[Presente relativo] El amanecer del viaje
#1
Varios días después de zarpar de la isla fortaleza de la marina, armando alboroto, el pequeño bote, ya con la mitad de las provisiones agotadas, se acercó a un gran muro rojo. Apenas y se veía donde acababa aquella gigantesca masa de tierra la cual, al ser que navegaba en el bote le pareció imposible de escalar. Parecía un muro infinito, pues tampoco se podía apreciar el fin por los costados. Como si se tratase de un muro que daba la vuelta al mundo. El color le recordaba a los edificios que adornaban la ciudad de Lvneel, en la Isla Oykot, donde había oído hablar por primera vez de los piratas Shogun Gari y se había decidido a salir al mar para apoyarlos y conocerlos en persona. De pronto, oteando aquel gran muro en busca de algún lugar donde desembarcar, vió una montaña en medio de la línea que dibujaba la roca. Y en esa montaña, un río lo suficientemente ancho como para ser navegable. Quizá fuese esa la entrada al legendario Grand Line que el Mink tenía como objetivo. Remó con fuerza hacia aquella entrada y notó extrañado que el agua no era normal, puesto que parecía subir hacia la cima de la montaña. No estaba seguro de que fuese buena idea navegar por allí, pues con su buena visión observó diversas rocas afiladas. Pero parecía tarde. Se había acercado demasiado y, pese a remar en dirección contraria con todas sus fuerzas, la corriente tiraba de él y lo acercaba cada vez más a aquella corriente ascendente. El pequeño bote empezó a subir y Ben intentaba controlarlo con fuerza. El agua salpicaba y mojaba su pelaje blanco, dejándolo empapado. Subía a una velocidad vertiginosa, cada vez más y más rápido. Su instinto animal hacía que se le erizara el pelo y no era capaz de controlar la situación, pero intentaba con todas sus fuerzas mantenerse lo más centrado posible en el estrecho desfiladero, alejándose de las rocas que podían destrozar su botecillo. Pese a varios golpes en la embarcación, parecía no sufrir demasiado la estructura y el agua que se había colado era por las salpicaduras, no por ningún tipo de brecha en el casco de la nave. Finalmente, el oso pudo observar la cima, que se acercaba rápidamente. El barco se despegó del agua debido a la velocidad y Ben Power vió el mundo como nunca lo había visto. En el aire, el tiempo pareció detenerse, como si él mismo hubiese sido víctima de uno de sus rayos Noroma. Debajo de él pudo observar que la corriente seguía bajando la montaña, hacia un mar, al otro lado de aquel gran muro rojo de piedra. Se fijó también en tres islas, las tres más cercanas a la desembocadura de aquella especie de río que cruzaba la montaña. Una de ellas parecía hecha de oro, con un montón de picos y acantilados, como salida de un cuento de hadas. La segunda que vió, era un completo desierto con un pequeño oasis que nadie que tuviera una vista normal podría apreciar por el tamaño que tenía. La tercera, con forma de sombrero, también parecía calurosa y árida, como si no se supiera qué era el frió en aquellos lugares. Ben se dió cuenta de que no lo iba a pasar precisamente bien en la estancia de su siguiente destino. La cosa se complicaba. Oyó el viento en sus orejas y, agarrado al bote, cayó estrepitosamente hacia la corriente de nuevo. Y tuvo suerte de caer en el agua, pues seguro que si hubiese caído fuera, con la velocidad que llevaba, hubiese muerto en poco tiempo por el impacto contra el suelo duro. Pero cayó en el agua, y siguió bajando por la montaña hasta llegar a una zona amplia, más calmada, donde el bote empezó a detenerse poco a poco. Miró a su alrededor y pudo comprobar que había algún que otro resto de barco hundido. Poco más había en aquella zona. Ben Power no lo sabía, pero había pasado la prueba más difícil hasta el momento y ahora se encontraba en el conocido como "cementerio de piratas". El Grand Line.

Karmas
[Imagen: 6BbPnnH.png]
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