Shandora, la ciudad más cercana al sol y la única capaz de rivalizar con su resplandor celestial. En ella, miles de ciudadanos convivían bajo el mandato del emperador Zarutsuki, ajenos o acostumbrados a las maravillas que la isla ofrecía y a su imponente aspecto. Sin embargo, sus tesoros no se reducían a un puñado de edificios de oro, había algo más, oculto tras sus paredes y resguardado entre las páginas de los libros, un conocimiento tan codiciado como prohibido. Era conocida por muchos la existencia de unas grandes rocas con inscripciones ilegibles esparcidas a lo largo de todo el continente, unas rocas que escondían un mensaje oculto tan poderoso como para asustar al Gobierno Mundial, que había prohibido tajantemente y bajo pena de cadena perpetua, incluso muerte, llegar a leer, esparcir o guardar su contenido. Para otros muchos la existencia de estas rocas, conocidas como Poneglyphs, era solo una leyenda y otros tantos desconocían por completo su existencia. La gente corriente no se planteaba salir en su busca por miedo a las represalias o por falta de motivación y, mucho menos, podían aspirar a descifrar sus mensajes. No obstante, unos escasos curiosos anhelaban en secreto poseer ese conocimiento, algunos, con el objetivo de derrocar al Gobierno, la mayoría, simplemente por su propio enriquecimiento cultural o por tratar de que no se desvanezca una parte importante de la historia.
Debido al peligro que supone tener algún conocimiento de los Poneglyphs, resulta complicado tratar de indagar sobre ellos. No se sabe nada a ciencia cierta, ni su localización ni cómo desentrañar sus mensajes. Lo único de lo que viven los aficionados a estas rocas es de la esperanza de que exista algún documento que pueda ofrecer alguna pista sobre ellos o alguna persona dispuesta a arriesgarse y compartir este conocimiento, pero, ¿dónde encontrar algo así? Desde luego, no en los Blues, una zona relativamente apacible y donde las investigaciones del mundo académico distaban mucho de las que se llevaban a cabo en la otra parte del mundo, al igual que sus instalaciones. Allí, las islas podían ser recorridas innumerables veces, pero al cruzar el Red Line cada isla era única y volver a visitar cada una suponía un gran esfuerzo y un gasto de tiempo. Por ello, los más sabios trataban de aprovechar su estancia en ellas para exprimirla al máximo. Los secretos que guardaban eran únicos y los rumores sobre los conocimientos que albergaban, innumerables.
Tras indagar sobre Shandora, no te sería muy complicado averiguar que contaban con numerosos establecimientos e instituciones, entre ellas, una gran biblioteca reconocida en todos los mares. Lamentablemente, su acceso no era de dominio público. Según decían los habitantes de Shandora, estaba regida por un bibliotecario anciano y amargado que solo dejaba entrar, y a regañadientes, a aquellos con un permiso especial de investigador otorgado por las universidades. Tal vez, con algo de suerte el bibliotecario permitiese a alguna persona que le cayese en gracia echar un vistazo a su biblioteca privada.
Todos los habitantes conocían la localización de la biblioteca, aunque casi ninguno de ellos solía visitarla. Se encontraba fuera de la ciudad, alejada del ajetreo en pleno bosque, cerca de la playa. Se trata de un edificio alto de tres plantas que dista mucho de los edificios dorados de Shandora, está construido con piedra y presenta un diseño clásico y elegante, a la par que misterioso. La fachada pedregosa y cubierta parcialmente de musgo, le otorga una apariencia robusta y salvaje. A los lados de la entrada, una gran puerta doble de madera, dos columnas sostienen un frontón triangular adornado con tallas de escenas literarias y una inscripción: “virtud en los libros, sabiduría en el silencio”. En las tres plantas, varios ventanales arqueados amplios se encuentran alineados, permitiendo que la luz natural ilumine el interior. En el centro de la fachada, justo sobre la entrada principal, se encuentra un gran reloj antiguo que marca el paso del tiempo en silencio, sin emitir ningún sonido. El tejado, también de piedra, culmina en forma triangular. Aquella zona no estaba nada transitada, la calma era absoluta y contribuía a crear un ambiente de majestuosidad y misticismo.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
Quizá el limite era el cielo pero incluso en el cielo había un límite más alto.
Ya habían pasado varios días desde que había finalizado el torneo y despertamos tras la explosión de haki con la que el emperador shichibukai Zarutsuki no sabía dejado a la mayor parte de los participantes fuera de combate. Habíamos sido vetados de la ciudad de Shandora, gracias a la beligerancia del jefe del gremio: Sohem. Y en otras ocasiones quizá esto me hubiera dado igual pero el hecho de poder estudiar y aprender de una cultura y civilización que desconocía, si no fuera por las historias que había leído, sí que era un tremendo palo para mí. Sin embargo como se suele decir cuando se cierra una puerta se abre una ventana y el hecho de no poder acercarnos a la ciudad dorada no iba a impedir que a nuestra marcha de la isla del cielo yo me llevará dentro de mis recompensas personales más información de la que tenía cuando llegué. Al final el conocimiento es poder y yo, como todos, necesito más poder.
