de miles de inocentes en una larguísima guerra. Porque la Marina no es perfecta, pero es respetada y seguida en todos los mares. Porque está formada por marines y estos son los únicos con alguna posibilidad de cambiarla. Porque ser el cambio desde dentro es la única manera de evitar toda la sangre inocente que se pueda.
Mis pupilas quedaron imantadas a las suyas, transmitiendo toda mi seriedad. Mi deseo. Mi convicción.
Pasados unos segundos, sin embargo, una suave risita alimentada por un miedo intrusivo me hizo apartar la mirada, primero hacia abajo; después, hacia el mar.
―Te prometo que no te estoy copiando… ―respondí yo sola al pensamiento que temí que se le estuviera pasando por la cabeza. Hablé mientras pasaba todo mi cabello al lado opuesto de donde se encontraba él sólo por tener algo que hacer con las manos―. Es sólo que… esta es la primera vez que conozco a alguien que verdaderamente comparte mi ideal. Y sé lo que piensas. Y es verdad. Nunca seré tan fuerte como otros… incluido tú. ―No se me había olvidado la manera en la que, mientras estábamos en la tienda, había querido cargarse él con toda esa responsabilidad. Finalmente me rendí ante el ligero viento, dejando escapar mis cabellos para que pudiera jugar con ellos―. Pero quizás no necesite llegar a ese nivel de poder. Quizás haya otras formas de lograrlo. Puedo pasar desapercibida, intentar infiltrarme, llegar a acuerdos, utilizar mis conocimientos sobre la ley…
Sólo entonces, a la luz de las luciérnagas, mis aguamarinas volvieron a buscar aquel misterioso brillo cerúleo.
―Shin, de verdad que quiero formar equipo contigo. Entiendo que no quieras porque tengo aún mucho que aprender… pero espero poder demostrarte algún día que puedes contar conmigo para llegar a donde tu inevitable fama no te lo termine permitiendo, o cuando se necesite tu poder en otro lado.
Sonreí entonces de nuevo, más alegre, más honesta, más viva.
―Me alegro mucho… de poder compartir división contigo. De haber podido conocerte.
27-04-2026, 07:12 AM (Última modificación: 27-04-2026, 07:16 AM por Hasegawa Shin.)
Sus ojos turquesa reflejaban las luciérnagas revoloteando en la playa, podría jurarle que contaba estrellas y él le creería sin dudarlo, enalteciendo una pequeña sonrisa en sus labios. El gesto lo dejó descolocado, ¿acaso era algún tipo de orgullo por haberle causado esa reacción? No entendía si quería sorprenderla sólo por ego, o porque en el fondo deseaba confiar en que ella buscaba lo mismo que él, y no se detendría hasta conseguirlo.
Tener frente a ellos un mundo mejor, más justo.
El agradecimiento no es respondido con palabras, Hasegawa sólo cierra los ojos y niega con la cabeza, dándole a entender que no era nada, incluso y si por dentro reconocía que aquello fue resultado de llevar demasiado lejos una broma, hasta terminar involucrando pensamientos plagados de emociones verdaderas. Le parecía irónico, y le escocía la idea de que Himari estaría riendo por verlo en esa situación.
Desvió la mirada hacia el mar breves segundos, evitando mirarla a los ojos. Entrecerró los párpados reconociendo que prácticamente nadie conseguía hacerlo retroceder en un contacto visual, y el orgullo lo obligó a buscarla de reojo, preguntándole por fin aquella duda que llegó a rondarle en la cabeza varios instantes, al menos desde que decidió decirle que no avanzaría en sus sueños sin ella. Era una pesada.
A medida que se robaba sus susurros, iba girando el rostro más y más en su dirección, incapaz de negar el acuerdo con los motivos que le revelaba. Uno silencioso, que evitaría pronunciar demasiado alto considerando el nivel de conexión que estaban experimentando, y lo mucho que volaba lejos de nuevos vínculos.
Habría sido mucho más fácil intentar seducirla y luego mudarse de División, pero se le tuvo que ocurrir esto...
El pequeño silencio pareció mantenerse durante una eternidad mientras se miraban. No había incomodidad, sólo comprensión, validación a la voluntad con la que se expresaba, un reconocimiento genuino en los ojos cerúleos del albino, alimentado por su sonrisa, una que sólo creció al escucharla reír, solemne en su gesto, dispuesto a dejarla terminar, sin dejar de mirarla esta vez, enfrentando las sensaciones que emergían a la tenue luz de las estrellas, y por supuesto, la propia aura que exhalaba a cada nueva palabra que le dedicaba. Nyra brillaba desde su propia existencia, muy pocas veces se encontraban a personas así.
