Un nuevo día empezaba en Momoiro.
Llevábamos allí unos días, intentando recobrar y sacar cualquier tipo de información sobre la organización que está al mando de aquella isla, la armada Revolucionaria. De momento, no ha sido posible, está costando más de lo esperado. El tener que ir muy de incógnito supone un problema, y más para mí, que eso de no llamar la atención y pasar desapercibido, pues... no era algo que se me diese muy bien, que digamos, aunque con esas, intentaba no ser el centro de atención la mayor parte del tiempo y que no me hicieran caso.
Me levanté temprano en mi camarote, como siempre, descansando mis ocho horas de sueño mínimo. Procedí a vestirme de nuevo sin que nadie pudiera asociarme con la Marina. Una camisa rosa chillona y pantalones negros ajustados fue la decisión esta vez. Salí a la cubierta del barco, algunos soldados acompañados de cadetes ya estaban por allí rondando, comenzando la mañana, preparando el día. No vi a ninguno de mis compañeros, era bien pronto y estarían durmiendo. Sé que estos días se han dedicado a veces a entrenar entre ellos, para no perder la forma y no bajar la guardia si algún problema podía surgir en Momoiro. Hacían bien, me gustaría algún día entrenar con ellos y ver de lo que son capaces, aunque no dudaba de ninguno de ellos, ni siquiera de Ryze, la nueva incorporación a la División 21, la cual tenía un poder asombroso gracias a su fruta.
Me dirigí directamente a la pasarela, recorriéndola para bajar a la rosada playa. El barco estaba escondido y a buen recaudo, era realmente complicado encontrarlo. Me giré, pasándome en seco, con las manos en los bolsillos y observé de nuevo el barco — Hemos estado viajando en él desde Impel Down — Dije en un tono bajo, hablándome a mí mismo — Me gustaría poder comprar un buen Galeón, equipado totalmente con todo lo necesario, que no les falte nada a ninguno de mis compañeros y tengan todo lo que quieran. Sephi seguro que sería el que más lo disfrutase — Terminé con una sonrisa, suspirando mientras volvía a darme media vuelta para dirigirme a la ciudad. En esta isla iba a ser difícil conseguir algo de tal calibre, pero si nuestro siguiente destino era menos hostil que este y más seguro, desde luego era lo primero que me gustaría hacer, que la División 21 tuviera su propio barco con su propia identidad.
Pasados unos treinta minutos, llegué a la ciudad principal de Momoiro, donde más gente había y hacía vida. Los puestos y negocios comenzaban la jornada. Lo que más abundaba en aquel lugar eran tiendas de ropa, manicura y moda, realmente la gente de aquí se desvivía por ella, siempre querían ir a la última, lo más glamurosos posible y destacar por encima del resto. Por una parte, agradecía que fuera así, eso ayudaba a que no destacase tanto entre ellos. O quizás lo contrario, al no ir tan exuberante y llamativo que resto, destacaba precisamente por eso, por ir vestido de manera "normal" aquí. Fuera como fuera, no iba a pasar en aquella zona mucho tiempo, yo iba directo al mercado principal. Hasta ahora no había tenido tiempo para poder deleitarme con la gastronomía de este sitio y que tipo de productos e ingredientes venden por aquí, es por eso que hoy decidí levantarme más pronto que de costumbre, para poder darme un poco de tiempo para mí.
Una vez allí, en la zona del mercado, saqué un cigarrillo y como siempre, lo encendí con mi zippo con estampado metálico de un pulpo. Observaba atentamente cada puesto, y aunque había alimentos que si conocía, había otros que no tanto, siendo totalmente muy exóticos para mí. Desde frutas totalmente con la pigmentación rosada, hasta granos de cereales totalmente de la misma manera — Qué curioso, me pregunto que tipo de sabor le dará esto a un plato — Dije llevándome la mano derecha a la barba, peinándomela mientras pensaba en las posibilidades, y la mano izquierda la situaba en mi espalda — Pues un sabor magnífico querido, que si no podría dar lo que yo vendo ¡Yo solo tengo calidad! — Escuché de repente como contestaba a mi pregunta. Alcé la cabeza para mirar a la profundidad de la tienda, de la que emergía una silueta hasta plantarse delante de mí — ¡Bienvenido a mi humilde tienda, soy Lavanda! — Se presentó.
