[Pasado FIC] Vidas pasadas
#1
Despues de varios días explorando la isla, cazando animales y haciendo hogueras para cocinarlos, me aventuré  a ir algo más allá del lugar donde me había instalado, con piedras en forma de circulo para poder encender las hogueras y un montón de hojas a modo de cama para esta más a gusto a la hora de dormir. Me alejé de allí con todas mis cosas por si no volvía a encontrar aquel lugar. La pistola al bolsillo y el botiquín que siempre llevaba conmigo. Avancé. Caminaba con calma. No había ningún tipo de prisa en mí. aquel lugar era de lo más apacible y, hasta el momento, ningún animal se había propuesto realmente devorarme. O eso o eran todos demasiado débiles como para poder ni siquiera herirme.

Después de varias horas, creo, pues había perdido la noción del tiempo entre tanta vegetación y sumido en mis pensamientos, me di cuenta que la densidad de los árboles se abría y el suelo comenzaba a notarse más blando y suelto hasta que la arena dejó de agarrar las raíces de los árboles. La escena, como el resto de la isla, era de auténtico paraíso. Quizá con un chorro de calor que no me habría esperado, pero lógico con los rayos del sol incidiendo directamente sobre mi cabeza. Un sombrero no me vendría nada mal en esa situación. Me acerqué a la orilla y me quité los zapatos. Metí las enormes pezuñas en el agua, con los pantalones remangados para no mojarlos demasiado, y hundí las manos en el agua salada. Recogí agua entre mis manos y me las llevé al hocico, me empapé la cara con aquel agua salada. Pese a lo mal cuerpo que me dejaba por los efectos secundarios de la nuez de belcebú que había consumido, pensé que no habría ninguna sensación mejor que hundirse en el agua y nadar libre por el mundo submarino. Pero, ¿en qué estaba pensando? Era un mink oso polar, no un pez. ¿Quizá un pensamiento por alguna vida pasada? Era absurdo. Me di la vuelta y me fui hacia el medio de la playa, en la arena. Quería tumbarme en la arena, con calma. viendo las olas romper. La belleza de aquella isla desierta era precisamente que era todo natural. No había nada que los humanos hubieran tocado. Esas estúpidas criaturas lo destrozaban todo únicamente por gusto. Legué a una zona donde me pareció bien tirarme a hacer absolutamente nada, pero antes de eso, tiré con fuerza los zapatos que llevaba en la mano al suelo, como con un ataque de rabia. Acerqué las manos a la arena, cogí un puñado, haciendo que se deslizara entre mis dedos y pensé si mis rayos Norama afectarían a la arena para hacerla más firme. Metí mis dos puños en la arena y endurecí la arena. Acto seguido, en lugar de levantar mis manos para quedarme de pie o directamente tumbarme, levanté los pies, haciendo el pino en un momento que mi cabeza no pudo comprender. Pese a ello, me pareció divertido. El mundo al revés. Quizá fuese eso lo que quería realmente. Ver el mundo dado la vuelta. Volví a plantar los pies el la suave arena y me dejé caer hacia atrás con los brazos extendidos. No sabía lo que me estaba pasando, pero si que sabía que tenía que descubrir cosas que me gustasen. Probar nuevas formas de diversión. Quizá así encontrase un objetivo más allá de encontrar a los Shogun Gari y poder avanzar por el mundo con seguridad y decisión hacia el nuevo horizonte. Pero para eso aún había tiempo. Era hora de disfrutar del paraíso que me ofrecia la isla a la que había llegado hace pocos días.
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#2
Había pasado varias horas en aquella playa y me había dormido. El sol no sería un problema, pues mi pelaje me protegía de las molestas quemaduras de las que se quejaban los distintos marineros que había conocido durante estos casi treinta años de vida dedicados en su mayoría a viajar y conocer un mundo que, ahora, deseaba ver destruido. De repente, algo fresco humedeció mis pies, libres de sus zapatos desde que había decidido refrescarlos en las olas rotas con espuma blanca de las claras aguas de aquella isla desierta. La marea había subido y me mojaba, sacándome de mi ligero sueño. Abrí los ojos despacio, comprobando que el sol se había empezado a esconder tras los árboles a mi espalda, dejando una luna en cuarto creciente delante de mi, pero como de costumbre, y por precaución no la vi. Temía convertirme en la forma Sulong, ya que aún no había alcanzado la suficiente técnica para ser consciente de mis actos durante aquel estado de energía desbocada. Era el momento de ponerse a entrenar. Eché los pies mojados por el agua del mar hacia mi cabeza hasta que una gota cayó en mi frente y me impulsé fuertemente para levantarme de un salto, al tiempo que me ayudaba con las manos. Una vez de pie, me metí al agua hasta los gemelos y empecé a correr todo lo que podía por la playa. Cada vez hacía menos calor y el agua, pese a debilitarme ligeramente por haber comido la Noro Noro no mi hace algún tiempo, me refrescaba y me daba la mitad de energía que me quitaba. Era un gran esfuerzo, pero seguí corriendo hasta que no pude más y salí arrastrándome del agua. Necesitaba un bocado. Era hora de adentrarme en la jungla de nuevo para cazar algún delicioso animal. Pero algo a lo lejos llamó mi atención. Una embarcación, desde luego no la mía estaba en la orilla. Alguien más había arribado a aquellas costas y eso significaba compañía. Estaba seguro de que fuese quien fuese sería algo más fuerte que los animalillos que habitaban allí, y eso significaba diversión. El plan estaba claro. No mediar palabra. Atacar y matar a los propietarios de aquel barco, robárselo y zarpar del vergel que me había encontrado. Ya estaba bien de vacaciones. Era hora de trabajar de nuevo en mi sueño de encontrar a los Shogun Gari. Demasiado tiempo había pasado en las islas donde había atracado y seguro que aquellos fabulosos bucaneros ya me habían vuelto a sacar ventaja. No me podía retrasar más.

