[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver. Aspros vs Nicholas Vangeance
#1
Atributos Personaje


Tras haber mandado a volar a su majestad, la espléndida y fabulosa Reina Okama, partí raudo en su dirección, cruzando el umbral de la puerta del vestíbulo con la intención de llegar hasta las instalaciones del nivel 1 de Impel Down, el Infierno Carmesí. La situación era un absoluto caos, una en la que necesitaba una estricta limpieza y orden si no queríamos que evolucionara a más. Sin embargo, por primera vez en mi vida, decidí ser egoísta y sucumbir ante mis deseos, uno que llevaba guardado en mi diminuto corazón desde hace ya años. Hacer que la reina de Kamabakka se rindiera antes mis enana figura.

Tras correr y correr, antes de que pudiéramos llegar siquiera a la sección del bosque carmesí, me topé con ella, en la zona de celdas. Allí estaba, tan glamurosa como siempre, y visiblemente algo herida gracias a mi golpe. Me acerqué hasta su majestad, hasta posicionarme a unos 10 metros frente a ella.— Jamás pensé que viviría como para poder ver a su ilustrísima majestad frente a mi-ton. — hice una reverencia, con cierto sarcasmo y sorna, aunque en el fondo de mi corazón sabía que la admiración que sentía hacia alguien tan divina como ella... Era real.— Por favor, permítame que te gane en este duelo, nada me encantaría más que tener a la mismísima Reina Okama en nuestra prisión. — me coloqué las gafas, llevando mi mano derecha a mi espalda y sacando y empuñando mi tridente-cubierto.— Pero no te preocupes, me encargaré estrictamente de mantener tu celda bien cuidada y presentable para usted, su majestad-ton. — Nuevamente, mi lengua viperina habló por si sola, adoptando una posición de guardia mientras agarraba con ambas manos mi tenedor. Pensaba cortarle las alas a este precioso cisne.

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#2
Atributos Personaje


— ¡Las feas también podemos ser reinas-ton!

Todo ocurrió en un parpadeo, en un visto y no visto. Creí haber podido aprovechar el ataque sorpresa del padre de Yojimbo para lanzarme contra una de esas bestias que nos impedía el paso, pero me salió el tiro por la culata: el pequeño ser retrocedió y, comandado por el enorme carcelero, se abalanzó sobre mí en una pirueta de los más familiar.

— ¡Las feas también reinas-ton!

Una fuerte punzada de dolor atravesó mi pecho. Retrocedía a gran velocidad, mis oídos estaban ensordecidos por la fuerte corriente generada por el retroceso del golpe. La puerta de hierro, los afilados árboles… todo lo veía transcurrir por el rabillo del ojo, como una película a cámara lenta.

— ¡Las feas-ton!

Esa frase resonaba en mi cabeza, como un eco lejano. Perdía velocidad. Y caí, en un claro rodeado de hierro y caos, de los ensordecedores gritos de los presos que corrían de un lado para otro como pollos sin cabeza.

— ¡feas!

Me incorporé lo más rápido que pude y alcé la vista en dirección a la puerta de hierro, a la espera de que aquel pequeño ser viniese a rematar el trabajo que había comenzado. En primera instancia, mi plan era alejar a uno de ellos para que Yojimbo tuviese la posibilidad de escapar; tal vez no era la forma en la que me lo había imaginado, pero el resultado era el mismo.

— ¿Cómo que feas? ¿Reinas?

Como si de un recuerdo lejano se tratase, mi memoria me mostró el momento exacto en el que el pequeño bicho Tontatta se había lanzado contra mí, describiendo esas danzantes piruetas antes de mandarme a paseo, literalmente. Su rostro, ese pequeño rostro…

— Dios santo… —tapé mi boca, abierta por la conmoción. Un hilo de sangre recorría la comisura derecha de mi labio para morir en la barbilla—… es… increíblemente fea.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. En la distancia veía como el pequeño ser se aproximaba hacia mí, veloz, con esos pequeños ojos negros clavados en mi sensual cuerpo. Antepuse los brazos frente a mi pecho en posición defensiva, como un acto reflejo, pero mi mente estaba aturdida por aquel único pensamiento que me rondaba como una molesta mosca: era fea. Tan fea como robarle a tu abuela. Fea como robarle el novio a tu amiga.

