[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano (Parte III)
#1
Los participantes provienen de este tema.
Aquí se desarrollará la "Prueba del Bastión"




Todos los participantes, por favor, postead a continuación vuestra aportación a la prueba. Recordad usar el comando [ personaje=3941 ], sin espacios
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#2
Atributos Personaje


La prueba de velocidad había terminado, si bien no pude disfrutar como me habría gustado del espectáculo debido a mis pésimos reflejos, estaba contento de ver a Enji dar la talla frente a grandes rivales, así como a otros compañeros como Moja o Shin. Cuando el señor Jin volvió al cubículo, le felicité con un tono casi de burla. —No está mal, rufián—

Por fin había llegado mi momento, la Prueba del Bastión, las palabras que me dedicó Nyra antes eran ciertas, era grande, era resistente, no había mejor forma de definirme y mi madre nunca me mentiría. No era un rasgo que me definía, era mi forma de ser, mi vida misma. Después de todo, era un marine, alguien que debía dar la cara por el inocente, por el débil, una persona que entregaba su vida por la seguridad de los que le rodean.

Tomé una última calada del cigarro que me ofreció Jin y avancé. Recordé la forma en la que el comandante Stroud hizo su espectacular camino hacia su prueba, por lo que sabía perfectamente lo que debía hacer… O, al menos, eso era lo que pensaba. Al salir del cubículo, mi corazón se aceleró al sentir la atenta mirada de todos los espectadores. ¿Cómo podían los demás hacer poses tan guays y lanzar frases épicas mientras eran juzgados por tanta gente? Preso de los nervios, tropecé mientras andaba, hincando ridículamente mi mandíbula en la tierra de la arena.

Mi escamoso cuerpo comenzó a sudar, me sentía ardiendo de la vergüenza; yo solo quería dar una demostración increíble de la que mis compañeros se pudieran sentir orgullosos, pero solo hacía el ridículo. Me levanté lo más rápido que me permitieron mis pesadas y pequeñas patitas mientras pensaba: —Jopee… —En un intento por aliviar los nervios, traté de darle una calada al cigarro, pero se apagó al chocar contra la tierra; no era mi día…

A falta de nicotina para entrar en razón, no me quedó otra opción más que avanzar con lo que tenía, tarareando en mi mente una canción usando como base el violín que había escuchado previamente —La cucaraacha, la cucaraacha, yaaa no puede caminar… —Gracias a la pegadiza melodía, pude abstraerme del ambiente que me rodeaba, y declaré mis intenciones a todos los presentes con una confianza renovada:

—Ganaré—

Finalmente, llegué frente a la zona asignada, donde comencé mis preparativos para enfrentarme a ese chorro de aire que me esperaba. Me coloqué sobre mis dos patitas traseras, cual caballo salvaje en las estepas, para resistir bien el golpe; planté bien mis patas en el suelo, la derecha ligeramente por delante de la izquierda, ejercí toda la fuerza posible con mis músculos, generando tensión en mi caparazón y mis escamas, e introduje totalmente mis brazos y mi cabeza en el interior de mi caparazón, el lugar donde me sentía más seguro, mi hogar… A pesar de sentir mi cuerpo entumecido, apreté con fuerza mis patas delanteras y mi cabeza contra mi caparazón, buscando dispersar la fuerza de cualquier golpe dirigido hacia mí, quedando prácticamente ciego en el proceso.

Con todos mis preparativos listos, dije la palabra para activar el dispositivo con energía y confianza; lo haría bien, había entrenado para esto. Enji siempre halagaba mi resistencia, y no iba a decepcionarle.

—Tsuki-Tsuki—

Y un poderoso chorro de aire embistió contra mí. Aguanté el chorro durante varios segundos sin problemas hasta que me vi forzado a retroceder un pasito. —Eso sí que es un fuerte viento —pensé, justo antes de emprender el camino de vuelta hacia mi cubículo, volviendo a sacar mis extremidades del caparazón y aliviando la tensión de mi cuerpo. Durante el camino, mis ojos se desviaron hacia Kael, el muchacho de cabellos azabaches; sabía que él era igual que yo, alguien que se dedicaba a proteger a los demás. Con orgullo le dirigí unas palabras: —¡Dalo todo, compañero! —Sabía que no me defraudaría; yo mismo había experimentado de lo que era capaz en aquel entrenamiento de hace tiempo.

Cajita de tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5272 + 0 = 5272
Energia: 4407 - 1126 = 3281
Espiritu: 1132 + 0 = 1132
#3
Atributos Personaje

Perder a un compañero en la primera ronda no era uno de los planteamientos que el marine había logrado plantear dentro de su cabeza. Saber que la única pirata de su grupo no había superado el baremo le daba toda clase de pensamientos nuevos al hombre que se mantiene impasible frente a la acción.

Por supuesto, Kael estaba a una vida de distancia de entender la vitalidad de la situación a la que se enfrenta. Casi todo el personal allí presente parece dispuesto a disfrutar de un evento deportivo con una energía desbordante, mientras que él parecía incapaz de quitarse el uniforme de marine que lleva dispuesto incluso en el alma. ¿Sería capaz de entender los consejos de su compañera? ¿Es capaz de pasar a ser una persona capaz de no ser tan seria, aunque tan solo fuera por cinco minutos?

Bueno...quizás eso, si lo intenta, sea capaz de descubrirlo.

Pero no puede dejar de pensar en lo que tiene a su alrededor. Está rodeado de piratas por todas partes. Con tan solo echar un vistazo ve piratas Mahana, miembros del Ragnarok, mujeres de las Valar, y algunos otros que ha podido ver de reojo en algunos carteles de Se Busca, pero que no analizó con tanto interés como los anteriormente mencionados. Al lado de estas personas hay marines, y como intenta fingir el propio hombre invariable,  llevándose de maravilla con ellos para demostrar una capacidad de cooperación apropiada.

No puede evitar fijarse en Juan Sebastián durante unos momentos, justo antes de que comenzase la prueba del Céfiro. Es ahí cuando descubre la capacidad de movimiento que tiene su superior el Contramaestre Alejandro. Dejó en claro que un mink como él tendría una alta capacidad de movilidad, por lo que ni siquiera perdió el tiempo en debatir quién debería realizar esa prueba.

Kael, por supuesto, ni siquiera tendría a bien gastar energía para debatir esa idea, pues sabía de todas formas que el ganador ya estaba decidido mucho antes de comenzar la prueba. Buscó a su compañero con los ojos, el albino que, de nuevo, rodeado de piratas y solamente acompañado de Akira, ganaría la prueba, literalmente, en un abrir y cerrar de ojos.
No le importó quién comenzase la prueba, ni tampoco quién fuera detrás de él. Sus ojos trataron de observar con cuidado la capacidad de movimiento que tenía el Comandante, demostrándoles a todos porque su objetivo, ser el mejor marine del mundo...bueno, digamos que tiene verdaderamente la capacidad de lograrlo. Tan solo le falta una vuelta de ciento ochenta grados.

Pero eso, me temo que una historia completamente diferente.