— ¡Ho... Hola, Lavanda, es un placer! — Me presenté algo nervioso, pues no me esperaba que la dueña del establecimiento se fuera a presentar. Sujetaba un gran cesto con más productos, que procedió a colocar tranquilamente en los estantes que daban a la calle — ¡Si tienes alguna duda sobre cualquier alimento, pregúntame sin miedo, que no muerdo! — Asentí con la cabeza algo confuso, no estaba acostumbrado a este tipo de tratos hacia mi persona, además, la gente de aquí me confunde a veces. Entre su manera de ser, y que están bajo el mando del ejército Revolucionario, tenía que ir con pies de plomo, no puedo fiarme de absolutamente nadie — Me preguntaba con qué otros ingredientes y de qué manera podría cocinar esta legumbre de aquí — Señalé al cesto de mimbre que contenía dicho producto, una especie de garbanzo que no era tan esférico, más bien un poco alargado, de un tono rosa mezclado con tono naranja — Me llama la atención de que no huele a nada, no desprende ni siquiera el más mínimo olor — Dije extrañado — ¡Ohh, normal cariño, esta legumbre tiene su magia en ella, es diferente al resto! — ¿Magia? — ¡Si, magia! — No estaba entendiendo nada. Empezaba a estar cansado con tantas tonterías y cosas tan poco reales. Primero la isla del cielo, y ahora esto — Espero que me disculpe, no creo que esta legumbre crezca por arte de ... Magia. Será cosa de la propia legumbre, o bien el terreno en el que crezca, incluso el tiempo de la isla, pero magia... — ¡PORQUE ESTÁ CUIDADA CON AMOR Y LIBERTAD, LAS MEJORES MAGIAS DE TODAS! — Una gota de sudor cayó por mi frente, mostrando un rostro totalmente confundido, dando a entender que no daba crédito a lo que me estaba diciendo — Si, bueno... Un buen crecimiento también depende del cuidado y del... amor con el que se haga, y... Supongo que libertad — Afirmé rápidamente, para así no seguir con este asunto — ¡Es lo más importante, querido! ¡Entra, adelante, tengo muchas más cosas que te pueden interesar! — Sin media palabra, acepté la invitación de Lavanda y entré por la cortina. Era un establecimiento acogedor, un pequeño comercio con todo productos de campo, con una estructura similar a una tienda de pueblo pequeño, muy rústica, aunque obviamente, todo con la tonalidad común de aquella isla, mezclado con un amarillo muy vivo.
En sus estanterías, muchos más productos, tanto conocidos como nuevos. Me llamó la atención una especie de tomate con ciertos tonos morados — Curioso e interesante ¿No me dirás que este tomate también tiene el secreto del amor y la libertad, no? — Dije de manera irónica, esperando que Lavanda se diera cuenta — ¡Correcto, mucho amor y totalmente libre! ¡Es mi producto estrella, el tomate Lavanda, como una servidora! — Entró al establecimiento, dejando el cesto de mimbre en una silla y cogiendo uno de esos tomates para hacer un pequeño malabar con él, hasta postrarlo en su mano derecha y ponerlo delante de mí — ¡Tienes buen ojo, se nota que te gusta cocinar! — Dijo guiñándome un ojo — Sí, es mi pasión, y lo poco que me hace distraerme de mis cosas — Dije cruzándome de brazos y una risa nasal — ¡Lo sabía, mi ojo nunca falla en estas cosas! — Dijo dándose la vuelta, dejando el tomate de nuevo en su cesto — ¡Se nota que te gusta todo esto, Comodoro! — De repente, un escalofrío sacudió mi cuerpo, abriendo los ojos mucho más, como si hubiera visto un fantasma. Separé los brazos y los bajé, dejándolos caer por la gravedad — ¿Disculpe? — Pregunté, haciéndome el loco, pues en el fondo deseaba que hubiera escuchado mal — Digo que se nota que le gusta cocinar ¡No hay más que verlo! — Gritó, mientras volvía a coger el cesto de mimbre con productos y continuo colocando todo en su sitio, tarareando incluso una canción — Sí... — Me quedé en blanco, juraría que dijo "Comodoro", quizás estaba malentendiendo sus palabras y la cabeza estaba haciéndome pasar un mal momento — Si me disculpa, Lavanda, voy a seguir paseando por el mercado... Gracias por todo — Procedí a salir por la puerta, apartando con mi brazo derecho la cortina para irme cuando Lavanda se dio la vuelta, para mirarme, alzando el brazo en modo despedida — ¡Que vaya bien, y alimenta bien a la División 21! — Apreté los dientes y abrí de nuevo los ojos, inmediatamente. Esta vez no había duda. Lavanda sabia quién era. Aproveché que era temprano y que no había mucha gente en la calle y nadie más en la tienda.
