72 de Primavera. Año 11.
Barranca profunda, Isla Toko, Corriente Daiya - 21:40 a.m.
Barranca profunda, Isla Toko, Corriente Daiya - 21:40 a.m.
Se estaba pudriendo. El olor de la piel quemada, la sangre y las vísceras fruto de los impactos de mi arma, y la mezcla de todo aquello con el polvo y la arena del camino desprendían un olor demasiado desagradable, un rastro que cualquier carroñero habría seguido sin dudar. Tras mi encuentro con aquella pareja, algo fortuito y sin mayores consecuencias para ninguno, fruto de perseguir al estúpido pulpo enorme, arrastré su cadáver durante varias centenas de metros en dirección contraria del camino que venía recorriendo tras terminar de saquear su cadáver. El sonido de su cuerpo surcando el pavimento se acompasaba con cada pisada que mis pesadas botas dejaban en el camino y brindaban una figura grotesca como regalo sombrío al resto del paisaje, con la puesta de sol en el horizonte proyectando mi sombre a través del escenario cruento de aquella isla, sumidos en una cortina de las ondas de calor que la refracción de la luz intensa de ese momento del día nos bañaba. En la lejanía, mi cuerpo caminando pesadamente, en completo silencio. Cargaba mi arma sobre el hombro izquierdo y arrastraba a Peixe Camarondi - o ese era el nombre que decía el cartel - con la diestra, sin más rumbo que seguir hacia adelante hasta encontrar lo que fuere que tuviera que encontrar en aquel lugar que me indicase dónde se hallaba la civilización.
Paso a paso, entró la noche y en la lejanía pude escuchar el crepitar y murmullo del agua de un río, así que guiándome por este, caminé hasta que la noche era completa y en el firmamento reposaban las luces de mundos y lugares lejanos que nos observaban desde el pasado, cumpliendo la función de iluminar nuestros temores.
73 de Primavera. Año 11.
Río Toko, Isla Toko, Corriente Daiya - 02:37 a.m.
Río Toko, Isla Toko, Corriente Daiya - 02:37 a.m.
Cuando finalmente llegamos a la orilla del río, el aspecto del gyojin era realmente deplorable. Lo incorporé un poco para dejar su cuerpo sentado en el suelo y pude apreciar el estado general en el que se encontraba su cadáver. La piel parecía hervida, había pústulas y ampollas por todo el cuerpo fruto de las quemaduras y su tono azulado se había tornado ligeramente amoratado casi negruzco en muchas zonas del tren superior. Concretamente los tentáculos era lo que en mejor estado estaban de todo el cuerpo, más particularmente los dos de los que agarré para lastrarlo en contraposición de tres que habían ido directamente arrastrados contra el suelo y compartían un estado similar a la espalda: la piel estaba prácticamente levantada, herida, rasgada, con sangre sucia mezclada con la arena, y compartía estado y textura con la parte trasera del cráneo y ligeramente con la sien izquierda. En cuanto al resto de su cabeza, de su cresta rosa quedaban unos pocos mechones y se apreciaba el cabello chamuscado por la temperatura. Los párpados parecían hundidos como si sus globos oculares estuvieran deshidratados y ocupasen menos espacio en las cuencas. Los labios se había retraído hacia las encías y mostraban los dientes ligeramente, acompañados de una mueca lateral fruto de la mandíbula desencajada por la ausencia de tensión muscular.
Aun con todo, lo más llamativo estaba en el pecho, donde un gran socavón adornaba el centro de la cavidad torácica del pulpo, en forma cóncava, delatando que los huesos encargados de proteger sus órganos más vitales ya no estaban haciendo su función, pues por el agujero se podían ver astillas y pedazos sueltos mezclados con la sangre y las tripas. La camisa que llevaba estaba completamente hecha jirones por ambas caras, y fue lo primero que retiré y arranqué, haciéndola a un lado. Por suerte era una criatura alta y dicha tela podría incluso servir de manta a un hombre de mi complexión y altura, pero tenía otros planes para ella.
