[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos

Camino cabizbajo y desanimado hacia mi cubículo, junto al resto del equipo, derrotado. Tanto por la idea de no haber quedado primero como por haber sido superado por un humano vulgar con pintas de don nadie estirado, con cara de no haber roto un plato en su vida. La sensación es amarga y se reproduce en mi cabeza como una maldición ofensiva hacia mis ancestros, hacia mi cultura. Un Buccaneer que pierde una prueba de resistencia... Patético.

Son las palabras de Ubbe las que me devuelven a la realidad de un plumazo durante mi regreso. Su risa torpe, rematada con una burla ácida. Qué hijo de puta. Ni siquiera viéndome con el ánimo por los suelos pierde la oportunidad de demostrar ese barbarismo que nos caracteriza, que hace único al Ragnarok. Supongo que se lo he enseñado yo; no me quejo ni me arrepiento. Si fuera al revés, habría hecho lo mismo, sin duda. Es nuestra forma de decirnos: "Has perdido, sí. Pero sigues vivo y volveremos más fuertes y fieros". Esa es la virtud de la tribu más fuerte del mundo, que siempre se levanta. Le devuelvo una sonrisa medio ladeada, tan amplia como mi malestar me permite. Me encojo de hombros, con los codos flexionados y las palmas de las manos abiertas apuntando al cielo. Tiene razón, no he aguantado nada. Y capaz no es el mejor momento para decirle que su madre sí que no me aguanta nada a grito pelado, en mitad del escenario, con todo el mundo mirando... Qué cojones... ¿Desde cuándo me importa lo que piense el resto? -¡¡TÚ PRIMA SÍ QUE NO ME AGUANTA UN ASALTO, CABEZAPOLLA!! ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- Le saco el dedo del medio sin pararme en mi objetivo. Sigo con ánimos flojos, pero no puedo renunciar a mí mismo. No delante de él, después de la charla que le di. Sigo siendo su capitán y no quiero que vea debilidad en mí.

Hablando de miradas ajenas... Por unos segundos siento un ligero escalofrío que me recorre todo el espinazo. Me siento como una pequeña mosca, que en la tranquilidad de su vuelo pisa accidentalmente una red viscosa y ya no puede despegar. ¿De dónde viene esa sensación? ¿Dónde está la araña? Volteo en busca del responsable y me fijo en que hay una mirada más intensa que las demás, tan profunda que parece atravesarme como una espada. Es un tipo rubio, marine también, varios cubículos más allá. Parece absorto en sus pensamientos, pero despierta en mí un sentimiento profundo de alerta. Pero yo no soy presa de nadie. El rostro se me ensombrece mientras frunzo el ceño y los dientes rechinan entre sí en una mueca furtiva. No me dejo intimidar por su presencia y sigo avanzando hasta que, al fin, alcanzo a mi grupo. La mosca vuelve a volar.
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Expulso un aura desagradable y poco amistosa, y todos lo pueden ver. Se hace muy evidente que no me ha sentado para nada bien la puntuación que he proporcionado al equipo. El que más lo respeta es Shin, que me caza al vuelo y parece entender mejor que ninguno la batalla interna y el malestar que padezco en estos momentos. Busca darme mi espacio, y es lo más sensato. Le agradeceré después como merece. Ahora me dedico a recoger cada uno de mis mazos de guerra para dejarlos sostenidos sobre mi cinturón. Ryota, más crudo y voraz que ninguno, es apático con la situación y sostiene la idea de que un tercer lugar no es malo en absoluto. La verdad sea dicha, razón no le falta. El podio en esta prueba nos coloca en una posición ventajosa sobre los demás competidores. Aun así, mi conflicto va más allá de un puesto u otro, y eso es algo que los demás no entienden, pues no dejan de ser humanos diminutos.

Mientras Akira y el macarra se dedican a mufar al resto, cosa que es de agradecer y bastante entretenida de ver, yo me ausento y me coloco tras ellos, sentándome de nuevo y cruzando los brazos. Mejor relajarse y valorar lo positivo que hacer mala sangre y quedarme con cara de perro durante lo que resta de competición. Busco a aquel que me ganó. Pertenece al grupo tres. -Oye, Shin, ven un segundo.- le pido mientras palpo mi hombro derecho con la mano izquierda. Cuando tengo la atención del soldado, le pregunto sin tapujos. -¿Quién es el tipo que me ha ganado? ¿Lo conoces?- Kael. De apellido impronunciable. Un soldado raso, pero con un gran intelecto y una estrategia de batalla particular. Un tanque de guerra. Un baluarte de la justicia. Un escudo. Y, por lo visto, una gran amistad del tipo más rápido y temible que he visto jamás. No parece ser casualidad. -Interesante...- se me esboza una pequeña sonrisa traviesa, que se acentúa con las marcadas comillas que me nacen al final de esta. Capaz y he medido fuerzas con el tipo más duro de aquí. Y la simple idea de enfrentar mi descomunal tenacidad con Yggdrasil contra su monstruosa resistencia me hace sentir cositas mágicas.
Falta otro. Aquel de mirada intensa y presencia temible. -¿Sabes quién es?- señalo con el pulgar de forma descarada -Sí, el del grupo uno.- A este lo conoce menos, pero parece respetarlo incluso más. Stroud Nanashi, también comandante de la Marina. Al pronunciar su nombre, algo se enciende en lo más profundo de mi memoria, un recuerdo de esos que queda en letargo perpetuo, pero que te rasca el cerebro hasta querer salir. -Nanashi...- me rasco la sien con el dedo índice y el anular, como si eso fuera a extraerlo de mi cabeza. -Me suena ese apellido...- Sí... Recuerdo que mi padre le tenía terror a ese apellido. No sé a razón de qué, pero menudo cobarde era, indigno de su raza. Pero me da lo mismo. Si el que fuera Nanashi ha tenido bastardos, yo mismo me encargaré de mandarlos a las profundidades, como hice con el que me engendró y les tuvo pánico.
 -Listo, Shin. Muchas gracias.- agradezco con honestidad. Buen tipo. Una vez más, si no fuera tan tonto como para vestir de azul y blanco, le ofrecería navegar a mi lado. -¡Oh!, y se me olvidaba...- hago una pequeña pausa. Cojo aire y, aunque es raro de ver en mí, hay que valorar las cosas. No todos los días te encuentras a un guerrero tan egocéntrico y respetuoso. -Gracias por cuidar mis armas y por darme mi espacio antes... Lo necesitaba.- le sonrío con gratitud y genuina complicidad. Aunque lentamente se va deshaciendo para convertirse en una mueca burlona y provocativa. -Lástima que en un futuro tenga que matarte con esas mismas armas. ¡¡Jarul Jul Jul Jul...!!- me río. Y, en lo más profundo de mí, siento esa felicidad que tan pocos me han servido. La felicidad de saber que tarde o temprano me espera un combate memorable.

Es el turno de Akira para participar en la siguiente prueba. La última de todas, de precisión pura. No queda más que animarle y desearle la mejor de las suertes, pues estamos a un paso de la gloria absoluta y de vencer como equipo. -¡¡DALE CON TODO, AKIRA. SIN PRESIÓN!!- le apoyo con todo mi ser, con un grito al cielo. -¡¡AUNQUE SI FALLAS EL DISPARO, TE PIENSO CONVERTIR EN LA CENA DE MAÑANA!! ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL!!!- me doy unos fuertes golpes en el pecho tras la estruendosa carcajada.
Y cómo no me voy a sentir mejor ahora. No solo vamos a ganar, sino que, incluso en la derrota, este evento ha abierto las puertas a algo mucho más prometedor. La violencia. Por fin, Ubbe y yo navegamos bajo el peligro de una nueva generación de marines con un potencial tan infinito como el nuestro. Solo así, con rivales a la altura, el Ragnarok podrá hacerse un nombre en este vasto mundo. Devorando la justicia entre fuego, puño y metal. Que se preparen, porque los cazadores van a ser cazados, presas de su propio juego. El Ragnarok está más vivo que nunca.

En efecto, cajita feliz
El "Dirigente" no tardó en soltar los resultados de la prueba de resistencia con su habitual numerito chillón desde la nube. Cuando gritó que Juan Sebastián, el gyojin-tortuga de la 80, había reventado la máquina con seis mil y pico skybares superando al mismísimo Emperador, las gradas casi se caen a pedazos del estruendo. A Moja, sin embargo, lo que le interesaba era la cifra de Kael.

“¡Kael consigue una increíble marca de dos mil ochocientos skybares! ¡Superando al nivel Custodio por bastante!”

Segundo puesto de la prueba.

Moja no dijo una sola palabra, pero la satisfacción se le notaba en la forma en que el pelaje negro de los hombros se le relajó ligeramente. Kael, siendo un mero Soldado Raso, le había pasado la mano por la cara a piratas gigantes con recompensas de cientos de millones, a oficiales con capas elegantes y a tipos con caras de pocos amigos. El mink pantera se giró apenas un par de centímetros hacia su compañero de cubículo y, sin deshacer los brazos cruzados ni mover el rostro de la pista, le dedicó un asentimiento de cabeza firme, seco, de soldado a soldado. Un reconocimiento tácito de que había cumplido con la orden y dejado el pabellón de la Marina en lo más alto.

Las cuentas cuadraban un poco mejor ahora. Con el hito de Kael, el Equipo Tres subía posiciones hasta el quinto lugar en el recuento general, empatando con ciento quince puntos. No era el liderato, pero para haber empezado con una descalificación por culpa de la loca de la Maki, estaban salvando los muebles con bastante dignidad.

