[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4
#21
Atributos Personaje


-Sala grupal-

No importa lo valiente que fuera, ni lo violenta que pudiera ser, jamás estaría satisfecha de ver a alguien morir sin poder defenderse tras haber luchado a su lado, especialmente cuando la muerte sería por algo tan carente de espíritu como una máquina de ejecución automática basada en un objeto para esclavizar personas, era lo peor en varios sentidos, sin embargo en ese momento nadie en esa sala tenía el poder necesario para salvar al peliblanco del funesto destino que cargaba contra él. Por su parte la mujer tiburón hizo lo único que podía en una circunstancia como aquella, una vez llegó a la puerta, girarse para ver la forma en que el muchacho afrontaba su destino discutiendo y luchando con los marines… Ciertamente era al menos un hombre que tenía claras sus prioridades en un momento como aquel.

Una sonrisa de despedida se dibujó en el rostro de la oji azul mientras se preparaba para la explosión venidera, sin embargo la explosión de su propio collar y que todos los allí presentes, excepto el gorila, estuvieran con vida la hizo convertir aquella risa cómplice en una carcajada maniática -¡Sha sha sha! ¿Qué esperan? ¡Tenemos un ferry que abordar!- gritó de forma eufórica mientras cruzaba la puerta de salida haciendo señas para que el resto vieran que era seguro ir detrás de aquella eufórica rubia que con cada paso se acercaba más a abandonar aquellas instalaciones.

-En el exterior-

La gyojin de escamas ocres y grises salió corriendo del pasillo de lo que ella consideraba una extensión del lugar donde el Mink había querido que se sometieran para ser utilizadas como material para experimentar, finalmente el aire corría y golpeaba con fuerza el rostro de la mujer tiburón que abría la boca en una enorme sonrisa mostrando aquellos predatorios colmillos mientras sentía en cada respiración la creciente humedad, había lluvia, parecía que un nuevo mar caería desde el cielo por la intensidad de aquella tormenta, nada que la Gyojin hubiera visto antes en las islas que conocía del Blue donde se encontraba. La inclemencia del clima se volvió algo secundario al notar que no estaba sola saliendo de aquel lugar pero que tampoco estaba en ningún lugar conocido o que le inspirase confianza, el cartel de la inauguración del New Era Joy Park en el año 3 tampoco ayudaba a que la joven se sintiera segura de la situación.

Tras una verja, que bien podría haber sido una línea en la tierra para lo que le importaba a Mizuki, cruzando más allá estarían los barcos que les permitirían tanto abandonar aquella isla que en cualquier momento parecía que iba a hundirse como cruzar al Grand Line con facilidad si reunían suficiente gente para que cubriera los trabajos de toda la tripulación que parecía estar ausente en aquellos momentos lamentablemente. Gente desorganizada no podría simplemente hacer que el barco se fuera inmediatamente, la mujer de esclerótica negra que no había dejado de sonreír comenzó a girarse antes de saltar para tener una mejor línea de visión desde la altura y buscar a sus amigos, ambos camaradas que tenía eran gente grande y fácil de diferenciar, al menos para quienes le conocieran, así que podría buscarlos sin miedo a quedar naufragados en aquella isla.

Ver a un hombre azul de diez metros de altura no fue un impedimento particular, incluso con una lluvia como aquella un hombre con cuernos, pelo y barba negros, era algo que se podía ver desde la distancia, tan pronto como lo divisó la Gyojin corrió a su lado donde pudo ver que había llegado Seraphine también antes junto al Wotan -¡Me alegro de verlos vivos a ambos, pero tenemos que correr a abordar el ferry antes de que este lugar se hunda o explote!- Gritó luego de darle un breve abrazo a Seraphine y otro a la pierna del Wotan y salir corriendo en dirección al barco -Grandullón, ve a ver si necesitan ayuda con el ancla, Seraphine acompáñalo y mantenlos motivados a él y a todos los que vayan a ayudar con eso, yo voy al timón, si hay alguien competente ayudaré con otra cosa de lo contrario tomaré el control para dirigirnos a los Cabos Gemelos, confío en que nos veremos más tarde amigos míos.- declaró antes de embarcar el ferry lista par abandonar aquella isla.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
#22
Atributos Personaje

El grito de Akira ser quedó mudo. Tras conseguir conectarle el golpe a Landon con la pierna, el salto con el que intentó darle un cabezazo en el mentón se quedo en nada. Akira consiguió vocalizar, pero de nuevo, sin ser capaz de emitir ningún tipo de sonido, y esta vez no era por miedo a respirar un aire tóxico, sino por el poder de una de aquellas dichosas frutas del diablo. Gesticuló, enrabietó, y sin emitir nada, de pronto todo se volvió negro…

La hemorragia provocada por el corte en el pecho que sin querer le había dado Cill había provocado en el joven marine una enorme pérdida de sangre, dejándolo inconsciente en el suelo y prácticamente fuera de combate. Ahora todo quedaba en manos de sus compañeros de sala, en manos de Cill, de Runin y de Asheera—. Por una vez confiaré en vosotros, malditos piratas —y con una sonrisa, cayó al suelo con los ojos cerrados y con la esperanza de que acabaran con aquel traidor de Coates.

El resto del combate, el daño de los pinchos que salieron del suelo y la muerte del falso capitán para Akira fueron historia, una historia sin duda esperaba poder escuchar algún día.



Pasó el tiempo y la sangre seguía brotando del corte que el rubio tenía en el pecho y de pronto, un chasquido metálico hizo que recuperara la conciencia, una explosión en aquel collar de esclavo que hizo que le pitaran los oídos tanto como para que su cuerpo tuviera la necesidad de reaccionar.

—¿Qué? ¿Qué ha pasado? ¿Qué es todo esto? ¿Dónde estoy? Mierda… Cill fumando otra vez… —abrió lentamente los ojos mientras se reincorporaba, todavía sentado y apoyado en la pared, tal y como lo habían dejado—. Deja de fumar… Te va a dar un cáncer… —bromeó mientras se miraba el pecho y se tocaba el corte, asegurándose de que había dejado de brotar sangre de él, y viendo como también tenía un agujero que le atravesaba el hombro izquierdo, provocado por aquellos pinchos que salieron del suelo, pero del cual desconocía su origen.

Levantó la mirada y observo a sus compañeros, la Lunarian inconsciente en el suelo, pero parecía que respiraba, su amigo Cill destrozado, pero en pie, la kuja algo furiosa y también con heridas y Landon Coates en el suelo, sin máscara, y con los ojos en blanco.

—Wow… Ojalá haberlo visto caer… —sonrió de nuevo mientras se intentaba poner en pie y comenzaba a acercarse al gigante, ignorando que la puerta se había abierto, que los collares habían caído, que las sirenas sonaban a muchos decibelios y que las luces rojas iluminaban tanto la sala en la que se encontraban como aquel pasillo que les dirigía a la salida.

—Cill, tú nunca fallas amigo, veo muchos cortes que sé que son tuyos… Y tú, chica, no se tu nombre, pero me suena que dijiste Ryota al despertar… No sé por qué tengo la sensación de haber escuchado ese nombre cerca de mi casa… También le has dado buenos golpes a este cabrón —le movió ligeramente la cabeza con la punta del pie, colocándola para que sus ojos miraran a Akira fijamente—. Gracias por acabar con él… Habéis conseguido hacer más que yo, y de alguna manera siento que este hombre, con este uniforme, era mi responsabilidad y no la vuestra… Lo siento… Gracias —les expresó con gratitud y respeto, acompañando sus palabras con una reverencia y el saludo propio de un soldado de la Marina.