En los últimos días había salido a investigar la zona cerca de donde nos estábamos alojando tras el torneo los tres integrantes de Magna y había logrado hablar con algunos lugareños. Algunos de ellos mencionaban que existía una biblioteca que estaba situada en un lugar alejado de la ciudad, cerca de la playa de nubes en un lugar recóndito y tranquilo. Como amante de los libros no pude evitar la tentación de deambular durante toda la mañana hasta que pude dar con ella, gracias a las indicaciones de los residentes locales.
La biblioteca me sorprendió. A diferencia de la típica construcción que habíamos visto en zandora esta se erigía tallada en piedra. Se notaba que era un edificio viejo pues el musgo verdoso había comenzado, tiempo ha, a hacerse dueña de la fachada y de las paredes de edificación. Esta poseía un enorme portón de madera como punto de acceso que estaban custodiadas por dos columnas y una estructura con una inscripción que poco lugar a dudas dejaba sobre si era o no el lugar que estaba buscando. Además del musgo y la vegetación incipiente sobre la fachada había una serie de ventanales que colmaban las paredes. Finalmente y quizá lo más llamativo del edificio era un gran reloj que se movía de manera constante y silenciosa evidenciando el paso del tiempo en aquel lugar. Aquel lugar que parecía salido de cualquiera de las historias que había leído de niño.
Respiré profundamente mientras contemplaba el enorme edificio ante mí. Incluso yo que no era especialmente dado a un gran sentido del olfato era capaz de, no sé si percibir realmente o imaginar, el olor a libros y páginas que esperaban por ávidos lectores como yo que devoraran el conocimiento que poseían. Pasados unos instantes me acerqué a la puerta con paso lento y firme. Llevaba mi antebrazo izquierdo reposado sobre la guardia de mi Shimei Kaeru y en mi mano derecha mi icónico libro grabado con una enorme V en la portada. Cuando me planté frente al enorme portón alcé la zurda con el puño apretado y golpee con mis nudillos sobre esta tres veces de forma seca y con una ligera pausa entre los golpes.
Ya había sido avisado de que el hombre que regía la instalación era un señor anciano y terriblemente desagradable en su carácter. Sólo esperaba que pudiera reconocer a un amante de los libros y del conocimiento como yo lo era y me permitiera pasar algo de tiempo en aquel templo del conocimiento. — ¿Hola? — pregunté tras los tres impactos de mi puño sobre la puerta. — ¿Hay alguien? —
Info
Resumen
Describo mi llegada a la biblioteca y golpeo la puerta solicitando acceso.
Inventario
Shimei Kaeru (指名変える)
Creaciones propias
0
Especificaciones
Requisitos: 20 Fuerza / 30 Destreza
Resistencia: 5000
Daño: 200
Escalado: 1,2 Fuerza / 0,9 Destreza
Alcance: -
Unidades de peso: 2
Berries: 9999999
Descripción: Shimei Kaeru es una katana con una hoja de 100 centímetros, considerada un Õdachi. Tiene una saya negra de color mate que termina en un remate dorado. Esta, además, tiene un sageo negro que suele ir totalmente suelto. Su tsuka es negra y está cubierta por un cordaje blanco con el clásico patrón de diamante. La tsuba está formada por dos secciones ovaladas negras con bordes dorados, posee patrones florales y cuatro pequeños dientes en las puntas de los óvalos. La hoja es de acero negro, siendo está totalmente oscura sin un hamon visible. Esta espada representa el monstruo dentro de Viktor, arañando las paredes para salir.
Shimei Kaeru (指名変える) es una Meito, concretamente una de las 21 Õ Wazamono.
viktor001
Santoral
Creaciones propias
3
Especificaciones
Requisitos: 30 FUE / 5 DES
Resistencia: 1500
Daño: 20
Escalado: Fuerza x 0,8
Alcance: 5 metros
Unidades de peso: 3
Berries: 9999999
Descripción: Santoral es rosario gigante que cumple las funciones de un látigo. Cuenta con un mango de cuero endurecido para sujetarlo, de no más de veinte centímetros de largo, y después cinco metros de largo del cuerpo de dicho arma, que son cuentas eclesiásticas, esferas de diez centímetros de diámetro todas ellas. En el extremo la última de estas esferas ha sido sustituida por un crucifijo de treinta centímetros de largo cuyo lado más largo acaba en punta y tiene propiedades cortantes o perforantes, según su uso.
Es un látigo muy pesado, por lo que su uso depende más de la fuerza del usuario que de su destreza.
blackmore001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
El sonido de la puerta al ser golpeada resonó tanto en el interior como el exterior de la biblioteca. Sin embargo, la respuesta a la llamada no llegaba. Incluso los pájaros que piaban desde los árboles parecían haber enmudecido al escuchar los tres golpes contra la puerta. Lo único que se podía escuchar era el sonido del viento pasando entre las hojas de los frondosos árboles, que filtraban parcialmente la luz del sol. La brisa era suave y arrastraba un olor a tierra húmeda. En cuestión de segundos de espera, los pájaros volvieron a entonar sus cantos y aletear, como si nada hubiese perturbado su calma. Daba la impresión de que todos los seres vivos se habían puesto de acuerdo para ignorar aquella llamada a entrar en la biblioteca, incluso los insectos, que revoloteaban por los alrededores sin reparar en tu presencia. Lo único que permanecía aparentemente inmóvil, aunque vivo, era el musgo y las plantas trepadoras, que se enredaban entre los recovecos de las piedras que conformaban la biblioteca.
