01-02-2025, 08:14 PM
Día 3 de invierno. Año 14
Manglar 0, Archipiélago de Sabaody ~ 07:00 a.m.
Sasha se despertó de buena mañana lista para empezar su misión de ser una buena navegante para la tripulación, y eso empezaba por tener un barco. La querida sultana de los Alas Negras ya no podría bailar más tango – en realidad ni ningún otro baile – así que les tocaba buscar otro barco que estuviera a la altura tanto de su antecesor como de lo que les estaba por venir después de salir del archipiélago de Sabaody. La semioni fue con excesivo cuidado de no hacer ningún ruido para despertar a sus compañeros, pero cual ley de Murphy, la rubia se tropezó con la sabana y la manta que colgaban de los pies de la cama, dándose de bruces contra la puerta del baño. Por suerte nadie pareció escucharla pues esperó unos segundos excesivamente quieta por si escuchaba algún ruido, al no escuchar nada fuera de su habitación del hotel prosiguió con su misión. No podía permitir que algo así le fastidie el gran día que le esperaba, tenía cumplir con lo que le había pedido Triana.
Así que abrió la puerta del lavabo lista para darse una ducha, si tenía que conseguir información debía ir lo más presentable posible, no le daban información a una persona que iba mal vestida y con el pelo sucio. Además que un aspecto intimidante podía ser mejor en aquellos casos, así que se lo decían por las buenas o por las kanabazo ultra nuclear. La joven puso la calefacción antes de quitarse la ropa, lo bueno de estar en un hotel era podían gastar todo lo que quisieran, así que espero unos segundos a que se calentara toda la habitación para quitarse la ropa, se dio un tiempo para mirarse al espejo viendo la nueva aportación a su cuerpo, dos pequeños piercings – cortesía de la capitana en funciones de los Alas Negras, Triana Tempesta – por suerte, en esta ocasión, no había tenido que ir corriendo a la enfermería porque se estaba desangrando por culpa de las zarpas de su hermano de otra madre, Garnet. Sasha se los quitó ambos para que no se estropearan por culpa del agua, tenía que cuidar bien aquel par de detalles que le hacían ver bien molona, y con el combo de sus gafas de sol ya la hacían ser la que mejor estilo tenía en todo el archipiélago ¿Sería demasiado decir que era la más molona de todo el mundo? ¡Nah! Con el permiso de la doctora de la tripulación seguro que podía serlo perfectamente, seguramente era algo de rubias. Con el buen humor restaurado fue a la ducha, no se quería entretener de más, pero su largo pelo rubio no ayudaba en agilizar el tiempo en la ducha. Jolyne tenía el pelo corto y parecía ir muy cómoda con ello, al igual que Tobías, mientras se masajeaba el cuero cabelludo de forma lenta dando círculos con la yema de sus dedos no pudo evitar pensar en un cambio de look, para adelantar tiempo le vendría bien por si tenía que salir corriendo, pero le gustaba su larga cabellera, era una seña de identidad ir con su coleta a cargarse cosas. Debía tomar una decisión porque un tema muy importante. La semioni abrió ligeramente los ojos, a veces le gustaba tener esos problemas de chica normal, le hacían sentir que no todo dependía de que los marines o el gobierno mundial no le tocaran los ovarios intentando arrestarla. La rubia suspiró con una sonrisa en los labios, en el fondo le gustaba aquella vida de pirata porque había visto mundo y conocido a personas muy importantes para ella, además de que se había pegado con enemigos muy fuertes como Finn o el mono con pijama. Alargó la mano para encender el grifo viendo como la espuma de dicha extremidad tenía un ligero tono rojizo. — Vamos no me jodas — se quejó al aire antes de dejar ir un fuerte suspiro de frustración mientras abría, ahora sí, la llave para que saliera agua caliente. Suficiente tenía que hacer hoy como para parar a comprar eso, de forma rápida se quitó el jabón del pelo. Si no lo veía no pasaba nada. Ese pequeño incidente ayudó para que la joven fuera más rápida en la ducha y cuando salió envuelta en la enorme toalla se miró en el espejo de nuevo, dejando que las gotas de agua empaparan el suelo del lavabo. Sasha se mordió el labio inferior mientras se llevaba la mano izquierda al mechón que caía por la parte zurda de su cara, levantándolo y encontrando como asomaba un color que no era el rojo. — JODEEEEEER… — se volvió a quejar arrastrando la última vocal de la palabra a vez los blancos dientes junto a los colmillos que sobre salían un poco más soltaban por fin el rosado labio inferior. — Puto niñato de mierda — insultó a Kenzo buscando cabrearse con algo o alguien, hasta ahora siempre había podido esquivar bien ese tema, pero si ahora convivían todos juntos iba a ser más complicado ¿Por qué el músico no se podía teñir las alas de rojo en vez de negro? — Ya te vale Garnet — murmuró inflando sus mofletes. Enseguida negó con la cabeza, no podía seguir perdiendo el tiempo con su drama adolescente.
