[Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata.
#1
Día 40 del año 11, Invierno - Atardeciendo
Skypiea - Claro del bosque

Venimos de aquí

Los amantes, que se transformaron en un par de enamorados hasta el punto de formalizar su relación, llenos de júbilo y pasión, con ganas de conocer y experimentar más físicamente el uno del otro, consumaron su amor de la forma más íntima y especial que podían hacer los dos pelirrojos. Lejos del salvajismo de la última vez, la marine instó al pirata que, en esa ocasión, no se dejara llevar por sus instintos más primarios, guardando a ese tigre que dormía en su interior, y siguiendo más bien los latidos de su corazón. Garnet estaba que no cabía en sí de gozo, disfrutando del suave contacto de sus manos, labios y roce que causaba el vaivén de sus cuerpos, por no olvidar el contacto más puro del cuál se vio atraído durante todo el acto sexual, que no era otro que el rojo de sus ojos, el reflejo de su alma. No podía dejar de mirarlos, contemplarlos y admirarlos.

Durante una duración indefinida de tiempo, los gemidos, deseos y promesas silenciosas de amor inundaron el claro, hasta que comenzó a caer la noche y, por tanto, oscurecer. Garnet, tumbado de espaldas encima de la hierba, rodeaba entre sus brazos a Ikirami, quién estaba tumbada encima suyo, con la cabeza apoyada en su pecho. Miraba hacia el cielo, sonriente, mientras acariciaba con su diestra el rojizo cabello de su amada y con la izquierda la zona lumbar de su espalda. No sabía cuánto tiempo habían estado haciendo el amor, pero había sido sencillamente increíble. Un silencio lleno de comodidad circulaba a través del claro. Silencio que el pirata, decidió romper para expresar todo lo que se le pasaba por la cabeza.- ¿No ha sido una loc-- Paró al recordar como la palabra "locura" confundió anteriormente a Ikirami.- Digo... ¿No ha sido increíble, Iki?- Preguntó, irguiendo su cuello para poder mirarla a la cara.- No solo ha sido el gustirrinín en el pitote...- La mano que tenía en el pelo de la mujer, la poso sobre su mejilla.- También he notado un calor que flipas en la patata, ¿es o no es?- Describía, sonrojado, como se sentía durante todo el bello acto que consumaron aquella pareja tachada por la sociedad.- ¿Qué te ruge la perola y el alma, Iki? ¿Piensas igual que el menda?- Preguntó, con suma curiosidad sobre como lo había visto, vivido y sentido.

Volvió a apoyar, entonces, su cabeza sobre la hierba, apartando la siniestra de la espalda de Ikirami y poniéndosela debajo del carambolo del pirata y por encima del pasto. Suspiró, observando el casi cielo tintando de azul y naranja, oculto por toda la vegetación.- El menda no quiere que se acabe este día, ¿es o no es?- Dijo con melancolía cuando, una bombilla se le encendió en su cabeza.- Puejejeje...- Rio con una cara que reflejaba una mezcla de picardía y travesura. Rodeó, nuevamente, a Ikirami entre sus brazos, para, usando su cuerpo, girar sobre sí mismo, con delicadeza y quedando la marine debajo de él ahora. Apoyó, entonces, sus dos manos en el suelo, acercando previamente sus labios a la frente de la pelirroja para, seguidamente, tras un sutil guiño de Garnet, extender sus brazos y proceder a levantarse.- El menda acaba de tener una idea cojonuda puejeje...- Comenzó a observar primero a los árboles que les rodeaban, los cuales, eran demasiados altos para su pequeño plan. Seguidamente, focalizó su mirada a su alrededor, en busca de su tanga y de algo más que le serviría para ejecutar su infalible ocurrencia. Encontró primero su tanga, poniéndoselo, después de tanto tiempo separado de su piel y, seguidamente, fue directo a su zurrón, que estaba algo lejos del primero, metiendo su mano dentro y rebuscando durante unos pocos segundos, hasta que extrajo el puño cerrado de la bolsa. De paso, fue a agarrar también su laúd, que seguía a los pies del tronco sobre el que tocó la triste melodía de antes, metiéndolo en la funda y colgándoselo del hombro. Con todo esto listo, comenzó a transformarse en su forma híbrida de tigre, mirando, con una sonrisa traviesa a Ikirami.- Puejeje, en nada estoy de vuelta, ve vistiéndote mientras...- Se sonrojó y sacó la lengua, de forma algo obscena.- Que ese culito no pase frío, puejeje.- Y dicho esto, como una exhalación, fue corriendo, adentrándose en el bosque, vete tú a saber el qué.



Después de unos pocos minutos en los que el claro empezaba a notar la ausencia del felino, Garnet volvió, sonriente y con brillitos en los ojos. Estaba ya casi anocheciendo, por lo que la visión comenzaba a oscurecerse, lo cuál no era un problema para la adaptada visión nocturna del pirata.- ~Ikiramiii~- Dijo con un tono lleno de ilusión. Fue primero a recoger el resto de sus pertenencias, que venía a ser su zurrón. Depositó en él lo que cogió con anterioridad, y se lo colgó en el hombro que tenía libre. Seguidamente, a paso lento, y aún transformado en tigre, se aproximó a Ikirami, con la misma cara de ilusión dibujada en su rostro, agachándose levemente y tendiéndole la mano.- ¿Estás preparada para flipar? Puejejeje- Preguntó, a esperas de que le diera confirmación y pudiera mostrarle la pequeña sorpresa que le tenía preparada.



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#2
Yacía sobre el pecho de mi minino, con los ojos cerrados y los brazos apoyados a los lados, con las manos reposando sobre sus hombros. Mi cabeza descansaba sobre la mejilla izquierda y escuchaba atentamente a los latidos de su pecho. Era una sensación increíblemente agradable y tranquilizadora, y aunque todavía estaba extenuada por la manifestación completa de nuestro amor hasta apenas un momento antes, serenaba mi alma con ese dulce sonido. Suspiré, esbozando una sonrisa y sintiendo una satisfacción como nunca antes, en todos los sentidos posibles. El tacto de sus dedos acariciando mi pelo me daban unas cosquillas agradables que aceptaba con mucho gusto, y el abrazo en el que me envolvía me hacía sentir en un lugar seguro, protegida. El silencio que reinaba en nuestro claro no era uno incómodo, era un silencio en confianza, ese tipo de silencio que solo puedes tener con esas personas de plena confianza, en las que ambos sabéis que aunque no digáis nada, todo está bien. Abrí los ojos, todavía acompañados por la expresión de mis labios, y comencé a dibujar con la yema del dedo índice con mi diestra sobre su piel. Caricias leves como susurros, esbozando formas inconexas, pero que me permitían ver como su bello se elevaba suavemente con el roce de este. Al cabo de lo que me pareció un instante y a la vez una eternidad en aquel rincón de paz alejado de todo, mi Garnet por fin rompió el silencio para preguntar, interrumpiéndose primero, si aquello no había sido increíble. Abrí los ojos un instante, al percatarme de que me había llamado “Iki”, algo  estúpido, pero que para mí significaba mucho. Relajé la cara casi al instante, tenía todo el derecho para llamarme así y se lo permitía.

—Ha sido perfecto. —respondí cruzando miradas, dando un beso en su pecho y volviendo a alzar la cabeza cuando posó su mano en mi mejilla.

Incliné la cabeza buscando su contacto agradable y llevé mi derecha hacia su pelo, jugueteando con uno de sus mechones, largos y rojos como los míos. Reí suavemente cuando dijo “pitote”, me hizo gracia esa tontería. Y aclaró que no solo había sido ese placer, sino el calor en el corazón también, aunque lo llamó “patata”. Sonreí como si mi erudita alma se hubiese esfumado y hubiese sido sustituida por la de una niña que se divertía con palabras como aquellas. Preguntó entonces sobre qué pensaba yo sobre ello, y que sentía, si es que lo hacía igual que él. Sus mejillas sonrojadas, la sinceridad que sus palabras delataban, todos sus gestos me…

—Me haces estallar la “patata”, gatito mío. —respondí sonriendo y utilizando de nuevo su jerga. Después, llevé la mano que él tenía sobre mi mejilla hasta mi pecho izquierdo, justo encima del corazón y bajé mis párpados— Me ha encantado cada segundo que hemos pasado juntos. Cada beso, cada roce y cada… —miré a un lado con una sonrisa traviesa y totalmente sonrojada— Los he sentido en cuerpo y alma, ¿sabes?

Solté entonces su mano y me apoyé en el suelo para levantar la cabeza y observarlo, mientras él se tumbaba de nuevo y suspiraba mirando al cielo. No podía apartar la vista de él, esa sensación era más adictiva que la mejor de las salsas Sriracha, y mira que me encantaba. Tras el suspiro, afirmó que no quería que ese día acabase.

—Ojalá poderme quedar a tu lado para siempre… —confesé dejándome llevar por la emoción que me embargaba y sin darme tiempo a pensar en las palabras, escondiendo la cara tras mi pelo suelto al girarla avergonzada.

Una risilla me sacó de mi verguenza, una que denotaba algo… travieso.

—¿Qué pasa, minino? —pregunté con curiosidad y suspicacia al ver su rostro que escondía algo juguetón.

Me rodeó con las manos y me hizo girar hasta quedar debajo, haciendo que se me saltase un latido. ¿Cómo podía estar tan atontada? Contuve un grito interno y en su lugar sonreí abiertamente cuando me guiñó un ojo y se levantó, añadiendo que había tenido una idea. Me incorporé sentándome, doblando las piernas y reposando el peso lateralmente en ellas apoyándome en el suelo con la mano derecha y llevándome la otra al pecho. Observé como miraba a los árboles, confundida por no saber que tramaba, y se acercó a su ropa interior para ponérsela, dejándome con una sonrisilla al ver como todavía podía ver sus glúteos prietos.

—Shshshsh… —reí ligeramente y acto seguido sorprendiéndome por ello— Ehem, ehem. —carraspeé mirando hacia otro lado.

“¿Qué akumas te pasa, Iki?” me dije a mí misma mientras me abofeteaba la cara. Garnet volvió a reir, diciendo que volvía en breves, con su laúd colgado al hombro y que fuese vistiéndome mientras, que no quería que mi culito pasase frío.

—Tontito… —respondí con cariño para después ponerme en pie cruzándome de brazos enfurruñada— Como no vuelvas y me dejes aquí plantada, te llevaré directito a Impel Down. —lo amenacé con una mentira que ni yo misma me creía— Te espero aquí, tigre. —respondí al final sonriendo y viendo como se alejaba transformado a través de la tupida vegetación.

Cada vez había menos luz en aquel claro, y mi sentido de la vista, aunque agudo, no era demasiado bueno para la noche, que lentamente se cernía sobre los enamorados como un telón invisible amenazando nuestro tiempo juntos. Aproveché que todavía podía ver lo suficiente para encontrar, desperdigada por partes en toda la zona, mi ropa. Primero recogí mi camisa, que estaba manchada de su sangre. Era inservible, además de que no podía volver con ella puesta a nuestra residencia con el resto de marines. La arrugué entre mis manos y hundí la cabeza en ella, encontrando un emocionante olor a hierro que me hizo suspirar. Envolví la prenda en una de mis manos mientras seguía olfateándola y buscaba el resto de mi ropa. El sujetador, rojo como mi pelo, se encontraba entre unos arbustos ala derecha. La parte inferior de mi uniforme, los pantalones negros, de alguna forma extraña, estaban colgando de una rama de un árbol a más de 15 metros. “¿Cómo demonios han llegado hasta ahí?” me pregunté riendo para mí misma. De verdad no tenía ni idea de en qué momento había ocurrido, pero con la “locura” que había sido todo aquello, tampoco me sorprendía. Renuncié a mis ajustados pantalones, entonces, lanzándoles un beso por haberse portado tan bien hasta el momento, y busqué el resto de mi atuendo. Las braguitas y zapatos estaban juntos a unos pocos metros del jaguar, y como me parecía que era feo ponerse zapatos de ese tipo llevando solo ropa interior, prescindí de ellos. Así pues, me quedé en mi conjunto de lencería, dejando en el suelo al fin la camisa, y con la parte inferior que tapaba algo más que la de Garnet, pero dejaba a la vista la mitad de mi hermoso, suave y redondo culito. También debo decir, que lo prefería así. Ocultar mi cuerpo era un crimen absoluto, no entendía como la Marina podía permitirlo.

