[Presente absoluto] ¡Nos vemos Skypiea! La nueva aventura de los Alas Negras
#1
Día 43 del año 11, Invierno - 20:30 p.m.
Skypiea - Muelles - Frente al Tango de la Sultana

DEBUFF -90%


No hacía mucho que me había levantado de aquel sueño tan raro y me encontraba francamente mal. Jolyne me había hecho vestirme con la ropa protocolaria que habían dejado en mi habitación y no me encontraba ni con las ganas ni con la fuerza de discutir con la dinosauria. Mientras me vestía me pude dar cuenta que en el estómago tenía como serigrafiada una pata de oso, era una herida que dolía muchísimo y con sólo tocarla veía las estrellas.

-¿En serio… tengo que vestirme… con esto? Agh… -pregunté con dificultad sabiendo la respuesta de antemano. -Vale… -mustié mientras me vestía con dificultad.

Tras eso, Aspros, Jolyne, Triana y yo salimos de palacio y nos dirigimos a los muelles. Aspros y Jolyne se adelantaron para ir preparando el barco mientras que Triana me acompañaba a paso lento. Yo ya me había despedido de Zarutsuki y no hacía falta alargar las despedidas. Al cabo de más tiempo del que me gustaría reconocer llegamos al puerto y ahí estaba nuestro barco, tal cual lo habíamos dejado. La gallina parecía vigilarlo desde el mascarón de proa así que estaría todo bien.

-Al fin hemos llegado… quien quiera que seas... -susurré confundido- ...con vuestro permiso señorita me voy a sentar un ratito antes de subir… -dije con un tremendo dolor en el estómago mientras miraba el barco, en modo anciano absoluto. -Ve subiendo tú si quieres, yo de verdad necesito tomar el aire… por cierto, ¿dónde estarán estos? -le pregunté a Triana sobre nuestros nuevos compañeros de aventuras.

Ropa
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#2
No sabía qué narices le había hecho el deforme de Pawurs a Yamamura, pero llevaba días durmiendo y, ahora que por fin acababa de despertar, no estaba mucho mejor. De normal ya me costaba entenderle en algunas ocasiones, pero ahora parecía que tenía el cerebro hecho papilla. Para colmo, al salir del palacio no se le había ocurrido otra cosa más que ponerse un atuendo completamente ridículo. No estaba en condiciones de moverse y mucho menos de pensar, seguro que había sido culpa de Jolyne. Ella era la que debía haberse estado encargando de él.

Mientras Jolyne y Aspros se habían adelantado para preparar el barco y que estuviese listo para nuestra partida, yo acompañé a Yamamura. Avanzábamos despacio, pero por suerte era capaz de moverse por sus propios medios. —¡Soy Triana! —le respondí sin más paciencia para aguantar su actitud de viejo senil —. Jolyne y Aspros tienen que estar ya en el barco. Subiré contigo cuando estés listo —le dije para que supiera que no pensaba dejarle solo ahí sentado. Era muy capaz de subirse en cualquier otro barco confundido.

Me senté junto a él y me encendí un puro para descansar antes de embarcarnos. Todavía estaba algo dolorida por las heridas del combate contra el cazarrecompensas, pero no les había dicho nada. No nos quedaba más remedio que largarnos de la isla en ese mismo momento y Yamamura estaba mucho peor que yo, así que tendría que aguantarme. Teníamos algo de prisa, pero los demás podrían esperar a que me terminase aquel puro. Me lo había ganado. Tras el breve descanso, tiré lo que quedaba del puro al suelo para apagarlo pisándolo con mi zapato de tacón. Tras esto me puse en pie, dando a entender a Yamamura que el descanso había terminado. Los últimos momentos en aquella isla habían sido caóticos, solo quería marcharme para continuar con nuestro viaje. Además, tenía curiosidad por ver cómo era nuestra nueva dinámica. A partir de ahora seríamos unos pocos más en el barco.

