Una llegada salvaje [Presente relativo]
#1
Primavera — 80
12:27 pm


El viaje desde Whisky Peak gozó de cierta tranquilidad. Tras el entierro de Moris, el escuadrón estaba un poco desanimado, pero pronto los días pasaron y la rutina volvió al barco. Kovashi cocinaba con una exquisitez que el panda siempre agradecía. Nadja manejaba el barco con gran destreza y la ocasional ayuda de Don Bambú, Khruner y Enma se turnaban para tratar heridas y magulladuras fruto de ocasionales peleas entre Kova y el panda, que a veces eran grandes amigos y otras veces estaban que se mataban. Caoba era la que más ausente estaba. Generalmente dormía hasta tarde y salía poco, aunque siempre intentando aparentar estabilidad. Era la que peor llevaba la muerte de Moris, pero nada se podía hacer al respecto. En ocasiones se contagiaba de la jovialidad del escuadrón y era partícipe de sus risas y peleas, pero la mayoría de veces se quedaba rezagada, tal vez sintiéndose incapaz de llevar aquella máscara por más tiempo. Sea como fuere, Caoba y Don Bambú interactuaban poco. No porque se llevasen mal, sino porque Don no sentía la necesidad de sacar temas de conversación de la nada y Caoba necesitaba de un impulso previo para interactuar. Si los combinas a los dos, obtienes una habitación en silencio durante horas.

Pasaron los días, y el aire se volvió paulatinamente más y más cálido. La cercanía a la siguiente isla parecía evidente. Esta temperatura no afectaba en nada a Don Bambú, que tenía un don para soportar las temperaturas altas, pero aprovecho la ausencia de noches frías para ponerse un conjunto de ropa más tropical. Sustituyó su habitual camisa verde por una camisa roja con estampado de piñas que no llevaba ni cerrada. Sus pantalones vaqueros se fueron para dejar paso a unos pantalones cortos de tela ligera, y sus botas y calcetines se transformaron en sandalias que bien podrían escaparse de sus pies en cualquier momento. Finalmente, la pieza estrella de su conjunto, un par de gafas de sol gruesas que le protegían los ojos de deslumbramientos innecesarios. En general se podría decir que Panda iba bien playero.

El panda no notaba ni frío ni calor, sencillamente estaba perfecto. Cuando la siguiente isla fue visible, todos en aquel barco sintieron alivio. La comida empezaba a escasear y todos estaban deseando tomarse algo en alguna taberna llena de gente, pero para sorpresa de todos, la isla parecía no tener un mísero pueblo. Tomar algo allí era improbable y seguramente tendrían que recolectar ellos mismos fruta y cazar animales. Les esperaban unas calurosas jornadas de trabajo.

Sin embargo Don Bambú no había olvidado su otra tarea pendiente. Antes de hacer ningún descanso del viaje, tenía que hablar con Enma. Buscó el momento idóneo para hablar con él a solas. En un momento en el que todos menos Enma estaban fuera, bajó al interior del barco y se topó con el pelirrojo cerca del barril donde solía dormir. —Enma —Le llamó. —Me gustaría hablar contigo de una cosa. —Decidió que no se andaría con rodeos. —Escucha, sé que tu relación con Kovashi es difícil. Es una persona complicada en general y no me voy a interponer, porque es cosa vuestra. Pero se acerca el día, Enma, en el que perderá la poca paciencia que le queda y decida disputar el liderazgo de este escuadrón de una vez por todas. —Antes de decir todo esto, Panda había cerrado la puerta para que nadie viniese a molestar. —Tu poder te hace intocable... en principio. Todos vimos cómo acabaste en los Cabos Gemelos. Tienes una debilidad y Kovashi la encontrará. No es idiota, ¿sabes? No quiero que estés del todo indefenso contra él, así que te propongo una cosa. —Hizo una pausa. —Te entrenaré. Nada más desembarcar nos iremos a un sitio tranquilo y tendrás oportunidad de aplicar tus poderes a gusto, ver de qué eres capaz. —Se rascó la nuca, quizás un poco incómodo. —La verdad es que soy el menos adecuado para entrenar a nadie, porque una vez empiezo a pelear me caliento y no sé contenerme, pero por suerte tú eres invulnerable a mis ataques. —Dijo por fin, aunque sintió la necesidad de acotar algo. —En principio. —Y dejó que el muchacho hablase por fin. Quizás no quisiera. Tampoco le obligaría.
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#2
Las adversidades vividas en Whisky Peaks sirvieron para crear una unión entre Nadja y la tripulación que fue cimentándose con el pasar de los días. Al principio la mujer no sabía si lograría encajar bien con ellos, pero la verdad es que resultaban ser encantadores. Habían formado una familia, donde existían los piques, las bromas, las riñas pero también el cariño. Le recordaba a su propia familia, una rota y desestructurada, pero que no cambiaría por nada. Notaba que entre el ánimo del grupo, Caoba se quedaba un poco descolgade y Nadja siempre intentaba integrarle y hacerle partícipe de las conversaciones para que no se quedase marginade, pero la pérdida de Moris le había afectado.

