[Pasado] El preludio de la partida
#1
Taberna en Ballywood Beach, Día 57, otoño, año 11.
20:00 de la tarde.
_____________________________________________________________________________________________________

Kisuke apoyó la jarra de cerveza en la barra de la taberna después de un largo trago.El día había sido muy largo; se había levantado a las cinco de la mañana para ir a pescar. Desayunó algo rápido y se embarcó hacia el este de la isla donde había visto el día anterior un banco de sardinas bastante grande. Estuvo pescando hasta las 12 del mediodía y había capturado unos diez kilos de aquellos animales.

"Por lo menos la pesca se dio bien"

Después de llevarlos a los comerciantes de Ballywood Beach, había ido a su casa donde almorzó tranquilamente. Y tras una ligera siesta de media horita, se encaminó a su improvisado campo de entrenamiento, junto al manzano que le había visto crecer. Allí empezó su rutina de ejercicios para poner su cuerpo a tono, y, tras eso, tomo el shinai que había adquirido unos meses atrás para sus entrenamientos, y empezó con sus ejercicios de técnica con la espada de bambú.

Cada vez que se ejercitaba en esas lides, adquiría tal grado de concentración que se olvidaba de todo lo demás, pero, sin pretenderlo, reventó el shinai con el tocón en el que practicaba. Su cara apenas reflejó una mueca de molestia, se quedó mirando la empuñadura de la espada de bambú y la arrojó hacia un lado, mientras se encaminaba hacia el manzano donde se sentó, a sus pies y, sacando un cigarrillo, lo prendió disfrutando de la brisa marina a la sombra del manzano.

"Vaya mierda, estoy hasta los cojones de entrenar solo. Necesito avanzar, debo irme de aquí."

Llevaba tiempo con aquella idea en la cabeza, no en vano, su ambición era ser el espadachín más fuerte, como había deseado su padre, aunque nunca se lo dijese en persona, pero no estaba del todo seguro si estaba listo para enfrentar al mundo; por lo que leía en los periódicos, las cosas estaban agitadas en el Grand Line y había multitud de escaramuzas donde había muertos de manera habitual.

"Si me topase con alguno de los tipos que salen en el periódico, me romperían el culo."

Pero él era perfectamente consciente de que no podía permanecer allí si quería seguir mejorando, tenía que ponerse en marcha. Así que apagando su colilla en la arena a los pies del árbol, se levantó y se encaminó a la taberna del pueblo.

Y en ese punto estaba, bebiéndose una jarra de cerveza enorme, mientras pensaba en que haría a continuación. Al día siguiente hacía treinta años, así que no podía dormirse en los laureles, si no entraría en barrena y acabaría por agostarse en aquella isla. Le apenaba dejar su hogar, sin ninguna duda, seguía echando muchísimo de menos a sus padres, pero la vida seguía y quería que su padre, estuviera donde estuviese, en el más allá o donde fuese, estuviera orgulloso de él.

"Bueno aunque me daría un buen collejón por mis modales, kuhahahahaha."

A pesar de que se reía por dentro ante ese pensamiento, su rostro apenas mostró una ligera curvatura en la comisura de los labios, hacía mucho que no sonreía. No le gustaba mostrar sus sentimientos en público, sabía de buena mano que la gente de manera general, tendía a sacar provecho de las emociones ajenas, ya fuese con buena o con mala intención, aunque fuera cual fuese el caso, a él eso le importaba una mierda; no confiaba en la gente manipuladora, y al fin y al cabo esa era una forma de manipulación.

-¡¡Hey, cara-acelga!!-dijo interpelando al camarero, que tenía cara de hastío.-Ponme otra jarra y prepárame un chuletón poco hecho.

El camarero frunció el ceño, pero le hizo caso, y le sirvió otra jarra mientras le decía:

-Kisuke, aunque nos conozcamos desde hace tiempo, no me llames así, cabrón, que al final ese hábito tuyo te traerá problemas.

