23-01-2024, 09:00 PM
Kald caminaba por las calles de Murkhold, la ciudad de la isla de Toroa, con paso firme y mirada severa. Su imponente figura de cuatro metros de alto, sus alas negras y su cabello blanco llamaban la atención de todos los que se cruzaban con él. Algunos le miraban con curiosidad, otros con temor, y otros con desprecio. Kald no les prestaba atención. Estaba en una misión: encontrar a tres personas que habían escapado de la justicia y que se rumoreaba que se habían refugiado en esa isla. Un gyojin con aspecto de barracuda, una humana con pelo blanco y una semioni con un gato naranja. Eran los responsables de varios crímenes en el mar, entre ellos el asesinato de dos guardias de la ciudad.
Kald había llegado a la isla hacía dos días, después de seguir una pista que le había dado un informante. Había alquilado una habitación en una posada cerca del puerto y había empezado a investigar. Había hablado con algunos comerciantes y artistas, pero nadie le había dado información útil. Todos le decían lo mismo: que no sabían nada, que no habían visto a nadie con esas características, que era mejor que dejara de hacer preguntas. Kald sospechaba que le mentían, que ocultaban algo, que tenían miedo. Pero no podía hacer nada sin pruebas. Así que seguía buscando, esperando encontrar alguna pista que le llevara a sus objetivos.
Ese día, decidió explorar la parte norte de la ciudad, donde se alzaba el gran castillo de piedra . Quizás allí encontraría alguna pista, o al menos algo de cultura. Entró en el castillo y se dirigió a la sala principal, donde había varias obras de arte . Había pinturas, esculturas, grabados, tapices... Kald las observó con interés, pero sin admiración. No entendía mucho de arte, ni le importaba. Lo único que le importaba era cumplir con su deber como marine y capturar a los criminales.
Mientras recorría la sala, se fijó en un grupo de guardias que vigilaban la entrada. Eran cuatro hombres y una mujer, vestidos con uniformes azules y armados con espadas y pistolas. Kald se acercó a ellos, pensando que quizás podrían ayudarle. Se presentó como un marine y les mostró su insignia. Los guardias le miraron con sorpresa y recelo.
- ¿Qué quiere un marine aquí? - preguntó uno de ellos, con tono desconfiado.
- Estoy buscando a unos fugitivos - respondió Kald, con voz firme -. Un gyojin con aspecto de barracuda, una humana con pelo blanco y una semidemonio con un gato naranja. ¿Sabéis algo de ellos?
- No, no sabemos nada - dijo otro guardia, con nerviosismo -. No hemos visto a nadie así por aquí.
- ¿Estáis seguros? - insistió Kald, con severidad -. No me gustaría pensar que estáis encubriendo a unos criminales.
- No, no estamos encubriendo a nadie - dijo la guardia, con firmeza -. Somos leales a la ley y al pueblo. No tenemos nada que ver con esos bandidos.
- Entonces, ¿por qué os veo tan nerviosos? - preguntó Kald, con sospecha -. ¿Acaso tenéis algo que ocultar?
- No, no tenemos nada que ocultar - dijo el guardia que había hablado primero, con voz temblorosa -. Es solo que... hace poco tuvimos un funeral.
- ¿Un funeral? - repitió Kald, con curiosidad.
- Sí, un funeral - confirmó la guardia, con tristeza -. Dos de nuestros compañeros fueron asesinados por una pirata hace una semana. Estaban patrullando por el puerto cuando les atacó por sorpresa. No tuvieron tiempo de reaccionar. Fue una masacre.
- ¿Una pirata? - preguntó Kald, con interés -. ¿Cómo era?
- Era una mujer joven, de pelo blanco, era humana- dijo el guardia -.Era muy ágil y rápida. Se llamaba...
- No digas su nombre - le interrumpió otro guardia, con rabia -. No merece que la recordemos. Era una asesina, una monstrua, una maldita.
- Lo siento, lo siento - se disculpó el guardia -. Es que aún no lo he superado. Era mi amigo, mi hermano.
- Lo sé, lo sé - le consoló el otro guardia -. A mí también me duele. Eran buenos hombres, buenos guardias. No se merecían morir así.
