[PASADO] Un momento de paz.
#1
Día 41 de Invierno. Año 11.
Costa de Skypiea — 10:35 a.m

Por culpa de Sohem la idea que tenía ya prácticamente formada en mi mente se había desvanecido por completo, durante los combates había paseado brevemente por la zona con puestos comerciales, y me gustó lo poco que vi, había estado deseando algo más de libertad para dar un buen vistazo a todo lo que la gente de una civilización que me resultaba tan exótica tenía que ofrecerme, no podía esperar el momento de ir de compras en una ciudad hecha, literalmente, de oro… Pero todo quedó en una fantasía que jamás podría cumplir, gracias al jefe, los miembros de Magna no podían acercarse a la ciudad de oro, lo que había reducido a cero mis posibilidades de hacer algo interesante mientras esperábamos el momento de partir y dejar atrás esta isla, o eso creía hasta que caí en una cosa, resultaba tan evidente que era algo que había pasado completamente por alto en los días que habíamos pasado los tres en el barco, y es que estábamos atracados en una hermosa playa de arena clara que, aunque normalmente no visitaría en esta época del año, tal vez por estar más cerca del Sol la temperatura resultaba, no veraniega pero si agradable, lo suficiente como para apetecerme un baño de nubes. Después de tanto tiempo con mis compañeros como única compañía iba a ser agradable tener un rato a solas, alejada de ellos y de la jerarquía tan marcada del gremio, tiempo para nadar en mis pensamientos y, de paso, nadar en nubes, tenía curiosidad por ver cómo sería la sensación, ¿Sería como el agua? Solo había una forma de comprobarlo, y me aproveché del hecho de que Viktor había dejado el barco un rato antes para hacerlo yo también.

El Parabellum estaba anclado en el centro de la hilera, con barcos a derecha e izquierda, y en esa dirección comencé a andar, si quería despejarme no quería tener a la vista el desfile de naves que se había montado en esa zona de la costa. En el velero, antes de salir, me cambié para ponerme un traje de baño morado que estaba decorado con detalles en un tono de púrpura más intenso, estuve a punto de recoger mi pelo, que si bien no es muy largo, prefería mantenerlo alejado del agua salada del mar, pero, ¿También serían saladas las playas de nube? No quería ocupar mi mente con tonterías, no tenía sentido preocuparme por eso. Bajé del barco cuando lo tuve todo dispuesto y guardado en una bolsa blanca con detalles en rosa, empecé a andar dejando atrás al Parabellum, después el barco marine y finalmente dejando atrás el primero de los barcos, o el último, según se mirase. Por la bandera diría que se trataba de un barco pirata, pero no la reconocí, pues mis conocimientos aún eran escasos en ese aspecto.

Cuando me giré para comprobar si ya estaba lo bastante lejos vi que debía haberme alejado unos cincuenta metros de los barcos. Dejé las pocas cosas que traía en la arena de la playa; una toalla en la que más tarde me tumbaría para intentar broncearme, y la pequeña bolsa en la que había metido una toalla más pequeña con la que secarme si lo necesitaba, una botella de loción para ir cubriendo mi piel con ella, manteniéndola hidratada y segura ante el sofocante impacto del astro rey, y también una pequeña fiambrera en la que había metido algo de fruta que había en el barco, aunque en la vegetación que lindaba con la playa había visto un tipo de fruta tropical bastante grande y similar a un melón que me hubiera gustado probar también, pero quedaban fuera de mi alcance, en la copa de altas palmeras. Cuando ya estaban en la arena todos los bártulos que traía y me descalcé, prescindiendo de mis zapatillas para empezar a acostumbrar mis pies al tacto de la arena. Extendí la toalla larga, me senté en ella, y saqué la loción para empezar a extenderla por mi piel antes de disfrutar del baño.
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#2
Aquella mañana había decidido ir al barco a poner todo en orden. Desde que habíamos llegado a la isla nos habíamos desentendido por completo de nuestro medio de transporte. Estaba claro que si no lo hacía yo nadie lo haría, Yamamura estaba en cama, Jolyne estaba durmiendo más que nunca y Aspros desaparecido, probablemente seducido por los encantos del palacio y los habitantes de la ciudad. Sabía que eran totalmente su tipo. Suspiré mientras terminaba de asegurarme de que las velas estaban bien y me metí en los camarotes. Ya que estaba tan cerca de la playa no iba a desaprovechar la oportunidad. Si había hecho el esfuerzo de recorrer el largo camino hasta el puerto y encargarme del barco, por lo menos que no fuese en vano. Entré en el camarote de Aspros y me quité la chaqueta para dejarla en la cama. Los últimos acontecimientos que habíamos vivido me habían dejado casi sin equipaje, apenas me quedaba algo de la ropa con la que me había embarcado en el viaje. Por suerte, tenía el armario de Aspros, siempre que no se enterase.