De forma rápida se puso los dos brillantes piercings de vuelta a su abdomen y se vistió antes de pasar una toalla limpia por su pelo para quitar los restos de agua, dejando lo más seco que pudo para que se acabara de secar con su paseo. Una vez lista salió del baño con sus pantalones tejanos de color azul y una camiseta básica de color blanco, lista para coger su abrigo negro, se lo puso junto con la capucha tapando su pelo y sus cuernos. Se acercó hasta la mesita de noche lista para llevarse también sus cosas, no estaba dispuesta a dejar nada cerca de las sucias manos del niñato de Kenzo, si ya se rio porque perdió sus cómics solo le faltaba encontrar sus cosas, seguro que las rompía o las enterraba como si fuera un perro. Así que se puso sus molonas gafas de sol en los ojos, guardó en los bolsillos el dial del mono bueno de fuego, un Den Den Mushi por si acaso pasaba algo, el log pose de Gronn como la buena navegante que le había enseñado a ser y, por supuesto, no podía faltar su fiel Stardust a la espalda.
Sasha salió del hotel llena de energía, era el momento de ser una buena navegante para los Alas Negras, así que fue hasta los astilleros de forma rápida lista para ver todo lo que se hacía allí. Una vez en ellos relajó el paso mientras miraba con ojos curiosos todos los barcos, la semioni paseaba entre ellos como si fuera una danza, donde bailaba ella sola y esperaba un compañero con el cual navegar por aquellas inexplorables agua para ella. — Wooow, que grande — se asombró cuando vio un barco mucho mayor que el Frog Guild, no pudo evitar abrir ligeramente la boca mientras se llevaba el dedo pulgar de su mano derecha a la parte inferior diestra de las gafas, levantándolas ligeramente para ver mejor el barco. — ¿Te gustan los barcos jovencita? — habló a la izquierda de la rubia un hombre que rondaba el metro setenta, parecía de la edad de Tobías y evitaba que el flequillo de su cabello castaño le molestara a los ojos gracias a una especie de cuerda azul y blanca que tenía en la frente. La rubia lo miró con curiosidad antes de hablar, Triana les había insistido en pasar desapercibidos, pero no estaba haciendo nada malo, solo quería comprar un barco. — ¡Claro que me gustan! Soy la navegante de la tripulación, mira — contestó con una gran sonrisa mientras elevaba la mano izquierda de su mano siendo liderada por el la muñeca, lugar donde estaba el log pose que usaba para navegar por la Grand Line. — ¡Eso está muy bien jovencita! Parece que tenemos a toda una prodigio entre nosotros — dijo el hombre viendo que aun con sus cuatro metros de altura parecía una niña. — ¿Y qué te trae por aquí? En esta parte solo construimos barcos, la zona de los navegantes y los cartógrafos está por allí — añadió señalando a su izquierda por unos segundos, volviendo a bajar el brazo y mirando de forma curiosa a la chica. — Vengo a comprar un barco porque nuestro barco ha naufragado — habló mientras se encogía de hombros ante la sorpresa del hombre. — Lo siento mucho. Seguro que era un buen barco — el tono de voz del carpintero se tornó ligeramente triste mientras ponía una cara de pena. — Bah, no era mío. Me jode más haber dejado el Fro… — intentó explicar Sasha, pero enseguida fue cortada por su acompañante. — ¡¿Cómo puedes decir eso?! Un barco es uno más en la tripulación, es un hogar para todo el que sube en él, un fiel compañero que no se queja y va a donde vosotros decidís ir ¡¿Tú te haces llamar navegante sin saber eso?! — el tono furioso del hombre atrajo las miradas de los demás compañeros de este. La semioni chasqueó mal la lengua al escucharle gritar, aquello no la estaba ayudando a pasar desapercibida así que lo miró con el ceño fruncido lista para darle un buen kanabazo en la boca, pero un hombre mayor se acercó a él propinándole una buena colleja en la cabeza. — ¡Serás imbécil! No ves que es muy joven, en vez de enfadarte como un niño explícale bien porqué tiene que cuidar un barco — Sasha intentó aguantar la risa llevando ambas manos a la boca, no se esperaba que un viejo llegara de la nada para pegar a un tío que le estaba gritando. Aunque