El momento de arribar a la nueva isla llegó. El calor empezaba a ser notable, en parte por la proximidad de la nueva estación, pero también porque aquella isla era una jungla, cálida y húmeda. Nadja estaba acostumbrada a las temperaturas más altas de Arabasta, sin embargo, la humedad tropical se le hacía tremendamente cargante y pesada. El calor de isla Sandy era desértico, árido y áspero, no selvático. Se encontraba a solas en el camarote, un milagro teniendo en cuenta que lo compartía con Enma -aunque no solía dormir allí-, Don Bambú y Caoba. Tenían que buscar una forma de ampliar ese barco... una reforma o lo que sea, había demasiado poco espacio para todos los que eran. Aprovechó aquella breve intimidad para cambiarse a una ropa más ligera con la que moverse cómodamente.

Se vistió con un top sin mangas de color negro, unos shorts del mismo color rodeados por un cinturón dorado y unas sandalias con una pequeña plataforma de un par de centímetros. Le dolía no poder ponerse sus tacones como de costumbre, pero tenía la ligerísima impresión de que le serían incómodos en aquella jungla. Se recogió los largos mechones rubios en una trenza y se colocó unas gafas de sol con tonos morados. Llevaba una pistolera rodeando su torso, donde guardaba a su querida Áspro, y con Stravrós a la espalda.

Salió del camarote hasta la cubierta, había quedado allí con Kovashi para salir los dos a la isla a hacer un poco de reconocimiento, aunque realmente cualquiera de la tripulación podía unirse a ellos si querían, no es que se tratara de una cita ni nada... ¿entonces porqué Nadja se había arreglado tanto e incluso pintado los ojos? A saber, cosas de chicas. La verdad es que le gustaba ser coqueta y verse bien a sí misma, nada que ver con la presencia de un hombre cicatrizado y fornido. Se quedó esperándole mientras revisaba que llevaba una buena cantidad de munición, estaba lista para desembarcar y explorar el nuevo paisaje. ¿Encontrarían civilización?
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#3
Kovashi ya estaba en pie, fue el primero en levantarse, Iba vestido con un largo pantalón negro, acompañado de unos zapatos elegantes y una camisa blanca le seguía, por ultimo una chaqueta negra. Desde que escuchó el primer sonido importante de “bestias” batallando, no pudo dormir. Bordeaban la isla, que por lo que dijo Nadja se trataba de Little Garden. Poco más sabía sobre aquello, ni le importaba. No podía dejar de mirar hacia la isla. Dos gigantescos cráneos de bestias que ya perecieron hace muchos años se podían distinguir en el centro desde muy lejos. ¿Qué tipo de isla sería esta? Kovashi estaba genuinamente emocionado, aunque no lo expresara del todo. Nadja al fin apareció, al igual que los demás. En este caso la que le importaba era ella, pues ambos tomaron la decisión de que debían ir juntos en esta aventura. Panda y Enma decían algo sobre entrenarse, al menos estos días habían estado tratando el tema. Que lo hicieran, les vendría bien. Estaban flojillos.

