[Presente Relativo] Una investigación rutinaria
#21
Estaba muy a gusto, paseando por las calles bulliciosas de Engan, con su nueva amiga en busca de un lugar para cenar y beber. Su primera vez en Ohara venía acompañada de la curiosidad por los sabores locales, con la esperanza de algo picante, aunque llevaba consigo su botella de Sriracha por si acaso. Erika conducía la conversación con una mezcla de preocupación y humor, preguntándose si había sido de ayuda en la búsqueda de su amiga en el almacén, y calificándose a sí misma de tonta por no haber preguntado antes. También le recalcó que no era necesario que la invitase.

-Te invito porque quiero, no te preocupes -respondió irradiando una alegría sincera-. Si quieres, míralo como una recompensa por haberme ayudado. Y no hay secretos, puedo contarte todo sobre lo del almacén en cuanto nos sentemos. ¡Tengo un hambre que podría devorar un camello entero! SSSSHSSSSHSSSSH -su risa única resonó en el aire.

No pasó mucho tiempo antes de que llegaran a su destino. Erika, con un gesto espontáneo y lleno de entusiasmo, tomó su mano y la guió hacia una taberna llamada Niko, un lugar con un ambiente acogedor y animado. La energía y el entusiasmo de Erika eran palpables y contagiosos.

Girándose hacia ella con energía, Erika preguntó si preferían sentarse en la terraza o dentro del local. En ese momento, se sonrojó visiblemente, terminando su pregunta con un tono de voz elevado y casi tropezando con sus palabras. "Podrá parecer dura, pero tiene un lado dulce", pensó con cariño.

-Pues terraza, venga. Que corre un vientecito muy reconfortante -dijo mientras señalaba una mesa en la terraza y le hacía señas para que la acompañase-. ¿Sirven algo picante aquí? Si no, elige tú. Y también escoge la bebida. Pero insisto, yo invito esta vez, ¿vale?

Se acomodó en la silla de madera, mirando hacia el cielo donde las primeras estrellas empezaban a brillar. Recordó las veces que había salido con compañeros de la Marina, pero nunca se había sentido tan cómoda como ahora. Erika era natural, ruidosa, malhablada, pero tremendamente simpática y energética.

-Pues sobre lo de antes, hace tiempo que la Marina investiga un caso de contrabando de alcohol y algunas armas. Nada del otro mundo, pero necesitaban corroborarlo. Realmente yo no debería haber venido a Ohara, no tengo rango suficiente para algo así, sigo en el último eslabón de la cadena de mando por ahora.-compartió, mostrando una mueca que reflejaba su descontento con la rutina de su trabajo-. Pero bueno, estaba aburrida de hacer papeleo inocuo y limpiar la base, que es lo único que me dejaban hacer, llevaba tiempo suplicando que me diesen algo más importante pero era difícil. Lo que resulta que hace poco cambiaron a mi superior, y es un hombre bastante... Solitario, por decirlo de alguna manera. Así que le puse ojitos y me arrimé un poquito a su brazo mientras le pedía que me diese alguna misión interesante y se puso tan colorado que parecía un tomate. SSHSSHSSH. Me dijo que tenía algo que requería más rango, pero me dio la oportunidad. Y aquí estoy. Que por cierto, de verdad, muchas gracias por ayudarme. No solo he podido confirmar el contrabando, sino que además... -dijo mientras echaba un vistazo alrededor, asegurándose de que no había nadie cerca y bajando el tono- había un documento que mencionaba a un tal Glatus. No me suena de nada, ¡pero mi olfato me dice que debe ser un pirata! Ssshssshsssh Con todo esto a lo mejor hasta subo de rango, sería genial.

Tras un momento, se dio cuenta de que había monopolizado la conversación y, con una sonrisa tímida, se disculpó.