—De verdad que eres de lo que no hay... —bajó la cabeza, entre sus brazos apoyados en la madera, negando con ella. No lograba entenderla del todo, ¿cómo confesaba que quería hacer equipo después de aquel discurso? ¿Cómo le dice sin titubear que se alegra de conocerle? Enfrentó todas las pruebas y trampas que puso para demostrarle que estaba loco, o era un tipo que no se tomaba nada en serio, y finalmente estaba allí, a punto de terminar de romper su máscara, dejando entrever el universo que habitaba detrás de tanto carisma y ego. —Así no vas a llegar a ningún lado, pequeña Nyri. —dijo tras breves segundos, observando el mar calmo, suspirando sus siguientes palabras.
—Eres demasiado cursi.
Las olas guardaron silencio.
Cada brillo individual de las luciérnagas tomó la forma de un recuerdo.
Shin cerró los ojos con fuerza.
•••
—¡Que no! ¡Tú eres demasiado frío!
La voz quejosa de Himari inundaba de presencia el amplio campo verde que los rodeaba, ambos en un picnic improvisado, comiendo algo de arroz y repasando los últimos días, las últimas novedades de la vida que habían decidido pasar juntos, siendo precisamente el trozo de papel en manos de la pelirrosa un detalle que los había unido mucho más de lo que Shin jamás habría imaginado. —¡Vas a escuchar hasta la última palabra! No lo habría conseguido sin ti. —los esclavos liberados en completo sigilo habían elegido al único de ellos que sabía leer y escribir, y mediante un recadero les hicieron llegar la carta que la chica insistía en terminar de leerle a Hasegawa.
—A veces me pregunto por qué sigo contigo... —suspira —¡Sólo pido un poco de silencio! ¡No es mucha demanda! —la señaló con los palillos, consiguiendo que se le caigan algunos granos de arroz del cuenco.
—¡Oye! Hoy duermes en el sofá. —sentenció, cerrando los ojos, levantando el mentón y girando el rostro hacia el lado opuesto del albino. El enfado duró poco, pues recordó su objetivo y decidió que se impondría a la desgana del hombre, aclarándose la garganta y continuando. —Bien, ¿por dónde iba...? —su dedo repasó los renglones, encontrando justo el punto exacto donde Shin la había interrumpido.
—"...supe de inmediato que el hombre de cabello blanco tenía corazón. Aunque ignoró el regalo, lo vi en sus ojos, no fue como el gesto de otros que sencillamente pasaron de nosotros. Tampoco permití que me dominen las falsas esperanzas, sin embargo, fue la primera vez en mucho tiempo que sentí alivio, y fantaseé con la idea de tener una vida libre". —su voz se quiebra durante breves segundos, volviéndola a aclarar, totalmente dispuesta a seguir —"Nunca habrán suficientes formas de agradecimiento. Nunca existirá un valor equivalente a lo que nuestras vidas representan, pero hasta el día en que consiga descubrir como expresarlo en algo más que palabras... gracias. A los dos. —su mano, levemente temblorosa, desciende hasta su regazo, doblando la hoja. Los ojos de Himari se tornan llorosos, Shin ya había dejado de comer, pero al notarlo se acercó un poco, prestándole suma atención.
—Himari, ¿estás bien...? —odiaba verla al borde del llanto, incluso si era pura emoción desbordante. Y la habría abrazado de no ser porque se le dibujó esa sonrisa que tanto adoraba presenciar.
—¡Eres un idiota, Shin! ¡No puedo entender cómo tardaste tanto en aceptar que no debes seguir todo lo que te dicen! —agitó los brazos, molesta y feliz al mismo tiempo. Una extraña mezcla que sólo ella podía volver lógica. —¿Lo ves por fin? —sujetó la carta, poniéndola a la altura de su pecho, entre ambos, y generando un silencio que al menos durante varios segundos el albino no supo como rellenar.