A través del oído escuché como se alejaba hasta que el silencio quedó en silencio de nuevo. Algunas brancas se rompían aquí y allá, delatando la fauna que había en el lugar. ¿Habría algún carroñero al acecho de darse un festín con nuestro jaguar? Busqué la silueta del jaguar, cada vez más difícil de divisar para mí. Anduve hasta él, poniéndome a cuclillas y acariciando su cabeza como si fuese una mascota.

—Al final sí que has sido un gran aliado para mí, ¿sabes? —susurré al animal con una tierna sonrisa recordando como lo había considerado un aliado para acabar con mi pelirrojo con un resultado completamente opuesto.

El silencio del claro me permitía pensar con algo más de claridad sobre todo lo que había sucedido entre Garnet y yo aquel día. Un pequeño eco de las voces conseguía colarse a través de la calma. Dudas sobre el futuro, sobre mis compañeros, los suyos, e incluso sobre la Marina. En lo único que tenía una confianza plena y que ni tan solo esos malignos susurros podían resquebrajar, era en él. Creía firmemente que los dos nos profesábamos los mismos sentimientos, fuesen cuales fuesen, y que aquello era sincero y puro, además de emocionante. Pero, ¿qué había de mis compañeros? Karl lo había declarado su rival abiertamente en la pelea que tuvieron, la frustración en su rostro y la slágrimas que derramó tras la pelea me hacían imposible creer que pudiese aceptarlo, lo cual me desgarraba. Yo la apreciaba muchísimo, aunque no lo expresase, pues no estoy acostumbrada a ello. Y estoy segura de que Joe no aceptaría algo así en la vida. Sephiroth, tal vez lo viese de otra forma, o al menos así me lo hacía pensar el comentario que tuvo Garnet respecto a él en nuestra cita. Aun así, era demasiado arriesgado para mi carrera, y necesitaba llegar a lo alto para cumplir mi objetivo vital. Me dolía no poder contárselo a nadie, pero era un dolor millones de veces inferior al que sentiría si me alejara de él. Y respecto a sus compañeros… No tenía ni idea de quienes de los participantes formaban parte de su tripulación, ni si había más, y tenía grandes dudas de que ellos también fueran como él. Garnet era una excepción, pero que hubiera más como él me era imposible de imaginar. Tendría que verlo con mis propios ojos para aceptarlo, pues además suponía que… algo malo sucedía con la Marina, y aquello se me hacía absolutamente imposible de creer sin pruebas. Y si era así, ¿qué haría al respecto? No tenía ni idea, y me daba absoluto pavor imaginar que su “justicia” no fuera la que yo defendía. Por primera vez en seis años de servicio, me cuestionaba cosas. Yo, que siempre había defendido su moralidad por encima de todo. Pero cuestionar, no significa renegar de ella. No, solo implicaba que tal vez tuviese que corregir algo, y para ello, debía ascender y ponerme al mando.

Los minutos de espera se me hacían eternos, anhelando compartir más tiempo a su vera. Seguía acariciando al felino con mis manos, pensativa, hasta que escuché un ruido acercándose en mi dirección.

—¿Garnet? —pregunté levantándome con precaución, más bestias aparte de un felino guarrete podían estar acechando en la oscuridad.

Para mi regocijo, la dulce y melódica voz de mi bonito minino me llamó, y lo vi acercándose con una expresión ilusionada que me hizo sonreír y echar a andar hacia él sonriendo plenamente y compartiendo su expresión. Dejó sus cosas en el suelo y se acercó a mí, extendiéndome la mano, todavía transformado y preguntando si estaba preparada para flipar. Me coloqué frente a él, tomando su mano, o pata más bien, tirando levemente de ella y poniéndome de puntillas elevando mi mentón, esperando que se agachase para poder darle un beso. Reposé mi otra mano en su abdomen contra su pelaje, sintiendo una sensación agradable y reconfortante. Volví a mirarlo con alegría e ilusión, asintiendo enérgicamente. Su sola presencia había vuelto a silenciar los murmullos de mi cabeza.

—Te he echado de menos, mi tigre, ¿sabes? —comuniqué con una sonrisa radiante— A ver que tiene mi precioso gatito para mí.


Karmas
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#3
Parecía mentira que el pirata estuviera pasando uno de los baches mentales más tochos de toda su vida pues, lo que había sucedido aquel día, aquella tarde - y lo que estaría a punto de ocurrir esa misma noche - hacía que por cada poro de la piel del pelirrojo rebosara una gran dosis de felicidad. Que cada pensamiento, sentimiento y gesto positivo que tuviera hacia Ikirami, fuera mutuo y correspondido, hacía a Garnet flotar en una auténtica nube. Mientras se movilizaba entre la vegetación y arboleda, con el propósito de preparar su detallista y perfecto plan, no podía dejar de pensar en ella, en como le confesaba que a ella también le iba a estallar su pequeño corazón, y como le encantaba cada segundo que pasaban juntos los dos enamorados, hasta el punto de desear poder estar siempre a su lado. De sólo volver a recrear esas palabras, la sangre que circulaba por el torrente sanguíneo del pirata se concentraba en la zona de las mejillas. Tampoco podía olvidar como, de forma cariñosa - y de manera que a Garnet le pareció extremadamente adorable -, Ikirami amenazaba al skypiean con enviarlo a Impel Down si se atrevía a dejarla allí abandonada. Ciertamente, el pirata la miró confundido, al no saber exactamente lo que era ese tal Impel Down, pero lo que si sabía es que, ni de broma, iba a abandonarla, por nada del mundo, cosa que le hizo saber con una gran sonrisa dibujada.- PUAJAJAJAJA ¡Cómo si fuera tan tolai de dejar escapar a tremenda diosa! ¿Es o no es?.- Le dijo, con la esperanza de que se quedara tranquila. De todas formas, esa pequeña inquietud que podía carcomer a la pelirroja, era razón de más para que se diera la mayor de las prisas, en aquello que tuviera que hacer, fuera lo que fuera.

Tras ultimar todos los preparativos correspondientes volvió, tan rápido como pudo y sintiendo la brisa del viento estamparse contra su peludo cuerpo, a por su Ikirami. No podía dejar de sonreír, de tan solo pensar en la reacción que tendría la pelirroja ante la pequeña sorpresa que le deparaba. Al retornar al claro, pudo escuchar como su chica preguntaba su nombre, asegurándose, seguramente, de que no estaba al acecho ninguna otra bestia. Al escucharla, no pudo evitar ilusionarse, aún más, llamando el nombre de su amada con un tono lleno de felicidad y comenzando a mirar a su alrededor, para encontrar a la bella mujer. Sus pupilas de gato se contrayeron, quedando en una fina línea vertical que le permitía observar mejor y detectar figuras en la oscuridad. De esta forma, pudo ver a la marine, quién estaba de pie, junto al jaguar que anteriormente noqueó y sobre el cuál, después, tuvieron su primera dosis de marranadas y cochinadas lujuriosas. Al tenderle la mano, preguntándole si estaba preparada para lo que se venía, Ikirami la agarró con sus suaves dedos, atrayéndolo hacia ella, con la intención de regalarle un beso que, Garnet, aceptó más que encantado, agachándose para estar a su altura y, de forma recíproca, aproximando sus labios hacia los de la mujer. Aparte de la dulce ambrosía de su boca, pudo notar el agradable y cómodo tacto de su mano sobre su abdomen y su pelaje, igual de satisfactorio que si le acariciara la propia cabellera de la cabeza. Tras eso, Ikirami alzó su cabeza, para mirar al tigretón, y comunicándole que, durante su ausencia, le había echado de menos, además de expresar las ganas que tenía de saber que era lo que le tenía preparado.- Perdona, Iki, ¿el menda ha tardado demasiado tiempo?- Dijo con ligera tristeza, que se desvaneció casi al instante al volver a su mente lo que le esperaba a la marine.- Espero que lo que te he preparado te deje con el culo roto puejeje...- Expresó con la misma ilusión que caracterizaba al Garnet de hace unos segundos. Soltó entonces su mano y se agachó, para volver a colgarse todas sus pertenencias - que había dejado en el suelo - en sus hombros.- Entonces, lo tienes todo ¿es...- Comenzó a asegurarse de que Ikirami estaba preparada cuando, alzando su vista, de abajo hacia arriba, pudo ver que la marine estaba completamente en bolas, salvo por su sensual lencería de color rojo pasión.-...O no es?- Estaba tan obnubilado por su felicidad que no se había dado cuenta, tornándose sus ojos en corazone y sacando su lengua por completo.- De verdad... Puejeje... Qué bien le sienta esa ropa interior a tu cuerpazo...- Comentó, lascivamente, ante la increíble figura que podía apreciar. Acto seguido, se levantó por completo, y meneó su cabeza hacia los lados, para recobrar la compostura.- Perdona, es que el menda tiene que acostumbrarse a tener una diosa de novia, ¿es o no es?- Se disculpó, tras lo cuál, se agachó ligeramente, para situar su izquierdo por detrás de sus rodillas y su derecho por detrás de su espalda para justo después, levantarla y cogerla en brazos.- Pues vamos a tirarle, ¿es o no es?-

Justo tras eso, como una bala, corrió hacia el este del valle, en todo momento cuidando de que Ikirami no se lastimara con ninguna rama ni arbusto que se interpusiera por el camino.- Si estás incómoda lo sueltas sin ningún problema, Iki- Advertía el felino mientras se desplazaba a gran velocidad y agilidad. Ciertamente, menos mal que Garnet contaba con la capacidad que le permitía tener una considerable visión nocturna, porque si no, se habría estampado ya con toda clase de obstáculos. Encima, iba pendiente, mirando hacia arriba y buscando algo, algo que él mismo había colocado con antelación.- Nanai... Todavía no...- Repetía cada dos segundos, casi para sí mismo, mientras intercalaba su mirada entre lo que tenía al frente y lo que tenía encima. Momentos después, tras llegar a una zona donde los árboles se vislumbraban con una menor altitud de lo normal - en aquella gigantesca selva / jungla / bosque -, se paró en seco, sonriendo con picardía.- Puejeje, aquí es.- Declaró, aún con Ikirami en sus brazos, y flexionando sus piernas para dar un buen salto. Pero justo antes, y como si el destino quisiera preservar aún más aquel momento, dotándolo de una magia inconmensurable, pequeñas luces, que variaban entre los tonos amarillos y verdes, comenzaron a emerger, de todas partes, debido a la oscuridad total que inundaba la zona. Al ver esto, Garnet se quedó completamente atónito. Aquellas pequeñas luces, comenzaron a revolotear, alrededor de los enamorados, y desplazándose en todas las direcciones posibles.- No me jodas, ¿luciérnagas?- Se preguntaba así mismo, emocionadísimo de que, el momento tan íntimo que tenía listo para Ikirami, pudiera mejorar aún más si cupiera.- ¡Agárrate fuerte, Iki!- Aconsejó a su amada, ahora sí, realizando un salto, de unos 15 metros, que le hicieron sobrepasar las copas de los árboles que llegaban, a lo sumo, a los 9 metros de altura, cubriendo con su corpulento cuerpo, en todo momento de que ninguna rama lastimara el perfecto cuerpo de la marina. Al sobresalir de aquella capa frondosa de vegetación, se podían ve la luna, brillando en lo más alto del nocturno cielo junto a las múltiples estrellas, que brillaban con una mayor intensidad, debido a la ausencia de la poca contaminación lumínica que podía existir al admirarlas desde una ciudad. Al alcanzar el punto álgido de su salto, a unos 5 metros debajo de ellos, se podía admirar una pequeña plataforma de nubes, de 3 metros de alto por 2 metros de ancho, paralelo al suelo.- Puejeje, ¡ahí esta!- Exclamó ilusionado, maniobrando, justamente después, en el aire, para procurar caer justo encima de allí.