La puerta tenía una gran cerradura, pero podría estar abierta. Antes de que pudieses comprobarlo por tu cuenta, una voz ronca pero potente sonó a varios metros desde el interior de la biblioteca. —¡Que sí! ¡Ya voy! —gritó como si hubieses estado varios minutos aporreando la puerta con desesperación. Tras estas palabras, se escuchó un golpe y el sonido de varios objetos cayendo. —¡Pasa! —dijo la misma voz de forma algo más seca. A pesar de la cerradura, la puerta estaba abierta, probablemente porque la persona encargada de cuidar los libros se encontraba en el interior. Aunque tampoco es que fuese muy común que alguien tratase de entrar a una biblioteca a robar, y menos aún en una isla que parecía tan civilizada y controlada por la presencia del shichibukai Zarutsuki y su legión de guardias. El mayo peligro que podían correr aquellos libros era ser desgastados por la humedad, comidos por los insectos o incendiados por un accidente forestal.
Al abrir la puerta podrías tener acceso visual a toda la primera planta, una sala amplia y rectangular iluminada por la luz de las ventanas y por varias lámparas de araña colgadas en el techo. Las paredes estaban revestidas de estanterías de madera de roble oscuro. Estas estanterías también se encontraban a lo largo de la estancia de forma vertical y separadas entre sí por metro y medio de distancia. A los lados de las estanterías habían carteles indicando la temática de cada sección y, de frente, los apellidos de los autores. Todas estaban repletas de libros sin un solo hueco entre ellos y llegaban hasta casi la altura del techo, a poca distancia de las lámparas colgantes. El suelo de piedra estaba cubierto por una alfombra roja que parecía algo desgastada, aunque tenía un aspecto baste limpio y cuidado. Al final de la sala, en el lado izquierdo, una escalera de caracol llevaba hasta el piso superior, que no era muy diferente a aquella primera planta. Todo recto había un pequeño hueco que dejaba espacio para otra puerta de madera cerrada por un candado. A la derecha en una esquina había una mesa con seis sillas. Sobre ella se encontraban varios libros antiguos apilados y en el suelo otros tantos desparramados.
Al fijarte en ella podrías ver cómo una pequeña figura cubierta por una capa azul oscura que cubría su cuerpo y su rostro se apoyaba en una de las esquinas de la mesa mientras se encogía para tocarse la rodilla derecha. —Ayayay… —murmuraba frotándose la extremidad —. ¿De qué universidad vienes? Deja en la mesa tus credenciales y mira lo que quieras, pero no molestes —dijo con un tono de voz cansado y sin molestarse en levantar la vista para mirarte. Efectivamente, era tal y como describían los habitantes de aquella isla del cielo, una persona anciana sin demasiadas ganas de visitas en su biblioteca.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
26-05-2024, 09:53 PM (Última modificación: 26-05-2024, 09:56 PM por Viktor.)
Durante unos instantes el tiempo se detuvo. Pareciera que los animales y el mundo mismo a mi alrededor se había enmudecido ante el impacto de mi mano sobre la enorme puerta de madera que custodiaba el acceso a la biblioteca de la isla del cielo. Tras unos instantes todo pareció volver a la normalidad y una voz imponente, pero con tintes de ronquera resonó desde el fondo de la edificación aseverando que estaba en camino. Fueron unos instantes los que restaron para oír varios golpes desde el interior de la puerta y recibir la instrucción de entrar. No es que oyera la cerradura abriéndose, es que simplemente me dieron paso y tal como ordenaron así lo hice. Coloque la zurda totalmente abierta y con los dedos extendidos sobre el enorme portón y lo empuje con suavidad, entrando así a la mítica biblioteca.
El primer piso era una enorme sala rectangular que estaba adornada por estanterías repletas de conocimiento en forma de libro. Enormes lámparas colgaban del techo, iluminando todos los recovecos de la estancia y dando un ambiente acogedor que invitaba a la reflexión. Las estanterías serían sucediendo una a una a lo largo de la habitación separadas entre sí y con rótulos que evidenciaban el tipo de libro que podías encontrar en cada una de ellas. También pude ver una escalera de caracol al fondo de la sala que parecía llevar a un piso superior y también una mesa con varias sillas a su alrededor sobre la que había libros, además de otros muchos que estaban en el suelo por alguna razón. Junto a la mesa, una criatura cubierta por una capa oscura parecía quejarse.
Comencé a acercarme lentamente hacia la mesa, esperando conocer al que suponía era el anciano bibliotecario, que ahora viéndolo más de cerca parecía estar doliente de una rodilla, probablemente por su avanzada edad. Este preguntaba sobre mi universidad, mi alma mater, y pedí a mis credenciales, además de pedirme que no molestara. ¿Credenciales? Estoy apañado, pensé. Aunque era posible que pasara desapercibido si era honesto con el hombre, o mi aventura en la biblioteca iba a ser mucho más breve que algunos de los poemas que acostumbraba a recitar.