Tras rebuscar por los armarios y cómodas, completamente repletos de diversas prendas de ropa, complementos y maquillaje, encontré lo que buscaba. Todo un cajón hasta arriba de bikinis. Eché un vistazo general hasta seleccionar uno que no estaba nada mal y que parecía de mi talla. Era rosa con un estampado de leopardo de un tono violeta, el menos llamativo que encontré. Me lo probé para comprobar que me quedaba bien, tal y como imaginaba era de mi talla. Para ir más cómoda también cogí prestado un vestido blanco, unas sandalias de plataforma, unas gafas de sol y un sombrero de ala ancha. Ahora sí estaba lista para la playa. Dudé si llevarme también mis dos armas. Gracias al emperador tenía la seguridad de que nadie nos tocaría ni un pelo, pero con tanto marine en la isla no terminaba de fiarme. Por primera vez, decidí relajarme y no llevar nada que no me sirviese exclusivamente para disfrutar de un día de playa. Eso me recordó a que me tendría que llevar una toalla. A Aspros tampoco le importaría.

Cogí la toalla y bajé del barco para dirigirme hacia aquella playa en las nubes. Llevaba varios días con la imagen de ese paisaje en la cabeza y no podía quitármelo de la mente. Cuando llegué me quedé admirándolo. Era tal y como lo recordaba cuando lo habíamos visto a lo lejos. Estaba acostumbrada a los lugares más turísticos con playas abarrotadas, así que me sorprendió comprobar que la zona estaba casi vacía. Mucho mejor para mí. Tan solo habría unas pocas personas esparcidas a lo largo de la playa. Caminé unos metros más hasta que llegué a una parte algo más vacía. Tan solo había una mujer echándose crema. Mierda, la crema. Sabía que se me olvidaba algo. Ahora no me quedaba más remedio que rezar para no quemarme. No quería molestar aquella mujer colocándome demasiado cerca cuando había tantos metros de playa libres, así que me situé a unos siete metros de ella y un poco por detrás. Puse la toalla en el suelo, me quité el vestido y me senté quitándome las gafas para apreciar mejor el paisaje, mucho más atractivo gracias a aquella mujer aplicándose crema solar. En uno de los momentos en los que se giró parcialmente pude ver su perfil. Lo que me faltaba.

Instantáneamente me volví a poner las gafas de sol, aunque sabía que no serviría de nada. Si yo la recordaba, ella también se acordaría de mí, además, ese era su trabajo. Por las presentaciones que se hicieron en los juegos sabía que formaba parte de una especie de grupo o gremio llamado Magna junto a Sohem. Lo que no recordaba era su nombre, eran demasiados para retenerlos todos. Sabía que el cazador estaba engañando a Sasha para capturarla, era posible que también hubiese engañado a esa pobre mujer para unirse a él, aunque, si era así, debía de tener alguna habilidad excepcional. No podía acercarme para decirle nada, lo mejor tal vez sería tratar de pasar desapercibida y esperar a que no se girase, pero eso no me permitiría relajarme para tomar el sol. Me puse en pie recogiendo la toalla y el vestido, pero una ráfaga de viento se llevó mi sombrero, haciendo que le diese en la cabeza a la cazarrecompensas. No supe cómo reaccionar y simplemente me quedé ahí parada detrás de ella con mis cosas en la mano.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#3
Era extraño pero pese a estar a escasos pasos del "agua" de la costa el esperable murmullo del mar no sonaba, o no como yo esperaba que lo hiciera, en parte me gustaba, pues solo rompía el silencio las voces lejanas de la gente que también ocupaba la isla, pero a las que no me había acercado demasiado para poder estar tranquila, pero por otro lado el sonido del rompeolas siempre me había resultado relajante y muy atractivo, como un reclamo del propio océano para invitar a los bañistas. Doblé mi espalda para alcanzar sin dificultad la zona baja de mis piernas y poder cubrirlas también con la crema que ya cubría por completo mis brazos, llegué a ponerla desde los tobillos y subía lentamente hasta cubrir mis gemelos y posteriormente mis muslos, cuando me giré para tomar de nuevo el bote descubrí que ya no estaba sola en mi rincón de paz, una rubia enorme estaba quitándose un fino vestido blanco y dejando al descubierto un físico notablemente trabajado y cubierto con cicatrices - y con un no tan envidiable bikini- aparté la mirada antes de que pudiera ver su cara, pero también asegurándome de que no me había pillado mirándola, finalmente tomé la loción protectora y empecé a echarla sobre la palma de mi mano derecha, frotándola después contra la palma contraria y empezando a restregar ambas contra sendos hombros, para cubrir toda la zona superior de la espalda y la parte trasera del cuello.
 