Al tocar sus pies las nubosas plataformas que se situaba bajo sus pies, Garnet dejó a Ikirami, con delicadeza, sobre ella. Seguidamente, deshizo su transformación, para no ocupar tanto espacio ni volumen, volviendo a ser un skypiean de unos 1,80 y pico metros de altura. Seguidamente, el pirata, cogió con cada una de sus manos las propias de la marine, mirándole a la cara, bañada por la luz de la luna y las estrellas, además de las pequeñas luciérnagas que, casi atraídas por el amor que se palpaba entre los dos pelirrojos, comenzaron a revolotear hacia arriba.- Puejeje, los árboles del sitio de antes no nos dejaban ver el cielo...- Comenzó a decir, sonrojado, desviando su mirada con una sonrisa tierna.- Y sería una pena no poder ver nuestro primer cielo estrellado, ¿es o no es?- Volvió, entonces, a dirigir sus pupilas hacia los de la marine.- Aunque tú seas la estrella más brillante de todas, puejeje.- Aproximó entonces sus labios hacia los de la marine, depositándole un tierno beso.- ¿Te mola la idea, Iki?- Preguntó nervioso, separándose de ella para, acto seguido, sentarse sobre el centro de la plataforma, dejando las rodillas flexionadas - mirando ambas hacia arriba - y apoyando sus dos manos en las mismas nubes.- ¿Te hace que te cuente mi historia entonces, Iki?- Preguntó, ansioso también de ver la respuesta y reacción de la bella mujer ante, lo que había sido, un pequeño detalle que le había salido del alma.

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#4
Genial, el minino había caído completamente en mi trampa, incluso me había llamado DIOSA. Y en cierto sentido, lo era. "Espera un momento... Ay, que malas son las viejas costumbres", pensé al recordar que en realidad no había trampa ni artificio, y que no estaba tramando nada. Todo aquello aún se me hacía extraño, casi ajeno, como si todavía no acabase de encajar del todo en el fondo de mi mente. Tras un rato a solas, sumida en una meditación no muy agradable con mis demonios acechando en cada sombra que el atardecer proyectaba en nuestro claro, él regresó en su forma híbrida. Me pregunté si era normal que, a pesar de ser un hombre medio tigre, me excitase y me agradase tanto su aspecto y su pelaje. Tal vez era porque era él, y recordaba lo bien que nos habíamos sentido antes en esa forma. No importaba el aspecto que tomara, me fascinaba todo de él. Tras un breve pero significativo beso con mi bestia salvaje, se disculpó por haberme hecho esperar.

—No, tranquilo. —respondí con una sonrisa— Solo tenía muchas ganas de volver a verte de nuevo, ¿sabes?

Con la ilusión irradiando en su cara, como la de un niño pequeño que me enterneció por completo, me dijo que esperaba que lo que había preparado me dejase "con el culo roto".

—Shshshshsh. —me reí sin poder evitarlo al escuchar sus palabras tan encantadoramente sinceras. Era tan adorable— Confío en que será maravilloso.

Me preguntó si lo tenía todo listo mientras me acercaba a un lateral, donde descansaba mi bolsa. Me agaché para recogerla, de espaldas a él. No necesitaba girarme para saber que me estaba observando. Podía sentir su mirada clavada en mi trasero. Sonreí, sosteniendo la bolsa con una mano levantada y apoyando la otra sobre mis caderas. Balanceándome, giré la cabeza hacia él cuando comentó sobre lo bien que me quedaba mi ropa interior. Los cumplidos siempre eran bienvenidos, verdades tan absolutas como que la tierra es redonda y que el sol sale cada mañana. Pero viniendo de él, me hacían sentir especial.

—Y eso que no has visto mi lencería más... atrevida. —le respondí, riendo suavemente mientras volvía junto a él.

Una vez frente a él, sonreí y me mordí el labio inferior, impresionada por lo adorable que estaba en su forma híbrida, sacudiendo su cabeza y disculpándose por no estar acostumbrado a tener a una diosa como novia. "Novia..." La palabra se me clavó en la mente, haciéndome sonrojar. Sacudí la cabeza, al igual que había hecho él un momento antes, tratando de serenarme, y respiré hondo, cerrando los ojos por un momento para dejar de ver a ese hermoso felino.

—¿¡Q-Qué…!? —exclamé, abriendo los ojos de par en par al sentir que mis pies se separaban del suelo.

Me encogí, cruzando los brazos sobre mi pecho y agarrando mis manos con fuerza, mientras miraba asombrada y a la vez avergonzada a mi apuesto tigre, sosteniéndome entre sus musculosos y peluditos brazos. Mi rostro, más rojo que una cereza, no podía ocultar la emoción, y mis ojos brillaban intensamente. Enmudecí ante su presencia imponente y solo pude asentir, sin apartar la mirada de él, cuando dijo que nos íbamos. La aceleración me tomó completamente por sorpresa. Debería haberlo previsto tras ver cómo apenas podía seguirlo con la vista durante su combate contra Karl, pero su acción me descolocó por completo. Cerré los ojos y rodeé su cuello con mis brazos, abrazándome a él y hundiendo mi rostro en su pecho. Nos movíamos a toda velocidad, a través de la oscuridad de la noche en la densa selva. Estaba convencida de que en algún momento nos estrellaríamos, pero, aparte del aire, ni una sola rama ni hoja me tocó. Negué con la cabeza cuando me preguntó si estaba incómoda. Era tan cuidadoso conmigo... Abrí entonces los ojos y vi cómo las oscuras siluetas se movían rápidamente detrás de nosotros. Giré la cabeza hacia el frente, sintiendo mi cabello revoloteando. La emoción me embargó, y sonreí mientras la adrenalina recorría mi cuerpo como una corriente.

—¡Es... increíble! Shshshsh. —grité, riendo y esperando que pudiera escucharme a través del rugido del viento.

Abracé a mi tigre con más fuerza, sintiendo el suave y cálido pelaje bajo mis manos. Normalmente, necesitaba tener todo bajo control, saber exactamente dónde estaba y a dónde me dirigía, era esencial para poder actuar correctamente y con eficiencia. En cualquier otra situación, habría detestado la incertidumbre de no ver el camino, pero con él era diferente. Con sus fuertes brazos sosteniéndome y protegiéndome, me sentía completamente segura, y el destino no importaba tanto como el viaje a su lado. Una sonrisa amplia se dibujó en mi rostro mientras disfrutaba del trayecto, escuchando el murmullo suave de su voz, apenas audible sobre el rugido del viento. De repente, nos detuvimos en medio de la oscuridad, y él se rió, diciendo que habíamos llegado. La penumbra nos envolvía completamente.

—¿Aquí? —pregunté confundida, notando como bajaba la altura a la que me sostenía— No veo na…

Entonces, como si el aire mismo se convirtiera en un cuento de hadas, pequeños destellos amarillos y verdes comenzaron a surgir, llenando el ambiente con su luz titilante. Era como si las estrellas hubieran descendido del cielo para danzar alrededor nuestro, iluminando la oscuridad con su resplandor mágico. Los diminutos puntos de luz flotaban desde el suelo, ascendiendo hacia nosotros en un movimiento suave y ligero, creando un espectáculo que parecía sacado de los más bellos sueños. Con un gesto casi instintivo, extendí la mano, deseando tocar aquella maravilla que nos envolvía. Mi corazón latía con fuerza, cada vez más rápido, embriagado por la emoción y la belleza del momento. Entonces, mi querido me llamó, aconsejando que me agarrase fuerte. Sonreí y devolví mi mano a él, afianzando todavía más que antes mi agarre, preparada para lo que quisiera hacer. Sentí como nos elevábamos, sin saber a dónde, pero me dejé llevar con él hasta que salimos por encima del dosel arbóreo. Alcé la vista cuando sentí una nueva luz sobre nuestra piel.

En lo alto, la luna brillaba, llena y hermosa, rodeada de miles de estrellas y bañando con su luz plateada nuestros cuerpos como una suave caricia de terciopelo, envolviéndonos en su etéreo abrazo. La ingravidez que me envolvió al llegar al punto culminante del salto desató una corriente de cosquilleo que recorrió todo mi ser, dejando mi respiración atrapada en un suspiro de asombro. Boquiabierta, observé el majestuoso espectáculo que se desplegaba a nuestro alrededor. Giré la mirada hacia mi tigre, que buscaba algo bajo nosotros, ilusionado al dar con su objetivo. Lo seguí en su búsqueda y, bajo el resplandor del cielo estrellado, pude vislumbrar unas nubes blancas y esponjosas extendiéndose unos metros por debajo de nosotros. Cuando el impulso de nuestra aceleración se agotó, empezamos a descender suavemente. No sentía miedo alguno ante la altura que nos separaba del suelo, por el contrario, la experiencia era increíblemente emocionante y me llenaba de una extraña pero reconfortante seguridad. Con la gracia y la precisión de un felino, mi tigre nos dirigió hacia esas nubes. Al principio, pensé que simplemente la atravesaríamos, pero en lugar de eso, nuestra caída se detuvo, como si aquella nube fuera un colchón suave que frenara nuestro descenso, sosteniéndonos por encima de la espesura de la jungla. Debería haberlo previsto, tratándose de Skypiea, pero me sorprendió por completo. Estaba… Estaba en una nube, en todos los sentidos posibles de la frase. Con suavidad, el hombre que hacía latir mi corazón a mil me dejó en pie sobre aquella esponjosa nube. No sabía como había hecho aquello o cómo lo había encontrado en la oscuridad, pero me daba igual. Tenía la respiración acelerada, mirando hacia abajo y con las manos recogidas en mi pecho, que no cabía de la emoción. Las luciérnagas estaban ascendiendo en nuestra dirección, danzando en la oscuridad como en un espectáculo privado únicamente para nosotros. Volví la mirada a él para ver como volvía a su forma habitual y cogía mis manos. Apreté con fuerza las suyas, casi incapaz de contener el calor que llenaba mi pecho. Rió al mencionar que los árboles no nos dejaban ver el cielo, sonrojándose y desviando la vista sonriente añadiendo que sería una pena no poder ver “nuestro primer cielo estrellado”. Se me cortó la respiración, mirándolo fijamente. Estaba… paralizada por completo. Incapaz por completo de hacer nada más que quedarme ahí, como si mi cuerpo fuese el de una estatua de una diosa hermosa y exuberante. Y si todo aquello, no fuese suficiente, volvió a penetrarme con su intensa mirada para añadir que yo era la estrella más brillante de todas, acompañándolo con un tierno beso y preguntando si me gustaba la idea, “Iki”...

KO técnico.

“AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH” gritó mi interior sin poder soltar un solo sonido, pero mi corazón latiendo tan fuerte que pensaba que iba a morir en aquel mismo instante y con la cara más roja que nunca, nunca, nunca antes.

De pronto, mi cuerpo se entregó a una relajación absoluta, como si ya no pudiera soportar ni un ápice más de tensión, liberando las emociones aprisionadas en mi interior. Solté mi mano izquierda, y con un movimiento suave, coloqué el antebrazo sobre mis ojos. Mi cuerpo se inclinó hacia atrás, abandonándose como si no fuese más que una hermosa muñeca de trapo, sosteniéndome únicamente con la firmeza de mis pies y el fuerte agarre de Garnet con mi otra mano. Con la cabeza inclinada hacia el cielo, una amplia sonrisa que revelaba mis dientes se dibujó en mi rostro. Levanté el brazo lo justo para poder contemplarlo directamente desde aquella posición inclinada, y mis ojos, cubiertos de lágrimas de pura felicidad, reflejaban la inmensidad del amor y la alegría que sentía en ese momento.

