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17-01-2024, 01:15 AM
(Última modificación: 17-01-2024, 01:15 AM por Shoto Data.
Razón: Problema en las sangrias
)
Día 50, Año 11, Verano, 10.00 a.m.
West Blue - Toroa – Ciudad Murkhold.
Un día espectacular de verano, algo extraño en Toroa, cuando llegué al castillo que tanto me había cautivado durante las últimas semanas. - Voy bien de tiempo, hoy cambiaban la exposición de arte en la galería y me gustaría pasarme por la biblioteca. - Dije en un tono medio para las solapas de mi bata mientras caminaba con un libro y un cuaderno en mi mano derecha. Al llegar a las puertas del castillo saludé a los vigilantes locales, los cuales no tarde mucho en hacerme amigo de ellos al fin y al cabo no dejaba de ser un visitante que iba con bastante frecuencia y siempre terminaba contando alguna historia de Ohara. Por no faltar a mi rutina sagrada, me acerqué a la cafetería del castillo ubicada en el claustro. Siempre me pregunté por qué elegirían el claustro para esa tarea si normalmente era un sitio para poder pensar, meditar y no tener ningún flujo de información entrante por cualquiera de tus sentidos. Aun así, cogí la taza del café solo que me habían servido y me fui a la mesa a pensar sobre a mi vida. Me había puesto dos metas, la primera era salir de Ohara y ser una persona de mundo, al final mi padre siempre hablaba de como, de joven con su familia andaba de un sitio a otro, sin parar mucho tiempo y siendo como quien dice un nómada, hasta que llegó a Ohara, en fin... Meta cumplida. La segunda meta, ambiciosa a la vez que temeraria. Necesitaba buscar protección para mí y los míos, si les hubiera claro, de momento solo esta Erika así que llevo dándole vueltas donde acabaré en unos meses. Lo que sí que tengo claro es que necesito investigar más sobre las akuma no mi, desde que vi a aquella chica pelirroja no puedo dejar de pensar en ello.
Tras acabar el café mi dirigí por los pasillos del castillo a una gran exposición de un artista consagrado, siempre que puede para en Toroa para deleitar a los aficionados de sus pinturas sobre técnicas, estilos, lo que la gente siente al ver sus obras, vamos lo que en argot común sería tener el ego subidito. Al llegar a la puerta me invitó a pasar el comisario de la exposición, un joven de unos 30 años arreglado con un traje negro, camisa blanca, abierta al medio el primer botón. - Buenos días, caballero, pase y vea la exposición de Captador Dilá, nuestro artista invitado aún no ha llegado, pero podrá admirar su obra sobre lo paranoico y lo cínico. - Asentí con la cabeza mientras me dirigía al medio de la sala de exposición.
La sala de exposición era una sala con techos de gran altura, con vidrieras muy trabajadas, para que aparte de disfrutar de la belleza del arte pudieras fijarte en los detalles de las mismas, aparte la sala rectangular tenía tres zonas separadas simétricamente con bancos de piel en el medio para que cualquier persona se pudiera sentar y admirar las obras.
No sé si fue porque la luz incidía sobre el cuadro o que simplemente mi mirada y mi cuerpo se quedaron mirando al vacío y estaba en la trayectoria, pero ahí estaba el cuadro, un óleo sobre lienzo cuyo contenido era realista a la vez que paranoico. Un grupo de marines luchando con lo que parecía un par de piratas, en otro lado lo que parecía un busto por el que habían pasado los siglos, donde la mitad de la cara parecía tener una máscara y la otra estaba al natural, pero no se podían intuir unas facciones faciales definidas, además de una joven semidesnuda arrastrada por una cadena la cual tenía en sus manos un hombre que vestía con ropajes de una clase alta. La clave del cuadro radicaba, o eso al menos, es lo que el creador quería reflejar que dependiendo del ángulo con el que miraras podías ver unas cosas u otras.