—Si alguno me hace el favor de ayudarme con el cuerpo de la lunarian, se lo agradecería… Ya me encargo yo de este… De nuevo, muchas gracias… Cill, amigo, espero volver a verte… ¡Aunque te aviso que la próxima vez no alcanzarás a cortarme tchakikikikiyah! Y tú, chica kuja, si me dices tu nombre, te aseguro que no se me olvidará, solo he conseguido alcanzar a ver uno de tus puñetazos, pero por si volvemos a vernos, también te aseguro que habré mejorado los míos —y con esfuerzo, se colocó a Landon sobre la espalda, dejando que cayera todo el peso del buccaneer sobre sus hombros. La escena era una mole arrastrándose por el suelo, el pequeño tamaño de Akira en comparación con el de Landon apenas dejaban que se viera bajo él, pero ahí estaba el pequeño marine, arrastrando el cuerpo lastrado del falso capitán, siguiendo el alboroto y el camino de las luces rojas hasta conseguir salir de aquella especie de búnker.



Poca gente quedaba allí abajo, por no decir que aquellos que estuvieron en la cámara de gas eran los últimos en salir. El enorme cuerpo de Landon protegía a Akira de la lluvia y el fuerte viento que hacía en el exterior, y sin poder mirar al cielo lleno de nubes negras que estaban provocando huracanes, el marine pudo divisar la quilla del barco de la Marina con el que estaban navegando anteriormente, lugar donde aquella foca hizo que todos cayeran inconscientes. Ya iban dos veces que perdía el conocimiento desde que partió en dirección al parque de atracciones, algo mal estaba haciendo y debía de acordarse de entrenar ese punto.

—¿Hola caracola? —y de pronto le brotaron las lágrimas de alegría de escuchar que sus compañeros de la división 75 estaban vivos… ¿Pero que había de los suyos? ¿Qué había de la que llamaban la gloriosa división 80?—. Al habla Akira… Estoy solo —y con un soplo de aire fresco pasó de largo aquel cartel de la inauguración del parque que decía que abría en el año 3… Claramente un parque abandonado, y teniendo en cuenta la isla en la que se encontraba, abandonado con razón. Una lástima, su división tenía tantas ganas de un parque de atracciones… Pero lo importante ahora era encontrarlos con vida.

Se dirigió al buque de la Marina y subió aun con el cuerpo de Landon a sus espaldas. Cualquiera que lo viera se imaginaría que el que estaba avanzando era el propio Coates, pero nada más subir y escuchar las voces de sus compañeros, sacó fuerzas de no sabe ni donde y consiguió levantar sobre sí el cuerpo inerte del traidor. Akira, sin camiseta y con el pecho al descubierto, con un tajo que le atravesaba desde el hombro derecho hasta el final del abdomen en su parte izquierda, y con un agujero en el hombro izquierdo, consiguió levantar a Landon Coates como Tarzán levantó al guepardo en la selva cuando acabó con él—. ¡AAAAAAHHHH, AH AH AH AHHHHH, AH AH AH AAAAAHHHH! —gritó, para después dejarlo caer tras de sí, saliendo con velocidad de debajo del gigante para luego caer tumbado sobre él, tripa arriba, y dejando que las gotas le mojaran el cuerpo y le cayeran sobre la cara. Lo que no sabía era que alguna de esas gotas, en concreto las que le estaban cayendo en la pierna, eran de Ford, que ya estaba haciendo de las suyas intentando marcar territorio en el cadáver de Landon, pero salpicando sin querer a Akira.

—Tchakikikikiyah, como me alegro de que estéis todos bien...



Info.
—Hablo —. ”Pienso”
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1256 - 300 = 956
Energia: 2081 + 0 = 2081
Espiritu: 378 + 0 = 378
#23
Atributos Personaje


El tiempo se había acabado justo después de las palabras de la chica del arco y voz maravillosa y como si nada, como si nuestras decisiones no valieran más que un juego maldito, esa misma voz que me había sacado de mis casillas volvió a llenar la sala fría mecánica, comenzó a dictar números, uno tras otro, seis en total, mis ojos se movieron rápido, casi por instinto, buscando, encajando, reconociendo hasta que lo entendí y lo vi, el collar del gigantón azul —Geant bleu —murmuré, apenas, con el ceño fruncido. Su collar no solo brillaba no. Tintineaba más que los demás, vibraba con una intensidad absurda, como si estuviera a punto de romperse desde dentro, más luz, más sonido más muerte.
 
Mi cuerpo se tensó. —No, no, no, no, tenía que ser yo—pero ya era tarde, por un segundo todo pareció quedarse en silencio, como si el mundo contuviera el aliento y entonces BOOM. La explosión llegó brutal, seca, definitiva. El collar estalló y con él, el instante mismo. Mis ojos se abrieron de golpe, el sonido clavándose en los oídos como un maldito castigo. —¡Mierda! — y no terminó ahí. La sala entera se tiñó de rojo, una luz intensa cayendo desde el techo como si estuviéramos dentro de una alarma viviente. El ambiente cambió en un parpadeo, pasando de tensión a caos absoluto.
 
Y entonces sonó una alarma, pero no cualquiera. Era peor que esa que te arranca de la cama en las mañanas, esta te arrancaba la calma, la cabeza, todo. Un chillido constante, insoportable, que parecía empujarte a moverte o morir, apreté mis dagas con fuerza, girando sobre mí misma. —Puertas —murmuré, a pesar del caos, algo había cambiado, las puertas se habían abierto y eso solo significaba una cosa. —Salimos o morimos aquí —susurré, con una sonrisa tensa empezando a formarse. Sin embargo, tardé un segundo de más en darme cuenta de algo, nuestros propios collares también estaban reaccionando. Fruncí el ceño, bajando la mirada apenas, justo cuando uno de ellos soltó un sonido extraño, diferente al del gigantón. No era ese pitido cargado de muerte inminente era más inestable, más errático. —¿Qué?— Uno a uno comenzaron a fallar, un chasquido aquí, otro allá, luego humo espeso, oscuro, saliendo de los collares como si algo dentro se estuviera quemando mal, como un mecanismo forzado más allá de su límite.
 
Di un paso atrás por puro instinto, mis ojos abriéndose un poco más mientras observaba la escena. —No, esto no es normal— Los collares no explotaban, no como deberían, en lugar de eso, cedían. Uno tras otro se apagaban con ese sonido defectuoso, soltando humo antes de caer al suelo como piezas inútiles, inertes como si alguien, o algo, hubiera interferido en el último segundo, mi respiración se detuvo un instante —¿Nos salvaron? —murmuré, sin terminar de creérmelo, voltee y el gigantón estaba vivo y una especie de felicidad recorrió mi cuerpo por un momento, como cuando tienes cosquillas.
 
A mi lado estaban Mallory, Gyozan y Marya como si de pronto todo esto tuviera sentido, como si fuéramos algo parecido a un equipo, a una familia improvisada. De esas que siempre quise cuando era más pequeña y que nunca tuve. Se sentía raro, incómodo, pero bonito y eso ya era peligroso.  Mallory habló primero. No recuerdo exactamente qué dijo solo el tono, la cercanía. Yo me hice la fuerte, como siempre. No lloré, no respondí, no hice nada al menos no de forma evidente, pero cuando me abrazó, mis tentáculos se movieron por pura costumbre, suaves, precisos, colándose entre sus bolsillos como si nada, robándole quinientos berries, era un recuerdo. Una prueba de que estuve en su vida aunque fuera a mi manera.
 
Gyozan bueno, el gigantón ni siquiera se despidió. Simplemente se largó, como si todo esto no pesara nada, como si no importara y por alguna razón eso me molestó más de lo que debería, pero lo que de verdad me rompió fue Marya. Sin palabras grandiosas, sin drama solo me dio un pañuelo. Estaba manchado, sí, lleno de esa sangre extrañamente púrpura, pero no importaba. No en ese momento, porque nadie, nadie en toda mi vida había hecho algo así por mí, algo tan pequeño, tan real y ahí fue donde todo se quebró. Las lágrimas salieron sin permiso, acumuladas quién sabe desde cuándo, cayendo una tras otra como si nunca fueran a parar. Mi cara se contrajo, mi respiración se volvió un desastre y sentí cómo todo lo que había contenido simplemente se desbordaba.
 