— Al fin te levantas. — Se apoyó en la madera con ambos codos, quedando en una posición arqueada, pero cómoda. — ¿Sabes que hay animales gigantes? — Le guiñó un ojo. —No he visto ninguno, pero hay dos cabezas ahí tiradas, que si te pones a medir probablemente fueran un porcentaje decente del tamaño de la isla. Y la puta isla da la sensación de ser inmensa. — Se llevó la mano a su bolsillo, de donde sacó la petaca. Le daría un sorbo. — ¿Estás lista? hoy me apetece explorar un poco. — Se frotaba las manos, realmente le apetecía descubrir que podía esconder la roca.

Khruner era el único que faltaba, Kovashi estaba preocupado por el oso por que literalmente tan solo se levantaba un par de horas al día y seguía durmiendo. Hasta el punto en el que Caoba era cuidade expresamente por Enma, ya que él nunca estaba disponible. ¿Pero qué podía hacer el Shimatsu? no era su padre y ya tenía muchas mierdas encima como para ocuparse de las tonterías de Caló.
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#4
No tuvo que esperar mucho tras llegar a cubierta, pues Kovashi ya estaba allí, preparado para recibirla. Al parecer era él el que llevaba un rato esperándola y no al revés. Mejor, no era muy femenino que la mujer tuviera que esperar al hombre. Podía parecer una tontería, una minucia, pero Nadja era un poco tradicional en cuanto a ese tipo de minúsculos detalles se refería. Se arrimó a la madera donde Kovashi se apoyaba, acercándose a él, momento que aprovechó para inspeccionarle de arriba abajo. Iba prácticamente trajeado, con pantalones y chaqueta negra debajo de una camisa blanca, como si fuera a acudir a un evento importante. ¿Eso es lo que significaba para él? La elegancia era algo que a ella le gustaba especialmente, igual que la cortesía o los buenos modales, le resultaba incluso atractivo. Ella siempre cuidaba mucho la imagen que daba al exterior, otorgándole bastante importancia a la pulcritud. Kovashi había cumplido con creces, estaba guapísimo.

— Así es. — Respondió ante los datos que el peliblanco lanzaba sobre los curiosos animales que habitaban aquella isla. Nadja había leído cosas del tema y gracias a su excelente memoria aún podía recordarlas, a pesar de haber sucedido hacía ya mucho tiempo, cuando de pequeña encontró un libro sobre diferentes islas del mundo. — Los rrumorres disen que no solo son grrandes, sino que parresen sacados de otrra época trremendamente antigua. — En aquel libro usaron incluso la palabra "dinosaurios", pero no quiso sacarla en la conversación por si finalmente solo se trataba de mera fantasía, no quería quedar como una ingenua.