Kisuke le miró con cara de póker.

-Me suda los huevos, si vienen problemas los enfrentaré con mi espada. Te apuesto 1000 Berries a que el primer problema que tenga lo haré picadillo... kuhahahaha-respondió riéndose fuertemente.

El camarero le miró con una sonrisa pícara.

-Vaya, para estar tan seguro, poco apuestas.

Kuraku lo miró con una sonrisa siniestra.

-Seré ludópata, pero no gilipollas... kuahahahaha.

El camarero suspiró encogiéndose de hombros y se dirigió a la cocina a pedir la carne que había pedido Kisuke. Aunque había dicho eso, en verdad, le preocupaba no estar listo si se presentaban esos problemas. Pero si quería evolucionar y seguir el camino que se había marcado, tenía que moverse y empezar a tomar acción. No tenía muy claro lo que quería hacer, pero si tenía claro que había cosas turbias y extrañas en el sistema mundial, por lo que había leído, quizá pudiese ser ese un buen motivo para seguir su camino, el cambiar las cosas y que el mundo fuese un lugar mejor.

"Las revoluciones están a la orden del día, la gente se está cansando de que el orden establecido les mangonee."

En la taberna no había mucha gente, lo cual no era una buena noticia para su amigo el camarero, pero en ese momento llegó su chuletón y su atención se centró en el enorme filete y se dispuso a comer, ya tenía bastante hambre. Cuando le pusieron delante de él el enorme trozo de carne, se dio cuenta de que, en breve, iba a llegar su cumpleaños, lo cual le bajo el ánimo, era un día triste para él porque le recordaba a su padre y aquella nota que encontró en la caja donde estaba guardada Yamigiri. Suspiró desanimado, había que empezar a moverse.

Karmas

Leyenda
  Responder
#2
Leyenda


Había estado casi una semana en el lago y, com siempre, donde hubiera poca gente, yo me encontraba bien. Aún así, ya era momento de que me moviera, en la isla había mucha marina - aunque en el lago no me había cruzado con más - y ya había hecho mi trabajo en el barrio de los trabajadores de las fábricas. Bueno, casi todo mi trabajo... aún faltaba el tema del ejército. Francamente lo veía difícil, no sabía por qué había hecho una promesa tan inalcanzable. Suponía que por el fervor del momento, no se podían desaprovechar oportunidades de ese tipo. Si tan solo llegara con un grupo de compañeros de la Armada, ya me parecería suficiente y daría la promesa por cumplida. Pero no tenía ninguno y seguramente no los iba a tener. No estaba en mis planes fiarme de nadie.

Estaba en el embarcadero mientras cavilaba, preparando mi barco. Ya tenía ganas de zarpar, me apetecía volver a Ohara a ver al viejo Tudeau, ya llevaba un tiempo moviéndome y quería saber cómo le iba todo. Aunque, quizás debía pasarme antes por Korossassu para ver cómo estaban los tontos de Cobo. Esperaba que estuvieran bien y que mis... discrepancias con los guardias portuarios no les hubieran traído problemas. Eran buena gente y no tenían muchos recursos para defenderse, me preocupaba esa intemperie militar en la que se encontraban. Observé mi equipaje y concluí: me faltaban víveres. Necesitaba agua y algo de comer, en el lago había sobrevivido en la naturaleza algunos días pero para el viaje no iba a tener suficiente. Cerca del embarcadero había una playa, así que me dispuse a andar, seguro habrían tabernas de pescadores en las que podía equiparme. Prefería no volar por estos lares, lo mejor sería no llamar mucho la atención. Fenrir siseó en mi cuello, ella también tenía ganas de irse de allí.

- Ya nos vamos Fenrir, sólo consigo un par de cosas y nos largamos.