Sin dar un respiro, el presentador lanzó la última prueba de esta primera fase: la **Prueba de la Certeza**.

Un Den Den Mushi verde, gordo y asqueroso montado sobre un tocón que, tras un eructo, liberaba moscas para que los participantes les dispararan desde distintas líneas de tiza pintadas en la arena. Precisión pura a distancia. En el Equipo Tres le tocaba cerrar el turno a Masami.

Moja observó al muchacho de la 80 avanzar hacia la línea. Masami iba temblando un poco, suspirando por los rincones y reconociendo abiertamente que no era el más diestro con un revólver, pero al menos no intentó huir ni montó un circo descarado esta vez. Se colocó a una distancia prudente, respiró hondo, sacó el revólver y, tras aguantar el pulso un segundo que se hizo eterno, apretó el gatillo. La bala le dio de lleno a la mosca.

Moja asintió para sus adentros, de forma imperceptible. No había sido una marca desde doscientos metros como los tiradores profesionales, pero el chaval había hecho su trabajo sin avergonzar el uniforme.

Sin embargo, a mitad de la prueba, ocurrió algo rarísimo.

Cuando le tocó salir al tipo del sombrero y la gabardina, un tal Varo Ganchín del Equipo Ocho, el sujeto saltó a la pista y se plantó a unos metros frente a los cubículos centrales. El pavo llevaba una cara de susto tremenda y no dejaba de mirar de reojo a los marines, pero de pronto, el aire de la arena cambió. No hubo ruidos, ni destellos de frutas del diablo, ni explosiones de humo, pero un escalofrío helado y desagradable le recorrió a Moja la columna vertebral desde la cola hasta la nuca.

El mink sintió una pesadez repentina en las articulaciones. Las piernas, que hasta hacía un momento estaban ligeras y en tensión por la adrenalina, le pesaron de golpe como si llevara grilletes de hierro en los tobillos. Le dio un mareo tonto, una sensación de debilidad extraña y ajena, como si el sol de Skypiea le hubiera pegado un golpe de calor en la cabeza de improviso o como si llevara tres días sin comer. Moja parpadeó con fuerza, hincando las garras en la madera de la baranda del cubículo para no perder el equilibrio.

Las orejas felinas se le pegaron a la cabeza por puro instinto de alerta. Sus pupilas amarillas se redujeron a dos rendijas mientras escudriñaba al tipo del sombrero. Sabía distinguir perfectamente entre el cansancio físico real y un ataque disimulado.

-Maldita sea...- masculló entre dientes, soltando un bufo caliente por la nariz.

El pirata de la gabardina estaba haciendo alguna trampa o usando alguna habilidad rastrera para debilitar a los demás desde la distancia mientras se preparaba para disparar. A Moja le quemó la rabia por dentro; odiaba los trucos sucios. Apretó los puños contra la madera, obligando a sus músculos a reaccionar contra esa flojera artificial a base de pura disciplina militar. Clavó la mirada en la pista, aguantando el malestar en silencio mientras veía cómo los últimos participantes, incluida la chica Nyra de la 75 que tuvo que pelearse con el seguro de la pistola antes de dar en el blanco, terminaban de cerrar la prueba. La primera ronda de los juegos estaba a punto de concluir, y Moja solo esperaba el recuento final para ver dónde quedaba parada la Marina tras este atracón de polvo, trucos de piratas y moscas celestiales.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3698 + 0 = 3698
Energia: 3682 + 44 = 3726
Espiritu: 742 + 0 = 742
La sonrisa del joven Kiyoshi resultó un bálsamo efímero para la losa que, de pronto, había aparecido sobre sus hombros. No porque le recordase a su viejo amigo, sino porque, por un instante, en la sutil curvatura de sus labios, se encendió una luz tan serena que fue capaz de adormecer sus fantasmas y suspender el peso del pasado.

A lo que, como un reflejo involuntario, la serenidad de su rostro también se quebró hasta formar una tímida sonrisa.

—Todo va a estar bien —murmuró para luego proceder a recorrer con la mirada la procesión del resto de los aspirantes y ofrecer a Zhang un mudo cabeceo a su regreso.

Sin embargo, esto no sucedería así. Pues, tras aguardar en silencio a que la liturgia del dirigente siguiera su curso tal y como dictaba el rito tras la prueba, resultó que Kibai no solo no había logrado clasificarse, sino que además había terminado abocado al mismo destierro sin aparente retorno que Yuuki.

—Kibai, Kibai —susurró, apresurando el paso tras él antes de que desapareciera.

—Bai... —Presionó la palma contra su propio pecho indicándole que quería decirle algo sobre ella—. Sabe —prosiguió, llevando los dedos a su sien—. Kibai es fuerte —sentenció, alzando el brazo y tensando el bíceps—. ¿Kibai enseña a Bai? —inquirió, rozando con la mirada el acero frío de sus respectivas espadas, ofreciéndole la posibilidad de un posible encuentro donde medirse ambos espadachines.

Tras ofrecerle sus respetos, se alejó del mink para reencontrarse con el tirador, permitiendo que el marine se marchara a solas con su derrota. Sin embargo, escasos minutos después, una figura de cabello rojizo se abrió paso hasta ellos trayendo consigo palabras de aliento para el marine y, lo que Bai creyó, que era un saludo familiar para el pirata.

Pero, siendo que Bai era ajena a esa camaradería por no conocer más que al guepardo, prefirió no intervenir por si molestaban. Además, recién ahora, tras más de media jornada sumida en la apatía, el espectáculo que se libraba en la arena comenzaba, por fin, a despertar su interés. De esta forma, aprovechando que no confraternizaban con ella, desvió la mirada hacia el cubículo donde aguardaba Mahou, alzando una mano en un gesto para enviarle su apoyo a través de la distancia.

—Increíble —murmuró estando sola en medio del cubículo, contemplando el regreso del joven pirata y la marcha silenciosa de aquel que, apenas unos instantes atrás, había estado con ellos—. Dudo que nadie pueda superarlo...

A la espalda de Kiyoshi, Bertram se estaba posicionando para disparar.

En ese momento, Bai alzó el pulgar con una sonrisa sobria ante el talento innato que acababa de presenciar. Después, se hizo a un lado para que su compañero se colocase donde quisiera y continuó observando los juegos hasta que una náusea repentina, ágil y extrañamente tibia, le dio un vuelco en la boca del estómago. ¿Habría sido la fruta que compró Mahou? Su mirada descendió hacia Kiyoshi antes de tomar un par de metros de distancia. Sin embargo, esto no fue una falta de cortesía; para el ojo entrenado de un sanador, esa tela encajada sobre el rostro era una forma bastante simple de informar a los demás sobre su disgusto por los gérmenes y fluidos ajenos.

—Ugh... —Murmuró al tiempo que le seguía una punzada de malestar y un latido febril que comenzó a martillearle las sienes.

En ese momento, colocó su mano sobre su vientre y trató de respirar tranquilamente mientras su cabeza empezaba a darle vueltas descontrolada. ¿Estaría enferma? Aquello era imposible, Bai no se enfermaba. Así que, tratando de autochequearse, aisló las señales en su mente, intentando desesperadamente armar un diagnóstico sensato.

En ese momento, igual que un niño al buscar la protección de su madre, Bai giró hacia todos lados en busca de sus nakamas.

—Espera... —murmuró, congelándose con la mano aún pegada a su abdomen al descubrir que no era la única que aparentemente estaba enferma —¿Qué está pasando?

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5207 + 0 = 5207
Energia: 4208 - 414 = 3794
Espiritu: 1165 + 0 = 1165
El retorno al cubículo del equipo 9 había sido como volver a casa después de una jornada laboral de lluvia… Como comer un tazón de fideos instantáneos, a la vera de una chimenea, resguardado del frío del invierno… Era como… Sí, se sentía como estar en casa, en un hogar. Un hogar que podía ser falso - debido a las circunstancias que habían unido a aquellas cuatro personas - pero, cuya calidez, se sentían como verdaderas.

Los ánimos que habían volcado cada una de las chicas hacia el hombre trajeado, le habían brindado de un coraje que no se podía medir ni por el poder de su fruta del diablo pues, al contrario que ocurría con muchas akuma no mi, la Kobu Kobu era una de esas frutas que no servían ni tenía ninguna utilidad en el propio usuario. Esos ánimos, no cesaron incluso cuando volvió junto a su equipo, siendo la primera en recibirle Runin, que empezó a increparle a Kevin que no se disculpara y que se sintiera orgulloso con su resultado. El pluriempleado, cerró en una primera instancia su boca, apretando sus labios con fuerza, mientras sus pupilas temblaban del nerviosismo.- ¡S-sí, señorita Kitay! ¡Gra-gracias por sus palabras! - exclamó, inclinándose hacia delante en señal de agradecimiento, mientras ésta indicaba como Omi no dejó de animarle en ningún momento, pasando a mirar en ese momento al pequeño y anciano hurón.- S-señorito Omi… - musitó, mirando con ternura al animal, sin decir nada más pues, entre ellos dos, las palabras sobraban. Habían vivido tantas experiencias juntas, que eran capaces de entenderse con sólo la mirada.