—¡AGGGHHHH MARYAAA! ¡NAIDE ME HABÍA REGALAO NA NUNCAAAA EN MI VIAAAA! —grité entre sollozos, sin poder controlar ni una sola palabra. De mi nariz escurría mantequilla como si fuera moco, mezclándose con el llanto mientras intentaba limpiarme torpemente. Aun así, con cuidado con demasiado cuidado para ser yo, tomé el pañuelo y lo guardé en mi bolso, como si fuera lo más valioso que tenía, porque lo era y por primera vez en mucho tiempo, no quería robarme ese momento, quería quedármelo para siempre.
 
Aun con todo ese desastre dentro queriendo salirse, no dije nada más. Simplemente estiré uno de mis tentáculos y lo pasé con suavidad por el rostro amable y hermoso de Marya, como una caricia torpe, como un gracias que no sabía decir en voz alta y me fui, salí corriendo por el pasillo sin mirar atrás. El frío me golpeó la cara en cuanto avancé, colándose entre mis lágrimas como agujas finas, pero no me importó. Seguí corriendo, respirando mal, desordenada, con el pecho apretado y la cabeza hecha un lío. Afuera llovía a cántaros, el cielo parecía venirse abajo, y entre la cortina de agua, a lo lejos, se alzaba esa figura, el Buda. Mis ojos se movieron rápido, buscando, hasta encontrarlo, el capitán, ahí estaba dirigiéndose al barco como si nada pudiera detenerlo y entonces corrí más rápido, más fuerte, como si todo lo demás dejara de importar.
 
Subí al barco casi de un salto, moviéndome con prisa, con urgencia y justo antes de que pudiera verme, me limpié las lágrimas con el antebrazo, pasándome la mano por la cara para quitar cualquier rastro. Luego la nariz ese desastre de mocos y mantequilla, limpiándolo como pude, recuperando esa fachada que nunca dejo caer del todo, respiré hondo una vez y levanté la mirada como si nada hubiera pasado, porque el capitán Dharma no tenía por qué verme así.  —Bienvenido Capitan!!—

Estanque de peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 527 + 12 = 539
Energia: 462 + 18 = 480
Espiritu: 129 + 0 = 129
#24
Atributos Personaje


●●●

Sus ojos se mantuvieron abiertos, estaba de pie. Ni siquiera sabía el motivo de semejante inconsistencia, pero en plena consciencia de la situación entendió rápidamente que quizás, había muerto, o estaba en sus últimos instantes lúcidos, observando el infinito paraje a su alrededor, un suelo de apariencia líquida y al mismo tiempo sólido, color azul oscuro, como si las noches estrelladas se mezclaran con un cielo celeste totalmente despejado. La cúpula, techo, o lo que sea que estuviese sobre su cabeza mantenía el mismo color, volviendo aquel espacio una extraña celda onírica que lo contenía únicamente a él.

O al menos eso creía en un principio. 

Estaba deslumbrado con la belleza que lo rodeaba, y una voz suave, preciosa y perteneciente mayormente a sus sueños lo hizo abrir los párpados con una sorpresa que en principio pareció aterrarlo. Como si hubiese sido atrapado finalmente por todos sus fantasmas.

—Te hiciste esperar, Shin... —sonaba a resignación, cantarina incluso en emociones negativas. Era Himari, y el albino sólo pudo voltearse de inmediato, observando su cabello rosado caer a la altura de su cuello, con aquel vestido blanco que tanto le encantaba, finísimo en textura, pues había sido un regalo conjunto de los clanes que criaron al propio Hasegawa. —Pensé que nunca te vería por aquí... ¿no que el chico super poderoso y perfecto? —le sacó la lengua, prácticamente burlona.

—Himari... —el único susurro de Shin, sus ojos cerúleos mostraron un reflejo cristalino particular. Llorosos, como prácticamente nunca nadie lo había visto, pero aquello duró un instante, momento donde cerró los párpados y esbozó una sonrisa suave, caminando hacia ella y sentándose a su lado, aceptando por dentro la situación que poco a poco empezaba a entender. —Los años te han sentado fatal. —mintió, en ese extraño y ficticio reencuentro. Era más hermosa de lo que recordaba, incluso.

—¿Y qué más da? No voy a cambiar mi cara por mucho que lo lamente. —negó con la cabeza, manteniendo intacta su energía. Shin sólo pudo reír, aún incapaz de abrir los ojos, y agachando la cabeza con cierto deje de pesimismo, aunque gradualmente sintiendo una felicidad extraña.

Alivio.

—Supongo que ha sido todo. —confirmó lo que temía, y al mismo tiempo, añoraba.

—¿Realmente lo crees? —su cuestión iba cargada de intriga genuina, sentada a su lado, y volteando a mirarlo.

—De otra forma, no estaría aquí. —abrió los ojos. Tardó más segundos de los que imaginaba en volver a mirarla, hacer contacto visual, y fue al ver sus iris color ámbar que lo recorrió un dolor descomunal, atravesando su pecho de abajo hacia arriba, quitándole todo el aire de los pulmones y dejando su boca abierta sin palabras que expresar.

—No estás muerto, Shin. Tus amigos siguen peleando ahí fuera, Dimitri, Nyra, Choi... Kael. —entonces se dio cuenta, mirándola fijamente y borrando esa pequeña sonrisa que había aparecido.

Volvió a bajar la cabeza.

—No eres real... realmente soy un estúpido. —cabizbajo, negó con la cabeza.

Ella murió, hace años. Imaginar un reencuentro en el más allá era absurdo, así que de algún modo debía seguir vivo, hablando con su propia consciencia en forma de la persona que más amó en toda su vida. Una Himari imperturbable ante nada de lo que Shin le dijera, como en aquellos días.

—Debes volver, aún te necesitan. —ignoró la acusación, incluso en un entorno tan difuso seguía siendo ella misma.

—No, ya no. Están en buenas manos. —una confesión entre dientes, siendo sincero consigo mismo.

—¿Y qué? No eres el tipo de persona que deja solos a sus amigos —una sonrisa amarga se formó en los labios de Shin. —Salvo que hayas llegado a un razonamiento que nunca me hayas dicho. —el albino frunció el ceño. A los pocos segundos su gesto se volvió a transformar.

—Yo... —no encontraba la manera de continuar. ¿Qué era exactamente? ¿Miedo a volver a perderlos? No, algo como eso jamás afectó sus sentidos. ¿Frustración por no haber progresado genuinamente en todos esos años? Quizás, pero tampoco. 

Himari lo esperó, en completo silencio, permitiéndole ese espacio, regalándoselo, hasta que finalmente Shin pareció encontrar el núcleo de sus sentimientos, levantando la cabeza hacia ese extraño cielo, tan difuso como sus ideas hace escasos segundos.

—Estoy cansado. —soltar aquellas palabras le quitó un enorme peso de los hombros, liberándolo de una carga inmensa —No quise reconocerlo, porque entonces me habría rendido mucho antes de empezar de nuevo. Pero ya no quiero nada de esto. —se giró hacia ella, pero esta vez era Himari quien no lo estaba mirando.

—Sólo quiero volver a verte. Y que sea real.

—No te recordaba tan egoísta. —interrumpió súbitamente, sus manos temblaban. Rabia contenida. —¿Desde cuando te atreves a pensar sólo en ti? —e incluso así, su voz seguía sonando igual de dulce.

