[Autonarrada T3 - P. Relativo] - Cuello de botella
#1
Isla Eliseo - Playa Esmeralda
Día 22 de Invierno - Año 11 
14:30


Los Shogun Gari llevaban tres semanas en esa isla paradisíaca. Habían podido descansar todo ese tiempo, se habían tomado unas buenas y merecidas vacaciones. Playas de ensueño, locales de ocio, buena comida, buena bebida. Tobías y los demás estaban disfrutando de todo eso, pero el joven carpintero tenía una larga lista de tareas pendientes para mejorar su nuevo barco y empezaba a sentirse mal por no estar haciendo nada de provecho. 

Volvió a su velero para reorganizar un poco sus ideas y establecer la pequeña de las dos bodegas como su taller. Era una estancia de unos diez metros cuadrados, donde ya había instalado una mesa de dos metros de largo, uno de ancho y setenta centímetros de alta. En la misma pared, justo al lado de ésta, estaba el terrario de Pascal, sobre un pequeño mueble que albergaba diferentes tipos de insectos dentro de tarros de cristal. Formando una ele con la otra mesa, había montado otra algo más larga, de unos tres metros y algo más estrecha, a ciento diez centímetros de altura. La primera tenía una silla y la usaba como escritorio, tenía dos anchos cajones, donde, en uno, guardaba cuadernos y hojas de papel con los diseños que iba acumulando y en el otro tenía el diario donde registraba las aventuras y desventuras de los Shogun Gari. Sobre la mesa estaba el tintero y un juego de plumas, en el que se encontraba la de Nekah, la cual usaba para escribir en el diario. La mesa alta era el banco de trabajo. Estaba completamente despejada, usaba la pared, sobre la que se apoyaba, como "almacén" para sus herramientas. Tenía un curioso sistema para tenerlas todas a la vista, perfectamente ordenadas y fáciles de coger. También tenía dos luces móviles, que usaba como apoyo lumínico para poder ver perfectamente cualquier detalle en cualquier punto de la superficie. En otra pared había tres baldas en tres alturas distintas, de la mitad del largo de la pared y en la otra mitad de ésta un gran armario de cuatro puertas. Utilizaba ese sector como almacén para materiales. En la cuarta pared, estaba la puerta de entrada y una pequeño sofá con una mesita delante, que usaba como zona de descanso, ahí se sentaba para relajarse y tomar sus tés, aislado de sus ruidosos hermanos Garnet y Sasha (ambos tenían prohibida la entrada en su taller).

Se sentó en el escritorio y abrió el cajón de los cuadernos de proyectos para sacarlos todos e ir revisándolos. Casi todas sus ideas eran imposibles de llevar a cabo en ese momento, o bien le faltaba algún material o bien alguna herramienta clave. Se pasó un buen rato organizándolo todo, terminó haciendo tres montones de hojas sueltas y cuadernos, uno para los proyectos a largo plazo (el más grande), otro para los que podría hacer a medio plazo (bastante más pequeño) y el último con los que podría hacer actualmente (compuesto por cuatro proyectos). Primero ordeno bien los proyectos a largo y medio plazo y los guardó en el cajón, después se centro en los otros cuatro que podía hacer en ese momento y barajo los pros, contras, prioridades y necesidades actuales para decidirse por uno. Así pues guardó tres y colgó la hoja restante en una pinza que estaba en la pared de las herramientas, sobre el punto medio del banco de trabajo. Cogió todos los materiales necesarios, revisando el inventario que tenía de éstos, y los colocó sobre la mesa alta. Pascal no le quitaba ojo, situado en una de las muchas ramas dispuestas por la zona alta de la habitación y por las que el pequeño reptil campaba a sus anchas. Tobías estuvo un buen rato tallando madera, haciendo unos cuantos aros dobles con metal y montando el carrete, solo faltaba cargarlo con hilo y tallar varios anzuelos en metal. Si era una caña de pescar. Cuando termino de ensamblarlo todo miró por las portas que había en la pared del escritorio, quedaban casi a la altura de la superficie del mar, estaba comenzando a anochecer. Tras unas cuantas pruebas con el carrete, ya estaba lista para usar. Habían pasado cerca de cuatro horas, debían ser casi las seis y media de la tarde. Era una buena hora para estrenarla, así que, pidiéndole permiso a Pascal, tomó uno de los botes con insectos y cogió la caña antes de subir a cubierta. 