—Yo... —bajó la mirada. El ámbar de sus iris era demasiado poderoso como para seguir observándola —...no lo tengo claro. —reconoció entonces, girando el rostro hacia un costado, perdido en el horizonte de árboles que adornaban las vistas. —Siempre creí que existían motivos para justificar las órdenes. Un bien mayor común. Pero supongo que todavía tengo mucho que aprender. —se reencuentra con su propia fuerza, girándose hacia Himari. Sus ojos recuperaron el brillo sin mostrarse acuosos por las lágrimas —No por nada seré el mejor marine de la historia. Debo poder entender todas las perspectivas. —ya no era serlo en cuestión de poder, ni disciplina, y ella lo vio con total claridad. Por primera vez desde que se conocieron era capaz de responder a esa frase de apariencia egocéntrica, a su sueño con la cima, con un símbolo de aprobación. Shin sintió una energía diferente en el expresivo rostro de la chica, y por fin la escuchó, palabras que recordaría para siempre.
—Lo harás bien, Shin.
El albino se descolocó, sus labios se abrieron sin emitir palabras.
—Sólo sigue brillando. Creo en ti.
Una calidez que nunca había sentido lo invadió.
Y el pensamiento de que ella brillaba más que cualquier estrella que haya presenciado se instaló en su corazón.
•••
Rebuscó en la bolsa apoyada en el suelo la pulsera que compró, detalles azules dotándola de una personalidad única, el magnetismo que consiguió traer de vuelta a Himari a sus memorias con tanta claridad, como si la hubiese visto por última vez esa misma mañana. Al principio la ocultó en su puño cerrado, girando todo el cuerpo en dirección a Kuroshiro y recortando aún más las distancias —Eres tonta en tu inteligencia, pero... —un breve suspenso, como si le costase seguir.
La brisa proveniente del mar arrastró consigo a las luciérnagas. En segundos, se vieron rodeados de pequeñas luces parpadeantes, iluminándolos a ambos, trayendo las memorias que Shin observó en ellas como si fuesen una reminiscencia de las palabras que iba a decirle, justo al mismo tiempo en que dejaba caer la pulsera frente a los ojos turquesa de Nyra, enganchada a uno de sus dedos para mantenerla colgada y mostrársela. La sonrisa en sus labios, tan tenue como trágica, se veía a través del presente, mirándola fijamente.
—Lo harás bien, Nyra.
Extendió la pulsera hacia ella, hasta reposarla en una de sus manos.
Sus siguientes palabras fueron susurradas, como si fuesen una respuesta al tono que ella usó antes.
Esta vez, desvió la mirada al mar.
—Pero debes hacerte fuerte, así no tendré que dejarte atrás.
Su cuerpo volvió a inclinarse hacia la madera. Su sonrisa de soslayo selló el momento.
―De verdad que eres de lo que no hay… ―mi sonrisa se amplió con suavidad ante aquellas palabras y mi mirada viajó hasta el mar cuando él bajó la cabeza, negando con ella, y traté de darle su espacio―. Así no vas a llegar a ningún lado, pequeña Nyri. ―Sin embargo, logró así despertar mi curiosidad y no pude evitar mirarlo de reojo―. Eres demasiado cursi.
Si no hubiera suspirado, habría reído divertida por aquella conclusión. Sin embargo, por aquel único instante, me pareció que estaba secuestrado por algo… y yo no habría sabido decir si era su mente o su corazón. O quizás no tenía nada que ver y yo estaba simplemente sobrepensando…
―Quizás tengas razón ―respondí finalmente tras varios segundos, con una cálida sonrisa en los labios antes de llevar la mirada de nuevo al mar―. Aunque yo prefiero decir que soy simplemente sincera~.
Esperaba que aquel ligerísimo tono juguetón final lo hiciera sentir un poco mejor, quizás devolviéndolo un poquito más al presente. Sin embargo, si lo que necesitaba era más tiempo en silencio, no sería yo quien se lo arrebataría.
No pude evitar mirarlo nuevamente con curiosidad cuando fue a rebuscar algo en su bolsa. Por un momento me preocupé un poquito. ¿Quizás lo habría terminado de poner incómodo sin querer? Sin embargo, la inquietud se disipó cuando, con el puño aún cerrado, se acercó un poquito más a mí… ¡¿para decirme que soy tonta en mi inteligencia?!
No pude evitar fruncir un segundo el ceño, queriendo preguntarle a qué se refería, pero todo aquel pensamiento se esfumó en cuanto me di cuenta de que parecía costarle seguir hablando. ¿Estaba bien…?