Mi cuerpo acabó sentado buscando el mínimo detalle, explorando cada cosa, al cabo de un rato me levanté para leer la etiqueta donde ponía el nombre del cuadro. "La casa de Subastas", un hombre como yo de ciencia, lo único que podía sacar de conclusiones es que era una crítica a la sociedad y sus clases, como las rivalidades han estado toda la vida a lo largo del paso del tiempo, mientras aquellas personas llevaban una máscara siendo unos mentirosos o siendo verdaderamente libres y la critica a la opulencia de como los berries y el poder mueven todo a través de la aristocracia más pasada de vueltas. Me dio por reírme soltando un par de carcajadas sin que dieran mucho la nota entre el resto de asistentes. Tras acabar de ver la etiqueta del cuadro, avance al siguiente lote de la exposición para ver si este artista usaba su arte como una manera de esconder su crítica a través del cinismo.
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18-01-2024, 01:30 AM
(Última modificación: 18-01-2024, 01:34 AM por Hécate.)
Un árbol con las hojas totalmente rojas. Nunca había visto nada así. Mi dominio sobre la flora era principalmente de bosque costero, como el de Ohara, que era donde más tiempo había pasado. También antes de... eso estaba en una zona montañosa. Pero este bosque era diferente a los que yo conocía. Era oscuro, húmedo, sombrío. Pasaba que la mayor parte del bosque quedaba en la umbría y por mucho que el sol pasara a visitar un par de horas al día, la vegetación que allí crecía era diferente. Qué interesante. ¿Qué podía ser ese extraño árbol? Mi instinto explorador estaba muy intrigado. Alcé el vuelo de nuevo y seguí sobrevolando ese extraño y precioso bosque.
Al poco el bosque terminó y bajo mi cuerpo apareció una ciudad. Era una ciudad lóbrega, las casas eran de una madera oscura, las calles eran tan estrechas que parecían callejones y encima el tiempo no acompañaba. Esa ciudad ya me estaba dando depresión y todavía no la había ni pisado. Me estaba planteando descender para visitarla, quizás podía descubrir algo sobre el misterioso árbol rojo ¿habrían bibliotecas? A parte, esa ciudad debía albergar una interesante historia. Toroa. Gobernante elegido democráticamente. Dato: antes tenía rey y estaba afiliado al Gobierno Mundial. Esos apuntes del viejo Tudeau eran realmente útiles, pensé mientras me guardaba la nota en pleno vuelo. Junto con Ohara y una tal Kokorassu eran las islas habitadas del West Blue que no estaban afiliadas al Gobierno. Esta, pero, tenía la peculiaridad que hubo un tiempo en el cual sí formó parte del Gobierno Mundial. ¿Qué habría ocurrido allí? Quizás había habido una… ¡¿Revolución?! Qué emocionante.
Estaba por bajar cuando me fijé en un terreno montañoso al norte, donde se alzaba un gran castillo de piedra. Nunca antes había visto un castillo, sólo en libros. Llamó toda mi atención y decidí volar hasta allí para investigar.
Cuando llegué me encontré algo muy distinto a lo que esperaba. Para empezar, porque hacía un sol increíble, en contraste con la ciudad que acababa de ver, imaginé que por la altura. Para seguir, porque había un montón de humanos con aspecto estrambótico que se paseaban por allí. ¿Qué hacía aquí esta gente? Ya me entraron ganas de irme de allí pero el árbol rojo seguía sin identificar. A los pocos segundos de andar se me acercó una extraña pareja.
- Oh, uau, increíble. Qué alas más majestuosas. Qué magníficas proporciones - dijo el chico mientras hacía una especie de rectángulo con sus dedos. - ¿Puedo dibujarte? Sería increíble para nuestra exposición del mes que viene.
- ¡Sería fantástico! ¿Puedo hacerte fotografías yo? Será un momento, está empezando una exposición de un amigo y queremos ir. Siéntate aquí y ponte en esta postura hacia-
- ¡Iros a tomar por culo! - ¿Qué se creían ese par de imbéciles, que estaban en el circo? Humanos irrespetuosos. Los miré y me percaté de que el chico se había escondido tras ella, agarrado de sus hombros. La chica me miraba con cara de preocupación. Qué sensibles estos humanos, no aguantaban nada.
- Eh.
Hicieron un paso hacia atrás, atemorizados. ¿Qué cojones?
- ¡Eh! - dije con más entusiasmo. Otro paso hacia atrás. Esto empezaba a ser divertido. Pareciera como si no se atreviesen a hacer ningún movimiento, porque permanecieron allí, mirándome.
- Por favor, no nos hagas nada. ¿Quieres dinero? Tenemos dinero.
