El incansable - (Evento Local) [Presente Absoluto]
#31
Joe procedió a leer la carta que le entregó la capitana, donde instaban a llevarnos a Impel Down para una evaluación de la división 34, firmada por la secretaria del Almirante de flota."¿Qué clases de noticias habrían tenido en el cuartel general de nosotros?" Me pregunté con el semblante serio al fin y al cabo todos nuestros ascensos por lo acontecido en Los Cabos Gemelos era todo formado por acciones que no cometimos al cien por cien. 

Durante los dos días siguientes junto a Joe averiguamos lo que realmente le sucedió a Vulkan y como lo encontraron. Fue un golpe duro para mí, él fue la primera persona que conocí antes de alistarme, la que me presentó a Minato y nunca sabríamos los motivos reales de su muerte. Él era impulsivo y muy estricto en cuanto a lo que impartir "su justicia", en mi mente albergaba la posibilidad de que la noticia de nuestros supuestos logros le hiciese necesitar el espacio suficiente para asimilar tales adornos de la verdad, pero nunca imaginé que la siguiente noticia que obtuviésemos de él fuera la de su fallecimiento y mucho menos por ahogamiento, pues nunca lo consideré un insensato. Junto a Joe le dimos la noticia a Karl la cual nos despachó, seguramente mosqueada y triste por todo lo acontecido, la entendía perfectamente y no solo eso en un arrebato de ira ante los comentarios que unos marines hacían tan a la ligera de un enemigo yo no había actuado de la forma que siempre le exigía a ella..."¿Con qué ejemplo y derecho iba a decirle yo las cosas ahora? Ya no iba a ser un espejo en el cual ella podría mirarse" Hundido, angustiado y decepcionado por todos los datos y actos que había obtenido y realizados desde que llegamos a la playa y una vez embarcamos pase casi dos días escondido en el camarote pensando en ello.

Después de eso apenas quise salir de mi camarote. Las únicas veces que salí Daisen intento animarme con datos curiosos, yo le agradecía el intento, escuchándolos y sonriendo mientras este con su sonrisa imperecedera me hablaba. Ikirami me preguntó por el motivo que me hizo reaccionar así en la playa, supuse que con la intención de averiguar la razón de mi comportamiento, pero no tenía ganas de socializar mucho con nadie, por lo que con una sonrisa y toda la educación que pude en ese momento le prometí hablar de ello asolas en otro momento, eso sin pretenderlo me daba el pretexto para tener una cita a solas con ella y conocernos mejor. Y Tenma se interesó por como me guiaba mientras navegaba, sinceramente fue el único que me hizo sacar una carcajada, pues para mí como le respondí era tan sencillo como saber qué dirección debíamos tomar y seguir la brújula, pero como sabía que eso no conseguiría satisfacerle le expliqué que en el mar no era tan fácil como mantener el timón en una posición, pues aunque lo pareciese el mundo no era plano y seguir una línea recta no significaba seguir siempre la dirección correcta y que durante la noche a veces me gustaba guiarme por las estrellas como lo hacían los antiguos navegantes los cuales no tenían brújulas para saber en qué dirección estaba el norte, el sur, el este o el oeste.
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Ya habían pasado los dos días de travesía y nos reunimos todos en la habitación de Daisen para comer. Yo me senté entre Joe e Ikarami, en silencio, mirando el plato, jugando con el tenedor que sostenía con mi mano izquierda a remover los trozos de pollo y cebolla entre el arroz, mientras en la diestra reposaba mi cabeza estaba absorto en mis pensamientos. Llevada dos días imaginándome todo tipo de situaciones en las que Vulkan pudiese haber acabado en el mar y no dejaba de darle vueltas al asunto, entre ellas se me paso la idea de que el muy torpe hubiese ido a pescar y este sin nociones de navegación se hubiese hundido, pero era tan descabellado qué rápido lo descarté."¿Quién sería tan torpe para ahogarse navegando en una barca yendo a pescar? La verdad que no tenía ganas de comer y mientras seguía jugando con la comida, de fondo escuchaba como Joe comenzó una conversación, estaba tan absorto moviendo elevando el tenedor lleno de comida para volver a dejarla dentro del plato y removerlo una y otra vez que apenas distinguía lo que mis compañeros decían pude escuchar como Ikirami realizaba un par de preguntas"¿Serían para mí? No lo sé, apenas estoy pendiente de nada, por lo que igual es mejor dejar pasar todo, lo mismo estaba hablando con Daisen o Karl, ya que las dos se llevan bien" No quería abandonar mis pensamientos, sabía que seguir lamentándome, no iba a traerlo de vuelta, pero si al menos hubiésemos podido darle sepultura como a Minato, si me hubiese podido despedir de él o al menos tuviese un motivo más allá de que se ahogó"¿Qué te pasó? ¿Cómo fuiste capaz de ahogarte? ¿Qué te llevó a adentrarte en el mar solo?" De repente escuché como Ikirami decía que era mejor que los presos fuesen ejecutados, una idea tan "de Vulkan"que me sacó de mis pensamientos. -Perdonadme chicos, la verdad es que no tengo mucha hambre, dije cabizbajo retirando mi plato hacia el medio de la mesa con mi diestra. Entonces me dirigí a Ikirami la cual había acabado de hablar diciéndole a Joe que haríamos un gran trabajo. Discrepo ligeramente, los presos potencialmente menos peligrosos podrian realizar con la suficiente vigilancia trabajos para reconstruir y limpiar el mundo. 
|Hablo/"Pienso"/Narro|
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#32
Día 27 de Otoño del año 11.
Calm Belt - Impel Down.
15:40 a.m.