Como una señal a mi pregunta interna, el viento trajo la luz de las luciérnagas brillando como pequeñas estrellas a nuestro alrededor… aunque no lo hicieron tanto como el gesto y las palabras de Shin al mostrar la pulsera.
Mi sonrisa se amplió, feliz de su respuesta a mi petición. Tomé la pulsera con suavidad, y entonces sus siguientes palabras pasaron a ser las sostenidas por la brisa del mar.
―Me haré fuerte ―me abroché la pulsera al tiempo que respondía con un tono similar―. Y aunque no llegue a serlo tanto como tú, te aseguro que seré tan útil que no querrás dejarme atrás.
Feliz, me apoyé de nuevo sobre la madera, con la cola moviéndose de lado a lado a mis espaldas y con la emoción contenida en mi energía y en la mirada mientras observaba la preciosa pulsera.
―Gracias, Shin. Por darme esta oportunidad. No te arrepentirás.
Su "sinceridad" lo atrapó, como si hubiese sido rodeado por, irónicamente, una verdad incómoda, evidenciando las dolencias que volcaban a su personalidad contra corrientes repletas de fachadas, o actitudes despreocupadas adornadas de fortalezas. Kuroshiro era peligrosa por lo fácil que le resultaba ser sencilla, y ser dueña de una susceptibilidad muy profunda a los detalles ocultos a simple vista. Esa idea le hizo temer sobre las conclusiones que podría sacar al respecto de su regalo, aunque no lo echó hacia atrás con la idea. Sentía, muy en el fondo, que se lo había ganado.
Envueltos en pequeñas luces parpadeantes, mucho más tenues que los destellos que es capaz de producir con su curioso poder, reflejándose en los cabellos claros de ambos, en sus miradas conectando, le regaló la pulsera. Fue mucho más profundo de lo que había ideado, cada paso que lo acompañó hasta ese punto acumuló un recuerdo que ahora le terminaba transmitiendo, compartiéndole a su modo indirecto y evasivo parte del sueño nacido desde los labios de Himari.
Lo aceptó de inmediato, y también la condición que acompañaba el presente. Su respuesta era directa, reconociendo el deber de hacerse fuerte y hablando sobre una utilidad tan elevada que al final, no pudiese ignorar, algo que le arrebató una leve negación de su cabeza, positiva aunque pareciera lo contrario. Shin no podía creer lo testaruda que era, y lo rápido que aceptaba involucrarse en situaciones desventajosas, pues mezclarse en esa exigencia, el arduo camino del poder, indicaba que experimentaría la soledad que conllevaba, y en el fondo se preguntaba si siendo como era sería capaz de tolerarlo.
De caminar a su par, en un mundo donde encontrarse murallas inamovibles era el pan de cada día.
Volvió a echarse sobre la madera, y Hasegawa la acompañó, levemente más cerca que antes, como si las distancias emocionales rígidas hubiesen caído. —¿Oportunidad? —cuestionó, mirándola de reojo, la bolsa en medio ambos, enmarcando el único espacio que existía entre ellos —Ya te lo dije. Esto es una cita, no podía dejarte ir sin un regalo. —una mentira, quizás muy fácil de detectar. No se esforzó en dibujar alrededor de ella, simplemente volvía a su coraza, a los chistes donde no tenía que pensar demasiado sobre las demás personas, incluso y si su subconsciente seguía trabajando. Permitirse involucrarse tan rápido con alguien era similar al pecado, y comenzaba a odiar la química notoria que surgía a su lado.
—Supongo que este es el momento en donde me besas para sellar la escena romántica, como en todas las novelas ligeras. A la luz de la luna y tras un regalo que te acompañará sobre tu piel. —su sonrisa, tan traviesa como de costumbre, se mantiene en labios del marine. Observa hacia delante, rodeado de las pequeñas luces de las luciérnagas —Pero estamos en la fase de nuestro matrimonio donde el contacto físico ya no es necesario. —volvió a sacarle la lengua, mirándola de reojo y sujetando la bolsa mientras volvía a una broma pasada, traída desde el interior de la tienda de Glinda.
Entonces, con sus cosas en mano, saltó la valla y comenzó a correr hacia la playa, desde donde se podía percibir con muchísimo más detalle el faro. Necesitaba esa energía, descomprimir la cercanía que a estas alturas, no podía ignorar. El aprecio que tras esa salida se estableció en él, hacia Kuroshiro. El peso de los recuerdos, los fantasmas vinculados a Himari, y claro, ese amor eterno que no lo abandonaba.