—Ah... supongo que eso te lo debo a ti. —Shin sonrió, memorias agradables atravesándolo, envolviéndolo.

—¿Recuerdas lo que me dijiste cuando nos conocimos? —la pregunta tomó desprevenido a Hasegawa, quien no pudo responder —"Pertenecemos a mundos distintos". —las palabras hicieron sucumbir aquel extraño espacio, como si de pronto un terremoto lo hubiese destrozado todo, cambiándolo de lugar. En un parpadeo, ambos estaban de pie, de espaldas el uno al otro.

—Eso era...

—Una verdad. —interrumpió Himari —Y sigue siéndolo a día de hoy. —la oscuridad atrapó la silueta de Himari, mientras que Shin se alejaba poco a poco de ella, hacia una luz saturada, colores bellos que lo arrastraban, empujándolo aún y si su alma no quería. —No puedes dejar a Kael. A tus amigos. No puedes permitir que nuestros sueños lleguen hasta aquí. —Shin intentaba resistirse, volteándose hacia Himari, intentando alcanzarla, y fallando. —Si estás cansado, dilo. Si necesitas llorar, permítelo. Si tu corazón quiere volver a amar, no dejes que me convierta en un impedimento. —aún de espaldas, sólo el rostro de la mujer se perfiló, sin hacer contacto visual —Dijiste que serías el mejor marine de la historia, y confío en ti. Pero recuerda que tú tampoco eres invencible. Confía en ellos. —la boca de Shin permanecía abierta, intentando articular palabras, contradecirla, decirle que se equivoca, pero fue incapaz.

Cuando vio su sonrisa, todos sus argumentos se desmoronaron. 

Entonces le dio la espalda, tras una muy larga última mirada.

—Eres demasiado molesta. —fue vencido de nuevo, dispuesto a mantener la misma máscara, con el leve detalle de haber sentido la calidez de Himari una vez más. Para no volver a caer a tal punto de verse en una situación como esa. —Si crees que vas a convencerme, es que todavía no me conoces bien. —afirmó, totalmente seguro de sus palabras, en el mismo tono egocéntrico de siempre. —¡Vamos! ¿No vas a decir nada? —esperaba una de sus típicas respuestas, las mismas que siempre lo dejaban en el suelo, pero al darse la vuelta...

...no había nadie.

Shin no borró su sonrisa, pero tampoco pudo evitar que el tamaño se reduzca. El silencio le hizo darse cuenta de lo mucho que la presencia de ella rellenaba todos los espacios que siempre habitó, durante un tiempo pareció haberse acostumbrado, pero sentirla cerca destruyó en un segundo todo el esfuerzo acumulado.

Se mantuvo cabizbajo, en apariencia abatido. —No me dejaste despedirme. Otra vez. —negó con la cabeza, culpándose en el fondo —Realmente te odio. —una nueva mentira. Pero no una que fuese a detenerlo de entregarse a aquel brillo que seguía reclamándolo. —La próxima, me quedaré contigo. Hasta entonces supongo que no puedo descansar. —elevó la vista, totalmente decidido.

—No te alejes tanto de mí, Himari. O te lo vas a perder. —sus sueños, los compartidos y los propios. Cada objetivo nuevo que fuese a cumplir. Las amistades actuales y venideras, junto a quienes querían verlo existir todos los días.

Jamás iba a poder olvidarla, pero por un momento pareció perder su propio horizonte, ese que le hacía entender, muy en el fondo, que su recuerdo era el verdadero motor de sus acciones.

Uno que a su manera, lo hacía una mejor persona.

●●●

En su estado de inconsciencia no pudo percibir absolutamente nada, pero los hechos no cambiaban. Su intento de sacrificio fue en vano considerando que al final la decisión nunca estuvo en su poder, y Barald estuvo a punto de ser eliminado.

Shin no se enteró de eso, ni tampoco del momento en que Kael creó una sala para él en aquella extraña fortaleza que aún no había presenciado, sin embargo tampoco podría haberse negado a ingresar, a completa voluntad de su amigo en aquel instante.

Sus ojos permanecían cerrados, descansando en donde Omuyaga decidió que reposara, liberándose él también del extraño mecanismo alrededor de su cuello. Al menos le quedaría de anécdota haber sido esclavo por un día, alguien se reiría de sus payasadas comentando aquello con sumo detalle y alguna que otra exageración, pero a esas alturas el mundo fuera de su propios delirios inconsciente y de la fortaleza del marine azabache le resultaba algo desconocido.

Nunca se enteró del escape de las salas, ni del momento en que su amigo abordó el Tempestad, cargando con el propio Hasegawa y manteniéndolo a salvo de cualquier peligro considerando la alta densidad de piratas en los alrededores, pero de alguna manera lo consiguieron, a pesar de los incontables riesgos y de que, a perspectiva futura del albino, él había fallado.

Siguió descansando a bordo del navío de la División Setentaicinco, en el interior de la fortaleza de Kael, quien lo llevaba consigo a cada lugar donde decidiera moverse. 

Por primera vez en mucho tiempo, sin poder de decisión sobre absolutamente nada.

Por primera vez en mucho tiempo, en manos distintas a las suyas.

Pero se aseguraría de que no volvería a pasar, de una forma u otra.

Lo recordaría por siempre, justo como el día en que perdió a Himari.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: -49 + 100 = 51
Energia: 115 + 0 = 115
Espiritu: 141 + 0 = 141
#25
Atributos Personaje


Sin gatillar, allí cuando apeló al raciocinio, mientras veía como unos marines, aquellos que plantaban la bandera de la moralidad allí donde iban, recibió un disparo a traición.

Y es que él no temía disparar, pero ni siquiera tuvo la chance cuando fue alcanzado por una bala de rifle justo en el hombro. Hae-Won se había adelantado. Si bien Wyatt tenía la idea de evitar que los números de Barald fuesen tecleados, no lo consiguió con su amenaza. Fue demasiado blando. ¿Y si disparaba primero? Luego podría explicarse. Quizá todo hubiese sido distinto.

Tirado en el suelo, yació unos segundos, sintiendo el frío recorriendo su torso y su hombro punzando, mientras la sangre empezaba a brotar. Atinó, con su brazo sano, a tomarse el otro y elevar la mirada. Todo era un largo pitido que apenas y lo dejaba pensar, que no le dejaba articular pensamiento en paz.

No pudo siquiera ver el resultado del tecleo de números de collares. ¿Barald había muerto? ¿Qué había sucedido realmente? No pudo saberlo, pues Yuuki lo tomó del brazo y atinó a sacarlo de allí antes de que pudiese decir nada. Antes de que pudiese hacerlo, tomó su revolver, pues no iba a olvidárselo ahí, y lo enfundó mientras era sacado de la habitación

Tirado de su cinturón, fue lanzado contra Tocho Morocho en el pasillo, y con el mismo envión se subió a su lomo y, aunque no tan rápido, comenzó a galopar hacia la salida. Ambos, jinete y caballo, heridos por un arma de fuego. Y ambos por marines, valga la redundancia.

Zafarían de aquella. Vivirían otro día más. Pero si antes Wyatt podía tolerar un poco a los marines por verlos simplemente como un eslabón débil utilizado por el gobierno, ahora los veía como hipócritas, autoritarios que sólo usaban un uniforme y una pseudo-autoridad para cometer abusos y ser viles corruptos egoístas. Exactamente eso pensaba de todos ellos, y varios de los marines que había cruzado en Kutsukku ahora se habían comprado un enemigo.

Hasta entonces un simple civil contra el que habían abierto fuego, sin que hubiese disparado primero. Y en algún momento... la herida se cerraría, sólo el día que pueda cobrar su deuda.

Montado en su caballo, siguió a su compañera pelirrosa, la alada que lo arrastró fuera de la sala de malamuerte, y se enfiló de nuevo hacia el ferry.