Seguidamente, tras las palabras de Runin, sería María la que se uniría a alentar el ánimo del proyecto de empresario. Con esa simpatía natural que tanto la caracterizaba, comenzó a alabar su actuación, quedándose impresionada por el grito y, además aclarando que lo importante era vivir el camino, no el resultado, haciendo que se pusiera como un manojo de nervios cuando la mestiza aprisiono su cara con sus dos manos, haciendo que Kevin se convirtiera en un sandwich de oficinista.- ¡S-señorita M-merlot! ¿Q-qué está haciendo? - preguntó titubeando cuando, de repente, recordó lo que le dijo antes de que fuera a presentarse a la prueba.- ¿U-un beso? ¿M-me va a dar un b-beso? - Su cara comenzó a enrojecerse, mientras iba expulsando humo tanto por la nariz como por la oreja, debido a la vergüenza que aquello suponía para alguien que no había sentido nunca un cariño y amor de esa forma - sin haber bebido alcohol, lo que pasa en la noche flamenca… Se queda en la noche flamenca -. Efectivamente, María Merlot habló sobre que nunca faltaba una promesa, yendo a acercar sus labios a la cara de Kevin… Pero afortunadamente para Kevin, el pequeño Omi - que estaba atento a lo que estaba sucediendo - estando aún posado en su hombro, corrió para socorrer a su buen amigo, viendo el pudor que estaba sufriendo, interponiéndose entre el beso de María Merlot y el oficinista, resultando en que la mestiza, finalmente, terminó por besar la cara del blanco mamífero.- G-gracias señorito Omi… - agradeció mentalmente al hurón, quién lamió con ternura la mejilla de la bella mestiza.- M-muchas gracias señorita M-merlot, ¡a-atesoraré en m-mi corazón sus palabras d-durante t-toda mi vida! - agradeció nuevamente las palabras de María, haciendo una reverencia también hacia ella.

Eventualmente, los resultados de la prueba del Bastión serían reveladas, resultando en que el oficinista alcanzaría un más que aceptable cuarto puesto.- ¿C-cuarto puesto? ¡E-es la primera vez que logró algo m-medianamente en mi v-vida! ¡V-viva! - celebró de manera genuinamente, sin ser del todo consciente en la crudeza y dureza de sus palabras.

Y seguidamente, la última prueba del evento daría comienzo, siendo la última que quedaría por participar la humink Mahou Chikao, al ser la única que aún no había tomado parte en ninguna prueba.- ¡M-mucho ánimo, señorita Chikao! - exclamó, pasando a mirar entonces a sus otras dos compañeras, Runin y María.- S-señoritas, ¡t-tenemos que seguir a-animando! ¡Q-qué no decaiga n-nuestro apoyo! - Les invitó a que su arrojo por el compañerismo no decayera, mientras Kevin agarraba con firmeza su corbata con su diestra y comenzaba a zarandearla hacia los lados.- ¡Á-ÁNIMO Á-ÁNIMO S-SEÑORITA CHIKAO! - animaba una veza.- ¡V-VAMOS V-VAMOS S-SEÑORITA CHIKAO! - siguió, una segunda vez, repitiendo esas palabras de aliento en bucle, mientras su cabeza divagaba sobre un hecho, un factor que llevaba carcomiéndolo por dentro desde que había empezado a cogerle aprecio a sus compañeras. ¿Estaba bien brindarles su compañía? ¿Debía cumplir con su promesa de comer con ellas ese tazón de tofu? ¿Habría tofu en el cielo, para empezar? ¿Qué pasaría una vez que salieran de allí y si en un futuro, Kevin tuviera que cumplir su labor como cazarrecompensas? ¿Pondría sus vidas por delante de poder llegar a fin de mes? ¿Podría permitirse perder de nuevo a alguien a quién tenía aprecio y estima? Estaba claro que aquellas piratas… No eran malas personas. Al contrario, rebosaban una simpatía, amor y bondad genuina.- Q-quizás l-lo mejor… S-sea desaparecer u-una vez t-terminen los juegos… - le daba vueltas el pluriempleado, mientras por pura inercia, sus ánimos no decaían. Estaba tan ofuscado en sus pensamientos que no fue capaz de percibir nada de la prueba que se le presentaba. Por alguna razón, encima, se empezaba a notar malo, como si estuviera incubando una fiebre. Quizás y sólo quizás, era por las dudas que afligían tanto su mente como su corazón.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4580 + 0 = 4580
Energia: 3831 + 28 = 3859
Espiritu: 778 + 0 = 778
Acabo la tercera prueba y la voz del "Dirigente" llamo mi atención, el cual justo nos informaba que la primera fase de los juegos estaba apunto de finalizar. "Bueno... parece ser que esta parafernalia esta acabando, espero que la siguiente fase, sea mucho más divertida-don" Pensé con una leve sonrisa a la vez que me sentaba en el suelo. Me había cansado de estar de pie y, desde aquella nueva posición, gracias a mi altura, podía seguir viendo las pruebas.

Los espectadores no dejaban de gritar, vitorear y aplaudir mientras el enmascarado anunciaba a los que el creía que iban a ser los participantes de cada cubículo, ya que ninguno de ellos había participado en ninguna otra prueba. En ese momento, me enteré que el marine de mi equipo se llamaba Bertram y pertenecía a la División 60 de la marine. "Esta prueba esta repleta de marines-don" Pensé con una sonrisa, cuando escuche como el enmascarado anunciaba varios de ellos. "A ver si con suerte se dañan entre ellos-don" Proseguí sin dejar de sonreír.

No tenía ningún tipo de problema con los Marines pese que estos eran también perros del gobierno, aunque eran perros más dóciles y serviciales, casi todos, con los civiles. A diferencia de sus compañeros los agentes del gobierno, a los que si odiaba con todas mis fuerzas, no solo por lo que les hicieron a mis padres, sino porqué también había visto como actuaban y a que se dedicaban, mientras pertenecía a los piratas Mittsuami.

El marine Bertram dejo el cubículo, lo seguí con la vista como se dirigía hacía los otros cubículos. "Bueno que haga lo que quiera... solo espero que acabe ya la prueba y por edén, esta primera fase-don..." Pensé bastante cansado ya de aquellas pruebas tan aburridas, mientras dirigía mi mirada del marine hacía el gran y esplendido cielo azul que teníamos encima de nuestras cabezas.

Me sumergí en mis pensamientos y recuerdos. Ignorando todas las conversaciones, gritos o sonidos de mi alrededor. En un principio se me hizo bastante complicado ignorarlo, puesto que mi fino oído se enteraba de todo, por ello, tuve que utilizar mis técnicas de meditación para centrarme solo en mis pensamientos.

MushokuOFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5035 + 0 = 5035
Energia: 3543 - 262 = 3281
Espiritu: 1447 + 0 = 1447

Mientras El Dirigente continuaba con sus anuncios y explicaba la siguiente prueba, de camino a otro de los cubículos, aquel tipo enorme, Sigurd Haakon, pareció girarse bruscamente en su dirección, observándolo por un instante. Sus ojos grises se clavaron con frialdad muda en los suyos, y ambas miradas se cruzaron por apenas un segundo, antes de que el pirata llegase a su área y empezase a hablar con Shin. Los mantuvo bajo su atenta mirada brevemente, observando sus ademanes y viendo cómo cuchicheaban. Tal vez fuese por lo que había leído en los periódicos, pero había algo en su comportamiento, en su lenguaje corporal, en su manera de conducirse, que le producía un asco profundo, como si le corriese un insecto por encima. Y los pequeños insectos, por llamativos que pudiesen ser sus colores aposemáticos, por mucho que fanfarroneasen, también podían encontrarse con insectos más grandes. Y una ballena, por enorme e imponente que pudiese resultar, podía encontrarse con una orca.

Stroud permanecía allí, clavado sobre el cubículo, cruzado de brazos y contemplando el transcurso de las distintas pruebas. El primero era el tal Kiyoshi Maeda. El Comandante Cangrejo Tortuga Juan Sebastián había hecho un comentario acerca de la insalubre cantidad de piratas presentes en aquel lugar. Stroud dio una calada de su pipa Saltfin, manteniendo la cazoleta apoyada sobre el índice y el pulgar de su mano derecha, y exhalando sendas líneas de humo con lentitud a través de sus fosas nasales. Asintió con la cabeza, su expresión tornándose en una de desprecio ante cuanto podía ver, si bien sus ojos no parecían estar realmente fijándose en las pruebas en aquellos instantes. Era el turno de Bertram, que parecía conducirse de la manera habitual, y después llegó el turno de Miyori. "Es repugnante," afirmó con contundencia mientras la pirata tensaba su arco. Su tono era el de siempre, el característico, pero había bajado su voz hasta convertirla prácticamente en un murmullo gutural. "Merece la pena preguntarse por qué el Gobierno Mundial aún no ha echado el guante sobre este lugar," dijo sin apartar los ojos de los participantes, haciendo un ademán con la cabeza hacia Juan Sebastián. Llegaba el turno de Varo Ganchin, cuya cara se le hacía inconfundible entre las que llevaba tiempo viendo en los carteles de wanted. "Y en el momento en q-"