Solté el cuerpo y dejé a Ein Hauch al lado de este, quitándome el casco y apoyándolo entre el cadáver y mi arma, agarrando ahora aquella tela rosacea llena de sangre, tierra y vísceras y caminé hacia el rio en la oscuridad de la noche sujetando sendos mugrientos jirones, rasgándola definitivamente para hacer varias tiras de tela, y acuclillado en la linde del torrente de agua comencé a lavarlas — 'Ven y brinda junto a mi...' — canturreé, una canción que escuché haría unos años en mi vagabundez en una tasca de mala muerte, mientras empezaba a frotar las telas — '...con el buen sake de binks' — las saqué para observarlas de la mejor manera posible dentro de que mis ojos se habían acostumbrado a la falta de luminosidad, pero sin poder apreciar realmente si las manchas salían me bastaba con sentir al tacto que los grumos y restos se los llevaba la corriente del río — 'Que también lo beba el viento y las olas del mar...' — continué, volviendo a meter las telas rasgadas en el cauce del río y comenzando a frotar nuevamente — 'Más allá del ancho mar, al ocaso brama el sol...' — y volví a sacarlas mientras las palpaba conformándome con el resultado — '...y en el cielo cantan aves notas de cristal' — seguí cantando, depositándolas a mi zurda y metiendo las manos en el río para lavarlas, sacando agua y llevándola contra mi rostro, refrescándome y parando por unos segundos la canción, repitiendo aquello dos veces más, terminando por pasarme la mano por el cabello para humedecerlo. Al acabar, agarré las telas y me erguí, girando sobre mi mismo y caminando junto al gyojin, aun en la oscuridad.
— 'De mi pueblo y mi niñez, me despido con dolor...' — canté, y sonreí con sorna haciendo que los puntos de mi rostro se tensasen, negando con mi cabeza, chasqueando la lengua mirando al pulpo — 'Ven cantemos la canción sonora del adiós' — y lancé las tiras junto a él, pasando a sujetar entonces su cuerpo y arrastrarlo hasta el río y sumergirlo en él agarrado de nuevo de un sólo tentáculo — 'Salpicados por el mar de dorado esplendor...' — continué, dejando que la fuerza del agua arrastrase la suciedad de su cuerpo — '...viajaremos juntos hasta el último confín' — y lo saqué del río. Estaba algo más limpio, sin tierra ni sangre seca, pero seguía denotando un claro estado de inicio de putrefacción y su cuerpo se iba a deteriorar rápido... y era un problema. Si su rostro se volvía irreconocible no podría cobrar su recompensa. Así pues saqué el cartel y lo ojeé de nuevo, alternando mi vista de ahí hacia su cadáver.
— Peixe — dije en voz alta, fijándome en su mueca sintiendo el eco de mis palabras en el ruido de mi estómago — Oe oe no me mires así — y guardé el papel mientras caminaba hacia las tiras de tela para comenzar a atar su cuerpo y compactarlo para facilitar su transporte. Pero sorprendentemente me detuve a la altura de sus tentáculos, mirándolos. Sus brazos abrazarían sus tentáculos en una pose que aprovecharía que ya no tenía costillas y al menos no tendría que arrastrarlo y seguir desfigurándolo. Tenía tela de sobra para amarrarlo y poder cargármelo al hombro, pero seguramente tantos tentáculos sólo eran peso extra que no tenía porqué cargar conmigo. Volví a mirarlo a la cara, durante unos largos segundos, y me encogí de hombros y le dije, como si pudiera escucharme — No los vas a echar de menos — dirigiéndome después hacia su tren inferior, quitándome la chaqueta.
73 de Primavera. Año 11.
Río Toko, Isla Toko, Corriente Daiya - 04:52 a.m.
Río Toko, Isla Toko, Corriente Daiya - 04:52 a.m.
Lancé el último de los tentáculos con el resto, finalizando de formar un montículo. Eran blandos y carnosos, se notaba la fibra en cada pedazo, y había descubierto que si aplicaba calor con las manos directamente en una zona concreta a unos pocos centímetros del inicio de cada tentáculo, la carne se cocinaba desprendiendo un olor dulce y debilitaba la estructura permitiéndome arrancarlos con más facilidad. Claro que esto no había sido cosa inmediata, si no más bien fruto de la casualidad al 'encenderme' más de lo debido ante la incapacidad de cortar el primero de ellos, y quemarlo ligeramente por accidente, descubriendo el truco correcto para desmembrarlo con menos esfuerzo, aunque igualmente había tomado su tiempo aplicar el calor de forma lenta y progresiva mientras apretaba cada... articulación, o como fuera que se llamasen cada una de esas cosas con ventosas, y las desprendía de su cuerpo.
Viendo que ya había terminado de desmembrar su tren inferior, usé las dos manos para quemar el último de los círculos sangrantes que quedaba mientras el olor dulce me invadía de nuevo y mi estómago rugía de nuevo, terminando y levantándome para contemplar la escena sacudiéndome las manos y dirigiéndome hacia el río a volver a lavarme. Ahora debía de pesar la mitad y medir algo menos de la mitad - lo cual lo hacía mucho más transportable y ergonómico que antes - y podía usar la tela para atar sus brazos a su tronco, cruzados frente al pecho para tapar el agujero, y sacar algo más para usarlo como asa y llevarlo como un fardo.