-Perdona, me parece que hablo demasiado. -dijo cruzando las manos y apoyando la cabeza en ellas, mirándola fijamente- Cuéntame de ti ahora. ¿A qué te dedicas? ¿Qué te gusta? ¿Qué planes tienes en la vida? -preguntó, cambiando el enfoque hacia Erika y con sumo interés en saber más sobre ella.
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#22
No me había percatado de que cogí la mano de Ikirami en un acto reflejo de alegría. Me dijo que le apetecía estar en la terraza señalándome una mesa y llevándome hacia ella. Suavemente, le solté la mano, todavía estando roja y encogiéndome de hombros, decidí seguirla hacia la mesa. Le apetecía algo picante y beber lo que yo quisiera, me giré y grité a uno de los camareros de Niko - ¡Mozo! ¡Trae el plato más picante que tengas! Y... - Miré a la pelirroja realmente con duda, no sabía qué gustos tenía para la bebida. Yo era mucho más vulgar y ella mucho más elegante, pero me dijo que pidiese lo que yo quisiera para beber, así que bueno - ¡2 jarras grandotas de cerveza! ¡Y fresquitas! - El camarero me levantó el dedo en señal de Okay mientras limpiaba otra mesa. Estábamos una enfrente de la otra, la noche estaba bonita, el buen ambiente de la taberna, la música de dentro del sitio conseguía salir afuera y hacer que todo fuera más agradable.

La pelirroja empezó a comentarme el propósito del porqué fuimos a buscar en aquel almacén. Cosas a destacar es que me confesó que era una marine pero sin apenas rango. Se cameló a un superior para que le permitiera poder hacer una misión un poco más movidita y se le concedió - Ehe, no se pudo resistir a tus encantos ¡Bien jugado! - le dije guiñándole un ojo y con una sonrisa de par en par en mi cara. De repente, bajó un poquito el tono de voz para que solo yo le escuchase, y me mencionó que encontró algo de un tal Glatus, al cual, su intuición, le decía que era un pirata - No me suena de nada, en esta isla suelen aparecer pocos, pero... - me coloqué con las piernas cruzadas en el asiento y las manos metidas en el agujero que hacían - ... Si es un pirata, espero que le den por culo y se lo carguen. Son unos sinvergüenzas - Le dije mientras miraba a mi derecha, el cual se podía apreciar la iluminación del pueblo en la oscura noche. Ikirami se disculpó por todo lo que me contó.

- No te disculpes pelirroja, realmente... - Me encogí de hombros mientras miraba a mis pies y poco a poco subía hasta mirarla a sus ojos - ... Estás siendo sincera conmigo, ¿no? Si es así... lo aprecio - Le dije mientras me llevaba mi mano derecha a mi hombro izquierdo, mostrando cierta debilidad con mis palabras. Pero de repente llegó el camarero a nuestra mesa. En su bandeja trajo dos jarras grandes de cerveza que dejó en la mesa y un plato que nunca había visto. Pero solo con olerlo podía notar que aquello picaba como el mismísimo infierno - ¡Joder! ¡Esto tiene que arderte en la boca! ¿Cómo se llama este plato? - Le pregunté al camarero - Se llama Tteokbokki, pastelitos de arroz con una salsa muy picantes ¡Que aproveche! - Dijo el camarero yéndose a atender a otra mesa - Bueno, pues habrá que probarlo, ¿No? - Le dije sonriéndola y con los ojos cerrados - Menos mal que también tenemos cerveza fresquita - Dije levantando la jarra rápidamente para pegarle un buen trago.