Me di la vuelta rápidamente — Soru — Y en un veloz movimiento, mientras me transformaba en mi forma híbrida, me planté frente a Lavanda, poniéndole mi antebrazo derecho en el cuello y mi mano izquierda en su hombro derecho, empujándolo contra la pared que había entre dos estanterías. Del brusco movimiento, algunas frutas y verduras se salieron de sus cestos, cayendo al suelo — ¡AY, QUE HACES! — Miré a los ojos a Lavanda mientras apretaba su cuello, no sin llegar a asfixiarle, pero sí lo suficiente como para que supiera que no iba a andarme con ninguna tontería si él decidía hacer alguna precisamente — Ya veo que sabes quién soy — Lavanda me miraba con una cara aterrada, mientras intentaba zafarse de mi agarre, ahí me quedó claro que no era un guerrero, no sabía pelear, era simplemente una dependienta de una tienda de alimentos, pero aun así, el simple hecho de que me hubiera reconocido ya era un problema. No solo yo estaba en peligro, sino también el resto de mis compañeros y todos los soldados y cadetes que estaban en el barco. Bajo ningún concepto iba a dejar que les pasase algo, y si tenía que hacer una locura, lo haría sin dudar — ¡Oye, oye, que te pasa, cariño! ¡Suelt...! — Moví mi mano izquierda del hombro para ponerla en la boca y que no pudiera gritar — ¡Venga, va, no me tomes por tonto, sé que esta isla está bajo el mando de los revolucionarios, y no pienso poner en peligro a mi gente! — Dije sin apartar la mirada de Lavanda, la cual seguía mirándome con cara de pavor, sudando por su cabeza rapada y respirando totalmente angustiada por la nariz, ya que no se la tapé con la mano — No me gusta ser así. Pero no puedo dejar que se sepa que la División 21 está aquí... — Dije con rabia, pero también con pena. No soy alguien violento, es lo que me enseñó Spike, pero no podía jugármela a que fuéramos descubiertos. El solo pensar en que podrían hacer daño a mis compañeros hacía que se me retorciera algo en el estómago. Debía acabar con Lavanda, y luego deshacerme del cuerpo, cosa que ya era un problema solo el pensarlo. Pero de repente, la dependienta de allí dejó de zafarse. Soltó los brazos, dejándolos caer relajadamente, respirando de manera más lenta y calmada, pero sin quitarme esa mirada de terror. Algo no iba bien, alguien de la Revolución no se comportaría así. Así que usé mi Kenbunshoku para poder ver que es lo que Lavanda sentía en ese momento, y la respuesta me confundió todavía más. Era miedo.