Ya cerca, aunque sangrando, palpó sus bolsillos intentando ubicar el botiquín que, sin querer, había robado a Dimitri. Bueno, ahora se alegraba de haberlo hecho, y escuchó la voz de Ryota llamando a izar velas y largarse de aquella isla tétrica y espeluznante.

— ¡Bingo! Yo... Sí, no es nuestra mejor versión. Aunque podría ser peor, si no fuera por ella. — dijo luego de reojear a Yuuki y responder a Tezca, mientras había llegado junto a Barald. Pero enseguida chasqueó la lengua, molesto, y echó la vista atrás, como si hubiese olvidado algo —. También podría ser mejor... ¿Por qué te apuraste a sacarme de ahí? Iba a cobrármelas con esa hija de puta. Maldita marine mosquita muerta. Para peor... — comenzó a mirar en todas direcciones y luego se golpeó la cabeza mientras bajaba del caballo y lo arriaba subiendo al ferry, que ya estaba allí.

— Ya me olvidé cómo se veía. Te necesitaré... rosada. — ni se molestó en sacar su folleto macheteado para rememorar el nombre de Yuuki. Estaba agotado, y nada más llegar a cubierta, se desplomó, producto de la pérdida de sangre y el dolor punzante, dejando caer el botiquín robado a su lado.

BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS
#26
Atributos Personaje


Me encontraba sonriéndole al destino, estaba preparado para enfrentar lo que fuese a ocurrir… El tiempo pasó, y lo que auguraba ser el fin para alguno de nosotros, o al menos eso creía yo… Una vacía y débil explosión con un leve humo, fué la señal de aparente victoria contra la maquinaria orquestada por aquella banda u organización, aquellos marines… Todos nuestros collares, al parecer habían sido víctimas de un mal funcionamiento como si el capricho del guionista mayor, hubiera dictado que aún no era nuestra hora. No pude evitar simplemente echar a reír ante la situación, una risa aliviada y emocionada, realmente me sentía más vivo que nunca por sobre el dolor que tenía aún.

Akira había despertado finalmente, su balbuceo llamó mi atención volteando hacia él aún riendo, ahora alegre de que todo hubiera acabado al parecer, y él se encontrara bien. —Te perdiste la diversión hehe— le dije mientras me acercaba y reí entre dientes de forma aguda, sonriente. —Me alegro que estés bien Polaris— comenté diciendo mal su apodo adrede en confianza mientras rascaba mi nuca.

Escuché sus palabras mientras pitaba mi cigarro y solo sonreí mientras le observaba.

—Se que hubieras dado tu vida por mí, amigo, no hay nada que agradecer…— le comenté con tranquilidad. No pude evitar echar a reír al pensar en un próximo encuentro. —Jajajaja la próxima vez que nos veamos, amigo, seguro estemos en bandos opuestos, y no voy a perdonarte si no peleas con todo, no pienso dejar que me insultes de esa manera— le dije consciente de que aunque uno de los lazos más fuertes del mundo nos unía, el uniforme y caminos elegidos nos enemistaba… Claro lo respetaba, como a pocos y sabía que él a mí, y esperaba verlo triunfar en su camino, como yo no iba a impedir que nada ni nadie impidiera mi sueño. Y si con alguien esperaba medirme algún día, era con alguien que respetara tanto y considerara confiable y un amigo tan importante. —Espero no te pierdas por el camino y te desvíes como otros— espeté desviando mi vista a Landon y volviendo a él mientras sacudí levemente mi cigarro para deshacerme de la ceniza excedente. —No quisiera que tengamos que vernos las caras de esa forma, se que eres un sujeto justo, confío en tí, amigo, nos vemos en la gran ruta marítima, no pierdas hasta volvernos a ver, que no estaré para salvarte— le dije finalmente para echar a reír a carcajadas, no hacía más falta palabras algunas.

Me acerqué a Asheera, y la cargué sobre mi espalda también arrastrando en parte su cuerpo, sintiendo el dolor que me generaba, aunque de a poco iba sintiéndome mejor. —La dejaré afuera de aquí, en algún lugar seguro, la marina seguramente se enterará lo ocurrido aquí, podrán hacerse cargo de ella y llevarla a salvo a su hogar… La gran línea es un lugar peligroso para alguien como ella, no se tú, Runin, pero tengo que buscar a mi gente, te deseo éxito, ha sido un gusto pelear juntos— le dije a la kuja sonriendo, para abrirme paso hasta poco a poco llegar al exterior, y ver la tormenta que azotaba, como también mucha gente yendo y viniendo, bastante movimiento a decir verdad… No pude evitar reír al ver el cartel que auguraba ser el destino al que íbamos, así que la ironía fue imposible ignorarla.

Apoyé a Asheera contra la gastada verja, a sabiendas de que no era agradable dejarla allí, pero no podía someterla a los peligros que aguardaban delante…

Me estiré un poco, acomodé la capa, ese tapado rojo que iba conmigo siempre, ajusté mi katana a un lado y seguí caminando, el ferry estaba allí. Vi algún que otro rostro conocido en el camino… Pero solo quería ir al ferry y nada más, necesitaba comenzar a buscar a Alek, a Miyori… Un fuego adentro mío poco a poco me iba haciendo retomar fuerzas, una lucha había finalizado, ahora comenzaba otra…

Al alcanzar el ferry cuanto más me acercaba, más me volvió el alma al cuerpo… Esa melodía, la conocía a la perfección, era un llamado, era su señal. Reí aliviado luego de un suspiro frenando un instante, y retomé mi marcha más calmo. Podía escuchar gritos, órdenes, comandas, había que navegar, sí, pero ahora no me interesaba… Sólo seguí el violín…

Llegué a donde ella se encontraba, mis ojos la encontraron, también a Alek, automáticamente eche a reír a carcajadas, el peso de una montaña se había ido de mi lomo, podía finalmente estar tranquilo. Alcancé primero a Alek, quien estaba contra la baranda. Le di un golpe en el muslo mientras reía. —Te ves del carajo viejo… ¿Tan mal te fue?— pregunté satíricamente mientras reía, claramente yo estaba igual o peor. —Me alegro de verte bien, estuve preocupado, perdonen por no haber estado para ustedes…— les dije a ambos, me veía maltrecho, con golpes, algún que otro tajo, ensangrentado, en el cuerpo, el rostro, las marcas de una batalla dura y áspera eran evidentes.

Avancé un poco más apenas, alcanzando a Miyori, bajando sus brazos y violín, para abrazarla fuertemente, estaba muy fría, más de lo que no me preocuparía… Automáticamente me hizo pensar y me quité el tapado, y se lo puse sobre su espalda como capa y volví a abrazarla con fuerza, no lo pensé, mis labios encontraron los suyos, fué con toda intención, corto, pero sentido. Y luego eché a reír a carcajadas para desplomarme contra la baranda y dejarme caer al suelo quedando sentado contra un pequeño muro debajo de la baranda.

—Me tenían bien preocupado, que alegre estoy de ver que están bien, chicos, no volveré a permitir que corran riesgo de ésta manera— les dije sonriendo ampliamente allí sentado. —Aunque no puedo negar que fue divertido jajaja— comenté aún entre risas. —Estoy cansado, y tengo hambre, ¿Ustedes no?— consulté intentando aliviar el momento entre sonrisas.

Todo había terminado, al parecer.

inventario

Bélico

Karmas

gastos y eso

resumen
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 625 + 0 = 625
Energia: 737 + 20 = 757
Espiritu: 213 + 0 = 213
#27
Atributos Personaje


Reacción previa - Sala Grupo 7



Cada paso se siente más ligero que el anterior, la mirada oscila entre la luz roja y las parpadeantes luces que brillan alrededor de puertas cerradas, un par de veces está a punto de tropezar debido a los constantes temblores que le obligan a perder estabilidad, mas no demora en recomponer la compostura, enderezarse y continuar enfocada en lo que importa.