Mientras bebía, la pelirroja me preguntó sobre mi vida. Me pilló de sopetón. Alguien se estaba interesando por mí, hacía años que, por no decir que, casi toda mi vida, esto no me pasaba. Dejé la jarra otra vez en la mesa mientras me llevaba mi mano derecha a mi coleta del mismo lado y la tocaba como si de un pompón se tratase - Bueno... Mi vida no es fácil. Desde que llegué aquí vivo como puedo. Me instalé en una casa abandonada que hay en el bosque a las afueras y la remodelé para que al menos pudiera llamarse... hogar - Volví a la misma posición de antes, teniendo las manos metidas entre mis piernas cruzadas - Dedicar bueno... no tengo algo tan chulo como tú, pelirroja. Sobrevivo como puedo. Quizás, no de la manera que quisiera, pero por desgracia no sé hacer otra cosa que no sea toquetear con trastos y chatarra... - agaché la cabeza, en un acto de vergüenza - Es lo que me ha tocado, y tengo que lidiar con ello... supongo - Dije mientras me tocaba mis manos suavemente - En cuanto a mi futuro... no lo sé - Miré hacia un lado - ¿Sabes pelirroja? Soy un desastre. Para todo. Todo lo que toco lo destrozo. Todo lo que se acerca a mí, acaba alejándose. Es como si estuviera maldita de alguna manera - Dije mientras me apretaba las piernas con mis manos - Por eso, mis planes de futuro no los contemplo. Solo me dejo llevar... - Alcé la mirada para mirar a Ikirami - ... Y no suele salir bien - Me entristecí. Durante unos segundos mi cuerpo era pesado, no podía cargar con él, como si una nube oscura me tapase completamente todo lo que había a mi alrededor. Pero el sonido de la música y el jaleo me despertó, no podía estar así delante de alguien, así que saque fuerzas de donde fuese para animarme - ¡Pero bueno, no todo es perfecto, pelirroja! ¡Así es la vida! ¡Ihahaha! - Reí de una manera un tanto nerviosa y poco clara, para, acto seguido, pegarle otro trago a la cerveza. Apoyé mi codo izquierdo en la mesa y mi cabeza en la mano y miré fijamente a los ojos de Ikirami - Y bueno, dime... ¿Qué piensas hacer ahora? ¿Vas a ir a por ese tal... Glatus? - Cerré levemente mis parpados - Y cuando termines tu misión... ¿Te irás? -
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#23
Ambas estaban sumergidas en una conversación amena y cordial, su tono era suave y acogedor. Erika incluso mencionó, con un deje de humor, que esperaba que atraparan a Glatus si resultaba ser un pirata. Su comentario fue recibido con una sonrisa radiante, iluminando el rostro de Ikirami.

Cuando Ikirami concluyó su relato, Erika expresó su gratitud por la sinceridad compartida, su mirada reflejaba un vergonzoso aprecio. Momentos después, el camarero interrumpió brevemente su intercambio, llegando con su pedido. El aroma que emanaba de los Tteokbokki era embriagador, un olor picante y tentador que llenaba el aire. El camarero, con un toque de orgullo, aseguró que eran especialmente picantes.

Erika instó a Ikirami a probar el plato, mientras resaltaba la conveniencia de tener una cerveza helada para suavizar el picante, su entusiasmo era contagioso.

-¡Menuda pinta tiene esto! Solo de ver el color tan rojo que tiene ha multiplicado mi hambre por diez. Ssshsshssh - exclamó Ikirami con una risa ligera, sus ojos chispeantes de anticipación.

A pesar de su educación refinada, que no había perdido ni en los tiempos difíciles en los barrios bajos, Ikirami abordó el plato con elegancia y un toque de urgencia. El sabor era intenso, un siete sobre diez en su escala personal de picante. Tras limpiarse los labios cuidadosamente con una servilleta, no pudo evitar elogiar la comida.

-Está increíble, realmente delicioso. - dijo con una sonrisa amplia, saboreando la frescura de la cerveza.

Entonces, Erika comenzó a desvelar fragmentos de su vida, una narración que Ikirami escuchaba atentamente mientras comía. La historia de Erika resonaba con una familiaridad desconcertante: una lucha por la supervivencia, un hogar en una casa abandonada, trasteando con chatarra. Ikirami se vio reflejada en esos relatos, recordando su propia vida pocos años antes de la Marina. Erika habló de su tendencia a destruir lo que tocaba, una afirmación que parecía extenderse más allá de los objetos a las relaciones personales, como si se considerara maldita.

-No creo que eso sea así, solo has tenido mala suerte... - Ikirami respondió con una mirada llena de empatía y comprensión, tomando otro trago de cerveza.

Erika prosiguió, describiendo una existencia de dejarse llevar por las circunstancias, a menudo con resultados desfavorables. Su semblante se ensombreció, impulsando a Ikirami a cambiar de tema para aliviar su tristeza. Pero antes de que pudiera hacerlo, Erika recuperó la compostura, restando importancia a sus problemas con una risa ligera. Ikirami le devolvió la sonrisa, admirando la fortaleza de su nueva amiga.

La conversación volvió al tema del pirata, e Ikirami reflexionó sobre lo que haría después.
Contempló su cerveza, observando las gotas de condensación deslizándose lentamente por el vaso mientras su mente se debatía en pensamientos profundos.

