Hour for Magic [Presente Relativo - Entrenamiento]
#1
14 de Invierno - 23:00 - Afueras de la Black Widow - Costa de Jaya

¿Qué mejor forma de volver al ruedo que entrenando? Eros no conocía otra manera. Cómo tal la instrucción había sido clara, tenía que entrenar con alguien sanguinario, poderoso, letal... La respuesta era clara: Varo. Si bien era quizás el más amable y amistoso de los Sepultura, el repertorio de habilidades que poseía así como su naturaleza lo volvían un depredador en potencia. Hurón vs Topo ¿Quién sería el depredador ápex? El hurón, obviamente, pero esto no se trataba de medir quien tenía el miembro viril más grande. Había estado semanas en una cama, completamente inconsciente mientras sus compañeros se esforzaban por llenar el hueco que su ausencia había dejado y eso era algo que como capitán debía compensar. Cómo tal en la playa a unos treinta metros del barco, Eros ya estaba listo.

En sus manos portaba los guantes que había modificado, este sería el bautismo de fuego para las armas comprobó la resistencia de las cuchillas con serenidad y entonces levantó la mirada hacia el cielo. Estaba nublado, la luna llena no se dejaba ver aún pero estaba allí expectante, esperando que las nubes se disipasen para poder bañarlos con su luz plateada. Si bien Eros no sabía lo que esto podría significar, quizás por su ignorancia o quizás por simple casualidad, la realidad era que el instinto de Varo sería consciente de todo.

Faltaba poco para la hora citada, eligió la noche y la cercanía del barco en la playa por motivos de seguridad. Una emboscada mientras entrenaban podía ser crítica, y lo cierto era que en Jaya lo que abundaban eran enemigos en vez de aliados.

Inspiró convirtiéndose en su forma híbrida, siendo ahora una mole de 2,50 metros. Treinta metros hacia el este desde su posición había agua, al este, oeste y norte solamente arena por los próximos cien metros. No había riscos, vegetación o puntos altos más que rocas cercanas a la costa que le llegarían a la cintura al capitán de los Sepultura dotándolos de posibles coberturas medias y poco más. Si bien parecían expuestos, estos les permitía vigilar desde la Black Widow la cercanía.

Abrió y cerró su garras, todo estaba perfectamente calibrado y ahora solo restaba esperar. Con su pie marcó un pequeño punto en la arena, hundiéndose su bota unos cinco centímetros para analizar la humedad por debajo del suelo. Era un punto seguro pese a la cercanía de la costa, pues caer en una gruta submarina podría significar su muerte prematura.


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#2
El sol hacía rato que se había ido, como si no aguantase más en esta isla. No era de extrañar, pues no se me ocurría alguien que quisiera estar más tiempo del necesario por aquí. Ceñí mi sombrero dejando mis ojos en penumbra. No por mantener mi rostro oculto, como era de costumbre, sino por mantener otras cosas ocultas de mi mirada. El viento sopló con fuerza por un instante, en un recordatorio de que debía subir un poco la cremallera de mi cazadora. Amartillé mi rifle para asegurarme que estaba cargado y lo sujeté con firmeza. Golpeé que la puntera de mi bota una pequeña piedra y alisé el terreno bajo mis pies frotando de un lado a otro con las suelas. No quería un inoportuno tropezón en el ring de combate.

Nunca hubiera imaginado, que en esta isla llena de brutos y salvajes, en la que cada rincón parecía esperarnos un nuevo enemigo y en la que no podíamos esperar encontrar nuevas amistades, mi primer enfrentamiento sería contra él. El capitán había despertado de su extraña enfermedad hacía tan solo unos días, pero ya estaba dispuesto a recuperar el tiempo perdido. No era ninguna disputa interna, ni mucho menos. Se trataba tan solo de un entrenamiento, pero los guantes con afiladas garras que portaba en sus manos dejaban claro una cosa; esto iba en serio.

