[EVENTO FASE] Billete a las nubes (Trama secundaria)
#11
Los birkanianos no se inmutaron mientras hablabas, permanecieron en su posición, aunque suavizando el gesto de sus rostros al escuchar que no tenías nada que ver con los Mords. Al fijarte en ellos podías apreciar eran muy distintos entre ellos, aunque con un mismo estilo; había variedad, pero en su estilo había coherencia. Sus pieles eran algo oscuras, al igual que sus ojos, ligeramente rasgados. La mayoría tenían el pelo negro, aunque el de algunos era castaño y, muy pocos eran rubios. Algunos llevaban el pecho descubierto, pero otros vestían con chalecos oscuros de cuero o camisas de tirantes y pantalones largos de una tela muy básica. La mayoría de ellos llevaba el pelo largo, ya fuese suelto o regido en una coleta, aunque otros lo llevaban más corto. También llamaba la atención que varios de ellos llevaban tatuajes tribales y no se dejaban crecer la barba. Era evidente por su forma de vestir que su estilo de vida era humilde y que debían vivir de la ganadería y agricultura. Sus casas también dejaban esto en evidencia. Eran como cabañas triangulares que debían estar hechas de paja, madera y telas.

El que parecía el cabecilla, de piel morena y pelo oscuro y largo, se quedó un momento en silencio evaluando la situación. Podías estar diciendo la verdad, ser ajeno a la situación actual de la isla y, simplemente, necesitar ayuda. O podías estar mintiendo para que te socorriesen y poner en peligro a toda la tribu, que te habría abierto las puertas de sus casas con toda su buena voluntad. Finalmente, la naturaleza pacífica de aquella pequeña sociedad salió a flote para ayudar a uno de sus hermanos. A pesar de tu apariencia, muy poco típica entre estos birkanianos, tus grandes alas blancas constataban que eras uno de ellos.

—De acuerdo, ven con nosotros. Curaremos tus heridas y puedes quedarte hasta que te recuperes, pero luego deberás marcharte —dijo el birkaniano con serenidad y sabiduría. De esta forma, te asistirían, pero no pondrían en peligro a los suyos. La muchedumbre de aldeanos se dispersó en su mayoría. Solo una decena permanecerían contigo, acompañándote al interior de su humilde aldea. Esta vez su objetivo no parecía proteger a los demás de ti, sino poder ayudarte a que te recuperases lo antes posible. En un lugar tan modesto, no tendrían que preocuparse por que alguien pudiese robarles. No tenían nada valioso, más que sus casas, que eran reemplazables, y sus propias vidas.

A medida que os adentrabais en la aldea los hombres que te acompañaban se iban dispersando hasta quedar solo el líder, que te señaló hacia el interior de una de las casas que parecían tiendas de campaña. —Adelante. Aquí está nuestra curandera. Ella tratará tus heridas —dijo esperando a que entrases para pasar justo después de ti. El interior de la cabaña era bastante sencillo, con apenas decoración, tan solo lo básico. Estaba iluminada con unas cuentas velas, sobre una mesa alargada de madera había varios ungüentos, botes con líquidos y hierbas. Sobre el suelo, dos esterillas rellenas con paja que hacían de camillas para descansar y al fondo de la cabaña un biombo tras el que se apreciaban dos siluetas. Una de ellas salió de detrás del biombo al escuchar que alguien entraba. Era una birkaniana joven, de unos dos metros de alto, tez oscura, pelo claro y ojos azules que pareció algo sorprendida. —¿Quién…? —empezó a preguntar antes de ser interrumpida por el hombre—. No es de aquí. ¿Podéis curarle?

Sus palabras parecieron ser suficientes, no necesitó más explicaciones. La mujer se aproximó a ti para mirarte de cerca fijándose en las heridas y cogiéndote el brazo con suavidad. —Claro. Túmbate. Voy a preparar un ungüento para aplicártelo por el cuerpo —dijo la mujer llevándote hacia el saco de paja.

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#12
Estoy expectante a las reacciones de aquellos que me dan la bienvenida. Apenas estoy nervioso, al contrario, pero no deja de ser un ejército entero contra un yo desgastado y machacado. Realmente necesito a esta gente. Supongo que por eso mismo he decidido tomar las cosas con calma y por una vía pacífica. Al menos por el momento.
Ellos parecen impasibles ante mis declaraciones. Como mucho puedo ver cómo se relajan cuando menciono que no sé qué es un "Mord". No obstante, esperan la respuesta de su líder. Parecen tenerle mucho respeto y confianza al individuo que se aventuró a dirigirme la palabra. -Bueno dime, ¿Aún te parezco una amenaza?- declaro con los brazos en jarra y ladeando la cabeza. El supuesto cabecilla me analiza con detenimiento y, tras unos segundos, decide darme una respuesta. Acepta mis peticiones, pero sigue sin gustarle mi presencia. Yo sonrío complacido y, mientras avanzo hacia él para ser llevado dentro de la ciudad, suelto unas palabras para terminar de estrechar lazos. -Has apostado por la persona correcta, amigo. No te arrepentirás.- me pongo a su lado y le sigo el paso. Si hubiera nacido con su altura, me hubiera atrevido a cruzar mi brazo por su hombro, pero con la diferencia de tamaños, me limito a frotarme las manos y a reír- Sabes, de dónde vengo, me conocen como el más pacífico y confiable del lugar. No tienes de qué preocuparte, SHIHahaHAHaH...-