Parecía dispuesto a continuar hablando, pero su visión comenzó a volverse borrosa repentinamente, y las palabras parecieron quedarse en alguna parte del camino, perdiéndose en su garganta. Parpadeó varias veces, volviendo en sí, entornando los ojos. Sin siquiera darse cuenta, había comenzado a sudar de una manera impropia de él; un chorreón de sudor cayó por su frente, deteniéndose sobre su ceja, y sintió que su cuerpo entero había comenzado a temblar ligeramente. Exhaló con calma, intentando recobrar la compostura. Absteniéndose de entrar en alarma por el momento, su mente comenzó a buscar respuestas. ¿Había comido algo en mal estado? No debía ser el caso; lo último que había comido había sido uno de los platos de Kibai, durante la travesía hasta aquel lugar. ¿El puñetero leopardo le había echado algo en los macarrones? Intentó vislumbrar al mink desde su cubículo. No, no podía ser. Sacudió la cabeza, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano con que sujetaba su pipa. ¿Lo había envenenado alguien? ¿Le había dado una insolación, al encontrarse tan cerca del sol? ¿Le faltaba el aire, de alguna manera, a aquella altura sobrenatural? Respiró con pesadez. Hizo un esfuerzo activo por controlar su respiración: inspiró durante siete segundos, y mantuvo el aire en su pecho, henchido, durante otros siete segundos, antes de soltarlo todo lentamente a través de la nariz. Era una de las técnicas de autorregulación que aprendían todos los soldados de la Marina para ocasiones en que se pudiese terciar. Sin embargo, no parecía estar sirviendo de nada, más que para despejar su mente. Todo parecía amplificarse, como si se estuviera poniendo gravemente enfermo. Mantuvo su postura, aún cruzado de brazos y manteniendo, a duras penas, recta su espalda, mientras el ruido de las gradas y los cubículos, por igual, pasaba a un segundo plano, diluyéndose en el ambiente. Continuó inspirando. Los competidores continuaban pasando uno detrás del otro, realizando su prueba, mientras el joven Nanashi disociaba. Cambió el agarre de la mano con que sujetaba la pipa, pasando a colocar su pulgar, su índice y su corazón en la cazoleta, quemándose con las brasas que ardían bajo su superficie. Era lo que pretendía hacer; lejos de quitar los dedos de la fuente de calor, los acercó más a las brasas, permitiendo que se abrasasen ligeramente. Aquella quemazón lo trajo de vuelta a la realidad, y le sirvió como —lo más cercano a— una garantía de que no era su imaginación; el dolor actuaba como un ancla que lo fijaba a la realidad. Inspiró y exhaló profundamente, soportando el dolor de la brasa, antes de volver a sujetar la pipa por el lugar adecuado y recobrando, al menos en parte, su concentración.

Había llegado el turno de la soldado Kuroshiro, que se había disculpado por no lograr el tercer puesto. Alzó una ceja. "No se preocupe, soldado," dijo, procurando que en su voz no se notase el tembleque que se había intentado hacer con su cuerpo, "hágalo lo mejor que pueda. No se le exige más." Se acomodó en su postura, apuntalando sus brazos sobre su pecho, y observó cómo Nyra se dirigía al público, avisando de cómo aquel sería su primer disparo. Hizo un ademán hacia Juan Sebastián. "Espera, ¿no ha disparado nunca?," inquirió, alzando una ceja. No le preocupaba ganar o perder en aquella competición, como había sugerido Nyra; le preocupaba más aquella cuestión del deseo. El Emperador parecía, a todas luces, ser alguien poderoso, acaudalado e importante, y no solo en el contexto de Skypiea, sino más allá, lo suficiente como para que los periódicos le prestasen toda su atención ante la convocatoria de los Juegos. Alguien así, de quererlo, podía conceder un deseo, paradójicamente, indeseable para el resto del mundo, según quién lo pidiese. Fuera quien fuera Zarutsuki, ostentaba la capacidad, o la apariencia, de poder cambiar el mundo de una forma u otra. Eso, o era un farol, y no parecía ser alguien que se tirase más faroles de los estrictamente necesarios.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5333 + 0 = 5333
Energia: 3871 + 46 = 3917
Espiritu: 1150 + 0 = 1150
Dharma regresó al cubículo después de cerrar la Prueba del Bastión y, casi antes de que pudiera detenerse, Ubbe ya se había acercado a él con una sonrisa de oreja a oreja. Levantó el puño para chocárselo con naturalidad.
- Ha estado cool, baby. Me mola tu style.
Había algo en aquel tipo que le transmitía buenas sensaciones. Era tranquilo, hablaba poco y parecía moverse con una seguridad impropia de alguien que acababa de conocer, mientras aguardaba a que recuperara el aliento, la curiosidad terminó pudiendo con él.
- Oye... este tipo te llama comeabuelas, ¿Eso es true? GAHAHAHAHA Creo que a Sigurd le caerias de puta madre, ¡a veces tambien comemos esas cosas!
El estruendo del estadio volvió a reclamar su atención cuando el Dirigente comenzó a anunciar las puntuaciones de la prueba de resistencia.
Ubbe escuchaba distraído hasta que pronunció el nombre de aquella pequeña tortuga, tal y como le habia dicho Enji: Juan Sebastián.
Apoyó los antebrazos sobre la barandilla, intrigado. Había resistido muchísimo... pero tampoco esperaba una locura.
Entonces llegó la cifra. Seis mil ciento noventa skybares. Los ojos del gigante se abrieron de golpe, porque fuera lo que fuera aquello, sonaba a muchisimo. 
...¿Qué?
Incluso el propio Dirigente parecía incapaz de creerse el resultado. ¿Ha superado... al Emperador...? Una carcajada escapó de sus labios mientras negaba lentamente con la cabeza, completamente fascinado, no sabia ni quien era el emperador, pero tenia que ser algo insolito. Aquella tortuga era una auténtica barbaridad.Tengo que conocer a ese tipo.
- Eh, you, marine, ¡me tienes que presentar a ese tipo! - le dijo Ubbe a Enji mientras seguia mirando al cubiculo de Juan.
No porque fuera marine o porque hubiese ganado. Simplemente quería descubrir cómo alguien tan pequeño podía esconder semejante resistencia, algún día estaría bien comprobar cuál de los dos tardaba más en caer de un golpe.
Las puntuaciones continuaron desfilando una tras otra. Cuando anunciaron la de Sigurd, una sonrisa burlona apareció en su rostro. No dijo nada. Bastó con cruzar una mirada con su capitán y arquear ligeramente una ceja, recordándole en silencio la broma que ambos llevaban arrastrando desde el inicio de la prueba y finalmente llegó el recuento por equipos: Cuarto lugar.
No estaba nada mal. Ubbe levantó el puño con entusiasmo mientras observaba a sus compañeros, además todavía quedaba una prueba para terminar aquella ronda... y tenía la sensación de que aún podían seguir escalando posiciones. Las celebraciones apenas tuvieron tiempo de apagarse cuando la voz del Dirigente volvió a imponerse sobre toda la arena, la primera ronda estaba llegando a su fin, y únicamente quedaba una última disciplina antes de conocer qué equipos continuarían con ventaja: La Prueba de la Certeza.
Ubbe apoyó los codos sobre la barandilla del cubículo mientras observaba cómo preparaban el escenario. Aquel enorme Den Den Mushi verdoso, las líneas pintadas sobre el suelo y las armas que el presentador repartía entre los participantes hacían evidente que aquella no sería una competición para él.
- Bueno... esta sí que no era lo mío.
Escuchó cómo iban nombrando a los últimos integrantes de cada equipo. Cuando pronunciaron el nombre de Tezca, el buccaneer giró la cabeza hacia él con una sonrisa.
- Vamos, baby. Demuéstrales cómo se hace.
El primer participante abandonó su cubículo y realizó la prueba con una puntería bastante buena. Ubbe siguió a duras pensa por sus reflejos hasta que la mosca cayó atravesada. Si le preguntaban, seguía pensando que partir una roca de un puñetazo era mucho más espectacular que acertarle a una mosca. El siguiente en avanzar fue el marine pelirrojo del arco.
Ubbe todavía recordaba el saludo que había ido repartiendo por todos los cubículos hacía unos minutos, aunque apenas tuvo tiempo de pensar en ello. En cuanto el muchacho levantó la vista, un intenso destello salió despedido desde su rostro.
- ¡Aaah!
El gigante cerró ambos ojos por puro reflejo y levantó una mano frente a la cara.
- ¿what the...?
Parpadeó varias veces hasta recuperar la vista. ¿Qué les pasa a los marines con brillar tanto?
Cuando consiguió volver a enfocar la arena, el disparo ya había terminado y el arquero regresaba tranquilamente hacia su posición como si no hubiera pasado absolutamente nada. Ubbe negó lentamente con la cabeza, todavía algo deslumbrado, antes de volver a acomodarse sobre la barandilla dispuesto a seguir disfrutando del espectáculo.
La siguiente en abandonar el cubículo fue la chica pelirroja. La Orange Girl. Nada más verla caminar hacia la zona de tiro, la expresión de Ubbe cambió por completo. Se incorporó sobre la barandilla y levantó uno de sus enormes brazos para que pudiera verlo entre el resto de participantes.
- ¡¡VAMOS ORANGE GIRL, TU PUEDES!!
No sabía demasiado sobre ella, de hecho ni siquiera conocía su nombre, aunque el dirigente lo habia dicho, no se habia podido quedar con el en la memoria. Pero recordaba perfectamente aquella bolsa de patatas fritas compartida en las gradas y, para alguien como Ubbe, aquello era motivo más que suficiente para querer verla triunfar. Además su pelo anaranjado le provocaba una especie de nostalgia que no sabía explicar. De todas formas, siempre le había gustado mucho ese color. La observó preparar el arco con una tranquilidad que contrastaba con el bullicio del estadio. Parecía que el mundo entero hubiera desaparecido a su alrededor. Entonces llegó el disparo.
La flecha atravesó el aire limpiamente hasta alcanzar una de las pequeñas moscas recién expulsadas por el extraño Den Den Mushi. Ubbe levantó el puño.
- ¡¡YEAH!!
Una sonrisa enorme apareció en su rostro mientras la veía regresar.
Tras ella salió el mink hurón que había visto deambular por Shandora durante la llegada a la arena, Ubbe siguió su participación con interés, aunque tampoco le dedicó demasiada atención, en ese momento la gente empezó como a comportarse extraño, como si se encontrasen mal, aunque el buccaneer estaba perfectamente. El siguiente en avanzar fue Tezca, y el buccaneer no pudo evitar soltar una carcajada cuando volvió a escuchar aquello de "perro gubernamental" dirigido a Enji. A esas alturas empezaba a pensar que era incapaz de llamarlo de otra forma.
- ¡Dale, baby!
Observó cómo el pirata se acercaba cada vez más al objetivo antes de disparar con una calma casi insultante. Cuando la bala alcanzó su blanco, Ubbe sonrió satisfecho. Después de eso comenzaron a desfilar más participantes. Un marine de aspecto curioso el cual era bastante atractivo, y una mujer con rasgos vulpinos cuya belleza hizo que incluso el gigantesco buccaneer parpadeara un par de veces. ...Holy shit. Entre la Orange Girl, Tezca, Enji, aquel marine tan bien plantado y la chica zorro... empezaba a haber demasiada gente atractiva reunida en un mismo sitio. No mires tanto... que se va a notar.
Con toda la naturalidad que pudo fingir, apartó la vista de la arena y comenzó a mirar distraídamente hacia las gradas, como si aquello le interesara muchísimo más que la prueba.
Y entonces la encontró de nuevo; La Bald Girl. Una sonrisa volvió a dibujarse en su rostro casi al instante, ya que habia escuchado a la chica gritarle su característico "Hey Baby" lo cual le hizo tremendamente feliz.  Se llevó las manos alrededor de la boca para hacerse oír por encima del estruendo del estadio.
- ¡¡EH, BABY!! - Agitó el brazo con entusiasmo para llamar su atención - ¡¡Aunque hayas perdido sigues siendo muy cool!! - Esperó unos segundos, esperando que pudiera localizarlo entre los cubículos
- ¡¡Cuando acabe todo esto tenemos que talkear más!!
Hizo una breve pausa antes de lanzar la pregunta con la naturalidad de quien pregunta la hora.
- ¡¡¿Tienes Den Den Mushi, baby?!!

