[Presente Relativo-Entrenamiento]Puliendo diamantes en el frío invernal.
#1
Cuartel de la Armada Revolucionaria, República de Mogaro
8:00 AM, día 76 de invierno, año 17.



Dos días después de su retorno a Mogaro, o casi dos días después, había llegado el momento. Como había sido un viaje muy largo desde Báltigo, Panda y Kisuke les habían dado lo que quedaba del día que llegaron y el siguiente de asueto para que pudiesen visitar la isla, conocer a la gente que había allí y familiarizarse un poco con el entorno, así como para desconectar un poco de sus labores marineras y habituarse a estar de nuevo en tierra firme. Ahora bien, no podían perder más el tiempo y tenían que ponerse manos a la obra con el entrenamiento de los jóvenes brotes revolucionarios, que dejasen de ser promesas y se convirtiesen en realidades.

"Pues manos a la obra... A ver de qué están hechos estos muchachos..."

Tras su habitual ritual matutino, consistente en comer, cagar y asearse, Kisuke se preparó con ropa cómoda para el entrenamiento y se ajustó al cinto sus katanas, como venía siendo habitual, Sode no Shirayuki y Onikiba en la cadera derecha y Yamigiri en la izquierda. Con mimo, sacó del armario dos paquetes que había guardado allí, que contenían unos mantos de los Toros Negros para los jóvenes reclutas, una tradición desde que fundaron el escuadrón Zorak y él, hacía ya tanto tiempo. Sonrió y se puso los paquetes bajo el brazo izquierdo, tras ajustarse su propio manto, y, sacando un cigarrillo, se lo prendió dando una profunda calada, a la par que salía de su cuarto, que hacía también las veces de oficina, mucho más espartano y austero que el que le asignaron en Báltigo, donde entraba sin problemas un gigante como Kelvin.

"Supongo que Panda habrá convocado a Kelvin y Berry a la misma hora..."

Con paso tranquilo, pues iba bien de tiempo, se encaminó hacia uno de los campos de entrenamiento del Cuartel de la Armada Revolucionaria, saludando a los operarios, trabajadores y reclutas que iban saliendo a su paso, y le brindaban respetuosos saludos, algunos agradecimientos, y, en algunos casos, proposiciones para citas románticas. Kisuke declinaba esto último lo mejor que sabía y de la manera más educada que le era posible. Aquello no dejaba de incomodarle al antiguo pescador, pero no podía evitarse, teniendo en cuenta que habían cambiado la vida de esas personas.

"No me acostumbro a esta popularidad..."

Él sabía que habían ayudado mucho a toda esa gente, pero no necesitaba que se lo agradeciesen constantemente ni que le adulasen, Kisuke sólo esperaba que su vida hubiese mejorado tras su intervención en aquella isla y fuesen más felices. No obstante, el antiguo pescador centró sus pensamientos, mientras caminaba hacia el campo de entrenamiento, en sus alumnos aquel día. Shirohime, atraída por el encanto salvaje de Berry había sido muy poco clara en lo que respecta a sus habilidades, así que tendría que apretarle un poco para saber que era lo que tenía aquella muchacha. Dean, por su parte había sido mucho más explícito y directo, cosa que Kisuke agradeció teniendo en cuenta lo entrópico de su recién formado escuadrón, así que una persona del carácter de Dean, le venía bien para darle al Comandante algo de paz espiritual. Su fruta parecía muy interesante, más aún siendo espadachín, puesto que le confería mucha más resistencia y capacidad de aguante frente a los ataques cortantes que cualquier otra persona.

"Bueno no se que saldrá de todo esto, pero sin dudas va a ser interesante..."

Las nueve de la mañana y allí, en el centro del campo de entrenamiento que Kisuke les había indicado el día anterior cuando les convocó, estaban los dos muchachos. El sitio era perfecto con unas dimensiones de una hectárea de superficie y varias zonas irregulares como rocas, algún arbolito no muy grande (de unos quince metros a lo sumo) y poco más. Parecían algo nerviosos, pero podía ver en sus miradas la determinación y la voluntad de hacer las cosas lo mejor posible. Sintió orgullo y cierta ternura por aquellos jovencitos dispuestos a dar todo de si mismos por la causa y ser de utilidad en su misión de dar la vuelta al sistema opresor y oligárquico reinante en el mundo. No era algo sencillo, ellos lo sabían, al igual que Kisuke, y, aún así, ahí estaban, dispuestos a aprender y mejorar por el bien de todo el mundo. Les lanzó los paquetes que tenían en su interior los mantos que había encargado para ellos.