—No podría ser más perfecto. Como sigas así, creo que me vas a matar de amor, ¿sabes? Shshshsh. —respondí a su pregunta, utilizando su brazo para erguirme, secándome las lágrimas con la contrari, volviendo a sostenerme por mí misma y soltando finalmente su mano.

Siguiendo su gesto, me senté junto a él de la misma forma, apoyando mi mano derecha sobre la suya con una dulce y sentida caricia. Alcé la vista al cielo, con su cortina de luces centelleantes como ojos posados sobre nosotros. La belleza de aquellas tierras en los cielos era absoluta, y nosotros nos encontrábamos sobre ellas, profesándonos elogios y palabras tan dulces como sinceras. Preguntó entonces, mi querido gatito, si me apetecía escuchar su historia.

—Sí. —respondí asintiendo con rapidez, mientras me acomodaba un poco hacia la derecha. Con la mano izquierda, acaricié suavemente su flequillo, dejando que mis dedos se deslizaran por el mechón hasta alcanzar su mentón, donde tracé una caricia— Quiero saber todo sobre ti, cada detalle que ha forjado la persona que eres hoy.

Mientras pronunciaba estas palabras, las luciérnagas que nos habían seguido desde el suelo nos alcanzaron, elevándose a nuestro alrededor como si las mismas estrellas hubieran descendido para rodearnos con su resplandor mágico. Solté suavemente su rostro y me arrodillé, con la emoción dibujada en la mía mientras levantaba ambas manos, maravillada por la luz que nos envolvía. Una de esas pequeñas luces vivientes se acercó lentamente, como si también estuviera fascinada por nuestra presencia. Se posó delicadamente en mi palma, y un cosquilleo suave recorrió mi piel al sentir su diminuto cuerpo. Cerré los ojos, dejando que una sonrisa iluminara mi rostro al acercar la mano hacia mí para disfrutar de su luz. Abrí los ojos de nuevo, para encontrarme con su mirada.

Escena


—Quiero conocer más a fondo a la persona que amo. —finalicé, elevando el brazo para que la luciérnaga extendiera sus alas y revoloteara a nuestro alrededor, dejando tras de sí una estela de luz que parecía danzar para nosotros con una coreografía tan bella como nosotros.

Tal vez fuera precipitado, desafiando toda cordura y lógica, pero no podía seguir negando las emociones que brotaban en mi corazón, aquellas que mantenía celosamente bajo llave, temerosa de dejarlas salir. Sin embargo, junto a él, esas emociones clamaban por liberarse, y decidí que ya no las reprimiría más. Las dejaría volar, desplegando sus alas aunque fuera solo con él, mi minino, permitiéndoles surcar los cielos como las luciérnagas que danzaban a nuestro alrededor. Porque en él había encontrado el refugio donde esas emociones podían salir a flote sin miedo, abrazando la libertad que tanto anhelaban en lo más profundo de mi ser.
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#5
Escuchar de sus labios las ganas que tenía de volver a verle durante su moderada ausencia era música celestial para sus oídos, que junto a lo adorable de su risa, su bello rostro y su perfectamente esculpido por los dioses cuerpo cubierto en lencería hacía que su corazón bailara a ritmo de heavy metal. Era imposible no quedarse embobado y babear por ella, y aún menos si se daba la vuelta, agachándose, y dejando a la vista su suave y redondito culito. A pesar de su comentario sugerente de que aún no había visto su lencería más atrevida, poniendo algo perro al minino - valga la paradoja -, no era el momento de marranadas, y Garnet lo sabía, por lo que, cuando ya había cogido todas sus pertenencias, fue directo a cogerla entre sus brazos, notando en la marine la sorpresa por la espontaneidad de la acción del pirata, saliendo disparado con gran rapidez hacia el destino que les aguardaba.

Durante el trayecto, notó como Ikirami se aferraba al cuello del pirata con sus brazos y hundía su cara en el peludo pecho del skypiean, sintiendo aún más conformidad con ella. Aún era inexplicable para Garnet como, el más mínimo gesto que tuviera la pelirroja con él, por tonto que fuera, podía hacerle sentir tan calentito, en todos los aspectos posibles. Luego, pudo escuchar algo por parte de Ikirami que resultó ser parcialmente inentendible debido al sonido del viento impactando con moderada fuerza sobre ellos, preocupándose momentáneamente por ella por si algo le había sucedido pero, al notar como le abrazaba con más fuerza, interpretó que todo esta bien.

Al parase en seco, Ikirami, confusa, y con una completa falta de visión debido a la oscuridad total que ya se cernía sobre el bosque, preguntó si era ahí dónde Garnet tenía planeado llevar a su amada. Parecía que iba a decir algo más pero, antes de que pudiera terminar de articular otra palabra, llegó la magia. Como si fuera un cuento de hadas, las luciérnagas aparecieron, una a una, iluminando tenuemente, pero lo suficiente como para poder lo que les rodeaba. En el caso del pirata, ver a su mujer, recibiendo esos brillos de tonos verdes y amarillos, al mismo tiempo que ella extendía su mano, hacia una de esas luminiscentes criaturas, hacía derretir el corazón del pirata. Pero aún quedaba lo mejor así que, sin más dilación, saltó, sintiendo como la marine se aferraba a él con una fuerza aún mayor. Toda aquella peripecia acrobática, se reflejó en un suspiro de asombro de la marine cuando consiguieron emerger de la arboleda, recibiendo la luz nocturna de todo el cosmos en sus pieles.

Después de aterrizar, exitosamente, en la plataforma de nubes que había preparado con antelación, observó como la marine tenía la respiración acelerada, con las manos en su pecho y mientras miraba hacia abajo. Garnet pensó que probablemente se había pasado de intrépido, tanto en la velocidad de su desplazamiento como en la altura de su salto. Tenía que calmarla de alguna manera, y al pirata no se le ocurrió mejor forma que contarle todo lo que había pensado para ella. Al deshacer la transformación de su Akuma no Mi, agarró con firmeza las manos de Ikirami, contándole todo lo que había ideado, y acabando con un piropo que Garnet pensaba que así era de todo corazón. En cierto punto, notó como la marine se quedaba quieta, deteniendo su anterior y acelerada respiración.- Algo me ruge que he conseguido que se relaje, puejeje...- Pensaba aliviado. Mas, pobre iluso de él, no tenía ni idea de lo que todo aquello había ocasionado en la joven.

Con la cara mimetizada con el color de su cabello, la marine, de repente, se quedó completamente languida, soltando su mano izquierda de la diestra de Garnet, posicionándola frente a sus ojos -los de ella- en la zona del antebrazo y, seguidamente, dejándose caer, salvándose de esa tragedia gracias a la mano con la que sostenía aún a la mujer y a sus propios pies, que aún se paraban sobre la nube con firmeza. El pirata se acercó preocupado, rodeando, con su brazo libre la zona lumbar de Ikirami. Al acercarse - y después de que la mujer levantara su brazo - pudo prestar más atención a sus rojizos ojos, apreció como estaban húmedos, como si estuviera a punto de llorar.- ¡¿Ikirami?! ¡Mierda! ¡¿L-la habré cagado?!- Se sobresaltó, alterado, ante la idea de que no le hubiera gustado su sorpresa pensando que, quizás, tenía miedo a las alturas y todo. Pero esta línea de pensamientos de desintegraron al escuchar como no podría ser perfecto, añadiendo que, si seguía así, la iba a matar de amor. Oír aquellas palabras, hicieron que el skypiean se ruborizara y respirara aliviado.- Eran lágrimas de felicidad... Ufff, menos mal...- Sonreía intensamente hacia su amada, mientras ella se volvía a poner firme, al mismo tiempo que soltaba la otra mano de Garnet y se limpiaba sus lágrimas.

Cuando el skypiean se sentó sobre la nube, la marine le siguió, sentándose a su lado, y posando su diestra sobre la siniestra del pirata, notando sus caricias hasta que, Garnet, apresó sus dedos entre los de la marine, no queriéndose perder ni por un segundo el dulce tacto de toda su mano. Estaba siendo todo tan ideal, tan platónico, que era como si aún estuviera sobre una nube, y lo mejor de todo era que estaban sobre una, así que aquello que estaba pasando era completamente real. Poder apreciar y admirar el cielo nocturno, junto a una persona, que en tan poquísimo tiempo, había conseguido acaparar un rinconcito tan especial de su ser, generaba una sensación indescriptible en Garnet. Al preguntar si le hacía que el pirata le contara su historia Ikirami, acomodándose y comenzando a acariciar con su otra mano tanto el flequillo como el mentón del pelirrojo, asintió rotundamente, añadiendo que quería conocer todo lo que había hecho que se forjara la persona que hoy se hallaba frente a ella. El pirata se dedicó a mirarla, fijamente, con una sonrisa llena de complicidad, sonrisa que se intensificó cuando la luciérnagas comenzaron ascender por encima de las copas de los árboles, y revoloteando alrededor de los enamorados, como si estuvieran danzando al compás de su rítmico y palpable amor. La escena que sucedería después, por más que lo intentara, el pirata jamás sería capaz de olvidarla.

Tras soltar su mejilla y arrodillarse, Ikirami alzó sus manos hacia el cielo, hacia esas pequeñas y tenues luces con vida propia de forma que, una de las luciérnagas, seguramente atraída al magnetismo desenfrenado que emitía la mujer, se acercó a ella, hasta posarse en su mano. Al cerrar los ojos, y sonreír, a la par que aproximaba al lumínico bichito hacia su cara, Garnet se quedó completamente absorto, maravillado por la belleza y la magia que se respiraba en esa escena. ¿Estaba presenciando a una hada? ¿Un ángel? ¿Una diosa? Sinceramente, no tenía ni idea, pero era como si estuviera siendo testigo de un milagro, y en cierto modo lo era, ¿acaso su encuentro y el nacimiento de su amor, dadas sus circunstancias, no era un milagro en sí mismo? Era posible pero, cuando los párpados de Ikirami se abrieron, permitiendo que los ojos de Garnet se encontrara con la intensa mirada de la mujer y declaró que quería conocer más a fondo a la persona que amaba mientras dejaba volar a la pequeña luciérnaga, el pelirrojo lo supo. Aquella mujer a la que amaba era su milagro. Sonrojado, al escuchar tales palabras, se aproximó a su mejilla, depositando en ella un beso, al mismo tiempo que la rodeaba entre sus brazos, traduciéndose en un fuerte y tierno abrazo, en el que sintió que sus pieles podían fundirse. Segundos después, se apartó, volviendo a su posición inicial, tragando saliva y cogiendo aún más color su rostro, todo mientras no apartaba su mirada de ella.- I-Ikirami... E-el menda...- Comenzó a tartamudear con nerviosismo, cerrando sus ojos y cogiendo aire a continuación.- Tch, ¡relaja la raja, Garnet, tú puedes! ¿Es o no es?- Se animaba así mismo, abriendo entonces los ojos de par en par.- Ikirami, te amo.- Declaró, a la par que sus pupilas bailaban por la magnitud del momento. Era cierto que a Aurora llegó a decirle que la quería, pero no era ni el mismo término, ni se dio en un periodo de tiempo tan corto. No hacía ni 12 horas que había podido conocer en mayor profundidad a esa mujer, pero lo que sentía por ella era tan intenso que podía explotar en cualquier momento. Se quedó durante segundos, mirándola, fijamente, mientras intentaba controlar su respiración. Hasta que giró su cabeza rápidamente hacia el frente, alzándola al cielo.- Hum hum...- Tosió, con los ojos cerrados y llevándose su puño derecho cerrado a su boca.- E-entonces, voy a darle palique a mi historia, ¿es o no es?- Abrió los párpados y la miró de reojo, con una sonrisa. Era hora de que se abriera y contara sobre él.