Me adentro en el poblado escoltado por una décima parte del ejército, ya disperso. No me separo del "jefe", que también me acompaña. Es poco hablador. Tanto, que todavía no sé si nombre. Pero estoy más interesado en mi alrededor que en el individuo. Dentro de la aldea, mis sospechas son confirmadas. Calles gastadas y sin pavimentar, cabañas levantadas con palos y telas, gentes con vestiduras sencillas y artesanales... Todo parece indicar que estoy junto a una tribu de recursos escasos. No parece haber nada de valor a simple vista, y el contraste con la ciudad de oro es inmenso. Parecen mundos diferentes.
Las gentes ya no son novedad. Bueno, miento. Ahora que estoy más cerca de ellos y se dejan ver más, puedo ver más características y variedad entre ellos. Muchos llevan tatuajes tribales con significados que no logro descifrar. En su mayoría son todos de pelo oscuro, aunque algún rubito se deja caer. Y sin duda, algo que llama la atención, es que todos van rasurados y sin bello facial. Curioso... Mientras me cruzo con ellos, aunque nadie se atreve a decirme nada, yo voy saludando, como si fuera una estrella famosa -Hola, buenas.- saludo a un grupito que me mira. -Hey, ¿que tal, cómo va todo?- pregunto a otros curiosos. - Hola guapa, que bien te ves...- piropeo a una mujer curiosa de buen ver. -Nahh, es que soy todo un ligón, ¿verdad?- me codeo con un guardia, que me mira sin expresión y se retira sin responder. -Venga adiós... amargado...-
Vamos cruzando y los escoltas van siendo cada vez menos. Ya inmerso en mis pensamientos, empiezo a valorar lo que sucede. -Esta gente parece bastante pobre. Capaz se hayan estancado como civilización y se dediquen a recolectar y pescar y poco más... Con suerte, me puedo reabastecer aquí y recuperarme. Y creo que con un poco de trabajo, puedo convencer a estos indígenas para que me sirvan y obedezcan...- Todo esto es interrumpido por un aviso de llegada. Soy ordenado a entrar en una cabaña.

Entro en la choza antes que mi anfitrión. La luz dentro de la cabaña es tenue. Solo un conjunto de velas repartidas iluminan la estancia. A simple vista detecto una mesa llena de potingues y brebajes.  Captan mi atención con sumo interés. -Parece que tenemos curandero- barrunto mientras me acaricio el mentón y con la otra mano, de forma inconsciente, palpo mi bolsa con mi inventario. Un montón de paja parece hacer de camilla médica. Ya es difícil, pero parecen tan incómodas que me hacen recordar con cariño las del reformatorio. Pero entonces la veo...
Una mujer de mi estatura aparece de detrás de un biombo. Su piel, su pelo, su olor... TODOS mis sentidos se activan y quedan atrapados en su silueta y en su poderosa mirada celeste. Parece sorprendida por nuestra llegada, pero es interrumpida por el líder, que le ordena que me atienda. Mientras esto se da, yo estoy paralizado y solo me limito a mirarla como si un ángel de amor y lujuria hubiera sido invocado frente a mi. -Gracias, señor...- me limito a balbucear.
La propia curandera toma la iniciativa. Se acerca a mí y me revisa la heridas de forma superficial. -Ey, cuidado- replico con una sonrisa pícara. Ella sigue el mandato y me agarra del brazo. Me pide que me tumbe en una de esas camillas mientras prepara la medicina y comenta que me la va a aplicar. -Joder sí. Voy, SHIHahaHAHaH- me tumbo sin cuidado sobre el montón de paja, boca arriba, con las piernas ligeramente abiertas y los brazos apoyados tras la nuca, marcando músculo y con una pose sugerente. Obviando si el líder ha abandonado la estancia o no, yo no le quito ojo a la mujer. Mientras prepara el ungüento, no le quito el ojo de encima y me quedo valorando sus atributos. Son una delicia. -Oye, ya que tenemos un rato, podríamos conocernos mejor, ¿no te parece? Soy Zarek, por cierto. ¿Como te llamas tú, preciosidad?- intento flirtear con ella. -Horus ha premiado mi fé una vez más. He encontrado una preciosa mujer que me va a masajear todo el cuerpo. Con suerte, no tendré que usar mucho la persuasión, SHIHahaHAHaH. Ahora bien, es mi momento de sacar toda la información posible de este lugar. Quizá una conversación y un intercambio de preguntas sea lo mejor por ahora... Además, parece experta en curas naturales y conocedora de las propiedades  beneficiosas de la flora local... ¿Estamos hablando de una posible Nakama? A saber... Vayamos poco a poco, a ver cómo reacciona a mis encantos.-


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#13
La mujer esbozó una sonrisa ladeada al escucharte, pero no parecía impresionada por tus músculos o por tus palabras. El jefe de la aldea permaneció en la entrada, poniendo los ojos en blanco ante tu intento por seducir a la birkaniana, que parecía dudar sobre si debía responder a tus preguntas. —No te preocupes. No es de aquí. O eso parece —dijo el hombre rompiendo su silencio para tranquilizarla. Era evidente que suponía un problema que procedieses de la misma isla que ellos, aunque lo habitual era que se diese la situación contraria. La mujer se acercó a la mesa y comenzó a moler y mezclar unas plantas medicinales para preparar el ungüento con el que iba a curarte las heridas. —Encantada, Zarek. Yo me llamo Shea. ¿Puedo preguntar de dónde eres y por qué has venido? Aquí no hay mucho de interés, sobre todo para alguien como tú —dijo la birkaniana con curiosidad.