- Lo siento mucho por vuestra pérdida - dijo Kald, con sinceridad -. No sabía que habíais sufrido ese ataque. Debe ser duro.
- Lo es, lo es - dijo la guardia, con lágrimas en los ojos -. No hay día que no pensemos en ellos, que no les echemos de menos. Eran nuestra familia.
- ¿Y qué pasó con la pirata? - preguntó Kald, con curiosidad -. ¿La capturasteis?
- No, no la capturamos - dijo el guardia, con frustración -. Se escapó, nadie sabe donde esta, los guardias que estaban con nuestros compañeros la persiguieron pero no lograron alcanzarla. Era demasiado rápida.
- ¿Y sabéis dónde fue? - preguntó Kald, con esperanza -. ¿Tenéis alguna pista?
- No, no tenemos ninguna pista - dijo el guardia, con resignación -. No sabemos nada de ella,ni de sus complices si es que lo hizo con ayuda o no. Solo sabemos que era una pirata, y que nos arrebató a dos de los nuestros.
- Ya veo - dijo Kald, con decepción -. Bueno, gracias por vuestra información. Siento haber sido tan brusco. No era mi intención ofenderos.
- No, no nos has ofendido - dijo la guardia, con amabilidad -. Entendemos que estás haciendo tu trabajo. Nosotros también lo hacemos. Somos guardias, y aunque tu seas un marine, estamos del mismo lado.
- Sí, estamos del mismo lado - dijo Kald, con una leve sonrisa -. Gracias por vuestra cooperación. Si necesitáis algo, no dudéis en pedírmelo. Estaré por aquí unos días más.
- Gracias a ti, marine - dijo el guardia, con una leve sonrisa -. Suerte con tu búsqueda. Espero que encuentres a esos fugitivos.
- Gracias, guardia - dijo Kald, con un gesto de despedida -. Si son los que yo pienso esto puede ser mas peligroso de lo que me esperaba.
Kald se alejó de los guardias y siguió explorando el castillo. No había encontrado ninguna pista sobre los fugitivos, pero había descubierto algo sobre la pirata que había matado a dos guardias. Quizás esa pirata tuviera alguna relación con los que buscaba. Quizás fuera una pista. Kald decidió investigar más sobre ella. Tal vez así, podría dar con el paradero de sus objetivos.
Kald se acercó a los comerciantes en la zona cercana al puerto, con la esperanza de encontrar alguna pista sobre la mujer humana de pelo blanco que había causado la muerte de los dos guardias. El bullicio del mercado era ensordecedor, con la gente comprando y vendiendo mercancías de todo tipo. Kald observó detenidamente a los comerciantes, buscando algún indicio de conocimiento sobre el trágico suceso.
- ¡Bienvenido, forastero! ¿Buscas algo en particular?
- Estoy buscando información sobre un incidente reciente en el que dos guardias fueron asesinados. ¿Han oído algo al respecto?
Los comerciantes intercambiaron miradas nerviosas entre ellos, pero ninguno parecía dispuesto a hablar. La tensión en el aire se palpaba mientras Kald esperaba una respuesta.
-No sabemos nada sobre eso. No hemos oído nada, lo siento.
Kald, frustrado por la falta de cooperación, continuó su interrogatorio, pero las respuestas eran siempre las mismas. Nadie sabía nada o al menos eso afirmaban. Hasta que finalmente, un anciano arrugado y encorvado se acercó a Kald.
-He oído hablar de eso, joven marine. Una mujer de pelo blanco dicen que fue la responsable. Pero no creo que encuentres ayuda aquí.
-¿Dónde puedo encontrar más información? Necesito asegurarme de que se haga justicia.
-La gente aquí prefiere no involucrarse en asuntos peligrosos. Hay miedo en el aire.
Kald, sintiendo la frustración crecer en su interior, se retiró de la multitud y se adentró en un callejón cercano. Golpeó con rabia unos barriles vacíos, liberando su frustración. Mientras se lamentaba, una voz desde las sombras le habló.
-La gente teme lo desconocido, marine. No están dispuestos a arriesgarse, incluso si eso significa dejar que los criminales queden impunes.
Kald se giró para encontrarse con un individuo de figura sombría, oculto parcialmente por una capa oscura.
- ¿Quién eres tú? ¿Y por qué debería escucharte?