¿El dolor de sus piernas y pies? Irrelevante. ¿La respiración que se acelera ante cada paso? Sin importancia. ¿El constante pitido en sus oídos que le obliga a presionar sus muelas, fruncir el entrecejo y taparse los oídos? ¡Un paseo en el parque! Todo es insignificante ante la posibilidad de encontrar un escape, una salida, algo a lo qué aferrarse. La voz escapa y nunca se había sentido tan bien por poder expresarse sin sentirse encerrada.

—¡CARDAAAAAAAAAAAAAAAN! —¿Qué si alguien la intercepta e intenta golpearla? ¿Qué importa si el lugar parece sucumbir? La voz vuelve a levantarse, ruidosa, esporádica, necesitada. —¡SOY YO, CARDAN! ¿DÓNDE ESTÁS? —Él debe estar bien. Runin sabe que debe estarlo, porque desde que es una niña él siempre ha estado para ella, desde que era una pequeña serpiente de no más de diez centímetros.

Cuando aún siendo una niña la amazona le pedía esconderse para no ser asesinado por su madre, cuando le daba de su propia comida aunque ella quedaba sin comer durante todo el día, cuando Runin le hacía camas improvisadas con hojas y su propia ropa; cuando lo llevaba a cazar y Cardan solo se quedaba dormido en el cuello de la fémina. Siempre, desde que tiene uso de razón, él ha estado a su lado.

—¡CARDAN! ¡SOY RUNIN! —La desesperación hace mella. Ella hizo de su serpiente un cobarde, alguien a quien le pedía ocultarse por el miedo de perderlo. El único ser a quien le permite el miedo y la falta de valentía, porque eso fue todo lo que ella pudo enseñarle.

Las escaleras se extienden frente a sus ojos y la frialdad del exterior golpea sus mejillas cuando logra ascender hacia la anhelada libertad. Un par de lágrimas se diluyen entre las gotas de agua que, más que acariciar su rostro, golpean con imparable vigor. El escenario que se edifica la deja sin aliento por tan solo un par de segundos, no, no puede perder el tiempo. Debe continuar adelante, debe buscarlo. ¿Estará afuera? ¿O tendrá que volver a ingresar? Runin no tiende a ser una persona indecisa.

Es justo ahí, en medio de la basura, la infraestructura precaria, el suelo cubierto de metal roído, aparatos oxidados y cables que algo aparece, asaltándola en un sorpresivo movimiento veloz que le impide reaccionar a tiempo. Está a punto de golpear a aquel ser cuando lo ve ascendiendo hasta envolverse en su cuello y después alrededor de su cuerpo. ¿Intenta detener sus movimientos? ¿Quiere atraparla para que no pueda escapar de aquel edificio que parece caerse a pedazos? ¿Quiere asfixiarla?

No…

Él jamás haría algo así.

Una lágrima se derrama seguida de otra, y aunque el cielo se cae el grito de la fémina se escucha cuando sus brazos se ciñen alrededor de aquello que la aprieta con fuerza. Un hipido que le hace ver débil y una sonrisa que comparte con el ser que más ha amado, aquel que al fin se deja ver al levantar la acuosa mirada reptiliana, el mismo que viste su pequeño sombrero y la delicada corbata. Está sucio, mojado, asustado; pero está vivo, al igual que ella.



—¡CARDAN!

La fémina no puede ocultar la felicidad que repentinamente llena la faz de su rostro, menos cuando lo abraza con fuerza y empieza a correr con él en brazos. ¿El peso? Es lo de menos. Siente la calidez de la serpiente al chocar su rostro con el propio, limpiando sus lágrimas, siseando con dulzura, sacando su lengua una y otra vez como si quisiera hablar con ella.

El cartel del parque rompería las ilusiones de cualquiera, menos de la fémina que ignora aquel detalle para salir a través de la puerta. Puede imaginar la decepción de sus amigos ante aquella noticia, sus quejas, sus molestias… y por algún motivo eso solo le hace sonreír de par en par. Incluso Cardan parece no reparar en eso, porque ahora se dedica a indicarle el camino, a hacerle notar aquel ferry al que deben llegar, a escuchar, al fin, una voz conocida.

El pecho de la amazona se llena y una extraña sensación le obliga a respirar con fuerza. Quiere llegar hacia él, hacia ellos. Incluso si a su alrededor hay personas corriendo hacia la libertad, ella solo se enfoca en lo que tiene enfrente. Sus piernas se mueven con fuerza, un peso anhelante se instaura en su interior, una última lágrima escapa y las acciones se hacen con su pensamiento al notar cómo salta a través de la lluvia hasta llegar hasta un barandal del navío. Frente a ella los puede ver, realmente son sus amigos, sus compañeros.

Tezca luce terrible y, a pesar de ellos, se ve fantástico. Barald carga con él, como alguna vez lo hizo con ella; porque él jamás dejaría a ninguno de los Hanu Mahana atrás. Yuuki se ve mucho mejor, Wyatt baja de Tocho Morocho ¿esos tres han estado juntos? Y por último…

La fémina gira el rostro hacia su izquierda, notando la presencia de él junto a ella porque la amazona ha caído a su lado. Los labios se separan en una sonrisa cuando, sin pensarlo, se lanza sobre él, obligándolo a caer hacia la cubierta, con ella encima.



—FUFUFU ¿Desde cuándo eres un marine? ¡Nos volvemos a ver y me encuentro con esta traición!

Ríe sintiéndose en su hogar; a pesar de las circunstancias. Cardan ha quedado en medio de ellos, así que se deslinda un poco de su mejor amiga para abrazar a Ryota. —Gritas demasiado, cariño. ¡Ve a navegar este navío! Nosotros nos encargamos del resto. —Sentencia mirándolo con fijeza, seguido junta sus narices en un tacto ligero que desaparece al instante. Después tendrán tiempo para lamer sus heridas y contar historias de guerra, para sentirse bien entre sus brazos.

—¡Aún tenemos que escapar de este lugar de mierda, chicos! —Levantándose extiende su mano hacia Ryota, ayudándolo.



—¡Hagan lo que el capitán necesita! ¡Me encargaré del ancla!

Sentencia corriendo hacia la proa, Cardan suelta a Ryota, siguiendo a su dueña, quien se siente a gusto cuando él vuelve a subir sobre ella, abrazándola del cuello. Fuerza y maquinaria mecánica. El molinete es el objetivo de la fémina cuando llega a proa, puede que no sepa navegar un barco, pero claro que puede ayudar a hacerlo andar. Es por eso que se dedica a levantar el ancla ayudada por la maquinaria, pidiendo, de paso, ayuda a las personas a su alrededor.

Puede que no haya un parque de diversiones en dónde pasar las horas riendo. Puede que esté herida al igual que sus amigos, y puede que esa no haya sido la mejor experiencia del mundo; sin embargo, no puede evitar pensar que estando junto a ellos, está en casa, y que hará todo lo que sea necesario para mantenerlos a salvo.



BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1044 + 0 = 1044
Energia: 1600 + 12 = 1612
Espiritu: 480 + 0 = 480
#28



Era noche cerrada. La fuerte tempestad parecía acrecentarse a cada momento que pasaba, arremolinándose sobre Kutsukku como una gigantesca espiral, y sobre la totalidad del South Blue, daba la impresión; era como si el mismo viento hubiese cambiado de voz, y como si la lluvia cayera con ímpetu voluntarioso sobre la isla y cuanto mar la rodeaba. La instalación subterránea de la que habían salido hacía temblar el suelo, colapsando sobre sí misma en un mar de humo y ceniza que emergía del suelo como un volcán. En la lejanía, los truenos empezaban a resonar como enormes tambores, y algunos relámpagos agrietaban los cielos tras el horizonte. Las chimeneas del ferry habían empezado a humear densamente, con su humo uniéndose a las negras nubes. Los cabos que amarraban cada uno de los barcos a tierra se tensaban, y sus fibras empezaban a romperse. Con monstruosos chasquidos, las amarras aún sin soltar comenzaron a partirse, y los barcos comenzaron a arrastrarse a la deriva, sin control. El viento era suficiente como para empezar a arrastrar los navíos incluso antes de haber empezado a desplegar sus velas, como si hubiera estado esperando para llevárselos, pero no era solo el viento; las corrientes endemoniadas alrededor de Kutsukku, completamente fuera de sí, parecían haber enloquecido, generando un espumoso mar de olas que se elevaban incluso por encima de las cubiertas de los barcos, inundándolas y encharcándolas al drenarse a través de las barandillas, al tiempo que todos ellos eran arrastrados mar adentro.

Resultaba casi imposible mantener control sobre cualquier barco, y las fuertes corrientes parecían tener más control sobre sus destinos que cualquiera de sus navegantes. Esta vez, el enorme ferry del New Era Joy Park no encabezaba la expedición; ningún barco seguía a ningún otro, sino que todos eran llevados en intervalos irregulares, con unos adelantándose a otros continuamente y prácticamente sin control, a merced del viento y las olas. El Tempestad, el Buda, el barco de la Marina y el enorme ferry habían comenzado a desplazarse, a trompicones, quién sabe con qué destino, a duras penas pudiendo virar sus timones en mitad de las corrientes por las que el mar había optado por llevarlos, y esquivando las enormes rocas que se alzaban fuera de la isla por meros metros. Los mástiles crujían como si estuvieran a punto de partirse en dos, sus velas tensionadas por la tempestad, y las quillas parecían quejarse bajo las negras aguas del South Blue, fruto de la torsión a la que se veían sometidas por las fuerzas del océano. Incluso las brújulas parecían haberse vuelto locas.

Pasaban las horas, y la noche lo engullía todo. La tormenta no parecía ir a cesar, y, contra todo lo previsto, no hacía sino incrementar en su ferocidad y voracidad, extendiéndose por el horizonte, hasta allá donde los ojos pudiesen ver. El mismo horizonte por el que, desde hacía un rato, aquellos lo suficientemente valientes como para permanecer en cubierta, contra, literalmente, viento y marea, habrían visto cómo se aproximaba una silueta, o, mejor dicho, una masa. ¿Tierra? No, se alzaba demasiado alta y demasiado ancha como para ser una isla. Parecía, en su irregularidad, una especie de enorme muro que se extendía de un lado a otro de aquel mismo horizonte, en lo que parecían kilómetros hacia los lados, y cientos de metros hacia los cielos, y cuya silueta solo podía adivinarse al quedar recortada contra el cielo nocturno por la luz de los relámpagos, con un color rojizo característico.

La Red Line los recibía como un coloso dormido, como el muro infranqueable que se había puesto entre tantas otras generaciones y sus sueños, metas e ideales; los había estado esperando. Allí parecían converger las furiosas corrientes que los habían estado arrastrando desde la misma Kutsukku, donde el feroz oleaje parecía, en un giro antinatural de los acontecimientos, comenzar a fluir hacia arriba, hacia la propia Red Line, y ascendía contra la gravedad, a través de la corriente que subía por la propia pared rocosa. Resultaba difícil ver nada, salvo cuando la tempestad se apiadaba de ellos y enviaba aquellos colosales relámpagos, mayores de los que ninguno de ellos hubiese visto jamás, agrietando el cielo a su paso como un enorme cristal roto, e iluminando momentáneamente todo con grandes destellos antes de volver a la completa oscuridad de la noche marina. La lluvia caía en horizontal, cada gota impactaba sobre la piel de los presentes como una pedrada, y el mar rugía por cada costado del barco, como clamando por devorarlo. La cubierta de cada uno de los navíos, que se vieron a sí mismos enzarzados entre corrientes que se cruzaban y chocaban entre sí, era rociada por el oleaje constantemente, y daba la impresión de que, de recibir algo más de presión, los cascos simplemente se partirían en dos, llevándoselos a todos a las profundidades, a donde incontables ilusos antes que ellos habían ido a parar.

Reverse Mountain

Reverse Mountain, el punto de no retorno, se alzaba ante ellos como un umbral, a través de la cual una enorme corriente de agua subía con furia, desafiando cualquier lógica. Poco a poco, los diferentes navíos que habían llegado hasta allí en aquel día señalado se fueron agolpando frente a la montaña, siendo atraídos, arrastrados por las inexplicables corrientes que subían desde el South Blue hasta las alturas de la Red Line. El primero en comenzar el ascenso bajo los enormes portales de piedra que se sucedían por Reverse Mountain fue el enorme ferry, ya fuera por obra de su navegante o por compasión de las aguas, dejando tras de sí una densa estela de humo negro que se deshacía en jirones entre las corrientes de viento cambiantes. Después fue el Buda, con sus velas empapadas comenzando a rasgarse, casi explotando frente a los fuertes vientos que las tensionaban, chorreando agua sobre la cubierta, el timón apenas siendo capaz de permanecer en su lugar sin sucumbir. El barco reglamentario de la Marina que iba justo detrás parecía, a duras penas, capaz de sortear los obstáculos, y su construcción parecía lo suficientemente sólida como para no ceder ante la monstruosa presión a la que se encontraba sometido, tanto dentro como fuera del agua, mientras subía. El último de la caravana que había comenzado a ascender por la Red Line era el Tempestad, cuyo palo mayor había empezado a agrietarse a mitad de trayecto, y cuyo casco resultó agujereado por una de las rojas contra las que impactó. Su bodega había empezado a inundarse a una velocidad vertiginosa.

Tras un ascenso que se antojó eterno, poco a poco, los barcos pudieron ir vislumbrando el final de Reverse Mountain: la cima del mundo, el comienzo del cementerio de piratas, el Grand Line. Y, tras la cima, la caída hacia el vacío, a través de la oscuridad y la espuma del mar.





Información importante
#29
Me moví con prisa, con agilidad, con astucia y con una agilidad incomparable. Envidiable, recordando las cualidades superiores para el atletismo que dotaban su cuerpo fue el primero en llegar. Sin duda alguna, es lo que tiene ir sin mirar atrás. Encontrar el ferry que no inspiraba demasiada confianza pero no estaba en condiciones de comprarse un problema con alguna tripulación. Ganarse enemigos ahora mismo no era nada tentador, como ya había pensado, no dejaría que nadie se metiera en su manera pacífica de hacer las cosas. 


Tras ingresar recorrió el mismo directo a la sala donde se encontraría el timón. Confiaba en sus habilidades por completo que podría llevarse el barco a destino, miró hacia atrás cuando por fin estaba en su destino y pudo ver cuerpos como hormigas que venían y claro, al sujeto azul grande. No gastó su voz al momento, no era necesario gritarles que su presencia estaba aquí. Con ayuda de la brújula ayudó a orientarse y ya sabía cómo iba a timonear el barco. Pero, algo lo retenía, no la veía. Su vista era buena y aun desde lo alto podría identificarla. Ella no venía, ella no estaba ahí. ¿No lo logró? Agarró el denden mushi que le había regalado la voz del cielo y con le pidió llamar por ella. 