Cuando alcancé la mesa dejé mi libro sobre ella y me puse en cuclillas recogiendo aquellos que estaban en el suelo, pues supuse que el anciano hombre que tenía dificultades para agacharse y cogerlos. Tras apilar una decena de ellos me incorporé y los coloqué sobre la mesa gentilmente. — No vengo de ninguna universidad, señor. Soy un visitante del mar inferior y vengo en busca de conocimiento sobre la cultura de Skypiea. — dije totalmente honesto y con un tono cordial y afable. — ¿Podría usted indicarme alguna lectura destacada? Prometo no molestarle. — aseveré mientras empujaba los libros que había apilado un poquito más hacia el centro de la mesa para evitar que volvieran a caer por un descuido.
Info
Resumen
Entro a la biblioteca y observo el lugar. Me acerco al bibliotecario y tras coger unos libros le pido ayuda para buscar algún libro.
Inventario
Shimei Kaeru (指名変える)
Creaciones propias
0
Especificaciones
Requisitos: 20 Fuerza / 30 Destreza
Resistencia: 5000
Daño: 200
Escalado: 1,2 Fuerza / 0,9 Destreza
Alcance: -
Unidades de peso: 2
Berries: 9999999
Descripción: Shimei Kaeru es una katana con una hoja de 100 centímetros, considerada un Õdachi. Tiene una saya negra de color mate que termina en un remate dorado. Esta, además, tiene un sageo negro que suele ir totalmente suelto. Su tsuka es negra y está cubierta por un cordaje blanco con el clásico patrón de diamante. La tsuba está formada por dos secciones ovaladas negras con bordes dorados, posee patrones florales y cuatro pequeños dientes en las puntas de los óvalos. La hoja es de acero negro, siendo está totalmente oscura sin un hamon visible. Esta espada representa el monstruo dentro de Viktor, arañando las paredes para salir.
Shimei Kaeru (指名変える) es una Meito, concretamente una de las 21 Õ Wazamono.
viktor001
Santoral
Creaciones propias
3
Especificaciones
Requisitos: 30 FUE / 5 DES
Resistencia: 1500
Daño: 20
Escalado: Fuerza x 0,8
Alcance: 5 metros
Unidades de peso: 3
Berries: 9999999
Descripción: Santoral es rosario gigante que cumple las funciones de un látigo. Cuenta con un mango de cuero endurecido para sujetarlo, de no más de veinte centímetros de largo, y después cinco metros de largo del cuerpo de dicho arma, que son cuentas eclesiásticas, esferas de diez centímetros de diámetro todas ellas. En el extremo la última de estas esferas ha sido sustituida por un crucifijo de treinta centímetros de largo cuyo lado más largo acaba en punta y tiene propiedades cortantes o perforantes, según su uso.
Es un látigo muy pesado, por lo que su uso depende más de la fuerza del usuario que de su destreza.
blackmore001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
Al aproximarte hacia aquella figura, continuó sin inmutarse, esperando que dejases las credenciales que te había pedido sobre la mesa. Cuando dejaste tu libro sobre ella para recoger los que habían caído al suelo giró el rostro de forma inconsciente para echar un vistazo a la tapa. —Hmf —fue el único sonido que emitió cuando escuchó que tan solo eras un visitante sin credenciales que quería manosear y husmear en sus preciados libros. Prometía no molestar, pero su mera presencia ya parecía incomodar a la anciana figura que se encogía cada vez más oculta tras sus ropajes. —Si dejase entrar aquí a todo el mundo esto sería un caos. Decenas de personas pisoteando mi alfombra y metiendo las narices en mis asuntos, haciendo preguntas estúpidas —puso especial énfasis en aquella última palabra al mismo tiempo que se desabrochaba la capa para dejarla caer sobre el respaldo de una de las sillas.
Ahora que su aspecto había quedado al descubierto, se podía ver con claridad que la persona encargada de a biblioteca era una anciana, no un anciano como muchos creían. Su pelo, completamente gris, estaba recogido en un abultado y abundante moño cogido con un coletero rojo bastante llamativo. Numerosas arrugas surcaban su rostro, se concentraban alrededor de su boca y sus ojos. A pesar de que parecía ser que el ceño fruncido formaba parte de ella, su frente era la zona menos poblada por estos surcos de la vejez. Tenía los ojos grandes, pero unas pupilas pequeñas y grisáceas que habían perdido algo de brillo debido al paso del tempo y el desgaste. Era imposible saber la cantidad de libros que habían leído a lo largo de toda una vida, y la que le quedaba. Era una mujer de baja estatura, no medía más de metro y medio y su postura encorvada la hacía parecer todavía más pequeña. Ahora vestía con una amplia túnica blanca que escondía la delgadez de su cuerpo, pero a pesar de su aspecto frágil, parecía que tenía demasiada energía. Sobre su cuello descansaba una fina cadena dorada que se colaba por su pecho.
Ignoró por completo que te hubieses referido a ella como señor, debía estar acostumbrada al error o no le daba ninguna importancia. Cuando colocó la capa en la silla se giró para mirarte a la cara mientras colocabas los libros sobre la mesa y, acto seguido, dirigió su vista hacia tu arma. —Por lo menos tú no pareces tan aburrido como esos universitarios que solo leen para confirmar lo inteligentes que son y no para aprender, o eso espero si te hago el favor de dejarte leer mis libros. Shandora, primera planta, tercera y cuarta estantería del centro y todas las de la pared de la derecha. Shandora: Historia de una ciudad ancestral, Arquitectura y Arte de Shandora: Un Viaje Visual, Cuentos y fábulas de Shandora y Los manuscritos perdidos de Shandora. ¿Cuál te vas a leer primero? —preguntó de forma inquisitiva alzando la cabeza para mirarte.