-Buenos días, Shirohime, Dean... Espero que hayáis desayunado fuerte porque soy incansable y no espero menos de vosotros... kuhahahaha... En esos paquetes tenéis el manto de los Toros Negros que ayer me encargué de conseguir para vosotros, lucidlos con orgullo... Ahora, ha llegado lo que lleváis más de un mes esperando... comencemos con esto...

Dijo esto con una torva sonrisa mientras desenvainaba a Yamigiri con su mano derecha y se ponía en guardia delante de aquellos dos pequeños diamantes en bruto en una fría mañana invernal en la República de Mogaro; había llegado el momento de hacerse más fuertes, había llegado la hora de entrenar.

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#2
Había comenzado ya la rueda del destino. Los engranajes estaban puestos y la marcha había dado comienzo para esta nueva era tan importante en la vida de la dama de cabellos rubios y cómo no; sus otros compañeros, el espadachín, Dean, la dama de aspecto vulpino, Berry y el gigante de tan característica muletilla, Kelvin. No iba a ser fácil y lo sabía desde el comienzo: Para relajarse inició su día haciéndose una máscara de limpieza facial, unos masajes y por supuesto, se bañó y perfumó. El champú que había usado era el de siempre que le otorgaba tan característico olor que siempre llevaba encima: Esa fragancia dulce que se introducía en las fosas nasales de todo aquel o aquella que se encuentre a no mucha distancia de su persona.

El conjunto negro que llevaba de ropa interior iba acompañado con sandalias blancas y una pulsera de color rojo en su muñeca izquierda. En su cadera se hallaba un cinturón con lo necesario y cómo no, su compañera de batalla que la siguió desde que optó por alzarse en armas. Pero el agregado especial era una tela oscura atada a su cuello y que cubría la totalidad de su pecho, dejando solamente a la vista el abdomen plano y la parte inferior de su ropa. La tela, negra, llevaba el bordado de la insignia característica de la tripulación a la que actualmente pertenecía: los Toros Negros. Fue entregada hace poco pero no dudó ni dos segundos en ponérsela sabiendo que iba a salir del barco para comenzar con la fase de su entrenamiento: Era importante porque daba a entender dos cosas; uno, el compromiso actual con su tripulación y dos, el debido respeto a su actual capitán que tan amablemente se ofreció a llevar dos novatos de los Blues para entrenarlos y adecuarlos al nivel del Nuevo Mundo.

El cielo estaba parcialmente nublado y la humedad en el ambiente era considerable, el viento soplaba y el frío crecía. Con su ojo, Shirohime observaba con una ligera sonrisa a su actual entrenador sin decir absolutamente una sola palabra al respecto, bien. No iba a decir absolutamente nada más allá de lo normal porque quería concentrarse en el entrenamiento. En su mano izquierda llevaba el arma característica y por el lado derecho del cinturón marrón ubicado en su cadera dos paquetes de balas preparados para ser utilizados: Uno simple cómo era de esperarse y otro especializado. Ambos eran importantes y el medio por el cual viviría o moriría. Además de su característica habilidad de fruta del diablo que hoy debería de mostrar: Aunque no deseaba hacer daño de más a alguien, y mucho menos a su compañera, motivo por el que la dejó en su habitación descansando en una almohadilla encima de su cama correspondiente. Su amiga aguardaría el momento en donde su compañera, Shirohime, volvería de un extenso y buen entrenamiento a su lado.

Era hora de comenzar.

— Muy bien, diamantiscus, es tiempo de acabar con esto. —, unas palabras dirigidas hacia su compañero a no mucha distancia de ella, como máximo unos 6 metros. — Haremos esto, ru-ha. Usarás puño diamante y luego arremeterás con espada alta; como es tipo Siniestro no deberías de tener problemas al usar tú movimientos de tipo Lucha, ru-ha. Vigila tus puntos de poder y ni olvides que detrás tuyo estaré apoyándote: Si ganamos este combate podremos ir a la Battle Revders y aspirar al puesto de campeones contra el dragón oscuro, tú lucharás y yo te apoyaré. No te olvides de que eres Roca y Acero, por lo que debes tener cuidado con tus debilidades. Si saca cinco cartas de Pandaxodia, perderemos el duelo. ¿Entendido? —, tomó demasiada azúcar en la mañana y soñó una aventura completamente diferente a la que ahora se encuentran.