-Supongo que mañana debería informar sobre lo que he descubierto, posiblemente… - murmuró, su voz reflejando una mezcla de deber y duda. Se detuvo, su mirada perdida en la distancia, consciente de la inevitable orden de regresar a la base que probablemente recibiría- me hagan volver a la base.

En el silencio que siguió, Ikirami se enfrentó a un dilema interno. Aunque no quería irse, sabía que tenía que hacerlo. Era una promesa que se había hecho a sí misma, un compromiso sellado no solo en su mente sino también en su corazón. Era una promesa inquebrantable y grabada en sangre en un barco que hacía tiempo era pasto de los peces. Aun así, la idea de dejar atrás a Erika, alguien con quien había establecido un vínculo tan rápido y significativo, le pesaba. "¿Cuantas veces en la vida te encuentras con alguien con la que de verdad conectas, que incluso te ayuda a olvidarte de los problemas solo con estar ahí? Me gustaría pasar más tiempo con ella", pensó, mientras sus emociones se agitaban en su interior.

Tuvo una idea y en un momento de inspiración, Ikirami terminó su cerveza de un sorbo. Apoyándose en la mesa con ambos brazos, buscando fuerzas para lo que estaba a punto de proponer, levantó la mirada hacia Erika.

-Erika, por lo que me comentas, nada te ata a este lugar. Yo... siento que hemos conectado. Hace mucho que no me siento tan a gusto con nadie. - confesó, bajando la cabeza ligeramente, su voz teñida de timidez- Perdona si te pilla de sopetón, sé que nos conocemos hace nada, pero… - vaciló un momento antes de continuar, mirando de nuevo a Erika directamente a los ojos- ¿Por qué no te vienes conmigo a la Marina?

Ikirami apretó el puño sobre la mesa, su ansiedad era palpable ante la posibilidad de una respuesta negativa.

-Sé que es algo peligroso, no es una decisión que se pueda tomar en un momento... Y menos si te lo propone un extraño al que acabas de conocer. Pero... ¿no te gustaría la idea de viajar por el mundo en búsqueda de los malos? Sabiendo que a cada paso que das, estás labrando un futuro mejor para la gente. -su voz se tornó más ligera, incluso algo avergonzada, al reconocer que su propia experiencia en la Marina no siempre había sido tan heroica- Vale, cuando eres un novato la cosa no es tan glamurosa, lo reconozco, puede ser tedioso incluso. -dijo, volviendo a fijar su mirada en Erika, esta vez con una renovada determinación- Pero pienso labrarme un nombre, ascender lo más alto que pueda y ayudar a que el mundo sea un lugar seguro en el que vivir. Donde los niños crezcan sin miedo a que piratas aparezcan y echen por suelo sus vidas, en el que los monstruos no tiñan sus sueños de pesadilla. Un mundo sin piratas.

Sus ojos ardían con determinación, más rojos que nunca. Antes de que Erika pudiera responder, Ikirami se levantó de la mesa de un salto, buscó en su bolsa y sacó un Den den mushi, colocándolo ante Erika sobre la mesa.

-Sé que lo que te propongo es precipitado. Pero reflexiónalo. Decidas lo que decidas, toma este Den den mushi. Así nos mantendremos en contacto aunque estemos lejos. Si en algún momento necesitas algo, llámame, aunque sea para hablar sobre cualquier cosa, como hoy. No tengo ni idea de a dónde voy a ir después de Ohara, pero así podremos seguir en contacto. -expresó Ikirami, su voz vibrante de emoción y un toque de nerviosismo.

Al darse cuenta de que había hablado más de lo previsto, Ikirami se sintió abrumada y avergonzada. Se sentó de nuevo, colocando sus manos en el hueco de las piernas, sus mejillas ardían con un tono rojizo debido a la mezcla de vergüenza y el efecto de la cerveza.

-Tú solo... di que me llamarás, ¿vale? - pidió con una voz suave, implorando una promesa de conexión futura- Por favor.