- Soy solo alguien que ha visto cómo la injusticia se apodera de esta isla. Si buscas respuestas, deberías seguir tu instinto, incluso si eso significa enfrentarte a la indiferencia de la gente.
Con esas palabras, la figura se desvaneció en las sombras del callejón, dejando a Kald sumido en sus pensamientos. La decisión estaba clara en su mente: seguir buscando justicia, incluso si tenía que hacerlo solo. La gente de Toroa había decidido cerrar los ojos, pero Kald estaba determinado a mantener la paz, incluso si eso significaba luchar contra la apatía de aquellos a quienes juró proteger.Después del incidente en el callejón, Kald caminó hacia la taberna local con una mezcla de determinación y paranoia. Cada sombra, cada movimiento en la multitud, parecía tener una importancia renovada. La advertencia de la figura misteriosa resonaba en su mente, y la sensación de ser observado se había arraigado en su conciencia.
- (Murmurando para sí mismo) -No puedo confiar en nadie. Hay algo más grande en juego aquí.
Cada paso que daba resonaba en su mente, y sus ojos escrutaban cada rincón de las estrechas calles. La taberna estaba a la vista, pero Kald no podía quitarse la sensación de que algo no estaba bien. Al entrar en la taberna, se encontró con miradas curiosas de los parroquianos, pero él estaba concentrado en buscar cualquier signo de la figura misteriosa.
Se sentó en una esquina apartada, observando la entrada y bebiendo un trago de licor, que genero con su fruta y pensando en que todo eran alucinaciones. La paranoia le hacía cuestionar cada movimiento, cada risa aparentemente inocente. Mientras miraba a su alrededor, una figura encapuchada en la entrada captó su atención.
- (Murmurando para sí mismo) -¿Es él? ¿Me está observando de nuevo?
La figura encapuchada permanecía en la entrada, aparentemente ajena a la atención que atraía. Kald, sintiéndose tenso, decidió acercarse discretamente. Sin embargo, antes de que pudiera avanzar, la figura se retiró de la taberna, desapareciendo en la oscuridad de la noche.
-(Frunciendo el ceño) Esto no puede ser una coincidencia. Algo está sucediendo aquí.
Kald se levantó y siguió a la figura encapuchada, pero las estrechas calles de la ciudad le jugaron en contra. Cuando llegó al lugar donde la había visto por última vez, la figura ya se había desvanecido en la noche. La frustración se apoderó de él, pero también un creciente sentido de urgencia.
- (Susurrando para sí mismo) No puedo permitir que se escape esta vez. Debo descubrir quién es y qué sabe.
Con una determinación renovada, Kald regresó a la taberna, con la certeza de que la figura encapuchada estaba conectada de alguna manera con los eventos que se desarrollaban en la isla. La noche se extendía ante él, llena de misterios y desafíos que estaba decidido a enfrentar. Kald, envuelto en la oscuridad de la noche y aprovechando sus habilidades para esconderse, se adentró en las calles de Murkhold. Las sombras se convertían en su aliado mientras se movía con sigilo entre las estrechas callejuelas. Su figura, en gran parte oscura y camuflada, se fundía con la noche, permitiéndole observar sin ser visto.
Cada paso era una danza silenciosa, sus alas se mantenían pegadas a su espalda para evitar hacer ruido. Los ojos de Kald escudriñaban cada rincón, cada rastro de movimiento. Decidido a descubrir la verdad detrás de la figura encapuchada y los acontecimientos en la isla, siguió su instinto y buscó señales de actividad sospechosa.
Pasó por callejones silenciosos y plazas desiertas, su aguda percepción alerta a cualquier cambio en el entorno. Sin embargo, no pudo evitar sentir que la ciudad estaba llena de secretos, que los habitantes guardaban sus propios misterios en la penumbra de la noche.
A medida que avanzaba, Kald notó a varias personas que parecían comportarse de manera extraña. Sus movimientos eran rápidos, sus miradas furtivas. Sin dudar, Kald comenzó a seguir a aquellos que levantaban sus sospechas. Se deslizaba entre las sombras, manteniendo una distancia segura pero lo suficientemente cercana como para observar cada uno de sus movimientos.El sonido de pasos silenciosos y susurros apenas audibles acompañaban su búsqueda nocturna. Kald se sumergía cada vez más en la intrincada red de secretos de la isla, con la esperanza de descubrir la verdad que se escondía en las sombras. La ciudad dormía, pero Kald continuaba su paseo nocturno, determinado a desentrañar los enigmas que envolvían a Murkhold, los asesinatos de los guardias y la ultima posicion conocida de tres piratas peligrosos.