-Pues al igual que tú, mi historia se pone en marcha en el North Blue, en el Reino Lvneel, situada en la Isla Oykot.- Comenzó a relatar, girando entonces su cara hacia ella.- Con lo lista que es mi chica, seguro que le suena todo eso, ¿es o no es?- Le dijo, guiñándole su ojo derecho para, seguidamente, volver a girar su cara al frente, a la par que acariciaba su mano derecha.-Aunque... Entonces, arqueó su ceja izquierda y puso una mueca, denotando confusión.-Mis viejos me dijeron que nací en otro sitio, y que cuando era casi un recién nacido, se tuvieron que largar a otro lado, por razones que ni pajolera idea...- Se llevó su diestra a su barbilla, acariciándosela pensativo.- Cuando llegamos a Skypiea, algo en mi interior me rugía que es aquí de donde vengo...- Apartó la mano de su barbilla y se encogió de hombros.- Pero a saber.- Dijo, con indecisión, como si viajar a un lugar dónde conviven la mayoría de las personas pertenecientes a tu raza no fuera una razón lo suficientemente convincente. Negó con su cabeza, posando sus ojos sobre los de Ikirami.- Meh, el caso, que me pierdo, es que viví allí durante toda mi vida.- Esbozó una sonrisa incómoda y apretó con fuerza la mano de la marine.- En comparación a ti, Iki, tuve una infancia normal, la verdad.- Con su diestra se señaló, entonces, las protuberancias de su cabeza.- Aunque por culpa de estas mierdiantenas...- Siguió señalándose sus pequeñas alas tintadas de negro, girando su tronco superior ligeramente, para que su espalda quedara frente a Ikirami.- Y las alas de pollo me tacharon de friki y me marginaron casi de por vida puejeje.- Rio, con melancolía, mientras volvía a poner su espalda recta.- Quise esconderlas, pero mi vieja me decía que debía estar orgulloso de ellas, que eran no sé qué de un símbolo de dónde venimos, o algo así.- Comentó de morros y mirando hacia un lado de reojo. Volvió a negar con la cabeza, centrando su mirada en el cielo nocturno.- Luego, también me comí la fruta esta siendo un enano, por lo que la peñuqui me evitaba aún más.- Suspiró.- El menda, que en esa época era muy inocente e inseguro, lo único que tenía era a mi vieja, ya que el viejo trabajaba siempre de más. No era una mala vida, pero tampoco era feliz, para que mentirte.- Esbozó entonces una sonrisa, alimentada por la luz de las estrellas.- Entonces, mi vieja, por mi noveno cumple, después de que tocara una melodía que jamás olvidaré, me regaló mi primer instrumento, descubriendo la gran pasión que, más adelante, recorrería mis venas.- Volvió a dirigir su mirada hacia la bella mujer, con una sonrisa llena de determinación.- Ahí fue cuando mi alma gritaba que el menda tenía que ser músico, pasara lo que pasara, ¿es o no es?- Confesó el músico, parando de seguir contando su historia, por si Ikirami tenía que decir algo al respecto. Había cosas de su pasado que, aunque no fueran trágicas, dolía contar. Pero, al hacerlo frente a la mujer que amaba, sentía una liberación y un calor en su pecho que le hacía querer hablar más sobre toda su vida.

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#6
¿Cómo podría haber imaginado que, además de ser apasionado y un amante excepcional, Garnet también podía ser tan romántico? En verdad, parecía una escena sacada de una de esas novelas de amor que las mujeres solitarias leen por las noches mientras se relajan en un baño. Bajo un cielo estrellado, en una noche de luna llena, flotando sobre una nube en un reino celestial. Todo era perfecto, ¿quizás demasiado perfecto? Puede, pero estaba rebosante de felicidad y ese calorcito al que me podría acostumbrar, uno que no me disgustaba para nada. Y por si aquello no fuera suficiente, cuando dejé volar mis sentimientos convirtiéndolos en palabras, mi minino me concedió un beso en la mejilla acompañado de un abrazo al cual me aferré con una ligera sonrisa. Me bañé en su contacto sintiendo mariposas en el estómago y suspiré, satisfecha. Él probablemente no lo sabía, pero había podido sentir algo real gracias a él, y reconocerlo. Para alguien que se engañaba a sí misma más incluso que al resto, aquello era toda una proeza. Como si alguien que toda su vida ha sido muda, consigue al fin decir una palabra. Para alguien que careciera del conocimiento de su mudez, podía ser simplemente alguien que había hablado, pero con el contexto correcto la situación cambiaba drásticamente. Satisfecha conmigo misma todavía, Garnet se separó observándome para, con su piel de la misma tonalidad que su pelo, en un esfuerzo por sacar lo que habitaba su mente, decir que me amaba con las luces danzando a nuestro alrededor. Lo más maravilloso en la vida que puede sucederte, es amar y ser correspondido, estoy segura de ello. No podía contener una insuperable sonrisa, fruto de la emoción de escuchar aquello, emerger en mis labios y me lancé a juntar mis labios con los suyos, apresando sus mejillas entre mis manos con delicadeza mientras lo hacía. Mi corazón latía con un ritmo simplemente perfecto. Cerré los ojos un momento y posé mis labios en su frente para después liberarlo alejándome para sentarme junto a él. Finalmente, el dulce gatito volvió a hablar, dispuesto a contar su historia. Ladeé la cabeza, manteniendo una suave sonrisa en el rostro todavía y asentí. Me moría de ganas por descubrir cada rincón de su mente como si se tratase de un libro que contiene los secretos del mundo. De mi bolsa, saqué una goma de pelo, para hacerme un moño. Siempre me ayudaba a concentrarme y quería estar atenta y recordar cada uno de los detalles. Así pues, comenzó a narrar su vida, empezando, cómo no, por donde nació. Al igual que yo, provenía del North Blue, me pareció una coincidencia agradable, aunque se tratara de un mar enorme. Pero abrí los ojos cuando mencionó precisamente el nombre del Reino Lvneel, en la Isla Oykot. Sonreí cuando me guiñó el ojo al decir que con lo lista que era seguro que me sonaba todo aquello.

—Sí, es. Lo conozco. —reconocí con una tierna sonrisa que cargaba con algo más que su comentario sobre mi inteligencia.

¿Sería casualidad que las mismas costas que me salvaron la vida fuesen también de las que él partió a navegar? ¿Habría querido el destino que nos encontráramos incluso antes? Pasé varios años viviendo en aquella isla tras mi “naufragio”, antes de alistarme en la marina. Era una ínfima posibilidad, pero mi mente navegaba calculando cuantas posibilidades había de que en un pasado nos hubiésemos cruzado, sin saberlo, durante aquel tiempo. O tal vez partió antes de mi llegada, no lo sabía, así que seguí escuchando atentamente cogiendo su mano para apresarla. Con cierta confusión, comentó que sus padres le dijeron que antes vivían en otro lugar, que prácticamente era un recién nacido cuando se marcharon por motivos que desconocía. Él tenía la corazonada de que Skypiea podía ser el lugar, pero no estaba seguro.

—Tendría sentido, ¿sabes? Aquí hay muchos Skypieanos, y estoy bastante segura que de ahí viene el nombre. Shshshsh. —recalqué brevemente, sin intención de interrumpirlo.

Lo siguiente que mencionó, es que había vivido allí toda su vida, lo cual me dio a entender que sí que podríamos haber coincidido. Noté como aferraba mi mano con más fuerza, con una sonrisa incómoda al añadir que, en comparación con la mía, su infancia había sido normal. Me alegraba de corazón escuchar aquello, imaginar a un pequeño Garnetito pasándolo mal me rompería el alma. Y justo entonces, me compartió que, de hecho, por sus antenas y alitas se habían burlado de él. Alcé las cejas sorprendida, no me parecía para nada un motivo para mofarse de él, además que eran detalles muy monos. Su madre le había dicho que debía sentirse orgulloso y no ocultarlas, coincidía con ella. Los ojos me hicieron chiribitas, brillando con fuerza al escuchar como comió su fruta siendo pequeño. “Seguro que estaba monísimo…” pensaba imaginando al gatito chiquitín, debía de ser tan adorable que me moría al ponerlo en mi mente. Después, resultó que fue su madre quien le regaló su primer instrumento, tras tocarle una melodía que decía que no olvidaría jamás. Me pregunté como debía ser aquella melodía, seguro que era muy bella. Me reconfortó saber que tenía unos padres que parecían agradables por lo que comentaba, a pesar de decir que su padre trabajaba mucho. Y precisamente aquel acto de su madre fue lo que hizo que decidiera ser músico, que su alma gritaba que tenía que serlo, pasara lo que pasara. La determinación que mostraba en el rostro al mencionarlo me pareció preciosa.

—Y así ha sido, ¿no? —pregunté retóricamente— No he conocido a nadie que toque tan bien como tú jamás. Y tampoco una música que cale tan hondo… —comenté recordando cómo su música me había ayudado tanto aquel día— Me alegro mucho de que tu madre te hiciese ese regalo, y se lo agradezco, ¿sabes?

Levanté su mano para plantar un suave beso acompañado de una sonrisa agradecida y acariciándola antes de bajarla de nuevo. Había hecho mucho más por mí de lo que se imaginaba.

—Y sobre lo que comentabas que te hicieron, seguro que sentían envidia porque pareces un ángel. La gente puede ser muy cruel a veces, lamento que te pasase eso, dulce minino. —comenté absolutamente segura de que aquel era el motivo.

Por el momento, todo lo que había comentado, sin duda no cuadraba con la infancia de un pirata. Tenía verdadera curiosidad por saber como había terminado lanzándose a los mares y acabando en el lugar en el que estaba.
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#7
Al corresponder Garnet los más puros sentimientos de amor que la marine sentía hacia el pirata, Ikirami, apresando sus mejillas entre sus manos, se lanzó hacia él para brindarle un pasional beso en sus labios, seguidos de un tierno beso en la frente del skypiean que avivaba más aún la llama - si eso era posible - del amor que sentía por aquella mujer. Justo antes de que Garnet comenzara a narrar su historia, observó como la bella mujer sacaba una goma para el pelo de su bolso, usándola para recogerse el pelo en un moño que le quedaba de escándalo. Si bien era cierto que el gusto del pirata se decantaba más hacia las mujeres de pelo largo y suelto, era imposible negar que Ikirami, con el pelo recogidono estaba igual de hermosa que con su sedoso y rojizo cabello suelto. Con ese moño, era posible admirar zonas de su cara y cuello que, anteriormente quedarían ocultas por su largo cabello.- ¿Habrá algo que le quede mal a mi chati?- Se preguntaba a sí mismo el músico, imaginándose a la marine en millones y millones de diferentes conjuntos y outfits, viendo como, todos y cada uno de ellos, le quedaban como un guante a Ikirami.

El pelirrojo comenzó, entonces, a relatar su historia, empezando por mencionar que provenía y se crio en el North Blue, más específicamente en la Isla Oykot - lugar que afirmó conocer tras la pregunta con cumplido de Garnet-, viendo como tenía los ojos abiertos al girar su cara hacia ella. Seguramente le sorprendió, al igual que a él, que el punto de partida de los dos, fuera en el North Blue. Luego, cuando le comentó la posibilidad de que, su origen , podría estar en la propia isla celestial en la que se hallaban ahora mismo Ikirami, casi como si fuera un chascarrillo, respondió que eso tendría al sentido, después de todo, allí vivían muchos skypiean, procediendo de la propia isla ese nombre. Ante el comentario de la marine, Garnet soltó una pequeña carcajada, ciertamente y por algún motivo, le había hecho gracia lo de que no se hubiera dado cuenta que el propio nombre de su raza compartía etimología con el de la isla.