Definitivamente dudaría de aceptar la próxima vez que surgiese la idea de salir a comprar ropa con ella.
—¡Nyriiii! ¿Qué crees que pasaría si apunto con mi luz al faro? ¿Me devolverá el saludo? ¿¡Pruebo!? —apunta al mencionado, partículas doradas de su poder empiezan a rodearlo, más que dispuesto a cumplir con su palabra si nadie lo evitaba. Las olas del mar sonaban de fondo, la noche empezaba a transmitir paz, y tras tanta densidad mental, comenzaba a sentirse mejor en sus tonterías, estaba seguro que de alguna forma Nyra iba a potenciar la gracia de sus ocurrencias, incluso si se trataba de evitarlo.
Acostumbrarse a que sería la horma de su zapato parecía la mejor idea, porque no tenía pinta de que sencillamente pudiese dejarla atrás.
Dejé escapar una nueva risita ante el recordatorio de la cita. Estaba tan centrada en la conversación y en conocerlo mejor que ya casi había olvidado aquel juego.
―Tienes razón~.
La diversión en mis labios se tornó sorpresa en mis aguamarinas ante la mención del beso incluso aunque fuera evidente que no hablaba en serio, y no pude evitar sentir aún más la sensación de la pulsera en mi muñeca ante la mención de mi piel. Él mira al horizonte, y sus palabras redirigen pronto mis pensamientos hacia aquel matrimonio que ya había durado tanto que ni siquiera requería contacto.
―Vaya, ¡es cierto, querido! ―respondí siguiéndole el juego con voz exagerada y llevándome la mano al pecho, reteniendo una nueva risa en mi garganta a duras penas al ver cómo me había sacado la lengua―. Además, ya dentro de nada serán nuestras bodas de oro, y te recuerdo que este año me toca a mí organizar la cita ―fui advirtiendo con algo de verdad entre las bromas, analizando con secreta curiosidad su reacción―. La próxima vez, seré yo quien te dé un regalo a ti~.
En un sólo movimiento, el albino agitó las luciérnagas que nos rodeaban al saltar aquella valla. Me quedé observándolo mientras corría hacia la playa con esa energía que lo caracterizaba, tratando de quedarme con aquella imagen. Actuó tan imprevisiblemente como siempre, con esa facilidad que tenía para hacerme vivir el presente y olvidar todo lo demás.
En cuanto sus pasos llegaron hasta la arena, me ofreció un nuevo juego.
―¡Espera! ―indiqué alzando la mano en un gesto de “alto”, ya que nunca estoy segura de hasta a qué distancia oyen bien los demás.
Coloqué ambas manos en la madera y, con la destreza que me caracteriza, un pequeño salto fue suficiente para subirme a ella y ponerme de pie sobre la baranda. Tengo buen equilibrio, así que no me importaba estar así mientras observaba visiblemente hacia uno y otro lado, aprovechando que se me da bien ver en la oscuridad para asegurarme de que no hubiera a la vista ningún barco al que pudiésemos provocar algún inconveniente.
Por suerte, sólo las olas, la luna y las estrellas parecía que serían testigos de nuestra travesura.
―¡Via libre, Shin! ―lo avisé agitando emocionada ambos brazos sobre mi cabeza, dando pequeños saltitos en el sitio simplemente moviendo un poco los pies―. ¡Prueba, prueba!
Independientemente de lo que ocurriera, tenía la certeza de que esta cita sería un recuerdo que me acompañaría toda la vida.
Pocas personas eran capaces de seguirle el ritmo sin caer derrotadas ante la brutal exigencia que suponía ponerse a su par, y sin embargo, Kuroshiro sabía encontrar todos los atajos para reducir esa demandante fatiga que suele transmitir a otros la sensación de que "ya tuvieron suficiente de Hasegawa Shin", algo muy disfrutado por el albino. Al inicio, lo descolocó, luego, provocó una curiosidad difícil de ignorar, porque debía existir una razón para semejante temple. De alguna forma, iba a averiguarlo.
—Siempre la tengo, deberías acostumbrarte. —contestó antes de ser abatido en su propio juego y escuchar a Nyra tontear en personaje, llamarle "querido" y mencionar bodas de oro. Echó a reír, pero de verdad, la chica había conseguido arrebatarle una carcajada total de varios segundos antes de observarla de reojo, una sonrisa en sus labios traída desde la risa que acababa de causarle.