Cuando terminé de echar crema por esos sitios hice un movimiento circular con el cuello para destensarlo y justo cuando terminé sentí un suave impacto en mi cabeza, un sombrero, lo cogí por el ala y ojeé en dirección a donde la rubia estaba antes, para descubrirla mirándome y con sus cosas en la mano, ahora si hice un barrido rápido y completo, sus sandalias eran monas, mucha plataforma para mi gusto, pero monas, sus piernas resultaban del todo envidiables, el tren superior lo había visto ya mientras se quitaba el vestido, pero no la cara, y verla me dejó tan paralizada como ella parecía estarlo de verme a mi, a todas luces me había reconocido de los juegos del mismo modo que yo acababa de hacer, no recordaba los detalles, pero era una pirata, eso seguro, y si era afín al hombre de las alas negras que mi jefe había intentado matar era posible que intentase buscar venganza, tragué saliva mientras me levantaba de la toalla y sacudía un poco la parte de mis piernas que había estado en contacto con la arena para que esta cayera, intenté tranquilizarme, quizá no me había reconocido, quizá lo que la había dejado sin habla era mi despampanante figura y lo bien conservada que la mantengo.
 
Di un par de pasos en su dirección y traté de normalizar mi respiración antes de extender el brazo con el sombrero hacia ella — ¿Esto es tuyo? Creo que se te ha caído. — por mucho que lo intentase mi voz temblaba un poco al hablar, así como mi pulso meneaba el sombrero que sujetaba frente a ella, intenté no hacer contacto visual directo, como si fuera a ayudar de algo, para que no fuera del todo evidente que temía por mi vida, cuanto más intentaba pensar en ella más alcanzaba a recordar, estaba delante de la ganadora en la prueba de fuerza, desarmada, si, pero era más que evidente que no necesitaba armas para acabar conmigo, si así lo deseaba.
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#4
Era una situación aparentemente sencilla. Solo tenía que recoger mis cosas y largarme de allí, pero parecía que el destino, o quizás mi mala suerte, no me lo iba a poner tan fácil. Con un suspiro de resignación me quedé esperando su respuesta, consciente de que sería decisiva para determinar mi próximo movimiento. ¿Me reconocería? ¿Su actitud sería hostil? ¿Intentaría capturarme ella sola? ¿Se iría para buscar ayuda de sus compañeros? ¿O, tal vez, quisiera tomarse un día de descanso y me ignorase? Eran demasiados interrogantes y no tenía la respuesta para ninguno de ellos. Para empeorar las cosas, me había dejado mis armas en el barco. No las había soltado en toda mi estancia en la isla del cielo, ni en ninguna otra isla, esperando a que se diese una situación como esta, que tenía que suceder justo cuando menos preparada me encontraba.

Cuando el sombrero le dio en la cabeza lo agarró y se giró para mirarme. No dio muestras de reconocerme o, al menos, de que le importase quién era. Se puso en pie y dio un par de pasos hacia mí tendiéndome el sombrero de forma amable, aunque parecía algo nerviosa. Era posible que sí que me hubiese reconocido, pero no sabía cómo interpretar su tono de voz indeciso y su mirada esquiva. ¿Era miedo lo que sentía? Parecía una chica frágil y desarmada, aunque no me gustaba juzgar a la gente. No necesitaba un cuerpo escultural ni ningún arma si tenía algún tipo de poder de los que otorgaban las frutas del diablo. Odiaba ser tan desconfiada. En ocasiones como esta envidiaba la actitud despreocupada de Yamamura y Jolyne. Nos ocasionaba muchos problemas, pero vivían felices. Lo que menos me apetecía en estos momentos era un enfrentamiento.