No sé por qué hice lo que hice, me la estaba jugando — ¿Algo que quieras decir por última vez? — Le dije mientras los colmillos de mi boca se hacían más grandes y se los mostraba y separaba un poco mi mano de su boca para que pudiera hablar. No hubo ni un simple jadeo por falta de respiración — Comodoro... Tranquilo. No soy su enemigo — Aquellas palabras hicieron pararme en seco — ¿Puede... dejar de apretar en mi cuello y amenazarme? ¡Eso no se le hace a una dama! — Expresó totalmente apenada. No sé por qué, me daba la sensación de que estaba siendo sincera, pude verlo al usar el Kenbubshoku, Jalindra me dijo que esto es algo que no fallaba. Por lo que, decidí ir soltando poco a poco, dejando de apretar hasta bajarla al suelo. Tosió un par de veces, llevándose la mano al cuello suavemente y levantando la cabeza para mirarme mientras flexionaba las piernas para agacharse — Sí, sé de sobra quién eres, has salido en el periódico, he leído la noticia — Tras esto, se puso de pie totalmente — Y sí, sé que en esa isla mandan los que mandan. Pero yo no soy uno de ellos — Su respuesta me dejó intrigado — ¿C... Cómo? — Dije mientras daba un paso hacia atrás — ¡Yo vine aquí porque puedo plantar amor y ser libre, puedo ser lo que siento que soy, un okama! ¡Estaba harta de que me juzgasen, es por eso que me vine aquí a hacer mi negocio y que todos me respetasen tal y como soy! — Tras esto, volví a mi forma humana, totalmente avergonzado por mi actuación — Yo... lo siento mucho, de verdad que no sé lo que me pasó y... — ¡Está bien, tranquilo! ¡Sé de sobra tu preocupación, de que seas descubierto y te hagan algo a ti o a los tuyos! ¡La verdad, que aunque esto esté bajo el ejército Revolucionario, no se vive tan mal, al menos yo no me quejo, solo quiero estar en mi tienda vendiendo mis productos! — Sentencio.
No sabía que decir ni hacer, me comporté de forma muy agresiva, algo que no es normal en mí, estaba totalmente paralizado, algo que Lavanda pudo percatarse fácilmente — ¡Mira, cómprame unos tomates Lavanda, y aquí no ha pasado nada, cariño! — La miré apenada a los ojos, y solo pude afirmar con la cabeza. Saqué 1.000 berries de la cartera en lo que ella preparaba una bolsita de papel marrón, cogiendo los tomates, y añadiendo 5 dentro de ella — Ten... quédate con el cambio por las molestias — Lavanda intercambio el dinero por la bolsa, totalmente alegre, como si nada hubiera pasado. No sé si es porque realmente me dijo la verdad, o intentaba engañarme, pero el Kenbunshoku no engañaba. Tras esto, me di media vuelta, situándome en la cortina de nuevo, apartándola con la mano y mirando a Lavanda una vez más tras todo lo sucedido — Muchas gracias. Estoy deseando ver que receta puedo hacer con los tomates — ¡Seguro que algo rico, cariño! — Sí... Y, lo siento una última vez. Creo que me iré fuera de la ciudad en lo que queda de día para despejar la mente — ¡Perfecto, diviértete mucho y sobre todo cocina rico! — Dijo despidiéndose con la mano y una sonrisa de oreja a oreja, mientras recogía los productos que se cayeron, consecuencia de mi ataque hacia ella.
Salí de la tienda y me fui directamente al barco, cogiendo el mismo camino que usé para venir. Realmente me sentía mal por casi hacer daño a una persona inocente. El simple hecho de pensar en que algo les puede pasar a mis compañeros me ponía muy mal. Ya perdí a Minato, ya perdí a Vulkan. No quería más de esto.
En el fondo, lo que quería era algo parecido a lo que buscaba Lavanda en este sitio: Ser libre.
Llevábamos allí unos días, intentando recobrar y sacar cualquier tipo de información sobre la organización que está al mando de aquella isla, la armada Revolucionaria. De momento, no ha sido posible, está costando más de lo esperado. El tener que ir muy de incógnito supone un problema, y más para mí, que eso de no llamar la atención y pasar desapercibido, pues... no era algo que se me diese muy bien, que digamos, aunque con esas, intentaba no ser el centro de atención la mayor parte del tiempo y que no me hicieran caso.