Kald había llegado a la isla hacía dos días, después de seguir una pista que le había dado un informante. Había alquilado una habitación en una posada cerca del puerto y había empezado a investigar. Había hablado con algunos comerciantes y artistas, pero nadie le había dado información útil. Todos le decían lo mismo: que no sabían nada, que no habían visto a nadie con esas características, que era mejor que dejara de hacer preguntas. Kald sospechaba que le mentían, que ocultaban algo, que tenían miedo. Pero no podía hacer nada sin pruebas. Así que seguía buscando, esperando encontrar alguna pista que le llevara a sus objetivos.
Ese día, decidió explorar la parte norte de la ciudad, donde se alzaba el gran castillo de piedra . Quizás allí encontraría alguna pista, o al menos algo de cultura. Entró en el castillo y se dirigió a la sala principal, donde había varias obras de arte . Había pinturas, esculturas, grabados, tapices... Kald las observó con interés, pero sin admiración. No entendía mucho de arte, ni le importaba. Lo único que le importaba era cumplir con su deber como marine y capturar a los criminales.
Mientras recorría la sala, se fijó en un grupo de guardias que vigilaban la entrada. Eran cuatro hombres y una mujer, vestidos con uniformes azules y armados con espadas y pistolas. Kald se acercó a ellos, pensando que quizás podrían ayudarle. Se presentó como un marine y les mostró su insignia. Los guardias le miraron con sorpresa y recelo.
- ¿Qué quiere un marine aquí? - preguntó uno de ellos, con tono desconfiado.
- Estoy buscando a unos fugitivos - respondió Kald, con voz firme -. Un gyojin con aspecto de barracuda, una humana con pelo blanco y una semidemonio con un gato naranja. ¿Sabéis algo de ellos?
- No, no sabemos nada - dijo otro guardia, con nerviosismo -. No hemos visto a nadie así por aquí.
- ¿Estáis seguros? - insistió Kald, con severidad -. No me gustaría pensar que estáis encubriendo a unos criminales.
- No, no estamos encubriendo a nadie - dijo la guardia, con firmeza -. Somos leales a la ley y al pueblo. No tenemos nada que ver con esos bandidos.
- Entonces, ¿por qué os veo tan nerviosos? - preguntó Kald, con sospecha -. ¿Acaso tenéis algo que ocultar?
- No, no tenemos nada que ocultar - dijo el guardia que había hablado primero, con voz temblorosa -. Es solo que... hace poco tuvimos un funeral.
- ¿Un funeral? - repitió Kald, con curiosidad.
- Sí, un funeral - confirmó la guardia, con tristeza -. Dos de nuestros compañeros fueron asesinados por una pirata hace una semana. Estaban patrullando por el puerto cuando les atacó por sorpresa. No tuvieron tiempo de reaccionar. Fue una masacre.
- ¿Una pirata? - preguntó Kald, con interés -. ¿Cómo era?
- Era una mujer joven, de pelo blanco, era humana- dijo el guardia -.Era muy ágil y rápida. Se llamaba...
- No digas su nombre - le interrumpió otro guardia, con rabia -. No merece que la recordemos. Era una asesina, una monstrua, una maldita.
- Lo siento, lo siento - se disculpó el guardia -. Es que aún no lo he superado. Era mi amigo, mi hermano.
- Lo sé, lo sé - le consoló el otro guardia -. A mí también me duele. Eran buenos hombres, buenos guardias. No se merecían morir así.
- Lo siento mucho por vuestra pérdida - dijo Kald, con sinceridad -. No sabía que habíais sufrido ese ataque. Debe ser duro.
- Lo es, lo es - dijo la guardia, con lágrimas en los ojos -. No hay día que no pensemos en ellos, que no les echemos de menos. Eran nuestra familia.
- ¿Y qué pasó con la pirata? - preguntó Kald, con curiosidad -. ¿La capturasteis?