Di otro par de pasos para acercarme más a ella. Con un solo brazo agarré firmemente mis objetos personales y extendí el otro para coger el sombrero que me ofrecía. En ese momento, me permití observarla más detenidamente. Su cara y su cuerpo eran perfectos, su piel, tersa y brillante por la crema, reflejaba la luz del sol. Sus movimientos eran gráciles y delicados, cada gesto era hipnotizante, y su voz era suave y calmada. Todo en ella desprendía un aura de tranquilidad y belleza, aunque no de seguridad. Parecía indecisa o tímida y eso la volvía más adorable. Relajé mi postura y mi gesto para sonreír levemente, olvidando, por un momento, que su intención podría ser venderme a la justicia.

—Gracias. Parece que mi sombrero tiene buen gusto para elegir compañía —dije cogiéndolo para volver a ponerlo sobre mi cabeza. No sabía si se me había ido la cabeza por el exceso de calor o porque estaba cansada de relacionarme con amebas disfuncionales, pero mis labios se movían para hablar antes de que pudiese pensar. —No busco problemas, solo quería tomarme un respiro. ¿Tienes crema? Si no me había reconocido no entendería mi comentario, pero había sentido la necesidad de tratar de tranquilizarla.
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#5
El momento en que se acercó, levantando su brazo para coger su sombrero, intenté, con moderado éxito, mantener la compostura, no llegué a encogerme pero sí que se acentuó por un instante el temblor de mi brazo, pero se calmó al sentir que solamente buscaba tomar de nuevo lo que era suyo. El momento me pareció eternizarse, ¿Estaría preparando una trampa o poniéndome a prueba de alguna manera? No podía ceder, por mucho que era evidente que no tenía nada que hacer contra ella. No recordaba casi nada de la prueba en la que se coronó como ganadora, mi mente se nubló en ese momento y solo pude escuchar como se le concedió la victoria cuando El Dirigente dio por acabada la intervención de los participantes, y si no me fallaba la memoria con holgada diferencia, y yo había quedado segunda en una prueba que ni siquiera había evaluado mis capacidades físicas, que a la vista saltaba que no eran nada fuera de lo normal, como podrían serlo en el caso de la rubia o mis compañeros. Eventualmente me empecé a relajar, viendo que parecía estar observando, más que analizando, me sentía observada, pero no era una sensación nueva para mi, ni tampoco desagradable, al contrario, me resultaba vigorizante, me ayudaba a convencerme de que tenía cierto control sobre la situación.

Viendo que parecía no tener intenciones hostiles contra mí y comenzaba a destensar su cuerpo decidí alzar la vista para mirarla, en el momento en el que tomó su complemento para protegerse de nuevo del Sol, agradeció que se lo hubiera acercado mientras lo colocaba, solo asentí, intentaba mirarla a los ojos, pero las cicatrices que la cubrían llamaban poderosamente mi atención, despertaban una curiosidad infantil en mi que me resultaba incluso vergonzosa de admitir, una serie de pensamientos se arremolinaron en mi cabeza y culminaron provocando en mí una suave sonrisa cuando dijo que su sombrero sabía elegir la compañía, eso hizo que pudiera finalmente respirar tranquila, pues parecía que o bien no me había reconocido, o le daba igual quien era, en cualquier caso me beneficiaba. — Desde luego que lo tiene si se queda contigo. — añadí, y entonces confesó que simplemente quería tener un momento de desconexión, cosa que podía entender, era el mismo motivo por el que yo estaba en la costa también. Cuando me pidió crema asentí con la cabeza, dándole la espalda por un segundo para agacharme flexionando mis piernas y tomar la botella que traía conmigo, acercándosela como había hecho con el sombrero momentos antes, — Ten, hay de sobra para ambas. — aclaré, no era mentira, había pensado en echarme varias veces por eso me había asegurado de que hubiera suficiente como para cubrir mi cuerpo más de una vez, claro que no había comparación entre mi tamaño y el de la que esperaba que se convirtiera en mi acompañante.