Efectivamente, al poco de andar me encontré con una taberna. Abrí la puerta y observé el panorama. Había poca gente: mejor, pensé. Había dos tipos en una mesa hablando jocosamente y hacían el innecesario ruido de diez. Qué molestos. Sentado en la barra, había un hombre de no sabía muy bien qué edad, comiendo un chuletón con ganas. Le observé y el tipo estaba bien fuerte: se le podían ver unos musculosos brazos y una marcada espalda. Vestía con ropas sencillas y unas botas gastadas. Aún con todo ese aspecto imponente, daba una sensación como de desgana con la vida, estaba pensativo, incluso con un punto depresivo. Tomé consciencia de que me había pasado unos segundos de más observándole y reaccioné dirigiéndome a la barra, sintiendo cierto rubor. El tipo quedó a mi derecha y no le dirigí la mirada. Sólo esperaba que él no se hubiera dado cuenta, no tenía ninguna intención de entablar conversaciones. Quería comprar mis cosas e irme, cuanto antes mejor. Tras la barra se encontraba un camarero limpiando jarras con un pañuelo que sugería que en algún momento había sido blanco. Claramente ya no. Me miró con cara de fastidio. Parecía que en general estaban un poco asqueados por aquí. Como fuera, yo no tenía tiempo que perder.

- Oye, ¡tú! ¡Cara de sapo hambriento! Necesito un par de cosas para el viaje. Dame agua y comida para tres días, la comida que se conserve en alta mar. Y mientras me espero, un zumo de calabaza. - el camarero abrió los ojos estupefacto, no se movió - Gracias - añadí, en son de paz.

Karmas
  Responder
#3
Estaba Kisuke masticando un buen pedazo de carne, llevaba ya más de medio chuletón ingerido, cuando entró en la taberna una mujer imponente, muy imponente, puesto que era enorme, debía medir el doble que el propio Kisuke. Era muy atractiva, de piel morena y cabello blanco, y llevaba una serpiente rodeando uno de sus brazos y su cuello. El pescador la miró un instante y pensó:

"Seguramente sea la mujer más grande que he visto en mi vida."

Y volvió a centrar su atención en su chuletón, que le estaba sabiendo a gloria, y en sus propios pensamientos sobre marcharse cuanto antes de aquella isla y seguir su camino. Estaba de nuevo enfrascado en su comida cuando, tras saborear otro pedazo, pegó un largo trago a su jarra de cerveza, y la mujer se puso al lado de él y le gritó al camarero que le trajese víveres y agua, interpelándolo de una manera que habría hecho el propio Kisuke. Girándose hacia su izquierda, miró a la mujer y riendo le dijo:

-¡¡Kuhahahaha!! Llevo años viniendo a esta taberna y nunca oí a nadie llamar al cara-acelga de una manera tan original, jirafona. 

Oyó el chasquear de la lengua del camarero mientras preparaba lo que había pedido la mujer, mientras le mandaba a paseo al propio Kisuke. Le resultó curioso tener que mirar a alguien hacia arriba, teniendo en cuenta que él era bastante grande para un humano, pero no le desagradó, esa mujer tenía cierto aura similar a la suya, podía percibirlo. Así que intentando sonreír algo, aunque no le acompañaron sus ojos, le tendió una mano.

-Aunque también te digo que también debe ser la única que le ha dado las gracias en quince año a este tipo... Me llamo Kisuke, soy un pescador de la zona.

No entendía por qué estaba saludando a una desconocida que le doblaba en la altura, pero le había caído simpática al dirigirse al camarero de aquella manera. También pensó que quizá la mujer podría creer que le estaba mintiendo puesto que no tenía tampoco mucha pinta de pescador y además llevaba una katana en la cadera. Pero bueno, aquella mujer despertó lo suficiente su interés como para entablar una conversación con ella, y eso no era algo habitual para Kisuke.

Karma


  Responder
#4
Leyenda


Estaba por girarme y dejar la barra de inmediato, cuando oí al tipo fornido reírse por cómo le llamé al camarero. No le encontraba la gracia, sinceramente. No pretendía hacerme la graciosa, pensaba genuinamente que el mesero tenía cara de sapo hambriento.