Dentro de la cabaña solo se podía escuchar el crepitar de las velas y los sonidos de las plantas siendo molidas y mezcladas. El ambiente era calmado, desde fuera solo se colaban ruidos aislados, como el de las pisadas y las risas de unos niños que habían pasado corriendo por delante o las voces ininteligibles de algunos aldeanos, que charlaban a varios metros del lugar. Tu llegada había revolucionado la aldea, pero, incluso así, se podía respirar la calma. Parecía que habían decidido confiar en tu buena voluntad, ya no tenía miedo, solo curiosidad por un compatriota proveniente del mar azul y con un aspecto bastante peculiar.

Precisamente por ello, tanto la mujer como el hombre estaban dispuestos a escuchar todo lo que tuvieses que decir, pero no eran los únicos en aquella cabaña. Detrás del biombo se podía ver otra silueta que permanecía inmóvil y en silencio. Sus grandes alas evidenciaban que se trataba de una persona birkaniana, al igual que todos los de la aldea. Era muy bajita o, tal vez, estuviese sentada en un taburete. Era difícil de discernir. Cuando la chica joven tuvo listo el ungüento, dirigió su mirada hacia la silueta. —¡Baba! Ya está todo listo. Ahora mismo viene mi compañera a curarte —dijo dirigiéndose esta vez a ti mientras te guiñaba un ojo.

De detrás del biombo apareció una figura, otra mujer, pero de avanzada edad. No debía medir más de metro cincuenta, múltiples arrugas surcaban su rostro y su pelo largo y canoso cubría toda su espalda. —Manos a la obra —su voz sonaba temblorosa por la edad, pero firme. Se dirigió hacia la mesa para coger el ungüento y unas gasas y luego arrodillarse junto a ti. —Qué chico más guapo me habéis traído hoy. ¿Habéis visto estos músculos? Vamos, que no tengo todo el día. Ponte boca arriba y estate quieto —dijo untándose el mejunje en las manos para luego restregártelo por las heridas y vendar las más profundas.

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#14
Aquí estoy. Aquí me encuentro. Espero estirado en una camilla de paja incómoda, en mitad de una tienda de campaña de una tribu en la isla del cielo. Mi objetivo era encontrar a un maestro en artes marciales para avanzar por el camino del Hassoken. Sin embargo, me encuentro a escasos segundos de recibir la recompensa más jugosa que he podido obtener en mucho tiempo. Totalmente merecida, por supuesto.
Me encuentro boca arriba, con el torso descubierto y los pies descalzos. Los brazos arqueados hacia arriba, descansando las manos tras la nuca y marcando bíceps. Pese a que la cama es poco agradable, yo me siento como un rey, como lo que soy. Mi rostro demuestra confianza y picardía, dibujando una sonrisa boba asegurando que he conseguido ligar, fijo. Desde el rabillo del ojo puedo ver una especie de sonrisa ladeada de la mujer que me quiere manosear. -Estoy hecho todo un figura. Mírala, seguro está impresionada por mis potentes músculos o por mis atrevidas palabras.- pienso.
El hombre que nos acompaña, y que sobra, rompe un silencio la mar de hermoso, asegurando que no soy autóctono de la isla. Por un segundo pienso que me está jodiendo el ligue, pero rápidamente veo que la actitud de ella parece más aliviada e interesada. Ella se presenta como Shea y me pregunta mi lugar de origen y las razones por las que estoy ahí. 
-Shea...- pronuncio como un eco, repitiendo tan hermoso nombre. -Un nombre digno de tu seductora belleza, sin duda.- me reacomodo con un estiramiento de espalda y un leve bostezo. -Pues yo vengo del mar del Norte, preciosa. De Daburu para ser exactos. Bueno, no nací ni me crié allí, pero he pasado muchos años en ese lugar. He venido a este lugar buscando a alguien, pero estoy de paso. Estoy buscando una tripulación y gente de confianza para un proyecto... "Personal" SHIHahaHAHaH- me atrevo a comentar sin vergüenza ni tapujos. 
Tengo los ojos cerrados y sigo recostado. Aunque aún sea de día, se mantiene una oscuridad tenue enfrentada a al crepitar suave de las velas. Todo transmite paz. Se pueden oír voces y correteos en los alrededores de la tienda, pero más que transmitirme nerviosismo o recelo, me generan orgullo realización. Realización de haber llegado tan lejos y poder reescribir mi historia. Hace unos meses tan solo podía oír el repicar de las cadenas, las porras de los guardias y el grito de la violencia entre internos... Aunque ahora que lo pienso... Quizá lo hecho de menos, jeje. 
Mientras la conversación se da, con ella sobre todo terminando la medicina y el atento, decido tomar la iniciativa de nuevo. -Oye jefe... Tú, no me has dicho tu nombre todavía, SHIHahaHAHaH. El caso. Me pica la curiosidad. ¿Porque razón hay tanta diferencia entre esta ciudad y la que está más...- entonces soy interrumpido por Shea, que llama a alguien. Esta se dirige a mí conforme ha acabado y que su compañera me aplicará la medicina. Yo estoy a punto de replicar ofendido e indignado, pero soy silenciado por un guiño juguetón que me encandila. 
Detrás del biombo aparece una ancianita, muy cuca ella, midiendo con suerte metro y medio y con una piel arrugada y trabajada por el tiempo. Miro a la joven birkaniana arqueando una ceja. En mi frente se puede leer "me estás vacilando, ¿verdad?" Y busco en su mirada una respuesta. La yaya coge el potingue y se acerca a mí, llenándome de piropos y dispuesta a embadurnar y a tratarme, pidiéndome que me recueste de nuevo. Le devuelva la mirada forzando una sonrisa y obedezco, mirando al techo. - Me estáis jodiendo...Bueno... Cuanto más arrugada la pasa, más dulce la fruta. O eso dicen, SHIHahaHAHaH. Adelante señora, sin miedo. Palpa y embadurna a gusto, confío en usted y su experiencia.- Me dejo tratar las heridas conforme la vieja considera.
Pasa el rato y siento las manos de la anciana y el mejunje sobre mi. A veces siento alivio en magulladuras superficiales. Aunque cuando incide en alguna que otra herida más profunda, escuece un poco más. Igualmente, gracias a mi cuerpo moldeable, consigo modificar el tejido para que todo sea más compacto y sane mejor y más rápido. Cuando siento que la mayoría de las heridas están tratadas y parece que el tratamiento va a finalizar, me propongo continuar con la conversación que se había quedado a medias.
-Como iba diciendo... ¡Ay!- intento incorporar el torso un poco. -¿Que me podéis decir de la ciudad vecina? Fui bastante mal recibido por allá y tuve que vagar por el bosque hasta dar con vosotros. ¿Buscan movida o que sucede?-
La información es un arma invisible, y con el maquillaje de la curiosidad y la bondad, se obtienen de forma sencilla. Soy el nuevo, y no tengo problema en darme a conocer. Seguramente eso les de confianza y puedan soltarse más de la cuenta. Esta gente resulta interesante, y aún tengo temas que tratar con Shea y la abuela. Pero nunca está de más saber en qué bando me encuentro y si voy por buen camino.