El silencio dentro del edificio era casi total. A pesar de la fauna del bosque, tan solo se escuchaban los trinos de los pájaros de forma intermitente. La humedad, por algún motivo, no penetraba en el interior. El musgo de las paredes del exterior no cubría las de dentro de la biblioteca y también se percibía mediante el olor. En aquel lugar el aire estaba impregnado por una mezcla de aromas que se había acumulado con los años, pero que no resultaba desagradable. Entre ellos, se podía discernir el olor de las hojas envejecidas de los libros y el del cuero de las cubiertas de los más antiguos.
Bibliotecaria
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
La figura gruñó de manera seca mientras colocaba los libros. Pareciera que los rumores sobre su mal carácter estaban más que justificados pues, cuando aclaré que no era un universitario acreditado, simplemente se limitó a decir que la gente intenta ir a su biblioteca para pisar su alfombra y preguntar estupideces. Yo no pude evitar mirar al suelo, buscando mis botas, asegurándome de que no las llevaba llenas de barro hasta los tobillos. Hubiera sido un absoluto fallo de educación por mi parte, pero, por otro lado, tampoco sabía que en una biblioteca de la isla del cielo pudiera haber este tipo de costumbres. Para mi suerte, mis botas estaban bastante más limpias de lo que acostumbraban, ya que apenas pisé barro durante el camino aquí. Tras esto, el bibliotecario se destapó desvelando ser, en realidad, una bibliotecaria. La anciana de pelo cano tenía su pelo recogido en un moño y portaba en su cara las muestras, el inexorable paso del tiempo por la tez humana. Me sentí avergonzado por haberla llamado señor hace unos instantes, y seguramente si la vieja bibliotecaria se hubiera fijado bien, o si sus cansados ojos se lo permitieran, hubiera visto como me ruborizaba por la confusión, aunque por algún motivo parecía no importarle demasiado.
Ataviada con una túnica blanquecina, la anciana mujer, que no debía sobrepasar el metro cincuenta, se giró, cambiando ligeramente su manera de dirigirse a mí. Decía que parecía no ser tan aburrido como los universitarios y que, si me dejaba leer sus libros, más me valía no serlo. Tras esto enumeró una serie de libros y me cuestionó sobre cuál sería mi elección en caso de poder leerlos. Decidir solo por los títulos era difícil. Fruncí un poco el ceño mientras llevaba un poco mi peso la pierna derecha y cruzaba mis brazos, llevando el izquierdo sobre mi esternón, agarrando mi torso mientras el derecho reposaba sobre este, llevando la mano hacia mi barbilla. —Humm… — murmuré mientras miraba hacia arriba intentando ordenar mis ideas. —Creo que conocer la historia es primordial, pues así se pueden aprender costumbres, entender la sociedad… — mascullé mientras frotaba la barbilla pacientemente —Aunque bien visto, la arquitectura y el arte son representaciones del pueblo que suelen estar cargadas de información… — proseguí mientras bajaba el brazo derecho a juntarse con el izquierdo sobre mis costillas —Pero, manuscritos perdidos suena tan interesante… ¿Qué cantidad de secretos albergarán?— me preguntaba para, finalmente, descolgar mis brazos y dejar caer mi cabeza en signo de resignación junto con un suspiro profundo y prolongado. —Supongo que no hay una decisión buena.— contesté a la anciana señora mientras me incorporaba de nuevo sonriendo, con los ojos casi cerrados. —Creo que, de elegir, optaría por el orden en el que los mencionó usted: Primero conocer la historia, después el arte local y finalmente, tras comprender la civilización de Shandora, leer sus manuscritos.— aseveré con entusiasmo. —Siento que, de otra manera, no podría comprender muchas cosas.— justifiqué parando unos segundos mirando a la bibliotecaria con una amplia sonrisa y tras esto, me giré para enfilar las escaleras hacia el primer piso donde la guardiana del conocimiento había indicado que encontraría los libros.
Estaba absolutamente en mi salsa. Había tanto que leer, tanto que descifrar y comprender. Tanto conocimiento esperando ser encontrado por mentes ávidas. Tanto poder.
La mujer anciana no despegó la vista de ti mientras divagabas sobre qué lectura sería la más interesante para comenzar a informarte sobre Skypiea. Asentía con cada palabra que salía de tu boca, bien porque estaba de acuerdo en todo o bien para que continuases hablando y poder evaluar posteriormente tu respuesta. Su respuesta fue más clara cuando admitiste no creer que hubiese una respuesta buena. En ese momento, asintió con más vehemencia cerrando los ojos y acompañando el acompasado movimiento de su cabeza con un “uhum”. Claramente se trataba de un sonido de aprobación, que se acentuó aún más con tu argumentación. Toda la información era importante, cada aspecto de la civilización de Skypiea formaba parte de un gran puzle y contribuía a ampliar el conocimiento general sobre la isla, sus ciudadanos y sus secretos. Si faltaba alguna pieza del puzle, se corría el riesgo de no llegar a comprender aquel todo.