Me levanté temprano en mi camarote, como siempre, descansando mis ocho horas de sueño mínimo. Procedí a vestirme de nuevo sin que nadie pudiera asociarme con la Marina. Una camisa rosa chillona y pantalones negros ajustados fue la decisión esta vez. Salí a la cubierta del barco, algunos soldados acompañados de cadetes ya estaban por allí rondando, comenzando la mañana, preparando el día. No vi a ninguno de mis compañeros, era bien pronto y estarían durmiendo. Sé que estos días se han dedicado a veces a entrenar entre ellos, para no perder la forma y no bajar la guardia si algún problema podía surgir en Momoiro. Hacían bien, me gustaría algún día entrenar con ellos y ver de lo que son capaces, aunque no dudaba de ninguno de ellos, ni siquiera de Ryze, la nueva incorporación a la División 21, la cual tenía un poder asombroso gracias a su fruta.
Me dirigí directamente a la pasarela, recorriéndola para bajar a la rosada playa. El barco estaba escondido y a buen recaudo, era realmente complicado encontrarlo. Me giré, pasándome en seco, con las manos en los bolsillos y observé de nuevo el barco — Hemos estado viajando en él desde Impel Down — Dije en un tono bajo, hablándome a mí mismo — Me gustaría poder comprar un buen Galeón, equipado totalmente con todo lo necesario, que no les falte nada a ninguno de mis compañeros y tengan todo lo que quieran. Sephi seguro que sería el que más lo disfrutase — Terminé con una sonrisa, suspirando mientras volvía a darme media vuelta para dirigirme a la ciudad. En esta isla iba a ser difícil conseguir algo de tal calibre, pero si nuestro siguiente destino era menos hostil que este y más seguro, desde luego era lo primero que me gustaría hacer, que la División 21 tuviera su propio barco con su propia identidad.
Pasados unos treinta minutos, llegué a la ciudad principal de Momoiro, donde más gente había y hacía vida. Los puestos y negocios comenzaban la jornada. Lo que más abundaba en aquel lugar eran tiendas de ropa, manicura y moda, realmente la gente de aquí se desvivía por ella, siempre querían ir a la última, lo más glamurosos posible y destacar por encima del resto. Por una parte, agradecía que fuera así, eso ayudaba a que no destacase tanto entre ellos. O quizás lo contrario, al no ir tan exuberante y llamativo que resto, destacaba precisamente por eso, por ir vestido de manera "normal" aquí. Fuera como fuera, no iba a pasar en aquella zona mucho tiempo, yo iba directo al mercado principal. Hasta ahora no había tenido tiempo para poder deleitarme con la gastronomía de este sitio y que tipo de productos e ingredientes venden por aquí, es por eso que hoy decidí levantarme más pronto que de costumbre, para poder darme un poco de tiempo para mí.
Una vez allí, en la zona del mercado, saqué un cigarrillo y como siempre, lo encendí con mi zippo con estampado metálico de un pulpo. Observaba atentamente cada puesto, y aunque había alimentos que si conocía, había otros que no tanto, siendo totalmente muy exóticos para mí. Desde frutas totalmente con la pigmentación rosada, hasta granos de cereales totalmente de la misma manera — Qué curioso, me pregunto que tipo de sabor le dará esto a un plato — Dije llevándome la mano derecha a la barba, peinándomela mientras pensaba en las posibilidades, y la mano izquierda la situaba en mi espalda — Pues un sabor magnífico querido, que si no podría dar lo que yo vendo ¡Yo solo tengo calidad! — Escuché de repente como contestaba a mi pregunta. Alcé la cabeza para mirar a la profundidad de la tienda, de la que emergía una silueta hasta plantarse delante de mí — ¡Bienvenido a mi humilde tienda, soy Lavanda! — Se presentó.