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#15
Los birkanianos presentes escucharon con atención tu relato. No mencionaron nada sobre tu lugar de origen, era posible que ni supieran dónde se situaba. Lo único que parecía importarles era que no tenías nada que ver con los Mords ni con nada relacionado con aquella isla del cielo. Tampoco parecían interesados en cuál podía ser tu proyecto personal. Formaban parte de una sociedad muy cerrada, no les importaba nada más que aquello que afectase a su pueblo y no parecían creer que ese proyecto les pudiese incumbir en absoluto.

La anciana con sus manos untadas restregó aquel mejunje por tus heridas. Los primeros segundos escocía al contacto, pero en seguida te embargaba una sensación de alivio alrededor de las zonas afectadas. No eran heridas que sangrasen demasiado, tan solo cortes y moratones, pero el interior de tu cuerpo estaba destrozado por el ataque del dial. Esas heridas tardarían algo más en sanar y requerían de un tratamiento más complejo, aunque aquella medicina a base de plantas parecía muy efectiva.

El hombre que permanecía en la puerta de la tienda se cruzó de brazos, mostrando una actitud reacia a interactuar contigo. Sin embargo, por educación se decidió a responderte. —Ukhtulu. Me llamo Ukhtulu —dijo con voz seria y sin alterar su semblante. Parecía algo incómodo por tener que compartir tanta información, aunque, realmente, tampoco es que hubiese hablado demasiado. Por el momento, tan solo te había desvelado de forma inconsciente su preocupación por los Mords, su firmeza al defender su aldea, la existencia de sus curanderas y, ahora, su propio nombre. Esto evidenciaba, una vez más, el hermetismo de esta sociedad. Sin embargo, no todos los habitantes compartían este afán de resguardar esta información. La joven birkaniana no tuvo reparos en continuar tu conversación con naturalidad mientras la anciana trataba tus heridas.

—Sí que es cierto que no eres de aquí. ¿De verdad que no sabes nada sobre nosotros? —preguntó con cierta incredulidad —. Si antes de llegar aquí te has cruzado con más habitantes te habrás dado cuenta de cómo te tratan. No somos iguales que ellos. Al menos no nos consideran iguales. Estamos condenados desde que nacemos y no hay nada que podamos hacer, solo llamar la atención lo menos posible para que se nos permita vivir como personas libres. Otros de los nuestros no tienen esta suerte. Tienes que tener cuidado te marches de aquí. Lo mejor será que intentes que nadie se fije en ti y largarte de esta isla cuando tengas oportunidad, a menos que quieras acabar como esclavo de algún Mord —dijo mientras continuaba moliendo más plantas.

—Wi-i-i-i —rio la anciana terminando de curarte las heridas y vendándolas con cuidado —. Tiene razón. Has tenido suerte de no acabar muerto. Es una insensatez… Intentar colarte en la capital siendo quien eres. Esta medicina no es milagrosa, pero nos ha sacado de muchos apuros. Sé listo y no te quedes en un sitio en el que no te quieren. Nosotros no tenemos la oportunidad.

—Ya basta —las interrumpió el jefe de la aldea —. Lo siento, Zarek. Nosotros no podemos ofrecerte más ayuda. Tenemos suficiente con tratar de sobrevivir. Reposa para terminar de curar tus heridas y márchate. Si has llamado de esa forma la atención es posible que vuelvan a buscarte y no queremos tener nada que ver. Eres como nosotros, pero no eres de los nuestros. Espero que logres lo que quieres y encuentres a quien buscas, pero no está aquí —sentenció de forma tajante.