— ¡No te acerques!¡A esa distancia estás... soport... bien! —grité con toda mis fuerzas, alternando mi vista entre la Tontatta y el suelo, como si temiese que al cruzar las miradas me convirtiese en piedra. El pequeño carcelero frenó, deteniéndose a una distancia aproximada de 10 metros, escupiendo halagos envueltos en un poco de veneno e ironía— Me... halagas marichocho, pero creo que paso. Voy a salir de aquí junto al capitán, me voy a ir a la playa y me voy a preparar un San Francisco con el borde de azúcar y una pajita con sombrilla de papel fucsia. Puedes quedarte tu aquí, en una de esas jaulas tan cuidadas que comentas. Te mandaré una cesta con el sello real y productos de skincare.

En el mundo tenía que haber de todo, era evidente que no todos podían ser tan increíblemente hermosos como yo. Pero la mera existencia de ese grado de fealdad hacía que los pilares de mi estabilidad emocional se tambaleasen. Debía resistir por el capitán, aunque para ello tuviese que soportar aquel pequeño y horrendo rostro; tenía que ganar tiempo, porque sabía que el pequeño monstruo no iba a dejarme ir por mi cara bonita, desgraciadamente.

— Capi...huye.

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#3
Como no podía ser de otra manera, el bello cisne que representaba a la reina Aspros decidió luchar por la libertad. Mi veneno - lleno de mi resentimiento y admiración a partes iguales - fue respondido por su lengua - igual de sibilina - perfectamente camuflada entre palabras o imágenes edulcoradas. Por nada estaba ante la mismísima reina Okama.


Expresadas sus declaraciones de intenciones, pude sentir como todo a nuestro alrededor se oscurecía paulatinamente, dejando la sala en un imaginario estado de penumbra hasta que, dos haces de luz, provenientes del mismo tejado, emergían abruptamente, cruzando el espacio que separaba la parte superior de la estancia hasta la propia superficie del suelo. Todo se hallaba en oscuridad, salvo dos focos de luz, que envolvían respectivamente a un servidor, y Aspros, a la representación de todo lo que quise ser pero que, por el factor genético nunca pude. Y es que este patito feo, nunca llegó a ser un cisne.

Sin embargo, a pesar de mi aparente fealdad, lo que si podría mostrarle, era que era superior a ella en todos los demás sentidos. Pero una reina no tiene por qué ser necesariamente hermosa, atractiva y querida. No, también podía ser una respetada, temida y… Fuerte.— Bien. — musité, pasando a empuñar mi arma solamente con mi siniestra, haciendo que esta brillará de un color negro gracias a mi haki, cuyo brazo flexioné,de forma que mi codo quedaba mirando hacia Aspros, al mismo tiempo que giraba mi cadera y cuerpo en sentido antihorario. Las puntas de mi arma apuntaban hacia el precioso cisne.— Llega pues el momento de hacer lyp sinc... — apreté los músculos de mi brazo derecho, al mismo tiempo que lo hacía con los de mi tren inferior.

— ¡POR VUESTRA VIDA-TON! —

Exclamé, en el momento en el que liberé toda la carga muscular que tenía en mi cuerpo, extendiendo mi brazo izquierdo hacia delante a la par que soltaba el agarre de Lipsync en el momento perfecto en el que este saldría proyectado hacia la rodilla derecha de Aspros.

Sin cesar en mi ofensiva, y segundos después de haber lanzado mi arma hacia su majestad, comencé a correr hacia ella dando zancadas, dos en específico, como si fuera una bailarina de ballet, con una gran celeridad hasta que recorté, en un abrir y cerrar de ojos, los 10 metros que me separaban de Aspros, quedando a sus pies prácticamente. En ese momento, me detuve abruptamente, dando un pequeño brinco con una voltereta hacia atrás, haciendo que mi culo quedara en pompa y mirando hacia el suelo y mi cuerpo paralelo al suelo. En esa postura, abrí mis piernas, formando una V entre ellas, y azotando con mi cola el suelo para propulsarme hacia el torso de la reina, propiciando un salto a gran velocidad cuya postura aproveché para asestar un aluvión de patadas hacia el intruso.

