[Presente absoluto] ¡Nos vemos Skypiea! La nueva aventura de los Alas Negras
#11
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Un frío de muerte recorrió mi espina dorsal, como si mi instinto de supervivencia me estuviera gritando: “¡VETE!” al comprobar que Triana había desenvainado la katana mientras tosía aquella pastilla. Por suerte aquello duró un instante, un instante en el que Triana cogió la pastilla del suelo y me intentaba engañar mientras me tumbaba en su lecho con una patada y se ponía encima de mi. Era una mujer con unos músculos definidos y bien construidos, y se notaba en su peso. Ya había cargado en mis brazos a Aspros con anterioridad y no era nada comparable a esto.

-¡Quita de encima! -gritaba mientras movía la cabeza de un lado a otro, intentando evitar que metiera esa pastilla en mi boca.

Mientras intentaba escapar de su agarre me pude dar cuenta de que las llamas de mi espalda estaban quemando la almohada. Intenté gritar algo pero la palma de su mano tapaba mi boca haciendo que aquella horrible pastilla se deslizase por mi garganta.

-¡¡Mpfggfh!! (¡¡Mi pelo!!) -grité, escondiendo mi llama natural dentro de mi cuerpo, pero sin poder evitar las llamas que salían ahora del cojín.  -¡¡Mjfgp…logh!! (¡¡Me quemo el pelo!!)

A parte de todo lo que estaba pasando en mi cabeza, tenerla encima me estaba provocando un terrible dolor por la herida que me había causado Pawurs al quitarme los poderes de mi Akuma No Mi. En otra ocasión la hubiera podido apartar, o al menos hubiera podido aplicar resistencia, pero me encontraba tan flojo que era incapaz de hacer nada. Me iba a quemar vivo y no iba a poder hacer absolutamente nada para evitarlo.

-¡¡¡Mdghtff gheas Trfhgp Tmmfgheaa!!! (¡¡¡Maldita seas Triana Tempesta!!!) -gritaba, sin hacerme entender.
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#12
A grandes males, grandes remedios. Empleé toda mi fuerza en sujetarle y colarle la pastilla en la boca para que se la tragase. Al estar tumbado había sido una tarea sencilla, ni siquiera había podido oponer resistencia. Incluso si no hubiese hecho tanta fuerza estaba convencida de que hubiese podido tumbarle. Desafortunadamente, el plan tampoco salió como esperaba. Parecía que aquella noche todo estaba en mi contra. Cuando le tumbé, las llamas de su espalda prendieron el cojín, que empezó a quemarse más rápido de lo que esperaba. Seguramente estuviese compuesto por algo inflamable. Yamamura apagó sus llamas, pero ya era tarde. Ahora su cabeza estaba rodeada por un fuego que ya no le pertenecía. No se me había ocurrido pensar que algo así pudiese ocurrir. ¿En serio podía quemarse el pelo con sus propias llamas?

—¡Apaga eso! —le dije quitándome de encima desplazándome a un lado, aunque, si no lo había hecho ya, era bastante probable que no pudiese hacer nada. Cogí el cojín por una esquina, la única que todavía no estaba siendo devorada por las llamas. Y lo lancé por la ventana abierta que daba al mar. Sin pensar en nada, inmediatamente después cogí una de mis chaquetas, que se encontraba tirada en la cama, y la apreté contra la cabeza de Yamamura para sofocar las llamas con ella.

Cuando la retiré, vi que mi idea había funcionado. El fuego se había extinguido. La cama apenas había sufrido daños, tan solo quedaban algunos agujeros en las sábanas y manchas de color negruzco. —Ya está, que no cunda el pánico. Problema resuelto. Y casi no te has quedado calvo —dije para fastidiarle y compensar el mal rato que me había hecho pasar.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#13
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Triana se dio cuenta de que mi cabeza estaba en llamas un poco tarde, pero al menos se dio cuenta. Gritó que apagara esas llamas, pero no entendía cómo pretendía que lo hiciera, si fuera capaz de hacerlo lo habría hecho al momento de notar como la almohada se prendía, no cuando mi cabeza ya estaba ardiendo. La espadachina se apartó a un lado y con un tirón quitó aquel cojín de debajo de mi cabeza, haciendo que la misma golpeara sorpresivamente el colchón.

-¡Ouch!
-me quejé casi de forma instintiva en cuanto mi cabeza tocó la cama.

Tras eso pude ver como Triana tiraba la almohada en llamas por la ventana y me ahogaba con una de sus enormes chaquetas con la intención de sofocar las llamas. O de matarme. O de las dos… nunca se sabían las intenciones reales de Triana Tempesta.