¿Qué? ¿Qué coño estaban diciendo? Realmente me importaba un bledo.
- Oíd, ¿sabéis si por aquí hay alguna biblioteca?
- ¿Qué?
- Biblioteca. Bi-blio-te-ca. ¿Hay?
- N-n-no lo sabemos. - tartamudeó.
- ¡Yo sí lo sé! Sí que hay una, me la he cruzado antes cuando iba al baño. Está por ahí - señaló hacia su derecha y volvió a protegerse tras su acompañante. Mi mirada siguió la dirección que su dedo apuntó y localicé mi destino.
- Perfecto, gracias.
Siguieron inmóviles. ¿Qué se supone que estaban haciendo? Esto estaba siendo demasiado, incluso para unos humanos viendo un lunarian.
- ¡EH!
- ¡Aaaaaaahh! - gritaron mientras salían corriendo pavoridos.
¡Hakikiki! Estos humanos... a veces eran divertidos. Y arranqué mi paso dirección la biblioteca.
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Tras acabar el tercer lote de cuadros me dirigí hacia la puerta por las que había entrado, me despedí del comisario y agradecí que este tipo de obras estuvieran expuestas. Cuando salí de sala de exposiciones, me sentía en cierta manera motivado para encontrar nuevas ideas, así que junto con mi cuaderno y el libro fui a la biblioteca.
Como de costumbre, la biblioteca no es que fuera uno de los sitios más famosos del castillo, ya que la gente le gustaba la cultura del arte, pero el culto al conocimiento no tanto, así que en cierta manera busque una mesa circular vacía para 3 o 4 personas y allí me senté. Esperando a que pasara algo, a que una chispa pasara por mi cabeza y pudiera dibujar algo. Cogí el boli y empecé a dibujar una especie de soporte metálico con varios cristales, uno tras otro con formas cóncavas y convexas, que se podían accionar de una forma sencilla para un tirador. Tras un primer diseño, ví un matiz que no me cuadraba que pasaba si esa persona necesitaba volver rápidamente a un modo sin aumentos. Así que rehice el boceto poniendo esta vez un soporte en forma de ele con un pasador a un lado y cada cristal con un pequeño detalle de acero. Esto permitía al usuario jugar con los aumentos y con el pasador volver a una situación inicial con la mirilla de hierro del propio arma.
-¡EUREKA!!- Elevé mi tono y el resto de gente me miró como si estuviera loco, pobre de ellos no saben que están delante de un futuro artista.
Tras eso dejé mi cuaderno abierto con los bocetos encima de la mesa y me puse a leer el libro, lo había dejado por la mitad, pero el resumen hasta el momento es que el sistema nervioso, es un sistema juguetón, para poder excitarlo se necesitan tensiones controladas para no freírlo, mi idea de lo que quedaba de día era acabar de leer un par de capítulos y volver al hostal a descansar mi mente.
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20-01-2024, 04:21 PM
(Última modificación: 20-01-2024, 07:42 PM por Hécate.)
Enciclopedia de plantas medicinales... Plantas comestibles y dónde encontrarlas... Flora del desierto... Nada. No tenían nada ni de flora local ni de bosques de umbría. Herbario de plantas silvestres... La vida secreta de los árboles sombríos. Ey.
Saqué el libro de la estantería, ojeé unas páginas por encima y juzgué que habían posibilidades de éxito. Salí de entre los estantes y me senté en una mesa próxima y empecé a leer. Ese árbol... era fantástico. Un tronco amplio que se dividía mediante una ramificación caótica que se poblaba con hojas palmeadas color rojo borgoña. Ese no, ese tampoco, pensaba mientras consumía las planas del libro. Tenía que estar por aquí y, paré de golpe cuando un dibujo que coincidía notablemente con el aspecto del árbol que había visto apareció al pasar de página. Arce japonés.
