20-01-2024, 05:52 PM
Kald se puso una capa negra y un sombrero de ala ancha para ocultar su identidad y su cabello plateado. Salió de la posada y se dirigió al centro de la ciudad, donde se encontraban los comercios. Había una plaza con un mercado, donde los vendedores ofrecían sus productos a los compradores. Kald se mezcló entre la multitud y observó a su alrededor. Buscaba algún indicio de la presencia de los piratas, como un tatuaje, una cicatriz o una joya. Pero no vio nada sospechoso. Todos parecían gente normal, que intentaba sobrevivir en aquella ciudad gris.
Kald decidió acercarse a algunos de los mercaderes y preguntarles sobre los piratas. Se acercó a un puesto de frutas y verduras, donde había un hombre de aspecto cansado que le miró con desconfianza.
- Buenas tardes, señor. Estoy buscando algo de comer. ¿Qué me recomienda? - preguntó Kald con amabilidad.
- Pues lo que ve, lo que ve. Hay manzanas, peras, zanahorias, lechugas... Todo fresco y barato. Llévese lo que quiera, pero pague lo que debe. - respondió el hombre con sequedad.
- Gracias, señor. Me llevo unas manzanas y unas zanahorias. Por cierto, ¿sabe usted algo de los piratas que dicen que andan por aquí? He oído que son muy peligrosos y que causan muchos problemas. - preguntó Kald con curiosidad.
- ¿Piratas? ¿Qué piratas? Aquí no hay piratas. Solo hay gente honrada que trabaja duro. No sé de qué me habla. - dijo el hombre con nerviosismo.
- Vamos, señor. No se haga el tonto. Sé que usted sabe algo. He visto cómo miraba a ese gyojin que acaba de pasar. Tiene aspecto de barracuda, y lleva un pendiente con una estrella. Es uno de los piratas que busco. Dígame dónde están, o se lo diré a la marina. - amenazó Kald con voz firme.
- ¿La marina? ¿Qué marina? Aquí no hay marina. Solo hay piratas. Y usted es uno de ellos. ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Un pirata me quiere robar! - gritó el hombre con pánico.
Kald se quedó sorprendido por la reacción del hombre, y vio cómo la gente se alejaba de él con miedo. Se dio cuenta de que había cometido un error, y que había levantado sospechas. Decidió escapar de allí, y se abrió paso entre la multitud. Buscó otro mercader que pudiera darle información, pero todos le miraban con recelo y se negaban a hablar con él. Kald se sintió frustrado y enfadado. ¿Cómo iba a encontrar a los piratas si nadie le ayudaba? ¿Qué podía hacer para hacerles hablar? Se le ocurrió una idea. Tal vez si usaba su poder de lunariano, podría intimidarles y hacerles cooperar. Pero eso implicaba revelar su identidad y arriesgarse a ser descubierto. ¿Valía la pena correr ese riesgo? Kald se lo pensó un momento, y tomó una decisión. Se quitó la capa y el sombrero, y dejó al descubierto su cabello plateado y sus ojos azules. Luego, alzó la mano y creó una pequeña llama en su palma. La gente se asustó al ver el fuego, y se apartó de él. Kald se acercó a otro puesto, donde había una mujer de aspecto cansado que le miró con terror.
- Buenas tardes, señora. Estoy buscando información sobre unos piratas. Usted sabe quiénes son. Son un gyojin con aspecto de barracuda, una humana con grandes ojeras y una semioni que tiene un gato. Dígame dónde están, o haré que esta llama se convierta en un incendio. - dijo Kald con voz amenazante.
- Por favor, no me haga daño. Yo no sé nada. No conozco a esos piratas. No tengo nada que ver con ellos. - suplicó la mujer con lágrimas en los ojos.
- No me mienta, señora. Sé que usted los ha visto. Sé que ellos vienen a comprar aquí. Sé que ellos le pagan bien por su silencio. Pero yo le pagaré mejor por su colaboración. Dígame dónde están, o se arrepentira. - insistió Kald con dureza.
- Está bien, está bien. Le diré lo que sé. Pero por favor, apague esa llama. Me da miedo. - dijo la mujer con temblor.
- De acuerdo. Apagaré la llama, pero solo si me dice la verdad. ¿Dónde están los piratas? - preguntó Kald con impaciencia.
- No lo sé. No lo sé. Solo sé que tienen una base en algún lugar de la isla. Pero no sé dónde. No sé cómo encontrarla. Solo sé que tiene una marca especial. Una estrella negra. Esa es la señal de los piratas. - mintió la mujer con miedo.
- ¿Una estrella negra? Ya veo. Gracias por su información, señora. Ha sido muy útil. Ahora, si me disculpa, tengo que irme. Tengo una cita con unos piratas. - dijo Kald con sarcasmo.
- Por favor, no me delate. No diga que fui yo quien le dijo. No quiero tener problemas con ellos. Son muy crueles. - rogó la mujer con angustia.
- No se preocupe, señora. Su secreto está a salvo conmigo. Adiós. - dijo Kald con indiferencia.
