[Pasado][Fic] El representante
#1
Hace aproximadamente 7 años

La cubertería sonaba ávida de protagonismo. Las copas chocaban y la música amenizaba la velada de dulces tortolitos, marines retirados y gente de una posible peor reputación. Toda aquella fauna convivía allí, en un gran barco que deambulaba por todas las aguas del East Blue.

“21:00, Barolé. Reserva a nombre de Frank”

Era la primera vez desde hacía mucho tiempo que salía de villa Syrup. Tras una serie de contratos y discusiones supervisados no solo por un buen cuerpo de abogados, sino por la impertérrita mirada de una madre artista y un padre curtido en contratos y letra pequeña, había firmado para una importante empresa representante de artistas emergentes. Fueron ellos los que me recogieron de villa Kudo, los que transportaron mi equipaje y los que me llevaron hasta allí, hasta la cubierta de aquel acongojante navío restaurante.

- Chico…ps, chico -escuché a mi espalda. Me encontraba absorto ante la inmensidad del mar, que mecía plácidamente el horizonte ondeante bajo mi visión. Al dar media vuelta, vi que me llamaba el segurata que franqueaba la puerta principal- ¿Estás solo? Eres muy joven.
- Ah…sí, sí -rebusqué en mis bolsillos la nota que me había dado el capitán del barco que me había llevado hasta allí. Supuestamente debía reunirme con un tal Frank, el cual, si no surgía ningún problema, se convertiría en mi representante, en mi mano derecha; bueno, y en la izquierda, y en los pies… Había descubierto que a los artistas los solían tener entre algodones, como frágiles tesoros que hay que proteger. Sabía defenderme yo solo, pero ¿quién se negaría a tales agasajos?
- Sí, hay una reserva a nombre de Frank -miró de soslayo hacia el interior del restaurante- Y me parece que ya está ahí. No le hagas esperar chico, es de mala educación.

Al entrar, un fuerte aroma a comida y perfume caro me golpeó en la cara. La elegancia del lugar se imponía ante el frenetismo de los camareros, que describían un ballet perfecto por entre las mesas, dejando platos, recogiendo copas, sonriendo sin descanso. A dos mesas de distancia, un tipo de lo más normal me hacía señas para que me acercase. Su repeinado pelo azabache lucía una cantidad ilegal de gomina, por lo que brillaba de más a la luz de las velas apostadas en cada una de las mesas circulares. Sonreí levemente ante la idea de aproximar la llama al inflamable pelo del tipo.

- ¡Aspros!
- ¿Frank?

[Imagen: Frank.png]

- ¡El mismo! -se levantó y esperó a que tomase asiento frente a él. Delante de mí, una extensa selección de copas y cubertería se vendía brillante a mis ojos. Conocía los protocolos, aunque me daban bastante pereza- ¿Qué tal ha ido el viaje?
- Bien, supongo.
- Veo que eres de pocas palabras.
- Y tú de muchas -pensé, ya que no quería empezar con mal pie aquella relación laboral- He perdido la costumbre de viajar.
- Pues vas a tener que recuperarla -anunció mientras reía a todo pulmón y golpeaba la mesa con fuerza. Miré hacia los lados para asegurarme de que nadie nos mirase raro- Me presento de nuevo: me llamo Frank y voy a ser tu representante. Voy a acompañarte a los shootings, a las pasarelas, a las grabaciones. Yo me encargaré de tu agenda, de contactar con otras empresas, dar a conocer tus necesidades.

Me gustaba la idea de no tener que encargarme de todo el trasiego burocrático. Para mí, la vida del artista se iba a limitar a existir y mantenerme en forma para que no perdiesen interés los de la empresa; pero eso era fácil, ¿quién perdería interés en esta cara? Un ciego, tal vez- Me parece bien, Frank.

- Ahora que te veo en persona, sé por qué han tenido tanto interés en ti -me observaba como si mirase un cuadro en un museo, pero cuyo significado no alcanzaba a comprender- Tienes ese brillo propio de las estrellas. - ¿Qué van a desear tomar? -el camarero se aproximó por la espalda de Frank, haciendo que este se sobresaltase y golpease la mesa, haciendo temblar las copas- Ah jajajaja, yo un vino tinto.
- Agua… con gas.

El tal Frank era una persona, cuanto menos, escandalosa. Era evidente que no estaba acostumbrado a las formalidades, a la elegancia y al saber estar: me gustaba. En un mundo de pedantería, es bueno tener a alguien que fuese más básico, más mundano. Comimos tranquilamente mientras me explicaba los términos del contrato, nuestro siguiente destino y algunos formularios que debía rellenar.

- Sé que eres muy joven, no tienes porqué contestar a la pregunta 6 del…
- Gay.
- Me parece bien, ¿eh? Mi primo segundo por parte de madre tiene un vecino que su tío es gay…creo. Si no lo tienes muy claro puedes…
- Lo tengo bastante claro, ¿es un problema para trabajar?
- ¡Que va, por dios! Es el pan de cada día en este mundillo -ahogó su discurso con un largo trago de vino, hecho que ambos agradecimos. Suspiró- A ellos lo único que les importa es tu imagen y lo que haces con ella. Ya sabes, no meterse en problemas, nada de escándalos, no patear perritos y esas cosas de moral escasa.
- Perfecto.

Me sentía cohibido ante el enorme horizonte que se presentaba ante mí. Poseía confianza, más era consciente de que era muy joven y que tenía mucho que aprender. Algún día sería capaz de explotar todo mi potencial, de ponerle voz a mi verdadera personalidad, a ser Aspros. Ya no era Kishibe, no al menos de forma pública.

- Bueno, ha estado bien la comida, ¿no? -me preguntó mientras buscaba con la mirada a algún camarero por la zona de la barra- ¿La cuenta? -lei de sus labios, que no emitieron sonido alguno.
- Si, ha estado bien.

Nos levantamos de la mesa, agradecimos el servicio prestado y nos dirigimos hacia la salida del restaurante. Un ejército de camareros se abalanzó sobre nuestra mesa, la limpió con la intensidad de un tornado y la dejó a punto para la siguiente reserva, que pasaba por nuestro lado mientras abandonábamos el local.

- Ese es nuestro barco.
[Imagen: rvCfBMF.png]

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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