- ¡Eureka! - exclamó alguien como si me hubiera leído la mente. Levanté la mirada para ver quién había sido el motivado pero había estado demasiado absorta como para haber parado la suficiente atención. Recuperada del asombro de la casualidad reflexioné que la gente era verdaderamente molesta, una ya no podía estar tranquila ni tan siquiera en la biblioteca. Aproveché el haber desconectado del libro y la sensación de saciedad intelectual para observar detenidamente el entorno. Entrelacé mis manos tras mi cabeza y coloqué mis pies sobre la mesa, descompensando la silla a dos patas. Realmente las bibliotecas nunca fueron de interés convencional pero sólo veía a cuatro personas, y eso que estaba en una biblioteca majestuosa. Ligeramente a mi derecha había dos chicas que comentaban un libro entre risitas, y pensé que seguramente estudiar no era su intención en esa sala. Al fondo a la derecha había alguien totalmente rodeado de libros, supe que algun ser estaba allí porque tras las columnas de libros aparecieron unas manos estirándose. A mi izquierda y en dirección a la entrada, había un joven de espaldas a mí con una bata azul de la que salían un par de ¿alas blancas? ¿Cómo? ¿Por qué tenía alas blancas? No había visto unas alas de esa forma y color antes, me llamó la atención y lo observé con interés unos segundos mientras él leía. Ah, así que esto que estaba sintiendo era lo que los demás sentían cuando veían mis alas negras, reflexioné. Esbocé una sonrisa que se disipó rápidamente cuando miré su cabeza. ¿Qué clase de peinado era ese? Parecía como si se hubiera electrocutado. Qué tipo más extraño. Seguí la mirada hacia la entrada cuando vi un pilón de periódicos sobre el mostrador de recepción. ¡El periódico! Al fin. Desmonté mi postura para incorporarme y me dirigí hasta el mostrador, pasé por en frente del pelopincho y vi que encima de su mesa tenía unos bocetos de un artilugio que no conseguí identificar. Seguí con mi marcha hasta el montículo de diarios y tomé el superior.
"Proyecto Patriota" en portada. No sabía qué era eso, así que abrí el periódico en busca de noticias sobre los Revolucionarios. Primero, lo primero. "Más caos en Whiskey Peak" ¡eran ellos! "Situación desconocida al mundo".
- ¡Bastardos!
- ¡Sssshhh! - soltó la bibliotecaria, que se encontraba cerca mío. Cuando torcí mi cuello en su dirección y nos vimos la una a la otra, su cara se tornó la de un perro arrepentido.
- Cállate tú, amargada.
Me senté en la mesa más cercana al mostrador, justo al lado de la del tipo raro de pelopincho, que ahora quedaba en frente mío. Bastardos mentirosos, obviamente tenían más información pero no iban a compartirla con el mundo. Si no decían nada probablemente es que la situación no estaba a su favor. Vamos Kovashi, no nos dejes solas... ¡acaba con ellos! Sentí un nudo en el estómago pero intenté no darle muchas vueltas para evitar generar escenarios distópicos en mi cabeza y seguí leyendo.
"¡Finn Slingerland anda suelto!". ¿Experimentos por parte del gobierno? ¿Cómo podían ser así? De verdad me costaba trabajo entender cómo la gente podía apoyar a un gobierno que reconocía abiertamente que hacía experimentos con personas, osea torturas. Criminal, decían. Ya no me creía nada. Seguramente ese tal Finn era una buena persona con ideas contrarias al Gobierno y por eso le torturaron. Pobre Finn.
Piratas por aquí, muertos por allá... más de lo mismo de siempre. ¿Ikirami nuevo talento? Ikirami nuevo excremento. Huye del West, huye... ¡Te maldigo! Ojalá te cruces con los revolucionarios y te den tu merecido en la Grand Line. Solté una mueca con evidencia de asco y volví a la portada: Proyecto Patriota. Sólo el nombre ya me dio náuseas.
- ¿Soldados sin problemas morales? Como si los marines tuvieran alguno... qué vergüenza y qué asco de gente. Proyecto Patriota... proyecto para asesinar sin escrúpulos, deberían llamarle.
Narración, pensamiento en presente, diálogo
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Estaba absorto con mi libro en el capítulo sobre el sistema nervioso, el autor del libro recomendaba utilizar un material especial, el cual no mencionaba su composición, para unir los tejidos nerviosos a cualquier tipo de sistema reconstruido artificialmente. Además, para ello se precisaba el uso de amplificadores, ya que estos gestionaban la conformación de las ondas emitidas para alimentar dicha conexión. Pensé por un momento que debía haber algo más que un amplificador, ya que cualquier corriente eléctrica no es una sinusoide perfecta y se necesitan más elementos para no achicharrar los nervios.