—De acuerdo, adelante —dijo la anciana apuntando con la palma extendida hacia las estanterías que te había indicado y donde podrías encontrar todos esos libros. Ahora todos ellos y muchos más, todos los de aquella biblioteca, estaban a tu alcance. —Puedes dedicar el tiempo que quieras a leer cualquier libro de las tres plantas de la biblioteca, aunque si lo que buscas es información concreta de Shandora y esta isla en general no tendrás que subir las escaleras. Arriba solo hay información de otros lugares y varios campos de estudio, aunque también puedes echar un vistazo si quieres. El único lugar al que no puedes acercarte es a esa puerta de allí— dijo señalando hacia la puerta de madera cerrada por un candado que se encontraba entre dos estanterías —. Allí solo hay libros viejos que tengo que restaurar.
Sin decir una palabra más, la anciana comenzó a subir lentamente y con esfuerzo las escaleras que daban al piso superior. Los libros de las estanterías te esperaban, libros leídos decenas o, tal vez, centenares de veces. Todos estaban desgastados por el uso en mayor o menor medida, por lo que guardarían muchos secretos para ti, pero pocos para todos aquellos que los habían consultado con anterioridad. Si comenzabas a leerlos podrías conocer algo más sobre la historia y la cultura del lugar, acontecimientos importantes que se sucedieron a lo largo de los años, bandos enfrentados y aliados, detalles sobre el estilo de las edificaciones y las obras de arte, sus influencias y su repercusión en la sociedad. Pero, tal vez, el libro más misterioso y que resolvía menos problemas de los que planteaba fuese el de los manuscritos perdidos. En él, se describía una antigua biblioteca de Shandora conocida gracias a otros textos, pero que nunca fue encontrada. A través de otros libros también se conocen algunos de los títulos que podían encontrarse en la antigua biblioteca: Compendio de tratados medicinales, Relatos de la Era Dorada, Arte alquímico, Cartas navegantes, Astronomía y cosmología, entre muchos otros mencionados y de los cuales se ha tratado de recopilar la mayor cantidad de información posible. Todos ellos parecían interesantes, aunque completamente inaccesibles, pero lo que más llamaba la atención de aquel libro era uno de los títulos completamente tachado hasta el punto de que resultaba imposible descifrar qué ponía. Además, también había un par de páginas arrancadas, algo impropio de aquellos libros que la bibliotecaria mantenía perfectamente cuidados.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
02-06-2024, 11:03 AM (Última modificación: 02-06-2024, 05:11 PM por Viktor.)
Pareciera que mis palabras estaban siendo suscritas una a una por la anciana bibliotecaria. Mientras yo trataba de buscar un sentido lógico al orden en el que debería devorar las hojas de los libros que había mencionado, ella simplemente parecía asentir con la cabeza. Finalmente, me dio permiso para leer cualquier libro de los que había en la biblioteca. También me especificó que en esta planta es donde se encontraban toda la información de Shandora y la isla del cielo, siendo que las plantas superiores había información sobre lugares y campos de estudio distintos, pero que también podía ir sin ningún problema a buscar su conocimiento. El único sitio que prohibió fue una puerta de madera entre dos estanterías donde decía tener libros viejos para restaurar. Miré a la puerta de reojo y observé un viejo candado intentando impedir que esta se abriera. No es que tuviera todo el sentido del mundo. Bajo llave pones algo valioso o que no quieres que alguien pueda acceder, pero libros por restaurar... No lo sé, Joe, parece falso. De todas maneras no me importo. Había suficientes libros en las tres plantas para leer una vida completa y no iba a arruinar la confianza de la bibliotecaria en mí por cuatro libros viejos.
— Sí, señora. — dije girándome a ella y realizando un saludo cordial, inclinando mi torso ligeramente con las piernas rectas y juntas, deslizando mis manos a lo largo del exterior de mis piernas. Tras esto, la señora comenzó a subir las escaleras para marcharse a los pisos superiores. Me quedé solo antes todo el conocimiento de Skypiea. — Bien... ¿Por dónde empezamos? — mascullé mientras me acercaba la primera estantería y pasaba los dedos índice y corazón por los lomos de los libros.
El primero que ayer fue uno de los que la anciana mencionó: historia de una ciudad ancestral. Lo saqué con cuidado de la línea de libros y comencé a leerlo. En eso relataban diversos aspectos de la fundación de la isla del cielo desde épocas inmemoriales. Con la sucesión de las hojas aprendí mucho sobre los que fueron reyes y emperadores de aquella isla, así como héroes y figuras emblemáticas, siendo la última más llamativa Yojimbo LeMarcus Cornell Yamamura 2º. Se hablaba de un primogénito, pero no había más datos. Finalmente, cerró el libro tras terminarlo y lo dejé en su sitio exactamente igual que antes, alineado con todos sus similares. El segundo libro fue el de la arquitectura y arte. Este, quizá un poco menos interesante para mí, hablaba sobre la edificación y las técnicas de construcción de la isla. Además, también se mencionaban autores y artistas referenciando a sus obras y el estilo de estas. Nada que me llamara especialmente la atención, por lo que devolví el libro a su lugar tras terminarlo. Finalmente, hallé los manuscritos perdidos de Shandora. Este libro era terriblemente extraño, pues, cuantas más páginas leía, más dudas sentía que tenía sobre la civilización de la isla del cielo. Sus páginas desgastadas eran a la vez fuentes de información y de duda, haciendo que cada línea arrojara luz y sombras sobre ciertos aspectos en mi cabeza.