Posteriormente, relató como fue toda su infancia en el Reino de Lvneel, que aunque no fuera tan dura como la que tuvo su amada, no fue del todo fácil, al ser objeto de burla y ser marginado por los demás niños por su raza y su fruta del diablo, notando en la expresión de la marine un rostro lleno de sorpresa para, seguidamente, ver como sus ojos brillaban de emoción cuando mencionó la parte en la que ingirió su Akuma no Mi. Finalmente, acabó, por el momento, detallando como, en su noveno cumpleaños, su vieja le regaló, no sólo una de las melodías que jamás olvidaría, sino que también su primer instrumento y su pasión por la propia música. Al terminar, se quedó en silencio, dejando su historia en "stand by", en caso de que la bella mujer quisiera hacer algún comentario. Tampoco era cuestión de acaparar la conversación, por mucho de que estuviera contando algo sobre él. Ikirami, tras una pregunta retórica que hizo a Garnet arquear una ceja en señal de confusión, confesó que no había conocido jamás a nadie que tocará ni tan bien como él, ni una música que calara tan hondo, alegrándose y agradeciendo a su vieja por lo que había hecho por él en ese caso. Al escuchar el músico la primera parte de lo que había dicho su churri, Garnet se ruborizó y sonrió de felicidad, ante el cumplido de Ikirami, mirándola con muchísimo amor y apretando con fuerza sus mano. Se alegraba en demasía que la marine pensara eso sobre su música, por mucho que llevara una temporada dejándola más de lado, al final era un aspecto muy importante - si no el que más de su vida -. Sin embargo, cuando mencionó que le agradecía a su vieja el haber hecho conocer al pelirrojo su música, hizo que su semblante cambiara a uno más serio, desviando su mirada de ella momentáneamente. Si, era verdad que gracias a Crimsalda, Garnet había encontrado su mayor y gran motivación. Pero también era cierto, que justo por ella, el pirata había conseguido guardar muchas inseguridades, sintiendo que justamente si era como él era y si tocaba la música que él quería tocar, jamás sería suficiente para ella. Aunque, Ikirami, obviamente, aún no sabía esa parte.

Durante esos leves pensamientos por parte del pelirrojo, Ikirami levantó la mano que tenía agarrada de Garnet para acercarla a sus labios, depositando en ella un suave beso, que seguido de esa angelical sonrisa y una dosis de caricias, hicieron que, después de un suspiro del pirata, los pensamientos negativos se desvanecieran momentáneamente. Volviendo a descender sus manos al suelo, para comentar, con una seguridad absoluta, como, los comentarios que le hicieron en el pasado, por su raza, debía tratarse por envidia, pues por su aspecto parecía un ángel, haciendo que, nuevamente, Garnet se sonrojara por completo.- U-un día de estos me vas a matar, Iki...- Por último, la marine sintió que tuviera que vivir aquello. Al escuchar su lamento, el pirata le sonrió con complicidad.- Ni te rayes, Iki... Y tú si que eres un ángel, ¿es o no eBRRRRUU?- Comenzó a decir hasta que le entró tremendo escalofrío por todo el cuerpo. Entre toda la calidez de su corazón, y todo el calor que le hacía sentir cada parte que conformaba el ser de la hermosa marine, no se había percatado de que se encontraban en una noche de invierno y de que Garnet estaba en tanga. Empezó a tiritar como un hijo de puta. El pelirrojo, entonces, soltó la mano de la mujer, desplazándose sin levantarse más hacia su lado, para estar lo más pegadito que podía a ella para, seguidamente, envolverla entre sus brazos, posando sus manos en los brazos de la pelirroja, y ladeando su cabeza hasta estar en contacto con la suya.- Ven aquí pa' aca', Iki.- Dijo, casi recitando un trabalenguas, comenzando a notar el calorcito y la comodidad de la piel de su amada, frotando sus manos sobre su perfecta y suave piel.

-Sabes algo, Iki.- Comenzó a decir, frunciendo su ceño.- La verdad, dudo que todo lo que me marginaron siendo un churumbel fuera por envidia...- Dijo pensativo.- Es una puta mierda, pero en esta sociedad, si eres diferente al resto, te tacharan de por vida.- Frunció aún más el ceño.- Tch, pero eso es solo porque están cagados hasta las trancas...- Abrazó, entonces, con más fuerza, a la marine.- Si por la sociedad fuera, ahora no podría estar teniendo uno de los mejores días de mi vida contigo, ¿es o no es?- Concluyó, con decisión, suspirando entonces, para dejar un poco la ira que se estaba acumulando en su corazón.- Esta parte de mi historia trata un poco sobre eso. Después de que mi vieja me regalara la música y su instrumento, ya no me importaba estar nunca más solo.- Sonrió, mirando hacia el cielo ahora.- Tenía mi instrumento a mi vieja, que me daba clases para tocarlo... Lo demás me la pelaba pueje. Fue así durante años, hasta que conseguí dominar con soltura el estilo que tocaba mi vieja.- Se puso entonces de morros.- Claro, no te lo he soltado, pero por lo visto, mi vieja era una especie de superestrella del arpa en sus tiempos mozos. Estando luego en Lvneel, se dedicaba a montar pequeños conciertos nocturnos, pero nada que ver con las batallas que me contaba la muy hija de su madre.- Comentó, pasando a posar una de sus manos sobre la cabeza de Ikirami, y comenzando a entrelazar sus dedos por su cabello con suavidad.

- La cosa es que, cuando cumplí, ¿14 primaveras? Nanai, 15, la pubertad me pegó fuerte, cambiando mi gusto musical por completo. Mi vieja era incapaz de comprenderlo, pero yo me había enamorado de la música rock, punk y heavy, ¡y quería tocar todo ese tipo de música!- La mirada, de Garnet, entonces, se entristeció.- Pero mi vieja no le moló ni un pelo la idea, hasta el punto de quitarme el instrumento que ella misma me había regalado, tch ¿en qué coño estaría pensando?- Cambió su expresión ahora a una de mayor indignación, todo eso mientras seguía acariciando la cabeza y brazo de Ikirami.-Así que cogí mi instrumento de cuerda a escondidas, y me fui a la calle a tocar, no sin antes hacerme un cambio de look que, cuando lo vieron mis viejos... PUAJAJAJAJAJA.- Echó a reír a carcajadas.- Tenías que haberles visto el careto... En fin... - Volvió a poner su cara seria.- Que el menda puso a tocar con su nuevo estilo por todo Lvneel, pero lejos de ganarme el amor y apoyo de los vecinos y ciudadanos, me gané su odio, tachándome de escandaloso, ruidoso y macarra, o algo así.- Frunció el ceño, agarrando con fuerza, pero sin hacer daño, a la marine.- Lo que pasa es que no tienen ni idea... Total, que el menda aún así no se rindió, cosa que hizo que los marines fueran a tocar los huevezunos, tachando mi música de escándalo público...- Esto hacía que el pirata se cabreara más aún.- Ni siquiera había ninguna base de la marina por allí, ¿y lo mejor que tenían era prohibirle a un mocoso tocar algo de música?- Exhaló un profundo suspiro, sentía que se estaba alterando de más, pero tenía que guardar las formas, al menos frente a su diosa, dándole un suave beso en su cabeza.- Parecerá una gilipollez, pero fue ahí que el menda le empezó a coger tirria a la marina, ¿es o no es?- Alzó su mirada hacia el cielo nocturno.- Pasaron los años y las dinámicas siguieron sin cambiar, hasta el punto que enchironaron un par de veces por resistencia ante la brutalidad marina, y mis viejos, cada vez más, sentía que me repudiaban, al igual que el resto del reino...- Tragó saliva, entonces, dándose el tiempo para entonar las palabras que, a continuación, se venían.- Hasta que exiliaron, estando mis viejos de acuerdo con la decisión, al menda por ser problemático... Puejeje...- Se rio incómodamente, contando uno de los momentos que más le marcaron negativamente en su vida.- Pensándolo bien, es posible que la adolescencia me golpeara duro y me comportara como un gilipollas, sí... Pero, ver como mis viejos me querían fuera de allí, fue un palo muy gordo, ¿es o no es?- Confesó, abrazando con muchísima fuerza a Ikirami, necesitando, urgentemente, sentir su piel con la suya.- Perdona, Iki, no sólo estás saliendo con un pirata, sino que también con un macarra y un gamberro, puejeje...- Volvió a depositar otro beso en su cabeza.- La cosa es que, es que esa movida, fue lo que me hizo salir a la mar... ¿Quieres saber cómo conocí a mi otra familia?- Le preguntó, interesado y expectante, por su respuesta, además de todo lo que le tenía que comentar al respecto la marine.

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#8
El felino pelirrojo desvió la mirada con una expresión seria cuando agradecí a su madre por darle el don de la música. “¿Habré dicho algo inadecuado?” me pregunté preocupada, pero pareció relajarse después de besarle la mano, lo cual me tranquilizó un poco. No quería decir nada que lo molestase, no a mi minino. Cuando dije que le debían tener envidia porque parecía un ángel, pude observar como sus mejillas se encendían. Disfrutaba muchísimo viendo aquel tipo de reacciones en él, un hombre tan seductor y apuesto sonrojándose como una chiquilla de 15 años. Aunque… Pensándolo bien, ¿no reaccionaba yo de la misma manera? Toda la situación que me envolvía me tenía desconcertada por completo, pero la adoraba más que a nada y la atesoraría por siempre en mi corazón, eso lo tenía asegurado. Sonrió llamándome a mi ángel y ladeé la cabeza sonriente acabando en una risotada cuando se interrumpió la muletilla con un escalofrío muy sonoro. Comenzó a tiritar y se acercó a mí, en busca de un calor que muy de buen grado le regalé. Tal vez hiciese algo de fresco, pero lo agradecía mucho más que el calor y yo no lo sentía tan fuerte como él al parecer. Con unas palabras que me hicieron elevar las comisuras de los labios me pidió que me acercase a él, y me acurruqué junto a él, posando mis manos en sus piernas y acariciándolas para calentarlo mientras él me rodeaba con sus brazos y suavemente acariciaba los mios.

—Toma todo el calor que quieras de mí, gatito tiritón. —le dije mientras se apoyaba contra mi cabeza.

Continuó diciendo que no creía que se burlasen de él por envidia, pude notar cierto resentimiento en su voz al decir que, en esta sociedad, si eres diferente a los demás te repudiarán de por vida. Sin moverme, dirigí mis ojos a su cara para ver como arrugaba la frente. Parecía evidente que algo de aquello le hacía enojar. No quise decir nada por el momento y me limité a escuchar como continuaba diciendo que eso era porque tenían miedo. Me abrazó con más fuerza al decir que si por la sociedad fuera, no podría estar teniendo uno de los mejores días de su vida, haciendo que sonriese y asintiese a su declaración. Suspiró, entonces, antes de continuar con su historia, una parte que según él trataba sobre ello. Tras el regalo de su madre, dejó de importarle la soledad, había encontrado algo que lo llenaba en la música. Alzó la vista al cielo diciendo que tenía la música y a su madre, la cual le daba clases, y que con eso todo lo demás le daba igual. Se centró en ello durante años hasta dominar el estilo musical de su madre. Se puso de morros, muy mono, diciendo que su madre era una superestrella del arpa en su juventud, pero que ya en Lvneel pasó a dedicarse a dar pequeños conciertos nocturnos y que había dejado atrás las grandes batallitas que le contaba. Una de las manos que acariciaba mis brazos pasó a mi cabeza, entrelazando sus dedos con mi pelo y dándome un gustito que… Suspiré, era demasiado agradable su contacto. Continuó diciendo que cuando tenía unos quince años y le llegó la pubertad, sus gustos musicales cambiaron por completo y que su madre era incapaz de entenderlo, que se había enamorado del rock, punk y heavy y que quería tocar esa música. “Claro, por eso hablaba del rechazo con resentimiento…” aventuré al escuchar que incluso le quitó su instrumento. No quería interrumpirlo mientras se abría a mí, y me limité a estar ahí para él y escuchar. Podía ver como aquello lo sacaba de quicio, y lo entendía. Después de haber encontrado un refugio en la música, que precisamente la persona que se lo había dado, su propia madre, se lo negase… Pero continuó narrándome como lo recuperó a escondidas y se fue a la calle tocar, con un cambio de look radical que no debió gustarles nada a sus padres y comenzó a reír. Reí con él imaginando al joven y apuesto gatito rebelde.