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#16
El masaje sabe a gloria bendita. Lo que en un principio es un escozor picante que sienta raro, a los segundos se convierte en un alivio placentero digno de la mejor de las *Error404*. La vieja sabe lo que se hace. Sabe lo que se hace muy pero que muy bien. Mientras me masajea deduzco que se ha dedicado a eso toda la vida. Se nota en su experiencia y su perfección a la hora de manipular mi cuerpo. O se trata de eso, o es una diosa de la *SyntaxError*. Como sea, cuando termina, me siento completamente renovado. He recuperado las fuerzas y la vitalidad. Estoy listo para todo: una batalla campal, saquear el mundo entero o montar la *notFound* más memorable de la historia. Pero antes de que esto se diera, ha habido un debate previo. Una conversación que me ha hecho tomar una decisión sobre el siguiente paso más coherente.

Por un lado, por fin, el supuesto líder se ha dignado a darme su nombre. Un nombre raro y extraño que me he limitado a balbucear erróneamente y luego he rebautizado -Uklut...Ukutl...Uktlu... ¡Joder macho! Mira, te llamaré Uk y punto.-  Parecía algo agobiado. Tal vez no le hacía gracia que estuviera ahí. Por su parte, Shea estuvo más abierta conmigo. Realmente no daba crédito a mis orígenes o quizá no veía capaz que un semejante hubiera sobrevivido tanto tiempo. Su mensaje era inconformista. Comentó que vivían en una situación constante de desigualdad. Y volvió a mencionar a esos Mord. Tal vez un Mord es el cabeza lata. Si es así, estamos jodidos. El punto de la abuela era más derrotista. Aunque con su risa disimulaba una realidad débil, dejaba en claro el milagro de haber permanecido con vida y me reforzaba la idea de partir. El último en hablar fue Uk. Este si que estaba acojonado de verdad. Sería un líder, pero era un líder pésimo. Sus palabras dejan claro que su único propósito era poder respirar al día siguiente. Y me invitaba de la formas pacífica posible a marchar.
Los tres lugareños parecían tener opiniones distintas, pero la base era la misma: vivían escondidos de un régimen superior. Del régimen del emperador que mencionaba el cabeza lata. Debo convencerlos. Debo jugar mis cartas para sacar todo el provecho de esta situación. Así lo hizo Horus. Así lo hará Zarek, el Hereje.

-Vale, vale. Ya he tenido suficiente de todos por el momento...- me empiezo a incorporar, ya terminado de sanar y recuperado, tras la intervención de Uk. -Con las palabras de cada uno, puedo ver claro lo que sucede... Y voy a ser franco contigo, Uk. Seguir escondido  y respirar, no significa sobrevivir...- guardo silencio y me levanto. Lentamente me acerco a la puerta y la abro, dejando ver el exterior y las condiciones del mismo. -...significa malvivir.- me giro a Uk y lo miro directamente a los ojos, serio. - Te respeto. Quieres lo mejor para tu gente. (Esta es la mía) Pero conmigo aquí o conmigo lejos, tus niños seguirán sin conocer la panza llena. Tus mujeres no vivirán en un mundo justo. Y tus hombres solo podrán soñar con la paz, sin nunca sentirla.- retiro la mirada y me siento en la paja, sin tumbarme. Miro al suelo, fingiendo melancolía. -Cuando intenté entrar en la ciudad, casi derroto a un ángel con casco de lata. Pero luchando solo, fui superado en número. Tuve que huir, y os encontré a vosotros. (Aquí encuentro a mis nuevos feligreses, SHIHahaHAHaH) - miro a Shea, sonriendo con determinación. -Nunca propondría asaltar aquel imperio con tu gente. Pero si que podéis salir de aquí, junto a mí. Construyamos un barco nuevo y seguidme al mar azul, a mí mundo.- me levanto con entusiasmo. -¡¡¡Allí abajo seremos invencibles, y podremos luchar por una nueva tierra prometida y prospera!!! ¿Que me decís?¿Queréis alcanzar o preferís seguir sufriendo por el resto de generaciones?- me coloco entre Shea y Uk y extiendo mis manos hacia ellos, buscando su positiva con un apretón de manos.

Con esto, puedo obtener un buen ejercito y fuerza de choque. También buenos feligreses y adeptos a mí fé, aunque eso ya llegará después. Sus conocimientos de diales y de plantas y medicinas es también para analizar. Esto puede ser un puntazo...
Incluso si se niegan y deciden joderse de por vida aquí, puedo convencer a Shea. Parece una buena médico y seguro es mejor amante. Otra gran adquisición, sin duda.
Ahora solo queda ver qué deciden. Sus voluntades pueden ser débiles. O tal vez solo la de Uk. Quizá pueda convencer a su gente y remplazarlo. Todo se verá.

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#17
El jefe de la aldea no mencionó nada cuando decidiste cambiarle el nombre, bien porque no le molestaba o, más probablemente, porque no le importaba en absoluto cómo te refirieses a él. Los tres birkanianos que se encontraban contigo en la cabaña te escucharon atentamente. Sus rostros mostraban, en un principio, curiosidad por lo que tenías que decirles, pero sus expresiones fueron cambiando a medida que narrabas cómo casi derrotas a uno de los custodios. Sus familias llevaban viviendo en aquella isla durante generaciones, conocían perfectamente a los custodios, a los Mords, incluso a su gobernante, el Emperador, así que los tres fruncieron el ceño y se miraron entre ellos, siendo completamente conscientes de que había algo extraño en tu historia y, probablemente, motivaciones ocultas tras ellas que les acabarían perjudicando. Su silencio tras tu discurso no duró demasiado.