Kael ocultó la parte baja de su rostro con la palma de su zurda, escondiendo en ella una sonrisa que supo ver aproximarse al saber que absolutamente nadie llegaría a alcanzar su marca, incluido ese concreto sujeto tan variopinto. Un hombre que, con rara capacidad de movilizarse para la prueba, consideró dar un espadazo justo cuando terminó de moverse a toda velocidad. Aquel movimiento hubiese sido sublime para dejar en claro que podía ser humanamente el ganador de la prueba...pero Shin superaba esas características humanas como si para él no aplicasen las leyes del mundo.

Tan solo tardaron un par de segundos en romper la templanza de sus pensamientos, envuelto en una música de estilo...curioso. Para algunos, quizás la música sería cómica, pero Kael no llegaba a comprenderla del todo. Se quedó cautivado, pero no por la melodía tan particular que podía llegar a sonar en las tierras del cielo, sino por la mezcla de sonidos que podían llegar a darse entre la canción de su compañero Masami, y el acompañamiento de la música de quién se encontraba en exactamente el cubículo de al lado.

"Espera. ¿Esa de ahí no es...?" Quién toca aquella segunda melodía tiene una apariencia extremadamente sencilla de recordar. A pesar de no llevar el atuendo tan característico con el que conoció a aquella dama en el campo floral de Matsuri, no podría olvidar ese tono anaranjado del cabello en ninguna parte. Tan solo un par de mujeres habían llegado a pasar en su vida con ese tono tan distinguido, y ella, particularmente, no lo había hecho hace tanto tiempo atrás como para poder olvidarse de esa persona.

"Así que tú también estás aquí, ¿eh?"

Skypiea...tus reglas eventualmente tendrán que pasar a formar parte del Gobierno Mundial.
Sintió la energía de ambas músicas recorrer su cuerpo, algo más preparado, animado para enfrentar cualquiera que fuese la prueba que viniese a continuación. Si no era la prueba que venía a continuación debería de ser la última, por lo que, de una forma u otra, estaban a pocos minutos de tener que enfrentar su siguiente prueba, y eso era algo que, sin duda...

¿¡Regaliz!?

Inmiscuido en su propio mar de pensamientos, aquella palabra denominativa volvió a sacarlo de su trance de pensamientos.

No fue la palabra lo que atrajo la atención hacia el frente.

Fue aquella voz.

Una que no pudo reconocer en aquel físico tan distinto.  
 
 ¡Qué alegría verte sano y seriamente majo tal cual te recuerdo!

Estaba atónito, perdido en un cortocircuito en el que no sabía cómo debía proceder. ¿Ella era la misma joven? ¿Esa mujer era la misma persona con la que había sido...? Un secreto de su pasado, algo que había dejado guardado en uno de los muchos cofres de su pensamiento, estaba revelándose en un momento tan particular, y no sabe cómo puede siquiera reaccionar.
Antes siquiera de que pudiese obrar palabra, el guiño de su mirada fue lo último que le entregó antes de comenzar a marcharse, con una frase que ni siquiera llegó a comprender hasta instantes después, cuando su mente comenzó a funcionar con normalidad.

"Espera, ¿esta chica es compañera de Maki?"

Parece que, incluso el siempre impasible de Kael es capaz de caer en contacto con piratas antes de que siquiera pudiese llegar a reconocerlo, y son capaces de escapar de su mano de la justicia sin llegar a caer presas.

"Definitivamente tengo todavía mucho que aprender"

Ni siquiera se atrevió a devolverle la mirada al contramaestre o al soldado. Todo lo que podía hacer era mantener su postura recta, tratando de ignorar durante unos breves instantes seguir con la mirada a aquella muchacha de cabello rosado...hasta que completó su prueba transformada en cebra. 

"¿En cebra?"

Sí, en cebra.

Pero lo más llamativo de su ya de por sí atractiva actuación no fue su participación en la prueba, no. Cuando terminó de realizar aquel juego, ella se atrevió a acercar sus pasos hasta una persona en particular, un marine del que desconocía por completo su acercamiento. Maria Merlot, si la memoria no le jugaba una increíble mala pasada, estaba recortando toda su distancia con su mejor amigo: Shin.

"¿Pero qué?" Como si fuera una niña inocente y adorable, se acercó hasta estar a un escaso metro de distancia de él en una pose de lo más coqueta, sin poder oír lo que trataba de decirle, por mucho que buscase leerle los labios. Lo único que tuvo a bien observar fue como posaba sus manos en el abdomen de su compañero, acercando su rostro hasta...darle un beso en la punta de la nariz. 

"...Nunca va a dejar de sorprenderme." 

Dió un par de pasos hacia atrás, manteniéndose completamente en el interior de su cubículo...esperando hasta que finalmente diese comienzo la siguiente prueba.

Y claro, no tardó demasiado en anunciarse los ganadores de la prueba.

Como si alguien pudiese tener alguna duda sobre ello, el ganador indiscutible de aquella prueba fue su mejor amigo, algo que ya tenía previsto desde el inicio de la prueba. El contramaestre había quedado en quinto lugar, algo que si bien no era el resultado deseado, al menos había sido bastante mejor que la eliminación de la primera prueba por parte de la mujer sin cabello sobre la cabeza. 

Volvió a suspirar una vez más. Ahora, si querían tener una posibilidad de quedar en un puesto medianamente decente, debía realizar una prueba excelsa tanto él...como el otro soldado a su lado. A su forma de ver, prácticamente ya habían perdido por completo, por lo que la única posibilidad que él posee ahora mismo es, al menos, ser capaz de lucirse por completo para llamar la atención del pueblo de Skypiea. No tendría que ofrecer su nombre al público, pues el Dirigente tendría la amabilidad de entregarlo al resto al momento de participar en la misma. 

Comenzó a hacer algunos estiramientos, preparándose para la que fuese ahora su competición o la siguiente, sabiendo que cuanto más tiempo de preparación tuviese a mano, mejor podría llegar a realizar la prueba. No tenía que ganar, pues la victoria sería de una forma u otra para un miembro de la marina, pero su victoria personal estaría en quedar en el podio de la prueba a la que pudiera presentarse de alguna forma. Solo con aquella satisfacción personal podría asegurar que al menos, el de cabello azabache no está tan lejos de su compañero albino como muchas veces ha llegado a pensar.

Poco tardó en saber que ese era su turno:

La prueba del bastión.

Su nombre estaba inscrito en aquella prueba. Grabado a fuego en su propio corazón de piedra, como guardián de su grupo es menester que una prueba como aquella sea realizada por un individuo como él. Saber que podría lograr lo que estaba esperando si se esforzaba lo suficiente, si ponía la carne en el asador.... 

Durante un instante, sintió verdadera emoción.

No era una prueba que pudiese considerar difícil. Mantener los pies sobre la tierra mientras una sopladora de aire trataba de hacer retroceder a los participantes hasta que eventualmente pudiesen retroceder. Si la subida hasta Skypiea no le había mandado a volar, definitivamente podría soportar un soplo de viento contra él con bastante potencia. Es inevitable pensar que eventualmente aquella sopladora de aire terminaría venciéndole precisamente para terminar aquella prueba, pero...observando a los participantes, no termina de pensar en quién podría vencerle...excepto el que ya lo hizo una vez.

Juan Sebastián, el comandante gyojin, tal vez podría volver a vencerlo en aquella prueba.