Lavanda
En sus estanterías, muchos más productos, tanto conocidos como nuevos. Me llamó la atención una especie de tomate con ciertos tonos morados — Curioso e interesante ¿No me dirás que este tomate también tiene el secreto del amor y la libertad, no? — Dije de manera irónica, esperando que Lavanda se diera cuenta — ¡Correcto, mucho amor y totalmente libre! ¡Es mi producto estrella, el tomate Lavanda, como una servidora! — Entró al establecimiento, dejando el cesto de mimbre en una silla y cogiendo uno de esos tomates para hacer un pequeño malabar con él, hasta postrarlo en su mano derecha y ponerlo delante de mí — ¡Tienes buen ojo, se nota que te gusta cocinar! — Dijo guiñándome un ojo — Sí, es mi pasión, y lo poco que me hace distraerme de mis cosas — Dije cruzándome de brazos y una risa nasal — ¡Lo sabía, mi ojo nunca falla en estas cosas! — Dijo dándose la vuelta, dejando el tomate de nuevo en su cesto — ¡Se nota que te gusta todo esto, Comodoro! — De repente, un escalofrío sacudió mi cuerpo, abriendo los ojos mucho más, como si hubiera visto un fantasma. Separé los brazos y los bajé, dejándolos caer por la gravedad — ¿Disculpe? — Pregunté, haciéndome el loco, pues en el fondo deseaba que hubiera escuchado mal — Digo que se nota que le gusta cocinar ¡No hay más que verlo! — Gritó, mientras volvía a coger el cesto de mimbre con productos y continuo colocando todo en su sitio, tarareando incluso una canción — Sí... — Me quedé en blanco, juraría que dijo "Comodoro", quizás estaba malentendiendo sus palabras y la cabeza estaba haciéndome pasar un mal momento — Si me disculpa, Lavanda, voy a seguir paseando por el mercado... Gracias por todo — Procedí a salir por la puerta, apartando con mi brazo derecho la cortina para irme cuando Lavanda se dio la vuelta, para mirarme, alzando el brazo en modo despedida — ¡Que vaya bien, y alimenta bien a la División 21! — Apreté los dientes y abrí de nuevo los ojos, inmediatamente. Esta vez no había duda. Lavanda sabia quién era. Aproveché que era temprano y que no había mucha gente en la calle y nadie más en la tienda.
Me di la vuelta rápidamente — Soru — Y en un veloz movimiento, mientras me transformaba en mi forma híbrida, me planté frente a Lavanda, poniéndole mi antebrazo derecho en el cuello y mi mano izquierda en su hombro derecho, empujándolo contra la pared que había entre dos estanterías. Del brusco movimiento, algunas frutas y verduras se salieron de sus cestos, cayendo al suelo — ¡AY, QUE HACES! — Miré a los ojos a Lavanda mientras apretaba su cuello, no sin llegar a asfixiarle, pero sí lo suficiente como para que supiera que no iba a andarme con ninguna tontería si él decidía hacer alguna precisamente — Ya veo que sabes quién soy — Lavanda me miraba con una cara aterrada, mientras intentaba zafarse de mi agarre, ahí me quedó claro que no era un guerrero, no sabía pelear, era simplemente una dependienta de una tienda de alimentos, pero aun así, el simple hecho de que me hubiera reconocido ya era un problema. No solo yo estaba en peligro, sino también el resto de mis compañeros y todos los soldados y cadetes que estaban en el barco. Bajo ningún concepto iba a dejar que les pasase algo, y si tenía que hacer una locura, lo haría sin dudar — ¡Oye, oye, que te pasa, cariño! ¡Suelt...! — Moví mi mano izquierda del hombro para ponerla en la boca y que no pudiera gritar — ¡Venga, va, no me tomes por tonto, sé que esta isla está bajo el mando de los revolucionarios, y no pienso poner en peligro a mi gente! — Dije sin apartar la mirada de Lavanda, la cual seguía mirándome con cara de pavor, sudando por su cabeza rapada y respirando totalmente angustiada por la nariz, ya que no se la tapé con la mano — No me gusta ser así. Pero no puedo dejar que se sepa que la División 21 está aquí... — Dije con rabia, pero también con pena. No soy alguien violento, es lo que me enseñó Spike, pero no podía jugármela a que fuéramos descubiertos. El solo pensar en que podrían hacer daño a mis compañeros hacía que se me retorciera algo en el estómago. Debía acabar con Lavanda, y luego deshacerme del cuerpo, cosa que ya era un problema solo el pensarlo. Pero de repente, la dependienta de allí dejó de zafarse. Soltó los brazos, dejándolos caer relajadamente, respirando de manera más lenta y calmada, pero sin quitarme esa mirada de terror. Algo no iba bien, alguien de la Revolución no se comportaría así. Así que usé mi Kenbunshoku para poder ver que es lo que Lavanda sentía en ese momento, y la respuesta me confundió todavía más. Era miedo.