El sol ya estaba medio escondido en el horizonte y el frío azotaba ligeramente. Tobías dejo todo preparado cerca de la popa del barco, en la barandilla de estribor. Bajó a su camarote para coger su chaqueta, Kuraku estaba tumbado en la cama, en mitad de una siesta larguísima, tanto que iba a empalmarla con la cena si se descuidaba. Las vacaciones les estaban sentando de maravilla, ver a su compañero tan relajado dibujó una sonrisa en la cara del joven carpintero, había que aprovecharlas, no sabían cuando iban a embarcarse en la próxima aventura. Antes de volver arriba, paso por la cocina para coger una botella de licor de avellanas, Garnet estaba terminando de fregar los cacharros para después preparar la cena, no cocinaba tan bien como Aurora o Bepso, pero se defendía. Le dijo que iba a pescar, que fuera preparando la guarnición para el enorme pescado que le iba a traer y apostó mil berries a que cumpliría su cometido antes que él. El músico le sonrió y aceptó la apuesta ates de continuar con sus tareas. El joven barba naranja volvió a cubierta junto a la caña y el bote de insectos. Al dejar la botella en el suelo, el vaivén de barco sobre el mar casi la tumbó, así que bajó de nuevo a su taller para coger un cincel y un martillo. Frente a la puerta del taller estaba Sasha con las rodillas en el suelo y las manos apoyadas en éste también, con el ojo pegado al agujero de la cerradura intentando ver lo que había al otro lado de la puerta. Tobías carraspeó y la joven semioni disimulo lo mejor que pudo, fingiendo que estaba buscando a una cucaracha que había visto correteando por la zona para dársela a Pascal. "Buen intento, jish jish jish". El carpintero le agradeció el gesto y le sugirió que dejara de husmear y fuera a ayudar a Garnet con la cena. De mala gana, Sasha se incorporó refunfuñando y se fue para su camarote, obviando el comentario de Tobías. Espero a la rubia se fuera para abrir la puerta y entrar a por las herramientas que necesitaba. 

Otra vez en cubierta, fue hasta la barandilla y dibujó el contorno de la botella en la parte superior. El pasamanos debía tener casi veinte centímetro de alto (el bloque de madera) así que izo un agujero redondo de unos quince centímetros de profundidad. Ya podía dejar la botella allí sin riesgo a que se cayera. Aprovechando que tenía ahí las herramientas, izo otro agujero circular a un metro del primero, éste de un diámetro un poco superior al del mango de la caña de pescar, pero en diagonal, atravesando la pieza de madera completamente, comenzando en la parte exterior y terminando en la interior. También podría apoyar la caña ahora. Bajó corriendo a devolver las herramientas a su sitio, estaba ansioso por estrenar su creación, casi se cae por las escaleras al subirlas a toda prisa. 

Finalmente, preparo el cebo en el anzuelo y lo lanzó al mar. Había utilizado balas como plomos, un trozo de corteza de alcornoque (corcho), pintado de naranja, como boya y le había puesto un cascabel a la punta de la caña para la pesca nocturna o para no tener que estar atento a la boya todo el rato. Metió el mango de la caña en el agujero que había preparado y se sentó en la barandilla con los pies por fuera y se quedó mirando fijamente a la pequeña boya naranja, la ilusión de estreno le impedía no hacerlo. 

Tras cinco minutos sin una sola señal de vida submarina, recogió el sedal para comprobar que el cebo seguía en su sitio. Ahí estaba. La luz natural casi había desaparecido, apoyó de nuevo la caña en su sitio y volvió a poner los pies en cubierta para ir a encender unos cuantos farolillos con su mechero y acercó uno hasta la zona donde estaba, colgándolo de la barandilla. Volvió a lanzar el anzuelo al agua, colocó la caña en el improvisado soporte y se sentó otra vez con los pies colgando sobre el mar. Quitó el corcho de la botella y le dio un sorbo al licor antes de sacar uno de sus cigarros y encendérselo. La pesca resultaba relajante y le estaba ayudando a meditar. Ya no veía bien la boya por la escasez de luz, así que se puso a mirar al cielo, esperando escuchar el cascabel. 