Sacudí el agua de mis manos mientras me levantaba y giraba en dirección de nuevo a su cuerpo, sentándome a su lado, cansado por el trote de estos últimos días, con sueño y sin poder descansar por miedo a que un depredados nos atacase por la noche, y hambriento. Otra vez ese olor dulzón. Miré hacia el cielo, sin luna y exhalé un suspiro — Iban a casarme con una hija de un señorito que tenía peor pinta que tú — le dije a mi - ya no - octoamigo — Me escapé de ahí — suspiré — Literalmente sólo tenía que emborracharme y follarme a esa cosa hasta tener descendencia... y a vivir — y sonreí — Y ahora estaría comiéndome algún plato preparado por los mejores chefs de mi propio reino, sentado en un sillón cómodo y mullido y decidiendo cual de las criadas me la iba a chupar esa noche — volví a mirarle — Y míranos. Un día un tipo se cuela en mi vida y me escupe en la cara que nunca podría comprar su libertad y la emoción de cazar ni con todo el dinero que tenía — dije, extendiendo la mano para agarrar uno de los tentáculos de Peixe, mientras el brillo de mis dedos comenzaba a emitir un poco de humo al contacto con su carne — Y más de diez años después estoy adentrándome sólo al Grand Line, persiguiendo a un hombre pulpo por el puro placer de demostrarme a mi mismo mi propia libertad pudiendo hacer lo que me de la gana, y enfrentándome a todo el mundo que se cruza en mi camino para... — hice una pausa, viendo como su carne se tostaba en mi mano, escuchando como crepitaba, pasando de nuevo a mirarle a la cara — ...para seguir sólo una senda que no se ni a donde me va a llevar — mi mano empezó a brillar con mas fuerza — "Ser el más fuerte" — bufé con sorna e ironía — Capturar al Rey de los Piratas para imponer mi fuerza a su libertad — añadí sonriendo con amargura negando con la cabeza lentamente — Los sueños de un chiquillo... — musité bajando el tono y la mirada mientras el olor dulzón volvía a invadirnos en aquel lugar, junto al relajando sonido del arrollo, haciéndome alzar la vista para contemplar la carne en mis manos, hervida por mi propio calor, humeante y jugosa — Y míranos — repetí ante el tímido tintineo de la luz de mi mano que disminuía conforme apagaba mi propio calor — Seguramente te aguardaba un destino mejor que este — sentencié, mirándole y quedándome en silencio unos segundos. Chasqueé la lengua rompiendo aquella calma — Pero para comer hay que cazar — concluí, y mordí la carne que sostenía.
73 de Primavera. Año 11.
Pueblo Kakutasu, Isla Toko, Corriente Daiya - 07:03 a.m.
Pueblo Kakutasu, Isla Toko, Corriente Daiya - 07:03 a.m.
El sol salía por el este y mis pasos seguían el ritmo de cualquier reloj común. Caminaba ligero, cansado y de nuevo con el casco puesto. Llevaba a Ein Hauch a la espalda, sujeto en su lugar, y agarraba con la diestra una tira de tela trenzada que estaba atada entorno al cuello de Peixe, quien colgaba a mi espalda con los brazos cruzados y atados frente al pecho, y con ocho muñones donde antes estaban sus tentáculos. Si no puedes dormir, comer te da las fuerzas que necesitas para continuar un poco más, y en mis años mendigando había descubierto que cualquier cosa que fuera orgánica era comestible si se hacía en la cantidad adecuada y de la forma correcta. Si mis padres supieran cada cosa que me había llevado a la boca posiblemente me catalogasen de salvaje... y sin duda tendrían razón. Pero prefería ser un salvaje guiado por mi propio instinto y por este fuego en mi interior que no conseguía orientar, antes que seguir siendo una pústula social acomodada que vive de los esfuerzos del abuelo, del abuelo, del abuelo de la familia.
A lo lejos se veía un pueblo, al fin, algo de civilización. Buscaría una forma de contactar a la marina y entregaría el cuerpo para cobrar la recompensa que decía su wanted. Catorce millones. Sin duda era una suma increíble. Y sin duda lo primero que iba a hacer con esa suma era pasarme diez días durmiendo sobre un colchón mullido y comiendo caliente en un plato limpio. Puede que Peixe pudiera haber tenido un destino distinto si lo hubiera dejado con los Marines, o quizá podría haberlo entregado vivo si no se hubiera reencontrado con sus amigos. Pero la realidad de la ausencia de su futuro ahora era que serviría para cimentar el mío. E iba a erigir el mayor imperio de todos.

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)