No sé por qué hice lo que hice, me la estaba jugando — ¿Algo que quieras decir por última vez? — Le dije mientras los colmillos de mi boca se hacían más grandes y se los mostraba y separaba un poco mi mano de su boca para que pudiera hablar. No hubo ni un simple jadeo por falta de respiración — Comodoro... Tranquilo. No soy su enemigo — Aquellas palabras hicieron pararme en seco — ¿Puede... dejar de apretar en mi cuello y amenazarme? ¡Eso no se le hace a una dama! — Expresó totalmente apenada. No sé por qué, me daba la sensación de que estaba siendo sincera, pude verlo al usar el Kenbubshoku, Jalindra me dijo que esto es algo que no fallaba. Por lo que, decidí ir soltando poco a poco, dejando de apretar hasta bajarla al suelo. Tosió un par de veces, llevándose la mano al cuello suavemente y levantando la cabeza para mirarme mientras flexionaba las piernas para agacharse — Sí, sé de sobra quién eres, has salido en el periódico, he leído la noticia — Tras esto, se puso de pie totalmente — Y sí, sé que en esa isla mandan los que mandan. Pero yo no soy uno de ellos — Su respuesta me dejó intrigado — ¿C... Cómo? — Dije mientras daba un paso hacia atrás — ¡Yo vine aquí porque puedo plantar amor y ser libre, puedo ser lo que siento que soy, un okama! ¡Estaba harta de que me juzgasen, es por eso que me vine aquí a hacer mi negocio y que todos me respetasen tal y como soy! — Tras esto, volví a mi forma humana, totalmente avergonzado por mi actuación — Yo... lo siento mucho, de verdad que no sé lo que me pasó y... — ¡Está bien, tranquilo! ¡Sé de sobra tu preocupación, de que seas descubierto y te hagan algo a ti o a los tuyos! ¡La verdad, que aunque esto esté bajo el ejército Revolucionario, no se vive tan mal, al menos yo no me quejo, solo quiero estar en mi tienda vendiendo mis productos! — Sentencio.
No sabía que decir ni hacer, me comporté de forma muy agresiva, algo que no es normal en mí, estaba totalmente paralizado, algo que Lavanda pudo percatarse fácilmente — ¡Mira, cómprame unos tomates Lavanda, y aquí no ha pasado nada, cariño! — La miré apenada a los ojos, y solo pude afirmar con la cabeza. Saqué 1.000 berries de la cartera en lo que ella preparaba una bolsita de papel marrón, cogiendo los tomates, y añadiendo 5 dentro de ella — Ten... quédate con el cambio por las molestias — Lavanda intercambio el dinero por la bolsa, totalmente alegre, como si nada hubiera pasado. No sé si es porque realmente me dijo la verdad, o intentaba engañarme, pero el Kenbunshoku no engañaba. Tras esto, me di media vuelta, situándome en la cortina de nuevo, apartándola con la mano y mirando a Lavanda una vez más tras todo lo sucedido — Muchas gracias. Estoy deseando ver que receta puedo hacer con los tomates — ¡Seguro que algo rico, cariño! — Sí... Y, lo siento una última vez. Creo que me iré fuera de la ciudad en lo que queda de día para despejar la mente — ¡Perfecto, diviértete mucho y sobre todo cocina rico! — Dijo despidiéndose con la mano y una sonrisa de oreja a oreja, mientras recogía los productos que se cayeron, consecuencia de mi ataque hacia ella.
Salí de la tienda y me fui directamente al barco, cogiendo el mismo camino que usé para venir. Realmente me sentía mal por casi hacer daño a una persona inocente. El simple hecho de pensar en que algo les puede pasar a mis compañeros me ponía muy mal. Ya perdí a Minato, ya perdí a Vulkan. No quería más de esto.
En el fondo, lo que quería era algo parecido a lo que buscaba Lavanda en este sitio: Ser libre.
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