el viejo la escuchó y la miró mal, como si ella fuera la siguiente en recibir un castigo igual. — Tienes que entender que eso que has dicho es lo mismo que insultarnos, nosotros construimos los barcos con todo nuestro amor y cariño. Esperamos que encuentren una buena tripulación que lo cuide y que viva todo el tiempo posible. Tú eres navegante, sin un barco no podrías llevar a tus compañeros a ningún lado ¿Cómo te sentirías si perdieras a uno de ellos? — explicó intentando hacer entender a la semioni su punto de vista. La rubia pensó en sus palabras, a ella le dolió mucho cuando murieron sus compañeros – todos ellos, desde los Shogun Gari que estuvieron antes de que ella formara parte de la tripulación hasta los que se unieron después en isla Toko – aquellos barcos tenían que llevar mucho tiempo para hacerse – un tiempo en que le tomabas mucho cariño a tu creación – así que podía ser equivalente al tiempo que había pasado ella con todos. — Creo que lo entiendo, perdona — se disculpó la joven con el hombre volviendo a mirar el gran barco que estaban haciendo. El anciano miró con una sonrisa a Sasha antes de darle un codazo amistoso al otro hombre. — Vamos a hacer un descanso ¿Te quieres unir a nosotros? — preguntó de forma amable antes de sentarse sobre una tela de color azul que había en el suelo, donde habían pequeños bentos con lo que parecía el desayuno. A la semioni se le cayó la baba mientras asentía con la cabeza de forma repetida, su estomago no tardo en rugir para darle la razón, no había desayunado ¡Y eso que era la comida más importante del día!
Una vez se sentaron los tres a desayunar no tardaron en llegar más trabajadores, sorprendiéndose ante la visita de la rubia. Entre todos le compartieron parte de su comida, porque con esa altura era más que obvio que necesitaba una buena alimentación. — ¿Has elegido qué barco quieres? — le preguntó de forma seria el hombre que había conocido nada más llegar a los astilleros. La adolescente se quedó un momento pensativa, Triana no le había dicho nada al respecto, su misión era sobre todo saber su siguiente destino. Pero ya que estaba allí podía hacer uso de sus dotes de comerciante, aunque esta vez sin amenazas ni gritos, aquellos trabajadores se veían buena gente y le había explicado lo importante que era un barco. A partir de ahora tenía que ser como Bepso para ella. — Tiene que ser un muuuuuyyyy grande porque somos seis, pero seremos siete. ¡Ah! Y tenemos un camaleón, una gallina y un limonero. En la tripulación hay un niñato gilipollas que no me deja tranquila así que mi camarote y el suyo tienen que estar suuupeeeeer separados. Tobías quiere un taller, Garnet una cocina y Triana supongo que un sitio para curarnos porque siempre nos hacemos daño — pensó en voz alta todo lo que necesitaba su barco, no sabía si Jolyne iba a querer tener una granja a bordo, o un espacio para la gallina, no se lo había dicho. — Eso significa que buscas un buen barco — contestó entre carcajadas el hombre más mayor, antes de que se sumaran otras risas de los trabajadores. — ¡Claro que sí! Tengo que llevar a todos muy muy muy lejos — explicó con el pecho inflado por la responsabilidad, pero enseguida frunció el ceño al recordar donde marcaba el log pose y lo levantaba para verlo. — Creo — añadió entre dientes al no saber su siguiente dirección. — Parece que ahora os toca ir a la isla Gyojin — comentó el hombre que le había gritado sin mirarla, concentrado en su bento. Los ojos de Sasha se abrieron iluminándose por la alegría y la emoción ¡Era la isla de Gronn! Una isla bajo el mar llena de hombres pez y sirenas. — Woow… La isla Gyojin… — susurró ante la expectación de poder ver el lugar donde pertenecía Gronn, su familia y los de su raza. — Veo que te ha gustado tu próximo destino — volvió a reír el hombre mayor al verla con ese semblante tan infantil y puro. — ¡¿Cómo podemos ir hasta allí?! ¡Quiero ir ya! ¡Voy a buscar a los demás y partimos ahora mismo! — habló la semioni de forma rápida queriendo ponerse de pie para empezar a buscar a sus compañeros e irse a la siguiente isla. — Ep, ep, ep. Espera