Tras ahogarme y dañarme físicamente decidió herirme mentalmente diciéndome que casi no me había quedado calvo.

-Pero cóm… -pregunté en voz alta mientras me comenzaba a elevar de la cama. -Oye Triana, ¿tu también vuelas?

Y entonces todos los muebles de la habitación comenzaron a elevarse y tras eso comenzamos a caer a toda velocidad. Mi cuerpo rebotaba por todas las esquinas de la habitación.

-¡SI ME PEGO OTRO GOLPE VOY A MORIR! -grité asustado, mientras la piel se despegaba de mi cara, a causa de la velocidad. -¡TRIANAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! -grité desesperado.

La caída estaba siendo mucho más bestia que la subida y cada golpe se sentía como mil garrotazos de Sohem. ¿Llegaríamos vivos al mar?
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#14
Tenía que mirar el lado positivo, Yamamura se había tragado la pastilla y las llamas de su cabeza se habían extinguido, así que hoy no sería el día en el que se quemaría vivo. Después de todos estos inconvenientes ya no creí que podrían surgir otros. Bastantes emociones por un día. Sin embargo, estaba muy equivocada. La situación todavía podía empeorar, siempre podía. Sentí que mi cuerpo se elevaba poco a poco, como si la gravedad hubiese dejado de surtir efecto. Yamamura también parecía sorprendido, así que no tenía nada que ver con aquel fenómeno. —Y no puedo volar— le contesté para que fuese consciente de lo extraño de la situación y del posible peligro que corríamos.

Nos dijeron que aquel descenso sería tranquilo, pero no fue más que una vil mentira. Tal vez hubiésemos hecho algo mal. Tan pronto como comenzamos a elevarnos en aquel camarote, salimos disparados hacia las paredes. A pesar de que me encontraba cansada y algo dolorida, aguanté los golpes, pero no podía decir lo mismo de Yamamura. Era un enfermo horrible, no paraba de quejarse y de decir que iba a morir. Todos decían lo mismo y luego nadie moría. Como pude, le agarré y me abracé a él para intentar de amortiguar sus golpes, aunque debido a su tamaño era una tarea complicada. Por lo menos me aseguré de cubrir su espalda y parte de su pecho con mis brazos. —¡CÁLMATE! ¡NADIE VA A MORIR!— exclamé para que dejase de quejarse y se centrase en tratar de aguantar hasta que tocásemos el agua.

Aquel momento no tardó en ocurrir, se pudo sentir claramente cuándo fue el impacto con la parte inferior del mundo. Chocamos contra el techo e inmediatamente después contra el suelo. La ropa estaba más desordenada que antes, si es que acaso eso era posible. Ahora, además de tirada por el suelo, estaba enredada entre ella. —¿Ves? No ha sido para tanto. Ahora túmbate en la cama y duérmete.
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#15
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Triana me comentó que no podía volar, tal y como sospechaba, pero había tenido tantos descubrimientos en esta isla que cualquier cosa que me dijeran ya me parecía verosímil y posible. Tenía entendido que el descenso iba a ser calmado y no dañaría el barco, pero seguramente las prisas de Triana y del resto de la tripulación por irnos nos hubiera llevado a esta situación… ¿habríamos olvidado algo en “tierra firme”? A saber, ahora me encontraba gritando por mi vida, recibiendo golpes y siendo retenido por los definidos y musculosos brazos de Triana Tempesta. Me gritó que me calmara y, con un vano intento de calmarme, me dijo que nadie iba a morir. Más me valía obedecer.

-Si señora. -susurré a toda velocidad mientras ponía cara de póker y me callaba totalmente.

Ya me había intentado matar desde que habíamos subido abordo, por lo que la elección inteligente era guardar silencio y esperar sus órdenes. El Tango de la Sultana golpeó el mar con fuerza, noté como el impacto se trasmitía desde la planta de mis pies hasta la cabeza, si no me hubiera agarrado Triana seguramente habría salido disparado del camarote atravesando la pared con mi cuerpo.

-¿¡Pero cómo me voy a dormir!? -grité confuso mientras la puerta de la habitación de Triana caía al suelo y un tablón de madera del techo se descolgaba. -Ha… ha… ¡HA SIDO UNA PASADA! -grité aún más fuerte mientras me sentaba de nuevo en la cama. -¿Habrá otro geiser gigante con el que podamos subir de nuevo para volver a bajar? -comentaba mientras me recostaba en la desordenada cama de Triana. -Oye amiga, no dejes que me duerma, tengo la sensación de que si me quedo dormido ahora voy mori… mori… mo… zzz…
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#16
Yamamura obedeció y permaneció en silencio recibiendo los golpes de aquella caída. Lo único positivo de aquel día de mierda. Sin embargo, si que opuso resistencia cuando le mandé irse a dormir. Estaba claro que la pastilla no había hecho efecto. Sabía que su gran tamaño jugaría en mi contra, tendría que haberle dado tres pastillas. El barco estaba hecho un asco, se caía a pedazos, pero ahora no podíamos hacer nada. Intentaríamos solucionar este problema en la siguiente isla, si es que llegábamos. Ahora lo único que podíamos hacer era descansar. Jolyne tendría que encargarse de ir reparando con sus chapuzas los daños más graves para que no nos hundiésemos.