Mirando las estrellas, no pudo evitar recordar a sus hermanos caídos, tenía que hacerse más fuerte, pero últimamente no había estado mucho por la labor. Decidió que a partir del día siguiente retomaría sus entrenamientos. Afinar su puntería, entrenamientos físicos y darle vueltas a posibles usos de su habilidad para con su fruta del diablo. Le dio otra calada a su cigarro, parecía que los peces no querían picar. Se recolocó bien el sombrero y se ajustó el cuello del abrigo un poco más antes de volver a coger la botella. Se la había dejado abierta y el tapón había desaparecido, miró por la cubierta, pero no estaba, seguramente se había caído al agua. "Serás estúpido Tobías". Le supo muy mal, con lo ordenado que era había obviado algo tan corriente como volver a poner un tapón en una botella, se enfadó consigo mismo. La botella estaba recién estrenada, así que tendría que terminársela pronto o el dulce licor atraería a los insectos y se echaría a perder. Al revisar el contenido, lamentablemente, un mosquito flotaba en la superficie del licor. "Fantástico..." Como todavía estaba casi llena, probó a meter el dedo índice a ver si lograba sacar al pobre insecto del recipiente. Con el dedo dentro, comenzó a balancear la botella para atraer al mosquito hasta la yema y rezar por que se quedara pegado. No le costó mucho, pero al ir a sacar el índice con el bicho pegado a éste, se dio cuenta, tarde, de que era demasiado ancho para ese cuello de botella y se había quedado atascado. Intentó sacarlo a la fuerza, girándolo, empapándolo en el licor (lo cual devolvió el mosquito a su particular piscina etílica) antes de volver a estirar, pero nada. No quería tener que romper la botella y perder aquel exquisito brebaje, así que siguió intentándolo de varia maneras.

De pronto comenzó a sonar el cascabel, cada vez más frecuente e intensamente. Había picado algo. "Justo ahora... ¿Enserio?" Los nervios se apoderaron de Tobías, no quería perder ni el licor ni el pescado, o peor aún, el pescado junto a la caña que acababa de fabricar. Con el dedo índice derecho atrapado, cogió la caña con la zurda e intentó asirla también con los dedos restantes de la diestra. La tarea se planteaba complicada, le era prácticamente imposible recoger el sedal girando la manibela del carrete con solo cuatro dedos y una botella de por medio. Se bajó como pudo de la barandilla y fue estirando de la caña caminando hacia babor, pero la incapacidad de movimiento con la diestra le comenzaba a sacar de quicio. En un momento de desesperación, bloqueó le carrete cogiéndolo junto al mango de la caña como pudo con su mano izquierda y se puso de cuclillas para amarrar la botella entre sus muslos y pegar un fuerte tirón incorporándose y arqueando la espalda hacia atrás. ¡Blop! El dedo quedo libre, pero la botella salió por los aires. Rápidamente la atrapó con el poder de su fruta dejándola suspendida en el aire. Agarró la manivela con la diestra y comenzó a recoger el sedal mientras volvía hacia la barandilla de estribor. Tras un pequeño forcejeo con el animal, logró sacarlo del agua y subirlo hasta cubierta. Era enorme, medía más de un metro de largo y tenía ¿trompa y colmillos? Parecía un elefante, pero tenía buena pinta. Dejó la caña en el agujero y cogió la botella, que seguía flotando sobre la cubierta, para dejarla en el otro agujero, mientras el pez coleteaba por cubierta. Rápido lo cogió y bajó corriendo por las escaleras en dirección a la cocina, esperando llegar a tiempo de ganar la apuesta. 

Tobías abrió la puerta de par en par, con el pez en sus brazos abofeteándole la cara con la cola y una sonrisa de oreja a oreja. El horno estaba preparado ya, al igual que la guarnición y el postre. El carpintero había perdido la apuesta, pero esa noche la cena sería memorable. Mientras limpiaba el pescado, le vino a la cabeza la peculiar escena de pesca, lo mal que lo había pasado en esa situación tan tensa, como un atrapamiento le había agobiado tanto. Por alguna razón imaginó a un ficticio enemigo sufriendo ese mismo agobio, atrapado por completo sin posibilidad de moverse a su antojo. Tenía que mejorar su G-Shot, un agarre parcial molestaba, pero uno completo tenía que ser desesperante. No sería fácil, mañana sin falta cumpliría con su palabra de volver a los entrenamientos, para así consolidar una nueva técnica con la habilidad de su fruta. El nombre ya lo tenía, Bottleneck. 

El pescado estaba buenísimo, el acompañamiento y el postre también. Todos disfrutaron de la comilona entre risas y canciones. La noche se alargó más de lo que esperaba Tobías, pues quería acostarse pronto para madrugar al día siguiente y comenzar a probar esa nueva técnica, pero la juerga lo absorbió y le dejó de dar importancia. Daba igual a que hora empezar a entrenar, en ese momento lo más importante era el buen momento que estaban disfrutando todos juntos.
[Imagen: l47Ucve.png]

❝

Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
  Responder
#2
AVENTURA AUTONARRADA T3 - COMPLETADA

Recompensas:
Cita:
  • 7 puntos Mugiwara
  • 15 reputación
  • 15K berries
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)