Observó entonces a los Buccanneers, en concreto, a aquel rubio que participaba en las pruebas junto a Shin: Sigurd Haakon. Sin duda, una mole de músculos como él sería capaz de sorprender en aquellas pruebas con apenas un poco de esfuerzo. El azabache reconoce que tiene más aguante que muchos de los allí presentes en su calidad humana, y sin embargo...¿que pasaba contra aquellas criaturas? ¿Tendría las mismas posibilidades que aquellos de razas más grandes?

Bueno, sólo había una forma de demostrarlo.

—Dejádmelo a mí. Creo que puedo hacerlo bastante bien esta prueba.—Al menos sabe con tan solo un vistazo que tiene más papeletas que el birkaniano al que agradece su música como fuente de ánimos.

Iría en segundo lugar, justo después del que posee mayor rango de los dos y, con su capacidad de convertirse en tortuga, demostraría la capacidad de aguante que podía llegar a lograr. Claramente, contra una criatura como esa no tendría posibilidades de vencer, pues a diferencia de él, soy incapaz de transformarme en un animal, pero aún con esa idea...quizás podría hacerlo mejor que muchos de los humanos que se presentasen ante aquella prueba.

—Por supuesto que sí, Juan. Tú déjamelo a mí. No he descuidado mi entrenamiento desde que nos enfrentamos.

Dió un par de pasos hacia delante, acercándose hasta el dial al que tendría que hablarle para activar su potencia de empuje. Se colocó hasta la distancia considerada como reglamentaria, preparándose mentalmente antes de comenzar la prueba, asegurando con firmeza los pies en el suelo tanto como pudiera.

—Tsuki-Tsuki.

Tal y como el Dirigente había anunciado, en cuanto pronunció aquellas palabras una bocanada de viento comenzó a emerger de aquel dial, revelando una pequeña capacidad de empuje que no parecía afectar por encima de lo que podría considerarse como una pequeña brisa. Quizás a un pequeño infante podría empujarlo, pero aquello no sería el caso del marine...hasta que poco a poco comenzó a darse en crescendo. 

Lo que empezó siendo una prueba sencilla, al paso de los segundos empezó a hacerse cada vez más difícil, y ya no tenía la capacidad de afianzar más su posición, pero aún así, de alguna forma que solo él mismo conoce, continua manteniéndose firme. La prueba continuaría hasta que él llegase a retroceder un paso, y por lo tanto, debía aguantar todo lo posible sin moverse tan siquiera un ápice para que no le llegasen a contar ningún movimiento como descalificatorio. Tuvo que cerrar los ojos, mantener sus fuerzas lo más centradas en una distribución por todo el cuerpo para, de esa forma, conseguir soportar la fuerza de aquella presión todo lo que pudiera. Su cuerpo podía llegar a ser todo un bastión, pero en aquella fábula de los tres cerditos...incluso la casa de ladrillos podía terminar por ser derrumbada.

Así, con dolor en su cuerpo, hasta que ya no pudo más, Kael retrocedió un paso, y eso dió fin a su participación en la proeza.

"Maldición. Espero que eso haya sido suficiente." 

Su rostro no mostraba el dolor que sentía su interior, preguntándose si verdaderamente alguien terminaría por superarle. Considera que sus capacidades son superiores a la de muchos de los allí presentes, pero...definitivamente, al haber llegado a terminar, tenía dudas sobre su posible puesto en el podio de aquellas pruebas, especialmente por la dura comparación entre lo que él había llegado a lograr, y lo que el cangrejo había demostrado con completa destreza en la materia.

Reacción angelical
[Imagen: jGxJg3p.png]
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#4
Atributos Personaje

Buen rollo, risas y diversión. Parece que el espíritu deportivo se ha apoderado de todos en mayor o menor medida. Pero no hay que olvidar a qué hemos venido aquí. A competir. A demostrar quién es el mejor y que el mundo entero reconozca tus habilidades. Ubbe ya ha cumplido con su papel, haciendo una labor estupenda en La Prueba del Coloso. En esta tendría que haber participado yo con un buen hachazo de Yggdrasil a plena potencia. Sin embargo, entre la cagalera y las ansias de Akira, me he quedado fuera de mi proeza estelar. Pero se acabaron las esperas. El Dirigente anuncia la Prueba del Bastión tras dar por absoluto ganador a Shin en la Carrera del Céfiro. Es ahora o nunca.
Tras quitarme a Akira de encima, doy un paso al frente, sin mirar a mis compañeros y dándole la espalda a todo el cubículo. -Bien... Creo que es mi turno.- suspiro con una ilusión que lucha por salir, pero prefiero resguardar. Antes de partir, meto la mano en el cinto y dejo caer mis cuatro martillos al suelo, cada uno tan grande como una persona. Estos caen a plomo, estampándose contra el suelo con la cabeza del arma y quedando tiesos en el lugar. -Confío en que sabréis respetar las armas de un guerrero.- miro una última vez para atrás y sonrío con seguridad. Entonces, marcho.

Me adelanto a varios participantes. Por el camino, veo salir a varios. Sobre todo a dos marines curiosos de ver. Uno extremadamente estirado y elegante. Más que llamarme la atención por su estética estrafalaria, lo hace por parecer una ramita a punto de romperse. -Manda cojones...- musito pensativo, mirándolo por encima del hombro, a sabiendas de que este tío poco aguantará. La mascota sí que parece un animal duro, aunque se me hace ridículo de ver. Una criatura del mar enclenque y robusta. Literalmente una tortuga con sombrero. Bastante mona, he de decir. No deja de ser de una raza menos impresionante que la Buccaneer, pero aun así se ve un buen espécimen. Capaz y, si se tercia, podría hacerme una buena sopa con ella.
Antes de llegar a la zona designada, doy un pequeño giro y busco al grupo cinco, al más cercano que tengo. Ahí está mi hermano, a la suya. Pongo mis manos en forma de cono sobre mi boca y le grito. -¡¡Tú, el Buccaneer pequeñito. Te voy a ganar en tu prueba!!- le vacilo, y luego le saco la lengua a la vez que le guiño el ojo izquierdo, como un macarra. Aprovecho también para sacarle el dedo corazón con ambas manos. Para rematar. No me olvido de Odiseo, que me observa desde la grada con mejor humor y aspecto. Este apoya desde la grada por el valor de 49 hombres que ya no pueden hacerlo. Le señalo orgulloso. Capaz y me reúno con él pronto ahí arriba.

Frente a mí, unas estructuras diminutas con unas caracolas celestes. Según el organizador, tras mencionar unas palabras mágicas, estas expulsarían un viento huracanado devastador capaz de repeler a cualquiera que se ponga en su camino. ¿El objetivo entonces? Resistir tanto como puedas hasta, irremediablemente, ceder y dar un paso atrás. -¡A sangre y fuego, que no se diga!- miro sonriente cada orificio del artefacto, mientras tuerzo el cuello para hacerlo crujir y mis nudillos impactan el uno contra el otro en un choque épico.
Primero se planta el animalillo. Es curioso que un ser así pueda participar. Aunque, con todo su desparpajo y una gracia natural, no sé si por ser una mezcla entre adorabilidad y determinación, se propone soportar el chorro de viento y lo aguanta de una manera formidable. No sé si es el tamaño lo que la hace aerodinámica, si realmente estamos frente a una bestia inamovible o qué cojones, pero no parece retroceder hasta que los vientos son extremos. Luego lo hace el humano... Y este sí me deja más perplejo todavía. Sobre el papel, soporta menos presión que la tortuga, pero aun así, su papel es de admirar. No parece que use ni poderes ni habilidades, tan solo su voluntad y resistencia a pelo. Qué narices le pasa a esta generación de la Marina... Son realmente sorprendentes. Sin duda, he navegado vientos huracanados menos violentos que estos, que han mandado a mis hombres a volar, y estos dos renacuajos lo han soportado como si nada...