Tras el impacto de las patadas, mi cuerpo se propulsó hacia atrás, hacia el vacío del suelo, dando múltiples volteretas hacia atrás hasta que,una vez que llegué al suelo, me abrí de piernas, aterrizando perfectamente con mis extremidades inferiores abiertas. Me sentía… Una verdadera reina.

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#4
Na na na C’mon…

Una luz tenue, un silencio sepulcral, dos focos iluminando a las estrellas del momento. Y una canción. No sabía si todo aquello era real o formaba parte de una fantasía, de una ilusión colectiva que nos sumergía a la Tontatta y a mí en una espiral de desenfreno y divineo. Parecía ser que el pequeño engendro profesaba hacia mi una especie de admiración entremezclada con ira y envidia: no me extrañaba, eran sentimientos que mi belleza solía generar en los demás. Pero era precisamente esa envidia la que impulsaba sus pequeños músculos y sus ansias de sangre. Era fuerte, demasiado fuerte.

Na na na na na C’mon…

Muy a mi pesar, toda mi atención estaba puesta ella, en la repulsiva carcelera de Impel Down. Evitaba mirar su rostro, posando la mirada en diferentes partes de su cuerpo para no perderla de vista, concentrando mis sentidos en ella para anticiparme a sus movimientos. Notaba como una gota de sudor recorría mi frente, tensa en un gesto de concentración y desasosiego. Y como si de un pistoletazo de salida se tratase, sus palabras dieron pie al enfrentamiento final.

Na na na C’mon C’mon C’mon na na na na…

La Tontatta inició la ofensiva lanzándome aquel tenedor ennegrecido que empleaba a modo de tridente. Observé cómo su cuerpo se contorsionaba, danzante, grácil. Tensé los músculos de mis piernas y me desplacé lateralmente hacia la izquierda para esquivar el lanzamiento, tras el cual comenzó a correr la Tontatta, extendiendo mis piernas con cada zancada y extendiendo mis brazos por encima de mi cabeza, como si los emplease para volar como el bello cisne que era. Al ritmo de una canción imaginaria, avanzaba en el aire adoptando diversas poses, modelando cada movimiento: palmas de las manos encuadrando mi bello rostro, splits aéreos con los pies extendidos en direcciones opuestas, brazos en garra remarcando mi estrecha cintura, mirada sensual con párpados entornados, labios expuestos lanzando un beso al aire. Cada salto, un momento para deslumbrar.

Cause i'm maybe bad but I'm perfectly good at it…

— ¿Por qué tanto resentimiento hacia mí, marichocho? Yo no fui quien te hizo fea —dije con un tono absurdamente lastimero.

Cuando alcancé una distancia prudente, alrededor de 15 metros de la Tontatta, frené para adoptar una pose defensiva, a la espera de su siguiente movimiento. Por el rabillo del ojo podía discernir, en la distancia, el enorme portón que segundos atrás Yojimbo y yo encaramos con la esperanza de la libertad. Ahora esa esperanza se me antojaba lejana, imposible, pero esperaba que el capitán hubiese podido encontrar la forma de escapar. Más allá del vestíbulo, de la entrada, del mar, mi menté viajó a un momento fugaz.

...
 
— ¿Qué si soy capaz de sacrificar mi vida y mi libertad por el capitán? —contesté a Margarita, apostada en la entrada de la suit real. Sus robustos brazos aferraban con fuerza mi maleta. La observaba a través del reflejo del espejo de mi tocador, mientras terminaba de maquillarme—. Ya sabes lo que opino, marichocho, las cosas se hacen o no se hacen, no hay medias tintas.
— Pero mi reina, allí abajo... —inquieta, alternaba su mirada entre mi espalda y el suelo— ¡Es una trampa! ¡Quien baja a Impel Down ya no puede volver a salir!

Tras terminar de pintarme, cerré el pintalabios con un sonoro CLACK y me volteé. Ahora la corpulenta okama se agitaba, con enormes lagrimones formándose en las comisuras de sus característicos ojos verdes. Apoyó la maleta en su pecho, como si ese acto fuese a impedir que me fuese del reino, como si el plan de huida fuese un mal sueño.