jovencita ¿Cómo vas a ir sin un barco? Además que no es tan fácil, nosotros no sabemos ir, tendrás que seguir buscando información — le contestó el anciano consiguiendo que la rubia volviera a inflar los mofletes ante la negativa. — Pero sí que podemos ayudarte con tu barco. Dices que quieres tres habitaciones para tus compañeros, pero ¿Qué hay de ti? Eres la navegante, podrías tener una para dibujar mapas — el viejo pareció bastante interesado en ayudarla, cosa que la joven agradeció internamente poniéndose a reflexionar de nuevo. Gronn siempre se había mostrado interesado en los mapas, a parte de ser navegante le gustaba la cartografía, yendo ambas cosas de la mano. Nunca se había planteado seguir con aquel pasatiempo u oficio que había empezado el gyojin, solo con tener su log pose y seguir el curso. — ¡Lo pensaré! De momento con tener un súper barco en el que podamos ir todos está bien ¡Y muchos cañones por si algún gilipollas intenta atacarnos! — contestó emocionada mirando al anciano de forma ilusionada, esperando una respuesta por parte de este. — Mmm… ¿Qué te parece entonces un galeón? Alguien con tu altura podría moverse bien, tendríais espacio suficiente para todos, los animales no tendrían problema para convivir con vosotros y sería lo suficientemente fuerte para que lleves a tus compañeros muy lejos — contestó pensativo ante todas las demandas de Sasha. De repente su semblante se volvió serio, mirándola como si le fuera a hablar del secreto más grande del mundo. — Tienes que cuidarlo bien, para nosotros no son solo unos barco, son como nuestros hijos y les deseamos tanto un buen viaje como una larga vida, que puedan navegar durante muchos años. No es solo un barco, y espero que tú, como navegante lo trates como un miembro más de la tripulación ¿Me lo prometes? — el hombre de avanzada edad habló de forma lenta, procurando que la semioni entendiera todo lo que buscaba transmitirle, que esta vez cuidara de verdad de un miembro más de la tripulación. Por mucho que Tobías lo tuviera que arreglar, era su responsabilidad que recibiera el menor número de golpes posibles. No debía de quejarse porque se habían quedado sus cosas en el Frog Guild, debía cabrearse porque habían dejado el barco abandonado, a su compañero desde la isla Toko. Sasha imitó el semblante del hombre antes de asentir con un único movimiento de cabeza. — Lo prometo, va a ser uno más en la tripulación y lo voy a cuidar mucho. Voy a ser una buena navegante ¡La mejor! — sentenció la semioni, debía empezar a ser más responsable, no podía volver a pasar que le diera igual perder un barco mientras que sus compañeros lloraban su perdida, no podía imaginar cómo se sentiría Tobías después de verlo naufragar, si ella tenía la culpa de no haber tenido más cuidado para hacerlo llegar sin ningún rasguño, no quería pensar en la culpa que debía sentir el vaquero al no poder evitar la desgracia. — Pues ven con tus compañeros en unos días y lo tendréis listo — sonrió el anciano consiguiendo que la rubia sonriera de oreja a oreja ante la compra, se levantó de forma rápida mientras no podía controlar su alegría al conocer su siguiente destino y tener un nuevo barco. — ¡Muchas gracias, viejo! Vamos a cuidar muy bien el barco y hacer que viva muuuuchaaaas aventuras ¡Nos vemos en unos días! — gritó mientras se alejaba de forma feliz de los astilleros, por desgracia, todavía le quedaba pasar por cierta tienda antes de empezar su entrenamiento diario. El grupo de carpinteros miró con una sonrisa como la joven se marchaba, siempre era bonito conseguir que la siguiente generación valorara su trabajo. — Jefe ¿Estás seguro que está bien hacer un barco pirata? — otro chico, esta vez uno incluso más joven que Sasha, habló después de toda la conversación. — Nosotros hacemos barcos, si luego llevan una bandera pirata o una del gobierno mundial ya no es cosa nuestra. Además, lo importante es saber que están en buenas manos — sonrió a la vez que se ponía de pie y estiraba su cuerpo, era el momento de hacer el súper barco de los Alas Negras.
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