Notas
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#24
Ikirami escuchó atentamente todo lo que le conté mientras comía del plato picante que pedimos, el cual se notaba que estaba disfrutando y le gustaba mucho. Sentí alivio al verlo, al menos he acertado en traerla a la taberna de Niko. La pelirroja intentó tranquilizarme sobre lo que dije, enlazándolo todo a una mala suerte que me ha acompañado siempre desde pequeña. Sé que lo decía por animarme y hacerme sentir mejor. No lo decía por decir, pero para mí era algo muy complicado pensar de esa manera. En un segundo se me vino a la mente todas aquellas veces que me dijeron una y otra vez lo mismo "Por eso estás sola, Erika". Realmente quería levantarme y abrazar a Ikirami, pero, como siempre, soy una estúpida, y me quedé quietecita.

Tras todo esto, y mi pregunta de si se iba a ir tras toda su misión, confirmando lo que pensé todo el rato. La harían volver de donde vino, abandonando así Ohara por completo. Se formó el silencio en la mesa. Ikirami cogió su jarra de cerveza para beber un buen trago, diría que incluso se la terminó entera - Entiendo... - Dije agachando la cabeza. ¿Qué podía hacer? ¿Qué podía decir? Ella era una marine, la cual va, viene, tiene que hacer su trabajo, moverse. Joder. Sabía que esto iba a pasar. Pero no quería que pasase. Pero de repente, aquel silencio apagado y triste se vio interrumpido por el golpe de la jarra de Ikirami en la mesa y posicionar sus brazos en esta, haciendo que levantase la cabeza para mirarla con cara de asombro y la boca un poco abierta.

Estando en el banco sentado, con las piernas en alto y cruzadas y mis manos metidas entre ellas, comencé a escuchar a Ikirami. No estaba preparada emocionalmente para todo lo que iba a decirme. Me dijo que estaba muy a gusto a mi lado, que de alguna manera u otra habíamos conectado en tan poco tiempo, y no dudo en ofrecerme el irme con ella a la marina. Mi expresión de asombro empezó a cambiar poco a poco. Cerré la boca, hasta morderme el labio inferior y cerrar un poco los ojos. Mis labios comenzaron a temblar rápidamente. Mis ojos empezaban a humedecerse. La sensación que tenía dentro de mí era una bomba a punto de estallar. Comencé a darle vueltas a todo lo que había pensado hasta ahora, con lo de que me estaban utilizando otra vez, que iban a hacerme daño. Pero parece ser que estaba equivocada. Como bien dijo, era algo muy de sopetón, de repente, sin apenas conocernos, pero no sé por qué, sentía que las palabras de Ikirami eran reales, que no estaba mintiéndome ni intentando jugármela. Hacía tantísimo tiempo que esto no me pasaba, que no sabía como reaccionar, pero realmente todo aquello se sentía como si la conociera de siempre.

Prosiguió contándome lo que parecía su sueño, su meta. Avergonzada y verbalizando la impotencia de ser alguien inexistente dentro de la organización de la marina cuando no tienes un rango mínimamente decente, pero aun así, ella sacaba fuerzas y esperanza, de que será alguien grande y conseguirá que los piratas no infundan terror allá por donde pasen mientras me lo decía a los ojos. Se podía ver en ellos un deseo y un espíritu inquebrantables, no podía dejar de verlos mientras cada vez mis lágrimas iban a más, empezando ya a caer la primera lágrima por mi mejilla derecha. Tras esto, Ikirami se puso de pie y sacó de su bolsa un Den den mushi y lo plantó en la mesa, delante de mí. La pelirroja era consciente de que lo que me había propuesto era una locura, que lo pensara bien, pero decidiera lo que decidiera, no quería perder el contacto conmigo, que para lo que fuera la llamase, aunque solo sea para hablar; todo esto sumado con la nerviosidad con la que decía sus palabras, pero con las que se podía notar sinceridad. Se volvió a sentar tras darse cuenta de que, quizás, se había dejado llevar un poco por el momento, su rostro rojizo mostraba un signo de, o bien vergüenza o bien de la jarra enorme de cerveza que se había tomado. Fuera cual fuera, estaba muy bonita así. En una última frase, me pidió que, por favor, la llamase, de la manera que fuera, pero que lo hiciera.