Ayudé a subir a Yamamura como pude, apretando la boca cada vez que se apoyaba en mí o tenía que hacer algún esfuerzo, y busqué con la mirada a los demás. Al menos Aspros y Jolyne debían estar ya allí. Todo parecía preparado para zarpar. Al ver con mis propios ojos que Yamamura se había subido al barco correcto me relajé y pude dedicarme a realizar las comprobaciones para asegurarme también de que todo estaba correcto.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#3
DEBUFF -90%


Aquel grito resolvió muchos de los misterios que rondaban dentro de mi cabeza, no sabía por qué me encontraba lento, física y mentalmente.

-Ah Triana… -comenté aliviado. -Triana Tempesta ni más ni menos… -susurraba mientras apoyaba ambos antebrazos sobre cada uno de mis muslos respectivamente y torcía mi columna hacia delante, mirando el suelo. -Si ya me acuerdo… -deliraba.

Y seguí delirando hasta que Triana se puso en pie y tiró uno de los tantos puros que fumaba de vez en cuando y que olían tan mal. ¿Estarían buenos? Nunca había tenido interés en fumarme uno de esos puros, pero el olor me parecía tan asqueroso que no me atrevía a dar el paso. En cambio, cuando estaban apagados era muy distinto, no desprendían esa peste y quizá estaban hasta buenos, puede que ese fuera el secreto de por qué Triana siempre tenía algunos encima. Luego le pediría uno.

La espadachina me ayudó a subir a cubierta y pude ver a Jolyne, pero era mucho más pequeña que antes… ¿sería otro de sus secretos?

-Tía que rara estás… -susurré mientras me agachaba y la acariciaba. -Eso si, hueles mejor… agh… -susurré dolorido.

Jolyne

Me puse en pie y me coloqué en el lado izquierdo de Triana, con mi mano derecha toqué su espalda.

-Oye, ¿tú me darías uno de esos puros que siempre fumas? -le pregunté con toda la curiosidad del mundo. -¿Son buenos? -ya que me iba a comer uno al menos que fuera de calidad. -Con lo grande que soy igual deberías darme dos o tres, ¿no crees?

Evidentemente, con perspectiva, en aquel momento estaba delirando.
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4872 - 4392 = 480
Energia: 2397 - 2165 = 232
Espiritu: 882 - 840 = 42
#4
Fruncí el ceño al ver que Yamamura tan solo me reconoció cuando yo misma le dije mi nombre. En ese momento, un pensamiento fugaz cruzó por mi mente y consiguió que me preocupase aún más. ¿Recuperaría Yamamura la memoria? ¿Volvería nuestro capitán a ser el de antes? Eso esperaba, porque no pensaba cuidar de un lunarian con demencia. En estos momentos, casi prefería que se recuperase de la mente antes que del cuerpo. Por lo menos ya podía volver a moverse, su gran tamaño, la extraña complexión que tenía a causa de sus alas y el cansancio que ahora mismo sentía yo por culpa de mi anterior pelea, habrían hecho imposible que pudiese trasladarlo al barco.

Cuando subimos, lo primero que hizo fue saludar a la gallina como si se tratase de Jolyne. Cada vez estaba degenerando más. Ni siquiera me molesté en sacarle de su error. Además, en una cosa tenía razón, olía mejor que la tiradora. Cuando se apoyó en mi hombro sentí, algo de dolor, pero pude aguantar el tipo. Por suerte, no parecía estar empleando toda su fuerza ni dejando su peso, tan solo tratando de llamar mi atención. Lo que no me esperaba era que me pidiese uno de mis puros. No le pegaba en absoluto y no iba a desperdiciar mis puros en cualquier tontería que se le acabase de pasar por la cabeza.

—¿Tres puros? No te pienso dar ni uno —le dije con tranquilidad y completamente convencida de que se olvidaría en seguida de aquella petición tan impropia de él—. Espero que estés listo porque nos vamos ya. ¡Jolyne! ¡Aspros! En marcha —dije alzando la voz para que todos me escuchasen claramente. No me había disgustado nuestra estancia en aquella isla, pero estaba deseando ver qué era lo que nos deparaba la siguiente. Tal y como estaba previsto, Aspros se encontraba al timón, dispuesto a iniciar el rumbo cuando se lo indicásemos, y Jolyne estaba… No sabía dónde estaba Jolyne, pero tenía que estar por alguna parte del barco.

