[Pasado] Los colores del otoño
#31
Con rapidez buscó aprenderse los nombres de todos los presentes y Seraphine no pudo evitar sentir un pequeño cortocircuito, a la pelirosa con un toque celeste no se le daba demasiado bien interactuar con un mínimo de dos personas y la última vez que tuvo aquellas capacidades fue en la fiesta de su amo, donde estaba en modo de supervivencia, pero como aquello no era necesario en aquella situación, andaba lo más relajada que podía estar, aunque le diese pequeños momentos de ansiedad.

Y, contrario al mink, la skypean parpadeó, no mostrándose tan activa como él, pero con similar entusiasmo, aunque tardó un poco en arrancar, viéndose sus mejillas algo rojas por culpa del esfuerzo; lo suyo era más el baile y disparos elegantes, mientras que Kibai demostraba el felino que llevaba adentro, temiendo por unos instantes el verse dañada si se acercaba demasiado; no obstante, confiaba en el mayor, reconociendo que aquello se debía más a un miedo de demostrar que no era capaz de hacer cosas, así que no iba a permitirse el proyectar sus temores sobre Kibai, aunque fuese lo más fácil.

Sonrió, mostrándole un dedo pulgar al hombre, queriendo dar una señal de que todo estaba bien, que estaba de su lado, y fue en ese momento que vio la pelota moverse, abriendo los ojos, su cuerpo reaccionó por ella, aprovechando su agilidad; no tardó demasiado en completar la orden que le daba, solo faltando que moviese una cola de lo animada que estaba, no pudiendo evitar sentirse como un perrito enorme de casi cuatro metros.

—¡Ahí va!

Sonrió, aterrizando sobre sus pies, doblando un poco sus rodillas, no queriendo encontrarse al otro lado de la red, silbando sin cometer sonido alguno, moviéndose un poco de un lado a otro, manos listas para dar el siguiente golpe, dando unos saltitos de lo más animada, mirando directo a Kibai, preguntando si haría un movimiento en el aire como los gatos que caían sobre cuatro patas.

Parecía un farol por la cantidad de luz feliz que Seraphine emitía.

—Tú puedes, tú puedes.

No podía decir aquellas palabras en voz alta, pero si pensarlas, para animarlo.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
—[#FF69B4] Escribe | Piensa | Actúa
  Responder
#32
En cuanto Kibai orientó el control hacia su compañera y salió corriendo hacia la red supo que había hecho una apuesta arriesgada. Si bien, y claro está de acuerdo a sus suposiciones, Seraphine debía tener buena puntería y unos brazos habituados a la tensión que requería la práctica del tiro con arco, sus reflejos a la hora de atrapar la botella que había ido directa contra ella cuando se habían conocido tampoco habían sido la gran cosa.

— Esperemos que esto salga bien o vamos a quedar muy mal... — pensó el mink mientras encaraba la red y tomaba impulso para saltar.

Por suerte, sus temores resultaron totalmente infundados, y Kibai observó con satisfacción como la pelota le llegaba colocada con precisión justo a dónde podría golpearla mejor. Emocionado, el mink dejó salir de su pecho un fuerte rugido a la vez que golpeaba el balón con la palma de su mano.

¡¡Raigeki Supaiku!!

El balón descendió como un meteorito, rebotando en la arena antes de que Elena pudiese interponer los brazos a tiempo. El silbato del árbitro anunció el tanto para el mink y la skypiean, acto que Kibai celebró con un salto y levantando el pulgar hacia su compañera. 

— Qué demonios ha sido lo que has gritado? — le preguntó la chica desde la red rascándose la cabeza con algo de incredulidad.

Kibai se encogio de hombros a la vez que soltaba una carcajada.

— Todos los grandes ataques deben de llevar un nombre, no crees? Eso los hace más reconocibles.

Ignorante de la mirada a medias entre extrañeza y risa que sus contrarios intrcambiaron al escuchar semejante razonamiento, Kibai alzó las manos para recoger la pelota que le lanzaba Freddy desde el otro campo y se dirigió hacia la linea de fondo haciendo girar distraídamente el balón sobre uno de sus dedos.

Al girarse miró de reojo a Seraphine, esbozando una sonrisa a la cual se le veían los colmillos.

— Vamos allá pues, confío en ti para defender su contra, no creo que vayan a tragar un saque directo, aunque pienso poner todo el empeño en ello...

Sin más dilación, Kibai miró hacia el árbitro, que tras comprobar las posiciones de los cuatro participantes, hizo sonar su silbato, autorizando el inicio del siguiente punto. Con más entusiasmo que técnica, Kibai arrojó el balón al aire como había visto hacer a Freddy y cuando estaba en el punto más alto de su trayectoria, dio un gran salto a la vez que arqueaba su espalda para darle el mayor impulso posible a su brazo, disparándolo como un látigo contra el balón que salió disparado hacia el campo contrario.
[Imagen: gvCFAP2.png]
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)