- No, no la capturamos - dijo el guardia, con frustración -. Se escapó, nadie sabe donde esta, los guardias que estaban con nuestros compañeros la persiguieron pero no lograron alcanzarla. Era demasiado rápida.
- ¿Y sabéis dónde fue? - preguntó Kald, con esperanza -. ¿Tenéis alguna pista?
- No, no tenemos ninguna pista - dijo el guardia, con resignación -. No sabemos nada de ella,ni de sus complices si es que lo hizo con ayuda o no. Solo sabemos que era una pirata, y que nos arrebató a dos de los nuestros.
- Ya veo - dijo Kald, con decepción -. Bueno, gracias por vuestra información. Siento haber sido tan brusco. No era mi intención ofenderos.
- No, no nos has ofendido - dijo la guardia, con amabilidad -. Entendemos que estás haciendo tu trabajo. Nosotros también lo hacemos. Somos guardias, y aunque tu seas un marine, estamos del mismo lado.
- Sí, estamos del mismo lado - dijo Kald, con una leve sonrisa -. Gracias por vuestra cooperación. Si necesitáis algo, no dudéis en pedírmelo. Estaré por aquí unos días más.
- Gracias a ti, marine - dijo el guardia, con una leve sonrisa -. Suerte con tu búsqueda. Espero que encuentres a esos fugitivos.
- Gracias, guardia - dijo Kald, con un gesto de despedida -. Si son los que yo pienso esto puede ser mas peligroso de lo que me esperaba.
Kald se alejó de los guardias y siguió explorando el castillo. No había encontrado ninguna pista sobre los fugitivos, pero había descubierto algo sobre la pirata que había matado a dos guardias. Quizás esa pirata tuviera alguna relación con los que buscaba. Quizás fuera una pista. Kald decidió investigar más sobre ella. Tal vez así, podría dar con el paradero de sus objetivos.
Kald se acercó a los comerciantes en la zona cercana al puerto, con la esperanza de encontrar alguna pista sobre la mujer humana de pelo blanco que había causado la muerte de los dos guardias. El bullicio del mercado era ensordecedor, con la gente comprando y vendiendo mercancías de todo tipo. Kald observó detenidamente a los comerciantes, buscando algún indicio de conocimiento sobre el trágico suceso.
- ¡Bienvenido, forastero! ¿Buscas algo en particular?
- Estoy buscando información sobre un incidente reciente en el que dos guardias fueron asesinados. ¿Han oído algo al respecto?
Los comerciantes intercambiaron miradas nerviosas entre ellos, pero ninguno parecía dispuesto a hablar. La tensión en el aire se palpaba mientras Kald esperaba una respuesta.
-No sabemos nada sobre eso. No hemos oído nada, lo siento.
Kald, frustrado por la falta de cooperación, continuó su interrogatorio, pero las respuestas eran siempre las mismas. Nadie sabía nada o al menos eso afirmaban. Hasta que finalmente, un anciano arrugado y encorvado se acercó a Kald.
-He oído hablar de eso, joven marine. Una mujer de pelo blanco dicen que fue la responsable. Pero no creo que encuentres ayuda aquí.
-¿Dónde puedo encontrar más información? Necesito asegurarme de que se haga justicia.
-La gente aquí prefiere no involucrarse en asuntos peligrosos. Hay miedo en el aire.
Kald, sintiendo la frustración crecer en su interior, se retiró de la multitud y se adentró en un callejón cercano. Golpeó con rabia unos barriles vacíos, liberando su frustración. Mientras se lamentaba, una voz desde las sombras le habló.
-La gente teme lo desconocido, marine. No están dispuestos a arriesgarse, incluso si eso significa dejar que los criminales queden impunes.
Kald se giró para encontrarse con un individuo de figura sombría, oculto parcialmente por una capa oscura.
- ¿Quién eres tú? ¿Y por qué debería escucharte?
- Soy solo alguien que ha visto cómo la injusticia se apodera de esta isla. Si buscas respuestas, deberías seguir tu instinto, incluso si eso significa enfrentarte a la indiferencia de la gente.