La mecha dentro de mí estaba a punto de acabarse, iba a explotar, iba a llorar a mares. Pero, mordiéndome aún más fuerte, el labio inferior me contuve, incluso me hice una pequeña herida. Me llevé la manga derecha de mi chaqueta para secarme la lágrima que había caído por mi rostro y me guardé el Den den mushi en un bolsillo del interior de mi chaqueta. Bajé las piernas al suelo y me levanté. Comencé a rodear la mesa lentamente, hasta llegar a su banco. Estando ella a mi izquierda, procedí a sentarme a su lado, de la misma manera, subiendo las piernas al banco y cruzándolas con las manos metidas en el hueco que dejaban. Me quedé mirando a la mesa fijamente - Joder... - dije por lo bajo. No sabía qué decir. Estaba completamente abrumada por todo. Lo que parecía que iba a ser otra vez la historia de mi vida, dio un giro de 180 grados. Estaba en una situación muy vulnerable, o así me sentía en ese momento, así que solamente me dejé llevar.

Dejé mi cuerpo caer hacia su lado, apoyando así la cabeza en su hombro derecho, aun mirando la mesa - En más de 10 años, es la primera vez que me dice alguien que me quiere a su lado - Tan solo una sola frase me bastó para que, otra vez, para comenzar a soltar lágrimas que se almacenaban en mis ojos - Tienes un sueño muy bonito. Un mundo donde los niños puedas crecer felices y con el amor que se merecen - bajé la mirada hacia el hueco de mis piernas - He tenido pocas interacciones con piratas, pero las pocas que tuve, fueron muy desagradables para ni siquiera pensarlas - dije en un tono triste. Me acurruqué un poquito más hacia Ikirami, no sabía si podía llegarla a molestar, pero era lo que mi cuerpo me pedía hacer. De nuevo, las lágrimas bajaban por mi rostro, esta vez, por ambos lados. Estaba pensando duramente sobre lo de irme con ella y ser una marine. ¿Yo una marine? Posiblemente, sea la persona menos indicada para traer la paz y la justicia con el logotipo de una organización en el pecho - Pelirroja... - Dije mientras sonaba muy levemente mi nariz - No hay cosa que más quiera justo ahora que irme contigo. Pero... soy la persona menos indicada para llevar un uniforme de la marina - dije con un tono de voz un poco roto - No estoy diciendo que no hayamos conectado como bien has dicho, porque pienso igual que tú - me sequé solo la mejilla derecha con la manga de la chaqueta mientras sonaba de nuevo la nariz muy suavemente - ¿Pero sabes qué? Quizás pueda ayudarte a cumplir tu sueño de otra manera. Yo también tengo cierto resquemor a los piratas, odio que se escuden en que hacen lo que hacen por los sueños y todas esas mierdas - giré levemente la cabeza para mirarla, aun estando apoyada en su hombro - Quizás no pueda irme contigo mañana, pero... vayas donde vayas, ¿Me esperarías? - dije con un tono triste. Tenía miedo de que, a pesar de lo ocurrido aquí, otra vez fuera a pasarme lo mismo de siempre. Que me dejaran sola, como siempre me han recordado a lo largo de mi vida - Sé que soy una vulgar, una malhablada, una macarra... pero... A tu lado soy otra persona. Al menos puedo contenerme en ciertos aspectos, aunque siga siendo una completa idiota - Volví a mirar hacia delante agachando la cabeza un poco - Pero, si al menos puedo protegerte cuando lo necesites... - Dije sonando mi nariz por última vez y secándome completamente las lágrimas de mi cara.

Me recompuse un poco, estando al lado de Ikirami, me puse recta terminando de frotarme la cara. Estiré mi cuerpo y mi brazo para alcanzar mi jarra de cerveza y acercármela, para así beber todo lo que quedaba de un trago. - ¡Uaaaahh! - expresé el gusto por el trago fresquito, levantando la jarra según acabé y apoyándola seguidamente en la mesa. Puse mi codo derecho en la mesa y mi cabeza apoyándola en la mano y me giré para mirar a Ikirami - Bombón, lo que tú quieras, tú decides, ¿Otra jarra, o te vas ya? - Le dije con una sonrisa de oreja a oreja cerrando los ojos y la cara completamente roja de haber llorado. Ya me había quedado claro que abandonaría más pronto que tarde Ohara, pero no iba a lamentarme por ello. Me centré en lo importante, mientras estuviera aquí, quería pasar cada segundo con ella.