HEY BABY
[Imagen: ksMOGZu.png]
El moreno contemplaba a Tezca, satisfecho por escuchar las felicitaciones del varón. Ese hombre sí sabía cómo reconfortarlo. —Gracias, puedo ser muy veloz cuando quiero... Y todavía te falta mucho más por ver. — Le guiñó un ojo, ahora enfocándose en el Marine, Enji. El apodo le resultó, cuanto menos, divertido. Pocos tenían la osadía o siquiera la genialidad de mencionarlo por la cicatriz que estaba en su rostro. Acomodó sus manos en los bolsillos, divertido, casi sonando a una invitación lo que pronunciaba. ¿Cómo no iba a parecerlo? —Tendré que ver qué tanto resiste y qué tan rápido toma usted ese whisky, señor Marine. — Miró de nuevo al rubio. Primero, por supuesto, estaba ese varón. Por supuesto, no pasó desapercibidos a los otros dos acompañantes. Reconocía bien el de las gafas, al menos de haberlo visto con aquel hombre de las hachas, el rubio. No sabía si podría ser más hostil o no que él, quién sabe.

—A los siguientes que salgan, les deseo mucha suerte en las pruebas y en estos juegos, especialmente espero que se lo sigan pasando bien. — Al menos, ahora, podía estar tranquilo respecto al grupo de Tezca, quien parecía que había logrado combinar con un equipo con quien podría estar cuidándolo bien. ¿Por qué, si no, habría hecho gólems para todos? Su nivel con el Akuma había mejorado muchísimo después de todo ese tiempo, recordándose a sí mismo qué tanto camino le quedaba todavía por recorrer.

—Y tú también, Tezca. Pásalo bien. Sea cual sea el resultado, no olvides que siempre eres mejor que nadie.

Por desgracia, no podía disfrutar más tiempo de su compañía, por mucho que así lo deseara. Elevó su diestra, ahora sí, terminando de despedirse de todos los de ese grupo. —Espero poder conocerlos mejor en otro momento. Si quieren anotar mi número, se los daré encantado, o se lo pueden pedir a él. — Señaló, una vez más, a Tezca, con los ojos. Elevó, al fin, su diestra, y terminó de despedirse del grupo.

Al regresar, esperando los resultados, escuchó todos y cada uno de ellos. Sus cejas se elevaron al ver que, claramente, el indiscutible campeón en esa prueba había sido aquella tortuga que había entrado torpemente. Debía admitirlo, no se lo esperaba en absoluto, pero estaba satisfecho de dicho resultado. Incluso cuando lo escuchó pedirle otro cigarrillo. ¿Con que había sido un buen incentivo? Fabuloso entonces. Con eso era más que satisfactorio.

—Te lo ganaste, sin lugar a duda.

Acomodó su mano en el bolsillo, retirando del interior su cajita de metal en que reposaban varios de los cigarrillos que había ordenado. Retiró uno de ellos, extendiéndolo hacia la tortuga, colocándola directamente en los labios del “animal” (si es que se podía llamar así realmente). —Gran trabajo, Juan. Has sido fantástico. Mucho mejor de lo que esperaba. — elevó su zurda, con el mechero, para ayudarlo a encender el cigarrillo con diversión y satisfacción. Stroud, por otro lado, seguía manteniendo ese aire cargado de autoridad y... ¿algo de molestia? Abrió la boca, interesado en preguntarle algo... siendo que fue interrumpido por la nueva prueba que se comenzó a anunciar esta vez.

Prueba de Certeza y, la única que quedaba en ese grupo que no había participado había sido la propia Nyra. Buscó a la joven con la mirada, de reojo, más por curiosidad que otra cosa. Parecía... Tensa. Nerviosa. Demasiado. Elevó su diestra hacia la joven, colocándola sobre su hombro, dando un par de toques y su voz sonó, esta vez, mucho más suave, del mismo modo con que solía hablarle al rubio.

—Lo hará bien, señorita Nyra. No esté tan tensa, o solo hará que afecte negativamente. ¿De acuerdo? Confío en que hará lo mejor que pueda.

Palabras de ánimo que trataba de ofrecer a la joven ante el nerviosismo, viendo ahora, fijamente, las pruebas que tenía frente a él. Allí estaba, el primer participante, claro como el agua, firme y seguro además de, por supuesto, más que reconocible. Kiyoshi Maeda. Recordaba su trabajo en silencio, la forma en la que había visto al joven usar su arma por primera vez en su contra. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al recordar el dolor, y la sensación que provocó el dolor, la sangre y... Carraspeó, cerrando los ojos unos segundos. No, tenía que contenerse, estaba en medio de un trabajo, frente a un equipo de mayormente Marines... Sí, eso era.

Se cruzó de brazos, el cigarrillo todavía entre sus labios, dando una larga calada, con la mirada fija en el pirata y subcapitán Sepulturero. Observa su pose, su posición, la forma de mantenerse seguro, de apuntar y... El disparo, impecable, impactante e impresionante. Estaba sin palabras, debía admitirlo. Conocía su puntería, pero verlo ahora era una gran diferencia. ¿Qué tanto había mejorado en todo ese tiempo? ¿Cómo había llegado tan lejos? Se mantenía concentrado, con la mirada fija en el joven, incluso cuando gritó, sin miedo alguno. Observa al joven regresar e ir a por alguien más en alguno de los cubículos. Desde esa distancia, no puede ver del todo de quién se trata, pero es posible que hable con otro Sepulturero, es la única conclusión que puede sacar y, de entre ellos, solo hay uno que no conoce, a no ser, por supuesto, que haya algún nuevo integrante que no conozca.

El siguiente en realizar la prueba es, de nuevo, otro Marine. No, en serio, ¿cuántos Marines hay en estos juegos? Sus ojos se mantienen, igual que con el Maeda, fijos en el varón que ahora posee flechas. Su forma de disparar también resulta, cuanto menos, de lo más impactante.

La siguiente es, sin duda, la muchacha que acababa de conocer gracias a Hyákinthos. Aquella joven de cabellos anaranjados. Apartó el cigarrillo, dejando escapar el humo de sus pulmones, atento a ver lo que resultaba esa prueba, y qué tan buena iba a ser. Parecía que esa estaba llena de personas con muy buenas capacidades. Del mismo modo que el Marine, la muchacha utiliza flechas que parecen acertar de forma sorprendente. Un aplauso se ganaba esa mujer, sin lugar a duda.

Nuevamente, hay otro participante. Este tampoco le resulta famil-... Oh, un momento... Sí que le resulta familiar. ¿No estaba inconsciente cuando hizo el viaje en el Grand Line? Le resultaba familiar, de forma borrosa, pero sí que recordaba el viaje cuando todavía estaba con la tripulación de Hyákinthos. Lo recordaba, mayormente, porque pensó en ese momento que parecía un mapache, y fue la misma idea. ¿Quizás solo lo confundió? Quién sabe... Pero algo... algo va mal. Extrañamente mal... ¿Quizás fumó demasiado? No, nunca el tabaco es demasiado, mucho menos le provoca un dolor... ¿Era diarrea? ¿De dónde había salido? ¿Y por qué? Su zurda descendió, sintiendo de repente náuseas. Tuvo que apartar el cigarrillo, expulsar el humo, hasta el punto de toser. ¿Qué diantres era eso? ¿Quizás un algo que había comido mal? ¿Pero tan de repente? No fue capaz de ver, por desgracia, la prueba de ese Mink mapache, pero sí distinguir al siguiente participante que, por muy mal que se estuviera sintiendo, no iba a perder de vista.