Jirafona. Se habían metido conmigo de muchas maneras por mi altura, pero a esa - aunque molesta igual que todas - debía reconocerle al menos la originalidad. Seguía mirando al frente evitando el contacto visual. ¿Por qué me hablaba? ¿Tan aburrido estaba que tenía que hablarme a mí? Me debatía sobre cómo propinarle una insolencia para invitarle a que se fuera a tomar por culo cuando vi como el camarero le mandó a la mierda. Perfecto. Ya estaba celebrando poder marcharme sin intervenir cuando volvió a hablarme. ¿En serio? De reojo vi como se giró hacia mí y me ofreció su mano. No contento con hablarme, ahora quería tocarme. Tenía que estar de broma. Me giré hacia él para finalmente entrar en contacto visual y exigirle que me dejara en paz cuando vi cómo su cara esbozaba una tímida sonrisa, rodeada de una barba de tres días. Tenía los ojos oscuros y el pelo grisáceo, me estaba siendo difícil descifrar su edad, parecía joven y a la vez no. Pese al poderoso cacho de carne que se estaba comiendo, olía a mar. Me quedé unos segundos mirando su cara, parecía... salvaje. Salvaje como parte de los elementos, salvaje como espíritu sin domar. Esa energía me pareció... interesante. ¿Qué dijo? Ni siquiera era muy consciente de lo que había dicho. Reconstruí su frase en mi interior. ¿Pescador había dicho? Descendí mi mirada por su cuerpo y vi una katana colgando de su cinturón. Por mucho que algo de él me pareciera interesante - que sólo fue UN POCO - no iba a tomarme el pelo. ¿Por quién me tomaba? Volví al contacto visual.

- Pescador. - repetí con sorna - Pescador con esas pintas de maleante y una katana en el cinturón. ¡Hakikiki! Lo más parecido a ser pescador que tienes es esa cara de rape que llevas.

El camarero dejó un vaso con zumo de calabaza en la barra. Menos mal, pensé. Ya tenía excusa para huir de este tipo molesto y su estúpida sonrisa. Me giré hacia la barra y tomé el vaso de un trago. Ahora ya podía irme: a una mesa, a fuera o dónde cojones fuera mientras estuviera lejos de ese idiota que me estaba poniendo muy nerviosa.

Estaba por girarme hacia la salida cuando noté que Fenrir se deslizaba por mi brazo, volteé la cabeza en dirección a ella y vi como se acercaba al tipo ese. Se plantó frente su cara y siseó. ¿Qué? No era una posición agresiva, más bien al contrario, parecía interesada en él pero no sabía qué conocimiento tenía el idiota ese sobre serpientes, quizás lo malinterpretaba. Iba a separarla pero siguió moviéndose y le rodeó el cuello. ¡¿QUÉ COJONES?! No podía creerlo, sólo había visto a Fenrir hacer eso con Tudeau, a parte de mí, claro estaba.

- ¡Oye! No, osea... ¡Fenrir, para! ¿Qué estás...? - estaba poniéndome muy nerviosa y no sabía qué hacer, así que tiré por mi zona de confort: - ¡Idiota! ¡Devuéveme a Fenrir!


Karmas
  Responder
#5
La mujer se mostró un tanto alterada, lo que dejó muy desconcertado a Kisuke; era cierto que la había llamado jirafona pero era su manera de interactuar con la gente, no era algo en lo que se parase a pensar mucho. Así que ante la reacción de la mujer sólo fue capaz de poner una expresión de absoluto desconcierto.
[Imagen: Fe1NuIkXoAALyMy.jpg?ex=65bfc3d8&is=65ad4...03920aacf&]

"¿Qué le pasa a esta tía? ¿Dije algo malo?"

Como esperaba no se había creído que fuese pescador, haciendo mención a su Yamigiri y a su propio aspecto, comparándolo con un matón cualquiera.