—Nosotros no vivimos mal. Somos libres aquí —dijo Shea con el rostro serio y convencida de sus palabras, aunque con algo de preocupación por el ritmo que había adquirido la situación. Mientras, Ukhtulu profirió un fuerte silbido y cogió la lanza de su espalda con un rápido movimiento que apenas pudiste ver para apuntar hacia tu cuello, de forma que la afilada punta rozaba peligrosamente tu piel. Las dos mujeres se apartaron un par de metros asustadas profiriendo un grito ahogado al ver la reacción de Ukhtulu, aunque no parecían mostrarse en contra de su medida. En el fondo, sabían que debían confiar en él, por algo era su líder. Especialmente si la otra persona a la que debían escuchar era un desconocido, un forastero. —¡Ni se te ocurra moverte! ¿Te crees que somos idiotas? ¿Quién te envía? —dijo dejando ver su enfado y caminando para rodearte y poder apuntarte con la lanza en dirección a la salida.

Fuera de la cabaña se podían escuchar pasos, cada vez de más personas, que la rodeaban desde el exterior. Por lo que se podía escuchar, eran bastantes, más de los que te habían recibido. Serían más de un centenar de birkanianos listos para defender sus hogares. Los habitantes de la aldea se estaban posicionando siguiendo las órdenes de su líder. Era evidente que estaban preparados para este tipo de situaciones. No por nada habían conseguido fraguarse una vida de libertad en un mundo de esclavitud. —No quiero matarte, pero no dudaré en hacerlo si intentas escapar o enfrentarte a nosotros. Sal de la cabaña, entrégate de forma pacífica y podrás seguir viviendo. Niégate o haz algo raro y te atravieso el cuello ahora mismo —dijo dándote una única oportunidad para seguir sus órdenes y apretando un poco más la punta de la lanza contra tu cuello, para hacerte ver la magnitud de los hechos.

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#18
Mientras estoy dando mi discurso, puedo ver cómo las caras de los oyentes se van amargando. A mí esto empieza a cabrearme, pero sigo hasta el final, manteniendo el tipo para conseguir una recompensa mayor. Las reacciones no se hacen esperar y aunque finja ser un libertador, toda la fachada se desploma como un castillo de naipes. En vez de recibir un apretón de manos a dos bandas, son las palabras de Shea las que se dejan caer. Unas declaraciones desafortunadas y llenas de arrogancia. Su mirada está podrida de convencimiento y no es consciente de que llevarme la contraria es una sentencia de muerte.
Las miradas disonantes ya me habían jodido. El trato de Shea, tan esquivo, me dejó mal sabor de boca. La insistencia de Uk por qué me largara, tan pesado él, me estaba tocando la polla. Y encima, ahora, ¿van a rechazar mi oferta? Eso no lo pienso tolerar. La única razón por la que no están muertos todos es por las manos de la vieja y por la posibilidad de conseguir un ejército. Una posibilidad que se acaba de esfumar.
Pero no. Puedo lanzarme sobre mis víctimas, convertirlas en rehenes y fugarme tan campante. Si quisiera, podría callar la sucia boca de Shea antes de que terminara su discurso y dejar de hacer el paripé con esta panda de ingratos. Pero no. La violencia son criterio no es la respuesta. No por ahora. Esta gente está ciega y no ve más allá de lo que sus pequeñas mentes les permiten. Necesitan un guía. Y si no, un verdugo... Una purificación.

Un silbido resuena con fuerza. Y una vez más, movido antes por el miedo que por la razón, Uk vuelve a meter la pata. Con un gesto rápido, coloca su arma al ras con mi garganta y me amenaza para quedarme quieto. Su desconfianza es evidente y antes que ver a un tipo agresivo, veo a un niño asustado. Fuera de la cabaña se empieza oír un retumbar masivo, consecuencia de los gritos y discusiones que se están dando. Sonrío despreocupado. -Vaya...- Uk deja claras sus intenciones. No quiere matarme (ni puede), pero quiere tenerme preso y, supongo, que decidir más tarde que hacer conmigo. No es rival para mí, ni conoce mis capacidades físicas, pero el tío le echa huevos por su gente, y eso lo respeto.
 Aprovechando que su lanza me empuja a la salida, hago caso y, lentamente y de forma clara, retrocedo a su ritmo hasta salir por la entrada, con las manos en alto. Fuera se puede ver un número incalculable de soldados armados y preparados para abatirme en caso de que me ponga tonto. Más incluso que cuando entré en la ciudad. Me gusta. Completamente rodeado y con los ojos puestos en mi, me parece el mejor momento de darme a conocer y orar a nuestro señor. Extiendo lentamente los brazos, poniéndome en cruz. Doy una vuelta 360 grados, observando a todos y con mi sonrisa tan característica.