—¿Otra cita? Ten cuidado o me terminarás enamorando. —rompió el juego, reinsertando su típica coquetería en la escena. —Pero hazme el favor de no volver a llamarme "querido", es tan anticuado que duele. ¿Quieres sumarme veinte años y la falta de algunos dientes en mi boca? —antes de saltar la valla, se acerca a ella, casi que cara a cara, con una sonrisa en tono infantil, traviesa. —Eres más creativa que eso, pequeña Nyri. —y entonces sí, utilizó su velocidad física para echar a correr. En realidad, desconocía si con simples capacidades fisiológicas Kuroshiro era capaz de seguirle el paso, pero al menos en esa ocasión, consiguió ganarle por mera iniciativa, llegando a la playa mientras trataba de aprovechar toda la ventaja generada.
Ante semejante ocurrencia, imaginó que sería detenido por una Nyra mucho más responsable en ideas que él, pero repentinamente la escuchó diciéndole que espere, con un gesto bastante gráfico y una pose que hasta le podría hacer imaginar el movimiento de sus orejas y sentidos aumentados dirigiéndose hacia todos lados. Eso le causó algo de ternura, no podía negarlo, y fue sorprendido por última vez en la noche recibiendo el condecorado permiso de la humink.
—¡Te culparé por los daños ocasionados y posibles multas! —exclamó mientras se daba vuelta, encarándose al famoso faro de Baterilla, más que dispuesto a iniciar la prometida competencia. Colocó ambas manos juntas para dirigir un rayo a la máxima distancia que le era posible y aunque no llegó ni de broma al susodicho, su luz era más visible que la emanada por el director del tránsito naval.
El brillo que emanaba era diferente a todo lo que Kuroshiro había visto. Con mucho más tiempo para observarlo, ya que esta vez se quedó quieto en su lugar, pudo percibir que se transformaba en el elemento, produciendo brillos etéreos, intensos pero hermosos a la vista, una experiencia tan maravillosa como alocada era la travesura, y es que al final, en respuesta, el faro comenzó a parpadear al mismo tiempo en que intentaba ubicar el origen de la luz del marine. Posiblemente estaba transmitiendo un mensaje en código, algo que Shin detectó casi de inmediato.
—Nyri... —un susurro, con miedo en su tono de voz. Lo nunca visto —¡Vienen a por nosotros! ¡Yo te dije que era mala idea! —inmediatamente se volteó, y con sólo sus piernas transformadas en el elemento, se dirigió en un momento hacia la chica, cargándola en brazos y dispuesto a utilizar toda su velocidad para escapar de ahí. —¡Siempre teniendo que hacerme cargo de las decisiones de otros! ¡No me pagan lo suficiente! —las manos del albino pasaron a la altura de las rodillas, y la derecha en su espalda, sujetándola con fuerza. —No te vayas a soltar, eres muy joven para morir. —la sonrisa de Shin roza lo inocente, y de esa manera ejecuta su maravilloso plan de huida, yendo a toda velocidad para no ser percibido por nadie.
Si de caso, a lo lejos, se vería un destello de luz fugaz, pero con tantas luciérnagas revoloteando...
...ni siquiera la noche se detendría a mirarlos.
Let there be light
Me llevo a Nyra usando la Pika
Pika Pika No Mi
Logia
5
La Pika Pika no mi es una fruta del diablo tipo logia que permite al consumidor transformarse de manera total o parcial en luz.
Especificaciones
La fruta Pika Pika no mi otorga a su consumidor un gran poder ofensivo y destructivo, además de las características comunes a todas las logias, esta fruta cuenta con la peculiaridad de utilizar su forma incorpórea para desplazarse a una velocidad mucho más elevada. El usuario no podrá dominar sus poderes básicos hasta alcanzar 80 Puntos en Control de Akuma (CA), esto implica que cualquier contacto con su cuerpo acabará con este transformado en luz, ni si quiera será capaz de darle la mano a alguien sin transformarse. Una vez el usuario llegue a 80 Puntos en Control de Akuma, el personaje adquirirá control de su cuerpo y será capaz de no transformarse con el contacto físico. Se podrán transformar extremidades o partes del cuerpo por un coste de 25 de energía por turno. Con 240 puntos en Control de Akuma el usuario la dominará por completo y podrá transformar parte de su cuerpo o su cuerpo entero por un coste de 70 de energía. La velocidad de expansión de la luz es igual al 150% del CA del usuario. Cualquier exposición directa con tu luz en un radio menor de 1 metro de ti, de forma pasiva, en transformaciones o intangibilidad, implicará el efecto ceguera parcial durante dos turnos completos. Si es mayor de esa distancia no aplica ningún efecto.