—Yo me encargo, tú ve a descansar —le dije a Yamamura. En el estado en el que se encontraba no sería de ayuda. Además, Aspros parecía saber muy bien qué había que hacer. El descenso parecía peligroso, pero no había otra forma de salir de allí. Lo único que podíamos hacer era agarrarnos a algo y esperar a no caer en picado por accidente.
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#5
DEBUFF -90%


-¿Cómo que no? -pregunté ofendido ante la negativa de Triana de darme tres de sus numerosos puros. -¡Uy! ¡Pero bueno! ¡Gentuza! -dije ofendido mientras la miraba a los ojos y me cruzaba de brazos. Tras esto dijo que estuviera preparado para marchar porque nos íbamos. Puso en marcha a Jolyne y a Aspros y me dijo que ella se encargaba y que yo descansara.

-¡No! -grité casi sin fuerzas. -Dame sigarro. -dije estiraba mi brazo hacia ella e intentaba rebuscar con toda la fuerza que me era posible algunos de sus puros. -Un sigarrito anda… -susurraba mientras intentaba llevarme uno de los tantos puros que tenía.

No entendía el motivo por el que Triana no me quería dar al menos un puro, no era mucho pedir. Ante su negativa más ganas tenía de comerme uno, debían estar deliciosos si era capaz de incumplir la orden de su capitán con tal de no soltar ninguno de esos manjares. La curiosidad me podía, esperaba de corazón poder encontrar uno.

-Por qué no sigarro… -susurré de nuevo, notablemente confundido.

Aspros y Jolyne trabajaban a destajo mientras veían la poca vergüenza de nuestra segunda al mando y , en poco tiempo el barco comenzó a moverse. Esa era la realidad, nos íbamos de la Isla del Cielo, con un montón de conocimiento, nuevos nakamas y una aventura brutal vivida.
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#6
La tarea era sencilla, solo teníamos que conseguir subir al barco, ponerlo en marcha y largarnos. El descenso era lo más preocupante, pero ni siquiera tenía por qué resultarnos una complicación si seguíamos las instrucciones que nos habían dado. Yamamura estaba herido, pero con vida y recuperándose poco a poco. Podía andar y no tendríamos que cargar con él. Todo apuntaba a que podríamos continuar con nuestro viaje sin contratiempos, pero nuestro capitán parecía que se había propuesto ponernos trabas innecesarias. Siempre me había visto fumar puros y nunca parecía haberle llamado la atención, sin embargo, ahora lo percibía como lo más interesante del mundo. No eran puros caros, de hecho, eran bastante normalitos, pero eran mis puros. Si quisiese fumarse uno no me importaría ofrecérselo, el problema era que estaba convencida de que no era esa su intención. Tan solo quería tocar las narices.

A la cuarta vez que me lo repitió le miré fijamente a los ojos para frenar de una vez aquella locura. —No te voy a dar una mierda —le dije empujándole con el hombro con todas mis fuerzas y de forma inconsciente al olvidar, por un momento, que él no estaba en pleno uso de sus facultades, ni físicas ni mentales. Antes de que se cayese o se estampase contra la barandilla del barco le agarré por el brazo para evitar un accidente. Era difícil creer que alguien de su tamaño era tan frágil. Incluso Jolyne sería capaz de tirarle al suelo en estas circunstancias. No lo había estado abordando de la forma correcta.