— Por cierto… — comencé, con una timidez impropia de mi y que me resultaba bastante incómoda y me hacía sentir estúpida, — No nos han presentado correctamente. — dije, con una breve pausa para tomar aire, estaba convencida por su forma de hablar al pedirme el protector solar de que si no me había reconocido al menos tenía una idea bastante cercana de quién era y para quién trabajaba. — Soy la señ-- — y callé. No, ya no era la “señorita” de una mansión como una vez fui, y aún tenía que acostumbrarme a ello. — Chloe. Chloe Dendro. — tendí mi mano ofreciendo la parte anversa de mi mano derecha, una costumbre difícil de perder, casi un acto reflejo después de tanta fiesta entre la élite de mi antigua isla, pero la situación era diferente ahora, no me había dado cuenta pero ahora le estaba ofreciendo mi mano a una pirata.
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#6
Pronto, aquello que parecía asustarla o preocuparla se fue difuminando y dejó paso al interés. Ganó rápidamente seguridad en sí misma. Si no era tan desastre como su compañero, el enmascarado, me habría tenido que reconocer, pero tal vez se hubiese confiado al comprobar que mis intenciones no eran hostiles. No la conocía en absoluto. A pesar de ir acompañada de ese lunático, había algo en su porte y en la manera en que me observaba que me hacía pensar que ella podría ser diferente. Además, estaba el otro miembro de su equipo, tan callado y discreto, cuya presencia apenas se notaba. Formaba un equipo de lo más variado. Sin embargo, no podía permitirme olvidar un detalle crucial: se dedicaba a intercambiar personas por dinero. Por muy encantadora que fuese su sonrisa y por muy educada que se mostrara, su oficio implicaba dilemas morales que no podía pasar por alto.

Su respuesta me pilló por sorpresa, no esperaba un cumplido de vuelta. Además, también me ofreció su crema. No sabía cómo interpretar su amabilidad, que iba acompañada de curiosidad. Era evidente que no podía dejar de mirar mis cicatrices. No me importaba, estaba acostumbrada y sabía que eran llamativas. Cogí el bote de crema que me tendió intentando convencerme de que sus intenciones no eran malas. Parecía incluso inocente, para coger el bote me había dado la espalda sin preocuparse por lo que pudiese hacerle. —Muchas gracias —le respondí apreciando realmente que la quisiera compartir. Y no solo eso, también parecía tener interés en que nos presentásemos formalmente. ¿No recordaba mi nombre o pretendía hacer como que no sabíamos quiénes éramos? De cualquier manera, me parecía perfecto tener una presentación formal.

Cuando fue a decir su nombre, cortó una palabra que no llegué a entender. Con solo las tres primeras letras me vino a la mente la palabra “señorita” o “señora”. Era lo más lógico teniendo en cuenta el contexto. Otras palabras me preocupaban mucho más, como “señal” o “señuelo”. Decidí obviarlo y quedarme solo con su nombre. Chloe Dendro. Cuando me tendió el anverso de su mano de forma delicada, aquella palabra que pretendió ocultar cobró sentido. Desde luego, era toda una dama.

Una sonrisa se dibujó en mis labios al presenciar cómo una cazarrecompensas exhibía sus mejores modales frente a alguien como yo. La situación tenía un matiz de ironía que no podía dejar pasar, así que decidí seguirle la corriente. —Encantada, Chloe. Yo me llamo Triana Tempesta —dije tomando su mano con delicadeza. Lentamente la elevé hacia mis labios, donde deposité un beso cortés sin dejar de mirarla a los ojos.
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#7
Agradecida conmigo tomó el bote, y ese fue el momento en que me terminé de tranquilizar, había decidido darle la espalda para asegurar que sus intenciones eran las que parecían, no había sido la mejor idea, pues de haber estado equivocada habría acabado mal, seguramente conmigo muerta sobre la arena, pero por suerte había acertado al darle un voto de confianza a la pirata. Tras mi presentación era su turno de hacer lo propio, pero mentiría si dijera que esperaba algo siquiera parecido a lo que hizo la rubia, sonrió al ver cómo le ofrecía mi mano, dijo su nombre y correspondió a mi gesto con un beso en el dorso de mi mano, no era la primera vez que me adulaban, o lo intentaban, pero hacía tanto tiempo que se me hizo raro, aunque no desagradable. Intentaría recordar su nombre para buscarla luego en los carteles del periódico, por mera curiosidad, evidentemente no podía compartir con mis compañeros que había pasado el rato con una persona buscada, menos aún si resultaba tener una buena cantidad puesta sobre su cabeza.