Durante vuestras conversaciones, donde algunos hablaban más y otros lo hacían menos, el gran barco de la Capitana Jenkins bufó como un animal herido haciendo retumbar el imponente sonido de su bocina, anunciando tierra a la vista. Y no cualquier tierra, si no más bien el mismísimo infierno: Impel Down.

Impel Down estaba ubicada en medio del Calm Belt, formando uno de los vértices de un curioso fenómeno marítimo conocido como la Corriente Tarai, una triangulación de tres emplazamientos clave de la marina cuyas aguas peculiares dificultaban el acceso y limitaban la direccionalidad del mismo de una forma concreta. Pero eso no era el tema ahora. Impel Down estaba en el Calm Belt y eso significaba que ningún barco de vela podría moverse por estas aguas al no haber viento ni corrientes. Además, como bien os había informado Daisen gracias a sus estudios y oficio, era el territorio de los Reyes Marinos, unas bestias de proporciones enormes y extremadamente territoriales que no dudarían en atacar a cualquier cosa que considerasen un intruso o una amenaza, siendo obviamente un barco, a sus ojos, las dos cosas. Los Marines habían conseguido mitigar este problema recubriendo los cascos de sus barcos con un material proveniente del mar, el Kairoseki, que en mayor o menor pureza aparte de otorgar más dureza y resistencia, hacía que los cascos de los barcos emitiesen una esencia similar a la que existe en el mar, haciendo que cuando los Reyes Marinos detectaban movimiento en la superficie y miraban para comprobar qué problema había, sólo "sintieran" una de esas piedras marinas - Kairoseki - y no lo tomasen como una amenaza o un intruso. De esta forma los Marines podían navegar en paz por estos lugares, lo cual les daba ciertos bonos pues otros barcos que entrasen aquí, tendrían que verselas contra los Reyes Marinos.

Ubicar la prisión más grande y más numerosa, y que albergaba también a los piratas más peligrosos del mundo y de la historia - capturados - en un lugar así tenía un sin fin de ventajas: No solo el mar no tenía corrientes y dificultaba la salida, si no que contaban con carceleros fortísimos extraoficialmente, los propios Reyes Marinos. Así que la única forma de salir era en un propio barco de la Marina. Pero además la construcción de la prisión, que era una torre submarina, estaba ideada por niveles y por profundidad. Sólo tenía un método de acceso en la superficie, una única puerta, y después irías descendiendo por fases y secciones, seis concretamente. A más profundo bajases más peligrosa sería la sección y piratas y criminales más sanguinarios habría allí. Esto hacía que se evitasen fugas por las paredes pues el mínimo agujero o problema podría inundar todo el piso y mataría a todos los presentes, y nadie  - por mas que no tuviese akuma no mi - a excepción quizá de los gyojins, serían capaces de aguantar la presión y nadar hasta la superficie, donde se encontrarían con los problemas ya mencionados. Era un bastión inexpugnable y nunca nadie en toda la historia había conseguido escapar de allí.

La puerta de vuestro camarote se abrió súbitamente y pudisteis contemplar el rostro amable de Gio, que os miraba sonriendo y con la respiración algo agitada: Había venido corriendo. — ¡Llegamos! — gritó con alegría, y entonces se dio cuenta de su intromisión, cuadrándose en posición de saludo marcial y serenando su rostro intentando parecer profesional — ¡Cadete Gio Rose a su servicio, señor! — dijo con energía — ¡En breves instantes desembarcaremos en Impel Down, señor! — añadió y dio un taconazo. Entonces relajó un poco su tensión en general, rostro y postura — Podrían pensar que tendrían otro guía en algún momento — y se llevó el pulgar derecho al rostro para autoseñalarse — ¡Pero era yo, Gio! — añadió a un tono aun más alto y entonces entró en la estancia dando un dos pasos rebuscando en su zurrón, que colgaba de su cadera derecha, sacando una cantimplora — Dicen que Impel Down es el mismísimo infierno, y en el infierno siempre he oído que debe de hacer muchísimo calor, así que les he preparado este odre de agua para que no tengan sed durante su estancia — dijo, extendiendo la cantimplora hacia Sephiroth con una enorme sonrisa y algo de rubor en sus mejillas — ¡Ánimo, héroes! — añadió el muchacho con admiración y tras entregar el odre de agua y cuadrarse de nuevo en saludo militar, salió corriendo de la estancia a mezclarse con el tumulto del resto del barco que se preparaban para desembarcar.

En la sala de comunicaciones daban reportes sobre un gran enfrentamiento en Toko relacionado con Finn Slingerland, pero sólo pudisteis escuchar su nombre y que había habido víctimas mortales. El tumulto y el bullicio os indicaban a todas luces que tendríais que ir a cubierta para desembarcar, y allí poder encaminaros por el puente de acceso hacia la entrada del lugar más terrorífico para cualquier criminal: Impel Down.
Por suerte, contabais con vuestra férrea confianza, vuestros lazos forjados con las vivencias, la fuerza de los sueños de otros y por supuesto, con el Agua di Gio.



Llegamos a Impel Down. Vuestras respuestas serán en este tema
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