—¡Shshshshhshs! La ostia… —solté entre risas hasta quedarme parada un momento al darme cuento que había dicho un improperio— Ehem, ehem.

Por suerte, parece que pasó desapercibido y prosiguió contándome que se dedicó a tocar por todo Lvneel, pero que en lugar de brindarle amor y apoyo, los vecinos le devolvieron odio, con palabras como escandaloso, ruidoso y macarra. Noté la fuerza aumentar en su agarre cuando mencionó aquello, que debía dolerle y era totalmente comprensible. Lo que dijo a continuación, me dejó bastante tocada, y se podía notar por como abrí los ojos y desvié la mirada. Lo que pasó después es que él no se rindió y que los marines aparecieron para decir que su música era un escándalo público. Que ni siquiera había una base de la marina por allí y que en lugar de dedicarse a otra cosa, parecía que no tenían nada mejor que hacer que prohibirle tocar la música de la que disfrutaba. Me dio un suave beso en la cabeza, pero lo sentí inmerecido. Me estaba hirviendo la sangre y a la vez me sentía avergonzada. ¿Qué clase de tarea era prohibirle tocar a un adolescente que no hacía daño a nadie? La marina está para ayudar a la gente, no para eso. Si de verdad a los idiotas de sus vecinos les molestaba tanto, podrían haber dialogado entre ambos y llegado a un punto en común, que le permitiesen un lugar o unas horas. Había mil formas de haber llevado aquello sin tener que llegar al extremo de lo que me comentó después. Al paso de los años, lo encerraron varias veces por resistirse ante la brutalidad de la marina y sus padres y vecinos lo repudiaron hasta el punto de que lo exiliaron. El frío que podía hacer aquella noche no tuvo nada que ver con el escalofrío que me recorrió al escuchar aquello. No podía imaginar lo duro que debía ser que tus propios padres te exiliaran de tu hogar por no compartir los mismos gustos que ellos, y me enfurecía que hubiesen sido así de duros con él. Le restó importancia al asunto alegando que era posible que fuese cosa de la adolescencia y que se comportara como un idiota, admitiendo que fue un golpe duro que sus padres lo expulsaran.

—Lo siento mucho, mi gatito. —respondí mientras me envolvía con intensidad en su abrazo y yo rodeaba su cintura con los míos.

Se disculpó entonces, diciendo que no solo estaba saliendo con un pirata, sino también con un macarra y un gamberro. Solté una risilla cuando lo hizo y me dio un beso en la cabeza. Después me dijo que aquello fue lo que lo hizo salir al mar, supongo que hacerse pirata, y me preguntó si quería escuchar como conoció a su otra familia. Supuse que se referiría a sus compañeros piratas, y la verdad que sentía tanta curiosidad como miedo por lo que venía a continuación. Pero, antes de responder, me solté de su abrazo un momento para pasar mi pierna por encima de las suyas y quedar sentada sobre él de rodillas, hundiendo su cabeza entre mis pechos y acariciando su pelo.

—Sí, estoy saliendo con un pirata, un macarra y un gamberro. Pero también con un romántico, sensible, dulce, amable y precioso músico minino, ¿sabes? —respondí a lo que había dicho hacía un momento, pasando las manos por su pelo y reposando mi cabeza ladeada sobre la suya— A mí me parece que solo eras un jovencito en busca de expresarse a través de la música. Lo que te hicieron no tiene nombre, y aún peor viniendo de tus padres… Ojalá poder haber estado ahí para apoyarte. —continué, aventurándome sobre lo que opinaba de ello y separé su cabeza de mis pechos para mirarlo un momento a los ojos, desviando después la mirada avergonzada— Y lo de esos marines… No puedo entender por qué actuaron así. De verdad que lo siento… Yo… creo que la marina debería estar ahí para ayudar a dar voz a los necesitados, no para acallarlos, que fue lo que hicieron contigo, ¿sabes? —continué, sintiendo como las dudas surgían en mi interior. Volví mi mirada de nuevo a él, con determinación al decir mis próximas palabras— Esa no es la justicia que yo defiendo.

Aquellas últimas palabras iban dirigidas tanto para él como para mí misma. Después de escuchar su historia y lo que me contó con anterioridad sobre su recompensa, algo comenzaba a no encajar con mi visión de la marina, lo que me disgustaba sobremanera. ¿Era todo un caso aislado, dos extraños errores y coincidencias? Todavía quería aferrarme a esa idea, pero cada vez me costaba más y sentía la necesidad de obtener respuestas, aunque no sabía cómo. Pero lo que venía a continuación, tal vez podía iluminar un poco el oscuro pasillo que recorría mi mente en aquel momento. Si sus compañeros, no eran como él y se dedicaban a arrasar y destrozar todo cuanto veían, era posible que su recompensa hubiese sido debido a ellos. Y si era así, no sabía muy bien como reaccionaría. Si la familia a la que se refería eran asesinos, esclavistas o algo así, ¿lo tendría que aceptar y hacer como si nada? Abracé al minino entre mis brazos, rodeando su pecho hasta cerrar las manos por detrás y apoyé mi cabeza sobre su hombro.

—Estoy lista. Háblame sobre ellos, tus compañeros piratas. —respondí, a pesar de que no estaba preparada en realidad.

Cerré los ojos y apacigüé mi mente con el contacto de su dulce y suave piel mientras acariciaba su espalda y enterraba mi cara entre su pelo. Necesitaba ese confort que solo podía darme él para lo que venía.
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#9
Ikirami encantada aceptó el abrazo que le dio Garnet ante el frío que arrecía en aquella noche de invierno que jamás podría olvidar, quedando la pareja de pelirrojos acurrucados y acariciándose, sobre una nube de 3 x 2 metros y bajo la luz de las estrellas, de la luna y las luciérnagas. Empezó, entonces, a seguir narrando lo que ahora tocada un episodio oscuro de su historia, uno sobre el que no le gustaba demasiado hablar. Salvo un comentario que no paso -para nada- desapercibido para el pirata por parte de la marine y que, de hecho, le hizo especial gracia, Ikirami se mantuvo en silencio en todo momento, atendiendo a cada palabra que tuviera que decir el músico. A pesar de la angustia que le producía en el corazón sacar a la luz esa parte de su pasado, la mera presencia de la pelirroja, su mero contacto, su mero olor... De alguna forma, sin ni siquiera mediar palabra, aquella mujer de la que se había quedado completamente prendado Garnet conseguía disminuir ese dolor que le pesaba en su órgano latiente. El solo estar allí, y así, era más que suficiente. Cuando comentó la parte en la que aparecían los marines, para aguarles la fiesta, pudo ver, antes de darle un beso a su amada, como Ikirami abría sus ojos y apartaba la mirada de él, haciendo que al pelirrojo le entrara cierta inseguridad por un momento, ¿le habría molestado que le diera la cara a unos compañeros de trabajo suyos? ¿O se sentiría mal por la misma razón que Garnet empezó a repudiar a la marina? Prefirió no preguntar en ese momento, y seguir relatando su historia.

Al llegar a lo más duro de todo, y contar como, tantos ciudadanos, como vecinos y padres, decidieron exiliar al macarra, Ikirami, ofreciéndose aún más en el abrazo del pelirrojo, y envolviendo, la marine, con sus brazos la cintura de Garnet, lamentó de todo corazón lo que había tenido que vivir. Entre los sentimientos de contar aquello a flor de piel, el amor que sentía por la mujer, el abrazo, y sus palabras, se sentía con ganas de llorar, hasta al punto de que se le humedecieran los ojos. No obstante, se aguantó las ganas, inspirando profundamente para, seguidamente, disculparse por la clase de persona con la que había parado a salir la marine y, finalizando con que, de esa manera, fue como salió a la mar y conoció al resto de su tripulación, preguntando a la marine si quería saber esa parte de su historia. Entonces, se soltó de su abrazo, entristeciendo por un momento al pirata al perder el contacto físico con ella, tristeza que se desvaneció cuando se puso de rodillas sobre sus piernas y, posando sus manos sobre la cabeza de Garnet, comenzando a acariciar su pelo y a hundir entre sus exuberantes, suaves, esponjosos y perfectos mogambos, haciendo que su expresión se transformara en una perversión total, con sus ojos en forma de corazón y su lengua sacada.- Pueje pueje tetas bazungas mamelungas mamellas ubres pechos peras mamas.- Comenzó a enumerar casi todos los sinónimos de tetas que se le iban pasando por la cabeza. Entonces confesó, antes de apoyar su cabeza en la de Garnet, que sí, estaba saliendo con un pirata, un macarra y un gamberro, pero que también con alguien romántico, sensible, dulce, precioso y amable músico minino. Aquellas palabras hicieron que el rostro del pelirrojo se tornara normal, y serio, evitando que fuera a darle un lametón a Ikirami en su teta izquierda.- Iki...- Murmuró, sonrojándose y juntando con fuerza sus dos labios. Por si no fuera poco, la mujer prosiguió, entendiendo por completo la situación de Garnet, contando como, a su parecer, él solo era un joven con ganas de expresarse a través de la música, indignándose ante el hecho de que lo que le habían hecho no tenía nombre, y deseando haber estado allí para apoyarle. En ese momento, las lágrimas que se había guardado en su interior, comenzaron a florecer de sus ojos, descendiendo y cayendo sobre sus tetas y, aferrándose con más fuerza en el abrazo que los unía.

Justo en aquel instante, Ikirami separó su cabeza de sus dos almohadas, quizás después de notar que se las estaba empapando, hasta que sus miradas se cruzaron. Garnet debía tener la cara hecha un asco, hasta el punto que la marine desvió su mirada. O eso pensó al principio pues, cuando explicó que no entendía la actuación de esos marines, ya que deberían estar para ayudar a los necesitados y no oprimir al resto, concluyendo, con suma determinación y devolviéndole la mirada, que esa no era su justicia, el músico entendió que no debía sentirle bien como, la organización en la que confiaba no hacía su trabajo como era debido. Cuando cruzó su lacrimógena mirada con la de la marine, pudo ver en sus rojizos iris y pupilas como una llama de convicción ardía en ellos, haciendo que el pirata sonriera, aún con el rostro húmedo por las lágrimas.- ¿Dónde?- Se aspiró los mocos.- ¿Dónde había estado metida una chica como tú todo este tiempo?- Cerró entonces sus ojos y emitió una sonrisa mayor.- El menda sabía que no se equivocaba contigo, ¿es o no es?- Dijo para, seguidamente, seguir sus instintos y sus necesidades para aproximar sus labios a los de la mujer, dándole un beso lleno de amor, separándose, al instante de la marine, quién rodeó entre sus brazos el pecho del pirata, dejando sus manos a su espalda y comenzando a acariciar, mientras apoyaba su cabeza en el hombro del skypiean. Dijo que estaba lista para que le hablara sobre sus compañeros piratas. Garnet apartó por un momento uno de sus brazos con el que rodeaba a Ikirami para quitarse las lágrimas y humedad con el antebrazo.- Aghh, listo.- Murmuró para volver a abrazar a la mujer. Ni en broma se iba a pasar un segundo sin su calor.