Eché un rápido vistazo alrededor para asegurarme de que todo iba a ir bien si me ausentaba un momento y, cuando comprobé que era así, me metí la mano en el bolsillo de mi chaqueta para sacar uno de mis puros. —¿Quieres esto? —le pregunté sujetándolo entre mi pulgar y mi índice —. Pues sígueme —dime caminando hacia el interior del barco. Ahí arriba tan solo iba a poner más difícil aquel descenso, tenía que hacer que se calmase y en mi camarote se encontraba justo lo que necesitaba, algo que haría que se quedase tranquilito. —Te voy a dejar probar esta maravilla, pero antes tienes que comer algo, un poco de col. Voy a buscarla, espérame en mi cuarto.
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#7
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Parecía ser que la respuesta de Triana era “No sigarro”, y eso no me gustó en absoluto, pero me gustó aún menos que me empujara de aquella manera. Sentí que iba a salir volando y, aunque me encontrara débil, tenía que decir que ella me empujó con mucha fuerza.

-Eh… -me quejé susurrante. -Tú estás fatal… -volví a susurrar.

Me agarró con el brazo y tras mostrarme uno de sus puros me dijo que la siguiera. En cualquier otra situación hubiera pensado que se trataba de una trampa, ya que yo solía usar ese método para cazar la comida en mi isla natal, pero se trataba de Triana Tempesta, la persona en la que más confío. Sin dudarlo ni un instante la seguí hasta su camarote y ella se fue a por algo de col.

Yo me quedé sentado en su cama esperando a que viniera con una col para que luego me diera un puro o tres de esos que tenía, pero tenía la cabeza tan enturbiada que no podía quedarme quieto… iba a buscar los tabacos. Me puse en pie con algo de dificultad y comencé a abrir los cajones de su escritorio, cómoda, armarios… todo. Rebuscaba y lanzaba volando toda su ropa y sus pertenencias, que por algún motivo, eran en su mayoría ropa interior.

-Los tabacos… -susurraba mientras desastraba la habitación. -¡LOS TABACOS! -grité furioso mientras sacaba un cajón de la cómoda y lo zarandeaba con violencia por el aire, esparciendo bragas y enormes sujetadores por todo el camarote. -Triana no esconde sigarros tabaco… ¿sólo los lleva encima?
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#8
Habíamos tenido la suerte de poder abastecernos antes de marcharnos de aquella isla en el cielo. Me había asegurado personalmente de tener comida variada en el barco, a saber cuándo volveríamos a pisar tierra firme. Además de latas y bebida, teníamos algo de carne, pescado, frutas y verduras. Sobre todo verduras. Y, cómo no, había comprado varios kilos de la favorita del capitán. Un barril enorme lleno de coles ocupaba un espacio considerable en la bodega. Cogí una de ellas y comencé a dirigirme hacia mi camarote, donde esperaba que se encontrase Yamamura. Cuando abrí la puerta, no pude evitar pegar un grito. —¡Pero qué has hecho!

Todos los rincones de la habitación estabas repletos de ropa. De MI ropa. Blusas, faldas, medias y, sobre todo, sujetadores y bragas. Apenas se podía ver el suelo, no quedaba ni un hueco en los pocos muebles que había, incluso había ropa colgando de la lámpara. Respiré fuertemente por la nariz. No era nada que no tuviese fácil solución, pero me iba a quitar bastante tiempo tener que volver a ordenarlo todo. A saber lo que se le había pasado por la cabeza para hacer semejante tontería. Cada vez estaba más convencida de que tenía que conseguir dejarle tranquilito.

Sobre la cómoda tenía mi botiquín, que tenía unas medias oscuras encima. —Te voy a dar justo lo que necesitas, pero quédate quieto o lanzo las coles por la borda —le dije para asegurarme de que no me descubriese. Abrí el botiquín sin soltar la col y saqué discretamente una pequeña pastilla. Tal vez no fuese suficiente. La dejé en su sitio y cogí otra un poco más grande. En su estado no sería necesario nada más. La metí entre las hojas apretadas de la verdura y se la ofrecí. Ya le había visto comer antes aquellas bolas verdes. Era realmente increíble.