Con cuidado deslicé mis dedos para apartar mi mano de la suya, no por miedo o desconfianza, más por tensión, no dejaba de mirarme y eso no me llegaba a incomodar, pero si me resultaba abrumador sumado al reciente miedo por mi vida, era buen momento para poner las cartas sobre la mesa, yo sabía quién era ella y ella estaba en la misma situación, probablemente, — Igualmente, encantada. — me mantuve durante un instante en silencio, meditando cuál sería la mejor forma de abordar el tema, pero finalmente opté por tratar el tema con naturalidad para no creyese que intentaba hacer nada más que solo hablar, tal como ella misma había dicho lo único que quería era pasar un día de relax antes de dejar la isla del cielo. — Tu fuiste la ganadora de la primera prueba de esos “juegos” tan raros del Emperador, ¿Cierto? — no era mala forma de empezar, o eso pensé, al fin y al cabo fue la primera vez que me fijé en ella, por desgracia de esa primera prueba tenía ciertas lagunas, una extraña sensación de pesadez y cansancio se apoderó de mí casi al comienzo de ella y no pude prestar mucha atención a lo que sucedía, solo al teatral comentarista dar los resultados y asombrarse del puntaje que ella había conseguido.

Me di cuenta entonces de que llevaba sus cosas encima, las había recogido y tenía pinta de que pensaba irse, aunque puesta a elegir prefería pasar la mañana con algo de nueva compañía, para variar, y si no pensaba atacar ni buscar problemas no me importaría que se quedase conmigo, — Por cierto, ¿Te vas a algún sitio? — comenté con cierta prisa, señalando con la cabeza la toalla que yo ya tenía tendida en la arena, — A mi no me importa tener compañía, no es difícil ser más agradable que los salvajes de mis compañeros… — confesé, volviendo hacia mi toalla de nuevo con las manos tras mi espalda, con un caminar pomposo que finalizó conmigo girando sobre mí misma, dejando un pequeño hoyo en la arena, y señalando con la cabeza la bolsa que servía de contenedor para mis cosas. — También tengo algo de comida, es solo fruta, pero hay bastante para las dos si no tienes nada. — Algo en lo que había reparado es que para una cazadora de piratas como era ahora no había una forma más extrema de desconexión del trabajo que estar con piratas, y además esta pirata prometía ser, como mínimo, interesante para una conversación.
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#8
Nos quedamos la una frente a la otra, el silencio entre nosotras se tornaba casi palpable. Tal vez no tendría que haberme acercado tanto. Su postura reflejaba una mezcla de cautela y timidez. No sabía si estaba intimidada por mi presencia o si, simplemente, quería mantener las distancias por lo que pudiese ocurrir. Antes de que me diese tiempo a disculparme por lo que hubiese podido hacer para que se sintiese incómoda, sacó rápidamente un tema de conversación. Se acordaba de mí por los juegos del emperador. Eso significaba que, en efecto, sabía quién era yo. Aunque no recordase mi nombre, sí que debía recordar que había venido con mi banda. El excéntrico presentador de los juegos se había encargado de ello cuando nos presentó a todos. Gracias a eso, yo también sabía que ella iba con los otros dos cazarrecompensas. Sin embargo, no mencionó nada sobre eso. Tan solo remarcó el hecho de que había ganado mi prueba, la de fuerza. No sabía ni cómo lo hice. Las personas que se presentaron parecían extraordinarias, especialmente el marine de la barba. Fue un golpe de suerte, pero había servido para que captar la atención de la gente. 