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#3
Le sorprendió el hecho de que no le pusieran unas mancuernas enfrente una vez llegaron a Mogaro. Tuvo una buena cantidad de tiempo para recorrer la isla y conocer a la gente, como también darse a conocer. Tampoco es que pudo descubrir cada detalle de la isla, pero al menos ya se hacía una idea de los lugares donde ir para cubrir sus necesidades básicas, como también tiene claro los lugares que le quedaron pendiente de visitar una vez finalice su entrenamiento.

Lamentablemente lo citaron demasiado temprano para su gusto y el frío del invierno hacía más difícil el poder levantarse y motivarse para el entrenamiento. Era muy consciente que ese tipo de cosas no debían detenerlo en su situación, pero aún así eran una de las primeras pruebas a atravesar en su objetivo de ser alguien más competente en lo que combate se refiere. Dean tuvo que mojarse la cara varias veces luego de bañarse para intentar quitarse todo el sueño del cuerpo y estar al 100% para su primer entrenamiento que sería justamente contra su capitán, quien debe ser al menos 10 veces más fuerte que él, sabe que de ahí no saldrá ileso. 

Una vez se puso uno de sus habituales hakamas que le daban gran libertad de movimiento y tomar a Shinso junto a su nueva daga obtenida en Báltigo salió de sus aposentos hacia el lugar donde fue citado. El sueño ya había abandonado su cuerpo y ahora una extraña expectación invadió su cuerpo, pues tenía mucha curiosidad de cómo saldría ese entrenamiento. No iba a negar que también quería ver como la rubia se defendía en combate, esperaba que al menos tuviera la mitad del talento que tiene para los discursos. 

Unos minutos antes de las 9:00 AM ya estaban todos reunidos en la base de la armada revolucionaria, el lugar era amplio, por lo que no iban a sufrir con el espacio, salvo que al capitán se le ocurra mandarlos al otro lado de la isla, aunque esa posibilidad la tendrá más presente cuando les toque entrenar con Don Panda Mariscal. 

Antes de comenzar la acción Kisuke lanzó dos paquetes, el peliblanco atrapó uno esperando que la rubia haga lo mismo con el que fue hacia su dirección. No demoró en abrirlo para ver el contenido, viendo un manto que la verdad le gustó, así que tal como su compañera lo sumó a su vestimenta. - Quien diría que entre el capitán y Don panda Mariscal tenían buen gusto para la ropa. Muchas gracias por el regalo, pero ahora creo que ensuciaremos el manto, espero que no les moleste. - Una vez dijo esto sacó ambas dagas y se posicionó por delante de Shirohime, pues sabía que por sus habilidades era quien debía ser el escudo del grupo, además de que quería poner a prueba la habilidad con la espada de su capitán y si así, podía transmitirle algo del tan mencionado camino de la espada. 

Estaba concentrado en comenzar con el entrenamiento hasta que escuchó a su compañera y a ese ridículo apodo que le dio hace algún tiempo, pensó que ya lo había olvidado, pero para su desgracia no fue así. Luego soltó un suspiró al escuchar lo que vino después. - Primero, olvídate ya de ese apodo, no puede ser que no recuerdes casi nada de mi y eso se te haya quedado. Segundo, el tipo acero lo entiendo, ¿pero porqué tipo Roca? a mi me gusta bañarme y las plantas. Quizá acero lucha sea una buena combinación. - Una pequeña sonrisa se formó en sus labios mientras continuaba hablando. - Tercero, tu eres tipo Psíquico por los dolores de cabeza que dan tus discursos, así que usa Vozarrón o algo por el estilo. - Durante el mes que estuvo en el barco aprendió que de nada servía llevarle la contraria en sus desvaríos, seguirle la corriente siempre funcionaba mejor. 

Unos segundos después desenvainó sus dagas y camino unos pasos hacia el frente esperando que su compañera se quede atrás. Volvió a la concentración hacia su capitán, pues ya estaba listo para comenzar lo que hace varios días estaban esperando, era el momento de por fin poner a prueba de qué era capaz esa habilidad que le quitó la capacidad de poder nadar.

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#4


Los muchachos parecían contentos con el regalo que Kisuke les había hecho. Era algo sin importancia, una especie de ceremonia de entrada en los Toros Negros, establecida largo tiempo atrás por el y Zorak durante su "primera misión" en Akarui, que acabo en una emboscada del Ciphe Pol, y que a él le gustaba conservar. No era una imposición el vestirlo, evidentemente, era un gesto del Líder hacia sus compañeros para hacerles sentir parte de una "familia". De hecho, él mismo seguía llevando el mismo que le consiguió su primer compañero en Ilyisia, en el West Blue, hacía tanto tiempo. Ambos, Dean y Shirohime se los pusieron sin dudar, lo cual, aunque no lo reconocería nunca, alegró mucho a Kisuke.