—Toma, cómetela toda.
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#9
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Estaba inmerso en mi mundo, me notaba preso de mis propios deseos y obsesiones y en lo único en lo que podía concentrarme mínimamente era en conseguir algunos puros de los que tenía Triana encima. Cada minuto que pasaba me hacía desearlos más… me los imaginaba deliciosos, con un sabor indescriptible, como la mejor y más sana de las coles. Por lo que tenía entendido los puros eran como unos cilindros de hojas secas que envolvían una mezcla de hojas secas y machacadas que, por algún motivo, la gente se fumaba. Eran como ensaladas de bolsillo que algunos insensatos consumían en forma de humo. Si me preguntan, la forma más tonta, complicada e ineficiente de comer ensalada. Mi padre cuando era niño siempre me decía que debía comer mucha verdura, que eso me haría estar fuerte y sano… Triana fumaba de vez en cuando esos tabacos, ¿sería ese el origen de su poder?

La Dama de Acero entró hecha una furia en el camarote, pegando un grito y pisoteando el suelo a su paso como un gorila. Me llevé las manos a los oídos de lo fuerte que había gritado.

-¡EH! -grité aún mas fuerte, notablemente enfadado. -¡No te pases!

Pero ella parecía no prestarme demasiada atención, se fue a su mesa y tras eso se giró con una col, que casi de forma automática cogí y la metí en mi boca. De un solo bocado me la tragué entera, pero mientras bajaba lentamente por mi garganta noté algo raro. Me encorvé y empecé a hacer sonidos guturales mientras tosía con fuerza. Mi cabello y las plumas de mis alas se erizaron como su hubiera mucha electricidad estática y tras eso generé un último tosido, casi sordo, escupiendo una pastilla a los pies de Triana.

-Que asco… -dije mientras me sentaba en la cama de Triana y me limpiaba las babas con un jersey suyo que había por ahí.


Representación grafica
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#10
Ignoré por completo sus quejas. Solo quería que se tomase la dichosa pastilla y me permitiese tener unas horas de tranquilidad. Tal y como esperaba, se metió la col en la boca sin apenas tener que masticar. No sabía si aquella habilidad era propia de todos los de su raza o los de su tamaño o si se trataba de una habilidad propia. De cualquier manera, respiré tranquila cuando vi cómo la col se deslizaba por su garganta. A partir de ese momento todo sería más sencillo. Ya podía visualizarlo, Aspros al timón, Jolyne perdida por el barco y yo con una copa de vino y un plato de queso en la cubierta, con el viento nocturno azotando mi cabello.

Sin embargo, mi fantasía se vio interrumpida por un sonido gutural desagradable. Yamamura se encontraba arqueado, con los pelos y las plumas erizados y tratando de expulsar algo por la boca. ¿Se habría atragantado con la col? Imposible. Le había visto comer coles el doble de grandes y con más ansias. Entonces, ¿le habría sentado mal la pastilla? No podía ser, no había habido tiempo para que le hiciese ningún efecto, pero no lo podía descartar. A lo mejor ese medicamento no era apto para lunarians. No tenía ni idea del tema, solo había estudiado medicina aplicada a humanos. Había asumido que los medicamentos eran iguales para todos y tan sol había que tener en cuenta las cantidades. Tal vez esa pastilla contenía algún elemento peligroso para los de su raza. Eso debían avisarlo en el prospecto.

—No te preocupes. Voy a acabar con esto —dije desenvainando mi katana, dispuesta a emplear todas mis fuerzas en golpear la boca de su estómago con el mango. En ese momento, la pastilla salió disparada de su boca y cayó justo a mis pies. No me lo podía creer. Me agaché para recogerla, dudando sobre si sería mejor hacerme la loca o dejarnos de tonterías y metérsela en la boca a la fuerza. Su actitud era imprevisible, no podría tomar una buena decisión utilizando la lógica. Tendría que darlo todo. Puede que emplear ambas soluciones diese resultado. Me aproximé hacia él con calma para no alertarle.

—Anda. Si te has dejado lo mejor de la col. Esto es lo que tiene más… VITAMINAS— dije poniendo un pie tras el suyo para empujarle y cayese boca arriba sobre la cama —. Tienes que comerte esto —insistí lanzándome encima para intentar metérselo a la fuerza en la boca.
[Imagen: 8Rsjucn.png]

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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