Basta de esperas, me toca a mí. Y, ya sea por tozudez o orgullo, no pienso utilizar ningún truco ni técnica. Nada de ases bajo la manga ni danzas circenses. No necesito vítores ni halagos. Soy yo contra la máquina. Yo contra estos dos soldados. Por honor. Por respeto. Por la gloria.
Me planto frente al cachivache y abro las piernas hasta dejarlas en paralelo con los hombros. Las flexiono entonces para bajar mi centro de gravedad. -¡¡OSU!!- grito mientras doy una palmada fuerte con los brazos extendidos frente a mí. Lentamente, las manos se recogen y se colocan sobre las rodillas con las palmas abiertas apuntando hacia delante, como si fuera a parar un tren en marcha. Cierro los ojos... Inspiro con fuerza... Guardo ese aire unos segundos y...

-¡¡¡TSUKI-TSUKI!!!-

La ráfaga de aire choca contra mí con fuerza. Se deja sentir, aunque no es más que una brisa fresca de frente. No tarda en aumentar la intensidad. Poco a poco, el viento me abraza y comienza a ser molesto. Constante. Irritante. Esto no ayuda con el mareo que llevo encima. Todavía no me empuja, pero la melena me ondea con fuerza y algo en mí me dice que ya, que no vale la pena seguir. Pero no. No cedo. Soporto un poco más.
Cierro los ojos. La presión cada vez es más asfixiante. No solo sube la cantidad y la presión, sino que los músculos empiezan a fallar. ¿Pero cómo es posible? Si las cuentas no me fallan, esos tipos han estado más tiempo. Mucho más. Y yo ya quiero dar el paso atrás. Tengo los tímpanos ensordecidos por la fricción del aire y los músculos tensos, a punto de reventar. Cierro los ojos, tirando de voluntad y corazón.
Claro... Esa es la trampa. Esto no es una prueba para ver quién resiste más dolor ni quién soporta mejor el golpe. Aquí se valora la resistencia ante las inclemencias. El valor puro de soportar y no ceder al tiempo. Sonrío. En mi mente veo la imagen de mi hermano, su silueta. Él no solo me habría superado a mí. Habría superado a todos. Si tan solo tuviera a Yggdrasil para mantenerse como un punto de apoyo... Pero no. No vale la pena pensar en eso. No hubiera habido honor en esa victoria. He resistido con mi propio ser, como los dos que han hecho la prueba antes que yo. Es momento de dar el paso.

Con valiente amargura, doy un paso atrás y, con ello, me caigo de culo, apoyando ambas manos en el suelo. -Vale, hasta aquí. He tenido suficiente.- Me levanto poco a poco, mirando la pantalla de puntuación y maldiciendo con un escupitajo al costado. Da igual el resultado. Todo me sabe a poco en este momento. Antes de marchar al cubículo junto al resto de mis compañeros, miro con seriedad al hombrecillo estirado que ha soportado más tiempo que yo. Sin rencor, disimulando una rabia profunda con la mejor cara de póker que puedo poner, asiento con la cabeza en señal de respeto, sin articular palabra. No espero a ver al resto de participantes. Ya marcho junto al resto de mis compañeros, incapaz de mirar a Ubbe o a Odiseo bramar con furia mi nombre sobre los demás. Tan solo marcho, con toda la solemnidad que me queda.

En efecto, cajita feliz
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#5
Atributos Personaje


Y la Prueba de Céfiro daba comienzo. Con los ánimos conjuntos del equipo 9 hacia su representante para esa precisa prueba, María Merlot, el hombre trajeado pensaba en que podrían tener la oportunidad de ganar aquella contienda. Ciertamente, y aunque no supiera muy bien por qué, se sentía extrañamente cómodo con ellas a pesar de ser piratas. Le trataban bien, tanto a él como al señorito Omi, y hasta habían acordado - realmente sólo lo había confirmado la mestiza - comer los cuatro una vez terminaran los juegos. Una parte de su interior, de su corazón y alma, se sentía llena, con una calidez que hacía tiempo que no sentía. No al menos desde que la muerte de su mejor amigo, Gideon, lo había dejado completamente solo junto al pequeño hurón.

Quizás era esa simpatía tan genuina y natural por parte de las tres chicas lo que hacía sentir acogido al pluriempleado. La mestiza incluso se atrevió a confiar en sus compañeros, dejando en el cubículo todas sus pertenencias antes de partir hacia su prueba.- ¿E-es que no ha pensado en que a-alguno podríamos robarle? - pensó inmediatamente el hombrecillo. Hasta hizo que el pequeño mamífero se hiciera responsable de sus bienes materiales.- P-parece que te ves muy c-confiable, ¿v-verdad, señorito Omi? - le dijo con ternura a su mascota, quién resopló con orgullo ante el cargo que le había tocado.

Tras eso y después de sus chutes de ánimos, María Merlot se fue directa a observar - o chismosear - al resto de contrincantes. Kevin se limitó a mirarla como iba interactuando con total naturalidad con completos desconocidos, haciendo que el hombre afán de llegar a fin de mes suspirara.- P-personas c-como ellas son de las q-que no necesitan ni que la a-animen. - En parte, el desdichado hombre envidiaba a la gente fuerte de carácter, de espíritu y, sobre todo, con esa confianza tan absoluta en sí misma que le permitían mover cielo y tierra.

Los participantes de la carrera iban saliendo uno a uno, mostrando cada uno una habilidad más extravagante que la anterior, siendo el culmen un marine que, ¿se había transformado en luz? - U-una logia… ¿E-esa es..? - musitó, el joven Fojobs, intentando recordar el libro con las distintas frutas del diablo. No estaba del todo seguro, pero una fruta de esas características sólo podía ser una. Nuevamente, más frutas zoan, e incluso del tipo paramecia hicieron acto de presencia, haciendo que el cazarrecompensas se entusiasmara por las distintas habilidades que cada una de ellas ofrecían. Las frutas del diablo eran como los puestos de trabajo, había miles de ellas, cada una diferente a la otra, pero lo más probable es que sólo una de entre esas miles casara perfectamente contigo.

Llegó el turno, entonces, de María Merlot, quién se transformó en una cebra, con un pelazo precioso, todo había que decirlo.- ¡O-otra fruta del tipo zoan! - exclamó, en referencia al participante anterior, que se había transformado en un águila. Su compañera de equipo agarró un arma con la boca, y comenzó a galopar a toda velocidad hacia la línea de meta.- ¡V-VAMOS MARÍA M-MERLOT! - animaba Kevin a la mestiza-caballa (o caballa al cuadrado), quién realizó una buena carrera y, al final, terminó saludando al público, nuevamente, con esa naturalidad encantadora que parecía definirla.