-No te preocupes Dean, la única suciedad no tolerada en ese manto es llevar la deshonra al Escuadrón de los Toros Negros. Para llevar a cabo nuestro cometido, tendremos que bajar al barro y mancharnos las manos así que no os preocupéis por ello.

Acto seguido se pusieron a hablar brevemente entre ellos, diciendo un montón de cosas sin sentido, al menos para el antiguo pescador, que los observaba entre curioso y algo avergonzado, porque se sentía un tanto fuera de lugar, al no entender ni jota de lo que estaban hablando los jóvenes revolucionarios. Al final, parecía que había entrado en el grupo de los adultos que no comprenden a los muchachos cuando hablan la extraña jerga juvenil de cada época. Sonrió al darse cuenta de que hacía mucho que él no era un muchacho, que el tiempo es un monstruo insaciable que todo lo devora y ahora él se había convertido en un carcamal, un pollavieja (como decían en su época a los adultos) o un carroza (como solía decirse en la época de juventud de sus padres. Se rio con fuerza viendo la vitalidad y el entusiasmo de los "cachorros".

-KUHAHAHAHA... No entiendo una puta mierda de qué habláis, pero vamos, quiero ver de que estáis hechos.

Y sin decir más redujo los cinco metros que los separaban y se colocó detrás de los muchachos, primero de Shirohime, y luego yendo hacia Dean que estaba a 6 metros a la izquierda de la muchacha, y les pasó un dedo por la cara a cada uno, manchándolos con su hollín en las mejillas, a Shirohime en la mejilla derecha y a Dean en la izquierda, y dando un saltito hacia atrás de unos cuatro metros, quedando a su espalda con Yamigiri todavía alzada ante él.

-Primera lección... Si no ves al enemigo, estás jodido...

Aquello parece una obviedad pero la gente normalmente se centra mucho en sus propias capacidades de fuerza bruta y velocidad o habilidad con sus armas, y se olvida de lo más esencial, si no ves a tu enemigo no puedes ni atacarle ni defenderte de él, por lo que entrenar tu "visión de combate" es algo crucial, más aún si no tienes habilidad para el haki, cosa que aquellos tiernos muchachitos, no tenían... por el momento.

-Haré que desarrolléis vuestras capacidades, así que venid con todo, como si fuese vuestro enemigo... En el combate no hay que dudar...

Estaba deseoso por ver que tenían aquellos muchachitos tan jóvenes para él, la emoción de poder ayudarles a crecer y medir su capacidad le encantaba. Nunca había pensado que ser "maestro" de alguien pudiese ser tan interesante, pero le estaba gustando la sensación y deseaba que llegasen lo más lejos posible en su camino en el Ejército Revolucionario.

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#5
Las objeciones de su compañero, aunque bien fundamentadas, claro está, pasaron como agua entre los dedos de las manos para esta personita que bien, estaba tan ensimismada en sus ideas y pensamientos que poco y nada de atención le estaba prestando a lo demás. Sin embargo, la interacción entre ellos fue bien dada y eso le dio el impulso suficiente como para continuar en este momento tan crucial de la fase de entrenamiento, — Podemos hacerlo, ru-ha. El hecho de que sea mucho más fuerte que nosotros no es motivo para que tengamos miedo: El mundo es mil veces más vasto que nuestra propia casa y nosotros nos animamos a salir de casa para viajar por nuestros ideales, descartemos los detalles y sigamos. —, fue todo lo que le brindó como respuesta con una sonrisa suave marcada en sus facciones: Sin haber hallado ni intentado buscar una forma de refutar sus fundamentos o siquiera contradecir todas y cada una de las palabras del hombre.

Luego Dean avanzó. Caminó. Ella decidió permanecer en su sitio: En la retaguardia.

Las palabras de su capitán iba a responderlas y estaba totalmente predispuesta hasta que llegó la ocasión en donde la distancia se redujo. No pudo reaccionar a tiempo y contraatacarle como era debido, gracias a la rapidez con la que sencillamente pasó todo: Ni se dio cuenta de lo que pasó hasta hará... unos minutos después, para ser concretos dos minutos. Se quedó pasmada en su sitio y todo lo que logró hacer era escuchar las palabras del hombre ahora ubicado a sus espaldas, creía la mujer. Ya sea que viniese de un lado a otro, pensó que lo mejor era contraatacar.