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#25
Las palabras que Ikirami había dicho parecían haber calado más hondo de lo que había imaginado. A medida que las pronunciaba, Erika se ablandaba gradualmente hasta derramar una lágrima. Ikirami la observaba, abrumada, preguntándose si había sido demasiado directa con su proposición. Entonces, Erika se levantó y se sentó junto a Ikirami, apoyándose en ella. Confesó que era la primera vez que alguien quería su compañía. Ikirami se sorprendió, pues no veía nada malo en Erika, y le pasó un brazo por encima, brindándole su apoyo.

–Eso es que no has conocido a la gente adecuada. Pero siempre hay tiempo. La vida cambia, las cosas cambian. Lo que hoy te parece imposible, mañana puede ser algo cotidiano –dijo Ikirami, cerrando los ojos y envolviendo a Erika en un abrazo.

Erika continuó hablando sobre lo hermoso que le parecía el sueño de Ikirami, compartiendo también un poco de su desdén por los piratas. Luego, comenzó a sollozar, con lágrimas corriendo por sus mejillas. Le dijo a Ikirami que le encantaría acompañarla, pero que no se veía como Marine, que no creía encajar. A Ikirami le dolió un poco, pero ya sabía que proponer algo así era una locura. Sacrificar la vida por los demás requería una resolución y voluntad muy firmes. Erika confirmó que también había sentido esa conexión, haciéndola sentir alivio de que no fuera unilateral. Acarició la espalda de Erika suavemente mientras le dejaba hablar. Le propuso que, aunque no pudiera unirse a ella en ese momento, buscaría su propia manera de ayudarla con su sueño, preguntándole si la esperaría. Ikirami no quería interrumpirla, viendo cómo se esforzaba por abrirse. Erika recalcó que era una persona vulgar y malhablada, pero que a su lado se sentía diferente, capaz de contener un poco ese lado, aunque seguía siendo un poco tonta.

Para Ikirami era extraño que Erika se considerara de manera tan despectiva cuando a ella le parecía tierna y adorable, iaún con esas cosas que describía. Incluso pensaba que sin ellas, Erika no sería igual de agradable y genuina. Era parte de apreciar realmente a alguien, querer incluso aquellas cosas que podrían ser consideradas defectos por otros.

–Te esperaré todo el tiempo que haga falta, incluso si son treinta años. Con tal de que podamos disfrutar de otro día como este. Eso es lo que hacen los buenos amigos –susurró Ikirami con una voz amable y llena de cariño–. Y si eres tú la que me necesita, también estaré ahí para protegerte y ayudarte.

Entonces Erika se incorporó, quitándose las lágrimas que hasta hacía un momento le inundaban los ojos y la cara. Se bebió de un trago su cerveza y se animó de nuevo, girando para mirar a Ikirami. Le propuso seguir bebiendo o irse ya.

–Una más –respondió con una sonrisa radiante de felicidad–. Si me voy mañana, al menos quiero que lo último que recordemos sean risas y no lágrimas. ¡Una ronda de sake, camarero! –exclamó, levantando la mano y haciendo señas al mesero.

Al cabo de unos segundos, les trajeron una botella de sake y unos vasos de chupito. Ikirami sirvió a ambas, apoyó una de sus piernas en el banco girándose hacia Erika, le ofreció uno de los chupitos y levantó el suyo con el brazo extendido para brindar.

–¡Por una nueva amistad y por el futuro brillante que nos espera!
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#26
La pelirroja supo consolarme. Sé que me eché a llorar como una niña pequeña, pero, supongo, que realmente me sentía así, totalmente indefensa y desnuda. Estaba abriendo mi corazón, cosa que no hago desde hace unos 10 años aproximadamente. Me abrazó y pude sentir el calor y el cariño humano después de tanto tiempo, que sentía que estaba en una nube. Dejó que me expresase con total libertad mientras sentía sus caricias en mi espalda. Definitivamente, Ikirami no es como una de esas personas que he conocido a lo largo de mi vida. Se estaba preocupando por mí, estaba siendo agradable e intentaba consolarme con palabras bonitas. No daba crédito a todo esto, pero… estaba feliz.