Lo que le sorprendió, sin embargo, fue cuando la mestiza, en vez de dirigirse hacia su cubículo, fue directo al del equipo 6.- ¿Q-qué está h-haciendo M-María..? - se cuestionó el hombre del traje cuando vio que, ¿le había dado un beso a un marine? - ¡¡Q-QUÉEEEEEEEEEEEE!! - gritó, con las manos echadas a la cabeza, mientras sus ojos se salieron de sus cuencas, al mismo tiempo que su mandíbula se desencajaba por completo. ¿Acaso él no era un marine y ella una pirata? ¿En qué situación estaría poniendo al hombre de luz si resulta que está teniendo un romance con una mujer con recompensa por su cabeza? A ella al menos no parecía importarle en lo más mínimo pues, nada más volver, lo único que apostó fue que seguro que sus animales favoritos eran las cebras. Runin respondió al momento, declarando que, aunque le gustaban más las arañas, a alguna que otra cebra no le haría ascos. Terminó por decirle lo increíble que había estado en la prueba.- ¡S-sí! ¡H-has estado g-genial! - alabó genuinamente la actuación de la mestiza de pelos rosados.- E-en cuanto al animal… L-lo siento, el h-hurón e-es mi p-perdición. - titubeó, señalando al pequeño Omi con su índice izquierdo.- ¡A-ah! Y ha cuidado m-muy bien tus pertenencias. - añadió, causando que el pequeño hurón, asintiera con su cabecita orgulloso.

Eventualmente, los resultados saldrían, haciendo que María Merlot quedara tercera y, el marine al que le había dado un beso, en primer lugar, haciendo que tanto su equipo como el equipo nueve quedaran ahora mismo en tablas.- P-parece que e-está bastante i-igualada la competición… - pensó el intento de empresario, volviéndose a atar - por el momento - su corbata alrededor de su cuello.

Entonces, la siguiente prueba sería mencionada, la Prueba del Bastión, un juego caracterizado por medir la resistencia física y durabilidad del jugador, todo mediante un sistema intrincado de diales y den den mushi, tal y como había podido observar en las pruebas anteriores. Kevin, al escuchar las palabras de El Dirigente, suspiró. Sus ojos temblorosos se dirigieron hacia cada una de sus compañeras.- C-creo que es m-mi turno… - siendo todo pruebas de capacidades físicas hasta el momento, Kevin sentía que la que mejor podría dársele era la de resistencia. Puso su mano izquierda - con su palma mirando hacia el cielo - frente a su cuello, momento en el que el hurón se desenroscó de su cuello, hasta saltar a su mano. Seguidamente, se agachó, hincando su rodilla izquierda en el suelo, hasta dejarlo en el suelo, comenzando a correr entre María, Runin y Mahou de forma intermitente. El mamífero parecía confiar ya en ellas lo suficiente como para no sentirse amedrentado.- C-cuidad bien de é-él mientras t-tanto, ¿v-vale? -

Y tras eso, se dirigió a paso lento, y con cierta indecisión, hacia el lugar de la prueba, observando como otros participantes aguantan y resistían el chorro de aire a presión con absoluta soberanía, siendo hasta el momento los jugadores imbatibles una tortuga, un humano marine y un coloso pirata que debía ser de la raza de los buccaneer o de los semigigantes por su tamaño.- ¿C-cómo me voy a enfrentar a e-estas b-bestias? - de ninguna de las maneras, Kevin se veía ganando aquella disputa.

Una vez colocado frente al armatoste, sólamente debía decir las palabras mágicas que indicó el maestro de ceremonias.- E-es sólo un juego… -  Inspiró y expiró unas cuantas veces desde que se ubicó en el lugar indicado.- ¡Tsuki-Tsuki! - exclamó, cuando se vio decidido, empezando a notar como una corriente de aire salía disparada hacia él, a una presión cada vez mayor.


Conforme el tiempo y los segundos pasaban, su cuerpo empezaba a flaquear, notando como estaba apunto de ceder ante el chorro a presión.- E-es sólo un juego… - Se volvió a repetir en su cabeza, intentando quitarle peso al mero hecho de realizar una mala puntuación. Parecía que todas las veces que había sido explotado, a hacer trabajos forzados e inhumanos, con tal de ganarse unos pocos berries al bolsillo, no había fraguado tanto su cuerpo físico cómo pensaba.- E-es sólo un juego… - seguía repitiéndose, una y otra vez, casi que dándose por vencido, tirando la toalla con la excusa perfecta para que su equipo no lo mirara con vergüenza. Entonces, justamente, de pensar en sus compañeras, en lo bien que lo habían estado tratando, y en lo mucho que se habían volcado junto él por el equipo… De sólo pensar en la calidez de tener el respaldo de alguien… Ahí fue que se dio cuenta de que no era un simple juego.

No era ya por el deseo. Kevin era ingenuo, pero no lo suficiente como para saber que no existía ninguna habilidad capaz de conceder cualquier deseo. Nadie podía traerle de vuelta a la vida a Gideon, su mayor anhelo, y su mayor dolor. No, la única llama que le movía ahora mismo, que le quemaba por dentro, era el corresponder a las expectativas de aquellas personas que habían decidido depositar sus esperanzas en Kevin. Aquellas que habían decidido confiar en él. Sus compañeras del equipo 9.

- WUOOOOOOOOOOOOOOOOOOH -

Gritó y alzó la voz, como nunca antes había hecho, sintiendo como de sus flaquezas, sus músculos y fuerzas resurgían momentáneamente, haciendo que su cuerpo, momentáneamente, ganara algo más de rigidez, permitiéndole aumentar la durabilidad de la prueba aunque fuera un par de segundos más. Aguantó todo lo que pudo hasta que, su cuerpo, no pudo más, haciendo que la fuerte corriente de aire le empujara hacia atrás, cayendo al suelo mientras daba una voltereta hacia atrás, quedando sentado sobre la superficie durante un par de segundos, jadeando y cansado.

Estaba tan ofuscado en hacerlo bien, que ni siquiera era consciente de cómo lo había hecho. Apoyó ambas manos en el suelo y se levantó, lentamente, hasta empezar a dirigirse hacia su cubículo, sin mediar palabra. Una vez allí, miró con cierta dificultad a sus tres compañeras.- E-espero haberlo h-hecho bien… Y d-disculpad por a-adelantado… - Aprovechó para lamentarse en caso de haberlo hecho mal, momento en el que el pequeño hurón, saltó hacia él, quedando en su hombro izquierdo y empezando a lamerle su mejilla. Kevin desvió su mirada entonces hacia el pequeño mamífero, riendo nasalmente. Esa calidez, no quería no que volviera a esfumarse de su interior.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4580 + 0 = 4580
Energia: 3831 + 46 = 3877
Espiritu: 778 + 0 = 778
#6
Atributos Personaje

- Y si, solo soy un mortal ¿y que? - Un torneo en las islas del cielo plagado de gente bendecida por el diablo era el lugar perfecto para mostrar poderes especiales ¿es o no es? observaba desde su cubículo todas y cada una de las acciones de cada uno, las analizaba, y las guardaba para si mismo. Sin quererlo, estaban obligados a dar mucha información gratis para alguien sin pudor como el. Nadie esta a salvo, sigan viendo. Barald igualmente los envidiaba porque todos podían mostrar al mundo cuales son sus poderes demoníacos especiales con los que intentaban domarse los unos a los otros, en cambio, un pobre hombre al que le su propia tripulación le sangraba los millones solo podía permanecer en silencio sabiendo que el tiempo le recompensaría porque al fin y al cabo, tener más caras que una moneda era una situación ventajosa, una que no pensaba mostrarle a nadie porque perdería todo su poder. Era un buen as, pero bajo la manga estaba mejor. Desde que los juegos habían empezado no había hablado con nadie de su equipo, tan solo se limitó a ver las pruebas, animar a su tripulación y poco más pero ¿ahi esta no? Había venido hasta aquí con una misión, ganar los juegos, fuese como fuese, aunque no tenía armas para jugar sucio ¿o si? quien sabe. Era curioso que sin darse cuenta y gracias a su característica física de tímpano prodigioso pudo escuchar a la perfección la melodía del violín de Miyori anteriormente, lo que provocó en el algo diferente, se sentía distinto, era extraño, pero no parecía que fuera una sensación mala, más bien al contrario. La prueba de Cefiro había terminado con unos buenos puntos para el team al que pertenecía y ahora, después de esperar el momento de representar a los más mortales de este juego, había llegado.