Me senté sobre una de las sillas de la mesa donde había conocido la bibliotecaria, puesto que esto estaba siendo una lectura bastante más densa. Dentro del libro de los manuscritos perdidos se mencionaba una biblioteca oculta o perdida a través de otros textos. Esto agrandó mi curiosidad sobre dicha biblioteca. Si esta era una de las más grandes, o la más grande, ¿por qué había otra biblioteca perdida? Preguntas inconexas. Continué revisando otros libros y di con uno en el que se mencionaban una serie de textos de la antigua biblioteca. Algunos de ellos hablaban sobre relatos, otro sobre maneras de tratar enfermedades, algunos útiles como la navegación y la astronomía, pero finalmente y casi pasando desapercibido en esa extensa lista de libros uno de los títulos estaba tachado haciendo totalmente imposible que supiera que ponía ahí. Mi cara de confusión fue apreciable desde kilómetros. ¿Cómo la anciana que tan concienzudamente cuidaba de los libros había permitido que se tachara en uno de ellos? Comencé a pasar páginas buscando más señales y allí varias de ellas arrancadas. Algo no cuadraba. Cerré el libro y comencé a subir las escaleras en busca de la señora. — Disculpe...— dije en voz alta para que me escuchara y hallar a la anciana. —He encontrado este libro y parece que está dañado. Quizá quiera incluirlo en su habitación de restauración.— expliqué a la vieja bibliotecaria, buscándola con la mirada. Al ser tan pequeña, cualquier estantería por pequeña que fuera era capaz de taparla por completo.
La anciana bibliotecaria te dejó tu espacio para que consultases todos los libros que quisieras. No bajó ni una sola vez ni te interrumpió durante tu lectura, respetando tu espacio. Parecía que era algo que ella valoraba, el silencio y la tranquilidad al leer. También parecía satisfecha con tus modales. Era probable que gracias a ellos y a mantener tu compostura te hubiese permitido echar un vistazo a sus libros sin necesidad de un permiso especial de la universidad. Las acciones impulsivas de tu compañero Sohem te habían alejado de la civilización, pero las tuyas propias te habían granjeado un puesto como lector privilegiado en aquella biblioteca.
Tras un tiempo desaparecida, la mujer reaccionó rápido ante tu llamada. Asomó su cabeza con curiosidad por el hueco de las escaleras y, acto seguido, comenzó a bajarlas lo más rápido que pudo sosteniendo una taza de té todavía caliente entre sus manos. —¿Qué diablos…? Ah… —dijo abriendo los ojos y la boca como si acabase de recordar algo —. Sí que es verdad, tienes toda la razón. Encontré este libro hace mucho tiempo en una librería antigua y ya estaba dañado. Tendría que haberlo llevado a la... Habitación de restauración— dijo como si aquellas palabras les resultasen extrañas, como si fuese la primera vez que las pronunciaba.
Aunque la actitud que había mostrado hasta el momento era de seguridad y, en algunos casos, de indiferencia, ahora parecía un poco nerviosa y alternaba la mirada entre el libro que estabas leyendo y la puerta con la cerradura. No había que ser muy inteligente para darse cuenta de que algo estaba ocurriendo y podía ser desde un hecho insignificante, como que aquella anciana no le gustase que gente desconocida merodease por su biblioteca hasta un hecho de mayor envergadura, como que la bibliotecaria guardase algo que no quería que fuese encontrado por nadie.
Dejó la taza de té en la mesa y se aproximó hacia ti con el brazo extendido. —Dame el libro y lo guardaré a buen recaudo para tratar de restaurarlo y devolverlo a su esplendor original —dijo dispuesta a llevárselo tras aquella puerta cerrada. Mientras te ofrecía la mano derecha para que dejases sobre ella el libro, tiró con la izquierda de la cadena de su cuello para sacar de entre sus ropas lo que estaba colgado en ella, una llave vieja y casi tan desgastada como el candado. Parecía que la mujer apenas lo abría, como si simplemente llevase ahí años, encerrando algo. Ahora, la mujer abriría durante un instante para poner aquel libro bajo llave.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
Varios intentos me costó hacer que la vieja bibliotecaria atendiera mi llamado. Si de entrada le hubiera dicho que había encontrado un libro dañado, seguramente le hubiera dado un soponcio y con casi total certeza me hubiera cargado a una de las bibliotecarias más longevas que había conocido. Y sinceramente creo que he visto lo visto hubiera sido hasta una buena opción para poder leer sin problemas. Sin embargo, la vieja bibliotecaria baja por las escaleras con una taza de té y abrió los ojos mientras miraba el libro que le ofrecía. Mientras le enseñaba las hojas dañadas del libro, esta fue abriendo los ojos con un gesto que me resultó extraño. Dijo haber encontrado el ejemplar hace tiempo en una librería y no haberlo restaurado en su momento, cosa que, incluso para alguien como yo que tendía a ser de bueno idiota, parecía a todas luces una mentira improvisada.