Tras su propuesta, pensé que yo no era el más adecuado para ponerse a prueba. Kiyoshi era un gran tirador, y la destreza de Uker con la espada le había valido para convertirse en el hombre más buscado del South Blue. Ambos eran mucho más poderosos que yo. Los dos habían demostrado ser de mucha más utilidad en los combates que habíamos tenido hasta el momento. Más tarde, caí en la cuenta de que tal vez ese fuera el motivo de que me eligiese a mi como rival. Cada nuevo paso en nuestro viaje nos llevaba a un lugar mucho más peligroso que el anterior. Nuestra nueva enemistad con los piratas que gobernaban en esta isla hacía necesario estar preparados. Supuse que Eros había pensado según la frase aquella que decía «una manada es tan débil como el más débil de sus integrantes». Debía asegurarse de que todos nosotros estábamos preparados para el combate.

Levanté la mirada del suelo para fijarla en mi capitán, el cuál miraba al cielo. Quizá tuviese la misma preocupación que yo. No tuve mucho tiempo para reflexionar, pues el capitán pronto activó los poderes de su fruta y activó su forma híbrida. Aquella que le dotaba de un tamaño impresionante. Una que hizo temblar mis piernas un instante, justo antes de tensarse. Me repugnaba la idea de hacer daño a Eros, tanto que me hacía sentir enfermo. Sin embargo, sabía que él iba a darlo todo de sí. Debía estar listo. No, ya estaba preparado para que comenzase nuestro entrenamiento.

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—¡Estoy listo, capitán! —dije una vez tuve mis piernas levemente flexionadas—. Solo tengo una última sugerencia. ¿Qué tal una apuesta? El que pierda, invita al próximo vino.

Los recuerdos de Little Garden llegaron a mi cabeza. De aquel agujero en la tierra. Del vino que habíamos compartido. De la promesa que había hecho a mi capitán; no iba a fallar a su confianza.



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#3
Bajó su mirada del firmamento para posarla sobre su compañero. Había unos quince metros entre ambos, frente a frente como dos caballeros. Con una sonrisa en su rostro de rasgos antropomórficos Eros recibió a su compañero marcando una reverencia gentil de la cabeza para saludarlo.

› Gracias por aceptar entrenar contra mi Varo, te escogí por un simple motivo… Pero si quieres saberlo, tendrás que derrotarme

Notó en ese momento que Varo tensó sus piernas al declararse preparado ¿Empezaría a tomar distancia? ¿Usaría quizás el electro? La apuesta que había escapado de sus labios parecía lo suficientemente entretenida para ambos, simbólica inclusive como bien acostumbraba el mink. Sabía de sobra que los reflejos, y la agilidad del contrario eran de hecho los más exacerbados del cuarteto de luchadores. Quizás por eso no dudó.

› ¡Bien Varo! ¡Acepto tus términos! ¡Quiero que lo des todo, sin dudar!

La pierna que previamente se había hundido ligeramente en la arena planteó una patada que lanzaría una cortina de arena frente a él, no llegaría a Varo pues la intención era simplemente camuflar el cómo todo su cuerpo se movía hacia la hendidura en la arena para crear un agujero por donde el capitán de los Sepultura comenzaría a formar una de sus galerías subterráneas.

Mientras el subterfugio se llevaba a cabo, el cielo en lo alto tenía su propia opinión sobre la contienda y los términos pues el manto grisáceo de las nubes se despejó cubriendo la playa en una luz plateada. La luna llena los bañaba en todo su esplendor, a lo alto del firmamento, casi llegando a la media noche pues estaba en su apogeo ¿Cómo afectaría al mink? Eros no había visto aquella forma mítica de la que tan solo había oído por comentarios, rumores y charlas con sus compañeros.

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#4
El capitán aceptó mi apuesta y no perdió ni un solo segundo más. Tan pronto terminó de hablar, levantó una nube de arena con uno de sus pies. Algo que dificultó mi visión, hasta el punto de que en ese instante lo perdí de vista. Al desaparecer de mi vista, supe que tendía que esforzarme si pensaba en no ser arrastrado por el suelo. Me liberé de toda la amargura que me producía atacar a Eros y dejé ir la habilidad que otorgaba mi akuma no mi. Tal y como me había imaginado, Eros iba a ir con todo. 