— ¡¡¡DEAN!!! —, el primer y único llamado de atención con seriedad de ella: no podía decirle ni darle una indicación al respecto, todo lo que pudo hacer y como seña era la de bajar sutilmente la cabeza hacia el suelo y después alzarla con rapidez.

Llegó el momento de dar dos pisadas con el pie derecho: Alzaba ligeramente la pierna derecha y la descendía.

Tap, tap. Congeló su pie derecho.

Se arriesgó a que su capitán también entendiese la señal pero lo intentó, quiso advertir a su compañero pero no podía decirle explícitamente "¡Salta!", pero lo que seguía era utilizar por primera vez las habilidades de la fruta del diablo. Aprovechó la cercanía tan grande que su capitán tenía cerca de ella como para expandir el hielo por debajo de sus pies.

Por ahora no iba a hacer nada más y se mantendría en su lugar, buscando expandir y aumentar su rango de congelación por el suelo. Llegó hasta los 6 metros.

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#6
Antes de comenzar el entrenamiento Shirohime lanzó uno de sus tantos discursos para intentar motivar a ambos. Esta vez no quiso decir nada, pues entendía que ya era parte de ella lanzar ese tipo de palabras, además que buscaba concentrarse en lo único que importaba que en ese momento era el entrenamiento y demostrarle a Kisuke, que a pesar de ser más débil saben defenderse. 

Ese pensamiento un tanto arrogante desapareció al instante cuando sin poder hacer nada su "contrincante" le manchó la mejilla. Una vez entendió lo sucedido se llevó el índice derecho a su mejilla izquierda para comprobar que aquello era efectivamente hollín y no sangre. No tenía dolor y solo sintió un toque, pero al recibir un toque que no pudo ni siquiera ver, ya dudada de si aquello era un corte o algo más. Se volteó para ver que su compañera tenía la misma mancha y al igual que él tampoco pudo hacer nada para impedirlo. - Espero que esto se quite con una ducha - Necesitaba lanzar un comentario o algo, pues tampoco quería que el primer movimiento del entrenamiento le derrumbe el ánimo, a pesar de que ahora es un poco más consciente en la diferencia de habilidades.

Kisuke retó a ambos a ir con todo, a los segundos Shirohime gritó su nombre como una especie de advertencia o lo entendió de esa manera. Le pareció un poco exagerado el grito, pero eso quería decir que se estaba tomando esto en serio, lo cual era una excelente señal. 

Tras el grito de la rubia corrió hacia el frente hasta quedar a solo un metro de su líder, luego de eso cubrió todo su cuerpo de diamante excepto su brazo izquierdo, en el cual sostenía su nueva daga, pues era el momento perfecto para comprobar la calidad de la misma. Era el momento perfecto para poner a prueba una de las técnicas que ha estado practicando en solitario - 
Kōseki Shūdan - Susurró para si mismo, antes de intentar alcanzar al líder de los toros negros en su hombro derecho. 

Era consiente que Kisuke podía esquivar fácilmente su ataque, ya que su velocidad era muy superior a cualquier cosa que haya visto, pero aún así intentó ir con todo, pues eso fue lo que él pidió. Ya tenía claro que era más rápido, pero quería ver que tanta era la diferencia en fuerza y resistencia, también debe ser abismal, pero lamentablemente nunca podría averiguarlo hasta intercambiar golpes. 

Agradeció haber recubierto sus pies también en diamante, pues notó el hielo en el suelo y estaba seguro que si intentaba ese golpe, quizá habría resbalado y habría hecho el ridículo, aunque luego de la extraña conversación que tuvieron con la rubia, eso poco importaba.

Esto también lo hacía consciente de que un entrenamiento con Don Panda Mariscal tendría el mismo resultado. Por suerte ahora tenía tiempo, aunque poco, para acortar esa brecha, aunque sea solo un poco. Seguramente tendrá que sudar sangre si es que alguna vez quiere poder rivalizar con sus líderes, pero esta era la manera más rápida para fortalecerse, ya que hay una ley de vida que ha persistido de generación en generación: A porrazos se aprende.


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Vitalidad: 1246 + 0 = 1246
Energia: 1124 - 155 = 969
Espiritu: 498 + 0 = 498
#7


Kisuke observó lo que hacían sus aprendices, con una sonrisa de lado a lado de la cara; le gustaba lo que estaba viendo. Shirohime llamó a Dean, que automáticamente arrancó a correr hacia el antiguo pescador, y rápidamente dio un pisotón en el suelo convirtiéndolo en hielo que se expandía radialmente, mientras Dean, al echar a correr hacia el Comandante, había convertido sus pies en diamante, con el poder de su fruta del diablo.