Si allí vienen todos ella debe estar cerca. 

berebereberebere…
berebereberebere…
berebereberebere…
[b]beeep…[/b]


Su corazón se hacía pequeño a cada segundo que el caracolito fachero hacía los ruidos de llamada. Entonces ella no lo logró. Pensé en volar de regreso a buscarla, es lo que haría alguien enamorado y yo no estaba seguro de lo que sentía por ella. Indudablemente era una atracción, pero ¿era tan fuerte para regresar? Si, pero más era el temor de no poder escapar de allí. Si se devolvía sabiendo que ya todos iban cerca del barco no iba a salir del new era joy park. Una apuesta que de seguro iba a perder. Suspiré, sintiendo el aire más amargo que sus pulmones habían inhalado jamás. Frío como ningún otro, le cortaba y sentía que en la boca de su estomago se acumulaba un vacío.


No se inventó ninguna excusa, sabía que estaba fallando. Afrontarlo ahora sería mejor que lidiar con ese pesar el día de mañana. No convencería a todos de esperar por ella, así que tendría que tomar las riendas de su decisión si nuestros caminos se volvían a cruzar. Sin disculparse ya que ella incluso podría haber muerto, pero de seguro no, ellos no querrían eso, ellos querían esclavos, entonces seguramente ella regresaría y nos volveríamos a ver. 


Podría haber huido con ese barco y dejarlos a todos, pero eso no iba con mi manera de actuar. Iba en contra de los caminos pacíficos. Aun cuando ahí venia el incitador de problemas y los marines, pero ellos tenían su propio barco y si antes no habían venido por él. no lo harían ahora. — Bien, entonces nos iremos con los que lleguen. — Decidí. Guarde mi Denden Mushi. Y el barco aun con el agua violenta comenzó a apuntar hacia su escapada controlado por mi. 


En ello una presencia escamosa se hizo presente en la sala del timón. Alguien que había visto pero no observado con atención. Me encuentro con mi brújula en la mano y el timón en la otra. Una mirada atenta y felina. Cuando vi a todos los que venían ella estaba cerca. —Bienvenida, siempre puedes ayudar en la escapada. Ya tendremos oportunidad de hablar cuando escapemos.— Conciso, sincero, al grano, ya estoy cansado de la cháchara no necesaria. 


En cuanto el ancla se elevó y se izó la vela, el barco zarpó, como si fuera una competición. Tomando distancia de los marines y de los otros barcos. — Ayúdame a fijarlo y a que nadie venga por estribor o por la popa. que me cuesta estar pendiente de todo con tanto oleaje. Si puedes indicarles a todos que se pongan seguros o las amarras. — Recomendé, sereno, serio, audible. Seguramente más gente querría llegar donde estábamos nosotros pero no me iba a compartir este momento. Mi vista aguda y capacidad de adaptarse a la oscuridad de avisaba que se venía algo intenso y por ello necesitaba que alguien le avisara a todos los mentecatos que se montaron en nuestro ferry.


Lo mío no era ser capitán de nadie, solo le dije lo que como marino sabemos que es necesario hacer en una situación como esta. Ya los dotes de liderar a la gente se los dejaría a ella. Nos llevaría hasta el siguiente umbral. Un viaje intenso, como la montaña rusa, la que debería haber tenido el new era joy park. Una subida que yo solo no habría podido manejar. Tal que llevó al límite mis habilidades con el barco hasta que fue una breve calma. El fuego en mi se hizo visible, solo para afianzarse con mayor resistencia a la marea brusca. Ahora se venía la bajada que por lo intenso de la misma de seguro no sería menos intensa que eso. 


— Aviseles a todos que se preparen, no planeo parar esta belleza hasta que atraquemos lejos de los azules. Y avisame que Seraphine esté bien.— Dentro de aquella pausa sería bueno algo de información antes de la inminente bajada, pero solo la agilidad de mi compañera en el timón me haría cambiar de parecer. Pero tendría que suceder algo muy fuerte y estoy consciente de que todos aguantan lo necesario con tal de sobrevivir.


Resumen

Atributos Personaje
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2209 - 1806 = 403
Energia: 2191 - 102 = 2089
Espiritu: 408 + 0 = 408
#30
La cubierta del ferry se inclinó hacia babor con el primer golpe de ola seria y Kazan absorbió el movimiento con las piernas sin soltar la barandilla como podia porque con quince toneladas en una superficie que no esta acostumbrada a manejar aquellos pesos sumado a la lluvia y el oleaje, era complicado mantener la compostura. La lluvia caía horizontal y el viento rugía como si aquello fuera a ser lo ultimo que escucharan todos los presentes. Se encontraba absorto por todo lo que había pasado, el aprisonamiento, la pelea, el reencuentro...Fue Mizuki quien lo puso en movimiento. "Grandullón, ve a ver si necesitan ayuda con el ancla." Lo había dicho con esa economía de palabras que tenía siempre, ya corriendo hacia el timón, sin esperar confirmación porque Mizuki no esperaba confirmaciones de nadie. Kazan la observó desaparecer hacia la sala del timón, luego miró hacia proa donde el mecanismo del ancla estaba siendo trabajado por manos que eran las manos correctas pero que no eran las manos que hacían falta para lo que se venía. A pesar de no tener tiempo para tener pensamientos felices, ver a su compañera gyojin le había supuesto un reconforte en su corazón esperanzador, todos habían conseguido salir airosos de aquello.

Entonces el ferry empezó a subir, no fue gradual, fue como una succión que no dejaba margen de dudas de donde se encontraban. Fue el momento exacto en que las corrientes de Reverse Mountain tomaron control de lo que hasta entonces había sido una buena navegación esqquivando rocas y oleajes embravecido. El agua que rodeaba el casco dejó de comportarse como agua en el propio sentido de la palabra y paso a convertirse en una corriente que subía contra la lógica y contra la gravedad. La proa se elevó, la cubierta se inclinó hacia popa. Kazan sintió el desplazamiento de peso en las plantas de los pies y sus rodillas se flexionaron por instinto. "Por las profundidades." Lo dijo en voz baja, mirando hacia arriba, hacia la silueta de la Red Line que los relámpagos iluminaban en destellos intermitentes. Reverse Mountain, el punto en que el South Blue termina y el Grand Line empieza. Kazan había escuchado hablar de él. Lo habían mencionado en el Circo de Sangre una vez, como metáfora de algo imposible de cruzar. Y ahora el ferry lo estaba justo despues de haber sido esclavizado y liberado nuevamente, metafora le llaman.

Kazan por su parte agarraria un par de maderas del lugar e intentaria taponar con ellas las pequeñas fisuras que estaban empezando a crearse. No es como si tuviera mucho conocimiento de barcos, no es como si fuera el mejor constructor de todos. Pero sabia coger unos tableros y darle golpes con su propio Kanabo para incrustarlos en zonas que de no ser por aquello podrian sucumbir. -¡Agarraos!- Lo gritó hacia la cubierta en general sin dirigirlo a nadie específico, porque había personas en esa cubierta que no sabían lo que venía después del ascenso y que iban a necesitar estar sujetadas a algo cuando el ferry llegara a la cima y empezara la caída. La inclinación aumentó y el agua de la cubierta corría hacia popa en riachuelos que se colaban por las rejillas. En algún lugar detrás de él se esuchaban crujidos proveniente de lo que había colocado como había podido, quizás dando alguna oportunidad al ferry de resistir. Se aferró al mástil de proa con el brazo izquierdo, los dedos cerrándose alrededor de la madera con una presión que dejó marcas, su propio cuerpo haciendo de unión para que este no se partiera. La pipa seguía en el pliegue de la túnica. "El Grand Line."

Lo pensó mirando hacia arriba, hacia la cima que los relámpagos seguían iluminando en destellos, el borde donde el mundo conocido termina. Cuarenta y cinco años de vida, tres décadas en la arena del Circo de Sangre, siete como revolucionario. Y ahora esto. "Quizás no es tan mala manera de llegar."
[Imagen: TrZYvaW.jpeg]

Marea Azul
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 878 + 0 = 878
Energia: 1164 + 8 = 1172
Espiritu: 198 + 0 = 198


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