Un tintineo metálico podía escucharse a medida que daba un paso tras otro mientras abandonaba el cubículo 2. Centrado y directo a cumplir su papel de las mejores maneras, avanzaría dejando una estela de humo salir de su boca tirando el último cigarrillo que le quedaba poco antes de llegar hasta el inicio de la prueba. No era el primero, ni el último en hacerla. Se colocó a la distancia determinada del soplador y su mirada quedo fija, ajena a todo lo que hubiera a su alrededor, altamente concentrado. Así como si fuera a empalar el maldito soplador, lo miraba, desafiante y afilado. Sabía que jugar de esa posición, en un partido como este, no era su mejor carta. Hasta el momento, ni era fuerte, ni rápido ... ¿y resistente? no tanto como el creía, pero si creía que podría sacar unos buenos puntacos para hacer que el team siguiera en el partido. Flexionó las rodillas ligeramente así como cuando salta hacia adelante y suspiró, buscando relajar su cuerpo por un momento. Agacho su cabeza para mirar ahora al suelo y cogió una bocanada de aire, cuando terminó tensó todas las partes de su cuerpo, apretando bien el ojete para no cagarse encima por el tremendo esfuerzo que pensaba realizar y alzo la cabeza. - Tsuki-Tsuki -

La derrota era un destino que estaba dispuesto a aceptar, sabía que sus habilidades en el terreno de juego eran otras que siempre había priorizado su maestría de combate por encima de todo. - No tengo trucos sucios ... mierda ¿por que no los tengo? - Había pronunciado las palabras mágicas para activar el soplador y intentó poner todo el peso de su cuerpo en el suelo para no salir despedido hacia atrás; la corriente de aire lo empujaba más fuerte de lo que pensaba. Apretaba todos sus músculos para adherirse al suelo lo más que podía pero poco a poco sus fuerzas empezarían a agotarse, más pronto que tarde. Miraba el chorro de aire de frente, sin pestañear. - Mierda, ya sabia yo que este juego no era para mi. - Y así fue como el espadachín de Roshwann enfrentó la prueba del coloso en la que tras un gran esfuerzo por mantener los gluteos completamente tensos para no cagarse encima por el tremendo esfuerzo físico que estaba desempeñando; dio un paso para atrás para no caerse y ahi, el chorro de aire acabó. Tras aquello, se retiró de la zona de la prueba para dejar al siguiente probar suerte. 

Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]
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#7
La prueba del Céfiro había sido una cosa absurdamente rápida y difícil de percibir, si había podido apreciar algo de la misma era por la vista periférica y porque después de la primera competidora Kiba optó por ver todo lo largo del área de prueba en lugar de enfocarse en seguir los movimientos de los competidores desde el punto de salida hasta el de llegada, de lo contrario habría visto poco y nada de aquella competición. Se acercaba el turno del homre tiburón tigre y el señor Focalor le dedico un par de palabras -Me gustaría decir que muchas gracias por los ánimos Señor Focalor, pero me acabo de poner nervioso y creo que voy a imitar al señor Dólar, saldré corriendo en dirección contraria - comentó bromeando tras recibir el ánimo de parte de su compañero de cubículo antes de enfocarse en la pelinaranja.

-Haré cuanto pueda por divertirme señorita Miyori… Ahora que lo pienso, si pierdo iré a las gradas, así que por las dudas y si no les molesta, me gustaría intercambiar número de Den Den Muchi id con ustedes, me han caído muy bien y creo que sería maravilloso poder seguir en contacto con ustedes incluso si me pierdo entre la multitud de las gradas.- La inseguridad de Kiba nacía puramente de la absurdez que había visto en los competidores que lograron conseguir los primeros puestos en la última prueba, si la prueba del bastión era la mitad de intensa, entonces poco podría hacer para evitar quedar eliminado, así que cuanto menos deseaba poder mantener el contacto con esa gente que tan bien le estaba cayendo.

Kiba intento recuperar sus ánimos viendo algunos de sus oponentes en la prueba del bastión, pero era simplemente absurdo, una tortuga que a todas vistas debería haber salido volando con la más mínima briza se sostenía como si de un galeón encallado se tratase, seguido de un hombre de la marina que se quedó de siempre ante vientos de remolino como si fuera lo más normal del mundo, el gyojin había viajado con Sigurd durante un breve periodo de tiempo y no podía imaginar al titánico Buccaner teniendo un mal resultado incluso un oficina con un traje menos genial que el que llevaba Kiba participo con un resultado excelente, antes de llegar por fin a un competidor que parecía ser un humano normal o al menos que tenía el desempeño de lo que Mizuki consideraba una persona normal para los estándares internos de su mente.

-Por las profundidades… que sea lo que las mareas quieran.- musitó antes de tronarse el cuello y prepararse para ir a tomar también su prueba, mientras comenzaba a ir en dirección al área de prueba, decidió dar un pequeño espectáculo al público ya que tendrían que ver una performance un poco patética en la prueba misma. Kiba comenzó a correr en dirección al área designada y arrojó un shuriken frente a la misma dentro del límite de su alcance de máxima precisión para luego dar un salto de veinticinco (25) metros en el aire dando varias vueltas sobre su propio eje, lanzando patadas y coletazos cual artista marcial antes caer con ambos pies exactamente a ambos lados del Shuriken.

Atributos Personaje

 
Había llegado finalmente, el momento donde de que Kiba demostrara lo que valía en cuanto a capacidades para realizar estas dichosas pruebas de los juegos del soberano, realmente luego de ver la calidad de los competidores contra los que tendría que enfrentarse ya había perdido el ánimo, hubiera preferido luchar, pelear era más divertido pero también entendía que esto no era solo para él, era para el público, era para las masa y merecían un show lo más entretenido posible - Por las profundidades… que sea lo que las mareas quieran.- declaró antes de comenzar con su propio espectáculo para las masas, no sería tan hermoso como lo que ciertas doncellas habían realizado ni tan imponente como las demostraciones de poder de otros competidores, pero al menos serviría como una anécdota más en la memoria del público.
 