"Chico listo, así evitaría verse afectado por el hielo de Shirohime."

Se notaba que ambos ya habían combatido alguna vez juntos y tenían cierta sincronía, puesto que era importante que la capacidad de volverse diamante de Dean fuese más rápido que la expansión del hielo de la joven kuja para no verse afectado por el hielo. Sin embargo, no se iba a dejar pillar tan fácilmente, por lo que transformó su parte inferior del cuerpo en hollín y se elevó un metro para esquivar el hielo con sus poderes de akuma no mi, evitando así también la carga de Dean hacia él y esquivando su técnica con la daga. Mientras se movía hacia la joven, utilizó el hollín de la mejilla de cada uno para generar un ratoncito que se les puso en el hombro y les habló a cada uno desde aquellas creaciones.

-Te mueves bien y usas de manera inteligente tu akuma no mi, no obstante, si quieres atacar de esta manera, quizá deberías trabajar en tu velocidad de desplazamiento...-dijo a Dean.

-Está bien que tengas una función más de apoyo, pero no puedes centrar tu defensa únicamente en tu invulnerabilidad como logia, porque normalmente, el que está de apoyo es el primer objetivo a abatir en un combate con múltiples enemigos...-dijo y se desplazó hacia Shirohime y decidió enseñarle el por qué de lo que acababa de decir. Envainó la espada y exclamó:

-Ittoryu iai: Raito Kyasuto...

Y lanzó un corte vertical que partió en dos desde la ingle derecha hasta el hombro derecho, en vertical a al joven, que automáticamente se convirtió en hielo al sufrir el impacto. Tenía sospechas de que la habilidad que insinuó la joven en la presentación de los nuevos reclutas del escuadrón, tenía que ver con el hielo, y ahora había confirmado que se trataba de la Hie Hie no mi, la logia del hielo. Por lo que, como usuario de logia que era él mismo, debía enseñarle a no sobrestimar la invulnerabilidad supuesta de los usuarios de ese tipo de fruta. Se giró hacia ambos, mirando los fragmentos de Shirohime mientras se recomponía.

-Me ha gustado vuestra sincronía, si no fuese yo, podríais haber hecho un buen combo entre ambos... No obstante, si no vas a estar a melé tendrás que trabajar tu agilidad Dean, y tú Shirohime, no confíes toda tu defensa a la invulnerabilidad de tu akuma no mi, si hubiese usado haki, estarías muerta, y aquí prácticamente todo el mundo usa el haki, así que a trabajar se ha dicho... ¿Qué más podéis enseñarme?

Se quedó mirándoles con una sonrisa a ambos esperando ver que era lo que hacían a continuación. Realmente estaba disfrutando con aquello.

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Vitalidad: 11735 + 0 = 11735
Energia: 8481 - 49 = 8432
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#8
La cooperación de su compañero en la maniobra de combate resultó como esperaba y sin tener que advertirle de manera explícita, pudo entender que el hombre de cabellera albina captó y asimiló la información referente a la batalla misma: Hoy por hoy era un entrenamiento en el que pensaba esforzarse como debería; pues de los frutos de su esfuerzo resultaría en si será capaz de sobrevivir un día más o no en el Nuevo Mundo. La segunda mitad del Grand Line y por consiguiente: hogar de monstruos de la batalla. Era más que consciente que se trataba de un pequeño ratoncito atrapado en una jaula repleta de depredadores salvajes de un tamaño infinitamente superior al de ella: no iba a ser arrogante al pensar que sobreviviría si no se empleaba a fondo y del 0 al 100 en poco tiempo. Estaba contra el reloj: Tic, tac, tic, tac. El tiempo corría y mientras los días pasaban más se atrasaba su entrenamiento y quizás, el momento en donde su vida llegue a su fin por no haberse disciplinado lo suficiente llegue antes por ser una perezosa.

No quería eso.

Quiere vivir... quiere vivir, quiere sobrevivir un día más...

Se sobresaltó desde el momento en que oyó una voz con tanta cercanía, era una criatura pequeña: un roedor parlante, iba a responder, iba a reaccionar, pero el tiempo corría rápido y la distancia entre el hombre a cargo de ellos y Shirohime era más corta, cada vez más y en un momento...