El viento arreció de nuevo, pero antes de que se disipase la nube que Eros había provocado, corrí en la dirección opuesta a donde el capitán había comenzado el entrenamiento. Sabía de sus capacidades en el cuerpo a cuerpo, le había visto luchar unas cuantas veces ya. También era consciente de que no tenía nada que hacer frente a él en un mano a mano. Debía mantener la distancia. Mi única opción sería convertir este enfrentamiento en una disputa entre un tirador en su torre a la espera de que un asaltante saliera de sus coberturas. Metí la mano en mi bolsillo mientras aún estaba corriendo para alejarme, para tomar algo más de munición; me iba a hacer falta.
La arena de la playa ahora relucía blanca. Una clara señal de que la luna también había querido ser testigo de nuestro combate. Mantuve mi vista baja, para evitar ver su imagen. Entonces salté, para llegar a mi posición final. Saqué la mano con violencia del bolsillo y justo cuando chascó el suelo, agarré mi rifle con firmeza. Mi mirada hacia el suelo, en busca de la más mínima señal de que Eros fuese a brotar de la tierra, como los gusanos de arena que devoran a los exploradores del desierto en las leyendas.
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Debía mantenerme sigiloso; bien sabía de la orientación de mi capitán bajo tierra. Le había visto alcanzar enemigos que daban un paso en falso. También había sido testigo de aquella treta que trazaba con Kiyoshi en combate. Contuve la respiración para mantenerme concentrado. Al más mínimo signo de presencia, atacaría.



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#5
Varo era alguien versado en el sigilo, y el capitán lo sabía muy bien, pero ya había peleado con individuos como Inuzuka Jin. Los pasos de Varo en dirección contraria eran relativamente predecibles, no fue tanto el movimiento en si mismo como el salto y el peso del mink. El aroma del mismo también se filtraba por la arena avanzando el topo en una clara trayectoria persecutoria, para ello usaría exactamente veinte metros cortando la distancia hasta el punto desde donde Varo había saltado. Eros había dejado de sentir su peso, pero por la posición del mink escapando de donde vio por última vez a su capitán no le costó triangular una vez hasta hubo aterrizado la posición final de su compañero a unos cinco metros.

La distancia entre ambos era una cuestión de profundidad, avanzó un metro más bajo tierra quedando aun por debajo de la posición del mink. Entonces decidió pasar a la ofensiva, no fue con una arremetida si no con un salto valiéndose de sus poderosas garras para atacar exactamente la planta de los pies del oponente. Podía sentir despues de todo el peso por debajo de la arena a medida que avanzaba, cómo tal evitó no solamente los laterales del mismo sino su espalda atacando exactamente por debajo de sus pies en una estrategia que había usado previamente con Uker.

Pero no se contuvo, ambas garras impactaron al mismo tiempo a una velocidad vertiginosa. La garra derecha aplicó aun más fuerza llevando su propia potencia por encima de los límites de sus capacidades, los músculos de su cuerpo parecían de hierro y. al impactar. el topo no salió de las profundidades volviendo a caer dentro del agujero que él mismo había cavado con su salto.

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Con el impacto del ataque el cuerpo de Varo se vería empujado a lo alto de su posición volando cómo un muñeco de trapo en ascenso antes de que la gravedad hiciese lo suyo dejándolo caer con brusquedad nuevamente.

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#6
Tenía claro que mi enfrentamiento con Eros iba a ser algo enlo que la velocidad iba a jugar un papel protagonista. Era consciente de la fuerza de mi capitán y de lo rapido que puede cambiar un combate si eres tú el primero en golpear, o por el contrario, eres tú el que recibe el primer puñetazo. Yo no quería ser del segundo grupo. Y menos con la fuerza que alcanzaba el capitán gracias a su akuma no mi. También poseía una gran velocidad, lo cual no iba a ponerme las cosas nada fácil. Sin embargo, no todas las carreras se pueden ganar siendo más veloz. Para algunas, es mucho más útil otra cosa; la anticipación.