— Margarita... —me aproximé a ella, posando mi mano sobre su hombro— entre tú y yo, hay cosas más importantes en la vida que una corona, que un reino, que la propia... belleza —aquella última declaración se atragantó en mi garganta. Apoyé delicadamente la palma de mi mano sobre su mejilla y sequé una de sus lágrimas con el pulgar—. Antes que reina, soy pirata, y antes que pirata soy su nakama. Y por un nakama se baja hasta al mismísimo infierno, aunque...

...

— No vuelvas a salir nunca más.

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#5
El duelo por detener a aquel criminal que había asediado Impel Down y, sobre todo, el duelo por ver quién era la soberana y legítima reina Okama había dado comienzo. Ante mi intento por ensartarle con mi arma en su rodilla, Aspros desapareció completamente de mi vista, sintiendo gracias a mi Kenbunshoku Haki como se desplazaba hacia mi derecha - es decir, su izquierda -, para evitar que Lipsync impactara de lleno en él. El cubierto cortó el aire, no encontrando ningún bello, suave y terso trozo de carne en el que hincar sus dientes. Gracias a mi bella carrera - prácticamente simultánea al previo lanzamiento de mi arma -, fui capaz de alcanzar y empuñar de nuevo mi arma en el aire, atrapándola con ambas manos una vez que avancé unos 5 metros adicionales a los 10 que había recorrido hasta el lugar en el que Aspros estaba anteriormente. Mientras tanto, pude escuchar la lengua sibilina de la reina danzar por su boca, preguntando sobre el motivo de mi resentimiento, si yo no había sido el motivo por el que nací fea.


Me giré hacia él, viendo que se había alejado unos 15 metros de su posición inicial.— Tu perfectamente cuidado cutis, tu deslumbrante belleza, tu cuerpo esculpido por los dioses y status de popularidad no paran de recordarme y gritarme que las feas no tenemos derecho a ser reinas-ton. —  enumeré unas pocas virtudes que poseía el pirata, quién parecía estar en guardia.— Pero no te preocupes… — añadí, mientras volvía a imbuir mi arma con mi color de armadura.— Hoy será el día en el que cambiemos eso, su majestad. —

Y posicionando a Lipsync en mi flanco derecho, estando el arma completamente paralelo al suelo y con los dientes de mi arma apuntando hacia él, comencé a cargar tan rápido como pude hacia Aspros hasta que, una vez que recorrí unos 8 metros, clavé mi arma en el suelo y, como si fuera una pértiga, me abalancé en el aire aún empuñando mi arma, con el objetivo de tener al alcance el escote al descubierto de la reina. Durante el trayecto faltante, comencé a hacer todo tipo de piruetas aéreas, mortales, volteretas, poses de lo más “extravaganzza”, como si quisiera deleitar a un público inexistente y, ante todo, demostrarle a Aspros mi arrolladora superioridad. Una vez que estaba a su alcance, pasé a empuñar el tenedor con mi diestra solamente, flexionando su respectivo brazo de forma que mi codo quedaba mirando hacia atrás, y los dientes de Lipsync hacia los pectorales de la reina. El propio impacto de mi estocada produciría tres pequeños agujeros en el pecho del criminal, de los que comenzaría a brotar sangre y más sangre, arruinando así la imagen pulcra y sublime de la soberana. Por mi parte, comenzaba a descender hacia el suelo, guardando mi arma a mis espaldas, y mientras iba retrocediendo ligeramente hacia atrás gracias a la potencia de mi estoque, hasta que aterricé a un metro de distancia respecto a mi oponente de lipsync. En el momento en el que mis pies tocaron el suelo, hice el pino-puente, con tal de demostrarle que en cada movimiento, cabía la posibilidad de brindar un mensaje corporal lleno de arte y, ante todo, de veneno hacia tu rival. Aquella acción, no era otra cosa que una mofa y una muestra de superioridad hacia su actual majestad.


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#6
I'm a bitch...