—Estás en lo cierto. De hecho, mis compañeros ganaron casi todas las pruebas —dije orgullosa de que nos hubiese ido tan bien. Eran unos juegos estúpidos, pero nos habían permitido demostrar de lo que éramos capaces. —Yo también te recuerdo, lo hiciste muy bien en tu prueba, la de precisión. No se te dan nada mal las armas, tienes buen ojo, pero nuestra tiradora es excelente. Seguro que te acuerdas también de ella —dije asumiendo que si me recordaba a mí como ganadora de otra prueba también se acordaría de la ganadora de su propia prueba. No solía estar orgullosa de Jolyne, normalmente tan solo conseguía avergonzarme con sus costumbres campestres, pero aquel día lo hizo francamente bien. En ese momento, me percaté por su comentario de que todavía llevaba mis cosas encima de cuando las había recogido para marcharme. Ahora que había hablado un poco con ella, ya no tenía tanta prisa por irme. Además, ella también parecía que disfrutaba de mi compañía. Podría haberse librado de mí simplemente despidiéndose, daba la impresión de que mi intención era no pasar más tiempo allí, pero me ofreció quedarme. La entendía muy bien. Por lo visto, necesitaba relacionarse con personas diferentes a sus dos compañeros. Debía ser difícil para ella, una mujer tan educada, estar constantemente rodeada de simios. Me ocurría algo similar. Adoraba a mis compañeros, pero en ocasiones eran desesperantes y sentía que necesitaba cambiar de aires, relacionarme con gente diferente

—No tengo mucha hambre, pero voy a aceptar tu compañía —le dije dando unos pasos para situarme junto a su toalla y extender la mía a tan solo unos centímetros. No quería abusar de su generosidad. Ya había accedido a prestarme su crema, no quería también gastar su comida y, era cierto, tampoco tenía demasiada hambre. —En alta mar y cambiando tanto de isla es difícil conocer gente. Y más aún gente tan interesante —apunté mirando hacia ella mientras me sentaba en mi toalla. Esperaba que hiciera lo mismo y se sentase junto a mí en la suya. —Yo también quiero hacerte una pregunta. No tienes por qué responderla si no quieres. Es solo curiosidad. ¿Cómo una chica como tú ha acabado yendo con ellos, con esos dos, Sohem y…? El otro —dejé la frase sin finalizar al no ser capaz de recordar el nombre del tercer integrante. Tal vez ella pudiese completar los datos que me faltaban.
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#9
Empezó matizando que no solo ella había ganado su prueba, casi todo su equipo había ganado la prueba a la que se presentaron, honestamente, no era capaz de recordar con exactitud todas ellas, la suya me resultaba especialmente difícil, pero estuve tan asustada por cómo sería mi desempeño en mi propia prueba que no presté apenas atención a algo que no fuera mi equipo y los puntajes generales. Recordaba relativamente bien a aquellos que sobresalieron, el hombre de pelo plateado que peleó con Sohem y era endemoniadamente rápido, las dos chicas reptilianas que participaron, a mis compañeros de gremio, a los que compartieron equipo y cubículo conmigo, al marine que intenté embaucar hasta que su compañera lo salvó y a la mujer con la que ahora estaba, haciendo un cálculo rápido resultaron ser más de los que me parecían en un principio, pero aún seguía ignorando a muchos de los participantes, y no era capaz de tenerlos en cuenta, tal vez reconocería sus caras de haberlos visto pero no estaban tan grabados en mis recuerdos como los demás.

Tal vez tomó mi comentario como un halago, y trató de corresponderlo diciendo que también me fue bien en mi prueba, mencionó una cosa que me llamó mucho la atención, pues no sabía nada de su tripulación, pero mencionó que la tiradora que quedó por encima de mi era “nuestra tiradora”, la de su grupo no, porque la recordaba volviendo con el hombre de alas negras, ella debía ser parte de ese grupo de piratas. Me di a mí misma un golpe suave en la frente, con la falange del pulgar derecho, no era día para pensar en eso. — Gracias. — dije con una suave sonrisa mientras apartaba mi mano. — Si, claro que la recuerdo, era la chica lagarto, ¿Verdad? Cuestionable gusto para la moda, pero desde luego es buena. Yo no soy tan buena con las armas como puede parecer, pero si tengo buena puntería, y las armas a distancia me sirven para mantenerme alejada de los conflictos. — Confesé con cierto pesar, por suerte no duró demasiado esa desagradable sensación, pues la afirmativa a mi oferta levantó mis ánimos. Preparó un asiento junto al mío, toalla junto a toalla, y tomó asiento hablando de lo difícil de encontrar gente interesante. — Y que lo digas… — pensé, tras un tiempo buscando por mi cuenta los dos compañeros que encontré fueron lo mejor, y, aunque no me arrepentía, no terminaba de sentirme parte de ese grupo.