Tal y como había predicho, Eros surgió del suelo tan solo unos instantes después de que los cartuchos de munición impactas en en la arena. La violencia con la que emergió me hizo tener que habría sido de mi de haberme encontrado en su trayectoria. Seguramente hubiera sido el fin de nuestro combate. Por suerte para mí, aún me encontraba en el aire. Listo para pasar al ataque.

—Malficion Nosoi

Aquello era algo que iba a causar daños en el capitán. Comenzaría a sentirse febril, cansado, débil. En definitiva, enfermo. Justo como me sentía yo por atacar así a mí amigo. Pero no tenía alternativa. Si no plantaba cara, parecería un debilucho, alguien a quien debían cuidar, o algo peor, alguien que no sabía cuidarse por sí mismo. El capitán confiaba en mi, y yo iba a demostrarle que también podía ser más fuerte..

Continué mi descenso hacia el suelo, unos 6 metros alejado de mi capitán, sin perderle de vista. Así mi sombrero con fuerza para mantener mis ojos ocultos de la luna y me preparé para atacar de nuevo. No habría ningún respiro. Antes de llegar de nuevo al suelo, volví a hacer uso de mis habilidades.

—Maldición Lamia

Está vez mi objetivo era su brazo derecho. Era una técnica que había diseñado para enfrentarme a espadachines, pero todo lo que pudiese alejar esos terribles guantes que llevaba Eros de mi pelaje, sería bienvenido. Los dolores y espasmos que sentiría él en el brazo, esos si que no los deseaba.

Tan pronto como uno de mis pies tocó el suelo, volví a correr. No me podía permitir ni un paso en falso. Tampoco un descanso. Si lo hacía, Eros me alcanzaría y eso sería mi derrota. Corrí tanto como pude. Tan rápido como mis piernas me permitían. Solo con la intención de alejarme de mi capitán.



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Energia: 3215 - 873 = 2342
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#7
Sintió el escozor de la virulencia entrando por cada uno de sus poros, el dolor que conllevaba sobre su propia carne era pronunciado pero no incapacitante ¿Así que esto era lo que sufrían los oponentes de Varo? Aun en su forma de topo esbozó una sonrisa socarrona sintiéndose más débil, más tonto, más lento, más endeble, sintiendo cómo su voluntad se rompía quizás un poco. Inspiró prosiguiendo con su objetivo de adentrarse por el agujero que había cavado anteriormente, sin interrumpirse su caída. Varo intentó un segundo ataque que no conseguiría permitiéndole al topo una ventana de oportunidad para escurrirse por el ataque del Mink que había contado con terminar la transformación del capitán en ese primer ataque.

Entonces el otro se giró para emprender la huida, pero en el momento en que le dio la espalda se propulsó nuevamente desde debajo de la tierra el capitán aún en su forma completa.

Si bien la virulencia lo hacía sentir quizás un poco más lento, un poco más torpe, los segundos que había ganado con la aparente confusión de Varo fueron suficiente para posicionarse marcando un curso de intercepción inmediato con un poderoso salto. Era ligero, y apenas Varo comenzó a marcar la distancia él ya estaba volando en un salto rasante a la altura de la espalda de mink quien, lamentablemente, reconocía el impacto contra su espalda como algo que ya había experimentado antes.

En resumidas cuentas las garras del topo impactaron al mismo tiempo contra la columna del mink dispuesto a herir, pero no se detuvo ahí, antes que la inercia del mismo impacto lanzase a Varo disparado en la dirección que él mismo pensaba tomar previamente el topo se sostuvo a sus ropajes sin soltarle, ahora estaba en su espalda precisamente ¿Que haría el mink? Aprovechando su punto ciego, la dificultad que conllevaría intentar zafarse de su agarre y, considerando las habilidades de Varo, sabía con certeza que era una posición cuanto menos compleja para su compañero.