-Pues eso, justo el día que me mandaron a la puta calle, me fui, sin rumbo, ¿es o no es?- Comenzó a narrar, con melancolía en su tono.- De eso hará cosa de casi un año, si mi cogote no me falla. El caso es que me fui a la zona de la reserva de la isla.- Desvió su mirada hacia la nube.- En ese momento, como siempre en verdad, me sentía un lobo solitario, y quise irme al rincón más marginado del lugar, a tocar y que nadie me escuchara.- Volvió a mirar hacia la marine, esta vez con una sonrisa meláncolica.- Pero entonces, alguien me llamó... Pero era raro, ya que el menda no veía ni un alma, hasta que miré hacia abajo... Puejeje.- Sonrió genuinamente al acordarse del encuentro con su primer amiguito.- ¡Era una persona minúscula! Es para cagarse encima, ¿es o no es? Un putísimo tontatta... Su nombre era Bepso, y fue el primer Shogun Gari al que el menda conoció. Estuvimos un buen rato hablando hasta que nos coscamos de un rugido fuera de lo normal, puejeje- Era imposible que no se empezara a reír de recordar sus batallitas.- Mi minicolegui entonces, como solía hacer, se subió encima de mi cabeza, agarrando sus manitas a mis mierdiantenas y fuimos a echar un ojo, encontrándonos a una bestia mazo chunga que estaba fuera de control en la zona del lago. Encima, allí mismo aparecieron Tobías y Gronn, atraídos por el rugido de ese bicharraco.- Volvió a echarle una mirada llena de nostalgia.- Tobías es posible que te suene, estuvo en los juegos del macaco este ¿es o no es? En cuanto a Gronn...- Desvió su mirada por un segundo.- Bueno... Él llegó a tener recompensa, era un gyojin pez luchador, lo que era gracioso porque al pavo no le molaba nada meterse en barullos...- Tragó saliva y volvió a mirar a la marine. Recordar a sus amigos que ya no estaban con él dolía.- Ese viejo prefería dialogar antes que llegar a los puñetos, era como el padre de la banda puejeje...- Meneó entonces su cabeza hacia sus lados, se estaba yendo por las ramas.- El caso, que se me va la perola, es que unimos fuerzas ¿los cuatro? Nanai, había otro tontatta, pero no volví a saber de ese pavo. Bueno, que unimos fuerzas los cinco y le dimos una "golpiza" a ese animal. Resultó que estaba protegiendo a sus crías, así que los dejamos de chill y, como me cayeron de puta madre, nos fuimos Bepso, Tobías, Gronn y el menda a una taberna de Lvneel para conocernos mejor. El menda iba de incógnito, obviamente, al final me habían echado a patadas de allí ese mismo día, puejeje...- Aclaraba el pelirrojo.- Pos eso, fuimos a una taberna, estuvimos de bebercio y allí conocimos al que sería el primer capitán de los Shogun Gari... Xas, un mink ornitorrinco punk que andaba haciendo el pino y que lo único que quería era libertad, hay que joderse, ¿es o no es?- Echó otra carcajada.- Al menda le cayó genial también, y fue cuando decidimos navegar los 6 juntos...- Miró de reojo a Ikirami, con picardía.- Y sí, digo 6 porque Xas nos contó como había un amigo suyo que estaba esperándole.- Tragó saliva al recordar a Nekah, sintiendo más escalofríos y agudizándose su respiración, hasta el punto de que se volvía incontrolable, hasta que se llevó, momentáneamente, su diestra al mástil de su laúd, Fallen Sound, y, con la siniestra abrazaba con fuerza a Ikirami, tranquilizándose por completo.- Perdona y gracias, Iki...- Dijo, no queriendo darle demasiada importancia a lo que acababa de suceder.-... Bueno el menda aún no tenía ni idea de que querían ser piratas, pero sabía que quería irme con ellos... Por primera vez, no me sentía un lobo solitario, sino que era parte de una mamad... ¡Digo! Manada, ¿es o no es?- Confesó con una sonrisa, mirando a los ojos a Ikirami.-Total, nos largamos de la taberna para ir junto al amigo de Xas, un lunarian llamado Nekah...- Suspiró profundamente, tomándose su tiempo para seguir hablando.- Y, después de mostrar nuestros poderes, fuimos a un crucero para salir de allí y partir al Grand Line.- Sonriendo, entonces con una mayor intensidad y alegría.- Y en ese crucero conocí a quién a día de hoy es mi compitruena y mi hermanita pequeña, Sasha, estuvo en tu equipo, así que seguro que te coscas de quién es puejejeje.- Suspiró, esta vez con nostalgia y melancolía.- Mandando a tomar por culo mogollón de detalles, así fue como nos conocimos los primeros 7 miembros de los Shogun Gari...- Finalizó, depositando un dulce beso en su cabeza y posando su diestra ahora sobre la misma.- Perdona, que me he enrolladoq ue te cagas, pero... ¿Qué te parece, Iki?- Preguntó, lleno de curiosidad y nervios por saber que opinaba la marine, con lo poco que le había contado de su familia. Era normal pues era muy importante para el pelirrojo que su novia aceptara y le cayera bien los que eran sus amigos y su hogar.

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#10
Cuando abracé a mi tigre pelirrojo, hundiendo su cabeza entre mis pechos, soltó toda clase de nombres en referencia a mis hermosos atributos femeninos, lo cual me parecía muy gracioso. Me gustaba el efecto que tenía sobre él ese tipo de actos, tan susceptible a mis encantos naturales. Cuando continué diciendo lo que él me parecía y lo que opinaba sinceramente, noté como mis pechos se humedecían por sus lágrimas. “Llora, gatito, estoy aquí para ti.” dije mentalmente, enternecida por la situación y dejándole que soltase lo que llevase dentro. Tal vez no lo pareciera por su apariencia y su lenguaje, pero me daba cuenta de que mi amorcito tenía un fondo muy blandito, casi tanto como mis pechos. Y agradecía muchísimo que se soltara conmigo, igual que yo lo había hecho antes con él, quería que pudiese confiar en mi tanto como yo en él. Tras ese momento, cuando hablé de la marina, vi su cara inundada en lágrimas y entre sollozos preguntó que dónde se había metido una chica como yo todo ese tiempo, sonriendo al decir que sabía que no se equivocaba conmigo. Le devolví la sonrisa, alegre de que a pesar de todo aceptase mi modo de vida, y nos besamos, justo antes de que le dijese que estaba lista para escuchar sobre sus compañeros.

Aquello de su expulsión de la isla había pasada tan solo un año antes, aproximadamente. Era normal entonces que le afectase tanto, era algo más reciente de lo que creía. Se fue a una zona apartada de la isla para poder tocar en paz cuando alguien apareció; un tontatta llamado Bepso, el primer Shogun Gari que conoció. Aquella era su banda pirata, asumí, por lo que la persona que mencionaba era un pirata. Me pregunté en aquel momento que clase de destrucción podría cometer un tontatta, pero no debía subestimar las capacidades de alguien pequeño. Apreté un poco los dientes, rizando con un dedo su pelo y con la mirada fija en ello, escuchando para ver qué más sucedió para unirse a ellos. Al parecer, una criatura rugió lo que llamó su atención y fueron en su búsqueda de una manera un tanto cómica hasta llegar a un lago, dónde se encontró con Tobías y Gronn. Volví a mirarlo para ver como hablaba de ello con cierta nostalgia y mencionaba que Tobías estubo en los juegos en los que habíamos participado. Me sonaba haber apuntado algo sobre él, tal vez era el hombre al que le dio una cachetada en el culo cuando nos fuimos de las gradas. Al hablar sobre Gronn, desvió la mirada como si hablar de él lo costara. Supuse que era uno de los amigos que fallecieron según había contado antes. Parpadeé perpleja cuando dijo que ese pirata, un gyojin, prefería dialogar antes que recurrir a la violencia. “No me lo creo.” fueron las primeras palabras que surgieron en mi mente, pero cerré los ojos un momento para seguir escuchándolo. Me había dispuesto a aceptar que cosas que creía imposibles tenían cabida en el mundo, aunque mi experiencia me dictase a dudar de ello. Una mente crítica siempre es importante, pero siempre que seas capaz de mantenerla lo suficiente abierta como para cuestionarte incluso a ti mismo. Meneó la cabeza, alegando que se estaba yendo por las ramas, y que eran en total cicno, pero que de ese último, otro tontatta, no volvió a saber nada. Lucharon contra el animal, pero que al darse cuenta de que estaba protegiendo a sus crías lo dejaron en paz y tras aquello fueron a una taberna en Lvneel, yendo él de incógnito para que no lo reconocieran. Allí conoció al primer capitán de su banda, un mink ornitorrinco llamado Xas, un poco estrafalario, que lo único que buscaba era libertad. Mencionó esto último con una carcajada.

—Curioso… —fue lo único que pude decir al respecto, todavía debatiendo internamente sobre lo que me estaba contando.

Tras hablar con él, le cayó genial y decidieron navegar juntos. Mencionó que había todavía un último compañero esperándolos y percibí como al decirlo cambiaba su actitud, agitando su respiración y abrazándome con más fuerza. Acaricié su espalda, parecía que algo le costaba de aquello aunque no entendía bien el qué. Deposité un beso en su hombro y después él se disculpó y me agradeció. Le devolví una tierna sonrisa.

—Está bien, amor. No tienes que preocuparte por nada conmigo, ¿sabes? —contesté intentando que se sintiese cómodo conmigo.

Dijo que se lanzó a la mar con ellos sin saber que querían ser piratas, pero que quería hacerlo de todas formas, que por primera vez se sentía en grupo. Casi dice una palabra que me hizo reír como una idiota. Es que era tontísimo, lo adoraba. Después dijo que el compañero restante era un lunarian llamado Nekah y comprendí por qué su reacción. Me había dado a entender que le pasaba algo parecido a mí cuando se cruzaba con un lunarian, probablemente hablar de ello le devolvía algún recuerdo doloroso a la mente, como a mí. Prosiguió comentando que, tras mostrar sus poderes, se fueron en crucero hacia el Grand Line.

—¿Poderes? —pregunté con curiosidad y a la vez algo nerviosa.

Por un lado, me picaba la curiosidad por saber si se refería a Akumas, todo lo que tratara sobre ellas me fascinaba. Pero es que si estaban en poder de piratas… La cosa era peligrosa. Me estaba costando mantener la concentración en la conversación con tantos ecos resonando en mi cabeza, alertándome como una sirena interior. Pero, con el rostro alegre ahora, mencionó un nombre que me sacó un escalofrío y me quedé con los ojos abiertos y los labios apretados escuchando como hablaba sobre el diablo en sí mismo, la adolescente cornuda, Sasha. Lo peor de todo es que habló de ella con un cariño inmenso y diciendo que era su “compitruena”, significase lo que significase eso, y su hermana pequeña, a la cual conoció en ese crucero. Así fue como conoció a sus compañeros, me dijo, dando un beso en mi cabeza y con su manita sobre ella también.

—Esto… —comencé a decir agachando la cabeza y llevándome una mano a la barbilla cerrando los ojos intentando poner en orden mi cabeza— Mmmm dame un momento… —respondí, tardando unos cinco segundos en volver a alzar la cabeza para hablar— Por lo que me has dicho, parecen todos muy… ¿majos? —respondí con una sonrisa algo incómoda dudando incluso de mi opinión— Pero… A ver… —me estaba costando horrores continuar, pues no me había quedado para nada claro qué tenían de piratas ese grupo.

Busqué sus manos y las recogí entre las mías, poniéndolas entre nosotros y bajando la vista a ellas, soltando un suspiro. Tenía que ser directa, no valían los rodeos, y aunque la verdad me doliese, necesitaba saber la verdad.

—Tus amigos… No. Tu familia escogida, los Shogun Gari. —levanté la vista para encararlo. Aunque tal vez fuese un momento tenso para ambos, lo miré con toda la comprensión posible y esperando lo mismo por su parte— Son piratas, ¿cierto? Entonces, por favor, dime qué clase de crímenes han cometido. Si ellos son el lugar seguro que necesitabas, se lo agradeceré eternamente, pero aun así, necesito saberlo todo para hacerme a la idea, ¿sabes? —medité un momento antes de continuar, acariciando sus manos y volviendo a centrarme en ellas— La muchacha, Sasha. Háblame también de ella. Yo… recuerdo haber visto una gran suma en su cartel, y tiene una fruta muy peligrosa, la del triceratops… No te voy a mentir, Garnet, me aterroriza de lo que sería capaz un pirata con esa fruta en sus manos. Y por mucho que lo intente, me cuesta creer que todos sean tan buenas personas como tú así de primeras, ¿sabes? Pero… —asentí y levanté la cabeza para mirarlo de nuevo con confianza— Te escucho.
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