Ese rubio liberador, que le hizo olvidar por unos segundos el malestar, esa mirada tras esas hermosas gafas características que solo él poseía, ese cuerpo tan maravilloso, esa ropa que tanto captaba su atención. Tan hermoso... No, no tanto, MÁS hermoso que el propio sol. Pasó la dorsal de su mano por debajo de su mentón, retirando el sudor que provocaba soportar ese malestar, con los ojos, ahora fijos, en Tezca. Elevó su zurda, extendiéndola en lo alto, con una sonrisa de oreja a oreja, poco característica en el yakuza, pero habitual para el rubio.

—¡VAMOS TEZCA! ¡LO HARÁS MARAVILLOSO! ¡SÉ QUE LO HARÁS!

Su voz se elevó por encima del cubículo, en una voz elevada, sacudiendo su brazo en alto de derecha a izquierda. De poder, tendría un cartel delante con su nombre. ¿Podría crearlo? Ay, ojalá, pero todavía no tenía tanta habilidad. Deseaba tenerla, solo para crear algo para él por primera vez. ¿El resultado? No podía importarle menos, solo enfocó los ojos en la prueba del hombre, quien, para él, siempre hacía un trabajo excelente, fuera que la prueba salía o no bien. Incluso cuando lo vio finalizar, elevó el pulgar en su dirección, con un solo pensamiento. “Lo has hecho maravillosamente.”

El siguiente participante entra en escena... ¿O la siguiente? No sabe decir si es hombre o mujer. ¿Es relevante? Por supuesto que no. Tampoco es que lo (o la) conozca. El malestar sigue allí, ¿tendría algo para ello? Se sentía bastante mal con esa sensación, y a duras penas podía concentrarse. Sus esfuerzos fueron para Tezca... Y quería reservar las fuerzas para contemplar también a Nyra, por si lo hacía bien o no. Aquella persona, sin embargo, tampoco había fallado. Miró de reojo a Nyra, respirando un poco más, regresando a darle un par de palmadas a la joven.

—Señorita Nyra, hará un trabajo excelente. Tengo fe de que, igual que yo, mínimo logrará superar la prueba. Respire profundamente, y exhale. Le saldrá bien. — Claro que, la sentía nerviosa, desde hacía rato. Siguió creyendo que eran los Juegos, las pruebas. Dio un par de palmadas más, acercando el cigarrillo para dar una calada.

—Si no confía en usted misma, yo lo haré para usted.

La vio salir hacia la prueba, y contempló sus pasos... Hasta que habló. Un momento. ¿Cómo que primer disparo de su vida? Miró a los otros dos acompañantes de reojo, para luego observar a Nyra. —¿Ustedes sabían que no había usado en su vida un arma de fuego? ¿Cómo no les dan clases básicas a los Marines? — Tampoco parecía muy concentrada... Ni siquiera había retirado el seguro del arma... Suspiró, con una mano en el lado de su cicatriz. Va, tenía que darle un voto de confianza. Si Juan ganó el primer puesto, Nyra también podía hacerlo. Va. Confiar un poco en ella, y quizás lograrían estar entre los primeros puestos. 

Al verla regresar después de la prueba, la contempló, satisfecho por la prueba. Al menos había acertado. —Lo hizo excelente, señorita Nyra. Estoy seguro de que dio todo lo que pudo. Gran trabajo, señorita.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]

La efusividad de Mahou y la desmesura de Merlot provocan en la amazona una sonrisa que muestra cierto grado de gracia y una calma poco disimulada. ¿Tofu? Desde hace un momento no dejan de nombrar el platillo estrella que degustarán una vez culmine el evento. Runin prefiere disfrutar los sabores fuertes que nacen de sí mismos, más que aquellos que surgen por agentes externos; aun así, no rehúye ninguna invitación, ya sea explícita o implícita. ¿Cómo hacerlo cuando el dúo de señoritas extrovertidas llena el cubículo de gracia, jolgorio y encanto? Imposible.

Merlot intenta besar a Ynal ante la atenta mirada de la amazona. ¿Qué? Incluso alguien tan desapegada como ella tiende a ser un tanto entrometida. ¡Bah! Curiosa es la palabra correcta. Una lástima que la intención de la dulce pelirrosa se ve frustrada por el suave pelaje del hurón quien, protegiendo la inocencia de su dueño, le impide verse envuelto en un acto tan íntimo como lo es un cálido beso en la frente.

En un intento de cercanía, la fémina de mirada chocolate emite algunas preguntas. ¿El abuelo Zhang? ¿Qué tan viejo es el sorprendente burro? Runin ríe entre dientes. Debe ser alguien sabio si incluso la desenvuelta Mahou se detiene a observar con atención a su compañero de tripulación. No pasa demasiado tiempo antes de que la prueba de por finalizada, dando paso a los vocablos del dirigente.

¡Ah! ¿Así que la tortuga se llama “Juan”? ¡Incluso ha batido un récord! Durante una fracción de segundo, la fémina de mirada chocolate se siente intrigada por el emperador, quién parece sobrepasar las habilidades de todos los competidores, salvo por la resistencia del verdoso ser, que se lleva la indiscutible victoria. Sin embargo, así como hay ganadores, también están aquellos que sucumben, convirtiéndose en las sombras de otros.

Una mirada más relajada es dedicada a Barald cuando este se dirige hacia las gradas. La morena sabe bien de lo que es capaz el azabache; solo espera que la derrota no provoque pensamientos pesimistas en su presuntuoso amigo, ni que su orgullo llegue a resquebrajarse. Más centrada en la competición se percata de lo evidente. ¡Argh! ¡Están en el segundo lugar! Justo tras el sexto grupo. Runin respira profundamente antes de dejar escapar una corta carcajada, esta vez centrando su oscuro mirar en el oficinista.

—Cariño, creo que en vez de comer tofu deberíamos tomar un trago y que nos cuentes la vida que llevas. —Pronuncia, puede parecer burlarse durante un instante, pero su fija mirada no muestra más que honestidad. —Hoy has hecho cosas más que sorprendentes, Ynal, así que nunca te contentes con un cuarto puesto. —Runin levanta el puño, recordando el efímero momento de desmedida fuerza que había sentido en la primera competencia. Inconsciente relame sus labios, como si saborease las venideras palabras.



—Se que puedes llegar a lo más alto si te lo propones.

Sonrie. —Busca siempre el primer lugar, cariño. La sensación es… única. —La amazona no es especialmente buena dando apoyo a los demás. Al contrario, suele ser directa y carecer de tacto; pero, si hay algo que tiene a buen saber, es que prefiere eso a recurrir a sus siempre afables mentiras. Esas las reserva para el engaño, no para la autocomplacencia ni la lástima. Eso, simplemente, no va con ella.

—Eso también va para ti, cariño. —Dice hacia Mahou cuando un nuevo llegado irrumpe en el lugar. ¿Un marine? La amazona arquea una de sus cejas cuando le ve acercarse hacia Merlot. ¿Una pirata con notables amistades en la institución de la justicia? Aunque divertido, no termina por interesarle la pronta conversación, por el contrario, se distrae mirando al pequeño Omi y a la última de sus competidoras.

Los brazos se cruzan y la nueva prueba es descrita con pompa y corona. ¡La prueba de la Certeza! Las explicaciones no demoran en llegar cuando la mujer aprieta con fuerza los labios. ¿En serio? ¿Moscas? El dirigente tiene ideas retorcidas para los pobres tiradores, si es que el escenario logra llenarse de ellos. Los nombres de los participantes no demoran en aparecer uno tras otro, algunos suenan a descarte, es evidente.

Nombres desconocidos provenientes de divisiones marines llenan de aburrimiento a la kuja. ¡Hey! ¡El equipo cinco! ¡Tezca! Es ahí cuando Runin no se controla y empieza a reír con fuerza, quizá demasiada. ¿Es que ninguno de sus compañeros ha logrado participar dando todo de sus capacidades? Solo espera que él no quede descartado a la primera como Yuuki o Barald. —¡TÚ PUEDES, TEZCA! —Puede parecer burla considerando el movimiento errático de sus hombros al reír, pero lo pronuncia sinceridad, al final del día es su mejor amigo de compras y su competencia en quién es el más egocéntrico dentro del Aloha Kai.

¿Eh? ¿Akira no peleaba a puño limpio? Ninguno de los ataques utilizados la primera vez que le vió le dan la impresión de ser un artillero. ¡Bueno! ¡Las cajas siempre están llenas de bombones y sorpresas! Otro nombre conocido aparece. ¿Por qué el exagerado muchacho de desdeñosa actitud, Kiyoshi, es quien participa en una prueba de ese calibre? Recuerda haber visto su arma y las intenciones hostiles en un principio. ¿Tendrá mejor puntería que su hermanita Yuuki? A veces el descarte es una magia de lo más interesante.