Control de Akuma: • 80 CA: El usuario puede transformar partes de su cuerpo por 25 de energía y moverlas al 150% del Control de Akuma •240 CA: El usuario puede transformarse parcial o totalmente por un coste de 70 de energía y moverse al 150% del Control de Akuma.
Ventajas:
• El usuario es inmune a todo tipo de daños físicos no imbuidos en haki.
• El usuario puede desprender partes de luz y controlarlas a distancia.
• El usuario aplica ceguera parcial en un área de 1 metro de radio entorno a él usando las capacidades de su fruta.
• El usuario recibe un +150 puntos naturales de bono añadidos a la velocidad de desplazamiento o movimiento usando su fruta.
• El usuario puede dispersar su luz o convertirse en esta, y desplazarla o desplazarse a una velocidad del 150% del Control de Akuma como base.
Debilidades: Las habituales en las akuma no mi.
Código: Pika
Control de Akuma: 120%x150= 180 + 150= 330 de velocidad total.
Yaaay, Nyra conociendo la velocidad luz. (???)
Me resto la energía pertinente. Más la del otro turno que resté mal, je.
El segundo regalo de Shin me llegó completamente de improviso en forma de una risa tan contagiosa que no pudo sino llamar a la mía propia para acompañarla en un singular dueto. Era cierto que no lo conocía desde hacía mucho, pero estaba segura de que esta era la primera vez que lo escuchaba reír así.
―¿Otra cita? Ten cuidado o me terminarás enamorando.
―No sé, yo diría que LinLin ya me ha ganado~ ―respondí con idéntica sonrisa en mis labios, alzando una de mis manos para apoyar mi rostro sobre esta, girándolo levemente.
Fue entonces cuando me reprochó el haberlo llamado “querido” junto con una nueva broma que me hizo mover los dedos por instinto para ocultar en vano la nueva carcajada que me había despertado. Iba a responderle que me pareció un término adecuado teniendo en cuenta que ya llevábamos cincuenta años casados, pero antes de poder dar forma a aquellas palabras en mi mente, su rostro ya se había acercado al mío, devolviéndome al presente.
―Eres más creativa que eso, pequeña Nyri.
Y, acto seguido, echó a correr hacia la playa como el alma libre que era mientras yo sentía mi cola agitarse al observarlo en la distancia.
Pero está en la naturaleza de las estrellas compartir su brillo y compararlo con el de las demás. Por esa razón, no dudé en unirme a su juego, simplemente asegurándome de que todo era seguro antes de darle la señal. ¡Al menos, hasta que amenazó con encasquetarme a mí las multas!
―¡Oye, pero vamos a medias por lo menos! ―me quejé con los puños cerrados a la altura del pecho con una malamente fingida indignación.
Sin embargo, nunca aparté la mirada. Me aseguré de grabar con especial detalle cada instante en mi mente, cómo su cuerpo iba transformándose en una luz igual de misteriosa que cuando huyó antes, pero mucho más brillante. Por más que el faro ganara en distancia, jamás podría igualar aquella magia.
Un parpadeo. Otro. ¡¿Código morse?! Mis manos viajaron solas a mi boca con una exclamación de sorpresa, las orejas muy tensas y los ojos completamente abiertos. ¡Ay, no! ¡¿Nos van a poner una multa de verdad?! La preocupación de Shin solo me asustó más, y estuve a punto de saltar al suelo, pero no me dio tiempo.
Apenas distinguí el brillo de luz de sus piernas antes de que me cargara y, con un nuevo comentario, pasara a llevarme en volandas. Si no me eché a reír en ese mismo instante por sus palabras, fue por la sorpresa de su movimiento y la imposibilidad de hacerlo al tiempo que enlazaba mis manos tras su cuello para asegurarme de no caerme. ¡¿Cómo que cargar con las decisiones de otros?!
―¡Pero si la idea ha sido tuya! ―me quejé con una radiante sonrisa en el rostro.
Una nueva advertencia, la adrenalina en el pecho y un grito de emoción que acabaría convertido en risas que se desvanecerían con la luz de la estela que dejaba atrás aquella estrella.