Tras mi pregunta de si me esperaría recibí una respuesta positiva, me iba a esperar lo que hiciera falta, y eso me alegró. Pero no era el momento de llorar, era el momento de estar alegre, de ser yo misma, llevaba demasiado tiempo estando tierna y sensible, y viendo que podía ser como soy con Ikirami, malhablada, escandalosa y vulgar… ¿Pues porque no iba a ser así? Me apetecía ser yo misma. Aunque, la manera en la que he estado ahora, también es mi manera de ser, solo que en lo más profundo de mi corazón. Tras todo este momento, la pelirroja pidió una botella de Sake para brindar ambas por este momento.

El camarero nos la trajo e Ikirami sirvió. Se giró para mirarme, estábamos enfrente una de la otra, con dos tragos listas para brindar y rápidamente levantó su chupito gritando - ¡Por nosotras! ¡Iahahaha! - Grité de alegría, brindé con ella y me lo bebí de una. Tras esto, le quité la botella a Ikirami, sacándole la lengua afuera y poniendo cara de culo, pero después con una gran sonrisa - ¡Venga, ahora sirvo yo otra! - Rellené su vasito y el mío y volví a la carga - ¡Y otra más! ¡Iahahaha! - Y otro trago más. Entre la jarra de cerveza enorme y ahora esto, estaba empezando a sentirme un poco atontada, pero me daba igual. Me lo estaba pasando bien.

Pasó un buen rato en el que las dos estuvimos allí sentadas, hablando, haciendo el tonto, riendo y brindando. Pero, ya era muy de noche, la luna estaba encima de nosotras, alumbrando aquella terraza apagada, la cual los camareros habían empezado a recogerla y atenuar las propias luces con las que el local contaba. Solo quedábamos Ikirami y yo allí, y fue la señal de que ya era la hora. Ella se tenía que marchar, no sé donde iba a ir, no sé si dormiría en algún hostal de aquí, o se iría ya a zarpar a otro lado o que. No lo sabía, pero sí sabía que ya se tenía que ir. Estábamos una enfrente de la otra, me empecé a ruborizarme, y si le sumaba el alcohol que tenía encima más, parecía un tomate, madre mía. Apreté mis piernas con mis puños y miré levemente hacia abajo - Bueno pelirroja… supongo que ya es la hora de que te marches - Miré hacia un lado - Gr...gracias por este día - Elevé mis ojos para mirarla - Jamás pensaba que esto fuera a pasarme hoy - Me puse recta para mirarla de frente, me mordí el labio por un lateral, los ojos empezaron otra vez a agitarse, iba a llorar otra vez, pero mantuve la compostura, y en un acto totalmente inconsciente, me abalancé sobre ella para abrazarla, con mi mano derecha en la parte trasera de su cabeza, tocando su pelo y la izquierda en la espalda, sollozando - No... no te olvides de mí, ¿vale, Ikirami? - Me separé un poco hacia atrás, estando a escasos 30 centímetros, posando mis manos en sus brazos - Yo no lo haré - Le dije con los ojos en lagrimados un poco. No quería despedirme, de verdad que no quería, pero no había otra manera posible.


Ikirami se levantó del sitio y se fue. Yo me quedé sentada en la terraza, con los pies subidos en el banco, cruzados, y las manos metidas en el hueco que hacía, mirándola como se alejaba del sitio, con su melena roja ondulándose por la pequeña brisa nocturna y sus andares tan elegantes. Fue desapareciendo con la oscuridad del pueblo en altas horas de la noche. Los de la taberna pasaban delante de mí fregando el suelo y me daba igual, yo solo seguía mirando por el camino en el que Ikirami desapareció. Miré al cielo, y, la noche estaba realmente preciosa - ¿Realmente es así todas las noches? - No lo sé. Pero ahora que estaba ya sola, no pude evitar derramar una lágrima por mi ojo derecho, la cual cayó sobre mi rostro. No sé qué me pasaba. No sabía que era esta sensación. Notaba que el pecho iba a explotarme. Pero, estaba tranquila. Me froté los ojos con la manga de mi chaqueta mientras seguía mirando la luna. Esbocé una gran sonrisa de oreja a oreja y cerré los ojos.

- No te olvides de mí, pelirroja -
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#27
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