Nadja no lo reflejaba exteriormente, pero estaba realmente emocionada por pasar el día a solas con Kovashi, al fin y al cabo era el capitán de la tripulación y esa era una buena oportunidad para conocerse aún mejor. — ¿Porr dónde te apetese empesarr? — Preguntó con curiosidad, el espíritu aventurero comenzaba a aflorar en su interior, se podía notar en su voz la emoción. Sacó una brújula de uno de los bolsillos de su pistolera y miró hacia las enormes calaveras por las que Kovashi había mostrado interés. — Las calaverras se encuentrran en dirrecsión norreste. — Esto último lo medio susurró, era una nota mental que necesitaría por si acaso se perdían entre la espesura de la selva. También oteó las vistas que tenían desde el barco, serviría como mapa mental en caso de que no pudieran encontrar el camino de vuelta. Para estas situaciones la verdad es que la memoria de la rubia era tremendamente útil.
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#5
Desde el funeral de Moris, el ánimo en el barco de los revolucionarios había decaído bastante. Si bien es cierto que todavía permanecían las bromas y enfados que caracterizaban al grupo, los recientes acontecimientos y las continuas recaídas de Caoba dificultaban la vuelta a la normalidad. Aunque muchas de las personas allí presentes habían superado numerosos duelos, Enma había percibido que para Caoba no estaba siendo particularmente fácil. El pelirrojo sabía esto, pues era el que más tiempo pasaba con elle tratándole las cicatrices que habían quedado en lugar de la herida, ofreciendo también una especie de apoyo psicológico aunque no tuviese conocimientos o experiencia sobre ellos. El ánimo y personalidad de Enma tampoco era el mejor de todos para realizar esto, por lo que en numerosas ocasiones acudió a Nadja para que cumpliese este papel de soporte y animadora. Al fin y al cabo, eran las que mejor se conocían y más próximas eran la una a la otra. - Diría que estás completamente... recuperado... - Expresaba Enma, mientras le realizaba un cambio de vendas en la herida. - Quizá... es mejor que intentes... aprovechar el tiempo para despejarte... Estar siempre en la habitación... - Abrió los brazos, aludiendo al poco espacio que había. - No es la mejor opción... para un duelo... - Finalizó, con cierta timidez. El tiempo compartido con Caoba había sido ya demasiado como para perder los nervios iniciales, aunque todavía quedaban algunos restos que le impedían abordar su relación con más normalidad. Caoba parecía entender esto, por lo que su relación era mucho mejor que buena. Sin embargo, todavía no hablaba demasiado, así que guardó sus cosas y dejó que estuviese tranquile con su soledad y su duelo. Era lo mejor.
 
Pero estos días habían sido bastante exhaustos para él. Debido a que Khruner estaba algo ausente debido a diversos motivos que realmente el pelirrojo desconocía, Enma se había encargado de las heridas del grupo, especialmente de Caoba, de forma única y exclusiva. En sus ratos libres, en vez de descansar, intentaba aprender más y más sobre la medicina y los usos beneficiosos de determinadas plantas que iba encontrando en su odisea. De hecho, ahora mismo se dirigía hacia su barril especial para poder ojear los libros que había guardado. Sin embargo, antes de hacerlo, Panda lo abordó para hacerle una propuesta. Una propuesta que seguramente Enma no podría rechazar. Hablaba sobre cómo el pelirrojo era aparentemente intocable debido a su poder, a su relación con Kovashi, sobre el liderazgo de la tripulación... Demasiadas cosas para su cabeza. - A ver... - Cerró el libro y lo guardó en el barril. - No estoy interesado... en disputar ningún liderazgo... - Suspiró. - No puedo ni... liderar mi propia vida... - Volvió a suspirar. - Pero... Creo que coincido en que tengo... que hacerme más fuerte... por vosotros... - Levantó la mirada al cielo. Pensaba en Lillian. - Seguro que pronto... habrá gente que pueda... tocar mi cuerpo... - Era consciente de que había personas que podían hacerlo. El gyojin de los Cabos Gemelos había sido un ejemplo. - He estado pensando en alguna técnica... así que... ¿por qué... no? - Aceptó su propuesta, asintiendo con la cabeza. - Ayúdame... a ser más fuerte... - Sentenció. 
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#6
Emma no parecía comprender del todo bien que la tontería de disputar el liderazgo no era algo dependiente de su interés. Se trataba de algo que iba a suceder más allá de lo que Enma o Don Bambú decidiesen. El panda lo veía como la única forma de adquirir algo de respeto por parte del peliblanco, una manera de hablar uno de los idiomas que su compañero entendía. No apreciaba sus mentiras ni sabía seguirle el juego muy bien cuando pretendía engatusar a alguien. No tenían la misma filosofía de vida ni los mismos objetivos. Pero si en aquellos mares había una forma de entenderse era luchando, por absurdo que sonase. Un líder tenía que ser capaz de aguantar de pie y recibir aquello que sus compañeros no podían soportar. Un líder fuerte se respetaba, porque te mantenía vivo. —Bueno, no tienes por qué estar de acuerdo. Yo tampoco lo estoy, pero es lo que nos ha tocado. La mesa de debate se nos rompió. —Bromeó. Tenía un sentido del humor un poco raro. Lo que decía era obviamente una broma, pero lo decía con un semblante tan serio que uno podría preguntarse si verdaderamente ese era el problema.