Se había puesto a lanzar shurikens y hacer piruetas en el aire, cosas que fortuitamente también le había servido para entrar en calor y posicionarse frente al equipamiento de la prueba, con paciencia practicada se limpió el traje antes de agacharse a recoger el shuriken usado como parte de su espectáculo, guardarlo y ponerse de pie frente el peculiar dispositivo creado por la gente de Shandora, las miradas de la gente en lugar de llenaron de determinación a Kiba, él también quería ser una inspiración para la gente, quería que le vieran como alguien o algo a lo que aspirar, incluso si su papel en aquel momento era el de un comerciante con algo de entrenamiento marcial, en lo profundo de sus ser seguía deseando egoístamente bañarse en la gloria del exito.
 
Se tomó una vez más un respiro para mirar al público y alzar las palmas abiertas de forma que saludase a todos cuanto pudiera -Espero que el espectáculo previo fuera del agrado de todos los espectadores de tan magnifico y encantador evento como aquel en el que nos encontramos, son un público maravilloso y gracias a ustedes ahora estoy listo para la prueba que se avecina. Ya estoy listo para realizar esta prueba, estoy listo para aguantar todo cuanto me sea posible e intentar avanzar a la siguiente ronda, gracias a todos los que me animan independientemente de que me conozcan o no. - declaró antes de girarse y ponerse en la posición apropiada para continuar con la prueba -¡TSUKITSUKI!- gritó antes de cerrar la boca y enfocar la fuerza que podía en su tronco inferior para resistir mientras mantenía inclinado el tronco superior para evitar perder el equilibrio.
 
Más pronto que tarde acabaría por dar un paso atrás, terminando con su intento en la prueba del Bastión, con un puntaje que no terminaba de dejar satisfecho al hombre tiburón tigre, este suspiró y se dirigió al cubículo número cuatro (4) de regreso hasta que se declarasen los resultados de esta ronda.

 
Jump the shark
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
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#8
 
Atributos Personaje


Las cosas más hermosas de la vida a veces no se pueden ver, solo sentirlas en el medio del pecho. Y aquella era exactamente la sensación que recorría el viejo cuerpo del burro mientras la Prueba del Céfiro llegaba a su fin.

Pese a no poder ver casi nada de la frenética carrera, los vítores del pueblo alado y la vibrante energía del ambiente le formaron un nudo en la garganta que lo obligó a sonreír de oreja a oreja. El burro estaba contento, y como si fuera un niño pequeño, daba pequeños saltos en su sitio, riéndose al son del alboroto general. Podría incluso asegurar que se sentía más ágil y preparado; todas las dudas que le habían acogido minutos atrás, pasaron al olvido.

- ¿Por que están gritando, que paso? - Pregunto Zhang luego de que la mujer de cabellos rosados se robara el espectáculo, incluso la luz, parecía opacarse con su brillo de su presencia. El burro lamento por un momento, no poder observarlo, pero se alegraba de sentirlo.

Su compañero de equipo había logrado una buena marca, y ahora Zhang sentia la presión sobre sus propios hombros. Aunque le había dicho a Mahou que aquello era solo para divertirse, era inevitable para el burro no emocionarse; al fin y al cabo, todo ser vivo lleva una chispa competitiva por dentro.

—¡AHHHJHHH! Hmmmm... —gritó Zhang, aunque no muy fuerte, soltando una risa ronca—. ¿Qué formas tiene la vida para sorprendernos, eh? —le comentó a su equipo en el cubículo. Ante aquel viaje al cielo, se esperaba cualquier cosa menos terminar participando en un torneo como este.

El Dirigente habló de nuevo con su increíble locución, y las orejas de Zhang se movieron de un lado al otro, atentas. El escenario cambió en un abrir y cerrar de ojo, haciendo aparecer todo lo necesario para la competencia. La Prueba del Bastión iba a dar comienzo: aguantar la presión del viento.

—Resistir... —susurró el Mink mirando a sus compañeros—. Los burros y los viejos sabemos muy bien cómo hacer eso.—

Para Zhang, era como si la vida le hablase en su propio idioma.
La vida es la suma de cosas buenas y malas; adaptarse, transformarse y continuar.
A sus cincuenta y cinco años se había caído tantas veces que aquella prueba parecía predestinada para él:

"Carpe Diem.

Ayer es hoy,
Mañana es hoy,
Todos los tiempos se precipitan hacia el ahora,
Voy dando la vuelta por un laberinto en el que siempre termino frente al mismo espejo,
Pasado, presente y futuro no son más que metáforas maleables de una misma curva."

Zhang alzó los brazos en un intento vago por tocar el cielo, observando cómo los primeros participantes se mostraban imponentes ante los vientos de la vida.

Caer y levantarse. Intentarlo todos los días. Eso era la verdadera resistencia. Zhang Guolao, el Ermitaño del Mar, comenzó a caminar a paso lento hacia el centro de la arena. No le gustaba llamar la atención, pero a su edad ya no sufría de las vergüenzas propias de la juventud.

Llegó entonces a su pedestal. Tras esperar unos segundos, el ensordecedor ruido de las gradas cesó por un instante, reemplazado por un chillido familiar a lo lejos que enterneció su corazón de inmediato. Pese a todo y a todos, Silencio le estaba apoyando. No estaba solo, y eso ya era una victoria.

—Soy Zhang Guolao. Gracias por invitarme a su torneo y encantado de conocer a tantos ángeles. —dijo con firmeza. Y aunque el bullicio ahogaba sus palabras, se tomó unos segundos para hacer una profunda reverencia: primero al anfitrión, y luego hacia cada lado de las tribunas, en señal de respeto. Para Zhang, todos allí merecían la misma cortesía.

Finalmente, se plantó ante aquel extraño aparato que mediría la firmeza de su cuerpo. ¿Podía una máquina realmente medirlo? Los conceptos de resistencia eran diferentes para cada alma.

Una vez en posición, se tomó un tiempo para reflexionar, respirar y concentrarse. Exhaló un poco de aire frío que cristalizó el viento a su alrededor, y golpeó el suelo con su pezuña. —Hmmmmm. — Unió sus manos frente a su pecho, cerró su único ojo bueno, y murmuró con total serenidad:

—¡Tsuki-Tsuki!

El viento comenzó a rugir con violencia. Su pelaje oscuro comenzó a sacudirse al son de la tempestad. Zhang sonrió, asombrado por la potencia del artefacto. Sus viejas pezuñas se aferraron, aguantando la furia invisible durante varios segundos, pero la presión era brutal.

Su cuerpo, empujado hasta el límite, comenzó a ceder. Pero en lugar de dar un torpe paso hacia atrás, copo a copo, su figura fue perdiendo solidez. Su cuerpo se disipó en la nieve, cediendo ante el poder del viento.

Finalmente, el viejo burro se dejó llevar por la tormenta, y su cuerpo desapareció en una nube de nieve que fue arrastrada hacia atrás, marcando así el final en la máquina. Pasaron un par de segundos hasta que la ventisca cesó y Zhang retomó su forma física unos metros más atrás. Zhang formó vagamente unas alas blancas en su espalda, en un silencioso homenaje a la raza de su capitana y al pueblo que los acogía.

No dijo nada más. Caminó lentamente de regreso a su cubículo. Solo entonces logró darse cuenta de que aquella sonrisa aún seguía dibujada en su viejo rostro. Estaba contento, sintiendo que todo ese caótico viaje hacia el cielo había valido la pena.

Ganar, al fin y al cabo, era solo una añadidura.