— No te equivoques, marichocho —repliqué ante el bombardeo de halagos envenenados de la pequeña tontatta bitch. Metí la mano en uno de mis bolsillos y extraje de él un pequeño pintalabios color verde, con el que empecé a repasar mis labios— Puede que seas fea, horripilante y nefasta, un callo malayo, prácticamente una abominación… —de pronto, guardé silencio. Alargué el índice para golpear mi mejilla boss con ligeros toques, en gesto dubitativo— ¿Y yo que iba a decir?... ah, si. Puede que seas todas esas cosas, ¡pero eso no te impide ser una verdadera reina!

...I'm a boss...

Sin tregua alguna, la pequeña carcelera bitch se abalanzó de nuevo sobre mí, usando ese tenedor suyo a modo de pértiga para propulsarse hacia mi pecho boss. Me deslicé hacia mi derecha en un movimiento fluido y elegante, dejando que la tontatta pasase por mi lado en su trayectoria aérea. Aprovechando el impulso bitch, me alejé de la zona haciendo alarde de mi flexibilidad y pericia boss al ritmo de aquella canción que solo sonaba en nuestras cabezas: zancadas de ballet, arcos imposibles, piruetas; el temor a la muerte no iba a hacer que dejase de servir cuerpo y rostro. 

Tras la ráfaga de acrobacias bitch, acabé a diez metros de donde empecé, manteniendo el equilibrio sobre las manos. Separé bruscamente las piernas en el aire, rectas hacia el techo, y me dejé caer en un espagat perfecto contra el suelo. Quedé orientado en diagonal: a mi izquierda, el trayecto por donde salió volando la Tontatta; a mi derecha, la lejana puerta boss de salida.

I'm a bitch...

— Es cierto que alardeo de mi belleza constantemente, es algo inevitable, y que desprecio la fealdad, pero solo es mi propia visión del mundo— anuncié en voz alta, mientras mantenía mi postura en el suelo shine. Alcé la zurda y señalé a la tontatta gloss— No he llegado a ser Reina solo por mi arrolladora e impactante belleza, sino por la pasión de mi corazón: ¡Tú también puedes ser una Reina, tontitta! If you can't love yourself, how in the hell you gonna love somebody else? —finalmente, apoyé ambas manos en el suelo para propulsarme en el aire y quedar de nuevo de pie, con los brazos extendidos hacia los costados con las palmas abiertas.

...I'm a boss...

Los presos gritaban a nuestro alrededor, borrachos de esperanzas de libertad, deambulando erráticamente por aquel desolador paraje escarlata. No podía evitar pensar en el capitán, en la banda, en aquel caracol que podría hacerme rico, en la inflación del colorete. Pero mis ojos debían permanecer fijos en el diminuto cuerpo del verdugo, intentando difuminar la visión de ese rostro con el que tendría pesadillas hasta el día de mi muerte.

...I'ma shine like gloss.

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#7
Ante mi lluvia de halagos envenenados, pude observar como su majestad empezaba a pintarse y retocarse sus carnosos pero perfilados labios, coloréandolos de un verde brillante que podía captar la atención de hasta un ciego. ¿Es que acaso su belleza y divinidad no tenía fin? Tras un sinfín de insultos hacia mi persona, la reina declaró que nada me impedía ser una verdadera reina, causando que aquellas palabras, como llenaran de ira y furia mi corazón, ¿qué iba a saber de ser una reina alguien que lo había tenido todo tan fácil en su vida? ¿Alguien que nació con el don de haber sido esculpida y tallada por las mismísimas diosas? Para alguien que no había tenido complicaciones por ello, sonaban como palabras vacías para mí, motivo por el que me abalancé hacia Aspros, con una rabia desmedida, dispuesto a ensartarle con mi arma en su pecho.

Sin embargo, antes de que aquello pudiera suceder, en una fantástica y sublime maniobra de movimientos, gestos y acrobacias, la reina Okama volvió a esquivar mi ofensiva, moviéndose hacia mi izquierda - su derecha -, hasta quedar a 10 metros de mi, hasta quedar en el suelo, con las piernas completamente abiertas. Su lengua volvió a danzar, zumbando en mis orejas como la abeja que va en busca del polen de las flores en primavera. De alguna manera seguía intentando engatusarme, quería hacerme creer que, todo este tiempo, la culpa no era de mi físico ni de cómo me veía, sino de mi autoestima, de que no me quería lo suficiente como para que la gente no me quisiera. Aún podía recordar la repulsión con la que todos me miraban desde mi nacimiento… El repudio, el asco.