Me adentré en el bosque para cazar. Al fin y al cabo, no se puede pelear con el estómago vacío. La isla era más grande de lo que pensaba y quizá el pobre diablo que había atracado allí había estado el mismo tiempo que yo, pero no nos habíamos cruzado por los caprichos de Urtike, el dios de los caminos y el destino. Poco sabía sobre mitología, pero ese pensamiento me inundó la cabeza con fuerza. Sonreí y caminé hacia el interior de la selva, buscando alguna presa digna de un gran bocado. Finalmente, un tigre gigantesco apareció entre los árboles. Antes de que el felino pudiera reaccionar, extendí ambos brazos hacia él, lanzando un rayo Norama que impactó de lleno mientras se ponía en posición de ataque. Me acerqué despacio al gigantesco gato a rallas y le acaricié la cabeza. - Buen mínimo. Ahora serás mi comida. Muchas gracias. - Mi voz tranquila y profunda hizo que los ojos de aquel animal reflejaran miedo y ansiedad. Me encaramé al lomo del tigre y empecé a propinar golpes al tigre hasta calcular que las vértebras cervicales de aquel bicho se habrían hecho puré y bajé de él. No me quedé quieto. No había tiempo que perder. Tenía que buscar una hoguera para cocinar ligeramente mi presa. Chocando dos piedras entre sí, conseguí afilar una de ellas y con ella, la que luego usaría para despellejar al tigre y cortarlo para hacer bocados más fáciles, afilé una rama para usarla a modo de brocheta. El tigre seguía mirándome con pavor, como si no entendiese nada de lo que estaba pasando. Hice una hoguera delante de él y me senté en el suelo. Solo restaba esperar para poder cocinarlo y comer.
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#3
El gato rallado con gigantismo no paraba de mirarme acojonado. Parecía que me estaba pidiendo que lo salvará, pero era precisamente yo quien me lo iba a comer. Sus ojos verdes me suplicaban clemencia. No sabía que el daño ya estaba hecho. Ya no había vuelta atrás. En breves instantes estaría muerto. Pero me parecía muy cruel empezar a despellejar lo antes de que dejase de respirar. Tampoco estaba seguro de si lo sentiria, pero al fin y al cabo soy médico...  Lo miré a los ojos y de mi boca salieron unas curiosas palabras que no tenían absolutamente ningún sentido. Fue un momento extraño, incluso la voz que salió de mi hocico no parecía mía. Igual de profunda y tranquila como siempre, pero más aguda. Más segura y rebelde, algo desgarrada en el fondo. -¿Que miras? ¡A que te tiro un huevo! - meneé la cara extrañado, como para espabilarme. En ese momento, los rayos Norama dejaron de hacer efecto en el gigantesco tigre. En sus ojos de desdibujaron las pupilas y el animal cayó muerto. Empezaba de nuevo mi labor. Agarré la piedra que había afilado y empecé a pelar al gato. Lo puse al fuego y dejé que se cocina se, poco pero lento. En unos minutos aquella jugosa carne por fin sería mía y tendría energías para pegarme con quien fuese que estuviera en la isla.
[Imagen: 6BbPnnH.png]
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#4
Qué desperdicio de material. A los dioses no les gustaría que desperdiciarse así aquello. Pero... ¿Por qué pensaba aquellas memeces‽ ¿Que a los dioses no les gustaría? Vaya chorrada. Me importan una mierda los dioses, siempre y cuando no importune a Zarek. No quiero que me vuelva a atravesar con su brazo. Por suerte la herida iba a mejor, pero tenía que cerrarla. Con la piel que había cogido del Tigre cuando lo pelé cual mandarina, corté un trozo a modo de gasa y me lo puse allí donde estaba el boquete que el zumbado viscoso me había dejado. Después lo vendé firmemente. Así dejaría de sangrar enseguida.

Un olor vino a mi hocico de repente. Carne. De jabalí, además. Venía de la playa. Estaba algo lejos, pero no demasiado como para no ir a buscarlo. Seguro que eran mis dos nuevos compañeros que estaban preparando un festín para celebrar que tendrían un médico abordo para poder curarles. Malditos insensatos. Echan a perder la carne si la cocinan demasiado. Bueno, mientras quede cerveza todo estará bien. Me levanto del suelo hacia delante, haciendo el pino y pienso que estoy en bastante mejor forma de lo que pensaba. Y me encamino hacia la playa donde mis dos nuevos jefes estarán esperándome. Un fuerte sonido entonces llega a mis oídos. No es un festín. Alguien más está en la isla y aquellos dos se divierten sin mi. Voy a ver qué ocurre.
[Imagen: 6BbPnnH.png]
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