“ ¡Ah! ” Cuando iba a hablar, no salieron las palabras. Sus ojos se abrieron como platos, la sangre se le subió a la cabeza. Sudó. Su corazón se sobresaltó, se sorprendió. Y lo recordó: Se acordó de qué tan rápido podía llegar una muerte y lo sintió. Era doloroso: Espantoso. Dolía mucho. Duele mucho... mucho... estaba sorprendida, y su mente se desconectó...

“ Estoy muerta. ”

Es lo único que se le ocurrió. No pudo hacer nada: No pudo evitar nada. No pudo esquivar absolutamente nada. Era doloroso... molesto... molestaba tanto que gritaría. Y a pesar de que podría haber desaparecido; algo se lo impidió. Su cuerpo que antes se fragmentó en pedazos que cayeron al suelo volvía a "reconstruirse" y dar lugar a una nueva versión de sí misma: Como si hubiese podido regenerarse... aunque esa no era realmente su habilidad.

Paso a paso, con lentitud: Los pedazos se acomodaban y daban tiempo al hombre de hablar. No podía responderle.

Estaba... acorralada.

Entonces lo que hizo fue apuntar con el brazo derecho en dirección al área del torso del gran líder, extendía los dedos y daba la impresión de que se estaba preparando para lanzar un ataque, mientras tanto, el otro brazo se mantuvo bajo por unos instantes y en aparente reposo. Se mantenía preparada y en la mira, quería dar la impresión de que iba a dispararle con el brazo derecho y eso fue lo que le mostró de manera intencional, los dedos de esa mano estaban extendidos. Listos.

— ¡¡¡BALLE GLACE!!! —

... Nada ocurrió. ¿Falló?

Sus dedos de la mano derecha estaban extendidos y a la vista de Kisuke, apuntándole, pero esos no fueron los dedos que dispararon.

Fueron los de la otra mano.

El brazo izquierdo, aparentemente en reposo y bajo, se dobló un poco hacia arriba y con su mano izquierda juntó dos dedos en dirección vertical ascendente y disparó una bala especial hacia la zona baja del torso de Kisuke, el Hipogastrio, un poco por encima de la entrepierna y debajo de la zona del estómago.

Y para tomar distancia, aprovechó la técnica y el hielo bajo sus pies para desplazarse un poco hacia atrás.

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Energia: 786 - 135 = 651
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#9
El resultado fue el más obvio y es que su ataque falló estrepitosamente. Por un momento se sorprendió por la sinergia que mostró de manera innata con Shirohime, pero aún así el intento fue en vano porque ni siquiera tuvieron la chance de llegar hasta Kisuke. Aunque hubiera podido asestar su golpe, dudaba mucho que su katana lograra hacerle daño real a alguien que estaba acostumbrado a luchar con personas realmente fuertes. Aquello fue una prueba más de lo lejos que estaba de poder ser alguien competente en el Nuevo Mundo. 

Para más Inri, un ratón de hollín comenzó a darle consejos, sobre que debía mejorar su velocidad de desplazamiento. Era evidente que aún era muy lento, pues ni siquiera fue capaz de tocar a Kisuke, así que era un aspecto que tendrá que focalizar si es que quería tener un desempeño digno en combate. Una vez el líder de los toros negros estuvo fuera de su rango de alcance volvió su cuerpo a la normalidad para intentar seguir su accionar aunque sea con la vista, pues intentó reaccionar, pero cuando su cuerpo se movió, el hombre ya estaba atacando a la rubia. 

Por suerte la habilidad de Shirohime le hizo salir ilesa de ese ataque, él dudaba que pudiera resistir un ataque como ese, quizá el diamante le podía ayudar a aguantar a duras penas, pero era obvio que lo hizo sabiendo de la invulnerabilidad que tenía la rubia. 


Una gota de sudor le salió por la cien derecha, la cual se quitó con el antebrazo. El hombre mayor no mostró un indicio de cansancio, mientras que Dean ya comenzaba a respirar de manera agitada, mientras escuchaba las palabras de quien lo eligió para adentrarse en el Nuevo Mundo. Aún tenía demasiado que aprender y entrenar, pero aún así, lo consideraron digno para hacer ingreso a los Toros Negros, así que algo vieron en él y no va a defraudar esa confianza que pusieron en él. - Bueno, al menos sabemos que es lo urgente a mejorar... Supongo que tendré que salir a correr todos los días. - Tras eso apuntó a la rubia - Tu tendrás que ponerte a aguantar golpes para mejorar tu resistencia, ¿es un gran plan, no? - Sabía que estaba reduciendo las palabras de Kisuke un poco al absurdo, pero lo necesitaba para no tensarse más de lo necesario y recordad que aquello era un entrenamiento y que no se estaban jugando la vida... todavía. 