Hubo alguien que pasó por delante de mí y no me fijé demasiado, pero sí que en un instante pude escuchar un insulto seguido de un chistar con una respuesta parecida a las que podía dar Erika, pero sabía perfectamente que su voz no era esa, así que aun con el libro en las manos, levanté mi mirada y ahí estaba ella, viniendo hacia la mesa que tenía enfrente de mí, era una lunarian. Tez morena, el doble de altura que yo y unas alas negras.
Mientras se sentaba, intenté forzar que me mirará, pero no fue así, llevaba un periódico que pude conocer por la contraportada, sabía que era el periódico del Proyecto Patriota y las chifladuras del Doctor Omp. Mientras leía pude ver el rostro en el cambio de cada página, pelo plateado con varios tatuajes por el cuerpo, accesorios metálicos y lo más sorpréndete iba descalza totalmente. - Qué locura, esos pies tienen que pasar más frío… - Me recorrió un escalofrío solo de pensarlo.
De repente, tras leer las páginas intermedias y la contraportada, volvió a la portada y empezó a criticar el nuevo programa de soldados, no sé si era destino o casualidad, pero gran parte de la sociedad simplemente no hacía comentarios acerca de estos nuevos soldados. Así que en ese momento cerré mi libro, recogí los bocetos y lo agarré todo con mi mano derecha. Me acerqué a la mesa y acaricie con mi zurda la parte superior de la silla que tenía enfrente a su derecha. - Perdona, estamos en una biblioteca... - Bajé mi tono al susurro para evitar que la gente pudiera escucharnos. - Y no he visto a nadie criticar esa noticia públicamente. ¿Conoces a alguien del programa o qué?
Memoria eidética: Tienes una memoria visual extremadamente precisa que te permite recordar con sumo detalle imágenes, aunque no las hayas estudiado previamente con dedicación. Recuerdo la portada y contraportada del periódico del día 4 del verano del año 11.
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Diálogo Pensamiento en presente
Estaba en mis adentros maldiciendo el Gobierno Mundial cuando escuché movimiento cerca. Bajé el periódico para observar qué estaba pasando y vi al tipo con el pelo electrocutado justo en frente de mí, apoyado en una silla. Su brazo derecho estaba lleno de papeles desordenados y un libro. Parecía un loco. Que estábamos en una biblioteca, dijo. ¿Quién era este personaje?
- Muy observador, pelopincho. ¿Entonces por qué estás hablando? - contesté con sorna. ¿Que si conocía a alguien? Giré el periódico para que viera portada y me acerqué hacia él.
- Sí, conozco a estos - susurré yo también, como forma de burla, mientras con el índice apuntaba a la palabra Marina - y a estos. - Gubernamental. - Suficiente para saber que es un proyecto de mierda, hecho por gente de mierda y con intenciones de mierda. - añadí con la mirada fija en sus ojos. Fenrir siseó, parecía apuntarse a la burla de los susurros de ese tipo. Me reí internamente. Esta Fenrir...
Volví a mi postura anterior y a girar el periódico. Me lo quedé mirando y me fijé en sus papeles, y entreví sus bocetos, de nuevo. Recordé que eran de un artilugio extraño que no había sido capaz de reconocer. Abrí los ojos: bata, libro, bocetos de artefactos, cara de loco y pelo excéntrico. Era científico. ¿De qué ciencia? No tenía idea. Aunque tenía pinta de tener frascos de colores en una estantería a los que le gustaba combinar. Quizás esta mañana lo hizo, le explotó la mezcla en la cara y por eso tenía ese pelo de mierda. Además, justo vino a hablarme cuando comenté algo sobre el tal Proyecto Patriota. De reojo, volví a mirar al periódico: "Asociación Neurona". Miré su libro con más atención y pude leer la portada: "Neurociencia. Fisiología neurológica y métodos de intervención." ¿Era uno de ellos? Parecía demasiado pringado como para trabajar en un proyecto tan ambicioso. Quizás quería apuntarse a las plazas de candidatura o quizás quería formar parte del proyecto como científico. ¿Acaso tenía yo pinta de poder indicarle dónde encontrar a esa chusma del Gobierno? ¿Qué carajos quería? ¿Por qué no se iba y me dejaba en paz?