Finalmente, Enma aceptó la oferta del entrenamiento. Esto alegró al panda, que por fin tendría un compañero contra el que probar sus nuevas habilidades sin temor a hacerle daño. —Perfecto. Cuando toquemos tierra nos separaremos de los demás y buscaremos algún claro en toda esa selva que se ve en el horizonte. Estamos llegando, por cierto, por si quieres salir a mirar. —Y dando la conversación por terminada, Panda abrió la puerta y salió a recibir una brisa de aire fresco. Su camisa hawaiana ondeó como una bandera a la fruta.

En la cubierta se encontraban Nadja y Kovashi. Como costumbre, no había rastro de Khruner, que debía de estar hibernando antes de tiempo. Kovashi iba como un pincel el cabrón. Panda no lo demostró, pero le pareció que la elegancia con la que iba vestido le sentaba como un guante. Le gustaban los trajes, para qué mentir, pero nunca se había decidido a comprarse uno. No parecían muy revolucionarios. Tampoco las piñas, ahora que lo pensaba. Nadja, por su parte, iba con un top negro sin mangas y unos pantalones muy cortos. Vestimentas muy adecuadas para un clima tan cálido como aquel en el que el sol no sería problemático debido a la densidad selvática. —Buenos días, camaradas. —Les saludó el panda y sacó un cigarrillo de la nada. Había hablado con Nadja alguna noche sobre sus reservas de tabaco y sobre el comunismo, y de repente Panda tenía acceso a la nicotina de nuevo. Pero con moderación, que no se gana para vicios.
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#7
— Vamos donde quieras, rubia. — Contestó a la mujer. Estaba guapa de buena mañana, pero como siempre olía a tabaco, es un olor desagradable para kovashi, le recordaba a las largas esperas de noche con sus amigos en su isla natal, esperando para robar, esperando para atacar, esperando y esperando, era el olor de la espera. Bueno y ahora uno que también le recordaba a Panda. Complicado hacerle caso omiso a una de sus habilidades más desarrolladas, el olfato. Kovashi la miró de arriba abajo, estaba como un queso, eso ayudaba a pasar cualquier tontería. — Pero sí, me gustaría ir a ver esas cabezas gigantes, tengo curiosidad. — Caminó un par de pasos, el traje le tiraba un poco de la espalda, pero al revolucionario le gustaba ir incómodo por raro que pareciera, lo relacionaba a vestir bien. Todo tiene un precio, hasta el flow.

Allí donde caminó encontró sus dos katanas sujetas de un hilo a la pared. Las agarró y se las colocó ambas en sendos lugares de confort, es decir, las caderas, una para cada lado. Casi parecía un samurái cuando se les ponía así. Cuando se decidió a caminar de nuevo ante Nadja, Panda aparecería, seguido del pequeñajo de Enma. Qué pequeño, parecía una mujer. — Buenos días. — Respondió alargando una sonrisa. Se tomó el cuello de su camisa con las dos manos y lo estiró, para después dar una vuelta. — Qué. — Dijo encantado de haberse conocido.

Kovashi estaba hasta las pelotas de ir medio desnudo, borracho y oliendo a marinero, le apetecía recobrar un poco la elegancia que le caracterizaba años atrás. La revolución de momento le habría traído compañeros sí, pero sobre todo desorden en general. A veces se dejaba ir demasiado, en todos los aspectos. — Vamos a ir a visitar la isla, Nadja quiere pasar un poco de tiempo conmigo a solas. — Mintió. — Quién soy yo para negarme. — Le guiñó un ojo a Panda, aunque realmente iba en dirección a Enma. Las bromas de Kovashi formaban parte de su personalidad y en cierto modo ayudaban a pasar los malos tragos.