Entonces llegó el momento que temía, evidentemente sabía con quién iba acompañada yo, no era un secreto ni especialmente difícil de adivinar, en parte gracias al vociferio del presentador de los juegos. Me preguntó por Sohem y Viktor, pero que no recordase el nombre de este último me hizo reír con suavidad mientras tomaba asiento, pies contra la arena y rodillas flexionadas, sobre mis rodillas descansé mis brazos y sobre ellos mi barbilla, mirando al mar níveo que se extendía frente a nosotras, suspiré. — Tranquila, no tiene sentido que lo esconda. — dije, y lo pensaba, ¿Qué ganaría ocultando algo sobre el porqué de mi alianza con ellos? — Yo estaba acostumbrada a otro tipo de vida, no era una guerrera ni nada parecido, siempre he sido más de pensar que de actuar, ¿Sabes? — de nuevo suspiré, uno más pesado que el anterior, y entonces proseguí, — Me encontré con Sohem y Viktor en una taberna de la isla… Ni recuerdo cual era. — quise hacer especial hincapié en el nombre del espadachín, para que lo recordase. — Fue una serie de casualidades las que me hicieron unirme a ellos, en realidad. Entré a la taberna huyendo del calor, y cómo habrás comprobado ninguno de los dos es especialmente de aspecto discreto, los escuché hablando de asociarse para ganar dinero, y habiendo perdido mi vida de lujo pensé, que podría unirme a ellos y hacer dinero junto a ellos. — y ahí dejaría la explicación, esperando que eso saciara su curiosidad, dejándome dentro la verdad que solo yo sabía, detalles que podrían comprometer a mi compañero, como el aspecto de lobo de Viktor y sus habilidades, y las inseguridades que me nacían de no poder aportar lo suficiente.
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#10
No sabía cómo reaccionaría al mencionar a sus compañeros. Era normal que pudiese sentirse incómoda y desconfiar en mí, incluso estaba lista para esperar que me mintiese, pero comenzó a hablar y no cesó. Expuso todo lo que pasaba por su mente como si fuese un libro abierto, si es que lo que me contaba era verdad. No se me daba mal calar a la gente y ella parecía bastante sincera. Tal y como ella había afirmado, no tenía sentido ocultarlo. Tampoco es que se tratase de una información extremadamente delicada o que pudiese ponerla en peligro. Por lo visto, este estilo de vida era nuevo para ella. Era bastante evidente que no era la típica persona que se había tenido que buscar la vida desde edad temprana, todo lo contrario. Por lo que dijo, parecía que había tenido una vida llena de lujos, hasta que, por algún motivo que no comentó, lo había perdido todo. Ahora su intención era volver a ganar una cantidad exorbitante de dinero para recuperar los lujos a los que estaba acostumbrada y le había parecido que la manera más efectiva sería aliándose con dos tipos de aspecto sospechoso en la taberna de un bar. Por lo menos de momento seguía con vida.

—Supongo que eres valiosa para Sohem y Viktor. No parece que estén dispuestos a hacer de niñera, así que algo han visto en ti, aunque no te consideres una guerrera —le dije cogiendo su bote de crema para echarme lo justo y necesario en la parte de los brazos, el pecho y la cara, donde tenía las cicatrices. Las piernas y la espalda me daban un poco más igual. La brisa de aquella playa hacía ondear mi cabello de forma desordenada. El olor salado del mar me resultaba agradable y familiar y sonido de las olas era relajante. Aquel ambiente relajado me estaba ablandando demasiado, por mucho que intentase evitar pensar en ello, no podía dejar de preocuparme por aquella mujer que parecía tan despreocupada. No conocía a Viktor, pero por lo poco que sabia de Sohem me bastaba para estar convencida de que, si pudiese, mataría a cualquiera por dinero. Incluso por gusto.

—Y… ¿Tú estás segura de estar bien con ellos? Es decir… ¿Les conoces lo suficiente? ¿Sabes que no te harán daño? No tiene por qué, al fin y al cabo sois compañeros y tenéis un objetivo común. Tampoco iban a sacar nada haciéndote daño, pero… parecen algo rudos. No me hagas caso, supongo que sabes cuidarte sola. Por si acaso ten siempre a mano tu arma.

Tal vez había hablado de más. Yo odiaba que me menospreciasen y creyesen que no era capaz de valerme por mí misma. Puede que a ella tampoco le gustase que la viesen como una mujer frágil, pero no era eso. El problema eran ellos.
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