-Bueno, supongo que no parezco un pescador. Pero sí lo soy, esta katana fue un regalo de mi padre, por eso la llevo siempre.

Tampoco era tan estúpido para revelar mucho más sobre él, así que dijo aquello esperando que fuera suficiente para que la mujer creyera sus palabras. En ese momento, cuando ella se disponía a irse, la serpiente que llevaba con ella se fue hacia Kisuke y empezó a envolverlo, pero no mostraba ningún signo de hostilidad.

-Vaya, parece que tu amiguita es más simpática que tú, jirafona. 

Ella la llamó Fenrir, así que cuando el animal entabló contacto visual con él, acarició con su dedo índice por debajo de la mandíbula inferior del reptil.

-Así que Fenrir, es un buen nombre para una serpiente.

Volvió a mirar a la mujer y le dijo.

-Mira que yo soy brusco de tratar, pero creo que tú me superas. No tengo que devolverte nada porque no pretendo quitarte nada, es más fue la propia Fenrir quien vino a mi por su voluntad.

Lo dijo sin ningún tipo de acritud, pero no quería que pensase que trataba de robarle nada. Sacó un cigarrillo y lo encendió. Dando una profunda calada miró de nuevo a la mujer con sus ojos grises y le dijo:

-Es evidente que no eres de por aquí, nunca había visto a nadie como tú, así que, si quieres contestarme ¿qué te trae por aquí? Me pica la curiosidad, la verdad.

Esta vez no sonrió porque quizá fue aquello lo que altero a la mujer, pero si intentó, aunque no sabía si con éxito, mostrar un genuino interés.

Karma
inventario
  Responder
#6
Leyenda


El tipo puso cara de perplejidad ante mi espectáculo de nervios. No podía culparle, era probable que no entendiera todo lo que estaba ocurriendo en mi interior. De hecho, ni yo misma lo hacía. Tenía que calmarme un poco, no podía estar tan a la defensiva con cada persona que me cruzaba o iba a parecer sospechosa. Sólo que me había puesto... nerviosa. Tranquila Hécate, es un tío normal y corriente: guapo pero tonto. No hay peligro. Vas a hablar con este tipo durante dos minutos mientras esperas la comida y luego te largas. Puedes con esto.

Un regalo de su padre, dijo. Ojalá yo tuviera algo de mi padre... pensé. Sentí envidia, porque mi padre hacía mucho que no estaba entre nosotros como para poder hacerme ningún regalo. Saber eso de él me dio calma en cierto modo, dijo que la llevaba siempre, así que parecía tenerle mucho aprecio.

Abrí los ojos cuando vi que acariciaba a Fenrir. Ahora la que tenía cara de perplejidad era yo. No me lo esperaba. Pensé que... no sé, reaccionaría distinto, con miedo o rechazo. Todo lo contrario, parecía cómodo con ella, y, para más inri, ella con él. Encima la llamó por su nombre, y no "lagarto", "bicho" o cualquier otro apodo irrespetuoso al que estaba acostumbrada que utilizaran con ella. Mis nervios siguieron bajando. Si alguien trataba bien a Fenrir, podríamos decir que no le odiaba. O no mucho. Se defendió apelando a que fue su libre albedrío el que decidió que ella estuviera con él, él no había hecho nada. Era un argumento bastante sólido, ciertamente. Me calmé un poco más, confiaba en el criterio de Fenrir. Como de costumbre, hubo otra prueba más de mi creencia que estábamos conectadas y nos comunicábamos energéticamente: giró su cabeza hacia mí y siseó, como diciendo: ¿lo ves? Es majo, tengo razón. Argh, cállate Fenrir, y giré mi cabeza hacia las estanterías de alcohol tras la barra.