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Energia: 4033 - 374 = 3659
Espiritu: 1480 + 0 = 1480
#8
Todo sucedía a gran velocidad. Una rapidez que podía hacerte ver las cosas de una manera distinta a la que había sucedido. ¿De verdad mi segundo ataque había impactado en mi capitán? Aún se me hacía extraño estar pensando en esos términos. No solo era el hecho de estar peleando con alguien; por desgracia, eso era algo que se había convertido en común en mi vida. Era el hecho de estar peleando contra alguien considerado como mi superior, mi líder. ¿Qué pensaría de mi el Varo sometido por la familia Reena? A decir verdad, creo que estaría orgulloso. Sin embargo, de lo que no estaría orgulloso sería de verme luchando contra un amigo, aunque no fuera más que un entrenamiento.

Escuché el crujido de la tierra rompiéndose tras de mi. Algo que solo podía significar una cosa; Eros emergía a mi espalda para golpearme con sus poderosas garras. Por suerte para mi, sus capacidades se habían visto mermadas gracias a las habilidades de mi akuma no mi. La diferencia entre nuestras velocidades me permitió alejarme lo justo para evitar el impacto de sus garras en mi espalda. Me alegré de ello, pues pude sentir la violencia de su ataque en el aire tras de mi. De haberme alcanzado, podría haber sido el fin de nuestro enfrentamiento. O incluso de mi integridad física. Estaba seguro de que si esa técnica me hubiera alcanzado, me habría causado un daño enorme, incluso me habría noqueado. Agradecía las habilidades que me había otorgado aquella fruta asquerosa que había encontrado tiempo atrás. Incluso, aunque se tratase de generar enfermedades, algo que, hacía meses, me aterraba.

Continué mi carrera para alejarme todo lo que pude de mi capitán. Recargué mi rifle mientras avanzaba, listo para un nuevo envite. Mi mirada fija hacia el suelo, pues seguía sin querer ver la luna, la cuál iluminaba nuestro espacio de combate. Habiendo avanzado unos 25 metros, me giré para ver la posición de Eros, consciente de que seguramente habría vuelto de nuevo bajo tierra. Permanecí concentrado, mi rifle en alto, listo para actuar tan pronto sintiese actuar a mi capitán.

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—Eros, no seas tan duro —grité, sabiendo que gracias a su afinado oído podría oírme aún estando bajo tierra—. Si esos golpes me alcanzan podrías lastimarme. O algo peor.

Si una cosa era cierta, es que me apiadaba de los verdaderos enemigos de Eros. Estaba seguro de que sentirían un miedo diez veces mayor al mío. Si es que acaso tenían algo de cordura.



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Vitalidad: 2470 + 0 = 2470
Energia: 2342 + 20 = 2362
Espiritu: 778 + 0 = 778
#9
Apenas hubo fallado su acometida, escarbó lo suficiente para salir de la linea de tiro del mink ingresando un metro por debajo de la tierra en un agujero, lo suficiente para no estar a la vista del tirador una vez éste se hubiese reposicionado. No podía ver al mink, pero podía sentir la vibración en la arena, tenía una noción de la posición.

La realidad era evidente para el luchador en ese momento, no solamente su cuerpo se sentía más pesado, sino que su propia percepción de las distancias y la posición parecía verse afectada por la enfermedad causada por la fruta del diablo de Varo ¿Que podía hacer en esa situación? La habilidad para alargar las distancias del Mink podía dejarlo en el terreno de tiro de su compañero durante todo el enfrentamiento, sabía que el otro seguramente estaría esperando para poder dispararle ¿Estaría con el rifle en alto? Se le ocurría una sola cosa para poder tomar el control de la situación.

Avanzó bajo tierra en dirección al mink para perseguirlo pues era todo lo que podía hacer, no obstante, cuando se movió los 22 metros máximos que le permitía su estado fatigado decidió algo inesperado. No salto hacia el mink, de hecho eligiendo una trayectoria distinta saliendo de la tierra con un potente desplazamiento ¿Su objetivo? Mantenerse en la mira del mink lo suficiente para que, al éste buscarlo, se viese obligado a observar la luna llena o perderlo de vista.