Él era profesional en eso, ninguna pena le duraba mucho.
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#8
Nadja sonrió ante la respuesta de su compañero. Ese tipo de gestos siempre la pillaban desprevenida, hacía mucho tiempo que no conocía a una persona así. Algo que le pareció curioso es que la última persona que conoció que se parecía mínimamente a Kovashi fue justo la que le pegó ese vicio al tabaco, y ahora se había ido dando cuenta con el paso de los días de que a su nuevo compañero no le agradaba demasiado. Tampoco tenía nada que ver, no todo el mundo estaba cortado por el mismo patrón, sin embargo se le hizo gracioso. — Perrfecto, allí irremos. — Parecía que ambos estaban de acuerdo en la siguiente parada, al fin y al cabo era lo más llamativo de la isla, lo primero en lo que te fijabas al otearla a lo lejos.

Lo llevaba todo, sus armas, su munición, su tabaco... Kovashi también se preparó, agarrando sus katanas y colocándoselas en la cadera. Entonces aparecieron juntos Don Bambú y Enma, el panda les saludó y comenzó a fumar, lo que enseguida encendió el mono de la rubia. — ¿Qué tal, querridos? — Saludó con una sonrisa, mientras sacaba un cigarro y su mechero de uno de los bolsillos de la pistolera. Kovashi aprovechó el momento para lucirse, Nadja soltó su peculiar risilla, era como afilada, como la de un zorrillo. El peliblanco hacía tantas bromitas y tonterías que cuando estaba con él se sentía como si fueran una adolescente de nuevo, desenfadada y aventurera. Su humor era como un soplo de aire fresco, después de tanto drama y lágrimas. Entonces comentó el plan que tenían ambos al resto del grupo. — Así es, tenéis un capitán que es irrresistible. — Se unió a la broma. La sonrisa no desaparecía de su rostro.

— Cualquierr cosa, rrecorrdad que tenemos los den den mushis. — El de ella era pequeñito, así que cabía en casi cualquier bolsillo. Era bastante improbable que algo malo les ocurriera en la ausencia de los dos, tanto Don Bambú como Enma habían dejado claro ser bastante fuertes, y aquella isla parecía a priori deshabitada. Pero nunca se podía saber qué clase de amenazas acechaban. Comenzó a caminar hacia el borde del barco. — ¿Me llevas? — Preguntó a su querido peliblanco. Esperaba que Kovashi usara su habilidad para que les fuera más fácil bajar a los dos juntos y aterrizar en la nueva isla, pues su poder era bastante útil, le ofrecía la movilidad que ella con su fruta no manejaba.

Una de las cosas que le apetecía hablar con Kovashi en privado sería sobre su estancia en la tripulación. Ella se sentía como una más dentro de aquel grupo, pero no había nada oficial... y en parte se sentía como si fuera una intrusa, o peor, un reemplazo. No sabía si el sentimiento era mutuo o si solo ella lo veía de esa manera. Pero hablarlo con él resolvería la mayoría de sus dudas, pues al fin y al cabo, él era el capitán, la última palabra siempre era suya.
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#9
La conversación entre Panda y Enma transcurría con normalidad, aunque el pelirrojo tenía la sensación de que estaban en sintonías diferentes en algunos puntos. Especialmente, en la configuración de la banda y de su liderazgo. Enma no se había unido a la revolución por pelear o ser el mejor, sino por contribuir en la construcción de una sociedad más justa y más libre en donde las personas no tengan que estar sometidas bajo el yugo de aquellas personas con más recursos y poder. Quizá era un idealista, pero es lo que había heredado de Lillian. Su voluntad. Panda hablaba sobre cómo las cosas "eran así", algo que le recordaba un poco a su crianza paterna, y sobre cómo la mesa se rompió. ¿Hablaba de manera literal? Enma no le dio muchas vueltas y simplemente asintió con la cabeza, dando por sentado que entendía que las cosas en aquella banda funcionaban así aunque no estuviese de acuerdo con ellas. Los acontecimientos que había vivido en estas últimas semanas habían generado ciertos cambios en su interior, en su personalidad e ideario, lo que en determinados momentos hacía que se replantease su futuro más próximo. Su permanencia en aquella banda revolucionaria. Su valía como revolucionario. O incluso su posible aportación a un grupo que consideraba su familia, incluso con sus más y sus menos. - Bueno... - Suspiró, sin saber muy bien qué decir en aquella situación más de lo que ya había dicho. Tampoco es que Panda dijese mucho más, pues comenzó a dirigirse hacia el centro de la cubierta y buscar un poco de aire fresco, avisando también de que pronto llegaríamos a la isla. Esto puso nervioso a Enma, pues el combate se estaba aproximando poco a poco y no sabría muy bien cómo abordarlo. Pero habrá que intentarlo. Sería una buena manera de potenciar esos músculos tan esmirriados que tenía.
 