Siguió hablando y seguí escuchando. Más que nada, no podía irme, por muchos motivos. Había alcanzado la calma suficiente como para sentarme en la barra, lo hice sin mirarle. Ah, ya. Que no era de allí. No pues obviamente, muy observador el chico. Cuando me preguntó qué me había traído por ahí, respondí internamente: nada, es que quiero hacer la revolución en todo el mundo y derrocar al Gobierno Mundial así que he venido aquí a hacerme amiga de los trabajadores de las fábricas para sabotear las armas de los marines. Ah, y necesito un ejército. ¿Quieres venir? No parecía buena idea contestar eso, miré nerviosa al camarero y a los demás ocupantes de la taberna. Quizás si estuviéramos a solas, podía intentar tantear el terreno para ver qué clase de persona era y decidir qué contarle, pero ahí delante de los demás, no era una opción. Demasiado arriesgado.

- He venido a conocer Ballywood - le miré de reojo - He estado por el East. La gente es muy maja por allí.

Me giré para ver su reacción por nombrar el East, eso me daría información. Ya no sonreía. Quizás había sido muy desagradable. No tenía cara de rape, al contrario. Lo miré de arriba abajo de nuevo y volví a encontrarme con su katana. Sonreí.

- Qué suerte poder llevar un regalo de tu padre contigo - dije. Un sentimiento de tristeza me inundó. Hacía tiempo de eso y gracias a Tudeau todo se había hecho más llevadero. Aún así, seguía doliendo. No sabía si fue por cómo trató a Fenrir, por conectar con mi padre o por la calma que desprendía, pero me animé a abrirme un poco. - Hécate, me llamo Hécate. ¿Cómo has dicho que te llamabas tú?

Karmas
  Responder
#7
Kisuke escuchó que estaba allí para visitar Ballywood, a lo que añadió que había estado en el East, aunque eso se le hacía inverosímil al pescador, ya que viajar entre los Blues era algo muy muy complicado y peligroso, pero tampoco le dio importancia, así que se centró en que era viajera. 

-Así que eres una viajera, pues espero que hayas disfrutado del pozo infecto lleno de inmundicia y corrupción que es Ballywood... kuhahaha

Después de eso, Hécate mencionó a Yamigiri y se presentó con una sonrisa tímida. Kisuke pensó que se veía más atractiva con aquella sonrisa que con la cara de mala leche con la que había irrumpido en la taberna. No podía culparla, no obstante, ya que siendo una mujer tan llamativa, seguro que estaba hastiada de espantar moscones y babosos allá por donde fuese, y eso, a la larga acaba agriando el carácter.

-Encantado, yo soy Kisuke Kageyama, natal de este estercolero, pescador y próximamente es posible que yo también me haga al mar.

No sabía por qué dijo eso último, la verdad no creía que a aquella mujer le importase un carajo que fuese a salir de viaje, pero se encontraba cómodo con aquella situación y no pudo evitar mencionarlo, quizá en su fuero interno porque esperaba que aquella mujer fuese su compañera de viaje, al menos por un tiempo hasta la siguiente isla. No obstante, no quería parecer descarado, así que cambió de tema y señalando a Fenrir comentó:

-¿Hace mucho que tienes a Fenrir? Parece que estáis muy unidas.

Inconscientemente se llevó la mano a Yamigiri, como recordando su propia unión con aquel trozo de metal. No era lo mismo pero para Kisuke era algo muy importante. El chuletón había quedado en el olvido, Kisuke ni se acordaba de que estaba cenando cuando inició aquella peculiar escena. Aquella mujer ejercía un cierto magnetismo sobre la mente de Kisuke, había algo en ella que le hacía sentirse cómodo, como que estaba ante una persona igual a él. Pero apenas habían cruzado cuatro frases, no podía bajar la guardia y contar quizá algo de si mismo que pudiese usar en su contra, no sería la primera vez que le pasaba. Pese a ello, tenía ganas de ver en qué derivaba aquella conversación iniciada por un encuentro de lo más fortuito.