Yo sé que me critican, me consta que me odian…
¿Por qué será? Yo no tengo la culpa…

Probablemente, esas frases han sido las que más he podido repetir durante toda mi vida. Apreté mis manos con furia, mientras depositaba mi arma a mis espaldas, desactivando mi haki de armadura en ella.

— ¡BASTA-TON! —

Alcé la voz, con suma autoridad, al mismo tiempo que llevaba mi diestra hacia una de las patillas de mis gafas.— Alguien que no ha conocido nunca la fealdad como tú, jamás sabrá como he pasado mi vida-ton. — pronuncié, apartando mis enormes lentes de mis ojos, tirándolas al suelo con desprecio.— Pero no se preocupe, su majestad… Pues voy a enseñarle el verdadero terror. — Y llevé mi siniestra hacia uno de los bolsillos de mi gabardina, extrayendo de allí mismo mi brocha personal perfectamente oscuro salvo su centro, que reflejaba un color dorado como el sol.  En cada uno de los extremos, poseía unos pinceles que servían para retocar y potenciar mi glamuroso y sutil maquillaje. Aunque ese no sería el caso.


Empuñándolo con fiereza, comencé a golpearme mi propia cara en uno de los extremos de mi instrumento, con la mayores de las fuerzas que podía. No me dolía en lo más mínimo, pero podía sentir como, con cada golpe, mi cara se iba desfigurando y moldeando a mi voluntad. Sentía mis pómulos más cargados, mi nariz más fina, mi barbilla más prominente y, en general, todas mis facciones más acentuadas. Con esa obra, ya no era un patito feo. Ahora era toda una incógnita y asombro para la humanidad.

[Imagen: hq9szMe.png]

— ¿Qué le parece mi nuevo yo-ton?—

Solté mi brocha de nuevo en el bolsillo que le correspondía, y mientras realizaba toda la tensión facial suficiente como para que mi cara no volviera a ser el adefesio que acostumbraba ser. En ese preciso momento, comencé a correr como la vida me fuera en ello, con mi nuevo rostro ausente de la fealdad que tanto me caracterizaba recibiendo la brisa y el aire debido a mi carrera.

El grito de los presos eran incapaces de silenciar la música que sonaba en mi interior, haciendo que esta me hiciera correr de manera rítmica dando, en ocasiones, alguna que otra pirueta mientras movía mis manos de forma abrupta de izquierda a derecha. Cuando estuve a cosa de un metro del pie izquierdo de Aspros, volví a dar una voltereta delantera, haciendo que está me impulsara hacia delante y con mis pies al frente. En el trayecto, flexionaba mi pierna derecha, mientras la izquierda la seguía manteniendo extendida, terminando mi respectivo pie por asestar una patada en su tobillo izquierdo, causando que, del impacto, su majestad se viera desplazada una cantidad de algo menos de 30 metros. Esta zona de la prisión era lo suficientemente espaciosa como para que ninguno de nuestros movimientos se vieran interrumpidos e interceptados por ninguna superficie ni pared.

— Yes… — pronuncié, pasando a tumbarme boca abajo, quedando apoyadas tan sólo mis palmas, punteras y rodillas sobre la superficie del suelo.— ...It’s so crazy right now. — Y empecé a mover mi cadera, hacia delante y hacia atrás, pareciendo que estaba haciéndole alguna clase de acto indecente al propio suelo. Menos mal que estaba lejos de la mirada de mi estupendísimo y mejor jefe del mundo mundial.

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Energia: 4371 - 860 = 3511
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#8
— Está totalmente desquiciada —pensé, observando con horror como, presa de la ira, la tontatta se pintaba la cara propinándose fuertes golpes con una brocha de maquillaje; con cada uno de ellos su horrible rostro transmutaba, se movía, se ajustaba.Tras segundos que se me antojaron horas, la tontatta bajó la brocha, mostrando un rostro totalmente diferente al suyo, de facciones exageradas y tensas— Eh…

rohan

Aquel drástico cambio me había dejado sin palabras. Si bien era verdad que ahora su rostro me resultaba “aguantable” de mirar, inspiraba en mí una extraña sensación de desasosiego, como si se me cerrase la boca del estómago. Parecía que su cara estuviese a punto de reventar.