Con esas palabras, la figura se desvaneció en las sombras del callejón, dejando a Kald sumido en sus pensamientos. La decisión estaba clara en su mente: seguir buscando justicia, incluso si tenía que hacerlo solo. La gente de Toroa había decidido cerrar los ojos, pero Kald estaba determinado a mantener la paz, incluso si eso significaba luchar contra la apatía de aquellos a quienes juró proteger.Después del incidente en el callejón, Kald caminó hacia la taberna local con una mezcla de determinación y paranoia. Cada sombra, cada movimiento en la multitud, parecía tener una importancia renovada. La advertencia de la figura misteriosa resonaba en su mente, y la sensación de ser observado se había arraigado en su conciencia.
- (Murmurando para sí mismo) -No puedo confiar en nadie. Hay algo más grande en juego aquí.
Cada paso que daba resonaba en su mente, y sus ojos escrutaban cada rincón de las estrechas calles. La taberna estaba a la vista, pero Kald no podía quitarse la sensación de que algo no estaba bien. Al entrar en la taberna, se encontró con miradas curiosas de los parroquianos, pero él estaba concentrado en buscar cualquier signo de la figura misteriosa.
Se sentó en una esquina apartada, observando la entrada y bebiendo un trago de licor, que genero con su fruta y pensando en que todo eran alucinaciones. La paranoia le hacía cuestionar cada movimiento, cada risa aparentemente inocente. Mientras miraba a su alrededor, una figura encapuchada en la entrada captó su atención.
- (Murmurando para sí mismo) -¿Es él? ¿Me está observando de nuevo?
La figura encapuchada permanecía en la entrada, aparentemente ajena a la atención que atraía. Kald, sintiéndose tenso, decidió acercarse discretamente. Sin embargo, antes de que pudiera avanzar, la figura se retiró de la taberna, desapareciendo en la oscuridad de la noche.
-(Frunciendo el ceño) Esto no puede ser una coincidencia. Algo está sucediendo aquí.
Kald se levantó y siguió a la figura encapuchada, pero las estrechas calles de la ciudad le jugaron en contra. Cuando llegó al lugar donde la había visto por última vez, la figura ya se había desvanecido en la noche. La frustración se apoderó de él, pero también un creciente sentido de urgencia.
- (Susurrando para sí mismo) No puedo permitir que se escape esta vez. Debo descubrir quién es y qué sabe.
Con una determinación renovada, Kald regresó a la taberna, con la certeza de que la figura encapuchada estaba conectada de alguna manera con los eventos que se desarrollaban en la isla. La noche se extendía ante él, llena de misterios y desafíos que estaba decidido a enfrentar. Kald, envuelto en la oscuridad de la noche y aprovechando sus habilidades para esconderse, se adentró en las calles de Murkhold. Las sombras se convertían en su aliado mientras se movía con sigilo entre las estrechas callejuelas. Su figura, en gran parte oscura y camuflada, se fundía con la noche, permitiéndole observar sin ser visto.
Cada paso era una danza silenciosa, sus alas se mantenían pegadas a su espalda para evitar hacer ruido. Los ojos de Kald escudriñaban cada rincón, cada rastro de movimiento. Decidido a descubrir la verdad detrás de la figura encapuchada y los acontecimientos en la isla, siguió su instinto y buscó señales de actividad sospechosa.
Pasó por callejones silenciosos y plazas desiertas, su aguda percepción alerta a cualquier cambio en el entorno. Sin embargo, no pudo evitar sentir que la ciudad estaba llena de secretos, que los habitantes guardaban sus propios misterios en la penumbra de la noche.
A medida que avanzaba, Kald notó a varias personas que parecían comportarse de manera extraña. Sus movimientos eran rápidos, sus miradas furtivas. Sin dudar, Kald comenzó a seguir a aquellos que levantaban sus sospechas. Se deslizaba entre las sombras, manteniendo una distancia segura pero lo suficientemente cercana como para observar cada uno de sus movimientos.El sonido de pasos silenciosos y susurros apenas audibles acompañaban su búsqueda nocturna. Kald se sumergía cada vez más en la intrincada red de secretos de la isla, con la esperanza de descubrir la verdad que se escondía en las sombras. La ciudad dormía, pero Kald continuaba su paseo nocturno, determinado a desentrañar los enigmas que envolvían a Murkhold, los asesinatos de los guardias y la ultima posicion conocida de tres piratas peligrosos.