- Si quieres apuntarte a colaborar con esta lacra, no soy la indicada. Largo. - Volví a levantar el periódico para releer la notícia y retener la información importante. Cinco mil millones de berries, qué barbaridad. Dr. Omp ¿eh? Bastardo...
Rivalidad: El personaje no puede tratar amistosamente con nadie de determinada facción. Tienes que especificar con qué facción a la hora de hacer la ficha. (Marines)
Timidez: Estás claramente a disgusto cuando tratas con la gente y tratas de evitar las situaciones sociales siempre que puedes.
Mascota: Tienes una mascota, como máximo del tamaño de un gato, que no aplica usos bélicos y que tiene 200pv (Serpiente: Fenrir)
Gruñón: La primera interacción con otro personaje o NPC, debe ser insultando.
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Note cierto tono de ironía en la contestación, en cierta manera me molestó, pero a la vez me transmitió cierta tranquilidad, no todo el mundo es capaz de usar esa habilidad, había algo más detrás de esa cabecita plateada. - Estoy susurrándote, pero eso no responde a mi pregunta. Acto seguido giró el periódico para que pudiera ver de nuevo claramente la portada y se me acercó dándome a entender que era un proyecto de mierda, que si el gobierno y la marina eran una mierda y las intenciones eran una mierda. No la faltaba razón, pero no estaba muy por la labor de cooperar. La serpiente que llevaba alrededor del cuello siseo y se me quedo mirando expectante de mi reacción.
Dejé mis cosas sobre la mesa y me incliné con brazos en jarra y la susurré. - Ya sé que es una mierda, no hace falta que lo grites a los cuatro mares. Tras mi susurro me volvió a ignorar volviendo a su posición inicial. Llamándome lacra por querer participar y que me pirará, después de eso sí que si tenía una obligación moral, esta lunarian no se estaba enterando de lo que la estaba diciendo, así que procedí una vez más al asalto. - Perdona, creo que he empezado con mal pie. - Agarré la silla con las manos y la coloqué en una posición para poderme sentar. - ¿Te importa que me siente? - La pregunté mientras me sentaba. - No soy una lacra y no, no quiero participar.
Ella me analizó de arriba abajo, incluso llegó a percatarse de la clase libro que estaba leyendo o de mis bocetos, así que si efectivamente me estaba mirando con cara de este tipo está pirado, pero como no lo iba a estar si estaban usando la ciencia para cosas horribles y la quería explicar mi tesis. - Es un proyecto totalmente descabellado, van a extirpar cualquier tipo de rastro humano en esas personas. - Son crímenes contra la humanidad y contra el mundo científico. - Agarré el boli y empecé a hacer malabares entre el pulgar y el índice, para poder gestionar mejor mis nervios ante ella. - No todos los ingenieros de Ohara somos como esta gente... - La susurraba mientras mi tono denotaba cierto pesimismo.
Antes de levantarme e irme, gasté mi última bala, señalé el libro de Neurociencia con el bolí. - ¿Y si no por qué crees que estoy estudiando esto? Acto seguido, recoloqué mis cosas, apoye mi cabeza sobre el puño de mi brazo izquierdo, quedando el pómulo apoyado totalmente sobre las falanges de la mano y la dije. - Por cierto, soy Shoto, encantado, ¿y tú eres?
Paciente: No se te puede provocar verbalmente. Al llamarme pelo pincho o mandarme que me largara.
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Diálogo Pensamiento en presente
Primero que todo: iba a gritar lo que quisiera. Aunque acto seguido se disculpó, ese tipo me confundía. Segundo y no por eso menos importante: así que él también pensaba que ese proyecto era una mierda. Me sorprendió, y gratamente, por cierto. Así que el loquito excéntrico de pelopincho no era un cientificucho sin escrúpulos. Pensé en Tudeau. Siempre pensaba en Tudeau cuando la excentricidad se hacía presente de alguna manera en mi vida. No había forma de no hacerlo.
Levanté una ceja cuando oí el sonido de una silla arrastrándose. Bajé el periódico de nuevo y vi cómo el tipo se acomodaba para sentarse en mi mesa. ¿Que si me importaba que se sentara? Pues francamente sí. No contento con sentarse, empezó a hablarme de nuevo. ¿No que estábamos en una biblioteca? Aseguró que no quería participar en ese asqueroso proyecto y lo definió con palabras como "descabellado" o "crímenes contra la humanidad". ¡Hakikiki! Nada mal, pelopincho. Le tenía que reconocer un punto interesante. El conocimiento sin consciencia era eso: el Proyecto Patriota, pero conocimiento en favor de las necesidades de las personas, podía ser un gran poder. Especialmente para la Armada. Iba a seguir preguntando sobre sus ideas, para tener una noción más concreta sobre su postura cuando mencionó a Ohara.