En vez de seguir los pasos de Panda, Enma se acercó a Caoba para darle un botiquín que tenía en bajo sus pies. En él había un par de recambios de vendas y algunas tiritas, así como también una pomada para la inflamación que todavía tenía en el lugar afectado por la herida. - No sé qué harás... - Susurró. - Pero igual... nos separamos al llegar... - Estaba algo nervioso, como de costumbre, pero no era momento de mostrar ese tipo de sensaciones. No por ahora, al menos. La verdad es que pocas personas podrían percibir cuál era el verdadero estado de ánimo de Enma, ya que de normal era alguien que no expresaba demasiado cómo se sentía y cuyo tono de voz era tan bajo que solía entenderse como un indicativo de su baja moral. Afortunadamente, algún día alguien podría comprender cómo el pequeño revolucionario se sentía realmente. Aunque todo parecía indicar que ese día tardaría en llegar...
 
Volvió sobre sus pasos y se dirigió nuevamente al barril en el que inicialmente se había ubicado. En su camino se cruzó con Kovashi y con Nadja, que aparentemente iban a realizar un visita juntos, aunque todo parecía apuntar que se trataba de una cita. - Buenos días... - Susurró, en su tono habitual. Kovashi era una persona que mostraba bastante cómo se sentía pero que también superaba los altibajos mucho más rápido que cualquier otra persona. Nadja le ayudaba a eso. Enma estaba contento, pues así no habría que aguantar sus gruñidos diarios. Y Nadja parecía ser un buen complemento y un buen remplazo de Derya. - Derya... ¿Qué estará haciendo ahora? - Pensó para sí mismo mientras continuaba caminando hacia el barril. Dio un pequeño salto y se sentó sobre él, dejando que la brisa acariciase su rostro y observando, con cierta incertidumbre, cómo poco a poco la isla se iba haciendo cada vez más visible. Se dio la vuelta un par de segundos sólo para decirles... - Pasadlo bien en la isla... - Y nada más.
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#10
Atributos Personaje


Kovashi mencionó que Nadja y él iban a darse una vuelta por la isla. Don Bambú miró la estética general del lugar en el que se encontraban. No parecía extremadamente romántico para una cita, ¿o sí? Tenía el órgano del romanticismo algo roto y no percibía las sutilezas del cortejo en un entorno salvaje y selvático. De todas maneras, no le importaba. Él tenía sus planes también. —Yo iré con Enma a dar una vuelta. —No dio detalles, porque tampoco pensó que hiciera falta. Nadja se apegó a Kovashi, esperando quizás un viaje sobre uno de sus cubos voladores. Quizás lo consiguiese. Panda se dio la vuelta y vio a Enma que se colocaba sobre uno de sus barriles. Tenía cosas como aquella, que le parecían extrañas a Don Bambú, pero en contra de las cuales no estaba. Echó un último vistazo al horizonte, bebiéndose el panorama desde la privilegiada posición del barco, y cayó en la cuenta de que el panorama le sonaba de algo. Aquellas enormes calaveras de bestias gargantuescas cubiertas de naturaleza selvática... Lo había visto hacía ya un tiempo, pero todavía lo recordaba. Panda echó mano de su bandolera, en la cual llevaba libros, revistas y periódicos y sacó un par de ellos. —Oye, esta isla sale aquí. —Le dijo al mundo. Tenía ambos brazos completamente estirados, cada mano sobre un borde del periódico, y estaba tratando de comparar la imagen ya vieja en blanco y negro con la viveza de la realidad, seguramente desde otra perspectiva. —Aquí dice que hay una plaga de avispas. No creo que pase nada, pero cuidado. —Aconsejó el panda. Para él no tenía mucha importancia, porque su piel era tan dura que los aguijones de los insectos rara vez la penetraban. Ya de pequeño había recolectado miel de abejas y las pobres ni siquiera le hacían daño suicidándose contra él. Las avispas eran más pesadas, pero más de lo mismo.