—¡Nunca mejor dicho, Ynal! ¡Esto aún no termina! ¡Hay que continuar apoyando! —Asiente, convencida. No sabe qué tipo de capacidades tenga Mahou, tampoco importa demasiado, si pueden mantener los ánimos entonces quiere pensar que existe esperanza. Los gritos en el cubículo, así como en la arena no se hacen esperar. El primer participante hace su aparición.

¡Kiyoshi Maeda!

Su seriedad y concentración proclaman control. La seguridad de sus pasos atrae la mirada de cientos. La costumbre de su pose delata constancia, dedicación y experiencia. La duda no existe cuando su voz se levanta ante el escenario que le pertenece a él y solo a él.

Yo soy el tonto subcapitán de los Sepultura.

Enuncia a viva voz.

Dispara.

Acierta.

Runin sonríe, cierra los ojos por un momento. ¿Debería volver a burlarse del tonto amante de la limpieza de los sepulturas? Claro que lo hará, mas nunca por su falta de habilidades.

Como bien llegó, se retira, dando paso al siguiente participante: el extraño pelirrojo que se les ha acercado con antelación; este tiene buena puntería con el arco, algo se remueve en el interior del pecho de la amazona. ¿Qué sería de ella si hubiera continuado portando sus flechas? Quizá se encontraría participando en una competencia de ese calibre. Niega con diversión, no, esa ya no es su vida, aunque admite que a veces le gusta limpiar las flechas que aún le quedan y, además, sentir el arco entre sus dedos como si fueran una antigua parte de sí.

El siguiente es el compañero de tripulación de Kiyoshi, el inteligente ser de vastos conocimientos. ¿Cómo se llamaba? ¿Varo? De repente, la fémina frunce el entrecejo al sentirse algo mareada. Un mal sabor asciende por su boca y su porte flaquea durante un instante, como si algo sobre sus hombros pesara un poco más. Incluso parece ligeramente desganada.

¡No! No, está bien. Lo que sea que le ha ocurrido de repente no es nada. Aunque, al abrir y cerrar las manos, las siente más débiles y lentas. ¿Será sólo su impresión? Seguro tiene hambre o sed, si, seguro.

Aún incómoda, intenta reponerse, tanto por el constante orgullo que la representa como por la llegada a la arena de una de sus personas favoritas en el mundo. Ahora que lo piensa ¿Ha vuelto a utilizar su shampoo? Las hebras rubias danzan hermosas dándole un aire místico en medio de la extraña escaramuza a la que está a punto de enfrentarse.



—¡SI QUEDAS EN ÚLTIMO LUGAR JURO QUE TE CORTO EL CABELLO MIENTRAS DUERMES, TEZCA!

La amenaza le hace toser un poco al final, extraño, sin duda; a pesar de ello continúa animando a su amigo quien pide prestada un arma para hacer uso de sus habilidades. ¡Ah! ¡Lo logra! No al nivel de los otros competidores, claro está, mas eso no le impide mostrarse altivo, confiado e incluso les dedica una reverencia. —FUFUFU ¡NUNCA CAMBIES, CARIÑO! —Respira profundo para intentar aminorar la presión en su pecho al gritar.

Un marine más aparece en escena, se ve animado, listo para el ruido. ¡Ah! ¡Otra marine más! Con unas interesantes orejas sobre su cabeza. Runin sonríe cuando la fémina grita destilando franqueza. ¡Bueno! Al menos sabe que Tezca no es el único al que han lanzado a la cueva del león sin poder defenderse al 100% de sus capacidades. ¿De qué concurso de belleza habla? No tiene idea, pero de existir pretende participar, es más que seguro.

Es ahí cuando la amazona inspira con fuerza, tratando de no sentirse tan endeble. ¡Pronto llegará el turno de su compañera! Y aunque no formen parte de la misma tripulación, si es parte de su equipo.



—¡Mahou! ¡Es tu momento de brillar! ¡DALO TODO!

Sonríe de oreja a oreja.

Ugh, siente la bilis en su garganta.

Si, en definitiva debe necesitar comida o agua.


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4720 + 0 = 4720
Energia: 3411 + 40 = 3451
Espiritu: 1174 + 0 = 1174
'… ¿hablas hasta dentro de dos años?'

Sus palabras lo atravesaron, símil a un golpe inesperado que deja a alguien al borde de caer noqueado. Imaginó las posibilidades, el propio concepto de tener que esperar tanto tiempo para volver a verla y entonces negó con la cabeza, muy sutil, casi imperceptible. Una reacción natural llena de rechazo, incluso y si lo decía a modo de broma. Después de tantas ideas vinculadas a ella, posibles inciertos y mundos inhabitados por la ausencia mutua en ese mismo espacio, ¿cómo se atrevía?

Ella se mordió el labio inferior, y cautivado por esas vistas, la mirada del marine descendió hasta los muslos contrarios, sintiendo un intenso escalofrío que duró hasta que retomó el contacto visual. Le resultaba extraño reconocerse muy lejos de sentimientos carnales cuando estaba en su compañía, recordando que fue su interés inicial aquella tarde en la playa y, gradualmente, sus anomalías lo terminaron encantando, como si fuese un hechizo irrompible.

Sí, deseaba ver a María hacerle caso a la voz que le exigía besarle, o en su defecto lo haría él, sin embargo...

Quería todavía más conocerla, pasar un rato extenso junto a ella sin intervenciones.

Y justo eso último fue lo que obtuvo...

No culpaba a Ryota, de hecho se giró a verlo manteniendo la misma sonrisa y siendo testigo de más ocurrencias bajo la firma de María Merlot, porque sólo ella podía presentar a una candidata para el mastodonte de Sigurd con esos detalles tan particulares. No los interrumpió, entendiendo que quizás, esa misma gravedad que los atrajo hasta el mismo punto del mundo, volvería a darles una oportunidad. Se negaba a creer que existía algún tipo de destino invariable separándolos, robándoles la oportunidad de conocerse mejor.



Su descanso no duró demasiado, caso contrario quizás entraría en un sueño profundo y se perdería el resto de los Juegos del Cielo. Aunque siendo honestos, no habría podido dormir ni intentándolo.

La siguiente prueba fue presentada, y entre los evidentes preparativos, la elección de Sigurd y el cuidado de sus martillos, terminó interesándose en un desafío que iba a ser determinante para el tramo final del evento deportivo, pues luego de vencer en velocidad con un margen abultado, quedaron empatados con el equipo nueve a ciento cincuenta puntos. La tensión de ya no poder ayudar a su grupo participando se hizo evidente, aún y si tenía su confianza depositada en el Carnicero de Whisky Peak.

La presencia de Juan Sebastian aguantando una cantidad de presión descomunal lo hizo silbar, el cangrejo-tortuga, ahora visible en su segunda forma, hizo honor al caparazón que portaba, rompiendo la prueba desde su primera intervención.

Omuyaga vino después, siendo otro marine al que Haakon observó con cierto desprecio, como si el tamaño fuese determinante a la hora de combatir. El intercambio entre sus compañeros le hizo soltar una risilla, y se preparó para ser testigo de lo que su amigo de toda la vida era capaz de aguantar.

Sí, fue menos que el inhumano Comandante, y cuando finalmente cedió, el número alcanzado le hizo aplaudir sin miramientos. Dudaba mucho de que alguien pudiese superarlo, de no ser porque Sigurd estaba acomodándose para participar.

Lo curioso es que llegados a cierto punto, el Carnicero de Whisky Peak terminó cediendo, antes que su amigo. Eso le hizo abrir los ojos con un shock fácilmente distinguible, para después esbozar una sonrisa repleta de orgullo a pesar de que con esa actuación superaba a su equipo y ganaba más puntos.

—Sí que creciste, Kael.

Cerró los ojos, aplaudiendo con entusiasmo cuando Haakon finalizó, aunque en realidad era un reconocimiento al azabache. Y por supuesto, conociendo la visceralidad del pirata, hizo la advertencia al resto, algo que aparentemente Miyamoto no entendió, pues indicó que de momento se estaba haciendo con el tercer lugar. Shin sólo negó con la cabeza, no iba a debatir con Ryota al respecto, menos cuando pretendía brindarle su espacio al buccaneer y no meterse en una trifulca innecesaria considerando la peligrosidad de aquel sujeto, y aún más importante, lo impredecible que era.

Un hombre formal siguió mientras Sigurd regresaba, amargado y cabizbajo, y por ello se perdió la prueba, llegando a escuchar su inspirador grito de emoción. Se centró en el rubio, temía alguna represalia de aquel carácter caótico, por ende lo observó de reojo mientras avisaba a Akira que se prepare desde lo mental, al menos.

Por suerte, tiene el ánimo suficiente para meterse con el otro buccaneer sin matar a nadie en el proceso, y eso lo relaja un poco. Además, tuvo tiempo de intercambiar miradas llenas de amor con Stroud en su camino de regreso, siendo todas secuencias que lo alejaron de seguir prestando atención a la prueba del Bastión.

No se mete cuando Akira y Ryota hablan, tanteando a Sigurd, y no es hasta que él mismo rompe el silencio que vuelve a su estado normal, descarado y carismático, rebajando la tensión de sus mejillas con la sonrisa que lucía. Al voltearse lo escucha llamarlo, viendo que se mantenía sentado y cruzado de brazos, Hasegawa se acerca sin miedo y se coloca al lado suyo, encarado hacia las pruebas y escuchando lo que tenía para decirle.