-Veo un ejercito poderoso y decidido, dispuesto a dar la vida por su gente. Que lastima que no veáis al verdadero enemigo, ni soñéis con una vida mejor...-me detengo de dar la vuelta. Entonces alzo más la voz si cabe, y pongo ese tonillo que ponía cuando me tocaba dar misa y hablar a mis feligreses, con esas pequeñas pausas dramáticas y esa actitud de sermón religioso que tanto me excita. -Soy Zarek, el Hereje. Llegado del mar azul del Norte. Y me he arrodillado ante los Dioses de la Disformidad. He visto la verdad del mundo y la he abrazado. He aprendido que los emperadores no son dioses. Son hombres, y sus imperios una mentira. He aprendido que los Dioses de la Disformidad son reales y ofrecen poder y conocimiento más allá de cualquier cosa que sus imperios puedan regalar. He aprendido que mi destino es liderar a los pueblos libres en su servicio. Difundir su palabra y su poder por todos los mares, y provocar el fin de las falsas dictaduras.- termino con mi voz profunda, esparcida en todas direcciones. Todo esto con gestos milimétricos y enseñando mis manos en todo momento, denotando una (falsa) vulnerabilidad para que nadie se ponga nervioso ni me tomen como una amenaza real. Me arrodillo frente a todos al acabar, lentamente. Apunto hacia Uk, y extiendo mis brazos hacia él, juntos y con un gesto de que me puede poner unos grilletes. No obstante, los miro a todos con seriedad, aunque con una sonrisa tétrica, dejando caer a los más avispados que, aunque me deje atrapar y no soy el enemigo, no se han de dejar llevar por la suerte más de la cuenta. -Me convertiré en tu prisionero, Uk, si así lo deseas. Pero espero que mis palabras os inspiren a todos, pues todavía gozáis de mi gracia. No seré prisionero por siempre, y espero que para cuando me libere, me consideréis vuestro aliado.-
Zarek acaba el discurso

Así me encuentro ahora, postrado ante centenares de personas, demostrando que no soy una amenaza para ellos. Algunos seguirán desconfiando de mí. Otros me creerán y verán en mis palabras una oportunidad. Otros me tomarán por loco. Eso es lo que busco. Disonancia, opinión, caos... Gota a gota, mi mensaje irá calando en unos pocos. Luego a más. Y así la gente empezará a ver qué quizá, el extraño que llegó, quizá es la respuesta a una vida mejor. Al final, las ideas son el virus más fuerte, y cuando arraigan en el cerebro del huésped, su voluntad cede ante la fé y la promesa de una vida mejor...

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#19
A pesar de su firmeza, el líder de la tribu no sabía qué esperar de aquella situación. Era probable que, debido que te superaban en número, decidieses rendirte, pero también era posible, incluso más aún, que decidieses luchar hasta la muerte, no considerar la rendición y tratar de escapar o de matar al mayor número de personas antes de caer. Cualquiera de las opciones posibles estaban en la mente de Ukhtulu, que quería estar preparado para lo que fuese y ser así capaz de proteger su aldea de los desconocidos, tratando de mantener una paz relativa. Por ello, aunque tu actitud fuese de rendición, no bajó la guardia. Te acompañó hasta la salida sin despegar la punta de la lanza de tu cuello ante la asustada mirada de las dos mujeres.

Fuera, una turba de birkaninanos permanecían con sus armas listas sin saber muy bien qué esperar. Tu actitud ayudó bastante, por el momento, a ninguno le pareció que existiese un peligro inminente, así que se mantuvieron quietos, aguardando las órdenes de su líder y, tal vez, conocer más adelante cuál había sido tu crimen. Ukhtulu no pronunció ni una palabra, no le dio tiempo. Antes de darse cuenta, ya habías comenzado tu discurso. Pudo haberte callado o, al menos, haberlo intentado, pero no lo hizo. Puede que no considerase tus palabras una amenaza, que no considerase que pudieses manipular a su gente o puede que estuviese siendo considerado y quisiera darte la oportunidad de pronunciar unas últimas palabras antes de encerrarte para siempre. De cualquier manera, todos permanecieron en silencio, escuchando tu discurso sin inmutarse. A ninguno pareció convencerle, pero era imposible saber si esto era así o si estaban disimulando con una expresión neutra, tratando de no parecer impresionados por el discurso de un desconocido.

Tras tus palabras, se hizo el silencio. Ante los que se encontraban fuera de la cabaña, tu actitud no era agresiva, te habían acogido, ofrecido ayuda y no parecía que hubieses cometido un grave delito por el que encerrarte, pero ninguno iba a contrariar a Ukhtulu, sobre todo sin conocer la verdad de lo ocurrido. Eso sí, no parecían saber cómo proceder o actuar al no tener ni idea de por qué su líder había considerado encerrarte. Fue él el que, ante el silencio y la pasividad, actuó primero.

—No intentes meternos en guerras que no nos convienen. Hemos sobrevivido durante generaciones de esta forma, no es perfecta, pero vivimos tranquilos. No comprendo tus intenciones, pero nos perjudican. Eres un peligro para nosotros. No obstante, valoraremos cómo juzgarte —dijo mostrando algo de sensatez y cediendo a su impulso inicial de encerrarte para siempre. Tu actitud calmada y la decisión de entregarte de manera pacífica habían calado en él y en los demás, haciéndoles dudar ligeramente sobre sus decisiones, pero sin alterar sus acciones. Era posible que por su mente pasase la idea de que te había juzgado antes de tiempo y de forma excesivamente severa, pero el miedo a que pusieses en peligro su estilo de vida le había nublado el juicio y era en lo único en lo que podía pensar. Eso, unido a tus misteriosas intenciones que no era capaz de descifrar.