♫ so crazy, my baby

Y de nuevo, comenzó a avanzar hacia mí. Su cuerpo se movía de forma extraña mientras corría, moviendo los brazos de un lado para otro como una total perturbada. Tensé los músculos de las piernas para, que en el momento justo en el que la tontatta se proponía lanzar una patada contra mi pierna izquierda, saltar encogiéndolas rápidamente y evitar el golpe por escasos centímetros.

— ¡Queen Miracle: Double Venus Mirage!

De pronto, del suelo bajo los pies de la tonttata brotaron un par de brazos, que aferraron con fuerza el pequeño cuerpo de la carcelera mientras realizaba su ofensiva, dejando solo al descubierto su diminuta cabeza. Tras los brazos emergió un rostro, después un tronco seguido de unas piernas, componiendo así una entidad completa: yo mismo. Una réplica totalmente idéntica a mí, de igual belleza y porte impactante, apresaba con fuerza a mi rival a la altura de su pecho, mientras le dedicaba una mirada llena de seriedad y tedio.

♫ baby, you got me, you got me

— No puedes estarte quieta, ¿eh? —pronunció aquellas palabras con una voz muy grave, casi ceremonial— Menudo insecto tan molesto y desagradable.
— No seas tan borde marichocho, no es cortés.

Tras varios metros de ascenso, comencé a descender con las piernas juntas en forma de flecha, en dirección a la Tontatta. Mi réplica, que seguía apresándola, extendió sus brazos para alzarla y exponerla a mi impacto— ¡Keri pointe! —golpeé con fuerza el rostro de la tontatta, momento en el cual mi réplica abrió las manos para dejar que el cuerpo de la pequeña carcelera saliese despedido metros atrás.

Aprovechando el impulso por el impacto, di una voltereta en el aire para después caer elegantemente junto a mi réplica, que miraba con los brazos cruzados sobre el pecho hacia donde había salido disparada la tontatta. Me aproximé a él y me apoyé en su hombro derecho con ambas manos, levantando levemente mi pierna derecha hacia atrás, imitando a una inocente colegiala.

♫ Got me looking, got me looking so crazy in love

— Deja de hacer el tonto, anda.


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#9
Mi nuevo, ausente de fealdad y tan lleno de incógnitas, se dirigía hacia la reina Okama, con el objetivo de endosarle una buena patada. Sin embargo, de manera muy justa, Aspros consiguió esquivar mi ofensiva con soltura.— ¿Es que se va a dedicar a huir durante toda su vida, su majestad-ton?. — pregunté con sorna, al mismo tiempo que mi rival pronunciaba una clase de palabras que no llegaba del todo a comprender hasta que pudo sentir como me empezaban a agarrar desde abajo.— ¿Cómo? — me preguntaba internamente, mientras giraba ligeramente mi única parte libre, mi cabeza, hacia mi izquierda, pudiendo ver desde el rabillo de mi ojo como una figura increíblemente bella comenzaba a emerger desde la superficie. Ese rostro, esa fisonomía, esa complexión y ese increíble sentido de la moda. No cabía duda, era Aspros.

Por pura inercia, desvié mi mirada hacia arriba, dónde debía estar la criminal. Mi vista no me engañaba… Había dos Aspros.— ¡¡Suélteme su majestad!! ¿Cómo es esto posible? ¿Acaso se trata del poder de una Akuma no Mi-ton? — intentaba forcejear con mi diminuto cuerpo, intentando librarme de las suaves pero tersas manos del clon de la reina, recibiendo por parte del doble una respuesta un tanto seca y borde, con una voz más grave de lo que poseía la reina. Hasta su majestad - la original -, tuvo que llamarle la atención. Pero más importante que eso era que, mi Kenbunshoku Haki, detectaba el advenimiento de un ataque hacia mi cara.— ¡Qué se lo ha creído! — exclamé, imbuyendo toda mi cabeza con Busoshoku Haki, prácticamente a la par que recibía una técnica muy bien conocida por mi en mi rostro ennegrecido.