Esta vez no sube a su hombro, buscaba reservar energías si en una siguiente fase se veía obligado a seguir usando su fruta, aún así, lo mira hacia arriba, siguiendo el hilo de sus palabras. ¿Interés por quien lo derrotó? Lleno de orgullo recita el nombre de su compañero. —Kael Omuyaga, mi mejor amigo. Si vas a por él, tendrás que matarme primero. —mostró fidelidad por los suyos con esa afirmación, diciéndolo con la desfachatez y el ego que lo caracterizan, dándole a entender en un subtexto claro que no lo veía capaz de conseguir semejante hazaña. —A mí también me sorprendió, no pensé que pudiera vencerte. Es muy inteligente, un traga libros si me preguntas, por eso yo me encargo de las batallas. —se señala el pecho, mirándole de reojo. Luego, y aún insatisfecho, cuestiona sobre el Comandante rubio del equipo uno, y Shin se cruza de brazos, emulando la pose de Sigurd.

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—Stroud Nanashi.

Fue seco, sin muchos más detalles, una muestra de respeto al joven Comandante Marine referenciado en los periódicos, y de porte extremadamente recto.

Lo sorpresivo llegó después de que el buccaneer reflexionara sobre el rubio, y es que le agradeció por cuidarle las armas y darle el espacio que necesitaba, lo que rompió la pose de brazos cerrados en el marine y le hizo voltearse a él con un claro gesto de sorpresa. No responde directamente a las palabras agradables, eso podría volver incómodo el curioso momento que aquel guerrero acababa de generar, más sí lo hace a su provocación.

—Prometo no venderlas cuando falles intentándolo, Carnicero de Whisky Peak. —observa hacia el frente otra vez, a través de las gafas de sol mientras Ryota le daba ánimos al pobre de Barald, quien aguantó extremadamente poco en comparación al resto. —Las armas de un enemigo son tan importantes como las memorias de un buen combate. —confesó, volviendo a su ego nato. —Y a tipos como tú no les sirve la prisión. Así que voy a acomodarlas con cuidado en tu tumba. —sonrió al pronunciar esas palabras, cerrando los ojos mientras las pruebas seguían su curso.

Le sorprendió ver a Dharma. Después de intentar perseguirlo antes del incidente en Kutsukku habría saltado a su cuello de no ser por las molestas reglas de Shandora, o quizás Skypiea entera, pero fue el último participante previo al anuncio del dirigente. Como era evidente considerando el transcurso de las pruebas, Juan Sebastian se alza con la victoria... superando el récord del mismísimo Emperador. Shin aplaude con fuerza, era una clarísima muestra de respeto a la tortuga, a quien señala con el mentón mientras observa a Haakon. —¿Ese no te interesa? —cuestionó con una sonrisa muy evidente, disfrutando el paso al último desafío, bajo la tensión de mantener el primer puesto al finalizar la primera fase.

El Dirigente vuelve a robarse el show, anunciando lo que ya se estaba palpando y mencionando a los participantes que aún no se habían mostrado ante el público. Nyra estaba entre ellos, ¿a la prueba de puntería? Ladeó la cabeza, intrigado, aunque eso lo hizo dar varios pasos hacia delante, intentando verla ingresar a la arena para ofrecerle sus vítores, al final siempre fue su favorita de la División Setentaicinco, de las personas que podría invitar a un volcán en erupción y aceptaría si se le propone con la suficiente efusividad.

Como rompiendo sus puertas, por ejemplo.

Con sus típicos trucos, el frontman del evento dejó caer otra de esas curiosas esferas y apareció una estructura distinta al resto, conformada por un tocón de madera, un Den Den Mushi muy gordo sobre el dial y personas pintando líneas entre la prueba y los cubículos. La explicación le resultó asquerosa, pero efectiva, y así observó al último del equipo seis, a quien le depositaban la fe de esos puntos necesarios con los cuales clasificasen primeros a la siguiente fase.

Entre moscas, eructos y más detalles asquerosos, Shin se acercó a Akira. Al mismo tiempo, un participante del equipo siete salía a realizar con muchas ganas el disparo, y el albino se tomó el tiempo de ofrecerle ánimos al rubio, dándole un golpe en la espalda —Hazlo lo mejor que puedas, y puntúa. —le pidió con una calma abrumadora, girándose hacia la salida del cubículo. Sin embargo, una aparición inesperada lo dejó atento, pues se trataba de Bertram, participante de otro equipo, y quien debía competir en esa misma prueba de disparo.

Ofrece su mano y palabras respetuosas a Raito, hasta que una luz extremadamente lenta aparece desde sus ojos y boca. Shin experimentó el efecto que una exposición tan cercana a semejantes destellos pueden producir en la vista por su propia fruta, ¿Bertram tenía alguna parecida? Lo cierto es que no había tiempo que perder, Hasegawa notó la artimaña rastrera del marine y se impuso con una velocidad superior a la extensión del halo lumínico, tapándole los ojos a Akira y cerrando los propios, aunque estaba protegido gracias a las gafas de sol, salvándolos a ambos.

—¡Hey, pelirrojo! ¿Qué demonios estás haciendo? —con recelo, colocó a Akira detrás de sí, señalando al arquero con una molestia evidente —¡Eres un tramposo! ¿No confías en tus capacidades o qué? ¡Vete de este cubículo y compite limpiamente, mal perdedor! —le exigió, cruzándose de brazos y esperando la marcha del sujeto. Tardó un poco más en realizar su prueba, pero al salir, el puntaje fue inferior al del primer participante, lo que causó la alegría del ofendido albino. Sí, un marine sería la segunda persona que abuchearía en aquel evento.

—¡Buuuu! ¡Fuera Bertram! ¡Buuuuu! ¡Mal perdedor! ¡Mala gente! ¡Tramposo! ¡Buuu! —se llevó ambas manos a los laterales de su boca, amplificando su voz y dándolo todo en esa manera de desearle un mal desempeño, hasta empezaba a arderle la garganta. Para su suerte, la siguiente sería una de las pocas mujeres que le han roto el corazón sin él verse atraído física o emocionalmente. Que demonios, es la única, porque descubrió que la violinista amable de Baterilla era una pirata. Aún así... no pudo evitar darle ánimos.

—¡Dalo todo, MiyoMiyo! ¡Pero prefiero verte con el violín antes que armada! ¡Wuju! —exclamaciones que compartían una energía completamente opuesta a las ofrecidas contra el pelirrojo, quedándose en el borde del cubículo. Siendo que era la prueba final, le estaba prestando más atención que a las demás, siguiendo de cerca los hechos. Y fue entonces que hizo su aparición un mink, y con ello, empezó a sentir un malestar de lo más desagradable.

Náuseas, algo de visión borrosa y un acaloramiento molesto, ¿qué demonios había sido eso? Entrecerró la vista y se sentó, intentando volver en sí mismo del creciente agobio que lo atacaba. Ahí fue que su atención finalizó, observando entonces de reojo a Miyamoto.

—¿Tú también lo sientes? —dijo como pudo, llevándose una mano a la cabeza con bastante molestia. El shock inicial fue peor que el resto de sensaciones, y aprovechando ese instante de interacción con el capitán de los Hanu Mahana, decidió hacerle la pregunta que llevaba un rato pensando —Oye, RyoRyo, ¿tú por qué te hiciste pirata? Pareces un buen tipo, aunque no creo que dejaría mi dinero cerca tuyo. —lucía como un estafador, eso era innegable, y le prestaría atención al menos hasta que salió Nyra al campo.

Volvió a ponerse de pie, observándola con los ojos bien abiertos al borde del cubículo. Suspira con algo de pena, se la veía combatiendo contra sí misma, un poco como él considerando el repentino malestar, y su pésimo presentimiento crece ante la confesión de que será el primer disparo de toda su vida, por lo que desvía la atención hacia un concurso de belleza.

Dicho y hecho, tuvo problemas hasta con el seguro del arma, y Shin comenzó a temer lo peor. De todas formas, se mantuvo firme observando hasta el final, una manera silenciosa de brindarle apoyo, porque incluso aunque su marca fue extremadamente baja, le había echado ganas, y tuvo el valor de salir siendo que no era su especialidad.

Hasegawa hizo lo único que se le ocurrió antes de que regrese a su cubículo —¡Oye, pesada! —exclamó, señalándose —¡Yo también he sido derrotado! —una confesión extraña en público para alguien tan egocéntrico.

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—¡Lo importantes es qué haces para levantarte! ¡Es la verdadera fortaleza!

Tras apuntarla con el dedo, le dejó su espacio. Lo cierto es que no va contra su filosofía, incluso y si Shin siempre asegura que ganará, pero es por conocer el sabor del fracaso en los momentos importantes que toma la decisión de prepararse como nadie, encontrando en el ego la confianza en sí mismo que elimina cualquier tipo de duda en su cabeza.

Luego de eso, se gira a Raito —Te toca, ¿o vas a esperar por siempre? —otro golpe en su espalda, animándole a avanzar. Quedaba poco para la conclusión de las pruebas iniciales y quería acelerar el proceso, ver como quedaban en ese top general de cara a la siguiente fase.

Confiaba en una victoria parcial, observando la marcha del rubio a la prueba. Lo tensó que se viera dubitativo sobre si utilizar el arma o no, y terminó perdiendo la paciencia —¡Oye, Akira! ¡Dispara o te expulso de la marina! —con tanta tensión en la última prueba terminaría perdiendo la voz.

Y valdría la pena si al final se alzaban con la victoria, tanto como ignorar su orgullo cuando Raito le saca el dedo de en medio.

Let there be light
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