Kald se alejó del puesto, y se dirigió al bosque. Había conseguido la información que buscaba, pero a un alto precio. Había revelado su poder de lunariano, y había alertado a los piratas. Sabía que no tenía mucho tiempo, y que tenía que actuar rápido. Tenía que encontrar a los piratas, y capturarlos Cuando los encontrara se enfrentaraia a ellos, y les haría pagar por sus crímenes. Kald estaba decidido a cumplir su misión, y a demostrar su valor como marine. Pero no sabía que la información que había obtenido era falsa.
Kald decidió acercarse a algunos de los mercaderes y preguntarles sobre los piratas. Se acercó a un puesto de frutas y verduras, donde había un hombre de aspecto cansado que le miró con desconfianza.
- Buenas tardes, señor. Estoy buscando algo de comer. ¿Qué me recomienda? - preguntó Kald con amabilidad.
- Pues lo que ve, lo que ve. Hay manzanas, peras, zanahorias, lechugas... Todo fresco y barato. Llévese lo que quiera, pero pague lo que debe. - respondió el hombre con sequedad.
- Gracias, señor. Me llevo unas manzanas y unas zanahorias. Por cierto, ¿sabe usted algo de los piratas que dicen que andan por aquí? He oído que son muy peligrosos y que causan muchos problemas. - preguntó Kald con curiosidad.
- ¿Piratas? ¿Qué piratas? Aquí no hay piratas. Solo hay gente honrada que trabaja duro. No sé de qué me habla. - dijo el hombre con nerviosismo.
- Vamos, señor. No se haga el tonto. Sé que usted sabe algo. He visto cómo miraba a ese gyojin que acaba de pasar. Tiene aspecto de barracuda, y lleva un pendiente con una estrella. Es uno de los piratas que busco. Dígame dónde están, o se lo diré a la marina. - amenazó Kald con voz firme.
- ¿La marina? ¿Qué marina? Aquí no hay marina. Solo hay piratas. Y usted es uno de ellos. ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Un pirata me quiere robar! - gritó el hombre con pánico.
Kald se quedó sorprendido por la reacción del hombre, y vio cómo la gente se alejaba de él con miedo. Se dio cuenta de que había cometido un error, y que había levantado sospechas. Decidió escapar de allí, y se abrió paso entre la multitud. Buscó otro mercader que pudiera darle información, pero todos le miraban con recelo y se negaban a hablar con él. Kald se sintió frustrado y enfadado. ¿Cómo iba a encontrar a los piratas si nadie le ayudaba? ¿Qué podía hacer para hacerles hablar? Se le ocurrió una idea. Tal vez si usaba su poder de lunariano, podría intimidarles y hacerles cooperar. Pero eso implicaba revelar su identidad y arriesgarse a ser descubierto. ¿Valía la pena correr ese riesgo? Kald se lo pensó un momento, y tomó una decisión. Se quitó la capa y el sombrero, y dejó al descubierto su cabello plateado y sus ojos azules. Luego, alzó la mano y creó una pequeña llama en su palma. La gente se asustó al ver el fuego, y se apartó de él. Kald se acercó a otro puesto, donde había una mujer de aspecto cansado que le miró con terror.
- Buenas tardes, señora. Estoy buscando información sobre unos piratas. Usted sabe quiénes son. Son un gyojin con aspecto de barracuda, una humana con grandes ojeras y una semioni que tiene un gato. Dígame dónde están, o haré que esta llama se convierta en un incendio. - dijo Kald con voz amenazante.
- Por favor, no me haga daño. Yo no sé nada. No conozco a esos piratas. No tengo nada que ver con ellos. - suplicó la mujer con lágrimas en los ojos.
- No me mienta, señora. Sé que usted los ha visto. Sé que ellos vienen a comprar aquí. Sé que ellos le pagan bien por su silencio. Pero yo le pagaré mejor por su colaboración. Dígame dónde están, o se arrepentira. - insistió Kald con dureza.
- Está bien, está bien. Le diré lo que sé. Pero por favor, apague esa llama. Me da miedo. - dijo la mujer con temblor.
- De acuerdo. Apagaré la llama, pero solo si me dice la verdad. ¿Dónde están los piratas? - preguntó Kald con impaciencia.
- No lo sé. No lo sé. Solo sé que tienen una base en algún lugar de la isla. Pero no sé dónde. No sé cómo encontrarla. Solo sé que tiene una marca especial. Una estrella negra. Esa es la señal de los piratas. - mintió la mujer con miedo.
- ¿Una estrella negra? Ya veo. Gracias por su información, señora. Ha sido muy útil. Ahora, si me disculpa, tengo que irme. Tengo una cita con unos piratas. - dijo Kald con sarcasmo.
- Por favor, no me delate. No diga que fui yo quien le dijo. No quiero tener problemas con ellos. Son muy crueles. - rogó la mujer con angustia.
- No se preocupe, señora. Su secreto está a salvo conmigo. Adiós. - dijo Kald con indiferencia.
Kald se alejó del puesto, y se dirigió al bosque. Había conseguido la información que buscaba, pero a un alto precio. Había revelado su poder de lunariano, y había alertado a los piratas. Sabía que no tenía mucho tiempo, y que tenía que actuar rápido. Tenía que encontrar a los piratas, y capturarlos Cuando los encontrara se enfrentaraia a ellos, y les haría pagar por sus crímenes. Kald estaba decidido a cumplir su misión, y a demostrar su valor como marine. Pero no sabía que la información que había obtenido era falsa.