De todas formas, no le dio importancia al tema. No veía ni a Kovashi ni a Nadja huyendo desesperados de un enjambre de malos bichos. Si acaso sería el enjambre el que tendría que huir. Enma ya era otro tema. El chaval ni siquiera tendría que moverse para que las avispas se muriesen. Soltaba ese polvo negro todo el rato y Panda juraría que algún día eso le iba a dar cáncer. —Bueno, ahora lo sabéis. Suerte. —Y guardó el periódico. El barco estaba ya lo bastante cerca de la orilla como para que Don Bambú llegase de un salto, así que se encargó de bajar el ancla y subir las velas por completo para detenerlo. —Vámonos. —Y le sonrió al muchacho, dándole una palmadita en el hombro. Flexionó sus piernas y pegó un salto que hizo que el barco se tambalease un poco. Llegó sin problemas a la orilla de una playa más bien pequeña. Pronto la arena daba paso a una profundidad selvática a través de la cual era difícil ver nada, pero Don Bambú era muy bueno guiándose. —Sígueme, seguro que vemos un claro por algún lado. —Y emprendió la marcha hacia lo desconocido. Detectó inmediatamente la presencia de avispas aquí y allá, pero nada peligroso de momento. Eran bien gordas, más que las que había en los Blues.

Tras una caminata de más o menos media hora en la que la maleza empezaba a cansar al mink, que se dedicaba a romperla a su paso con las manos, una luz brillante le indicó a Don Bambú que estaban llegando a un claro. Llevaban un rato escuchando el sonido de un río de fondo, pero era tal la sutileza con la que se introdujo este sonido en el ecosistema que el Panda no se había dado cuenta hasta ese momento. Atravesó corriendo lo que quedaba de plantas y descubrió una apertura hacia el cielo entre tan densa vegetación. El lugar debía de tener unos 90 metros de diámetro, aunque la forma no era circular perfecta, sino más bien ovalada y con pequeños árboles aquí y allá. Lo más impresionante era el acaudalado río que atravesaba por la mitad aquel claro, serpenteando a través de él y dividiéndolo en dos secciones para luego perderse de nuevo en la inmensidad del bosque. Si uno seguía el cauce del río a la inversa, podría tal vez suponer que venía de algún pozo subterráneo situado cerca de una de las calaveras gigantes. Era un lugar impresionante, aunque no había rastro de civilización alguna. —Este me parece tan bueno como cualquier otro, ¿no? —Sugirió el panda mientras se adentraba en el claro. La hierba estaba alta, le llegaba a los tobillos, pero estaba agradablemente seca. Casi le daban ganas de tirarse a dormir en lugar de pelear.

Pero...

No estaban ahí para eso. Una vez el panda consideró que tenían el suficiente espacio, se giró hacia su amigo y crujió sus puños sonoramente. No hacía falta introducción alguna para lo que se venía. El panda estaba situado a unos diez metros de la orilla del río, cercano al centro del claro. En la proximidad había pequeños árboles aislados, pero no había densas vegetaciones que pudieran impedir la visibilidad de ninguna forma. Dejó que Enma se colocase bien antes de hacer nada. Sería un lujo que en el futuro no podría disfrutar.

Resumen
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