—Ahora, síguenos —dijo sin alejar su arma de ti y empujándote en una dirección clara, hacia la derecha. Para señalar todavía más el camino, todos los que te rodeaban se fueron abriendo paso hacia aquella dirección, donde se encontraría el lugar el que pensarían mantenerte encerrado hasta tomar una decisión. Más adelante en el camino, se podría ver una especie de pozo, una estructura de piedra no muy elevada con una gran caída hacia abajo. 

Narración
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#20
El silencio acompaña el final de mis versos. Una serie de palabras abrazadas por mi más ferviente fé. Un mensaje cautivador, lleno de golosas promesas, pero que solo los más aventurados y curiosos sabrán leer. Y con una pizca de picante al final, una amenaza disfrazada de amistad que Uk tendrá que asimilar en silencio, pues solo él, como líder sensato, será capaz de percibir. Su olfato no le falla a la hora de juzgarme. ¿Su pueblo será igual de perspicaz? No lo creo. Tarde o temprano, esta gente será testigo de mi sed insaciable por la violencia y la lujuria. Y tendrán que decidir si beber de esa copa, o ser parte de la misma. -Poco más puedo hacer por ellos, mi salvador... Poco más merecen.-
Me encuentro rodeado por un pueblo que no parece tener horizonte final. Sin querer fliparme de más, creo que hay cientos de personas a mí alrededor. La duda de si los he convencido me asalta, y doy vueltas a mi alrededor de forma sutil, buscando una respuesta. En los ojos de la gente puedo ver incertidumbre. Al principio creo que se debe a que no están acostumbrados a este tipo de conductas o imprevistos, víctimas de una vida monótona y aburrida de campo. Pero luego veo que no solo dudan en reaccionar a mi, sino a Uk. Quizá le delegan toda la responsabilidad a él, o tal vez le teman. O tal vez las islas del cielo me estén volviendo loco.

Uk vuelve a ser el valiente que retoma el conflicto. Con un espíritu menos bélico, pero con su entereza y terquedad características, continúa con la idea de tomarme preso. Sin embargo, esta vez, sus palabras me sorprenden. Concluyendo, me ordenó seguirle, y la turba de gente se separó para marcar el camino. El arma de Uk no había bajado, así que decidí seguir jugando a su jugo. Camino solemne, con los andares dignos de un rey. Mi mirada se posa en el frente, y no tengo tiempo de cruzar miradas con la plebe, aunque sé que me miran y murmuran. Pese a mí actitud, mi mente trajina con las últimas frases de Uk. -¿Mis intenciones los perjudican? Curioso... Ya me ha catalogado de amenaza, aunque no tiene el valor de acabar conmigo. Además, ¿"valorarán" como juzgarme?- Me detengo por un segundo. Antes de que nadie pudiera reaccionar de forma negativa, continuo caminando. -Perdón, perdón... Oye Uk...- empiezo a plantear con tono cínico. -¿Como llegaste a ser líder? Osea, no infravaloro tus capacidades, SHIHahaHAHaH, pero me da curiosidad. (Su arma sigue firme, pero con suerte, ha bajado la guardia ante mi actitud proactiva. Saber eso me dará mucha ventaja en el futuro.) Dime, ¿te eligen con democracia o... Os va más una prueba de fuerza? Ohhh...- me vuelvo a frenar en seco, aunque sin darme la vuelta. -...Tal vez me encuentro frente a la realeza del lugar. Si es así, he sido muy descortés por mi parte, SHIHahaHAHaH- utilizo el tono más sarcástico y burlón posible. -Su forma de hablar... Habla en nombre de todos. Y eso significa 2 cosas. O que es un líder de cuento que tiene a todos como iguales, o que esto se basa en una autoridad y habla en nombre de todos... Que interesante... O tal vez no es nada de eso y hay más líderes, SHIHahaHAHaH- me río por dentro pensándolo, reflejándose en una mueca tétrica. 

Esperando su respuesta y con todas estas ideas en la cabeza, llegamos a un punto donde, a final del camino, se ve como una especie de construcción . Cuando me acerco lo suficiente veo que se trata de una especie de pozo. No me lo puedo creer. Caigo de rodillas al suelo y, viendo que no estoy maniatado, empiezo a golpear al suelo con la palma de la mano derecha, mientras la izquierda cubre mi rostro. Una risa excéntrica estalla como nunca. -SHIHahAhAHAHahA, sHIHahaHAHaH, sHIHahaHAHaH...- no puedo creerlo. Literalmente hacia días que me habían encerrado en un pozo, maniatado y sin posibilidad de usar mis poderes. Y ahora esta gente me pretende encerrar así, a palo seco. Parece un chiste cósmico. Me levanto como puedo, secándome las lágrimas. Mirando directamente a Uk, le comento -¿Me ves cara de fontanero salva princesas o que? sHIHahaHAHaH.- soy consciente de que nadie sabe de mis capacidades, así que puedo jugar un poquito con sus expectativas. -Tal vez me acerque y le eche una moneda, a ver si tengo más suerte.- me doy la vuelta y me acerco al pozo, son dejar de reírme. Me subo al borde del pozo. -Bueno, pues ya me tienes aquí, donde me querías...- digo, ladeado el cuello para ver a Uk a mí espalda. Entonces me bajo los pantalones y empiezo a mear dentro del pozo, subido en su base. -...Vale, bien, ¿y cual es el siguiente paso?-


Aclaraciones
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