Gracias a que en ese momento idóneo, la copia de Aspros deshizo su agarre, desciendo verticalmente desde dónde estaba, sintiendo como mi cabeza y, por tanto, mi cuerpo en general se encontraba adormecido, como si aquel golpe hubiera adormilado cada uno de mis nervios. Mientras aterrizaba, la reina hacía la propio, realizando un descenso elegante que la posicionó junto a su doble varonil, apoyándose ella sobre su hombro derecho y levantando su pierna derecha como si de una inocente colegiala se tratara. Yo por mi parte, sentía que necesitaba descansar mi cuerpo y, en mis años de vicealcaide, había aprendido que la mejor ofensiva muchas veces era quedarse a la defensiva. Por lo que, mientras el nuevo Aspros recriminaba a su creadora que se pusiera en serio, llevé mi diestra a mi espalda, para volver a armarme con mi Lipsync, la cuál extendí hacia arriba, apuntando con los dientes de dicho arma a un espacio ubicado entre los dos okamas. Debía tener cuidado pues, con mi Kenbunshoku, era incapaz de sentir nada de parte de la creación de su majestad.

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Vitalidad: 10232 - 809 = 9423
Energia: 3511 - 460 = 3051
Espiritu: 1290 - 342 = 948
#10
En el preciso instante en el que mi pie golpeaba la diminuta cabeza de la tontatta, pude ver como esta la endurecia, mostrando aquel característico y profundo brillo negro, para reducir al máximo el daño que pudiese ocasionarle. Por ello en lugar de salir despedida por el impacto del golpe, cayó a escasa distancia de nosotros, ubicándose entre nuestros pies. Teniéndola tan cerca, no pude evitar pensar en lo fuerte que era aquel monstruito a pesar de lo diminuto de su tamaño. Parecía cansada, pero aún podía notar en ella una inconmensurable fuerza y voluntad de hierro, además de ese rostro perturbador que me inspiraba desasosiego. Ambos inclinamos la cabeza para mirar a la tontatta, para luego volver a mirarnos entre nosotros.

— Debe estar en shock —comenté a mi copia, fingiendo cara de sorpresa— Presenciar una belleza como la nuestra multiplicada por dos debe ser impactante.
— Tal vez sea por la patada que le has dado en toda la cara.
— Vamos, seguro que me he hecho más daño en el pie que ella.
— ¿Te preocupas por ella? Que bonito.
— Es una de las nuestras, es normal que…
— A mi no me incluyas.

Rápidamente la carcelera volvió a desenvainar ese tenedor suyo, apuntando directamente al espacio ubicado entre nuestras cabezas. De forma instintiva, retrocedí dando un par de saltos hacia atrás, separándome de ella y de mi copia unos cinco metros. No debía subestimar su tamaño, era muy peligrosa y en cualquier momento podía pasar de nuevo a la ofensiva y ensartarnos como a un par de trozos de atractiva carne.

A su vez, mi clon extendió sus brazos, se inclinó y volvió a abalanzarse rápidamente para intentar apresar a la tontatta entre sus manos, deslizandolas en un movimiento de barrido a cada lado de la pequeña carcelera. Una vez apresada, volvió a alzarse, elevándola hasta la altura de su cara. La miraba fijamente.

— Sabes a envidia—susurró el clon, lamiendo una de las mejillas de la tontatta. Su lengua era enorme en comparación con la cabeza de la carcelera— Nicholas Vangeance.

A mi espalda volvía a quedar la enorme puerta de la prisión por la que había escapado Yojimbo. A la distancia a la que nos encontrábamos era incapaz de percibir su presencia o de escuchar nada, pero que el carcelero gigante o el peliazul no se hubiesen personado allí podía tomarse como una buena noticia.

— ¿Por qué trabajas para el gobierno? Siempre quise decir eso... —dije en tono dramático, tapando mi boca con la diestra mientras señalaba a Nicholas con la zurda— ¡Eres una okama fuerte! ¡Habla!


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[Imagen: rvCfBMF.png]

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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