—No. Por supuesto que no vamos a volver a subir — le contesté para que no se hiciera ilusiones —. Me vas a obedecer y te vas a quedar dormido en esa cama de ahí — dije señalando mi cama repleta de ropa, justo en el momento en el que una de las patas se partió y la dejó inclinada por una de las esquinas inferiores. Iba a resultar complicado, pero, para mi sorpresa, Yamamura comenzó a quedarse dormido mientras hablaba, aunque no era como esperaba. Lejos de quedarse plácidamente dormido, sumido en un sueño profundo que nos daría algo de paz, daba la impresión, tal y como él mismo afirmaba, de que no se iba a volver a despertar. Era una posibilidad, estaba bastante herido y se había llevado más golpes de lo que podría aguantar.

—Yamamura. Capitán... ¡Despierta! ¡DESPIERTA!— exclamé agarrándole por los hombros para zarandearle. Estaba acostumbrada a tener que despertarle de forma abrupta. De otra forma era imposible. Tal vez la pastilla sí hubiese hecho efecto y le dejaría sumido en un sueño tan profundo que no podría despertar de nuevo. Genial, ahora me tocaría hacer de niñera y mantenerle despierto aguantando sus divagaciones de enfermo. Frente a él, alcé la palma de mi mano derecha, dispuesta a darle una bofetada si no abría los ojos.
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#17
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Caí en un sueño extraño, uno de esos sueños en los que eres consciente de que estás soñando y, a pesar de estar sumido en el letargo, aún percibes las sensaciones del mundo consciente. Me veía a mí mismo desde una perspectiva de tercera persona, flotando en un vasto y oscuro abismo, un fondo completamente negro que parecía extenderse infinitamente. De repente, una voz espectral rompió el silencio sepulcral, instándome a despertar. Era un susurro que helaba la sangre, y por el tono amenazante y asesino, no tenía duda de que se trataba de Triana. Esa voz no podía pertenecer a nadie más.

Cada intento de moverme era en vano, como si mis pies estuvieran anclados al vacío. Sentía que por mucho que me esforzara, no lograba avanzar. Entonces, en la inmensidad de la oscuridad, vislumbré una luz. Era una luz tenue al principio, pero se tornaba más brillante y cálida con cada segundo que pasaba. Mirarla era reconfortante, desprendía un calor casi mágico que envolvía mi ser con una sensación de paz indescriptible. Se podía sentir una tranquilidad genuina, única y pura que me atraía irresistiblemente.

La luz parecía llamarme, una fuerza magnética que me instaba a seguir adelante. Cada paso que daba hacia ella incrementaba la intensidad de ese calor y tranquilidad, y me encontraba deseando más de esa paz envolvente. La atracción era tan poderosa que, sin darme cuenta, empecé a correr hacia la luz con toda la velocidad que mi cuerpo podía reunir. Sentía que cada fibra de mi ser se dirigía hacia esa fuente de confort y serenidad, ansiando fundirme con ella.

Pero entonces, en el clímax de mi carrera, en el momento en que casi podía tocar esa luz celestial, algo ocurrió. Sin previo aviso, abrí los ojos. La sensación de paz y calor se desvaneció instantáneamente, reemplazada por la fría realidad de la consciencia. Estaba despierto, el sueño había terminado, pero la experiencia y las emociones sentidas permanecían grabadas en mi mente, tan vívidas como si aún estuviera allí, en ese oscuro abismo, perseguido por la voz de Triana y atraído por aquella luz misteriosa y reconfortante.

-¡AAH! -grité justo antes de coger aire. -¿Y tú quien eres? -pregunté mientras miraba directamente a los ojos a la rubia.
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#18
Por suerte, no fue necesario llegar a asestarle aquella bofetada que estaba cargando con furia y miedo de perder a nuestro capitán. Bajé la mano con calma cuando escuché su grito y me quedé en silencio. Cuando preguntó quién era, mi corazón se detuvo un instante. ¿Cómo podía no reconocerme? Esperaba fervientemente que aquel lapsus se debiese a los golpes que acababa de recibir y que se tratase de un estado momentáneo. Me aferraba a la esperanza de que la confusión y el desconocimiento fueran efectos pasajeros del trauma. No quería ni pensar qué ocurriría si hubiese perdido la memoria de forma permanente e irreversible. Intenté mantener la compostura mientras buscaba en sus ojos algún destello de reconocimiento, aunque solo pude ver su mirada de confusión.