- ¿Eres de Ohara? - Había pasado mucho tiempo escondida en Ohara. Nunca le había visto. Tampoco es que hubiera visto a mucha más gente que Tudeau, aún así me sentí... extraña. - Yo he estado algún tiempo en Ohara. - no sabía por qué había añadido esa información, francamente. Supongo que había una parte de mí que necesitaba reconocer mi conexión con esa isla. - ¿Conoces a Tudeau? - no pude evitar preguntar.
Había dicho su nombre: Shoto. ¿Ahora tenía que decirle el mío? No quería, dependiendo de lo que me respondiera se lo diría o no. ¿Y qué sabía yo por qué estudiaba eso? Había criticado el proyecto fuertemente pero la temática científica del libro era la misma. ¿Se supone que buscaba saber cómo contrarrestarlo o algo así?
- No lo sé, dímelo tú. ¿Por qué estudias eso?
Qué respondiera a esa pregunta, iba a determinar el devenir de la conversación y mi opinión sobre su persona.
Timidez: Estás claramente a disgusto cuando tratas con la gente y tratas de evitar las situaciones sociales siempre que puedes.
Mascota: Tienes una mascota, como máximo del tamaño de un gato, que no aplica usos bélicos y que tiene 200pv (Serpiente: Fenrir)
Risa excéntrica: Tu personaje se ríe de una manera diferente y única. - Hakikikiki
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De alguna forma u otra parece que llame la atención de la joven, supongo que para bien, ya que había reconocido de donde provenía. - Si soy de Ohara, he pasado toda mi vida allí. Hasta hace unas pocas semanas que me ha dado por descubrir mundo. Una parte de mí quería contarle el motivo de que hubiera salido de Ohara, pero necesitaba saber más de ella. No quiero acabar como el día del bar que por hacer un cumplido casi pierdo un ala.
Seguido de mi respuesta hubo algo que me sorprendió, ya que me dijo que había estado allí, como era posible que no me hubiera fijado en ella. ¿Estuvo poco tiempo? ¿Dónde estuvo?, ¿Con quién estaba? Me surgieron mil y una dudas, pero tampoco era necesario un interrogatorio. Menciono a un tal Tudeau, en mi vida he oído hablar de él, un escalofrío recorrió mi cuerpo porque parecía saber más de mi propia isla que yo mismo. Abrí mis brazos con mis palmas hacia arriba y la dije negando con la cabeza varias veces. - No sé quién es Tudeau. Yo soy uno de los ingenieros que viven mañana, tarde y noche en un laboratorio en las partes más inferiores del Árbol del Conocimiento. - Haciendo una breve pausa para coger aire, continúe la conversación - Pero… ¿Cómo es posible que no nos viéramos?, yo todos los días tenía una rutina al ir de casa de mis padres al árbol. - Siempre bajaba al pueblo, me tomaba un café y seguía dirección al laboratorio.
Podía intuir que la lunarian me estaba analizando profundamente y solo me hizo una pregunta más relacionada con mi libro, nadie en todos estos años me había cuestionado porque estudiaba sobre artilugios o porque estudiaba sobre biología o sobre cualquier otro tema tecnológico, pero ella sí me lo preguntó y más cuando hice la actuación para poderme sentar en la mesa. Expiré suavemente, mire al techo de la biblioteca y me puse las manos por detrás de la nuca entrelazadas. - Voy a intentar ser breve, los últimos años ha habido grandes avances tecnológicos, pero nuestro pueblo cada año que pasa se va a quedando atrás. Es por ello que quiero ser alguien que pueda ayudar al resto de personas, a día de hoy solo estoy aprendiendo la teoría, pero sé que con el paso del tiempo podré hacer algo más con mi cabecita y mis manos.
Finalmente, tras unos segundos mirando al techo, baje la mirada y la pregunté - Y ahora que ¿Qué hacemos? - Te invito a un café en el claustro si quieres.
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