Una vez vio la postura de las manos de Shirohime supuso que ella iba a atacar de frente, así que corrió por el lateral izquierdo de Kisuke. Se intentó acercar hasta un metro del líder para de nuevo volver a transformar todo su cuerpo salvo su brazo derecho, esta vez atacando con Shinso, a ver si esta vez tenía éxito en su acometida - Kōseki Issen -. En esta ocasión el albino apuntó a la cabeza, pues ya tenía certeza de que si no lo esquivaba, era incapaz de hacerle mucho daño, así que iría con toda la intención de herirlo, como si estuviera en un combate real. 

Desde que se unió a la causa ha avanzado en lo que a combate se refiere, pero nada comparado con lo que está enfrentando. Si bien dedicaba todo su tiempo libre a entrenar, no lo hacía con tanto foco y tan consciente de sus debilidades. Ahora que dio este salto hacia las grandes ligas iba a tener que dedicar todo su tiempo a mejorar sus habilidades, pues era la única manera en la que podía garantizar su supervivencia por estos mares. 

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#10


Kisuke sonrió. Aquellos jóvenes tenían mucho potencial, no solo por sus habilidades. Podía percibir su determinación, sus ganas de mejorar, su voluntad era muy fuerte, a pesar de lo jóvenes e inexpertos que eran; y eso era lo que buscaba Kisuke cuando los reclutó. Lo demás llegaría con el tiempo, el trabajo duro y la experiencia. Y ese era su cometido, enseñarles y darles combate para que fuesen mejorando y haciéndose más fuertes y útiles para la causa. Lo mismo se aplicaría para Berry y Kelvin, que debían estar sufriendo las intensas y duras lecciones de Panda, pero ellos eran más experimentados que aquellos dos muchachos. Observó como se recomponía Shirohime y como Dean bromeaba, o eso entendió el antiguo pescador, sobre el entrenamiento que les aguardaba.

"Sin duda estos muchachos pueden ser el futuro de la revolución..."

No se lo dijo, evidentemente. Ellos eran conscientes, por lo que Kisuke podía observar de ellos, que si estaban allí es porque tenían algo, potencial, pero Kisuke sabía perfectamente que eso solo no bastaba para sobrevivir en aquel despiadado océano. El potencial, al final, si no se trabaja, acaban siendo solo promesas vacías y polvo en el viento, por lo que haría de aquellos pequeños diamantes en bruto que había encontrado, las joyas de la corona para el Escuadrón de los Toros Negros. Pero eso no se lo dijo, no quería alimentar egos que terminasen en malas decisiones en combate e imprudencias que pusiesen en peligro cualquier misión o lo que era peor, a sus propios compañeros.

-Vamos, mocosillos... Seguid mostrándome vuestra determinación...

Entonces, respondiendo a la última frase que pronunció el Comandante, pasaron de nuevo a la acción, Shirohime le apuntó directamente al pecho de Kisuke con su mano derecha, dispuesta a atacarle de frente, pero a Kisuke no se le escapó el ligero movimiento de la mano izquierda, y cuando la joven gritó vio el hielo salir de la mano que mantenía baja y lo esquivó moviéndose hacia un lado, girando su cuerpo noventa grados a la izquierda, por que, por su parte, Dean trataba de acercarse desde ese flanco, habiendo iniciado el movimiento en el momento que vio la maniobra de Shirohime y como se convertía en diamante salvo el brazo derecho. Era una buena estrategia, y contra gente de su nivel sería un muy buen movimiento y una buena estrategia, pero la experiencia es un grado y a fin de cuentas, ellos estaban aprendiendo.

"Bien, ya he visto como atacan en sincronía, su capacidad de improvisación en combate y su estrategia... veamos como manejan las situaciones difíciles..."

Kisuke, usando el dorso de su katana, no el filo, golpeó en el antebrazo derecho de Dean con un hábil movimiento de Yamigiri, y la daga del joven salió volando a veinte metros de la posición del muchacho. Sin perder el tiempo se movió hacia Shirohime y, activando su haki de armamento básico en su puño izquierdo, le dio un puñetazo el estómago.

-Bien, ahora mostradme que podéis hacer, uno desarmado, y la otra recibiendo daño cuando no es lo habitual... Mostradme como sois ante las adversidades... Superad vuestros límites, aquí y ahora...

No quería ser muy duro con ellos, pero tenían que forjar voluntades de hierro para sobrevivir en el Nuevo Mundo.
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