—Ya está bien de tonterías — sentencié asumiendo mi nuevo rol. Por el momento, me tocaría tomar las riendas y capitanear aquel barco en ruinas. Yamamura no se encontraba en condiciones y yo era la segunda al mando. No era lo que quería, pero sí lo que debía hacer. —Ahora yo soy la capitana en funciones hasta que te recuperes. Vas a venir conmigo a la cubierta. Te vas a tumbar sobre ella mirando al cielo, quiero que cuentes en voz alta todas las estrellas que veas y que te quedes ahí tranquilito toda la noche. Soy tu médico y tienes que hacerme caso si quieres recuperarte. ¿Lo has entendido?

Aquella era la única manera que se me ocurría para mantenerle despierto, lúcido, entretenido y vigilado por los tres de la tripulación. Nos podríamos turnar para escuchar si continuaba contando y no perdía la consciencia o para hablarle y estimular su memoria. También así podríamos estar atentos para percibir cualquier signo de deterioro, aunque no se me ocurría cómo podía empeorar la situación, con un capitán amnésico y al borde de la muerte y la locura.
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#19
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La rubia bajó aquella amenazante aquella mano que parecía dispuesta a cruzarme la cara por algún motivo que desconocía y dijo que ya estaba bien de tonterías, que a partir de ese momento sería la capitana en funciones y que me fuera a la cubierta a contar estrellas y a que me diera el aire. También añadió que era la médico y que le hiciera caso. ¿Era mi capitana y mi médico? Espera, ya sabía quien era…

-Haber empezado por ahí… -refunfuñé mientras me levantaba de la cama y me comenzaba a dirigir hacia la cubierta. -Eres Triana, es que estabas tan cerca que no te había reconocido. -le intenté explicar. -En fin, capitana y médico, tiene gracia. Un capitán no debería ser más que eso, un capitán. Quien mucho abarca… -le dije mientras me tumbaba en la madera del barco, escondía la llama de mi espalda para que no pasara de nuevo el incidente de la almohada. -Paso de contar estrellas, prefiero verlas solamente.






Crucé ambos brazos detrás de la cabeza y sonreí tranquilo. Me encontraba fatal, Sohem me había humillado delante de lo que se supone que era mi pueblo, el barco tenía el peor aspecto que jamás haya tenido y crujía como nunca antes lo había hecho y aún así estaba contento. Ahora éramos más en la familia y estaba un paso más cerca de convertirme en el Rey de los Piratas. Pese a todo lo vivido, aún tenía esa extraña sensación de que la aventura no había hecho nada más que comenzar.
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#20
Fue un alivio comprobar que el olvido de Yamamura se debía a una confusión y no había sufrido ninguna pérdida de memoria. Aún así, no le vendría mal tumbarse al aire libre y entretenerse con algo, por lo que mi orden continuó en pie. A él tampoco parecía desagradarle la idea. —Tú no trabajas porque eres un vago, no porque ser capitán te quite demasiado de tu tiempo. Y yo no abarco más de lo que puedo. Todavía podría con muchas cosas más y no me pongas a prueba —le dije para zanjar aquella conversación.

Le seguí hasta la cubierta y me aseguré de que no continuaba liándola. Parecía que había vuelto a recobrar el juicio. Se subió una almohada para estar más cómodo y tuvo el detalle de apagar sus llamas para no volver a incendiar el barco. Estaba convencida de que no nos recuperaríamos de otro incidente así. Ya no era necesario que contase las estrellas en voz alta, no corría peligro de sufrir un derrame o un desmayo que pudiese llevarle a la muerte. Me conformaba con que se quedase tumbado relajándose.

Simplemente me quedé de pie junto a él durante un par de minutos. Me había preocupado de más. Ahora que parecía que todo seguía su curso habitual, tal vez fuese el momento de relajarme yo también. Me fui para dirigirme de nuevo a la bodega y volví a subir con una botella de vino cerrada. También me había asegurado de abastecernos de aquella bebida tan maravillosa. Abrí el tapón con las manos y me senté junto a Yamamura para mirar también las estrellas en silencio. Aquella noche brillaban de manera especial, o eso me pareció ahora que comenzaba a ver la luz al final del túnel. Ahora, continuábamos nuestro viaje con más conocimiento, más fuertes, mejor acompañados, más preparados que nunca y dispuestos a cumplir nuestros objetivos. Di un trago brindando en silencio por ello.
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