karma

Inventario

  Responder
#8
Leyenda


Corrupción. Levanté las cejas ante esa palabra. Así que llamaba pozo de inmundicia a un lugar donde había corrupción... interesante. Ballywood estaba afiliaba al Gobierno Mundial, con todo lo que eso conllevaba en su sistema político. Como por ejemplo, que algunas zonas estuvieran llenas de marines, un buen escenario para la corrupción. Como mínimo parecía que tenía cierta consciencia sobre como funcionaba el mundo, y parecía no gustarle eso. Mi interés hacia ese chico crecía, aunque quería ser prudente. Podía sentir rechazo hacia la forma que tenía el mundo de funcionar, pero ¿hasta qué punto? Uno cosa era saberlo o incluso sentir aversión, otra muy distinta era estar dispuesto a hacer algo por cambiarlo. Además, no me contestó nada sobre el East ¿no lo conocía o no le interesaba? Quería seguir tanteando el terreno, no tenía muchas esperanzas, pero tenía curiosidad por saber hasta dónde llegaba su postura. Se reía de una manera ruidosa pero, curiosamente, no me parecía molesto. Era una risa muy honesta, muy auténtica.
 
Kisuke. Sí, lo había dicho antes, creía, pero estaba demasiado nerviosa como para registrarlo. ¿Se quería hacer al mar? Vaya. Había dicho era pescador, probablemente se refería a algo relacionado con eso. 
 
Que si hacía mucho que conocía a Fenrir, hakikiki, reí para mis adentros. Ella siempre estuvo ahí desde que mi segunda vida empezó. Parecía que Kisuke estaba dispuesto a tocar todas mis teclas.

- Sí. Creo que la conozco desde hace unos diez años. No, nueve.- desvié mi mirada hacia Fenrir, que aún estaba en su espalda. Sonreí. Ella era muy importante para mí. - Es como mi hermana, ¿sabes? Mi compañera. No, diría que es más que eso: ella es parte de mí. - Alcancé mi mano hacia su cabeza y se deslizó por mi brazo hasta rodear mi cuello. Me sentí otra vez entera. Miré a Kisuke y me di cuenta que mi mano había quedado muy cerca de su cara, puesto que Fenrir estaba posada ahí hacía tan solo unos segundos. La retiré rápidamente, tímida.

- Así que quieres salir al mar ¿eh? ¿Quieres ir a algún sitio en concreto o sólo moverte por ahí? ¿O es por otra cosa? - le pregunté curiosa. No esperaba ninguna respuesta interesante para mí, pero ya me empezaba a sentir cómoda hablando con él, así que podía seguir un rato más. Probablemente quería ir a una isla en concreto para conseguir algo o quizás sólo se refería a ir a pescar.


Karmas
  Responder
#9
Kisuke estaba un poco sorprendido del cambio de actitud de Hécate, aunque no dejo traslucir esa reacción. Nueve años le dijo la mujer, era mucho tiempo con un animal, y entendía que tuviesen una conexión especial. Él nunca había tenido un animal de compañía, ni nada por el estilo, pero si era capaz de ver como aquellas criaturas establecían lazos con las personas que las cuidaban, si eran merecedoras de ello claro. Entonces, ella alzó la mano hacia la cara de Kisuke y este intentó mantenerse imperturbable, pero no sabía si lo había conseguido.

"¿En qué coño estás pensando, estúpido subnormal?"

Evidentemente la joven solo quería recuperar a su compañera Fenrir, que se deslizó suavemente desde el cuello de Kisuke al brazo de Hécate volviendo a su lugar de origen. Aunque, la manera de retirar la mano si le pareció a Kisuke que ella había pensado también que era algo embarazoso.

"Parece que ambos somos dos tullidos emocionales... kuhahahaha."

En ese momento, y seguramente para dejar aquel momento atrás, le preguntó por lo que había comentado sobre salir al mar. Kisuke dudó un momento si contestar, pero aquella conversación se la hacía muy cómoda, y tampoco era ningún secreto que guardar bajo llave, así que tras unos segundos de duda, decidió responder.