La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
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Energia: 3100 - 31 = 3069
Espiritu: 955 + 0 = 955
#9
Atributos Personaje



Kibai escuchó pausadamente las instrucciones del Dirigente. Mientras les era explicado como la prueba consisitiría en resistir el chorro a presión de aire hasta tener que retroceder, el mink se frotó la cara observando a Kiyoshi de reojo.

— Te dejo la última prueba a ti compañero, aunque no estoy seguro de llegar a volver.

Varios de los otros competidores se adelantaron antes que él, y el mink se mantuvo paciente. Su estategia llevaba tiempo forjándose, como una araña que teje lentamente su tela. Pero él era un depredador, y todo depredador sabe que atacar a una presa demasiado fuerte sin preparación no era sino un desperdicio de energía.

— Además, esto es una competición en la que vamos contra piratas sin ningún tipo de sentido del honor, al menos en parte — pensó para si Kibai. — Desde luego, no es el lugar para jugar limpio, aunque me aseguraré de no incumplir las reglas.

Uno de los competidores humanos, Barald, se adelantó hacia el lugar definido, sin ser consciente de dónde se estaba metiendo. El mink estudió atentamente a su rival mientras se disponía a someterse a la ordalía de la Prueba del Bastión. Incluso antes de iniciarla, Kibai se dio cuenta de que era su primera víctima. A diferencia de Juan Sebastián, Kael o el propio Sigurd Haarkon, calculaba que sus fuerzas estarían bastante parejas a juzgar por su físico (aunque el marine de pelo azabache lo había sorprendido muy gratamente en ese sentido). Además, era un pirata, así que no pasaría nada por ponerle las cosas un poco más difíciles.

Mientras el humano se colocaba ante el Dial y este comenzaba a soplar, el mink chasqueó los dedos, haciendo que uno de los enjambres que se habían mantenido ocultos bajo la arena se encaramasen por la pierna derecha del joven humano, clavando sus aguijones en su carne y enviando una oleada de veneno abrasador a través de su sistema nervioso, lo cual sin duda, como había pasado en otras ocasiones, tendría un efecto debilitador sobre su objetivo.

Cuando por fin fue su turno, el mink respiró hondo, colocándose enfrente del dial y cruzando los brazos por delante de su cuerpo, anclándose al suelo lo mejor que pudo antes de que el chorro de aire lo golpease de frente. Cerrando los ojos, Kibai bajó la cabeza, tratando de hacerse lo más aerodinámico posible para que el aire pasase a su alrededor en lugar de ofrecer un blanco directo. Alrededor de sus orejas el viento silbaba con un tono cada vez más agudo, y su capa revoloteaba detrás de él con tanta fuerza que pareciese que estuviera viva.

Cuando por fin no pudo resisitir más el fuerte embate del viento, Kibai cedió un paso hacia atrás, antes de moverse a su izquierda para apartarse del chorro de viento del Dial. Con la mano izquierda crispada en un gesto de frustración, levantó la derecha para saludar al público con una expresión sombría, a sabiendas de que su actuación no había sido de ninguna manera brillante, antes de volver a su cubículo.

— Esperemos que sea suficiente chicos, porque no estoy para nada seguro de que esto vaya a salir demasiado bien para mi. — dijo a Kiyoshi y Bai antes de girarse de nuevo hacia El Dirigente, aguadando en tensión a que este anunciase todos los resultados.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
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Energia: 3460 - 100 = 3360
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#10
Atributos Personaje

Las cosas seguían sucediendo; la siguiente prueba era la de velocidad. Dharma la observó sin demasiado afán, pero sí atento, pues, aun en su calma, deseaba que su bando lograra ganar o al menos conseguir buenos puntajes. El tiempo avanzaba; veía cómo se presentó cada uno, incluso quien fuese su compañero en ese momento y ya un viejo conocido. Enji logró hacer un buen puntaje, pero sí que el resto de los competidores demostraba una rapidez increíble en las islas del paraíso. Eso suponía que la zona estaba llena de gente poderosa, capaz de hacer todo tipo de proezas.

De un momento a otro, una tonada comenzó a sonar, muy cercana a la sección donde el espadachín se encontraba con su grupo. | ¡Qué sonido tan extraño... pero no me desagrada... | expresó el pelinegro, mientras su vista iba hacia donde estaba Miyori, esto lo mencionaba para si mismo, solia hacer ese tipo de exclamaciones, para hablar consigo mismo. Aquella melodía provenía de al lado, y era Miyori, la pelinaranja, quien comenzaba a interpretar dicha pieza musical. Se escuchaba agradable y graciosa de alguna forma; le recordaba también a su infancia. No solo eran las notas o el violín con lo que entonaba dicho arte, sino que la manera en que lo hacía tenía un efecto positivo en el pirata.| Hmm... bro... no está nada mal | dijo mientras escuchaba, cómo de un momento a otro se perdió un poco en aquel instante sin tanto significado. Había intercambios de palabras, diferentes seres saludándose entre sí, incluso en su propio cubículo trataban de animarlo de alguna manera. Al menos eso pudo entender del gigantesco ser llamado Ubbe; sí que era gigante, pero no entendía del todo sus palabras. Algo más que estudiar, para el pirata de profesión erudito,  pues no le agradaba no saber, pero le agradaba saber que el conocimiento era tan extenso como el mismo universo.

El presentador de los juegos daba por finalizada la prueba de velocidad, llamada Céfiro, y ahora procedería a mencionar el siguiente reto: la del bastión. | Esta es mía... que decida el universo... | Con una actitud muy confiada como siempre, el guerrero, con sus armas envainadas a los costados de su torso como de costumbre, mantuvo el paso firme hasta llegar a la zona donde debía presentarse. Si bien ya otros lo hicieron y mostraban gran fortaleza para soportar la ventisca, Dharma también tenía que hacer lo propio. Ya pasaran en total ocho participantes. | Creo que soy el último... quién sabe... | Dio un pequeño suspiro y se posicionó esta vez en la plataforma, recordando a la vez la palabra clave para dar inicio al acto de competencia.

Ya estando frente al soplador, se cruzó de brazos tensando un poco sus músculos, sintiendo un poco más de ánimo, por decirlo así, tras la intervención de Miyori. | ¡Tsuki-Tsuki... | En ese momento Dharma ya se colocó frente al dial de viento y este no se hizo esperar. Al instante el aire comenzó a soltar una tormentosa ráfaga. El pelinegro resistió lo más que pudo, pero a diferencia de otros que pasaron al inicio, esta no era su mejor cualidad. Mantenerse quieto no era parte de lo suyo; sin embargo, lo intentaba. Su rostro era serio y concentrado, sus cabellos se revolotearon hasta que, después de unos segundos o al menos así lo sintio Dharma, pues el tiempo que resistio ahi era demasiado relativo, para el fue algo largo, pero quiza para los demás no lo era tanto, ya seria cuestión de saber su puntaje minutos más adelante, el viento logró moverlo de la plataforma, aguantando un poco más que otros o al menos así lo sintió. | Bueno... al menos no salí volando | musitó hacia nadie en concreto, ajusto sus cabellos moviendo levemente su rostro, mientras regresaba a su lugar con sus aliados, estirando un poco los músculos de su espalda.
|Bro... mientras no tenga que irme a las gradas... | Dijo al llegar al cubículo, colocándose en una posición que le dejase ver bien hacia la zona donde el presentador solía estar.  

OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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