Fueron doce metros a lo alto los que saltó Eros proyectándose su pequeña silueta iluminada por la luna llena, trazando una trayectoria perpendicular con una parábola de cinco metros con su movimiento para que, al momento de caer, se moviese en dirección al mink. De ser exitoso vaticinando que Varo esperaría una ofensiva desde debajo de la tierra, y no por encima de su cabeza, podría aterrizar lo suficientemente cerca del mink para intentar acometer pese a su visible lentitud en comparativa al tirador, en caso de fallar se expondría nuevamente a las habilidades ofensivas de su compañero y estaba bien dispuesto a ello, podía resistir sin que su voluntad flaqueara.

Se negaba con ahínco a mantenerse buscando una oportunidad por debajo de la tierra como un simple oportunista, porque ante todo era un guerrero que iba siempre de frente.

Ataud
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Vitalidad: 3759 + 20 = 3779
Energia: 3659 + 40 = 3699
Espiritu: 1480 + 0 = 1480
#10
Mis palabras no obtuvieron una respuesta. Al menos no una en forma de conversación. Apreté mi puño sobre la guarda de mi rifle, en alto, dispuesto a apretar el gatillo contra mi capitán. Los segundos de calma parecieron una eternidad. Sabía que Eros no tardaría en aparecer, y también que sus intenciones seguirían siendo combativas. Yo era rápido, pero la velocidad a la que podía desplazarse él bajo tierra para aparecer por uno u otro lado me había sorprendido. ¿Tal vez me había confiado en exceso de mi agilidad? Nuestro enfrentamiento era un simple ensayo para aquello que nos podría esperar más allá en nuestro camino. Sin embargo, ya me había bastado para darme cuenta de algunos de mis puntos débiles. Y uno de ellos era confiar en exceso en que nunca me alcanzasen.

El salto de Eros cortó mis pensamientos de la misma manera en que lo hizo con la tierra. Emergió con fuerza, como solo él podría hacer. Como la bestia de la naturaleza que era. Lo hizo mucho más cerca de lo que me hubiera gustado. Tensé mi cuerpo, preparado para huir. Sin embargo, el capitán no se dirigía de frente hacia mi. Intentaba coger altura. Elevé una de las comisuras de mi hocico en una sonrisa cómplice. Ese era mi capitán, lleno de recursos. Pero yo no iba a quedarme atrás; me había preparado para su embestida.

—Nergal— dije con voz firme, mientras seguía con la mirada a Eros.

No obstante, no podía detenerme ahí. Sabía que mis ataques no frenarían a mi capitán. Apenas se había inmutado cuando le había alcanzado con mis otras técnicas. Por ese motivo, me mantuve en mi lugar, mi rifle siguiendo su trayectoria. Vi al pequeño topo ascender hasta casi alcanzar la cúspide de su salto. Apliqué una leve presión sobre el gatillo de mi arma, y fue entonces cuando la vi. Hermosa y espléndida. Su figura redonda, perfecta, se dibujaba en el oscuro cielo nocturno. Su luz nívea alimentaba los instintos más primigenios, mi naturaleza prístina. El latido de mi corazón se aceleró, como si quisiera bailar al ritmo de unos tambores tribales. Pude ver cómo el pelaje de mis manos cernidas sobre mi rifle se tornaba de un tono albino, a la par que crecía adoptando un carácter más salvaje. Sentí una fuerte energía corriendo dentro de mi. Algo que me hacía sentir más poderoso, que había superado mis límites. Mi nueva envergadura dejaba en anécdota mi figura anterior, pues ahora alcanzaba casi los tres metros y medio de alto. Si alguien pudiera verme en ese estado, desearía que esos dos ojos rojos no se posasen sobre él, pues lo que tendría ante sí, sería una bestia aterradora.

Parecía que nuestro enfrentamiento llegaba a su punto álgido. Ahora, esto era una lucha contrarreloj. No tenía tiempo que perder, pues esta forma bestial drenaba mi energía de una manera sobrenatural.



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