Pude notar como y no dejaba de mirar hacia la puerta y el libro repetidas veces, como si supiera que su lugar era aquel y le aterrara que yo hubiera encontrado esas páginas. ¿Sería posible que aquella habitación no fuera donde guardaba los libros a restaurar sino los libros prohibidos? En ese caso tenía que hacer lo posible por entrar ahí. Debía ser inteligente. La vieja señora ya me había demostrado que era bastante desconfiada de los extraños y estaba siendo muy afortunado de poder leer en su biblioteca. Mantengamos el papel. Tras dejar su taza de té sobre la mesa, la mujer se aproximó a mí extendiendo su brazo y pidiéndome el libro para dejarlo en la habitación y poder restaurarlo próximamente. Sin embargo, sabía que si le entregaba el libro no había manera de entrar a esa habitación si no era por la fuerza, así que tenía claro cuál iba a ser la jugada. — No, tranquila. Lleve usted el té. Yo llevaré este libro, lo último que podríamos permitir es que tropiece con alguno de los libros del suelo y terminemos con este libro dañado mucho peor. — dije mientras comenzaba a andar directamente hacia la puerta cerrada como dando por sentado que no pasaba absolutamente nada por acercarme y dejando la pelota en su tejado. — ¡Bastante ha sufrido ya el pobre libro! — dije con un tono alegre y personificando el sufrimiento del ejemplar dañado mientras caminaba de espaldas a la señora y levantaba el libro por encima de mi cabeza girándolo con la muñeca de lado a lado.
Cuando alcance la puerta me giré 180 grados y apoyé mi espalda sobre en la pared al lado de la puerta, justo en el lado del pomo mientras esperaba mirando a la señora con una sonrisa lo más amable que pude. Ahora ella tenía que hacer su siguiente movimiento. Yo tenía mis sospechas que esta habitación guardaba algo interesante y si la vieja señora me impedía el paso ahora me estaría confirmando de alguna manera que todo lo que tengo que hacer si quiero llevarme el conocimiento de la isla del cielo es entrar en esta habitación.
Tu turno.
Aclaraciones
Como el mismo narrador menciona, es obvio que la anciana esconde algo, sea lo que sea, por lo que no creo que sea raro que Viktor lo note. Percibo como mira al libro y la puerta sin problema, además de porque estamos hablando, porque tengo Vista agudizada, además Viktor cuenta con un atributo de Inteligencia no del todo bajo (para los estándares del foro) así que creo que podría ser capaz de darse cuenta de la actuación de la bibliotecaria. Si no es así, corrijo en el siguiente post o edito este mismo.
Info
Resumen
Intento engañar a la anciana para entrar con ella a la habitación y me acerco a la puerta esperándola.
Inventario
Shimei Kaeru (指名変える)
Creaciones propias
0
Especificaciones
Requisitos: 20 Fuerza / 30 Destreza
Resistencia: 5000
Daño: 200
Escalado: 1,2 Fuerza / 0,9 Destreza
Alcance: -
Unidades de peso: 2
Berries: 9999999
Descripción: Shimei Kaeru es una katana con una hoja de 100 centímetros, considerada un Õdachi. Tiene una saya negra de color mate que termina en un remate dorado. Esta, además, tiene un sageo negro que suele ir totalmente suelto. Su tsuka es negra y está cubierta por un cordaje blanco con el clásico patrón de diamante. La tsuba está formada por dos secciones ovaladas negras con bordes dorados, posee patrones florales y cuatro pequeños dientes en las puntas de los óvalos. La hoja es de acero negro, siendo está totalmente oscura sin un hamon visible. Esta espada representa el monstruo dentro de Viktor, arañando las paredes para salir.
Shimei Kaeru (指名変える) es una Meito, concretamente una de las 21 Õ Wazamono.
viktor001
Santoral
Creaciones propias
3
Especificaciones
Requisitos: 30 FUE / 5 DES
Resistencia: 1500
Daño: 20
Escalado: Fuerza x 0,8
Alcance: 5 metros
Unidades de peso: 3
Berries: 9999999
Descripción: Santoral es rosario gigante que cumple las funciones de un látigo. Cuenta con un mango de cuero endurecido para sujetarlo, de no más de veinte centímetros de largo, y después cinco metros de largo del cuerpo de dicho arma, que son cuentas eclesiásticas, esferas de diez centímetros de diámetro todas ellas. En el extremo la última de estas esferas ha sido sustituida por un crucifijo de treinta centímetros de largo cuyo lado más largo acaba en punta y tiene propiedades cortantes o perforantes, según su uso.
Es un látigo muy pesado, por lo que su uso depende más de la fuerza del usuario que de su destreza.
blackmore001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Libro de Poemas
Creaciones propias
1
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: 500
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 999999999
Descripción: Se trata de un libro de bolsillo de un grosor considerable. Su cubierta es marrón y de tapa dura, con detalles grabados a oro, entre los que destacan un enorme marco y una V. Está escrito hasta la mitad, relatando poesías que Viktor suele recitar. La segunda mitad está sin escribir y sirve a su portador de cuaderno de apuntes para lo que necesite.