-Bueno, la verdad es que cuando me fue legada Yamigiri mi padre me pidió que me convirtiese en el mejor espadachín del mundo. Y eso tengo pensado-bajando la voz un tanto susurró.-Pero no soy tan hueco como para pelear sin más, si mis peleas en ese camino sirven para ayudar a la gente, eso es lo que haré. Porque si algo he aprendido en mis lecturas, es que en las batallas si tienes un motivo para luchar, estarás más cerca de la victoria.

Se sintió un poco tonto al dar aquella respuesta, al oírse decirla en voz alta se sintió como un chiquillo de catorce años fantaseando con cosas así, pero desvió la mirada intentando parecer digno y sacó otro cigarrillo que prendió antes de volver a mirar a Hécate a la cara. 

-¿Y tú, Hécate? ¿Tienes algún motivo para viajar? ¿O lo haces por conocimiento o simple placer?

Karma

inventario
  Responder
#10
Leyenda


Mejor espadachín del mundo. Ayudar a la gente. Lecturas. Motivos para luchar.

¿Mejor espadachín del mundo? Qué ambicioso. Eso era un sueño con una vara muy alta. Él era fuerte, claro estaba, su cuerpo lo mostraba sin timidez. Pero el mundo era muy amplio, el mundo incluía la Grand Line. Allí debía haber personas muy poderosas. Y quién sabe qué clase de individuos albergaba el West, probablemente ni siquiera era el más fuerte de este mar. Aunque, mi sueño era derrocar a un Gobierno Mundial. ¿Quién era yo para juzgar ambiciones?

Ayudar a la gente. Sentí un pequeño calor en el pecho al oír esas palabras. Tenía aspecto de maleante, y para nada de pescador, así que me chocó un poco esa intención. Pero fue una sorpresa... agradable. Se me escapó una sonrisa, que disimulé no sé con cuánto éxito.

¿Lecturas? No, en serio, ¿lecturas? Me costaba visualizar a ese hombre con un libro de mil páginas en un mano, tumbado bajo un árbol y fumando su cigarrillo con la otra. Aunque, ahora que lo pensaba, se veía bastante bien en esa imagen... Pensé en Tudeau, ese hombre siempre estaba rodeado de libros, como cazador al acecho de nuevas ideas que atrapar. Aunque, siempre que ese viejo se me acercaba con un "¿Sabías que...?" me hacía sonreír y escucharle con atención. Tenía ganas de verle de nuevo. Quizás Kisuke también tenía algún sabías-que interesante que contarme. Sentí curiosidad.

Motivos para luchar. Luchar. ¿Quería ayudar a la gente y encima luchar por ello? El calor de mi pecho engrandeció y un mundo de fantasía inundó mi cabeza. ¿Podría ser que...? No, seguro que no. Bueno pero lo había dicho, aunque no tenía por qué ser verdad, pero había sonado... honesto. Quizás...

Habló de nuevo y cortó mis pensamientos. Que si tenía motivos para viajar. A ver ¿cómo le contaba esto sin contarle nada?

- Bueno, digamos que a mí también me gusta ayudar a la gente. - dije con cautela - No me gustan las situaciones injustas. - Quizás me estaba animando demasiado. - Y no hay que ayudar sólo a tus vecinos, sino a todo el mundo. Y he salido para... conocer a ese mundo. Y así poderles ayudar... mejor. - Esperaba que Kisuke entendiera mi mensaje críptico y me contestara: "ah, ¿eres de la Armada? ¡Genial! ¿Me puedo unir?" No iba a pasar.

- ¿Lecturas has dicho? ¿Qué tipo de lecturas te gustan? - de verdad me había quedado enganchada en ese punto. ¿Qué leía este tío? Quizás sólo libros marciales sobre técnicas de katanas. Aburrido. Aunque oye, quizás podía enseñarme alguna técnica que podía aplicar a mi hacha. Me dispuse a escucharle con toda mi atención.


Karmas
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)